Monteverde: Aventura en altura

Monteverde Travel Blog

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Este fue nuestro recorrido desde Sámara hasta Monteverde. Cruzamos el Puente de la Amistad, tomamos la Interamericana y subimos desde las Juntas por una carretera infernal.

Desayunamos con más ganas de lo normal en Casa del Mar porque el día anterior no habíamos cenado. El último alimento ingerido había sido la enorme pizza suprema en la hora del almuerzo. Es lo que tiene marcharse a una playa solitaria y aislada en busca de tortugas marinas…que se te hace tarde y no queda nada abierto.

 

Nuestro plan del día consistía en llegar a Monteverde (a poco más de 3 horas desde Sámara) y hacer alguna actividad o excursión en el entorno del enorme Bosque Lluvioso situado en lo alto de la Cordillera de Tilarán. Allí no faltan precisamente cosas que hacer, tanto para los más holgazanes como los para los más aventureros por lo que nuestras opciones eran bastante elevadas.

Paisaje de subida hacia Monteverde en la carretera que va desde Las Juntas
Por muchos es sabido que éste es el lugar de origen del canopy o tirolina, que como ya expliqué, consistía en desplazarse por cables desde lo más alto del bosque (ver capítulo “Jinetes en El Rincón de la Vieja” ). Y nosotros no pensábamos marcharnos de allí sin hacerlo. El canopy es a Monteverde lo que la Torre Eiffel es a París. Ambos están indisolublemente unidos.

 

Inti y yo no quisimos despedirnos de nuestra “Casa del Mar” sin llevarnos una de sus camisetas de recuerdo, con un diseño algo surfero. Seguro que el bueno de Mateo tuvo algo que ver en este tema. Es uno de los personajes más locos por el Surf que he conocido nunca.

Un Tucán canturreaba a su pareja, que estaba en otro árbol más alejado
Para ellos es una forma de ser, una forma de vivir.


Nuestro adiós a Carolina, al propio Mateo e incluso al dueño del Hotel vino acompañado de un más que sincero agradecimiento por su trato amable y cordial. Habían aguantado nuestro problema con las llaves y nos habían prestado en no pocas ocasiones el teléfono de recepción para hacer las gestiones necesarias para recuperarlas. Y sus recomendaciones en torno a Buena Vista y Camaronal fueron realmente positivas tal y como pudisteis comprobar en el capítulo anterior. Gracias a ellos las cosas salieron a pedir de boca.

 

Arrancamos el 4x4 y dejamos atrás la preciosa Sámara para salir de la costa y adentrarnos en la Península de Nicoya con el objetivo de abandonar la misma por el Puente de la Amistad.

Mapa de localización del Rustic Lodge de Monteverde
Por tanto tuvimos que ir hacia Nicoya ciudad, desviarnos a la derecha hasta una aldea llamada Mansión y allí tomar una carretera que va directa a la Interamericana previo paso por el puente mencionado. Todo con la ayuda de un enorme mapa plegable que adquirimos en una gasolinera cercana a Sámara. Aprovecho para recomendar a la gente que vaya a recorrer Costa Rica en coche que tenga el depósito bien lleno antes los desplazamientos porque hay bastantes zonas en las que uno puede no encontrarse una Estación de Servicio en muchos kilómetros. Más vale no fiarse y no terminar en una cuneta pidiendo ayuda. Esto se aplica en mayor grado cuando se vaya a franquear una montaña. Aún Inti recuerda lo mal que lo pasó cuando fue bajando con la reserva al mínimo la Cordillera de Talamanca. Creyó que se quedaba tirado allí mismo.

 

De Sámara a Nicoya la carretera es relativamente buena y apta para toda clase de vehículos.

Lo primero que vimos después de llegar al Rustic Lodge fue un Perezoso de dos dedos dormitando en lo alto de un árbol. Apenas se ve una gran bola de pelo
Pero el camino de Nicoya a Mansión es realmente lamentable por lo que se recomienda transitarlo con Todoterrenos si es que se quieren mantener con vida las ruedas y amortiguadores del vehículo.

Durante el trayecto pudimos ver un gran número de aldeas minúsculas y aisladas que parecían pertenecer al Fin del Mundo. Mucha gente nos iba observando a nuestro paso con el Terios como si fuéramos extraterrestres. ¿Y esta gente que diablos está haciendo por aquí? parecían estar diciéndonos con su gesto.

 

El dolor en el pie derecho había aumentado por el mal estado de las heridas y rozaduras. Lo tuve al descubierto durante el viaje, y aproveché a abrir las ventanas a ver si se podían secar por el aire. Me fui fijando desde la ventanilla por si veía una farmacia o similar porque realmente necesitaba gasas, alcohol, agua oxigenada, Betadine o lo que hiciera falta.

Mapa de localización de Selvatura Park (a 150 km de Santa Elena)
Sí, un hacha también lo pensé, pero como que era más doloroso.

 

Salimos del “camino infernal” (los habría más y peores) y tomamos la carretera que llega hasta la Interamericana. Antes de llegar a ésta quisimos detenernos un rato en el Puente de la Amistad, en funcionamiento desde 2003, y que cruza durante 780 metros el Río Tempisque. Construido con la ayuda económica de Taiwan, aún está en el centro de la polémica por la negativa de la numerosa población china que vive en Costa Rica a aceptar “regalos” de lo que ellos no reconocen como Estado. Las vicisitudes entre chinos y taiwaneses vienen ya de largo y llegan incluso a miles de kilómetros de sus fronteras.

 

Pero para Costa Rica, su realización financiada con fondo extranjero fue algo que supuso una mejora en las infraestructuras de la zona realmente notable.

I am ready!!
Antes tan sólo se podía cruzar en ferry, y ahora el único motivo de que haya barcos es para poder ofrecer tours a los turistas ansiosos por ver cocodrilos, que al parecer los hay en abundancia. Esa era la razón por la que nosotros nos detuvimos allí, en un enorme parking situado en el margen derecho del puente.

 

Me bajé del coche y comencé a caminar con una cojera considerable porque cada paso que daba era bastante doloroso por mi sufrido pie tan lleno de rozaduras. Me quedé contemplando el río y reconozco que me pareció ver algunos cocodrilos que en realidad no eran más que maderas y troncos desfilando a través de la corriente. Como en otras ocasiones me engañó el subconsciente. Según Inti es un lugar muy del gusto de estos reptiles, y fue extraño no encontrarnos con ninguno. Aunque me aseguró verlos unos días más tarde en un río por el que pasaríamos al ir hacia Quepos en el que nunca nunca fallan (me estoy refiriendo al Tárcoles).

