Su Majestad el Volcan Arenal
Los efectos del jet lag hicieron su aparición un rato antes incluso de la salida del sol. Así me pasé varias horas dando vueltas en la cama hasta que no tuve más remedio que levantarme a eso de las cinco o cinco y media de la mañana. Me duché, reorganicé la ropa y puse por un momento la tele, donde ya se daba la noticia del parto de la segunda hija de los Príncipes de Asturias. Pero no volvería a ver imágenes en televisión hasta días después ya que decidí desintoxicarme de toda vida rutinaria en Madrid. Mi intención era ir eliminando poco a poco esas capas estresantes típicas de la vida en una gran ciudad. Ruido, televisión, contaminación, trabajo, concentraciones multitudinarias, prisas... Eso en Costa Rica tenía que olvidarse y, por tanto, dejarme llevar por esa Pura Vida de la que tanto se hablaba y a la que quería acercarme al menos un poco.
En Villa Pacandé todos dormían cuando con las primeras luces del alba abrí la puerta y me paseé sigilosamente por el enorme jardín. Tan sólo se escuchaba el canto de un gran número de pájaros, a los que aún no lograba identificar. Aunque eso era cuestión de tiempo. En este pequeño hotel es un lujo eso de quedarse mirando pajaritos que de una ramita a otra se van posando esplendorosos. Ornitólogos de Estados Unidos, tras permanecer unos días aquí, llegaron a la conclusión que desde este lugar se podía llegar a ver nada más y nada menos que 47 especies de aves. Ese es motivo suficiente para haber hecho de La Villa, nuestro campo-base en nuestro viaje. Tranquilidad y paz desde el primer día. Nada de ajetreos, nada de ciudades.
Los insectos también se dejaban notar, y más a esas horas, las preferidas para los insectos. Pero bien protegido (manga larga y pantalones cortos, además de Relec antimosquitos) uno puede caminar tranquilo sin que le importunen los bichos con sus molestos picotazos.
Las ruidosas chicharras macho realizaban un soniquete estridente y continuado para así atraer a las hembras. Es verdad que estos insectos están en casi todas partes, pero jamás había podido escucharlas con tanta potencia. A ratos, resulta incluso ensordecedor.
Bruno, el perro de Cecilia y José Manuel me observaba intrigado y se acercaba para que le acariciase. Este animal tan cariñoso es tan querido por los clientes, que incluso llegan a la Villa postales escritas para él.
Una hora después de levantarme, una huésped procedente de Estados Unidos (la mayor parte del turismo en Costa Rica) que tampoco había podido conciliar el sueño, se dio una vuelta por allí para respirar el aire puro y sosegado. Estuvimos charlando acerca de nuestras expectativas respecto a el viaje que ambos iniciábamos de diferente manera y distintos destinos. Eso es lo bueno en este país. Mientras uno se decide a pasarse sus vacaciones en la playa, en hoteles de lujo, otro puede hacer todo lo contrario y penetrar en la inmensa selva costarricense. Aquí hay para todos los gustos y para todas las edades.
A las siete de la mañana aproximadamente José Manuel y Cecilia hicieron acto de aparición para ir preparando los desayunos correspondientes. Papaya, mango y sandía fueron los frutales elegidos para abrir el día. Eso es algo que nunca falla en Costa Rica, la fruta. En este país tropical hay tal variedad y calidad que es un pecado no dejarse llevar por ese alimento tan exótico y abundante. Después, para llenar mejor el estómago, tomamos tostadas con mantequilla y mermelada de guayaba. Tengo que reconocer que no había oído hablar de la Guayaba en mi vida. Ahora sé que la mermelada hecha con esta fruta es la más rica que he probado en mi vida.
Inti, que se hizo esperar para desayunar, ya se había acostumbrado a la comida sana después de haber pasado sus primeros cinco meses allí. Sus tíos le tenían muy bien cuidado, a tenor de sus siempre positivos comentarios relativos a la experiencia que le estaba tocando vivir.
Cecilia y José Manuel eran su mayor y mejor referente para darse cuenta los sueños sólo se alcanzan si se luchan primero. Dejaron su país para buscar una nueva vida más acorde a su forma de ser. Y aunque siempre difícil, lograron establecerse en Costa Rica con sus dos hoteles. Porque además de la Villa, poseen otro en el centro de Alajuela (Hotel Pacandé), más enfocado a mochileros y turistas que buscan el bajo coste (25$ la habitación doble con baño compartido y 35$ con baño privado).
