Comienza el viaje...

Barcelona Travel Blog

 › entry 3 of 3 › view all entries
El vuelo Madrid- Barcelona siempre me ha parecido divertido porque en el puente aéreo te puedes encontrar de todo, desde familias enteras que viven entre las dos ciudades (o por qué no decirlo, entre los dos mundos) hasta clubes deportivos, algún famoso y muchos hombres de negocios (aunque cada vez menos). Si una viaja sola, es una buena forma de entretenerse.

Decía lo de los dos mundos porque viajar a Barcelona siempre me ha parecido como cambiar de país. No se trata de ninguna cosa política, es más una sensación y, de hecho, me gusta. Barcelona siempre va por delante y siempre ves cosas nuevas. No tienen por qué ser cosas complicadas, de hecho, lo divertido es que te encuentras estos pequeños inventos en cosas cotidianas y de la vida diaria. Barcelona es como la puerta de España a Europa y al mundo y viajar a Barcelona es una buena forma de mantenerse al día de lo que pega fuera, de internacionalizarse.

Además está el tema del idioma. Porque al haber otra lengua, por mucho que se parezca, resulta exótico. Lo curioso que es cuando tú, todo cómodo y relajado (porque al fin y al cabo estás en tu país y no tienes esa tensión o concetración de cuando sales fuera) pones la radio y salta el locutor al final de la canción o cuando el camarero te habla por primera vez... Aunque el catalán se entiende bastante, siempre te pilla de improviso y ahí está el exotismo. Por momentos me siento un poco como Alain de Botton en el Arte de viajar y me acuerdo de su casi exagerada fascinación por las letras sin serifa en los carteles del Aeropuerto de Amsterdam Schiphol, tan diferentes de la fuente tradicional británica con sus ornamentos.

Una vez pasé el control policial (y después de ser cacheada por pitar, como siempre!!!) me senté a esperar que abrieran la puerta de embarque junto a unos baloncestitas del Palencia. El viaje habría preferido hacerlo en tren, todo hay que decirlo. Cada vez merece menos la pena coger el avión para viajes tan cortos. Sin embargo, hay cosas que tiene el avión que son insustituibles. Eran cerca de las 8.30 cuando ya habiendo despegado empezó a amanecer. Volábamos entre dos capas de nubes. La vista desde el avión era insuperable. El sol asomaba por la primera capa y la segunda parecía el perfecto fondo de un fresco renacentista. Da la casualidad que de unos meses acá todos mis viajes son a primera hora de la mañana y me muevo casi por instinto a sentarme siempre buscando la vista del amanecer. Al hacer el check in online, me había reservado la puerta de emergencia (realmente se agradecen esos centímetros de más entre asiento y asiento) y cuando llegué ya estaban sentados junto a mi asiento dos chicos del Palencia. Cuando el sol terminó de salir, me dormí un ratito.

El sueño fue bastante bueno, la verdad. Me desperté con el aviso de abrocharse los cinturones y con el mensaje del comandante a la tripulación. El sol era ya una luz blanquísima y Barcelona estaba ahí, a pie de costa, como una mancha plateada, como un charco de estaño.

El avión fue rodeando toda la ciudad de manera que al principio el mar estaba en frente y poco a poco fue cambiando hasta que nos pusimos de cara a la ciudad y sus montañas.

Al llegar al aeropuerto Tirso ya me estaba esperando. De camino al hotel, donde teníamos la reunión, me estuvo explicando cosas sobre el sistema de regulación de velocidad en las carreteras para evitar los embotellamientos y volví a sentir que estaba en otro país. Son este tipo de cosas las que me hacen pensar que Barcelona tiene esa capacidad de innovar e ir por delante.

Tirso me recomendó algunos sitios que debía visitar como por ejemplo una chocolatería donde le llevaban cuando él era pequeño y que forma parte de los comercios emblemáticos. Son una red de comercios con una placa de metal en su entrada que la ciudad de Barcelona ha querido reconocer por sus años de servicio a la ciudad, una excelente forma de conocer la ciudad y sus secretos.

Finalmente fuimos a desayunar a esta chocolatería porque resulta que estaba muy cerquita, a medio camino entre el Meridien, el hotel donde Annie y yo nos quedábamos, y la Boquería, el mercado de abastos más céntrico e importante de Barcelona, donde habíamos quedado con Annie para dar una vuelta y ver el ambiente. La chocolatería es una auténtica joya, pues de esta "granja" salió el genial invento del batido cacaolat.

Tirso me contó otros recuerdos como cuando ya más mayorcito se cogía el tren que le dejaba en plaza Cataluña y se metía en el FNAC a ver las horas pasar entre tecnología y electrónica.

Por fin llegamos a la Boquería. El mercado estaba lleno de todo, un auténtico fluir constante de comida, de gente y de trabajadores. Para la mayoría era el primer día de trabajo del nuevo año. Algunos turistas también se hacían entre el bullicio.


Peculiar era la imagen de un grupo de japoneses contemplando el puesto de los jamones. Seguramente, con la cultura de mercados tan bestial que ellos tienen en Asia eso era lo único que les impresionaba. El jamón ibérico es lo que tiene.



El mercado resultó ser el lugar ideal para tomar un "algo" antes de comer pero incluso para una comida socorrida de picoteo aquí o allá o mejor aún para el desayuno, empezando, por ejemplo con una ensalada de frutas, que ya viene preparadas y empaquetadas, en alguno de los puestos o estaciones, como dicen ellos. Nosotros nos tomamos una copita de cava para brindar por el nuevo año como es debido!!



Nos pasamos por el hotel para hacer la reunión y comimos del menú del Centonze, que fueron tan amables de dejarnos ver la cocina por dentro y cómo andaban preparando.


Por unos más que razonables 18€ se puede comer al lado de las ramblas, pero con total tranquilidad, un menú sencillo con dos opciones para cada plato (primero, segundo y postre).
Yo tomé crema de calabaza y merluza marinada, muy ricos, pero lo que aún me tiene delirando fue el mousse de maracuyá con piña calamerizada y helado de coco. Muy muy recomendable.



Después de la comida bajamos a la sala de reuniones y estuvimos un buenratido trabajando.

Al final del día, Adrià había reservado mesa en un restaurante del Born, la Cua Corta. Lo que más me gustó del viaje es que a Annie también le gusta compartir y en cada sitio probamos todo y compartimos. Aquí de nuevo, aunque todo estaba buenísimo, el highlight fue uno de los platos, el rosbief con salsa de mostaza y arroz salvaje. Para chuparse los dedos...
Join TravBuddy to leave comments, meet new friends and share travel tips!
Sponsored Links
Barcelona
photo by: fivepointpalm