Tarantulas a la luz de la Luna

Monteverde Travel Blog

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El perezoso del Rustic Lodge apenas había cambiado de postura en 24 horas

Este juego de palabras con el que he titulado este capítulo resume parte de lo que protagonizó nuestro segundo día en Monteverde. Quizá no fue tan frenético como el anterior, pero sí lo suficientemente para recordarlo durante mucho tiempo. Podía haber utilizado otros términos como Cataratas, Perezosos, Caballos…porque también son de vital importancia en el relato, pero estoy seguro de que comprenderéis su sentido al finalizar la lectura de lo que sucedió aquel cinco de mayo de 2007.

La noche había sido movidita, sobre todo por mi parte. Después las muchas arañas e insectos de la Exposición “Joyas del Bosque Nuboso” que tuvimos la ocasión de ver con Albert en
Selvatura Park, me obsesioné un poco con la posibilidad de que nos entrara algún bicho en la habitación.

Mapa de localización de Viento Fresco Waterfalls
Me acordé de esos dos escorpiones en la cama de nuestro amigo Walter del Rinconcito Lodge y de las arañitas que vimos con él, y me entró algo de miedo, lo reconozco. Son cosas que me dieron por pensar en la noche cuando me costó conciliar el sueño. Pero el temor arácnido pasó a ser más que un hecho cuando comencé a escuchar sonidos que parecían los de un bicho paseándose por la habitación. Se oía perfecta y claramente algo en el suelo que se movía con velocidad, golpeando con sus patas o con lo que fuera el suelo en el que se apoyaban nuestras camas. En principio parecía venir de la puerta, por lo que estaba lo suficientemente alejado de donde estaba yo. Pero al cabo de un rato el sonidito se fue haciendo más audible porque “la cosa” fue acercándose al lugar donde yo estaba durmiendo. Volvieron a venirme a la mente esas imágenes de arañas peludas, de mantis religiosas o de escorpiones con el aguijón listo para atacar.
Visitamos las Cataratas Viento Fresco mitad a caballo mitad a pie
Como tampoco quería encender la luz para no despertar a Inti, que encontraba en el séptimo sueño, agarré mi teléfono móvil y lo encendí para iluminar el suelo desde mi cama. En ese mismo momento el ruido del bicho fue a más. Parecía nervioso con la luz porque se movía más rápidamente. No conseguí ver nada claro. No tenía ni la más remota idea de lo que se trataba. En ese momento se me cayó el edredón al suelo y no pasaron ni tres segundos que noté algo en mi brazo que me hizo dar un respingo, soltar un grito e incluso tirar el móvil inconscientemente hacia la cabeza de Inti, que se llevó un buen susto.

Encendí la luz y no logré ver absolutamente nada, pero lo había sentido totalmente y estaba seguro de que “algo” se me había subido encima. Le conté a mi amigo lo que había pasado y ya directamente le puse nombre “al bicho”. Tiene que ser una araña. Llevo un buen rato escuchándola caminar por la habitación,  le dije.
Inti a caballo
Él, en vez de descojonarse de risa como pensaba, se lo tomó en serio y nos pusimos a revisar palmo a palmo la habitación en busca del huésped. No hubo resquicio que se escapara a nuestra escrupulosa inspección. Inti, que aunque pensaba que podía ser un bicho inofensivo, no quería dejar nada al azar porque no es extraño que algo más peligroso se cuele en una habitación. Estábamos en Costa Rica, el paraíso de los insectos de todos los colores y tamaños…

 

Pero de repente llegó la sentencia de lo que en realidad había sucedido. Miré a la pared y no había una araña, ni una mantis, ni tan siquiera un escorpión… Era una polilla enorme que había ocasionado el ruido con el movimiento de sus alas en el suelo. Con razón me había asustado, aunque reconozco que me dio algo de vergüenza haberme sobresaltado tanto por algo tan inofensivo como una simple polilla.

El perezoso se quiso cambiar de algo y empezó moviendo un brazo para engancharse a otra rama
Era enormemente fea así que Inti la cogió cuidadosamente y antes de soltarla a la calle me dijo “Mírala, tiene unos Ocelos preciosos”.  Los Ocelos son más o menos las manchas de las alas, normalmente circulares. En ese momento no pude decirle otra cosa distinta a “Tío, estás loco. ¿Qué coño son los ocelos? 

 

Me metí en la cama y a pesar del sobresalto y el desvele, dormí profundamente hasta la mañana en que Marcelo nos preparó un desayuno riquísimo. Teníamos planificado el día a grandes rasgos y debíamos estar listos pronto porque las Cataratas Viento Fresco (Viento Fresco Waterfalls) estaban algo lejos de donde nosotros nos encontrábamos.



Inti se cachondeó de mi susto nocturno contándoselo a todo el que se le cruzaba por delante. Y yo reconozco que era el primero que me reía. Me veía encima de la cama gritando como un loco y lanzando el móvil a varios metros… Vaya show.