Inti, además de querer mostrar a la gente esa Costa Rica que tanto admira, tiene en la cabeza abrir un pequeño hotel en el que para él es el lugar más bonito que jamás ha estado. Este no es otro que Corcovado, el Parque Nacional situado en la Península de Osa, y que actualmente es el lugar más salvaje y virginal del país centroamericano.
Ese fue exactamente el lugar que le marcó en su primera visita, y por supuesto, lo habíamos metido en nuestra agenda. Él estaba seguro que estaría entre las cosas que más me iban a gustar. Yo, por lo que había leído, también estaba convencido de ello. Sin duda, sería un highlight en nuestro viaje, aunque antes de llegar allí, debíamos detenernos en otros muchos destinos no poco apetecibles.
Nada más terminar de desayunar, el coche alquilado de Expedition Car Rental llegó a la Villa de la mano de uno de sus trabajadores. De esta compañía, con la que tuvimos una penosa experiencia, os hablaré en capítulos posteriores. Es el perfecto ejemplo de cómo no debe ser una casa de Alquiler de vehículos.
Costa Rica es un país que si se quiere ver en profundidad, se debe visitar en 4x4.
Un Todoterreno es esencial para atravesar las maltrechas carreteras que llevan a los Parques Naturales. Siempre hay excepciones, por supuesto, pero son las menos. La Interamericana, la carretera del Caribe y algunas pocas más son aptas para vehículos normales, minivans o incluso autobuses. Por ello, las Agencias de Viaje mayoritarias, llevan a determinados puntos del país, dejando así otros como opcionales que les suponen unos ingresos mayores.
Son incontables las casas de alquiler de coches, por lo que hay que escoger la que mejor calidad-precio tenga. Recomiendo a los lectores que tengan pensado contratar alguna, que no se fíen de las gangas. A veces por ahorrar más de la cuenta, puedes quedarte tirado en algún camino embarrado. Así que cautela, tranquilidad, y tomaros tiempo en comparar las distintas compañías.
Dejamos mochilas y demás trastos en el Terios que habíamos contratado hasta el día 12 de mayo. A partir de ese momento utilizaríamos la furgoneta de Inti para ir al Caribe, donde las carreteras son ostensiblemente mejores que en gran parte de nuestra primera etapa del recorrido.
Nos despedimos de los tíos y del primo de Inti, emplazando nuestra vuelta para casi dos semanas después.
Pero antes de partir definitivamente debíamos dejar al responsable del Expedition Car Rental en su oficina. Para ello tuvimos que atravesar Alajuela, que es la segunda ciudad de más habitantes después de San José. Casas y edificios de dos alturas como mucho mostraban de forma pomposa los carteles coloristas de los negocios que allí se establecen. En ese momento que cruzábamos la urbe alajuelense no funcionaban los semáforos gracias a un apagón controlado. En Costa Rica, debido a las últimas sequías y a su penoso sistema eléctrico, se llevaban haciendo cortes de luz diarios de luz, con distintos horarios según zonas. Lo mejor de todo es que la gente no protestaba, a pesar de las graves pérdidas que la falta de suministro estaba ocasionando. Al menos dos horas al día, todas y cada una de las regiones se quedaban totalmente “off”. Unas como Alajuela, tenían suerte de sufrirlos a horas matutinas, pero otras muchas se quedaban a oscuras por la noche.
Imaginad el jaleo que se debe organizar en un negocio, una empresa o incluso un hotel con su clientela allí alojada. No quiero imaginar lo que ocurriría en una ciudad como Madrid o Barcelona si se quedara sin electricidad. Caos en el tráfico, lío en las calles, tirones de pelo en el supermercado, pérdidas multimillonarias en las compañías. Dos o tres de estos, y se monta un Golpe de Estado.
Pero Costa Rica es tan Pura Vida que su gente asume pacientemente todo lo que le sucede y no eleva quejas a nadie. Como mucho comentaban que la culpa la tenía la falta de agua. Pero pocas veces les escucharías decir que los responsables estaban en el Gobierno de la Nación o en las municipalidades, o en las penosas infraestructuras eléctricas.