Inti y yo listos para subirnos a la furgoneta de Selvatura para hacer canopy.
No se equivocaba, pero para contar eso aún falta mucho…

 

Volvimos al coche y cruzamos el famoso Puente construido por taiwaneses. Pero unos metros después nos esperaba “una sorpresa” en forma de multa por parte de la policía de circulación. Un individuo mandó detener el coche y nos mostró en un aparato que habíamos sobrepasado la velocidad máxima de 90 kilómetros por hora. Creo recordar que íbamos a 100 pero no pasó desapercibido para el radar puesto por la policía a la salida del puente. Nos dio un papelito para entregar al banco con una cantidad de 10 dólares, aunque antes intentó que se lo pagáramos a él directamente “para ahorrar tener que ir allí”. En otras palabras, buscó un pequeño soborno, pero por ese dinero no nos valía la pena hacerle “ese favor”.

En la mayoría de los países incluido España las multas de velocidad sobrepasan fácilmente los 300 euros, por lo que no nos llevamos ningún berrinche.

Mapa de las instalaciones de Selvatura
No digo que compense ir más rápido pero casi. También estamos hablando de una carretera relativamente buena y bien señalizada. Otra cosa es en esas otras llenas de curvas y obstáculos en las que es fácil quedarse tirado. Recordemos que Costa Rica es un país con índices elevadísimos de accidentes de tráfico por lo que toda precaución es poca.

Tomamos la Interamericana para ir hasta Las Juntas, donde debíamos comenzar nuestra escalada a Monteverde por carreteras aún más desastrosas si cabe. Justo en ese momento recibí un SMS de mi hermana Susana donde me adjuntaba una fotografía de mi sobrino recién nacido. Apenas tenía un mes y Samuel, que es como se llama, ya era el centro de atención en mi casa. Y lo echaba de menos al igual que a mi familia, de la que me acordaba muchísimo.

La frondosidad de un bosque nuboso es palpable en Monteverde
Hablaba tanto con mi madre como con mi padre bastante a menudo, a sabiendas del palo “económico” que me iban a dar en la factura del teléfono. Mi hermana me llamó precisamente ese mismo día y pude escuchar la voz de Samuelito, que me dio un alegrón inmenso. Espero ser buen tío y transmitirle mi afición a viajar. Estoy seguro de que me lo llevaré conmigo para descubrir esa porción de mundo que sueño conocer algún día…

 

Tras los sentimentalismos y ñoñerías propias de un tío primerizo, vuelvo al lugar donde dejé la historia, en plena Interamericana. Apenas recorrimos unos kilómetros de “la cremallera del Continente” porque tuvimos que desviarnos a Las Juntas, donde comenzó el camino del calvario. Sinuosa, tortuosa, llena de curvas, de agujeros y baches… así es como puede definirse a la “carretera” que tomamos para ascender a Monteverde, que como antes  he comentado está a una altura considerable en la llamada Cordillera de Tilarán.

Preparado para hacer canopy

 

Pero la tortuosidad y la sinuosidad, ya conocidas por todos, no son importantes cuando se tiene el privilegio de asistir a unas panorámicas sin igual de un paisaje y muy diferente al de Guanacaste. En unos 60 ó 70 kilómetros habíamos pasado de vegetación puramente tropical, de bajura, a un terreno claramente montañoso, no tan arbolado (eso más arriba, en Monteverde y Santa Elena) y con miles de hectáreas de praderas destinadas al pastoreo. Las nubes se agarraban a los macizos regándolos con su humedad noche y día. Me hubiera creído en Europa a no ser por la pareja de tucanes con que nos topamos a la subida. A uno de ellos “le enganché” en una foto mirando orgulloso al horizonte y dibujando con su pico una silueta de colores.

Haciendo Canopy por Monteverde

 

Faltando poco para llegar a nuestro destino nos encontramos con una Pulpería y nos detuvimos con el coche ya que allí podía obtener lo que tanto estaba buscando (algo para curarme el pie). Al término “pulpería” se le da un significado bien distinto al que le podemos dar en España. Si para nosotros es un Restaurante, usualmente gallego, en que sirven pulpo y marisco entre otros alimentos, para Costa Rica y casi todo el Continente americano, es un establecimiento o comercio en el que se venden todo tipo de artículos. Uno allí puede adquirir bebidas, pan, papel higiénico, colonia, tarjetas para llamar por teléfono, tiritas, pilas para el mando a distancia, detergente o una bolsa de patatas fritas. Son pequeños y de mucha tradición. Habitualmente en los pueblos con pocos habitantes son algo más que un centro social y de reunión de los vecinos.

Haciendo Canopy en Monteverde
 

 

Gasas y alcohol fue lo que compré, aunque también aproveché para hacerme con algunas chucherías (platanitos fritos, ganchitos, kilos…). Respecto al alcohol, debo decir que no era el que venden en farmacias para las heridas. La función del que adquirí iba más encaminada a “limpiar cristales” que a curar heridas. Pero bueno, el alcohol es el alcohol y seguro que no me iba a hacer tanto mal.

 

Después de nuestro paso por la Pulpería, llegamos por fin a la población de Santa Elena, desde la cual no necesitamos dar demasiadas vueltas para llegar al que sería nuestro Hotel durante los próximos dos días: El Rustic Lodge (también conocido por “Monteverde Rustic Lodge” o “Rustic Mountain Lodge”).

Inti demostró gran soltura en el canopy
A 5 minutos del centro de Santa Elena, y a menos aún de su campo de fútbol (ver mapa) se encuentra este hotel regentado por ticos (cosa extraña hoy en día) y que día a día se está ganando muy buenas críticas y comentarios gracias al buen hacer de éstos.

Parqueamos el carro (forma tica de decir “aparcamos el coche”) a la entrada de este acogedor alojamiento, construido casi entero en madera. Diseño rústico (como su propio nombre indica) a la vez que atrevido y moderno, compagina la calidez de una cabaña con las comodidades propias de un hotel.

 

Nada más salir del coche nos vino a recibir Jose, uno de sus dueños, el cual nos dio una calurosa bienvenida a “nuestra casa”, porque eso es lo que fue durante los días en que estuvimos.

Ataviado con el equipo de Selvatura
Rápidamente nos hizo sentar en una de las mesas de fuera para servirnos un delicioso café de Monteverde, posiblemente el más famoso de Costa Rica. Yo no soy nada cafetero, pero tengo que decir que me supo muy bueno.
Estuvimos charlando con Jose un rato, al que le explicamos cómo estaba yendo el viaje hasta ese momento y las expectativas y propósitos que teníamos depositados en Monteverde. Se comprometió a buscarnos algo bueno para ese mismo día y para el siguiente. Le dijimos que no queríamos aburrirnos y que estábamos dispuestos a salir ya hacia donde hiciera falta. Se quedó pensativo y tras levantarse y darnos la habitación número 3, se encaminó hacia su oficina para realizar unas llamadas. Mientras Inti y yo nos instalamos en el cuarto, amplio, confortable, con grandes ventanas y un baño elegante además de extremadamente limpio. Más no podía pedir que un lugar como ese, en medio de la montaña, con verde alrededor y colibríes merodeando a menos de un metro de nuestra puerta.