El perezoso que vimos el día anterior en un árbol próximo al Hotel apenas había variado un ápice su postura. Seguía hecho una bola aunque quizá se podía distinguir mejor las distintas partes de su cuerpo. Todo esto era posible observarlo con prismáticos o con el zoom de la cámara de fotos porque se encontraba a tanta altura que sería fácil pasar desapercibido. Yo le había pedido tanto a Marcelo como a su hermano Jose que si le veían moverse o descender del árbol me avisaran. Estaba deseando retratar un Perezoso porque es un animal que me encanta. Era una de mis cuentas pendientes y deseaba tener uno bien cerca. Pero tal como veía la película, era algo complicado debido a su mínima actividad cotidiana y a la costumbre que tienen a quedarse agazapado en lo más alto de los árboles (preferentemente en los Guarumos).
He aquí un Perezoso de dos dedos que tuvimos la suerte de ver moverse en nuestra excursión por las Cataratas Viento Fresco
Según los dueños del
Rustic Lodge, teníamos muchas posibilidades de éxito al respecto en el lugar al que nos dirigíamos.

 

Para llegar a las Cataratas Viento Fresco hay que descender por la carretera a Tilarán como si fuéramos de nuevo hacia el Volcán Arenal. Es más, es el camino utilizado por las agencias para transportar a los turistas desde allí hasta Monteverde. Pero no es necesario llegar a la misma Tilarán, porque el desvío a Viento Fresco se encuentra a unos once kilómetros antes de llegar a esta localidad. Allí nos esperarían los responsables y guías del lugar, quienes nos llevarían a ver los espléndidos Saltos de agua que van sorprendiendo al visitante en un recorrido tanto a pie como a caballo.

El perezoso duerme 20 horas al día, por lo que verle despierto fue una gran suerte

 

Así que cogimos la mochila y las cámaras además de un par de botellas de agua e iniciamos un viaje de una hora en el que fue desapareciendo paulatinamente el colorido y la frondosidad del bosque nuboso y el paisaje pasó a ser más típico de montaña, aunque con numerosos pastizales y fincas con numerosas cabezas de ganado, principalmente cebús. La carretera estaba en un estado penoso, llena de baches y charcos en los que un vehículo normal perecería sin remedio alguno. Afortunadamente sirve de medida disuasoria para evitar que los autobuses repletos de turistas devasten el paraíso natural presente en Monteverde. La población de esta zona ha luchado siempre por evitar la construcción de una carretera asfaltada y así preservar los bosques de oleadas de gente. Cuanta más haya, más infraestructuras son necesarias.

El perezoso cambió de rama lenta y pausadamente
Y esto va indisolublemente unido a los ruidos, la contaminación y el consiguiente empobrecimiento del medio ambiente. Así que si uno lo piensa es mejor que las carreteras sigan siendo malas. El que quiera llegar lo hará, pero se evitarán masificaciones dañinas como ha sucedido en otros lugares como Manuel Antonio.

 

Llegamos a la entrada de Viento Fresco algo más tarde de las diez de la mañana. Muy atentos nos recibieron las personas que allí estaban y en pocos minutos ya habíamos elegido nuestros respectivos caballos porque la idea era hacer el recorrido parte a pie y parte al trote. El extensísimo terreno es propiedad de varios hermanos, aunque nosotros conocimos tan sólo a Orlando y Olman. Este último fue la persona que nos guiaría a través de los senderos para mostrarnos las esbeltas cascadas y quien sabe si algún animal que estuviera merodeando por allí.

Catarata en Viento Fresco
Yo le insistí en el gran interés que tenía de toparme de cerca con un perezoso. Olman tomó nota y prácticamente me aseguró fortuna al respecto. Conoce el terreno como la palma de su mano y sabe por dónde andan unos y otros. Te tomo la palabra ��" le dije sonriente mientras me subía al precioso caballo que había podido escoger. De nuevo Inti y yo en plan Jinetes como aquel día del Rincón de la Vieja en que nos salieron agujetas hasta en las propias agujetas. Aquí al menos éramos conscientes de que el recorrido iba a ser mucho más corto, y además alternaríamos los caballos con caminatas a pie.
En la primera de las Cataratas de Viento Fresco Waterfalls

 

Son cinco las grandes cascadas con las que cuenta el lugar. Nosotros estaríamos en cuatro, aunque la quinta es visible desde la última ya que tan sólo está a 75 metros. Sus nombres son los siguientes: Serena, Escondida, Arco Iris, Tobogán y La Roca. Todas diferentes, más o menos espectaculares pero muy bellas y sobre todo aptas para darse un chapuzón. Aviso para navegantes: Hay que llevarse bañador.

Iniciamos el recorrido y no hizo falta mucho tiempo para toparnos con un coatí de nariz blanca (nombre científico Nasua narica, conocido allí como pizote) que rápidamente se subió a un árbol en cuanto sintió nuestra presencia (y la de los dos perros que nos acompañaban). Yo apenas le pude ver bien. Tan sólo pude observar lo veloz que fue al encaramarse en lo más alto de un árbol.