Dejamos a la persona que nos trajo el coche en su oficina e iniciamos nuestra marcha al que sería mi primer destino: El Volcán Arenal. Un buen comienzo, no cabe duda.
En menos de diez minutos tomamos una de esas carreteras que tienen un halo de Leyenda, de aventura e incluso de glamour.
La Carretera Interamericana o Panamericana, atraviesa de forma más o menos sinuosa, el continente de norte a sur. No hay una uniformidad perfecta, ya que no se puede seguir en varios tramos, pero se tiene la posibilidad de hacer un recorrido que vaya desde Alaska hasta la Patagonia siguiendo su asfaltado sendero. La Interamericana es a América lo que el Transiberiano es a Asia, una cremallera que atraviesa totalmente un continente, dando vida a miles de poblaciones que dependen de la misma de forma incluso existencial. Qué buen viaje sería ese, ¿verdad? Tomamos nota.
La Interamericana en Costa Rica es una carretera de doble sentido en la que la proporción de camiones prácticamente supera a la de coches particulares. Entre eso, sus curvas cerradas, y sus múltiples cuestas, hay tramos en los que el tráfico es prácticamente inevitable. A su favor está el entorno que atraviesa, ya que paisajísticamente hablando, es muy vistoso. El color verde de las praderas y los campos del Valle Central (donde se encuentran tanto Alajuela como San José) se va haciendo a más exuberante, más frondoso y más espectacular a medida que se van recorriendo kilómetros y se va saliendo del mismo.
Yo, mientras charlaba de mil asuntos con Inti, trataba de no quitar la vista de la ventanilla. Mis ojos no acostumbrados a tanto verdor, buscaban inocentemente observar algún animalillo lejano o algún pájaro de colores, típico en esas tierras.
Mi amigo me comentaba, que ahora que empezaba la época lluviosa (va de mayo a septiembre), se notaba todo aún más verde. Quería que me fijara en los postes de las vallas que separaban unas fincas de otras. Cuando lo hice me di cuenta de que de los mismos, había brotado vegetación. Y es que aquí, todo, absolutamente todo está provisto de vida. El suelo es muy rico y absorbe muy bien las abundantes lluvias necesarias para que crezcan plantas de forma sorprendente. Es normal, por tanto, que haya tal variedad de flora y fauna en un país como Costa Rica. 10000 especies de plantas, 850 de aves, 250 de mamíferos, 214 de reptiles y 169 de anfibios son datos suficientemente poderosos para comprender por qué Costa Rica posee un 5% de la Biodiversidad de todo el Planeta. Teniendo en cuenta su pequeño tamaño, este dato porcentual es cuanto menos asombroso. Es por ello que en este país se debe llevar a cabo, más que en ningún otro, un desarrollo sostenible y un turismo responsable, para no cometer los mismos errores que en otros lugares notablemente denostados por la acción del hombre.
A medida que nos restábamos kilómetros a nuestro itinerario de algo menos de tres horas, el paisaje fue aumentando su frondosidad. Tomábamos curvas en las que los árboles trataban de unirse en un lado y en otro, como si de un túnel natural se tratara. Me encantaba pensar que al otro lado de esos árboles podía haber monos, serpientes y quien sabe si algún jaguar hambriento en busca de su ración diaria. Esa es una razón convincente para querer venir aquí. Por tres semanas había cambiado la ciudad por un entorno completamente distinto. No sabíamos qué podía depararnos este período, pero el convencimiento de que sería positivo nos iba alentando minuto a minuto.
A eso de las once de la mañana, tras subir con el coche una pequeña cuesta, Inti se acomodó en el asiento y gesticulando me dijo: ¡Ahí está! En ese mismo momento alcé la vista y mirando hacia el frente pude obtener la primera imagen del famosísimo Volcán Arenal. Para no verlo… Son más de 1600 metros de montaña que se curvan hasta la cima, donde se encuentra el cráter, muy juguetón en los últimos años. En ese momento las nubes lo cubrían y no parecían querer desprenderse de él. Si por encima nuestro cielo era totalmente azulado, una hilera nubosa cruzaba velozmente el volcán, no permitiéndole mostrarse por entero a los miles de ojos curiosos que le estarían mirando en ese momento. Aún así, y a pesar de las muchas fotografías que había visto de él, me impresionó enormemente. Con razón es posiblemente lo más visitado de Costa Rica. Hay muchos volcanes en el mundo, pero no todos tienen la “forma de Volcán” que tiene el Arenal. Parece sacado de una serie de dibujos animados, y si a eso le añadimos su momentánea actividad, intensa pero calmada, se explica que sea uno de los destinos más deseados por los turistas.
