Jinetes en El Rincón de la Vieja

Guanacaste Travel Blog

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Tucán de pico iris (Rincón de la Vieja)

 

Esta vez tampoco fue necesario escuchar el sonido del despertador para estar bastante avispado a las seis y media de la mañana. En apenas unos minutos ya estaba preparado para todo lo que íbamos a hacer durante el día. Salí de la habitación y caminé serenamente por el jardín que rodea el Rinconcito Lodge. Amiguita, la perrilla de la que os hablé en el capítulo anterior, fue la primera en darme los buenos días. Siguió mis pasos por las instalaciones en las que ya había gente trabajando con el ganado y los caballos.

Inti y yo nos fuimos con la pareja Walter y Wander (del Rinconcito Lodge) a montar a caballo y a hacer Canopy. (El Rincón de la Vieja)
Allí basta un ápice de luz para comenzar la vida rutinaria que se lleva a cabo en el campo.

 

Los pájaros cantaban a esas horas con más fuerza, y es que el despertar de una jornada nueva, les hace mucho más activos que el resto del día. Mis oídos estaban bien atentos por si algún mono en la lejanía le daba por hacerse notar o incluso por si algún tucán se me volvía a poner a tiro (de cámara, claro). En un lugar “tan aislado” siempre es posible escuchar o ver algo interesante.

 

Miré hacia el monte arbolado y recordé por unos instantes lo que había leído en torno al Rincón de la Vieja durante la preparación del viaje que llevé a cabo desde el mes de diciembre.

Inti preparado para comenzar nuestro tour por el Rincón de la Vieja
Fue a finales de 1973 cuando se proclamó a esta zona Parque Nacional. No sólo por la actividad volcánica latente en el macizo Rincón de la Vieja sino también, y quizá con más motivo, por ser un centro hidrográfico de primer orden, con ríos (unos 32) que vierten sus aguas tanto al Pacífico (Península de Nicoya) como al Mar Caribe. En lo que a Biodiversidad se refiere, cuenta con una variedad de ecosistemas difíciles de reunir en Costa Rica en un mismo territorio. Y es que en las más de 14.000 hectáreas en las que se extiende el Parque, y por consiguiente la protección estatal, en función de la altura los bosques son diferentes. Por ejemplo, en las partes bajas (donde nos encontrábamos nosotros) es fácil encontrar árboles como el Guanacaste (Árbol nacional), la inmensa Ceiba o el “Indio Pelado”, en general propios de lugares algo más secos. A una altura media, el bosque se vuelve prácticamente lluvioso y gracias a la humedad y a su frescor atrae a incontables especies como el copey, el roble, el iguano, y a cientos de plantas que se crían en dichos árboles.
Walter y Wander, Wander y Walter...nuestros guías en El Rincón de la Vieja
En lo más alto, ya próximas las zonas de erupción volcánica, el bosque se vuelve bajo como es normal a más de 1500 metros. En la cima, es decir, en el cráter y alrededores, la ceniza cubre una vasta extensión en la que apenas hay vegetación.

Desde niveles medios-altos la variedad de fauna se multiplica respecto a los bajos. Quizá su mayor aislamiento y sobre todo, el constante frescor que trae la nubosidad, atrae a gran cantidad de especies de mamíferos e incluso de aves, como el espectacular Quetzal Resplandeciente, que se ha convertido en más que un símbolo para América Latina.

 

En lo que respecta al Volcán el Rincón de la Vieja, cabe decir que es incluso más alto que el Arenal (1900 metros) aunque no se aprecie de la misma forma al pertenecer a una Sierra en la que los macizos montañosos (y unos cuantos volcanes) no son pocos precisamente.

El arcoiris apareció antes de que nos subiéramos a hacer canopy
La actividad de esta montaña de fuego ha sido prácticamente constante durante las últimas décadas, aunque no se ha pasado de movimientos sísmicos o nubes de ceniza. En ocasiones el Parque Nacional se cierra al público por seguridad, por lo que nunca está de más enterarse con antelación de cómo ha amanecido el Volcán. De todas formas no conviene asustarse porque esto no ha sucedido demasiado.

 

Nosotros no teníamos planteado subir demasiado alto ese día a tenor de las actividades y/o excursiones que llevaríamos a cabo. Ni íbamos al cráter ni a Las Pailas (cosa de la que me arrepiento y que dejo para otra vez) pero lo pensado no estaba nada mal. Ante todo, era bastante completo…y dinámico.