En el trail de Viento Fresco pudimos observar no pocos animales
Este animal perteneciente a la familia de los mapaches tiene amplia presencia en países de Centro América y de América del Sur. Habita sobre todo en bosques y zonas de matorrales, aunque no es descartable encontrárselos en lugares mucho más secos. Es similar a los mapaches aunque les diferencia su color (principalmente marrones) y su hocico alargado y flexible que le permite alimentarse de los insectos que se esconden el suelo de los bosques.

 

A Inti le sorprendió que fuera el primero que viera porque según él, Costa Rica está lleno de pizotes (el contagio del acento con la gente local le hacía decir “pisotes” comiéndose la zeta por arte de magia). Yo esperaba que tuviera razón porque pasó tan rápido que no dio tiempo ni a hacerle una simple fotografía.

Unos metros más adelante Olman nos pidió que bajáramos de los caballos y que continuáramos a pie.

Sele in the Waterfall
Para llegar a la primera cascada, de nombre “Serena” debíamos bajar una pendiente agachando la cabeza para no darnos con las ramas de los árboles. Éste iba mirando muy detenidamente los árboles en los que suele haber perezosos. Le costó un rato pero llegamos a ver a un par de ejemplares en una posición idéntica al del Rustic Lodge, es decir, muy poco diferenciables ante la cámara. En otras palabras, meras “bolas de pelo” que si a uno le dicen que son nidos de cigüeña se lo cree.

Pero él estaba seguro de que íbamos a tener lo que buscábamos. Incluso los perros parecían haberse puesto de acuerdo porque rastreaban cada palmo por el que pasaban. Les atraen mucho otros animales y en cuanto se cruzan con alguno van corriendo detrás suyo. Y con los de los árboles, se quedan petrificados mirándoles. La verdad es que son expertos en detectar todo bicho viviente en el campo, y eso es de mucha utilidad para los guías y visitantes de
Viento Fresco.
De fondo la Catarata El Tobogán



Yo fui agarrándome de rama en rama para evitar caídas en una pendiente cada vez más pronunciada. Nuestro guía y sus perros los primeros, Inti en medio y yo atrás sin disminuir un ápice mi atención encaminada a que no se nos escapara ningún animal.


Olman se detuvo ante un árbol de escasa altura y con una sonrisa triunfal nos indicó que acabábamos de encontrar lo que tanto estábamos buscando. Había un perezoso de dos dedos (Choloepus hoffmani) comiendo hojas con la tranquilidad pasmosa que le caracteriza. Nuestro astuto guía pidió que nos quedáramos quietos porque iba a conseguir que nuestro pequeño holgazán se cambiara de árbol.

El Tobogán
No hicieron falta más que dos o tres palmaditas en el tronco para que de repente su brazo peludo se estirara para enganchar con sus curvadas y afiladas garras la rama de su nuevo objetivo. El corazón me latió a mil por hora al igual que el botón de mi cámara de fotos que no quería perder una sola imagen. Apenas metro y medio nos separaba del simpático animal, que ya había logrado pausada pero firmemente quedarse agarrado con las extremidades delanteras a la rama. Sin duda es un animal que despierta ternura y no defrauda en absoluto cuando se le tiene en frente y no en una foto. Con su rubio pelaje, el hocico oscuro y sus ojos tan expresivos, dan ganas de llevárselo a casa.
Pájaro Bobo visto en las Cataratas Viento Fresco


Sus lentos movimientos culminaron en la postura típica en que todos les hemos podido ver en imágenes. Colgado boca abajo ayudado por la fuerza de sus patas y por esas inmensas garras que tan bien le vienen para quedarse sujeto el tiempo que haga falta.


En el capítulo anterior ya comenté la importancia de esta especie por ser implicados directos en “el abono” natural de los bosques, ya que no se limitan a defecar desde las alturas, sino que lo hacen mediante pequeños hoyos en el suelo más próximo en el árbol en que estén.

Como su alimento es principalmente vegetal (comen hojas y semillas), sus excrementos ayudan directa e indirectamente a conservar el bosque. Este proceso lo llevan a cabo generalmente una vez a la semana porque tienen una digestión extremadamente lenta.

Durante minutos no le quitamos ojo al precioso animal porque con seguridad sería la vez que mejor y más cerca tendríamos un ejemplar de esta especie a lo largo del viaje. Y como apenas se mueven, son muy fáciles de retratar. Otra cosa es la dificultad que hay para encontrarse uno en tan buena disposición ante la cámara. Y más en los Perezosos de dos dedos, que desarrollan su actividad preferentemente por la noche. Es por esto que según la teoría es más posible vislumbrar en más ocasiones el de tres dedos que éste, pero reconozco que ese no fue mi caso. Y es que no había manera de encontrarlo por mucho que lo estábamos intentando…

 

Dejamos al Perezoso y continuamos nuestra caminata para acercarnos a la primera catarata del trayecto.