Poco a poco nos fuimos acercando a La Fortuna, la pequeña ciudad que queda casi a sus pies. En el camino no pudimos evitar detenernos para tomar las primeras fotografías en las que destacaba la enorme mole entre todo lo demás. En la cara sur que teníamos de frente, está prácticamente cubierto de vegetación, y no es poca la vida animal que allí se da. La mayor parte de sus “expulsiones volcánicas” se dan en la cara norte, mirando hacia la Laguna que lleva su nombre. Aunque ese detalle de salpicar de lava a un lado o al otro se mantendrá hasta que el propio Arenal quiera.
Hubo un tiempo muy lejano en que a esta maravilla de la naturaleza se le consideraba tan sólo una montaña indefensa y tranquila. Se la conocía incluso como “El Cerro Arenal”. Un lugar con varios tipos de monte, con una diversidad en fauna y flora bastante importante, y alguna que otra población a su alrededor. Casualmente los indígenas Guatuso, una de las muchas etnias que componen el puzzle aborigen de Costa Rica, no le tildaban precisamente de pacífico, ya que según sus creencias allí dentro habitaba el Dios del fuego.
Durante la primera mitad del Siglo XX hubo exploradores que trataron de subir a la cumbre y que atisbaron que no era una montaña normal y corriente, ya que se sucedían algunas fumarolas. Pero la vida en el pueblo y alrededores continuó tan tranquila como si nada pudiera acontecer. Si nunca había ocurrido nada raro allí, no había por qué asustarse. Aunque la naturaleza no tiene porque avisar…
El lunes 29 de julio de 1968 a las siete y media de la mañana, “el cerro” entró en erupción con una fuerza realmente descomunal. Cuando las mujeres se encontraban en sus casas, los ganaderos cuidaban a los animales, los agricultores acudían como de costumbre a sus plantaciones y los niños marchaban al colegio, el Arenal soltó toda su furia mediante poderosas explosiones. Los ríos de lava destrozaron todo lo que había a su paso y las cenizas cubrieron un área de grandes dimensiones. Las rocas fueron lanzadas por el Dios del fuego guatuso a más de 600 metros por segundo, despedazando lo que se interpusiera entre las mismas. Un pueblo fue sepultado, al igual que bosques, prados, cosechas. Al parecer la imprevisible actividad volcánica se dejó notar en una superficie superior a los 200 kilómetros cuadrados. Por supuesto, sobra decir que hubo víctimas. 87 fueron las personas que perdieron la vida en aquellos días en que el Infierno había decidido poner su sede en El Arenal. Los que sobrevivieron a la vorágine volcánica perdieron sus casas, sus tierras, sus posesiones… Se quedaron sin nada. Tan sólo con el recuerdo del horror, del hedor del azufre y los gases, con la visión de las piedras incandescentes y de la lava descendiendo por la ladera.
La última vez que la actividad del Volcán se hizo notar con fuerza fue 30 años después, en el año 98, pero sin las graves consecuencias de antaño. Gracias a las impresionantes imágenes de televisión, hubo un gran número de personas interesadas en hacer una visita al Volcán. No todo el mundo puede presumir de haber visto un volcán en erupción, un río de lava o explosiones piroclásticas desde un lugar relativamente seguro. Eso fue aprovechado por los lugareños y las autoridades costarricenses, las cuales con el tiempo fueron acondicionando la zona para el turismo. Así en la actualidad uno no tiene dificultades en la zona para hacerse con una habitación, comer en un buen restaurante o llevar a cabo un sinfín de actividades y excursiones de todo tipo. Es más, hoy en día se ha llegado a un nivel de construcción a mi juicio elevadísimo. Esperemos que no se esté subestimando de nuevo al Dios del Fuego y éste haga una de las suyas. La Historia nos enseña a que ésta tiende a repetirse. No se debe infravalorar a la Naturaleza. Es imprevisible por mucho que queramos.