Jose y su hermano Marcelo iniciaron un proyecto de Hotel pequeño y carácter rústico un par de años antes de la visita que os estoy narrando en este relato.

Sígueme desde lo alto del Bosque Lluvioso de Monteverde. En una tirolina, allí conocida como canopy, pasas de un árbol a otro a más de 30 metros de altura. Más en El Rincón de Sele (http://elrincondesele.spaces.live.com)
Con trabajo, esfuerzo y dedicación, lograron poner en marcha este complejo hecho para viajeros y turistas sin los bolsillos llenos, a tenor de sus precios más que asequibles. Y no sólo ofrecen 9 habitaciones con baño privado sino también una atención exquisita y personal que les hace únicos.

 

Mientras nos preparaban alguna excursión adecuada a nuestra necesidad de soltar adrenalina, yo aproveché para curarme definitivamente el pie. Aullé de dolor al aplicarme el alcohol en las heridas. Significativa forma de comprender que las tenía infectadas. Una vez limpias y cubiertas con tiritas y gasas me puse las botas y salí fuera un rato a respirar aire puro.

Preparado para el Tarzán Swing
En éstas salió Jose de la oficina y me pidió que dirigiera la mirada a lo alto de uno de los árboles que quedan detrás de las habitaciones. Tardé unos segundos en fijarme exactamente en lo que me estaba señalando pero cuando lo hice caí en la cuenta de que me encontraba ante un Perezoso agazapado y dormitando. Claro que si me dicen que es un matojo, también me lo creo. Estaba totalmente hecho una bola de pelo y era imposible distinguir la cabeza o las extremidades. No podía esperar que cambiara de postura porque estaba inmerso en un profundo sueño, de los muchos que tienen, ya que en ocasiones superan las 20 horas durmiendo.

Esta especie no perteneciente a la Familia de los osos, como mucha gente piensa, es una de las que más curiosidades despiertan tanto a los aficionados a los animales como a los científicos que investigan el Mundo Animal. Estos mamíferos, que se encuentran esparcidos en los bosques húmedos y selvas tropicales de Centroamérica y Sudamérica, tienen unos hábitos no demasiado vertiginosos o estresantes.
Volando en el dosel del bosque (Selvatura)
Se pasan la vida subidos a los árboles comiendo o durmiendo, y tan sólo bajan una vez a la semana aproximadamente a defecar o cambiarse a otro árbol más apetitoso. Miden en torno a los 70 centímetros y apenas pesan cinco o seis kilos debido a la ligereza de sus músculos. Son lentos y apenas consumen energía, pero son tremendamente ágiles para desplazarse por los árboles y así huir de los depredadores. Sus enemigos son los felinos, que aprovechan a verlos en el suelo para atacar, las boas, y las Águilas Arpías, prácticamente extintas. Aunque quizá quien más daño les esté haciendo es el ser humano, limitando su hábitat mediante la tala indiscriminada de sus árboles que hacen de hogar.

 

En Costa Rica los hay de dos especiess de Perezosos en función de su número de dedos. Los de tres dedos (Barypus variegatus), más propios de selvas de bajura próximas al litoral, y los de dos dedos (Choleopus hoffmani) de actividad preferentemente nocturna y con preferencia de ambientes más fríos y, por tanto, a más altura.

Foto del grupo que hicimos canopy en Selvatura
Ambos tienen un aspecto bastante diferente aunque comparten su misteriosa sonrisa, su estilosa manera de colgarse de las ramas y en su extraña forma de vida. Una curiosidad que manifiesta y justifica su divertido nombre: El coito del Perezoso puede llegar a sobrepasar las 20 horas de duración porque en muchas ocasiones se quedan dormidos en pleno acto.

 

El que tenía en lo alto del árbol del Rustic Lodge era claramente un Perezoso de dos dedos.

Uno de los mariposarios más grandes de Costa Rica
El color de su pelo algo más pajizo (el de 3 tiende a ser gris), el número de garras (es didáctilo), la no presencia de manchas en cara y espalda, además de no tener cola, son algunas de las características que permiten diferenciarlos.

Le tomé fotos aunque no demasiado vistosas, así que tendría que esperar a otra ocasión para verlos despiertos. Con tiempo, paciencia y algo de fortuna, se acaba teniendo la oportunidad de divisar a más de uno convenientemente.

 

Con Inti preparado y Jose esperándonos nos dirigimos a la oficina a que nos comentara qué actividad o actividades podíamos llevar a cabo ese día. Y su búsqueda cumplió sobradamente nuestras expectativas porque era lo suficientemente completa.

Oruga que terminará siendo una espectacular mariposa de colores
A la una nos esperaban en Selvatura Park para divertirnos en uno de los mejores canopys del país, para acudir a un inmenso mariposario, para visitar la Colección privada de insectos más grande del mundo, para llevarnos a un Jardín de Colibríes, para ver un centro de Reptiles y Anfibios y para observar desde la altura de unos puentes colgantes lo que es un Bosque Nuboso o Lluvioso como el que hay en las Reservas de Monteverde y Santa Elena. Y si teníamos tiempo y ganas, nos había buscado la posibilidad de realizar un tour nocturno, pero eso decidimos dejarlo para el día siguiente si es que no queríamos perecer de agotamiento.


¿Qué hora es?- Preguntó Jose. Las doce y media pasadas - le contestamos nosotros.

Mariposa en el mariposario
Pues os están esperando porque a la una comenzáis..." replicó. Me faltó saltar de alegría pero había que guardar las formas. Había sido llegar al Hotel y besar el Santo… Teníamos todo preparado para marcharnos a la voz de ya a hacer todas esas cosas que nos estaban esperando. Y no perdimos más tiempo que el necesario para darle las gracias a Jose por habernos firmado en tan poco tiempo un día tan frenético a la vez que espectacular.

Estábamos totalmente seguros de que nuestra estancia en Monteverde y Santa Elena serían un éxito rotundo. No sólo por conocer un lugar único que es más que un Santuario de Vida silvestre en el que conviven cientos de especies, sino también por disfrutar de las actividades no aptas para cardiacos que allí se pueden llevar a cabo.

Mariposa en el mariposario

 

Monteverde y Santa Elena, prácticamente juntos, son dos Reservas Biológicas con un mismo común, el de albergar en su interior un inmenso Bosque Nuboso o Lluvioso. Ambas son el mejor claro ejemplo de Selva donde la frondosidad prácticamente infinita se une a la constante humedad que le “da la vida”. En el interior, donde un árbol puede estar rodeado de cientos de plantas y los helechos parecen sacados de la época de los dinosaurios, la luz solar apenas penetra por escasos resquicios. Y en el ambiente brotan minúsculas gotas de agua que riegan incesantemente lo que tocan a su paso. Eso sin contar las lluvias torrenciales, que cuando se dan lo hacen con la suficiente fuerza para saciar las necesidades de la abundante vegetación allí presente.

Ejemplo de lo que se puede ver en el Mariposario de Monteverde
Al parecer hay más de 400 tipos de Orquídeas sólo en esta zona, por lo que os podéis hacer una idea. Y respecto a los animales se puede decir que hay un rey absoluto que se deja ver muy poco pero que todo el mundo conoce: El Quetzal, un ave que es símbolo de toda América Latina. Pero no es el único, ya que hay más de 400 especies de pájaros, 100 de mamíferos y 120 de anfibios y reptiles. Casi nada para no dejar de venir a uno de los territorios naturales más sobresalientes de Costa Rica. 
 

Últimamente, y sobre todo desde la aparición de los Canopy Tours, se ha convertido en un lugar bastante turístico, pero por el momento se está cumpliendo la premisa de sostenibilidad, concepto muy manido en estos días. El objetivo de lograr vivir del bosque sin acabar con él tiene que ser más que una obligación. Son muchos los operadores, negocios y alojamientos en la zona, pero se está intentando mantener un equilibrio con el Medio Ambiente que sirva de ejemplo.

Preciosa mariposa del mismo color de la flor
Eso es el Ecoturismo, aprender, consumir y divertirse con la Naturaleza sin que ésta se vea afectada en absoluto, al menos lo mínimo posible para que todo el mundo gane. Pero aún son pocos los lugares que lo cumplen y el Gobierno debe poner toda la carne en el asador para activar un Turismo y Desarrollo sostenible que nos permita convivir con el entorno sin hacerlo añicos.

Nosotros nos dirigíamos en coche a
Selvatura Park, a tan sólo 150 metros de la Reserva de Santa Elena. Es un Parque natural propiedad de una compañía de prestigio que organiza circuitos y actividades (el canopy y los puentes colgantes son sus platos fuertes) en un terreno que tiene una extensión superior a los 1200 acres protegidos nada más y nada menos. Por tanto, está enclavado en pleno bosque lluvioso, y no es extraño escuchar al quetzal, al pájaro campana y a otras aves de altura tan difíciles de contemplar.
El Biólogo Richard Whitten es el propietario de la Colección privada de insectos más grande del mundo.
Y todo en un lugar en el que se pueden hacer suficientes cosas tanto para los más atrevidos como los más cautelosos. Una mezcla de diversión y de aprendizaje  en un verdadero Parque Temático donde la Naturaleza del Bosque Nuboso es la protagonista. Pero si hay algo que busque el que va a Monteverde/Santa Elena, y por tanto, a Selvatura, es hacer uno de los mejores circuitos de canopy del país. Porque es, sin duda, la actividad estrella y mejor vendida no sólo allí sino en toda Costa Rica.

 

En cuanto llegamos a sus instalaciones, que como dije, están prácticamente unidas a la Reserva Santa Elena (ver mapa de localización) no tuvimos más tiempo que llegar a la caseta, inscribirnos, ponernos el equipo (casco, cinturones, arneses y guante) y subir a una furgoneta con un par de familias para llegar a la primera plataforma de canopy.

En la colección de Richard Whitten
Hablaré del precio, que depende de muchos factores para establecerse. Por ejemplo, no es lo mismo hacer tirolina solamente, que contratarla junto a los Puentes Colgantes. O incluir la comida, o una visita al Mariposario y al Jardín de Colibríes. Tampoco el precio es el mismo si se trata de adultos o niños. Podéis ver las posibles combinaciones y sus respectivos precios pinchando aquí . Pero para hacernos una idea general, el canopy para un adulto cuesta unos 40 $ (en el momento en que fuimos nosotros), unido a los Puentes colgantes (pienso que ambas actividades son esenciales allí) cuesta 55 $. Luego la cantidad va a aumentando si se le incluyen las otras opciones tales como el Mariposario, Jardín de colibríes, Colección de insectos, serpentario y almuerzo. En el caso en que una persona quiera hacerlo todo tendrá que adquirir el pack “Selvatura completo” que asciende a la no desdeñable cifra de 107 dólares.
Arañas visibles en el Bosque Nuboso. Propiedad del biólogo Richard Whitten.
Pero eso depende del presupuesto que disponga cada uno y de las ganas que tenga de exprimir su día al 101%.

 

Nosotros nos dejamos llevar y visitamos la totalidad de las instalaciones. Lo primero fue el circuito de canopy al que nos dirigimos con la mencionada furgoneta. Descendimos del vehículo y caminamos por un sendero empedrado inmerso en el interior del bosque nuboso, totalmente virgen. Y aquí hablar de vegetación frondosa y abundante puede llegar a ser incluso banal. Porque es más que eso... ya que para que os hagáis una idea, está en constante sombra porque las hojas, las plantas y los árboles forman una espesura tal que no permite introducirse al Sol más que lo suficiente para dejar un mínimo de luz.

En la colección privada de insectos más grande del mundo
Si uno se sale del trail, queda asegurado que va a quedarse totalmente cubierto imposibilitándose toda opción de caminar. Sólo en las Reservas de Monteverde y Santa Elena se supera el millar de especies vegetales. Esa es una de las razones por las que si uno quiere conocer la inmensidad de una Selva de este tipo, debe hacerlo desde puentes o desde los cables que surcan el cielo por encima de los árboles. Ni que decir tiene de la dificultad de observar mamíferos o aves, que se sabe que están, pero que no se los espera a no ser de un milagro en forma de fortuna.

 

Llegamos a la primera plataforma del circuito, donde nos dieron las instrucciones pertinentes en torno a cómo colocarse y pidiéndonos que hiciéramos caso a los monitores que están con nosotros en ese momento o que se encuentran esperándonos al final del cable.

Los jíbaros tenían una fórmula aún no descifrada para reducir cabezas. He aquí el resultado...
Como nosotros ya lo habíamos hecho antes, conocíamos bastante la teoría y un poco la práctica. El funcionamiento del canopy  que ya expliqué en el capítulo titulado “Jinetes en el Rincón de la Vieja” no hay problema de repetirlo de nuevo en éste utilizando las mismas palabras:


El funcionamiento es bastante simple: Uno va sujeto con arneses y se traslada por el cable gracias a un sistema de polea. La mano “fuerte” (según se sea zurdo o diestro) se pone hacia atrás. Siempre llevando un guante, se rodea dicho cable con más o menos presión dependiendo de la velocidad que se quiera conseguir.

Cabezas reducidas de los jíbaros. Pertenecen al dueño de la colección de insectos.
Se frena con ese mismo brazo haciendo fuerza hacia abajo. Las piernas deben ir juntas y contraídas, preferentemente cruzadas. Con la mano que no lleve guante, lo único que se debe hacer es sujetarse a una de las cuerdas de seguridad. La cabeza debe inclinarse en la medida de lo posible hacia la izquierda para así mantener el cuerpo equilibrado.

 

Ese concepto yo creo que lo entiende cualquiera, pero a la hora de trasladarlo a la práctica la cosa se complica porque o frenamos demasiado, o frenamos demasiado poco, como suele ocurrirme a mí.

 

Como dije antes, el circuito de canopy de Selvatura Park es posiblemente el más completo y extenso de Costa Rica.

Uno de los ejemplares que se pueden observar en la Exposición de Reptiles de Selvatura
Nada más y nada menos que quince son los cables que surcan el dosel de la selva. Distintas longitudes, distintas alturas (a veces superiores a los 25 metros), distintos retos. Eso es lo que uno puede esperar de una tirolina como la que allí el cliente tiene a su disposición... Para el final del recorrido hay una sorpresa, que es opcional si se quiere llevar a cabo o no. Inti, que ya había estado allí meses antes, la conocía pero no dijo ni palabra hasta que hubiera que decidir si hacerla o no. Pero antes que eso quedan un montón de cables por los que cruzar como si fuéramos un quetzal que se posa velozmente de una rama a otra.

 

Respecto a la duración hay que decir que depende de la cantidad de gente que haya apuntada al circuito. No es lo mismo ir cinco que ir veinte. Al parecer en temporada alta (estación seca) se hace un poco pesado por las esperas.

Hay muchos tipos de colibrís en Costa Rica
Menos mal que nosotros estábamos en mayo, que es uno de los meses del año con menos turistas. Seríamos, sin contar a los tres monitores que nos acompañaban, unas siete personas. Así que tardaríamos si todo iba bien una hora u hora y media. Con más gente puede llegar casi a las tres horas de duración.

 

El primer cable era casi de prueba, lo bastante sencillo y corto para que su facilidad haga coger confianza a los que lo prueben. Yo, fascinado por el entorno espectacular en el que nos encontrábamos, me animé a ser el primero para comprobar que no había olvidado las lecciones que tomé de Wander y Walter primero, y de los monitores de Selvatura después. Con todo puesto, incluido el pesado casco amarillo que tanto me hacia sudar, me enganché al cable, crucé las piernas contrayéndolas y mirando a la izquierda me dejé llevar por el zumbido del cable al chocar con la polea.

Colibrí en una ramita
Algo Rápido e intenso. No hubo problema afortunadamente porque ni me pasé ni me quedé corto. Pero claro, habría que esperar a lo verdaderamente gordo, con cables cinco veces más largos, con mayor pendiente, altitud y otros factores que cumplen la premisa del “más difícil todavía”.

 

Unos se nos dieron mejor y otros peor, pero lo seguro fue que en los quince cables por los que nos arrojamos a lo Indiana Jones, soltamos adrenalina por los cuatro costados. Sin duda, la diferencia de practicar canopy en Monteverde a hacerlo en otros lugares, estriba sin duda alguna en el entorno mágico en el que uno se sumerge. La inmensidad y plenitud de un horizonte selvático con esa niebla que todo lo cubre le añade un halo exótico propio de las películas de aventuras. Que no quepa duda que la gente decidida, sin vértigo ni miedo, se lo va a pasar en grande lanzándose en tirolina en un lugar como este.

El colibrí ostenta el título de ser el ave más pequeña del mundo

 

En uno de los cables quise portar la cámara conmigo para poder grabar un video de lo que se ve durante el trayecto. Escogimos uno que no fuera demasiado complicado para evitar problemas, y me subí con uno de los monitores para así tener las manos libres y poder traeros esta secuencia de algo más de medio minuto que ya está colgada en Youtube. Se puede apreciar cómo pasan veloces debajo nuestro las copas de los árboles, pero se hace difícil imaginar la sensación que uno vive en su interior. La única forma de saberlo a ciencia cierta es subiéndose a uno de éstos y dejarse llevar.

 

Los 10 que estábamos allí, entre clientes y monitores de Selvatura, pasamos una muy buena mañana.

Colibrís
Con una de las familias con las que compartimos experiencia nos entendimos muy bien, sobre todo con “la madre”, que hablaba español perfectamente. Angoleña de nacimiento, con nacionalidad portuguesa y residente en Canadá, una mezcla extraña que nos dio un muy buen rato de conversación. Nos pidió consejo para los días que le quedaban de viaje. Quería algo salvaje, poco turistizado, ver animales... Nuestra recomendación (sobre todo la de Inti) fue Corcovado. El Parque Nacional Corcovado, del que ya hablaremos en otros capítulos posteriores, es sin duda la imagen que uno tiene de Selva profunda y misteriosa, con una diversidad animal y vegetal realmente únicos. Fue el lugar que a Inti le conmovió de tal manera que le hizo planificar su vida en torno a Costa Rica. Y por algo sería...

 

Después de una hora y media haciendo metros y más metros surcando el cielo llegó el momento de “la sorpresa”.

Colibrí
Inti se reía y bromeaba con los monitores, cosa que los novatos no comprendíamos. Es más, temíamos o un cable infinitamente largo y complicado o algún susto o gracia con afán de asustarnos. Hasta que llegamos a una plataforma y nos dijeron “Bienvenidos al Tarzan Swing”. Todos nos miramos y comprobamos que había una distancia del suelo con no demasiada longitud pero lo suficiente para darse una buena bofetada. Una cuerda colgaba, pero como lo estaban los cables. Y es que no iba de eso en absoluto...

 

Esa cuerda hace el efecto de liana tal y como nos explicaron los monitores. Ya le fuimos pillando el sentido a lo de “Tarzan Swing” porque por todos es conocida la forma de recorrer la jungla de este personaje de ficción que dio vida en el cine Johnny Weissmuller además de otros.

 

Inti de entrada decía que no quería hacerlo por nada del mundo, cosa que me sorprendió porque éste que tiende a ser bastante atrevido.

Panorámica desde los Puentes colgantes de Selvatura (Monteverde)
Era algo opcional y su decisión estaba tomada. 

 

El invento funciona de una manera sencilla. La cuestión está en dejarse caer como si se hiciera puenting (a inferior altura), agarrarse a una cuerda y salir despedido tal y como lo hiciera el mismísimo Tarzán de los monos. O como en los juegos de plataformas en que el personaje de ficción utiliza este medio para transportarse de un lugar a otro.

 

Pero esto no era un videojuego y el simplemente hecho de tirarse, viendo tu cuerpo a unos centímetros del suelo, y después salir volando hacia la verde arboleda, impone bastante. Por mi parte, con el corazón latiendo a mil por hora, dudaba si iba a ser capaz de hacerlo en el último momento, pero al menos lo iba a intentar.

Puente colgante en Monteverde

 

La primera valiente fue la hija de la familia canadiense, que se sobrepuso a sus temores y nos mostró el camino a los demás. Eso sí, el grito que dio lo escuchó hasta el último quetzal de Monteverde. El siguiente ..." dijo uno de los monitores mirándome a mí. Mis pasos hacia el filo donde debía dar el salto fueron lentos, pausados y temblorosos, como los de un reo enfrentándose al cadalso. El suelo, a unos 6 ó 7 metros, parecía estar en realidad a veinte. Oí, que no escuché por los nervios, las instrucciones que me dieron. Inti, cámara en mano, grabó en video todo lo que iba sucediendo al mismo tiempo que me insuflaba ánimos. Ambos le dedicamos el “saltito” a los visitantes del Rincón de Sele (para que luego digan que no me acuerdo de mi gente) al igual que a los lectores del “futuro diario” del que estoy dando cuenta con estas palabras.

Albert fue una de las revelaciones de viaje.
La banda sonora, muy de fondo, la proporcionaba un Pájaro Campana que realizaba un sonido metálico realmente llamativo.

 

Doblé las rodillas, junté las piernas, di un minúsculo impulso y cuando me quise dar cuenta me encontré emulando al mismísimo Tarzán. El momento en que peor lo pasé fue el segundo en que parecía que me iba a dar un trompazo contra el suelo. Pero en cuanto salí despedido de nuevo hacia arriba se me fueron todos los miedos y disfruté al máximo de la experiencia única y diferente que estaba viviendo. Poco a poco la fuerza fue disminuyendo para así poder “aterrizar” perfectamente con la ayuda de los dos monitores que me esperaban. Pero decidieron darle otro toque al Tarzán Swing y me voltearon, provocando que fuera dando vueltas tanto en las subidas como bajadas que me quedaban. Ahí lo que llegó fue un mareo considerable, pero no lo suficiente para que a la bajada, aún con el pulso acelerado, me decidiera a repetir de nuevo la mítica atracción de Selvatura.

Sea la hora que sea, la humedad en un bosque nuboso es bastante elevada
Podéis ver el video del salto pinchando aquí.

 

Fin del canopy tour, unas fotos de familia, unos cuantos estrechones de mano (ya que lo dar dos besos en la mejilla como se hace en España no está muy de moda) y de vuelta a la oficina nos despojamos del equipo. Un diez para todos, sencillamente impresionante.

 

Pero Inti y yo teníamos ganas de más por lo que preguntamos por la siguiente actividad/excursión a llevar a cabo. Su propuesta fue la siguiente: Bajar a ver el enorme Mariposario, contemplar la mejor y más grande colección privada de insectos, pasear por el Jardín de colibríes, ir a la Exposición de Reptiles y Anfibios…y para el final el segundo plato fuerte del día: Los Puentes Colgantes.

En uno de los muchos puentes que Selvatura tiene en Monteverde

 

Fue entonces cuando apareció la persona que iba a ser nuestro guía para todos esos actos. Un chaval de unos veinte años que aparentaba doce y que, sin saberlo, iba a ser uno de los grandes protagonistas del viaje y una de las mejores personas que iba a tener la ocasión de conocer en Costa Rica. Su nombre, Albert Rojas. Con extrema simpatía y amabilidad, nos encomendó el dirigirnos primeramente al Mariposario, una construcción cubierta de algo más de 2700 metros cuadrados de extensión. Una enorme nave acristalada, en forma de invernadero (temperatura constante 28 º), es hoy en día uno de los mejores lugares donde poder estudiar y aprender el ciclo vital de las mariposas, las cuales están totalmente a la vista desde que son huevos, pasan a ser larvas, después orugas y se hacen crisálidas (es decir, se convierten en capullos, conocidos por los ticos como“pupas”) para por fin ser espectaculares, hermosas y coloridas.

Bosque nuboso de Monteverde visto desde los puentes
Lástima que apenas vivan en este estado un par de semanas. Tanto trabajo y tanta complicación para perecer tan pronto…
En el inmenso mariposario se pueden contemplar en todas sus fases unas veinte especies de mariposas, de infinitos colores y matices, que incluso llegan a apoyarse en los hombros o brazos de los visitantes.

 

Albert nos explicó todo perfecta y minuciosamente no dejándose llevar por un guión establecido. Este chico, convertido en autodidacta y gran conocedor del mundo animal, sabe de Naturaleza más que muchos Licenciados. Desde pequeño ha devorado cientos de libros y ha actuado en el terreno para saber los datos más rebuscados de las especies animales y vegetales que cubren por entero un país tropical como lo es Costa Rica.
A nosotros nos fue dejando con la boca abierta con todo lo que nos contaba, y lo mejor de todo, es que disfrutaba haciéndolo.

Es más que un apasionado del tema y no había pregunta malintencionada de Inti (que como sabéis es Veterinario especializado en animales salvajes) que no le diera una respuesta coherente y certera.

Ambos hicieron muchas migas porque durante la tarde compartieron conocimientos y anécdotas de lo más complejas. Yo, algo neófito en estas disciplinas naturales alejadas de mis saberes histórico-artísticos, no podía hace más que asentir y tratar de digerir esa gran cantidad de nombres científicos impronunciables.

 

Conscientes de que debíamos darnos prisa antes de que se hiciera de noche, continuamos velozmente por el circuito. Siguiente parada: “La colección privada de insectos más grande del mundo”. En Selvatura a este lugar le llaman “Joyas del Bosque Lluvioso”.

En los puentes colgantes de Monteverde uno aprende en primera persona lo que es un Bosque Nuboso
Y es que este es uno de los pocos lugares del mundo en que se habla de los insectos como si de “joyas” se tratara. Curiosa forma de dirigirse a los escarabajos, arañas, escorpiones, ciempiés y demás especies. Apuesto a que esa denominación no la comparte mucha gente que los considera de todo menos bonitos. Bueno, a excepción de los ínclitos en el tema Albert e Inti, a los que les parecen realmente preciosos. De gustos raros está el mundo lleno…

 

Richard Whitten, un Biólogo bastante conocido por quienes se mueven en ese mundillo, lleva coleccionando insectos desde que tiene uso de razón. A unos les daba por los juguetes y a él le dio por guardar y disecar bichillos que se encontraba en el jardín. La afición fue a más, y llegó a hacerse con miles de ejemplares de las especies más variopintas. Su posición económica más que acomodada le permitió viajar lo suficiente como para saciar su extraña devoción.

Y tanto… porque actualmente posee una colección registrada en el Libro Guiness de los Records.


En el edificio, al que se puede acceder contratándolo con la gente de Selvatura, se pueden ver en las cristaleras innumerables especies de insectos. Impresionan verdaderamente las que muestran arañas, algunas de un tamaño que a cualquiera le dejaría mudo si se las encontrara. Pero no destaca este lugar tan sólo por la cantidad, sino por la calidad y ¡el diseño!. Os preguntaréis cómo es posible que este aspecto más propio de la moda y la decoración destaque tanto en un museo lleno de bichos inmundos y feos para el común de los mortales. Y es que no están colocados azarosamente en vitrinas como en cualquier museo. Al contrario, su disposición está totalmente estudiada para conseguir formas diversas que llegan a considerarse artísticas.

Bosque Lluvioso de Monteverde
Por ejemplo, si vemos los escarabajos o las mariposas, podremos observar cómo conforman una estrella o una espiral. Y esta es la gracia de la colección del Señor Whitten, que intenta lograr una armoniosa mezcla de arte y naturaleza. Aunque lo que respecta a este minucioso trabajo hay que dar las gracias a su señora esposa, que es la que se ocupa de que quede lo más bonito y llamativo posible.

 

Personalmente, casi más que en los insectos me fijé bastante en los objetos y recuerdos que Richard había traído de sus viajes. Fetiches y máscaras africanas (objetos que colecciono desde los 12 años), estatuillas compradas en Rapa Nui (más conocida como la Isla de Pascua) e incluso dos cabezas reducidas por la tribu de los Jíbaros con las que no pude evitar sacarme una foto.

Jesús nos preparó un flambeado de plátano realmente espectacular
Posiblemente sea un poco macabro y por ello me fascinen este tipo de cosas. Es más, en mi habitación tengo algunas copias hechas con piel y pelo de animal.

 

Tuvimos la fortuna de saludar al mismísimo Richard Whitten, que estaba sentado en una silla tomando notas. Albert, que en unos meses se había convertido en su alumno aventajado, le comentó nuestra aventura costarricense y éste nos deseo mucha suerte. Es más, nos regaló varios DVDs con documentales de Naturaleza, obviamente basados en el fascinante mundo de la Entomología (Ciencia que estudia los Insectos).


De las “Joyas del Bosque Nuboso” pasamos a la “Exhibición de Reptiles y Anfibios”, lugar de menores dimensiones, y en cuyo interior viven las especies de serpientes más venenosas, grandes iguanas y basiliscos e incluso ranitas venenosas como la Dendrobates Pumilio (Blue Jeans) que habíamos tenido la oportunidad de ver días antes a pocos kilómetros del Volcán Arenal.

Delicioso flambeado de plátano con helado
Allí tanto Albert como Inti parecían encontrarse como en su casa, ya que es este tipo de animales los que más llaman su atención. Ambos tienen numerosísimos libros especializados en Ranas o serpientes, por lo que su conocimiento en la materia es bastante sobresaliente. Tener dos expertos en fauna y flora me vino de miedo para aprender mucho en torno a los animales que forman la espléndida Biodiversidad de un país tropical como Costa Rica. Otra cosa era el momento en que profundizaban de tal manera cuando acababa perdido irremediablemente.

En este lugar pude ver de primera mano las tres serpientes más venenosas con las que uno puede toparse en cualquier tour selvático. Las más conocidas y peligrosas son la Terciopelo (Bothrops Asper), la Matabuey (Lachesis Muta) y la Coral (Micrurus nigrocintus).

A lo largo de todo el viaje fue la “Terciopelo” la serpiente de la que más oí hablar, y es que es posiblemente la que más trastornos y miedos ocasiona a la población de Costa Rica. De las 139 tipos de serpientes, 18 son venenosas, y la terciopelo es posiblemente la que más mordeduras provoque. Dependiendo del tamaño de la herida, de la cantidad insuflada de veneno, además de la zona del cuerpo afectada y del estado físico de la persona que recibe el mordisco, se dan unos efectos u otros. El daño hemorrágico y la necrosis de tejidos pueden ir acompañados incluso de la muerte.

 

Si uno es mordido por una serpiente venenosa debe seguir las siguientes recomendaciones (obtenidas de un interesantísimo documento escrito por Mahmood Sasa, Investigador del Área de Conservación de Guanacaste):

 

Pese a que la literatura describe una gran cantidad de posibilidades para los primeros auxilios, en el envenenamiento ofídico, los estudios más recientes y rigurosos, así como la experiencia médica, han demostrado que la mayoría de esas recomendaciones son inútiles, e incluso perjudiciales. Dentro de las recomendaciones para los primeros auxilios están:
-NO efectuar ningún tipo de incisión, pues aumenta riesgo de infección y sangrado.
-NO efectuar succión, ya que favorece infección y no se remueve gran cantidad de veneno.
-NO utilizar torniquetes pues complica más la irrigación a zonas distales, incrementando la isquemia. Tampoco administrar compresas de hielo ni descargas eléctricas de ningún tipo.
-NO administrar sustancias químicas ni extractos de plantas por ninguna vía al paciente mordido.

Los primeros auxilios se deben reducir a inmovilizar lo más posible la extremidad afectada y a trasladar al paciente al hospital o centro médico más cercano para que se le aplique el suero antiofídico.

 

Espero que ninguno que lea estas premisas se vea en la necesidad de utilizarlas, pero no está de más tenerlas en cuenta. Aunque la proporción de serpientes venenosas es muy inferior a las que no lo son, hay que tener sumo cuidado. En el bosque o selva hay que estar muy atentos y estar pendientes de lo que se pisa y de las ramas que nos quitamos de encima para poder pasar. Toda precaución es poca.

 

La siguiente etapa del recorrido fue “menos venenosa” y más bucólica. En esta ocasión los colibríes fueron los protagonistas. Los tres accedimos a un Jardín en plena Reserva Biológica donde más de 100 ejemplares de 14 especies distintas nos dieron un espectáculo aéreo sin igual. El alimento proporcionado por los responsables de Selvatura ha favorecido la creación de un Universo particular donde los colibríes agitan sus alas a gran velocidad. Su minúsculo tamaño, el arqueo de sus picos y la capacidad de mantenerse inmóviles en el vuelo como hacen los insectos, son características que definen a este tipo de aves tan agradables.

 

Y para el final dejamos una de las partes más interesantes del circuito de Selvatura, que no es otra que la de los Puentes Colgantes. Más de 3 kilómetros de senderos en el interior del bosque nuboso donde hay un total de 8 puentes de distintos tamaños y diferentes alturas. Una de las mejores formas de contemplar la biodiversidad de un ecosistema como el existente en Monteverde/Santa Elena. El puente más corto tiene 50 metros y el más extenso llega a los 170, y la altura puede oscilar entre los 12 y 60 metros. Albert nos habló minuciosamente de la variadísima vegetación allí presente que crece una encima de la otra, siendo posible que en un árbol convivan decenas de especies. Uno de sus propósitos era que pudiéramos observar algún quetzal o un pájaro campana, ambos un tanto escurridizos. Pero no hubo forma. Nos tuvimos que conformar con escucharlos en el eco de un bosque donde las nubes se habían colado por muchos de los vericuetos de su esbelta espesura. Fue una gozada estar allí solos contemplando la inmensidad de un paraje tan frondoso que esconde tanta vida en su interior.

Los puentes, bastante firmes y seguros, a prueba de turistas, son los lugares idóneos para pasear por un lugar como este sin hacerle daño (uno de los propósitos del ecoturismo). Y si hay alguna posibilidad de avistar alguna de las más de 100 especies de aves, es desde éstos donde mejor se puede hacer. Y siempre acompañados de un sinfín de sonidos, como los de las ranas tan audibles al atardecer o como los de los jilgueros, que celebraban su alegría con melodías más propias de flautas metálicas que de meros pajarillos.

Fue una caminata realmente deliciosa en la que no nos importó en absoluto no haber probado bocado desde el desayuno o estar increíblemente cansados. Incluso a mí se me pasó el dolor del pie, que tanto me había fastidiado en los últimos días. Tener delante de mis ojos una panorámica como esa hace valer la pena todo esfuerzo. Y además estábamos congeniando perfectamente Inti y yo con Albert, al que parecíamos conocer de toda la vida. Ese chaval tan afable y divertido me enseñó en unas horas más que la mayoría de la gente en años. Es un lujo conocer personas así, tan desprendidas, que disfruten aumentando el conocimiento de los demás. Afortunadamente yo tuve dos maestros. Espero haberles aportado al menos la mitad de lo que ellos hicieron conmigo. Sería algo enormemente satisfactorio para mí.

 

Pero como no todo puede ser perfecto, hubo algo que interrumpió nuestra amena charla por senderos y puentes. Una tormenta de grandes dimensiones se presentó ante nosotros sin avisar y comenzó a soltar agua a raudales. Nosotros, cámaras en mano, estábamos preocupados por evitar que éstas se mojaran. Menos mal que había sido previsor y me había llevado un Poncho-chubasquero que protegió al 100% la mochila, las cámaras de fotos y todo lo que llevábamos encima. Y por qué no decirlo, me mantuvo totalmente seco en medio de una lluvia que de lo fuerte que caía llegaba a picar.

 

Y para colmo se nos hizo de noche a mitad del recorrido por lo que tuvimos que ponernos a correr para salir de allí lo antes posible. No llevábamos linternas, la tormenta adquiría mayor fortaleza, y no era plan de quedarnos a oscuras en mitad del bosque.

 

La lluvia no nos permitía ver lo que teníamos a un palmo de nosotros y por ello íbamos mirando más el suelo, guiándonos por la marca del camino que recorríamos lo más rápidamente posible. Tengo que reconocer que me entró la risa, y es que la situación me parecía un tanto cómica. Otro gesto habría puesto si no me hubiera traído el chubasquero y se nos hubieran podido estropear las cámaras, móviles, etcétera. Con todo el viaje que quedaba podría haber sido un perjuicio de no pocas consecuencias.

 

Pero todo quedó en una anécdota, porque tras superar los puentes que nos quedaban, amén de los sinuosos senderos que atravesaban el bosque lluvioso (nunca mejor dicho), logramos llegar a nuestro coche, que en solitario presidía el aparcamiento de Selvatura. Albert e Inti, mojados hasta las orejas, tuvieron que secarse dentro con una toalla que allí teníamos. Afortunadamente yo lo único que tenía mojada era la cabeza, a la que no le había servido de nada la capucha. Por lo demás, iba tan seco como por la mañana.

 

El camino de vuelta se encontraba desastrosamente embarrado y tuvimos que hacerlo lentamente. Sonrientes, hablamos de esos sueños que nos permiten seguir mirando hacia delante con la ilusión de un niño. Inti quería su pequeño hotel en Corcovado, Albert trabajar investigando con la fauna y flora tropical e incluso llegar a hacer algún documental o reportaje, y yo…conocer a lo largo de mi vida todas esas maravillas que tiene nuestro Planeta, y por qué no, mostrarlas de una forma u otra a todo el que lo quisiera. Vivir viajando es posiblemente mi objetivo número uno. Lo que desconozco es si lo conseguiré o no.


Albert nos contó que unos meses atrás dejó su casa para poder trabajar en algo que le permitiera aprender y avanzar en una Disciplina que realmente le apasiona. Para él los animales son el centro de su vida y quiere que sigan siéndolo siempre. No sólo estudia una carrera sino que profundiza mucho más de forma autodidacta. Y trabaja muchas horas. Lo que gana lo emplea en seguir costeándose sus estudios, en ayudar a su familia y en pagarse una pequeña habitación compartida a dos kilómetros de Santa Elena. Es un chico que lucha por lo que quiere y que no ceja en su empeño de ser mejor día a día. Merece que se le vean cumplidos todos y cada uno de sus objetivos. Y que yo lo vea porque espero llevármelo a algún viaje exótico donde se puedan ver animales. ¿Quién sabe? A lo mejor Inti, Albert y yo algún día que espero no sea demasiado remoto, podamos visitar la Selva Amazónica, la Sabana Africana, o las especies endémicas de Borneo. Tiempo al tiempo, es cuestión de seguir soñando…

 

Dejamos a nuestro “amigo” en su casa y quedamos en hablar el día siguiente para ver si fuera posible hacer un tour nocturno. Qué mejor que un experto para mostrarnos como nadie la vida acelerada del bosque en plena oscuridad. Es en la noche cuanto más actividad animal/vegetal se puede encontrar.

 

Antes de darnos un homenaje Almuerzo + Cena, fuimos al Rustic Lodge ducharnos y a tratar con los dueños Jose y Marcelo lo que podríamos hacer para la siguiente jornada. Tan amables como siempre nos recomendaron pasar la mañana en lo que se conoce como “Cataratas Viento Fresco” (Viento Fresco Waterfalls) a menos de una hora de Santa Elena en dirección a Tilarán. Si teníamos tiempo después, hacer un tour del Café, ya que en Monteverde se encuentra el mejor de Costa Rica, y por la noche un recorrido nocturno por el bosque con nuestro amigo Albert. La opción de las cataratas, después de ver folletos con bellísimas fotos, nos atrajo tanto a Inti como yo, y no hubo más que hablar. No por nada, sino porque teníamos un hambre atroz y necesitábamos alimento si no queríamos caernos allí mismo.

 

Escogimos el Restaurante Las Palmeras, especializado en comida italiana. Yo recuerdo que comí unos espaguetis realmente sabrosos. Aunque la estrella fue sin duda el postre: Plátano flambeado con una copa de helado. No sólo por su indescriptible sabor sino por el espectáculo que nos regaló el cocinero, que con maestría y elegancia lo preparó delante de nosotros. El resultado, sencillamente delicioso.

 

La mejor forma de cerrar un día vertiginoso a la vez que satisfactorio. Las cosas estaban saliendo de cine. ¿Seguiría todo igual de bien durante las dos semanas que restaban de viaje?


José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

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Monteverde
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