Enorme Basilisco subido a un tronco
La cascada conocida como “Serena” tiene una caída de 31 metros y en la poza donde echa constantemente el agua es posible darse un buen baño. Dependiendo de la época (seca o lluviosa) puede llegar a formarse una piscina natural de hasta dos metros de profundidad. La exquisita frescura del lugar, además una decoración verde esmeralda, hacen de ésta una de las más bonitas. Aunque para mi gusto las más espectaculares estaban por llegar.

 

Desde Serena se va siguiendo un sendero algo más seguro porque ya hay donde agarrarse, algo así como un pasamanos un tanto artesanal pero muy útil. Esto favorece la comodidad de esos turistas que por la edad o por problemas físicos podrían pasarlo peor por no tenerlo.

Inti con su amadísima Cámara Canon


Hay esparcidas, ya sea en medio del camino o en las propias cataratas, mesas y sillas cubiertas con un tejadillo para poder descansar, tomarse un avituallamiento o simplemente protegerse de las repentinas lluvias tropicales. Y generalmente las tienen en sitios donde las vistas son realmente dignas de admiración. Por ejemplo, en el área de descanso que se encuentra entre “Serena” y “Escondida” (la 2ª catarata) se puede distinguir en la lejanía del monte la cascada llamada “Tobogán”.

”Escondida”, a poco más de 100 metros de la primera catarata, explica su nombre por su aparición repentina e inesperada en el camino. Con una caída de agua menor que “Serena” (20 metros) tiene la particularidad de poseer grutas accesibles para aquellos que quieran penetrar en ellas. Nosotros no lo hicimos por lo que desconozco si su profundidad es escasa o por el contrario apta para espeleólogos. Me inclino más en la primera opción.

 

El trayecto a la tercera cascada lo hicimos en más tiempo no sólo por su mayor longitud sino por detenernos, entre otras cosas, ante un ave bastante llamativa conocida en Costa Rica como Pájaro Bobo (Momotus momota).

En el descenso a la última catarata
Nombrada como el “Ave Nacional de Nicaragua” se caracteriza por su larga cola, su pico ligeramente curvado hacia abajo, los colores de su plumaje (cabeza azul, garganta verde-azulada, pecho y abdomen entre oliva y ocre) y el rojo de sus ojos. En muchos sitios a este pájaro se le conoce como Mot-Mot por que es este el sonido que emite al piar (mot-mot, mot-mot).

 

Pero este precioso pájaro no fue lo único que atrajo nuestra atención en nuestro camino. Esta vez la sorpresa no vino en forma de imagen sino de bramido en la lejanía del bosque. Por primera vez tenía la ocasión de escuchar en acción a los Monos Aulladores, cuya manada se hacía sentir a varios kilómetros de donde nosotros estábamos. El ruido que emiten es un tanto diferente al que personalmente me imaginaba. No me preguntéis qué era lo que yo me pensaba pero todo lo contrario a lo que surgió entre la maraña del bosque.

Catarata El Tobogán
Más que un aullido parece un rugido o ladrido bastante fuerte que se hace audible a mucha distancia. Haced clic aquí y juzgad por vosotros mismos (Archivo wav bajado de internet para que podáis haceros una idea). Los Monos Aulladores también llamados Congo inflan una cápsula huesuda que les sirve de caja de resonancia, provocando semejante potencia. Son los machos además los que tienen este aparato más desarrollado, y es por ello que se hacen oír más que las hembras.

 

La tercera cascada (Arco Iris) destaca por sus más de 75 metros de altura desde los cuales se precipita con gran potencia un agua pura y cristalina en el cual es posible darse un buen baño.

Inti y yo en El Tobogán
Ésta posiblemente la que más me gustó, no solo por su inmensidad sino también porque los alrededores están mejor acondicionados para los turistas que deseen pasar la mañana dándose un buen chapuzón y tomando el sol. Hay vestidores, cuartos de baño, sillas y mesas para comer e incluso agua potable. Lo dicho, es la más idónea para quienes quieran tener una catarata para ellos solos. Cuando Inti, Olman y yo pasamos por allí ya había gente. Llevábamos escuchando “cantar” un buen rato, incluso más que a los propios monos congo, que los pobres incluso llegaban a ser más agradables para nuestros pobres oídos.

Según Olman es más fácil y usual bañarse en esa cascada en la época seca porque cuando se da la lluviosa no hay quien se arrime a ésta por la cantidad de agua y sobre todo por la fuerza con la que cae.


Casi 300 metros de sendero en cuesta abajo separa “Arco Iris” del “Tobogán”, la cuarta y última catarata en la que íbamos a estar.

Inti y yo en plan Jinetes del Apocalipsis
Mientras descendíamos el camino en parte empedrado pudimos observar muy a lo lejos la manada de aulladores que se habían dejado sentir un rato antes. Varias figuras negras se estaban trasladando de un árbol a otro ayudándose de su cola prensil. Podía haber fácil diez ejemplares de esta especie tan característica. ¿Dónde estarían los cariblanca, los tití o los araña que me faltaban por ver?
Justo antes de finalizar el camino de descenso me fijé, casi de casualidad, en un enorme reptil apoyado inmóvil en un tronco. Era nada más y nada menos que un
Basilisco. Tenía un aspecto similar al de una iguana, pero las dos crestas sobre su dorso le delataron. Medía algo más de un metro de largo, cola incluida. Esta especie de lagartos son famosos por la capacidad de correr sobre el agua e incluso no son pocas las ocasiones en que hemos podido ver imágenes de éstos en los documentales de National Geographic.
En uno de nuestros tours nocturnos por Costa Rica, nos encontramos una Tarántula de Rodillas Naranjas, una de las más grandes de Centroamérica. Albert, Inti y yo, grabamos con el móvil a esta inocente criatura. Más en El Rincón de Sele...
Este don se debe (según la
Wikipedia) a que “sus patas posteriores están provistas de unos lóbulos dérmicos que funcionan como aletas, los cuales aumentan la superficie de apoyo sobre el agua. Estos son enrollados cuando el animal camina por tierra. Si el animal afronta el peligro, comienza a correr muy rápidamente sobre la superficie de un río o un lago, entonces las aletas de sus pies traseros se abren permitiendo aumentar su superficie de apoyo y así correr sobre el agua. Sin embargo, al decrecer su velocidad, el basilisco se hunde y tiene que nadar del modo normal de cualquier otro lagarto.”
Esta capacidad de caminar por las aguas recuerda a uno de los milagros de Jesús contados en los Evangelios, y es por ello que a este reptil se le conoce familiarmente como “Lagarto Jesucristo”.

 

La cascada Tobogán, que fue la última que visitamos, no es tan rectilínea y armoniosa como la anterior, aunque es la de mayor tamaño (95 metros). Su nombre se explica nada más verla, ya que el agua se desliza como si de un tobogán de parque acuático se tratara. Hasta en tres ocasiones se rompe la línea recta. Y es por ello que la gente que va a bañarse allí se coloca en la última para darse un pequeño masaje.

Ni a Inti ni a mí nos apeteció meternos al agua. Más bien teníamos algo de hambre, la cual saciamos en el camino de vuelta. En “Arco Iris” estuvimos conversando de forma muy amena con un tico que compartió con nosotros una sandía enorme que nos sentó de fábula. Nos contó anécdotas muy graciosas de sus viajes a los Estados Unidos (Costa Rica y los USA tienen una relación muy estrecha). Sus impresiones cuando vio la nieve por primera vez y el frío que hace en ciudades como Chicago, Boston o Nueva York fueron bastante simpáticas. La conclusión, después de hablar con varios ticos, es que no soportan el más mínimo frío. Para más de uno, estar a menos de 20 grados debe ser malo para la salud. Les invito a pasar el mes de enero en Madrid o en Burgos. A ver qué les parece…  Pero vaya, la verdad que me da mucha envidia. Yo soy de los que piensa que debería ser verano todo el año.

 

Cuando dimos fin a la charla caminamos un par de minutos hasta los caballos, que nos habían acercado para dar la vuelta por otro camino, y así poder ver de forma más completa la vastísima propiedad que tenía la familia. Mi caballo no era muy propenso a dar carreras e iba con bastante parsimonia. Todo lo contrario a “Pájaro”, aquel de 20 años que monté en El Rincón de la Vieja.

 

A unos diez minutos de finalizar el recorrido escuchamos bastante cerca los aullidos de los Monos Congo. Sin estar tan lejos como en la ocasión anterior, el ruido que emiten realmente impresiona. Parecía venir de un enorme monstruo escondido detrás de los árboles. A más de uno si le pasa yendo solo se acongoja con total seguridad. Olman nos contó una anécdota curiosa que le sucedió con unos españoles. Un día subió a la oficina una familia con un miedo horrible. Querían marcharse y no continuar con la excursión que habían iniciado sin guías. Y es que contaban que se habían encontrado con “algo monstruoso”… Apuesto a que era uno o varios monos aulladores en pleno alboroto.

 

Atamos los caballos tras una espléndida mañana recorriendo “Viento Fresco Waterfalls” y decidimos comer allí mismo, ya que disponen de Restaurante con unos precios más que asequibles. Ni Inti ni yo nos complicamos demasiado para elegir y terminamos comiendo hamburguesa con patatas fritas.