Fascinado tomé fotografías desde todos los ángulos posibles. Inti, que ya había estado allí al menos cinco veces, no pudo evitar volver a retratar el cono volcánico al que se agarraban con afán todas las nubes que se paseaban por la elevada Cordillera de Tilarán. Después, dimos media vuelta por La Fortuna y tomamos la carretera hacia El Tanque para llegar a nuestro alojamiento: Los Jardines del Arenal. Más que un hotel propiamente dicho, es un pequeño y tranquilo Lodge con apenas 11 habitaciones (ver tarifas), que hace honor a su nombre, ya que está en medio de espléndidos jardines y zonas arboladas que miran estupefactos al espléndido volcán.
Allí nos encontramos con su dueño, el bueno de Hernán, uno de esos personajes que conocen y aman profundamente su tierra.
Como al día siguiente nos marchábamos al Rincón de la Vieja, donde no hay demasiada oferta de alojamiento precisamente, nos ayudó a encontrar un lugar para hospedarnos y poder llevar a cabo no pocas actividades en medio de la naturaleza, que en Arenal, de seguro, nos serían mucho más caras. También nos gestionó para cuando la noche se cerrara unos pases para disfrutar de las Aguas termales, que a pies del volcán dejaran nuestros cuerpos lo suficientemente relajados para llevar a cabo nuestro largo viaje de tres semanas. La elección fue Baldi Hot Springs, de un precio más asequible que las de Tabacón, las más famosas de la zona.
Afortunadamente Hernán, que como he dicho antes es un experto en turismo de Costa Rica, proporciona información útil y excursiones impresionantes en torno a un área bastante grande. Las Cataratas de la Fortuna, Río Celeste, Monteverde (que a pesar de que se tarden varias horas en llegar, está detrás de las propias montañas de Tilarán, a la vista desde La Fortuna). Nosotros ya llevábamos todo preparado, excepto el hotel en El Rincón de la Vieja, y nos echó una mano con el mismo.
Así que podíamos marchar tranquilos a pasar unas horas en los aledaños del impresionante volcán desde todas sus posiciones, y si había suerte poder ver algún resquicio de su actividad. Además, por unos minutos, las nubes nos habían dado tregua mostrándonos por entero su cráter. Pero desgraciadamente sería el único momento en que lo iban a hacer en lo que quedaba de día…y de noche.
Nos marchamos a comer a La Fortuna, una pequeñísima ciudad que vive por y para el turismo, a tenor de los muchos extranjeros paseando por sus calles y almorzando en sus bares y restaurantes. El Arenal se ve tan sumamente cerca de allí que da la impresión que en una erupción como la del 68, se acabaría comiendo el pueblo entero. Y si ya uno se fija en los recintos hoteleros y apartamentos plantados en sus faldas, se puede llegar a preguntar cuánto tiempo tardarían en ser sepultados.
Como el hambre azotaba (para eso sí que da igual el jet lag) nos metimos a comer a una cantina a la sombra. El calor se volcaba profundamente a esas horas sobre La Fortuna y venía muy bien tomar un respiro. Así que degustamos muy tranquilamente unos deliciosos platos mexicanos en los que eran expertos. Tuvimos una charla muy sosegada en torno a lo que nos podía deparar a lo largo de nuestro viaje, además de tocar el tema de la “fauna y la flora” costarricense, de la que Inti habla de maravilla. A lo largo de estas semanas, logré aprender muchas cosas acerca de los animales que pueblan esos territorios tropicales. Y es que un viaje a Costa Rica lanzándose a la aventura, vale más que dos mil documentales de La 2. No hay nada mejor que ver las cosas por ti mismo a que te las cuenten a horas soporíferas en que la modorra no te deja pensar. A mí por lo menos…
Después de comer tomamos la Carretera que va hacia Nuevo Arenal, y que sirve para ir dejando de lado el Volcán. Así uno va descubriendo esa transición entre una y otra cara del mismo. Como antes comenté, la sur (que mira a La Fortuna) está cubierta de árboles, ya que en lo que se considera Parque Nacional hay hasta tres tipos de bosque tropical que dan cobijo a una variedad de fauna bastante elevada.
En cambio la cara norte, que da a la Laguna, muestra escasez de vegetación debido a la voracidad volcánica que se da en esa parte. Una amplísima loma pelada es pasto de las no tan tímidas explosiones que expulsan gases, piedras incandescentes e incluso lava resbaladiza. Pero para apreciar eso convenientemente, el lugar tiene que estar totalmente despejado. Y si ya es de noche, mucho mejor.