 

Inti por fin estaba listo para desayunar, por lo que fuimos a la mesa donde la gente del Rinconcito nos atendió como a marqueses.

El el caballo, a punto de hacer canopy. (El Rincón de la Vieja)
Elegí algo fuerte para no ir precisamente con el estómago vacío: Gallopinto. Es algo muy típico en Costa Rica, y consiste en Arroz con frijoles acompañados de huevos revueltos o fritos. Me llené bastante y es que es un desayuno algo pesado, sobre todo si se junta con la fruta previa y con alguno de los excelentes jugos que allí preparan.

 

De pronto apareció Walter con su moto de cross, y tras apearse de la misma, se dirigió hacia nosotros dándonos los buenos días, o mejor dicho, soltando ese Pura Vida tan característica en los ticos. Nos dieron comida tipo pic-nic y agua para que tuviéramos de todo en la excursión. Lástima que después acabara espachurrada por apretarla para que cupiera en mi mochila amarilla.

 

Una vez terminamos nos dirigimos con Walter a la cuadra donde tenían preparados cuatro caballos.

Me lancé en el canopy de un lado a otro del cable. Ufff, qué experiencia. Y aún quedaban lo menos seis cables.
¿Viene alguien más con nosotros? Pregunté. Fue ahí entonces cuando apareció otro chaval que se nos presentó. Su nombre, Wander (tal cual se lee), y sería nuestro acompañante tanto en el canopy como en las rutas a caballo. También moreno, aunque no tanto como Walter, con perilla y con un aspecto de ser más mayor, aunque con los ticos es imposible adivinar este aspecto. Llevaba tejanos azules, camisa amarilla y un sombrero que parecía haber salido de los Spaghetti Western rodados en Almería décadas atrás.

Antes de elegir nuestros respectivos caballos nos pusieron los cascos, arneses, cinturones, guantes y demás atuendo necesario para realizar el canopy, que es posiblemente una de las actividades más célebres y excitantes que se pueden hacer en Costa Rica. La noche anterior, durante el tour que hicimos, Walter nos indicó por dónde pasaban algunos cables que unían árboles y plataformas por los cuales pasaríamos nosotros en plan Indiana Jones.
Haciendo Canopy en el Rincón de la Vieja.
Yo estaba expectante y con ganas de hacerlo, aunque reconozco que temía en parte mi reacción cuando fuera mi turno. No era miedo pero sí tensión.

 

Entre los caballos que nos ofrecieron escogí el blanco (cuánto tiran los colores…) que se llamaba “Pájaro” y que era posiblemente el más veterano de la finca. Según Wander, que es quien se ocupa más de ellos, era uno de los caballos más valientes y con más fuerza de los que ha tenido. En este caso, la edad (cercana a los 20 años) no era un problema.

 

Justo antes de montar sobre ellos nos dieron las instrucciones típicas sobre qué hacer para hacer que corran más, detenerlos o en los casos en que haya una subida empinada o una bajada dificultosa.

No era la primera que Inti hacía canopy y eso se notó.
Yo ya había montado en otras ocasiones por lo que más o menos me tenía aprendida la teoría y la práctica. Aunque nunca tanta como la de Wander, que lograba ir al galope sin agarrarse si quiera. Para eso se necesitan muchos años de experiencia…y muchas caídas.

 

En ese momento un Tucán Pico Iris se posó en un árbol cercano y a la tercera fue la vencida, conseguí fotografiarle. Él apenas se limitó a llamar a su eterna pareja mientras arrancaba algún fruto. Menos mal que la cámara tiene un buen zoom porque con la antigua se hubiera visto como un punto en medio de la nada.

Después de que el Tucán nos diera simbólicamente la señal de salida, nos subimos a los caballos.

Walter estaba hecho todo un experto
Una vez encima comenzamos con un trote suave hasta salir de la finca donde se ubica el Rinconcito Lodge. Ascendimos la misma pendiente de la noche anterior y tras ello probamos a los animales. De vez en cuando la pareja Walter&Wander bromeaban y los ponían al galope, provocando que los nuestros alcanzaran más velocidad de la que Inti y yo desearíamos en ese momento. Se trajeron un buen cachondeo con las caras de susto que poníamos. Además a mi caballo no se le notaba en absoluto la edad, a tenor del ímpetu que ponía para adelantarse a los otros. Bueno, no venía mal del todo soltar un poco de adrenalina ante lo que se nos venía encima. Por fin habíamos llegado a la primera plataforma de canopy. Un cable metálico a una altura considerable aunque no excesiva, cruzaba algo más de 200 metros de campo hasta llegar a otra plataforma.
Wander haciendo acrobacias en uno de los cables del canopy
Era nuestra primera prueba. Y con un espectacular arco iris de fondo…

 

El canopy es una actividad a la que muchos incluyen dentro de los deportes de aventura, cuyo origen y mayor desarrollo está en en Costa Rica. Aunque últimamente son muchos más los países del continente americano los que ofrecen esta experiencia a los turistas más atrevidos.

 

Hace tiempo un canadiense de apellido impronunciable (Hreniuk) se le ocurrió montar un sistema de tirolina en el área de Monteverde y Santa Elena para moverse de forma más ágil en un bosque de árboles tan altos y de vegetación sumamente espesa.

Cruzando el puente que une una plataforma con otra
Veía ésta la mejor manera de poder observar lo que pasaba por allí arriba. Son muchas las aves las que viven en las copas de los árboles y la posibilidad de contemplarlas desde cables metálicos le pareció la más idónea. A este señor canadiense se le ocurrió patentar los Canopy Tour y ofrecérselos a los turistas, que pagaban sin dudar por hacerlos.

 

Poco a poco fueron apareciendo empresas que invirtieron en este tema y actualmente son decenas, por no decir cientos, las que sacan grandes beneficios del ímpetu del viajero por emular un pájaro y ver el bosque desde arriba. Pero a Hreniuk esto no le hizo gracia y recientemente denunció a los negocios que comerciaban con algo cuyos derechos eran suyos (según él). Quería que el Juez dictaminara un pago de licencia excesivo a todos aquellos circuitos que estaban explotando su idea sin su consentimiento.

En este cable cogí más velocidad de la recomendable y poco faltó para estamparme con un árbol
Esto paralizó la actividad un tiempo, pero el ingenio tico le dio la vuelta a la tortilla. Se alegó que esta actividad estaba patentada mucho antes de lo que este señor decía. La Defensa esgrimió que el mecanismo de trasladarse por el bosque mediante cuerdas o cables se utilizó en la guerra de 1858, y que por tanto, no era algo que hubiera inventado Hreniuk. Hoy por hoy siguen en litigios, pero hay confianza de que no prospere a tenor de la gran cantidad de negocios que abren anualmente ofreciendo dicha actividad.

 

Donde más oferta (y éxito) tiene el canopy es sin duda en su lugar de origen, el Parque Nacional de Monteverde. Pero actualmente puede hacerse en otros muchos lugares de Costa Rica como Manuel Antonio, Arenal, Quepos, Sámara, y en el propio Rincón de la Vieja, entre otros.

La Casona, una de las entradas al Parque Nacional, expone fotografías y objetos relacionados con esos primeros expedicionarios que llegaron al cráter del Volcán

 

El funcionamiento es bastante simple: Uno va sujeto con arneses y se traslada por el cable gracias a un sistema de polea. La mano “fuerte” (según se sea zurdo o diestro) se pone hacia atrás. Siempre llevando un guante, se rodea dicho cable con más o menos presión dependiendo de la velocidad que se quiera conseguir. Se frena con ese mismo brazo haciendo fuerza hacia abajo. Las piernas deben ir juntas y contraídas, preferentemente cruzadas. Con la mano que no lleve guante, lo único que se debe hacer es sujetarse a una de las cuerdas de seguridad. La cabeza debe inclinarse en la medida de lo posible hacia la izquierda para así mantener el cuerpo equilibrado.

La probabilidad de caerte es prácticamente nula y son mínimos los casos que se han dado de muertes por caídas al vacío.

Wander antes de que nos subiéramos a los caballos
Lo único que se debe hacer es no agarrar el cable sin guante y hacer caso a las indicaciones de los monitores, que dirán cuándo se debe frenar y cuándo no. Lo primero está claro, pero lo segundo no tanto. No es sencillo llegar con exactitud a la plataforma de destino. Unas veces por ser demasiado precavido se frena con antelación y te quedas parado unos metros antes de llegar. Otras veces se frena mal o tarde y llegas al final como un tiro. Afortunadamente hay sistemas de seguridad que no dejan que te estampes contra un árbol. Y lo de afortunadamente lo digo por experiencia propia, que si no acabo con más pájaros en la cabeza que los que salen en los dibujos animados.

 

Fue Wander quien cruzó el primer cable para ser la persona que nos esperara en la plataforma de destino.

Aguas termales con azufre.
¿Quién quiere empezar? preguntó Walter. No sé cómo ni por qué, pero fui yo el que dio el primer paso. Me conectó el arnés a la polea y volvió a repetirme la retahíla de instrucciones relativas a mi posición y al caso que debía hacer a Wander, quien me indicaría dónde y cuándo frenar (o todo lo contrario). No sé cuánto sería la distancia con el suelo, pero seguro que lo suficiente para darse una buena toña. Miré hacia abajo primero, después para adelante, me quedé sentado en el aire, contraje las piernas, brazo derecho estirado, brazo izquierdo sujetando una de las cuerdas de seguridad, cabeza a la izquierda…y zas…comenzó el espectáculo.

 

En el trayecto de apenas quince o veinte segundos traté de guardar la posición como pude porque en cuanto me movía un poco perdía la regularidad que se requiere para llegar en perfectas condiciones.

Hay partes con agua fría y otras con agua caliente
Si se flexiona el brazo derecho un poco más de la cuenta o no se va con la cabeza hacia un lado, te tambaleas como un muñeco. Por eso me preocupé de la técnica de permanecer estático y casi no me di cuenta de la gran experiencia que estaba teniendo. Pasé por encima de los árboles a toda velocidad y en un momento vi a Wander a otro lado que no me daba instrucciones. Por tanto no frené…por lo menos eso creí. Pero no era así. Al tener la mano izquierda rozando siempre con el cable, uno va un tanto más despacio de lo normal, y en ocasiones se detiene antes de lo previsto. Y eso fue exactamente lo que me sucedió, que me faltaron un par de metros para llegar y besar el santo. Pero bueno, era la primera vez y no había estado nada mal. Inti y Walter llegaron poco después con exactitud y precisión a la plataforma donde nos encontrábamos, sujeta a uno de esos inmensos árboles de Guanacaste que tienen un grosor un tanto imponente. Y es que en el canopy la experiencia da serenidad, y la serenidad te permite pensar mejor qué hacer y qué no hacer.
Agua con azufre
Veríamos qué pasaba en el segundo cable…que era aún más largo que el primero.

 

Alcancé incluso más velocidad y me lo tomé con mayor calma. Me dio tiempo a pensar lo que estaba viviendo y a sentirme un personaje de aventuras tipo Spiderman o Batman trasladándome de un lado al otro. En esta ocasión tampoco llegué con exactitud a la plataforma, pero sí mejor y más cerca.

 

En el tercer cable también con mayor longitud surqué los vientos y llegué perfectamente aunque doy fe que el propósito de la observación animal es bastante improbable a esa velocidad.

Inti, Wander y yo (El Rincón de la Vieja)
Se comprende esta actividad contemplativa deteniéndose donde hubiera movimiento de aves, monos, perezosos o demás especies, aunque desconozco cómo retomar la marcha. Bueno sí, manualmente con los dos brazos en plan videojuego de plataformas.

 

Las instalaciones de canopy del Rinconcito Lodge poseen, en el momento en que allí nos encontrábamos, siete cables, siendo uno de ellos superior a los 600 metros de longitud. Así que nos lo pasamos genial en los demás, e incluso nos permitimos tomarnos fotos los unos a los otros, aunque hubo a quien le costó dominar el maravilloso arte del enfoque…

 

Pero fue el último cable con el que me llevé el gran susto.

Inti con su caballo
La razón…no logré frenar adecuadamente al final. Por mucho que lo intentaba no conseguía detenerme haciendo fuerza con el brazo izquierdo. Y de frente un gran árbol con Inti y Walter esperando con preocupación mi veloz llegada. Tengo que reconocer que en mi cabeza me veía incrustado en el tronco de un Guanacaste. Qué surrealista, ahora que le estaba cogiendo el truco y soltando adrenalina por los cuatro costados…y pobrecito de mí me voy a chocar con el último árbol. Afortunadamente no pasó de un mal pensamiento y tanto Walter como Inti frenaron el posible tortazo. Incluso el propio sistema hace que te detengas a una distancia suficiente para que eso no pueda suceder. Pero bueno, el sobresalto no me lo quita nadie.

 

Resumiendo, hay que cogerle el truco al canopy y obedecer las indicaciones de los guías.

A caballo en el PN El Rincón de la Vieja
Si se hace, es una experiencia bastante excitante. Porque pocas veces en la vida uno se ve deslizándose entre los árboles del bosque a lo Tarzán. No me extraña que esté tan de moda en Costa Rica y que la gente lo apunte como imprescindible en sus viajes al país. Si vas y no lo haces, te faltará algo, te lo aseguro.

 

Después de algo más de una hora en la tirolina, nos esperaban nuestros caballos al final de circuito. Teníamos un largo trayecto por delante. Debíamos ir hasta el puesto de La Casona por el que penetraríamos al interior del Parque Nacional. Hay otro (Puesto de Las Pailas), pero no es el más idóneo para ir los manantiales sulfúreos de agua caliente donde nos dirigiríamos.

 

Walter cogió los arneses, cascos y demás material utilizado en el canopy y se marchó al Rinconcito Lodge, donde tenía cosas que hacer.

En el trayecto a las Aguas Termales
Así que nos quedamos Wander, Inti y yo para hacer lo que quedaba de excursión, que era mucho.

 

En el recorrido que había hacia La Casona fuimos hablando de todo en general, aunque cuando la conversación tomó un tono más picante, a mi caballo “Pájaro” le dio por salir corriendo. Debió salir espantado por esas mentes calenturientas que tenemos lo seres humanos…


A medida que fuimos ascendiendo notamos como el bosque se fue cerrando más y más hasta hacer los senderos más angostos. La vegetación aumentaba e incluso los pájaros parecían cantar con más fuerza. Nos fue siguiendo una gran cantidad de loros verdes, que emitían chirridos bastante graciosos.

La Laguna Morphos, en honor a la mariposa del mismo nombre que revolotea por la misma.
Ellos los llaman “Pericos”, porque son bastante más grandes que los periquitos que todos conocemos.

Y después de un rato al trote y al galope llegamos a uno de los Puestos del Parque Nacional, que se llama “Santa María”, aunque todo el mundo lo conoce por “La Casona”, que hace mención a la antigua propiedad de un presidente de los Estados Unidos (Lyndon Johnson). Actualmente, en dicha construcción de madera del Siglo XIX hay una colección de objetos relacionados con el Rincón de la Vieja (fotos de expediciones, huesos y cráneos de animales allí vistos, etc.,). Y además sirve como lugar de pago para quienes quieren acceder al Parque Nacional (7$).

 

Amarramos los caballos a un poste y nos dimos una vuelta por allí. Acababan de encontrarse con una Boa Constrictor y la habían devuelto de nuevo al bosque.

En la Laguna Morphos
Lástima no haber llegado antes para verla. En esos momentos volví a pensar en torno a cómo reaccionaría si me encuentro una serpiente que puede superar los dos metros de largo. ¿Y con un puma o un jaguar? ¿Y con un tapir? Lo único que está claro que no haría es correr. Es como darles una señal de lo vulnerable que eres y del miedo que tienes. Pero es bastante complicado trasladar la teoría a la práctica, como siempre.

 

Estuvimos viendo las fotografías de expedicionarios y viajeros que habían subido a la cima del Rincón de la Vieja. La imagen del cráter es asombrosa y me arrepentí de no haber hecho nosotros esa excursión para la que se necesitan bastantes horas de marcha. Si alguna vez vuelvo haré esa, y la de Las Pailas, donde abundan las fumarolas que dan fe de lo viva que está la tierra allí.

Inti, Walter y yo tomándonos algo en el Rinconcito Lodge (El Rincón de la vieja)

 

Pero esa ocasión estaba reservada para otra zona del Parque, por lo que volvimos a nuestros caballos y descendimos por el monte por caminos aún más estrechos que antes. En ocasiones debíamos agacharnos para no tragarnos las ramas (literal) o echarnos hacia un lado para no chocar nuestras piernas con los tronco. En las bajadas a caballo, lo más recomendable es poner el cuerpo hacia atrás para que así éste lo haga más fácil. Obviamente, en el caso contrario (subida) lo más idóneo es colocarse más hacia delante porque así se evita que tenga que hacer demasiado esfuerzo.

Atravesamos escondidos senderos y solitarios riachuelos, donde los caballos aprovechaban para beber. El calor apretaba bastante a esas horas y el agua fresca les reconfortaba para continuar la agreste travesía hacia los manantiales de agua caliente.

 

Un desagradable hedor a azufre nos indicó que habíamos llegado a nuestro destino. Amarramos los caballos a un árbol y nos acercamos a las aguas termales rodeadas de paz y naturaleza. Una iguana se fue veloz al vernos pasar al acercarnos para ver por nosotros esas aguas, en tramos transparentes, en tramos amarillentas e incluso grisáceas por el efecto del azufre. Este elemento es muy propio de las zonas volcánicas y según los expertos, es bueno para la piel bañarse en ese tipo de manantiales, pero el tiempo justo. No se recomienda estar más de treinta minutos ni llevarse las manos a los ojos o la boca.

Inti y yo nos pusimos los bañadores y nos metimos rápidamente al agua. La primera parte estaba fresca pero en cuanto entramos a una de las “bañeras naturales” con azufre notamos perfectamente lo la subida de temperatura. Wander, que no se quiso dar un baño, fue testigo de la “relajación sulfúrea” que estábamos disfrutando. Uno no sabe el efecto que puede tener eso en la piel, pero si lo recomiendan, será por algo. Yo en la vida había escuchado nada por el estilo y siempre pensé que el azufre le tenía que dar al agua mucha acidez. Y así es porque en su justa medida la piel puede beneficiarse de sus propiedades antisépticas y exfoliativas. Al parecer hay tratamientos para el acné en el que se utiliza este elemento.

 

No fuimos los únicos en probar sus efectos esa mañana, ya que una familia tica que estaba disfrutando de sus vacaciones, se unió a la fiesta. A la gente de Costa Rica le encanta bañarse en los ríos, incluso más que en el mar. Como diría algún amigo mío, son algo "domingueros" en este sentido. Se lo pasan a lo grande yendo al campo a pasar el día en plan tupperware, mantel... Vamos, que sólo les falta la tortilla de patata para pasar por una familia tradicional española.

 

Salimos del agua y fuimos raudos a por la comida que portábamos en la mochila. El chasco fue grande cuando en vez de sacar un sandwich con plátano y quesito, me encontré con una pegajosa mezcla que lo hacía incomible. El calor y las apreturas en que los había sumido, provocaron que la bolsa estuviera hecha un asco. Así que tuve que conformarme con comer unas galletas. Debía esperar a llegar a nuestro Rinconcito Lodge para comer algo contundente. Y tenía hambre, vaya si lo tenía...

 

Después de un rato en el que estuvimos compartiendo bromas con la familia tica, volvimos a los caballos para proseguir nuestro recorrido por el interior del Rincón de la Vieja. Wander quería llevarnos a una pequeña Cascada bastante solitaria y tranquila a la que le llaman "Morphos", cuyo nombre viene de la insigne mariposa. Para llegar tuvimos que dar media vuelta por donde habíamos venido, y meternos por otro camino, aún si cabe más espeso. Tardamos algo más de treinta minutos en dejar los caballos atados. Pero esta vez no los pudimos meter hasta el final del recorrido. Tocó bajarnos a pie por una colina arbolada con bastante pendiente. Lo hicimos a duras penas. Casi casi nos íbamos dejando caer de un árbol a otro en un espectáculo un tanto cómico. Pero valió la pena sin duda alguna. La cascada con laguna muy apta para el baño se encuentra en un lugar increíblemente aislado, tranquilo y solitario. Alguna que otra mariposa azul partició en la escena, siendo el detalle perfecto para darle un toque un tanto bucólico.


Wander se tumbó, modificó la posición de su sombrero con el objetivo de taparse los ojos, y comenzó a echarse una pequeña siesta improvisada. Inti y yo estuvimos sacando unas fotos primero y después charlando mientras observábamos la monótona a la vez que potente caída del agua a la charca. Como aún estábamos frescos de nuestro bañito en los manantiales no repetimos inmersión. Las que sí repitieron fueron las garrapatas, que trataron de adobarse a lo que podían. Son pequeñas pero vaya si incordian.

 

Despertamos a Wander y subimos con mucho pesar y agotamiento la colina. Ahí sí que noté bastante el dolor que nos estaban dejando las más de 5 horas a caballo. El día estaba pesando mucho físicamente hablando. Yo me encontraba realmente destrozado y si subí fue utilizando las pocas fuerzas de flaqueza que me quedaban. Afortunadamente la vuelta fue más bien tranquila. La hora que separaba la laguna del Rinconcito sirvió para seguir viendo Pericos, urracas e incluso perdices.

 

Los que no parecían cansados eran nuestros caballos, que les dio por acelerar en unas cuantas ocasiones e incluso por picarse para adelantarse los unos a los otros. A escasos 2 kilómetros llegó el momento exótico del día cuando a lo lejos pudimos escuchar unos chirridos bastante extraños que no parecían ser de pájaro. Wander e Inti se detuvieron y pusieron atención en aquellos sonidos que procedían de una zona bastante frondosa. No lo dudaron un momento. Son monos, y de los cariblanca. Escuchad. dijo Inti, acostumbrado a verlos y escucharlos a lo largo del medio año que llevaba viviendo en Costa Rica. Wander asintió y corroboró sus palabras.


Se les escuchaba perfectamente estando en la lejanía. Cómo deben ser los sonidos que emiten los Monos Aulladores, pensé, confiado en ver alguno de éstos a lo largo del viaje. Sus aullidos pueden oirse a más de cuatro kilómetros de distancia, por lo que la potencia es muy superior a la de los cariblanca que merodeaban en la zona.

 

Qué ganas tenía de poder estar delante de alguno de los primates del Nuevo Mundo. En Costa Rica hay cuatro clases: Los cariblanca, los araña, los aulladores y los tití, siendo estos últimos los que han visto reducir su número de forma alarmante. Actualmente se encuentran en peligro de extinción. A mí siempre me llamaron la atención los monos porque son claramente los precursores de la raza humana.

 

Cuando llegamos a las cuadras del Rinconcito Lodge, un par de terneritos intentaron escaparse. Wander, con una manguera, les quitó la idea de seguir trasteando. Yo ya no tenía apenas fuerzas para quedarme allí así que me despedí de la gente y me metí directamente en la ducha. No me encontré garrapatas, pero en el caso que las hubiera se debieron marchar con la sesión de agua fria con que me premié.

Después comí algo de lo que me prepararon en cocina, y tomé otro de esos deliciosos batidos de los que me acordaré toda la vida. Walter nos acompañó con una refrescante cerveza mientras Inti y yo hacíamos esfuerzos para no quedarnos dormidos en la mesa. Nos dolía el culo de estar tantas horas a caballo, y eso que las agujetas estaban por llegar.

 

No me lo pensé dos veces. E Inti tampoco. Nos echamos una siesta que enlazamos con la cena y con la hora de dormir. Y así se consumió un día en el que ejercimos de jinetes para recorrer una de las zonas más tranquilas y menos turistizadas de Costa Rica. Un lugar rodeado de volcanes y de naturaleza con muchas posibilidades. El Rincón de la Vieja. Hasta el nombre le queda bien. Y he esperado hasta el final para explicar las razones de que el Volcán (y por extensión el Parque) se llame así.

 

Cuenta la Leyenda que en la Antiguedad la Princesa Curabanda se enamoró de Mixcoac, el jefe de una tribu enemiga. Cuando el padre se enteró de la relación entre ambos mandó capturar a Mixcoac y le arrojó dentro del cráter del volcán. La pobre Curabanda se fue a vivir al lado del volcán y dio luz a un hijo de ambos, ya que había quedado embarazada antes de la cruel ejecución de su amado. Pero la locura pudo con ella y nada más nacer su bebé le lanzó a los adentros del volcán para que pudiera volver con su padre. Al parecer se quedó en la zona el resto de su vida y por eso se acabó denominando al lugar El Rincón de la Vieja.


Una historia de amor un tanto macabra, ¿no creéis?

 

Antes de que se me apareciera "la Vieja" de la Leyenda o una de esas arañas inmundas me fui a dormir para no perder las buenas costumbres. Pero antes tomé las notas de rigor para haceros llegar de una forma u otra esa historia que tan sólo llevaba unos días forjándose. Al igual que mi amor a una Tierra que me había recibido con los brazos abiertos.

 

José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

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