 

Tuvimos un amplio debate sobre el panorama futbolístico en España, tema que debió interesar a todos los allí presentes que aportaron sus impresiones. Al final la comida se convirtió en una amplia tertulia deportiva en la que todos ejercimos de “entrenadores y seleccionadores”. Les encanta el fútbol, tanto el que se practica en su país como el de las grandes ligas europeas. No se pierden un partido…

 

La verdad que todo el mundo allí se portó de cine con nosotros. No sólo Olman y su hermano Orlando, que nos atendieron de forma inmejorable, sino toda la gente que allí estaba y con la que habíamos charlado como buenos amigos.

Pospusimos nuestra marcha por una repentina tormenta. Mientras escampaba aproveché para comprar Café de Monteverde, que allí salía mucho más barato que en el propio Monteverde, donde los turistas lo compran que da gusto. Decía en alguno de los relatos de este “diario” que el café de estar región era posiblemente el más famoso de toda Costa Rica. Las condiciones de crecimiento en un bosque nuboso a más de mil metros de altura lo hacen especial. Son realmente idóneas para lograr una calidad y un sabor que se ha convertido en Patrimonio de los costarricenses, siempre orgullosos de los productos de la tierra.


Inti y yo, teníamos planeado de antemano visitar una plantación de café, pero no estábamos muy rumbosos y nos apetecía descansar un rato en el Hotel. Así estaríamos en las mejores condiciones para hacer ese tour nocturno que tantas ganas nos estaba despertando a lo largo del viaje. Aunque total, para estar con el corazón en un puño…

 

Así que eso hicimos, nos marchamos a “nuestro” Rustic Lodge y nos echamos una siestecilla. Tampoco podíamos dormitar demasiado tiempo porque debíamos quedar con Albert a la salida de su trabajo en Selvatura Park e irnos en cuanto anocheciera a algún lugar que él conociera donde poder caminar por el bosque en medio de la noche.

Las seis menos cuarto de la tarde era la hora señalada para buscar a nuestro amigo de Selvatura. Cuando llegamos apenas quedaba luz solar y se estaba dando paso a la oscuridad de una noche prematura y larga. A ambos nos daba la impresión de que estábamos abusando un poco de su confianza, pero él nos repetía una y otra vez que le encantaba estar con nosotros y que disfrutaba mostrando a los demás su visión de la Naturaleza.

 

Nos habló de su colección de fotos de animales que guardaba en un Pen-Drive y que había tomado él mismo a lo largo de los últimos años. Se había centrado principalmente en los anfibios y reptiles a los que tanta pasión profesa. Como no teníamos prisa alguna nos acercamos a un Cibercafé de Santa Elena y nos mostró detenidamente cada una de las imágenes que había logrado captar. Y sólo puedo decir que eran impresionantes. Tenía de serpientes y lagartos de todo tipo, pero sobre todo me enamoraron las de las Ranitas de Ojos rojos (Agalychnis callidryas), de la que tanto se habla en Costa Rica y que deseaba encontrarme. Tras verla inmortalizada en libros, guías y revistas, tenía como uno de mis objetivos lograr traer a Madrid uno o varios retratos de este anfibio tan peculiar a la vez que fotogénico.


Aproveché para mostrarle mi página web (El Rincón de Sele) y de todos los lugares que le mostré rápidamente en fotos se le quedó uno grabado: La Capela dos Ossos del pequeño pueblo portugués de Campo Mayor. Allí, accesible desde una vivienda hay una capilla realizada por completo con huesos y calaveras. Algunas de las imágenes que tomé son realmente espeluznantes y le atrajeron tanto su atención que me pidió que si alguna vez cruzaba el charco para venir a España, le llevara a Portugal para ir a ver ese sitio tan macabro.


Nos marchamos del ciber y fuimos a llevar a Albert a la casa donde tenía alquilada una habitación. Tenía que coger linternas para los tres, ya que tanto a Inti como a mí se nos había pasado totalmente por alto cuando salimos del hotel para ir a buscarle. Ya en el coche nos guió por la carretera hasta un camino que se internaba hasta una zona en la que había dos o tres cabañas que servían de preludio al bosque. Nuestro amigo conocía una serie de senderos desde los cuales podríamos adentrarnos lo suficiente para atisbar en la medida de lo posible riquísima fauna nocturna existente en esas latitudes.

 

Nos dijo que no podía prometernos nada pero que estaba seguro de que algo íbamos a poder ver. Como siempre, en toda ronda al bosque o la selva, la suerte juega un factor de suma importancia. Pero estar allí, escuchando cien mil sonidos difícilmente clasificables, en plena oscuridad, era cuanto menos emocionante. Nosotros podíamos aportar tan sólo nuestro silencio y nuestra perfecta atención a todo lo que nos rodeaba.

 

Encendimos las linternas y caminamos por uno de los trails o estrechos caminos que se entrelazan en la maraña vegetal que allí como en todo Monteverde es muy abundante. Nuestro primer invitado no tardó en aparecer. A un par de metros de nosotros se presentó inmóvil en un principio un mamífero inconfundible y que tampoco había tenido gusto de haberlo visto anteriormente, de no ser por las fotografías e imágenes de libros, revistas o la red. Un clásico del Continente americano: El Armadillo de Nueve Bandas (Dasypus novemcinctus). En cuanto se percató de nuestra presencia echó a correr y se escondió en unas zarzas que no estaban lo suficientemente cerradas para esconderse. Es más, paralizado por las luces de las linternas, tuvimos el tiempo para ver detalladamente su armadura de placas óseas que le protege de los depredadores. Este animal de patas cortas y potentes garras es de vida absolutamente nocturna. Se alimenta principalmente de larvas e insectos que excava en el suelo de zonas cálidas, ya que no resiste en absoluto las bajas temperaturas. Su caparazón dividido en bandas articuladas (de ahí su nombre) es algo muy preciado para la venta (totalmente prohibida en algunos países). Una de las utilizaciones más populares a lo largo de la historia ha sido la de elaborar con éstos las cajas de resonancia de los Charangos, instrumentos musicales de cuerda muy populares en América del Sur. Afortunadamente se está sustituyendo por la madera, dadas las restricciones existentes que buscan proteger a este animal.

También se habla de sus propiedades curativas, entre las que destacan el alivio de las molestias de las embarazadas primerizas, la reducción de inflamaciones y dolores de oído e incluso sorprendentemente la reducción de las varices. No sé cuánto hay de verdad y cuánto hay de superchería popular. Lo que sí se conoce es que el armadillo puede llegar a ser portador de las bacterias que causan la lepra y de protozoos transmisores de la Enfermedad de Chagas. Aún así, es mucha la gente, sobre todo indígenas, los que se alimentan de su carne, que según el que la ha probado, es parecida a la del cerdo.

 

Para mí fue el primero y el último que tuve ocasión de ver, aunque según Albert, es bastante usual encontrárselos durante las horas nocturnas que utilizan para alimentarse. El resto del día lo pasan descansando en esas madrigueras que escarban con sus afiladas garras. Un animal interesante y de extraña morfología, no cabe duda.

 

El armadillo se marchó tras abandonar su normal paralización ocasionada por nuestras luces. La noche había empezado bien para nosotros pero no éste sería el único “animal” que se mostrara ante nosotros. Las protagonistas que dan nombre a este capítulo se hicieron esperar, pero no por el empeño de Albert, que conocía a la perfección los lugares en que se escondían.

 

Un sinfín de insectos mostraron su actividad reproductiva e incluso alimenticia (Bichos palo, por ejemplo). Otros simplemente pasaron por allí como los escorpiones, algunos de los cuales portaban a sus diminutas crías.

 

Los mamíferos allí presentes (perezosos, osos hormigueros, mapaches, pizotes, zorros, los propios armadillos) parecían querer ocultarse de nosotros porque no fuimos capaces de encontrarnos con ellos a lo largo de nuestro recorrido.

 

Yo no me separé un momento de Albert o de Inti, que agudizaban al máximo sus sentidos para no perderse nada. En cualquier momento podía aparecer algo que llamara nuestra atención. Con paso firme y fijándonos muy mucho en las ramas que procurábamos superar sin tocar (nunca se sabe dónde puede aparecer una serpiente...) avanzamos por ese bosque de sonidos infinitos que esconde una gran diversidad de fauna y flora.

 

Albert hizo que nos detuviéramos y nos pidió que apagáramos nuestras linternas. Sólo él la iba a tener encendida para mostrarnos “una pequeña sorpresa”. Lo de pequeña era mentira, claro. Fijaos en ese agujero • dijo señalando con su luz a una cavidad surgida en la tierra. En ese momento que pareció eterno se me erizó el vello a la vez que mi corazón multiplicó sus latidos. Una enorme tarántula negra con las patas de color naranja nos observó con sus enormes ojos reflectantes. Con un cuerpo de unos 10 cm, sin contar las patas, el animal se mantuvo expectante a nuestro movimiento, que fue cero durante los primeros momentos. Después, cansada de la luz (su gran tamaño nos hacía indicar que era hembra) volvió a su agujero, dejando a la vista un trasero semicircular de un gran tamaño. A mí en ese momento de lo único que tenía ganas era de rascarme porque me entraron cientos de picores “psicológicos” de arañas ficticias que parecían subirse por mis piernas. Cosas de la mente y del miedo...

Apretando los puños sugerí hacer un video con mi teléfono móvil, que era el único aparato con el que podía capturar esos arácnidos instantes. Albert cogió un palo estrecho de una rama y provocó la veloz salida de la tarántula, que sin miramientos no dudó en desafiar a lo que se le presentaba a apenas unos centímetros. Recuerdo las repetitivas frases de nuestro amigo tico “acércate más, acércate más” para poder grabar a la enorme e imponente araña peluda a la menor distancia posible. Volvía al agujero y salía de nuevo. Esos fueron los desconcertantes movimientos de un animal que tiene el tamaño de mi mano.

 

A lo largo de nuestra caminata no hubo ni una ni dos tarántulas. Fueron tres las que decidieron dejarse ver, siempre cercanas a sus agujeros en los que esperan cualquier movimiento para “salir de caza”. Yo había multiplicado mi atención a la enésima potencia, nunca suficiente para evitar toparse con esta clase de insectos o incluso con las astutas serpientes, que observan sigilosas nuestros pasos en su territorio. Albert se extrañó de no encontrar mucho más...pero es que la “suerte” había querido centrarse en el armadillo del principio y en las peludas tarántulas de sincronizados movimientos.

 

Las dos horas que invertimos ahí dentro las di por satisfactorias por ayudarme a entender un poco más de la imprevisible naturaleza que se me estaba mostrando paulatinamente. También, por qué no decirlo, me estaba sirviendo para soltar toda la adrenalina del mundo provocada por la emoción e incluso esos miedos que debían desaparecer con el tiempo. Me explico, con el caso de las tarántulas tuve bastante temor, pero a su vez estaba deseoso con encontrarme con más, al igual que con otros animales no caracterizados precisamente por ser mansos. Quería aprender y desactivar esos desasosiegos generados de forma inconsciente. A la Naturaleza hay que respetarla y comprenderla. De nada sirve tenerle miedo.

 

Regresamos al coche algo cansados por lo que más que sentarnos adecuadamente nos dejamos caer sin más. Llevábamos unos días bastante frenéticos a la vez que agotadores. Inti y yo por el viaje que cumplía aproximadamente una tercera parte. Y el pobre Albert por el trabajo en Selvatura y nuestro abuso de confianza para convertirle en guía nocturno. Como dije en el capítulo anterior, los tres congeniamos a la perfección.

 

Pero las cosas nunca son perfectas...pensé unos segundos después cuando sucedió algo que afectaría de una forma u otra a los días que nos quedaban por vivir en Costa Rica. Inti dio marcha atrás el vehículo y....crash!!! Una gruesa rama de la que no se había percatado golpeó uno de los ángulos del cristal trasero y lo rompió en pedazos. Los segundos que pasaron tras el crujido del vidrio los recuerdo oscuros, silenciosos y estremecedoramente fastidiosos. Inti no supo cómo reaccionar y lamentó la mala suerte hundiendo su cara apesadumbrada contra el volante. Albert y yo nos miramos sin saber que decir. Bueno sí, pero no es necesario reproducir toda una serie de improperios y maldiciones en contra de la mala fortuna.

 

Los tres salimos a comprobar el desaguisado y supimos cuál había sido esa maldita rama que había agrietado el cristal para dejarlo inútil. El problema no era tan sólo marchar sin luna trasera (que también). El inconveniente radicaba en que el coche era alquilado y con seguro a terceros (ya que el que es a “todo riesgo” relativo hacía subir bastante el presupuesto). Y nos marchábamos a un lugar como Corcovado en el que las poderosas lluvias tropicales podían ocasionarnos más de un problema. En todo caso, el posible desembolso económico era posiblemente un factor suficientemente tremendista para aguarnos la fiesta. Inti estaba derrotado y estuvo callado largo rato sin articular palabra. Se sentía culpable del infortunio y simplemente el susto le había dejado algo tocado. Albert y yo le animamos todo lo que pudimos porque en ese momento las recriminaciones y acusaciones absurdas no servían absolutamente para nada. Es algo que podía habernos sucedido a nosotros y que, por supuesto, en ese caso querríamos todo menos negatividad.

 

Todos los problemas son relativos, y a excepción de la muerte (que se sepa) tienen solución. Ya pensaríamos algo para el día siguiente... Los lamentos y mea-culpas sólo sirven para ponerse de los nervios y no para elaborar planes optimistas. Una luna rota no merecía tanta decepción y desasosiego. Otra cosa serían las consecuencias, que en ese momento no atisbábamos. Pero ya hablaremos más adelante del lamentable comportamiento de Expedition Car Rental, que aprovecharon la coyuntura para intentar estafarnos.

 

Al final los tres nos olvidamos de todo por un rato cenando una estupenda pizza y contando historietas la mar de graciosas. Nos dio tiempo a repasar amores, desamores, fracasos, éxitos y objetivos...para tomarnos las cosas con calma y disfrutar de una velada entre amigos, que eso es lo que somos.

 

Un poco de optimismo y alegría no nos vino nada mal. Debíamos esperar que lo sucedido no cambiara nuestros planes establecidos de antemano. Las cosas nos estaban yendo lo suficientemente bien para estropearse de raíz por un simple accidente. 

 

Por cierto, ¿ahora entendéis el juego de palabras del título “Tarántulas a la luz de la luna” ? Es imposible encontrar otro que resuma de mejor manera nuestro último día en Monteverde...

 

José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

tvillingmarit says:
I`m so sorry my Spanish is catastrophic so I can`t read your blog. But I have enjoyed your fantastic photos
Posted on: Jul 30, 2007
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