Hay varios sitios indicados para ver rugir a la enorme montaña, pero uno de ellos goza de una fama predominante: El Arenal Observatory Lodge. Aquí acuden vulcanólogos de todo el mundo para hacer sus estudios y comprobaciones de primera mano. Son sólo 2 kilómetros los que separan a éste del vehemente Volcán. Y ni que decir tiene que cuando las condiciones lo permiten y la montaña está con ganas de fiesta, se puede observar de forma inmejorable la actividad de la misma. Actualmente es un Hotel (que admiten visitas) y el único lugar en que se puede pernoctar en el interior del parque.
Nosotros no llegamos al mismo pero sí que llegamos a quedarnos en una posición cercana, que permitía ver al Arenal expulsar material después de ligeras explosiones. En ocasiones es posible escucharlo a gran volumen, aunque nosotros no tuvimos esa suerte. Lo que sí distinguimos con claridad fue la caída de rocas incandescentes que dejaban una hilera de humo en su veloz rodar por la ladera. Eso de noche, tiene que ser alucinante. Pero ya sabéis, depende de la actividad que tenga el volcán en ese momento y del tiempo atmosférico que acompañe. En la página web del Arenal Observatory Lodge que indico más arriba, se hace una mención actualizada de ambas variables. Esa información es ideal para todo aquel o aquella que pueda permitirse escoger sobre la marcha cuando ir allí. Aunque en un país como Costa Rica, planificar en función de la Meteorología y las Nubes es harto complicado porque bastan unos minutos para generarse una tormenta en un cielo azul resplandeciente.
Paseamos alrededor de lo que se considera Parque Nacional (6 dólares, abierto hasta las cuatro de la tarde) escuchando más de cien mil insectos que hacían de su fricción un ruido impresionante. Yo no perdía ojo a las ramas o a los troncos de los árboles porque estaba deseoso (como cualquiera que va para allá) de ver una manada de monos o un simpático perezoso. Otras especies de mamíferos era complicado verlas ya que no nos adentramos lo suficiente. Pero pensar que allí cerca podía haber un gran número de animales grandes y pequeños me ilusionaba bastante. Y es que en la zona de Arenal es terreno idóneo para un felino como el jaguar o de un ave escurridizo como el Quetzal. Aunque para ser el primer día me conformaba con algo menor…qué se yo, un tucán, un mono o un coatí de nariz blanca que tantas veces me había mencionado Inti.
Después de comprobar cómo las hojas de las Dormideras se cerraban con sólo tocarlas (para resguardarse de la fuerza de las lluvias torrenciales) nos decidimos a dar una vuelta por la Laguna Arenal, desde donde se obtienen una panorámica preciosa de la zona, quizá la mejor. De aquí se saca el agua necesaria para abastecer a Guanacaste (Península de Nicoya) y gran parte de la electricidad de todo Costa Rica. Como no había llovido mucho últimamente, la sequía del mismo había afectado desastrosamente al suministro del país según nos contaron algunos ticos (como se les llama a los costarricenses debido a la repetida utilización que hacen de este sufijo) con los que habíamos estado hablando.
Es asombrosa la cantidad de pequeños hoteles y lodges que hay repartidos por la zona. Afortunadamente no son moles de piedra que se carguen la estética de lugar, tal y como hemos hecho en la mayor parte del mundo. Si lo fueran, harían de Arenal un Disneyworld que acabaría con ese entorno tan maravilloso que actualmente hay.
No tuvimos suerte con los mamíferos o los reptiles, pero sí con algunos pájaros cuyos nombres desconozco. Los había de muchos colores revoloteando cerca de nosotros. Uno que me llamó especialmente la atención fue el conocido como Tangara lomiescarlata (ramphocelus passerinii) en cuyo negro plumaje destaca una zona de color rojo intenso. Posiblemente fue la especie que más vimos a lo largo de todo el viaje.
Mientras tanto, el Volcán seguía escupiendo piedras humeantes, aunque cada vez con mayor frecuencia. Pero lentamente la nubosidad se fue cebando sobre él no dejándonos ver ni si quiera la mitad. No vamos a tener suerte hoy, Jose - me dijo Inti conocedor de que cuando a esas horas el Arenal se cubre de esa manera, cuesta un mundo volverle a ver hasta, al menos, el día siguiente. Una pena, la verdad, porque pocas veces tiene uno la oportunidad de ver las luces llameantes de un volcán en activo. Pero la Naturaleza es así. Unas veces se oculta ante ti y cuando menos te lo esperas te muestra alguna maravilla. Eso es algo que debéis tener en cuenta a la hora de ir a Costa Rica. No os desaniméis si no tenéis suerte una vez, porque es probable que la fortuna se alíe con vosotros en otras ocasiones. Hay cosas que no se pueden predecir por lo que hay que tener paciencia. Ya os adelanto que este pequeño chasco (y otros) me fueron devueltos con creces con experiencias increíbles que os iré contando a medida que avance este diario.
Después de unas horas por allí volvimos por un rato a nuestro hotel. Uno de los trabajadores de Hernán nos estuvo ayudando a buscar un Perezoso, que según él, solía estar por allí. Era uno de mis mayores deseos, ver este animalito tan peculiar. Pero no hubo suerte. Nos mostró su árbol favorito (El Guarumo) y nos contó que le encanta pasarse las horas subido a lo alto del tronco descansando o comiendo hojas (el perezoso, no el señor en cuestión).
También aprovechamos para meternos a internet. Eso sí, en plan Los Picapiedra porque en Costa Rica las conexiones son prehistóricas. Pero con todo y con nos pudimos informar de la goleada del Real Madrid al Athletic Club de Bilbao (1-4) que nos mantenía en la lucha por la liga. Una buena noticia para mí, que ya sabéis que soy un merengón sin solución.
En la habitación, más adelante, a colación con el comentado resultado futbolístico, tuvimos una de nuestras primeras charlas sobre el Deporte Rey. Inti, que durante los cinco meses que llevaba viviendo en Costa Rica, se había enterado de más bien poco, escuchó atentamente lo que se había cocido en España y en el mundo en torno al Balompié.
Cuando ya terminó de oscurecer y el tapón nuboso del Arenal era irremediablemente denso, nos fuimos a culminar la jornada de la mejor manera. A las Termas de agua caliente de Baldi Hot Springs, 4 kilómetros al Oeste de la Fortuna en dirección al Parque Nacional. Estuvimos dos horas aproximadamente, y sólo puedo catalogar a este lugar como un Paraíso del Relax. Aquí disfrutaría mucho el turista de tumbona y cubata… porque lo único que tienes que hacer es cambiar de una piscina a otra (de menos a más caliente en sentido ascendente) mientras consumes algo en alguno de sus chiringuitos acuáticos. Tan sólo debes que abonar el coste de la entrada (15 $ aprox), abrirte una cuenta en el bar (porque obviamente no vas a meter el dinero a la piscina) y dejar las cosas en taquilla. Lo demás consiste en ir recorriendo las diez piscinas termales e ir probando distintas temperaturas. La más caliente tiene 65º, y reconozco que la sufrí bastante. Pero en otras más moderadas me relajé tanto que por poco me quedo dormido. Aunque lo arreglé con un caipirinha y con un hidromasaje aprovechando la caída del agua en plan cascada. Un lujo para mi espalda desgastada por la silla de la oficina y por el stress de ir tan rápido a todos los lados. Y porque no me dio por contratar a alguna de las masajistas que se ofrecían allí, que si no estaría escribiendo esto con renglones algo torcidos.
Bromas aparte, fue un día muy completo que se culminó en una conversación hasta altas horas con Hernán, el dueño de Jardines del Arenal, el cual nos contó, entre otras cosas, las muchas actividades que se pueden llevar a cabo allí, las excursiones que organiza, sus rincones favoritos de Costa Rica (me apunté algo sobre Río Celeste), y las maravillas de la vecina al norte, Nicaragua, de la cual opina que es uno de los países más bonitos en los que ha estado. Como dije antes, es un gran conocedor de su país, por lo que para mí fue un lujo escucharle hablar. Nunca está de más tomar nota de gente que sabe y que puede darte pistas en tu viaje.
Nos fuimos a descansar hasta el día siguiente, el cual me mostraría los primeros animalitos y nos llevaría a uno de los lugares más aislados y tranquilos de Costa Rica, El Rincón de la Vieja.
José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele









