Guanacaste nos brindo un dia inolvidable

Samara Travel Blog

 › entry 6 of 18 › view all entries
Iguana subida al poste de la luz

¿Qué te apuestas a que no están las llaves? pregunté retando a Inti cuando por la mañana temprano íbamos a buscarlas a la Oficina de Encomiendas. Cierto que pequé de agorero, pero esa era la sensación que tenía. Había que estar preparado para lo mejor y para lo peor, sobre todo para esto último. Inti en cambio confiaba en tener las llaves en su poder en tan sólo unos minutos, los que separaban el Hotel Casa del Mar del punto de venta de tickets de autobús, que a su vez servía para almacenar los encargos que se trasladaban desde San José.

 

Cuando íbamos a mitad de camino, algo sonó entre los matorrales de una de las muchas fincas arboladas que hay en el pueblo.

Uno de los miles de cangrejos que se nos cruzaron en el camino a Buenavista
Nos acercamos y pudimos comprobar que en los hierbajos, que estaban a gran altura, había algo que estaba provocando movimiento. Antes de que pudiéramos decir nada ese “algo” resultó ser una iguana de gran tamaño, la cual superaba con total seguridad el metro de longitud. El enorme reptil se subió a un árbol (se les define como “saurios arbóreos”) y se quedó totalmente quieto en la mitad del tronco. No tenía un color intenso, más bien era bastante apagado, posiblemente porque era el más favorable para llevar a cabo su camuflaje.
En ese momento me llevé la mano al bolso de la cámara y…vaya, me lo había dejado en el hotel. Como tan sólo marchábamos unos minutos a por las llaves, no caí en la posibilidad de que nos encontráramos con algo interesante. Era tan grande y lo tenía tan cerca… que me dio una rabia tremenda habérmela dejado.

Lentamente la iguana fue subiendo el tronco, haciendo ruido con las patas, hasta que llegó a una altura considerable en la que las hojas lo cubrieron por entero.

Primera actuación de los Monos Aulladores.
Son principalmente herbívoros, por lo que posiblemente se detuvo allí para alimentarse.

Yo me quedé con la boca abierta durante unos segundos. Me había impresionado mucho por haber tenido un “pequeño dinosaurio” a tan poca distancia. Después comencé a hablar frenéticamente sobre lo que habíamos visto. Inti se mofó de mi entusiasmo y me dijo: Jose, aquí las iguanas son casi tan normales como las palomas en Madrid. Posiblemente tuviera algo de razón aunque exagere un poco, pero era la primera vez que me topaba con un reptil de este tipo en su estado “natural” y no en un terrario donde malviven presos como mascotas. Inti ya estaba acostumbrado a verlos, pero yo no, y por eso me chocaba tanto. Pero eso también es la gracia de viajar, ¿no?

 

Tras el episodio de la iguana tardamos apenas un par de minutos en llegar a la taquilla de autobuses, que no era más que un pequeño cubículo de cemento.

Mono aullador (Howler monkey)
Fue una mujer fue la que nos atendió. Además de vender tickets (tiquetes como dicen allí) llevaba el control de las encomiendas que iban y venían de San José. Le preguntamos si había algo a nombre de “Casa del Mar”, que era el lugar que habíamos dejado de referencia. Después de repasar exhaustivamente la lista de encargos que habían llegado en el autobús de la mañana nos indicó negando con la cabeza que no había nada a ese nombre. Inti y yo nos miramos un tanto apesadumbrados y le preguntamos por la posibilidad de que llegaran las llaves en el bus de la tarde. Ella comentó que sí, que en cuanto le dijéramos el número de referencia (que no teníamos) sabría dónde está nuestro objeto y cuándo estaba prevista su llegada (si es que ya no estaba allí). Por tanto, lo que debíamos hacer era llamar a la persona que había hecho el encargo y preguntarle por dicho numerito. Inti no esperó a hacerlo en el Hotel y enganchó la primera cabina telefónica en que reparó.
Los monos aulladores son audibles a varios kilómetros.
Mientras él trataba de contactar con la casa de alquiler yo miré apesadumbrado hacia un árbol que teníamos muy próximo. Y qué sorpresa me llevé cuando en las ramas se encontraba un tucán tratando de tragarse una fruta pequeña y redonda. Obviamente tampoco pude retratarlo de esta guisa debido al despiste de haberme dejado la cámara en el hotel tan muerta de risa. Hubiera quedado fenomenal una fotografía en ese intento de llevar el frutal desde arriba hasta la garganta, pasando por su larguísimo pico que extendía al máximo para que la misma descendiera.  Fue una pena no haberle sacado con la cámara digital, ya que a lo largo del viaje logré ver más tucanes, pero nunca tan cerca. Tomaría nota para otras ocasiones y no me despegaría de ella por nada del mundo.

 

Inti colgó el teléfono y en su cara había un optimismo diferente al de hacía un par de minutos.

Mono Aullador
Al parecer le habían dicho que no habían puesto la encomienda a nombre de Casa del Mar, sino al suyo propio. Por tanto fuimos a ventanilla y comentamos este hecho a la mujer. Inti Bossa Lozano es como me llamo. A ver si hay suerte. De nuevo ella releyó la misma lista de antes. Tardó aún más tiempo que en la primera ocasión. Yo ya estaba nervioso por lo que pudiera pasar. De repente dijo “¿Y un número? ¿No te han dado un número? Aquí no viene nada.” Se nos cayó el alma a los pies quedándonos “compuestos y sin llaves”, y por tanto, sin coche. Después de hablar un rato con la encargada conseguimos que hablara por teléfono con los responsables de la Oficina en San José. Se hicieron de rogar pero por fin hubo fumata blanca. La encomienda llegaría en el autobús de las cinco y media de la tarde, y había un paquete para un tal “Inti Bossa”. ¡Perfecto!, exclamamos.
Playa Buena Vista

Quedamos, por tanto, en estar allí a la hora que nos había dicho. Aún así, no había que darlo todo por ganado. Yo no soy de los que me fío hasta que lo tenga en mis manos. Nunca se sabe lo que puede pasar.

 

Volvimos al hotel para planificar nuestro día, que variaba un poco por el mero hecho de no tener el coche a nuestra disposición. Lo que sí estaba claro era lo de la tarde-noche. Queríamos ir a toda costa a Ostional a intentar ver el desove de las tortugas marinas. Pero dada la dificultad de acceder, Carolina prefirió llamar a unos conocedores de ese Refugio, los cuales realizan excursiones para los turistas. Éstos le dijeron que esa noche no iban allí porque el Río Nosara, el cual hay que cruzar “a pie”, estaba muy crecido por las últimas lluvias y no se atrevían a pasar.

En la Playa Buena Vista
Y cualquiera lo hacía en esas condiciones cuando los cocodrilos moran por la zona a sus anchas....

 

Inti y yo nos quedamos un poco cabizbajos porque era una parte fundamental de nuestras aspiraciones en Costa Rica. Preguntamos a Carolina si había otro lugar cercano al que arribe Tortuga marina, aunque no sea en bandada. Tanto ella como Mateo nos recomendaron una playa, bastante apartada pero a la que era posible llegar. Es más, la persona con la que habló trataría de llevar turistas allí esa noche (por 40 dólares). Nosotros, teniendo coche (si Dios lo quería) podíamos marchar por nuestra cuenta y quizá tendríamos la suerte de ver algo. ¿Y dónde es eso? • pregunté. Fue entonces cuando ambos me hablaron de Playa Camaronal, a la cual para acceder también había que pasar un río, pero que al contrario que el de Ostional, estaba muy bajo y era posible cruzarlo con el 4x4.

En Buena Vista
Según parecía, en las últimas noches habían llegado para desovar de dos a tres tortugas marinas. Pero de llegar alguna o ninguna había la misma posibilidad, por lo que dependíamos de la suerte de ese día.

 

Vale, iremos allí. Pero...y ahora ¿qué hacemos? Pregunté de nuevo.  Carolina comentó que ya que nos veía interesados en las Tortugas, fuéramos caminando hasta Playa Buena Vista (a 45 minutos desde Sámara) donde trabajaban los voluntarios haciendo viveros para salvar los huevos de estos animales de los depredadores y de los “cazadores” sin escrúpulos. Además llevaban un conteo estadístico de lo que llegaba para hacer un estudio posterior. Id allí ahora que el estero no está muy crecido y hablad con ellos.

Buena Vista Beach


A Inti y a mí nos pareció una muy buena idea. No sólo porque era una playa prácticamente “desierta” donde poder bañarnos y disfrutar de su silencio, sino también para conocer de primera mano ese mundillo de las Tortugas Marinas que tanto me llamaba la atención. Sería entonces dar un “cursillo acelerado” por la mañana y ponerlo en práctica por la noche ya en Playa Camaronal. Sonaba bien, cuanto menos. Así que nos pusimos manos a la obra y con mochila al hombro, agua y Relec, procedimos a marchar caminando por los barrizales hasta Buena Vista Beach. Y siempre con la cámara preparada por lo que pudiera pasar...

 

El calor a esas horas era realmente sofocante. El Sol iluminaba potentemente un cielo azul y limpio que era engañoso porque no iba a evitar la tormenta rutinaria de la tarde-noche.

Playa Buena Vista, donde aún llegan las Tortugas Marinas y donde trabajan los voluntarios que ayudan a proteger sus huevos.
Pero al menos la mañana nos la iba a dejar tranquila, calurosa pero tranquila.


Sin llevar apenas un cuarto de hora de marcha pudimos captar (esta vez sí) a una iguana trepando lentamente a un poste de la luz. Contoneando su cuerpo se dejó fotografiar, siendo el primer reptil que retraté en lo que llevábamos de viaje. Afortunadamente no fue el único.

 

Habíamos visto una indicación que decía que para llegar a Buena Vista había que continuar todo recto. Hasta ahí bien. La duda nos entró cuando el camino, ya no de asfalto sino un barrizal, se bifurcaba en dos. Escogimos el de la izquierda, que quizá era el más angosto y rodeado de árboles.

Logo de ASVO (Asociación de Voluntarios para el Servicio en las Áreas Protegidas)
Más que la practicidad nos tiró el que parecía más bonito. Y por qué no decirlo, en el que la sombra quedaba asegurada.

 

Decenas, cientos, miles de ruiditos provocados por los cangrejos en la hojarasca atrajeron mi atención. Jamás en la vida había visto tal cantidad de crustáceos. Era curiosísimo cómo se apartaban a nuestro paso, no sin antes mostrarnos el claqueteo de sus pinzas amenazantes. Pero no pasaban de ahí porque en realidad, como todos los animales, tenían más miedo ellos que nosotros. El soniquete de su caminar apresurado hacia “lugar seguro” gobernó a lo largo de todo el trayecto hacia Playa Buena Vista, que parecía estar más lejos de lo que habíamos previsto.

 

Estábamos totalmente solos (en lo que a seres humanos se refiere) metiendo las chanclas en el barro que se había formado por las lluvias torrenciales de la noche anterior.

Instalaciones de los Voluntarios que colaboran en la protección de las Tortugas Marinas
A ambos lados un bosque cerrado, tupido y prácticamente impenetrable, que no dejaba de mirar en ningún momento por lo que pudiera pasar. Siempre había que permanecer atento si queríamos tener la suerte de observar algún animal. Después de un rato tuve que darle en parte la razón a Inti respecto a la “cotidianeidad de los reptiles en Costa Rica”, porque si no nos topamos con cinco o seis iguanas más, no lo hicimos con ninguna. Todas se desplazaban elegantemente meneando sus cuerpos coloreados con variadas tonalidades del verde.

 

En una de mis “internadas oculares” dirigida al frondoso bosque tropical sucedió lo que tanto llevaba esperando. A lo lejos una figura se fue trasladando ágilmente por las ramas de los árboles. ¡¡Inti, mira, un mono!! Exclamé con emoción.

Instalaciones donde residen los voluntarios en Buena Vista
¿Dónde? preguntó Inti, que tuvo la respuesta al instante y sin necesidad de que le dijera nada. Porque en ese momento, no uno, sino un varios monos tan negros como el carbón se acercaron a los árboles más próximos a nosotros. Fácilmente podía haber diez porque era una familia o clan bastante numeroso. Machos, hembras y alguna que otra cría agarrada fiel y tiernamente a la espalda de su madre.

Incluso uno de ellos se aproximó tan cerca nuestro que pude fotografiarle sin problemas, aunque la luz no era la más idónea para sacarlo bien. Su color tampoco ayudaba precisamente.

 

Tanto Inti, que había visto ya muchos a lo largo de su periplo costarricense, como yo, supimos desde un primer momento cuál era la especie que teníamos delante.

Instalaciones del campamento que ASVO tiene en Buena Vista
Era una manada de Monos Aulladores (nombre científico: Alouatta palliata), más conocidos como Monos Congo en tierras costarricenses.

 

Esta especie mide en torno a los 60 centímetros, sin contar los 30 que puede tener su cola, que es prensil, lo que les ayuda a desplazarse por los árboles y permanecer sujetos en posturas realmente imposibles para otros animales. Pero no es ésta la característica más llamativa que poseen. Es precisamente su bramido, audible a varios kilómetros de distancia, lo que les ha hecho famosos. Esto es posible gracias a un hueso llamado hioides situado debajo de la lengua y encima de la laringe que logra inflar permitiendo así emitir un sonido bastante potente. Los machos tienen este aparato huesudo de mayor tamaño, por lo que se les escucha a una distancia mucha más lejana.

Duchas improvisadas del Campamento de Buena Vista


Su hábitat lo constituyen los bosques lluviosos de bajura, preferentemente los que guardan cierta cercanía con el litoral, aunque no es en absoluto imposible verlos en cordilleras (en menor medida). Siempre en grupos, prefieren los árboles altos en los que puedan disponer de alimento (hojas, frutas, etc.…). Por ello es mucho más sencillo escucharlos que observarlos. Sus aullidos son realmente atronadores, sobre todo si son varios los que los están haciendo al mismo tiempo.

 

En el momento en que nosotros teníamos a la vista a todos esos Monos congo no emitieron ningún ruido, limitándose a comer y a moverse de un lado para el otro. Pero el regalo fue estar tan cerca de ellos, que apenas se inmutaban por nuestra presencia.

Roy dedica toda su vida a proteger a las Tortugas Marinas
Tengo que decir que fueron varias las ocasiones en que tuve la suerte de verlos y sobre todo de escucharlos, pero nunca los tuve a tan poca distancia como en ese camino improvisado que utilizamos azarosamente para ir a Buena Vista.

 

En Costa Rica hay cuatro clases de monos o primates: Cariblancas o capuchinos, Titís, Arañas y los propios aulladores, siendo estos últimos los más grandes del Continente americano. Son todos realmente curiosos y tienen un aspecto bastante diferente los unos de los otros. A mí sinceramente me fascina comprobar la similitud en gestos y comportamientos que tienen con los seres humanos. Algunos parecen niñitos pequeños.

 

Nos entretuvimos un buen rato con los Aulladores sin pensar en que a esa hora el estero que debíamos cruzar para pasar a Playa Buen Vista podía estar demasiado alto, y por tanto, más peligroso.

Distribución mundial de los puntos más importantes de anidada de Tortuga Marina (por especies)
Al parecer unas semanas antes un cocodrilo que había llegado a la parte por la que íbamos a pasar nosotros se comió literalmente a un perro de raza Rottweiler, que como todos sabéis no son precisamente pequeños ni mansos…
Así que iba algo nervioso por este hecho, aunque decidido a pasar al otro lado del estero si había posibilidad.

Abandonamos la solitaria compañía del bosque y dejamos atrás algunos campos en los que pastaban plácidamente los cebús, algo así como las vacas de Centroamérica, los cuales se distinguen de las normales por su inmensa joroba. Allí en Costa Rica son muy comunes y es muy típico verlas pacer junto a las garzas, que les quitan las garrapatas.

Unos diez minutos después de pasar las tierras de ganado nos adentramos de nuevo en una zona frondosa y aislada, que servía de preludio a la Playa Buena Vista (en internet es posible ver referencias de Buenavista todo junto).
Gráfico con el Ciclo de Vida de las Tortugas Marinas


Varias decenas de troncos de palmera trasladados por el mar estaban apilados en la arena, del mismo tono parduzco que la de Sámara. Aunque a diferencia de ésta, se encontraba totalmente vacía de gente. Y es cierto, nos encontramos con el famoso estero, pero afortunadamente no nos llegó más allá de las rodillas al cruzarlo. Sobra decir que me aseguré que no hubiera ningún cocodrilo merodeando por allí.

Carolina y Mateo nos habían hablado de que había en la Playa “un campamento” de voluntarios, que eran los que íbamos a visitar. Pero a primera vista sólo nos encontramos con una deliciosa soledad y un inolvidable silencio interrumpido por la fuerza de las horas. No sé cuántos kilómetros tendrá Buena Vista, pero es posible que más de tres. De punta a punta no había sobre la arena nadie más que nosotros dos. Para mí sin duda era la primera vez en que estaba en una Playa Desierta (no sería la única), sin infraestructuras, sin construcciones hoteleras, sin chiringuitos…nada.
Dibujo de la Tortuga Olivácea, más conocida como Lora.
Arena, palmeras, el mar. Sólo eso, que no es poco. Y nosotros, dos puntos insignificantes, dos granos de arena más en toda la majestuosidad del lugar. ¿Ahora entiendes por qué vivo en Costa Rica? dijo Inti convencido de que era lo mejor que había podido hacer en su vida. Y como para no comprenderlo. La vida en allí es tan diferente a la de una gran ciudad… Somos muchos los que nos quejamos diariamente de las incomodidades de la metrópoli, pero pocos los que se atreven a abandonarla para llegar a un lugar más saludable y ejercer un trabajo más agradecido. Ojalá yo tenga ese valor que tantas veces me falta. Todos debemos perseguir nuestros sueños, pero con trabajo, sacrificio y constancia. Si no damos el primer paso, nadie lo va a hacer por nosotros.

 

Esta charla moral que tantas veces tenía yo conmigo mismo, fue el debate que tuve en mi mente mientras nuestros pies se hundían en la orilla tratando de avanzar para encontrar el Campamento de Voluntarios.

Tortuga verde (Chelonia agassizi)
Nos fijamos que cada x metros, había una señal con un número en los árboles, como si estuviera parcelada y la playa. Al principio no entendíamos a qué se debía pero tan sólo había que esperar un rato para que se desvanecieran nuestras dudas. 

En la mitad exacta de la playa, metido hacia adentro, vimos el “Cuartel General” de esa gente que colabora con la protección de tortugas sin recibir compensación económica a cambio. Pero que obtienen algo que difícilmente se puede medir en términos monetarios pero que tiene un gran valor: Enriquecimiento intelectual y cultural, concienciación ante la importancia de conservar los recursos naturales, interrelación y trabajo coordinado con compañeros y compañeras de otros países, y sobre todo, la satisfacción personal. Si todos pusiéramos un granito de arena ante ciertas injusticias, nos iría mucho mejor que nos va.
Tortuga Boba o Cagüama (Caretta caretta)
El Planeta nos lo estamos cargando literalmente, pero afortunadamente hay gente que lo da todo para intentar paliar esos efectos devastadores tan terribles. Pero nunca es suficiente…

 

Después de este speech en torno al voluntariado, procedo a narrar nuestra visita a ese rincón perdido de Buena Vista donde ante todo abunda la Buena Gente.

 

Una bandera y una improvisada barandilla de madera daban acceso al Campamento, constituido por varias construcciones “artesanales” donde destaca un edificio principal de madera en cuya parte baja se encontraba el comedor y la cocina, y en la de arriba las habitaciones de los voluntarios. Nos acercamos a ellos, que estaban terminando de comer, y les pedimos que nos hablaran de sus actividades, de sus impresiones, de los objetivos que se pretendían y de los resultados que se estaban consiguiendo.

Tortuga Carey (Eretmochelys imbricata)
En ese momento todos ellos (extranjeros) apuntaron con la cabeza hacia un hombre de corta estatura, pelo rapado, dos pendientes en cada oreja y un colgante con la figura de una tortuga. Él nos observó con una mirada un tanto desconfiada, creyéndonos turistas al uso que pasaban simplemente por allí. Le explicamos “nuestras respectivas historias” y la finalidad de escribir un reportaje en forma de diario en el que contara en primera persona mis impresiones sobre Costa Rica. En ese momento se levantó y desapareció de raíz ese gesto severo para estrecharnos la mano a ambos. Su nombre, Roy Hernández. Su mérito, haber creado de la nada y con sus manos un espacio en el que el voluntariado lleva años ejerciendo numerosas actividades que ayudan a salvaguardar algo en común: Las Tortugas marinas, cuyo número en nuestros mares y océanos va disminuyendo de forma alarmante.
Tortuga Baula o Laúd (Dermochelys coriacea)
 

 

Roy es uno de los miembros más activos de ASVO (Asociación de Voluntarios para el Servicio en las Áreas Protegidas). Ésta es una ONG sin ánimo de lucro que ofrece interesantes programas de voluntariado ocasional nacional, internacional o incluso permanente (sólo para gente tica) en los que se llevan a cabo un sinfín de actividades relacionadas con la conservación y estudio de la Naturaleza en Costa Rica. Esta Asociación achaca su existencia  a la escasez de fondos gubernamentales dedicados a la protección de Reservas Naturales.

Vivero donde guardan los huevos de las Tortugas marinas que arriban a Buena Vista
Es por ello que su trabajo va encaminado a cubrir en la medida de lo posible unos objetivos realmente solidarios con el Medio Ambiente. Cualquiera de nosotros puede inscribirse y colaborar en alguno de los muchos proyectos en marcha promovidos por ASVO (ver requisitos de participación). En el momento de preparación de este Diario de Viaje había nada más y nada menos que 20 abiertos a lo largo y ancho del territorio nacional (haz clic aquí para saber más sobre ellos). Es bastante notable su presencia mayoritaria en las costas del Pacífico, siendo el Proyecto de Conservación de Tortugas Marinas Playa Buena Vista el que en estos momentos nos compete (repito, es posible leer Buenavista o Buena Vista, pero yo me he decantado por el segundo, ya que es el que más entradas tiene tanto en internet como en Organismos oficiales).
Vivero con huevos de tortuga.


Roy nos llevó a un cubículo de madera próximo a la entrada al Campamento en el que había múltiples dibujos de Tortugas e incluso restos de las menos afortunadas en forma de caparazones, cráneos o cuerpecitos en formol. Inti y yo seguimos sus palabras con mucha atención, primeramente en lo relativo a estos animales, y con posterioridad en las medidas que allí se toman para evitar que sigan desapareciendo a pasos agigantados.

 

Las Tortugas Marinas son los eslabones más perfectos de la época de los Dinosaurios, ya que al parecer aparecieron en el Jurásico hace más de 75 millones de años, y conservan actualmente muchos de los rasgos y características de este periodo tan remoto. La tenencia de caparazón es la particularidad que tienen en común, aunque dependiendo de las especies éstos difieren totalmente los unos y los otros.

Inti, Roy y yo


Son siete las especies existentes actualmente, las cuales se agrupan en tan sólo dos familias (Dermochelyidae y Cheloniidae). Estas son las siguientes (listado obtenido en un informe de WWF/ADENA):

 

* Tortuga Olivácea (Lepidochelys olivacea): Muy semejante a la bastarda (Lora), se distingue por su área de distribución: en playas tropicales y subtropicales de Antillas, costa norte de Sudamérica (Surinam, Venezuela), Centroamérica (Costa Rica), costa occidental de África, Océano Índico, Sur de Asia y Australia; con grandes arribadas. Caparazones raramente mayores de 74 cm.

* Tortuga verde (Chelonia agassizi): Se han encontrado individuos desde el Canal de la Mancha hasta el sur de Chile; anida en playas tropicales y subtropicales (Atlántico, Índico, Mediterráneo y Pacífico).

Inti con uno de los voluntarios de nacionalidad alemana
Puede alcanzar hasta 1,5 m de longitud y pesar 140 Kg. Se reproducen cada 2 o 3 años; pone hasta 200 huevos. Es la única tortuga herbívora.

* Tortuga Carey (Eretmochelys imbricata): Tropical y subtropical, anida en playas entre los 25ºN y los 25ºS (Atlántico, Índico y Pacífico). Longitud del caparazón hasta 90 cm. Hasta 200 huevos, dieta carnívora (gran cantidad de esponjas).

* Tortuga Boba o Cagüama (Caretta caretta): Desde Río de la Plata (Argentina), hasta Murmansk (Federación Rusa, 701N); anida en playas tropicales y subtropicales (Atlántico, Índico, Mediterráneo y Pacífico), poniendo hasta 100 huevos.

Playa Buena Vista
Puede superar 110 cm. de longitud y los 115 Kg. Es la tortuga más común en el Mediterráneo.

* Tortuga Baula o Laúd (Dermochelys coriacea): Existen individuos divagantes con relativa frecuencia en aguas frías, hasta el N de Alaska, Islandia, Noruega y el extremo S de África. Anida en playas tropicales y subtropicales. Es la mayor de las tortugas marinas: puede superar los 1,70 m de longitud y los 500 Kg. de peso. Caparazón con textura de caucho vulcanizado y costillas longitudinales en lugar de placas. Bucean a más de 1.000 m de profundidad y pueden contener la respiración durante más de media hora.

* Tortuga Flatback o Franca Oriental (Natator Depressus): Anida en la costa N y NE de Australia.

Buena Vista Beach
Caparazón aplanado, entre 90?100 cm de longitud y 90 kg de longitud. Crecimiento muy lento.

* Tortuga Lora o bastarda (Lepidochelys kempii): Casi exclusiva del Golfo de Méjico y costa oriental de EEUU. Es la más pequeña de las tortugas marinas con una longitud máxima del caparazón hasta 70 cm. y 50 Kg. de peso. Se han conocido anidaciones masivas (arribadas), de hasta 40.000 hembras en una noche. Casa hembra pone más de 100 huevos. Carnívora, fundamentalmente gambas, cangrejos y bivalvos.

De estas siete especies de Tortugas Marinas, las cinco primeras son visibles en Costa Rica, tanto en sus aguas como en algunas de las playas a las que acuden a desovar, proceso en el cual uno tiene la posibilidad de observarlas en directo.

Inti y yo en Playa Buena Vista
Actualmente es uno de los productos estrella del “Turismo ecológico”, aunque una vez más se depende de la suerte y de la Madre Naturaleza. 



Es sabido que cuando una Tortuga Hembra se aparea con un macho en aguas profundas, puede almacenar su esperma. Es por ello que tiene la posibilidad de poner huevos tres, cuatro o más veces con una sola fecundación. Cuando éstos ya se han formado en su interior, hacen un recorrido largo y concienzudo para llegar a una playa determinada en la que crear sus nidos en la arena y así depositar dichos huevos, que pueden superar la cincuentena. Se cree que una tortuga anida en la misma playa en la que nació, y es que estos animales tienen un sentido de la orientación sobresaliente.

Buena Vista Beach
Imaginad que han hecho miles y miles de kilómetros a lo largo de mares y océanos antes de llevar a cabo este proceso reproductivo.

 

La mayoría de las especies desova por la noche debido a que el terreno se encuentra a menor temperatura y a que a esas horas el número de depredadores merodeando por la playa es inferior. Son muy sensibles a la luz y a los ruidos, por lo que si se da alguno de éstos en el momento en que está planificando arribar a su destino, se marcha por donde ha venido. Ésta es una de las razones de su constante desaparición, que apenas quedan playas desiertas sin infraestructuras donde poder desovar plácidamente. Una simple linterna puede ser motivo suficiente para abortar sus intenciones.

 

Si, en cambio, no detecta luz, sonido o peligro alguno, la Tortuga se arrastra por la playa (dejando unas marcas notables por su elevado peso) para encontrar el sitio más idóneo para desovar.

Tonos rosáceos en Playa Carrillo
Esto es, alejadas lo suficientemente del agua (por eso prefieren las más anchas) para que los huevos no sean destruidos por las mareas. Tampoco lo hacen muy cerca de la vegetación (a excepción de las Carey) por temor a que algunos depredadores se los acaben comiendo.

Una vez localizado el punto más adecuado, comienzan a excavar un agujero con las aletas echando la arena a un lado y a otro. Procuran que el hoyo tenga forma de vasija y la suficiente profundidad para ir dejando caer de 50 a 100 huevos (aunque algunas lo superan). En el momento en que están desovando entran en trance y es tanto el desgaste físico y psicológico que hacen que acaban realmente exhaustas. La duración es relativa, aunque posiblemente sean las Baulas las que más tiempo le dediquen.

 

Una vez depositados los huevos en el nido, el siguiente paso es taparlo con arena para que queden bien cubiertos y protegidos.

Carrillo, a 5 minutos de Sámara, es otra de esas playas por las que vale la pena perderse
Es bastante usual que antes de marcharse por donde han venido hagan otros agujeros con una misión de “camuflaje” bastante clara. Con ello pueden lograr despistar a los depredadores, que al ver la arena de la zona un tanto revuelta, les es mucho más difícil encontrar su “ansiado alimento”.

 

Una vez han terminado ese largo proceso se dirigen muy lentamente hacia el mar donde acaban dejándose llevar por las olas hasta un lugar más profundo en el que ya puedan nadar para volver a hacer su vida cotidiana.

 

En un mismo año pueden llegar a anidar hasta en ocho ocasiones, y no es raro llegar a poner la impresionante cantidad de 1000 huevos. Y claro, mucha gente se preguntará cómo con tan excelso ciclo reproductivo se habla de que las tortugas marinas tienden a desaparecer en un futuro no demasiado lejano.

Es difícil pensar que uno ha estado allí

 

Es sencillo. El índice de fracaso es excesivamente elevado debido a las muchas amenazas que sufren las Tortugas Marinas incluso antes de romper las cáscaras del huevo y salir a la superficie. Perros, mapaches, cangrejos, destrozos por la acción del hombre (turismo “insostenible”), ladrones que se los comen o los venden impulsivamente…

 

Entre los 40 y los 70 días después de haberse depositado los huevos, las tortuguitas salen en busca del mar. Ese recorrido puede ser fatídico, porque son varios los animales los que les impiden llegar. Aquellas que tienen la suerte de conseguirlo, se dejan arrastrar por la corriente marina hasta lugares en los que pueden alimentarse.

Impresionante atardecer en Playa Carrillo
Pero esto también es peligroso porque aún son demasiado indefensas. Afortunadamente el crecimiento es rápido y en un año pueden haber superado los dos kilos (al nacer tan sólo pesan 50 gramos) por lo que pueden valerse por sí mismas.

 

Pero ya “crecidas” no se terminan sus problemas porque son pasto de la pesca indiscriminada con redes inapropiadas y de la contaminación de las aguas. Las Baulas, por ejemplo, confunden las bolsas de plástico, que mucha gente se empeña en arrojar al mar como si se evaporaran, con las medusas tan vitales en su alimentación. Por ello, son muchas las que mueren intoxicadas.


Y cuando acuden a las playas a desovar la cosa es aún peor, ya que ahí les espera su enemigo número uno: el ser humano. Y es que se las lleva matando y masacrando desde tiempos pretéritos para extraerles la carne (que dicen que es exquisita), la piel, el caparazón (para hacer instrumentos y otros objetos), los propios huevos… Son cientos de millones las tortugas asesinadas por la acción del hombre. Además la disminución constante de su hábitat es realmente fatídico para ellas, porque se les hace complicado incluso llegar a la playa.

 

Afortunadamente se está empezando a tomar conciencia de este daño que se les está haciendo, y ya son más los países que llevan unos años tomando medidas para evitar estas masacres. La protección de playas y declaración de Refugios de Vida Silvestre por parte de los Gobiernos, contando con la colaboración de los voluntarios, están tratando de equilibrar un tanto la balanza para conseguir que estas especies no desaparezcan del mapa. Aún así son muchas más las medidas que se deben tomar.

 

Roy Hernández, el que puso en pie el campamento en de Buena Vista, defendía tres ideas esenciales para lograr la supervivencia de las Tortugas Marinas: La primera, la eliminación de ciertos tipos de redes de los pesqueros que son trampas mortales para ellas. La segunda, el endurecimiento de las penas para todos aquellos que se lucran con las tortugas, sea porque las matan para alimentarse, sea porque venden su carne, sus huevos y sus caparazones en el mercado negro. Y la tercera, el incremento de la Protección de ciertas áreas de protección a las que no pueda llegar la masificación inmobiliaria y hotelera, que tantos daños provocan.


Para Roy, el Gobierno de Costa Rica debería invertir más en poner los medios necesarios para proteger la Naturaleza. Aún así es de los que más lo está haciendo si lo comparamos a otros países no solo de América sino del mundo. Han apostado por promover el turismo ecológico como alternativa a otros existentes. Y es que se han dado cuenta de que es una fuente de recursos económicos que se debe tener muy en cuenta.

Pero aún esos esfuerzos que se están tomando están muy por debajo de los realmente necesarios. Costa Rica, paraíso de la biodiversidad, tiene aún muchas cosas que aprender.

 

Le preguntamos tanto por los Objetivos del Proyecto de Buena Vista como por las actividades que allí realizan. La explicación fue similar a la información que ofrece la web de ASVO en el apartado dedicado a tal efecto. Reproduzco lo más importante:

“Este proyecto al igual que otros desarrollados en el ámbito de conservación de recursos marino costeros, tiene su origen en la urgente necesidad de proteger las pocas nidadas de tortuga marina que son depositadas en playas, que no gozan de ninguna categoría oficial de protección por parte del Estado, la iniciativa Buenavista consta de cuatro objetivos:

• Describir la dinámica de anidación de las hembras de tortuga marina que frecuentan la playa para facilitar su protección en próximas temporadas.
• Resguardar y dar seguimiento a las nidadas recuperadas en un espacio protegido conocido como vivero.
• Transferir la información generada a las autoridades locales en forma de recomendaciones para ser incluidas en el plan regulador de la playa, así como a las comunidades aledañas con el fin de crear alternativas de uso no extractivo de este recurso.
• Desarrollar las actividades necesarias para la recolección de fondos y construcción de una estación de conservación en Buenavista.
(…)

El trabajo que se realiza se basa en:

* Para las tortugas marinas:

• Construcción de los viveros.
• Señalización de playas.
• Realización de caminatas de protección de nidadas, hembras y recolección de datos (Biometría, marcaje, etc.). De ahí es significado de los postes numerados que habíamos encontrado en la playa
• Traslado de nidadas y vigilancia de los viveros.
• Registro de información de vivero.
• Liberación de neonatos.
• Exhumación de restos de la nidada.

* Para tu comodidad y la de otros voluntarios:

• Preparación de alimentos y aseo de utensilios de cocina.
• Mantenimiento y construcción de infraestructura.
• Limpieza de playa.
• Transporte de alimentos y agua al campamento.
• Proyección comunal.”

 

 

Roy nos llevó a ver el vivero en el cual trasladan los huevos de las tortugas para mantenerlos allí el tiempo exacto hasta el nacimiento de los bebés. Para ese momento las devuelven al lugar donde nacieron en concreto, ya que de todos los nidos hay abundante información (Fecha de puesta, punto en el que fueron depositados…).

 

La tierra del vivero está totalmente parcelada y protegida para evitar que otros animales merodeen por allí y se los coman. Incluso está en un “alto” en el que se asegura que no vaya a llegar el agua del mar.

 

Estaba todo realmente estudiado y planeado. Una de las funciones que hemos comentado arriba es la de proporcionar información sobre la llegada y las puestas de tortuga para hacérsela llegar a las Autoridades competentes. Por ello le preguntamos qué tipo de tortuga es la que más anidaba en esa Playa del Pacífico Norte costarricense.

Según él es la “Lora” sin duda alguna, aunque es en Ostional donde más ejemplares de esta especie llegan. Por tanto, había desoves prácticamente diarios, pero no se daban grandes arribadas como en el Refugio de Vida Silvestre ya mencionado. Tengo que especificar un dato para no llevaros a la misma confusión que a mí. Ellos llaman “Tortuga Lora” a la especie Lepidochelys olivacea. No debemos confundirla con la Lora ó Bastarda Lepidochelys kempii con un aspecto muy similar, pero prácticamente exclusiva del Golfo de México y de la Costa Oriental de los Estados Unidos. Por tanto, la “Lora” de la que tanto hablan en Costa Rica, es en realidad la “Olivácea”.

 

Pero en Buena Vista también llegan otros 3 tipos de tortuga (en menor medida), ya sea Carey, Verde, o incluso Laúd (más conocida como Baula). Desafortunadamente esta última está desapareciendo a pasos agigantados del Pacífico costarricense. Roy había tenido la suerte de ver desovar en más de una ocasión a la Tortuga Baula, y nos contó que es prácticamente un milagro y una emoción tenerlas delante. Inti también había sido afortunado de toparse con una en Playa Grande (en Guanacaste), y para él fue un sueño cumplido. Imaginad lo que debe ser encontrarse una Baula, considerada como la Tortuga más grande del mundo. Puede pesar algo más de 700 kilos, y superar los dos metros de longitud y el metro de ancho. Simplemente impresionante.
Pero es tan complicado atinar y ver una (sobre todo en el Pacífico), que sólo podía pedir ayuda al cielo para que me diera la oportunidad de tropezarme (en sentido figurado porque en el literal supondría un descalabro) con uno de los animales más fantásticos del Planeta.

 

Aunque a esas horas, con los dientes largos que se me estaban poniendo, firmaba poder ver una sola en todo el viaje, dándome igual la especie que fuera. No era la mejor época ni allí ni en Tortuguero (zona Caribe) y mucha gente nos había contado que se había marchado de Costa Rica sin éxito alguno. Debía confiar en la suerte, además de estar seguro que nos íbamos a mover por los lugares más idóneos para conseguir ese sueño. ¿Sería posible?

Nos dimos una vuelta por las instalaciones para ver todo ese trabajo que Roy había hecho con sus propias manos. Y es merecedor de toda alabanza. Incluso había logrado llevar agua corriente mediante una tubería que supera los dos kilómetros de longitud. Las habitaciones, las duchas, la cocina…todo. Y está presente en todas y cada una de las actividades que allí se desempeñan. Al igual que participa en la coordinación de los voluntarios extranjeros que decidían dedicar su tiempo no sólo a colaborar con la causa, sino también a perfeccionar o aprender el español, e incluso algunos a surfear.

 

Tras intercambiar unas palabras con los voluntarios, nos despedimos de ese lugar hecho por y para la gente que lucha por tener un mundo mejor, que sacrifica lujos o modos de vida más cómodos para hacer de la Tierra un lugar más habitable. Para mí es algo digno de admiración y que debe ser considerado como ejemplo si es que se quiere conservar el Medio Ambiente en el que vivimos.

 

El camino de vuelta, con bañitos incluidos en las cálidas aguas del Pacífico, fue un tanto sufrido para mí. Tenía una rozadura tremenda en el pie derecho provocado por las chanclas de dedo que tanto se llevan. Estaba en carne vida, y posiblemente infectada por haberme metido en barrizales y charcos, que como sabéis son bastante aptos para la reproducción de bacterias.

 

Volvimos a ver una familia de monos aulladores, aunque no tan cerca como en la ocasión anterior. ¿¿Y las iguanas?? Perdimos la cuenta con ellas porque fueron bastantes las que nos encontramos en el camino, que por cierto, se nos hizo más corto a la ida. Y es que utilizamos el sendero desdeñado por la mañana, que resultó ser más directo y cercano a Sámara Beach.

 

Llegamos en torno a las tres de la tarde a Casa del Mar donde nos duchamos antes de ir a comer. A esas horas mis tripas parecían estar dando un concierto de música heavy. Con lo temprano que habíamos desayunado, teníamos el estómago realmente vacío. Y ambos coincidimos en nuestras apetencias. No, nada complicado, una pizza. Pero no una pizza cualquiera. Una super mega pizza gigante que saciara nuestras ansias de darnos un buen homenaje.

 

Nos comimos dos Supremas en el Restaurante “Pizza y Pasta a go go”, original nombre cuanto menos. La decoración era muy adecuada a la temática marina, y las mesas de madera y cristal mostraban en su fondo un pedacito de playa con su arena fina, sus conchas… En la Televisión estaban poniendo un Reportaje de Nacional Geographic en que trataba de los animales más peligrosos del Planeta. Casualmente parte del programa fue rodado en Costa Rica para hablar de los cocodrilos, muy bien camuflados en los barrizales.


Después de atiborrarnos con las pizzas, antes que volver al Hotel, decidimos pasar el tiempo previo a la más que deseada recogida de llaves, en un cibercafé muy próximo a la Oficina donde se depositan las encomiendas. La conexión en Costa Rica está aún a años luz de la que se tiene en Europa, Estados Unidos o Japón. Lenta, desesperante… Fue un logro abrir el correo electrónico y casi un milagro poder hablar por el Messenger. En la hora que estuvimos allí aproveché para contestar los e-mails que había recibido de los lectores del Rincón de Sele y de mis amigos. También pude charlar con mis contactos del Messenger, a los que les contaba entusiasmado lo que había hecho en esos primeros días. A esas horas se había pasado la medianoche en España y eran unos pocos noctámbulas las personas con las que tuve ocasión de hablar. Cosas de la tecnología que no se podían hacer años atrás. La posibilidad de comunicación entre personas separadas por miles de kilómetros es algo que siempre me ha fascinado. Internet y la telefonía son para mí los inventos del Siglo XX sin duda alguna.

 

Sobrepasando las cinco y cuarto de la tarde en mi reloj, nos tuvimos que levantar de la silla para ir a buscar las llaves del coche. La luz del cielo había visto disminuida su intensidad de forma considerable, y por ello queríamos tenerlas cuanto antes para ir a ver el atardecer a Playa Carrillo, a menos de 5 Km. de Sámara. En cuanto llegamos a la Oficina, el autobús procedente de San José estaba depositando las encomiendas en el pequeño habitáculo donde la encargada se estaba quedando prácticamente encajonada. Incluso la metieron dentro una rueda de camión, lo que provocó la carcajada de los allí presentes. Se lo tomaron con mucha tranquilidad e invirtieron bastante tiempo en el proceso. Nuestros nervios estaban a flor de piel porque no queríamos ni pensar en lo que podía pasar si no teníamos las dichosas llaves del Terios. Si la resolución era positiva, iríamos directamente a Carrillo a disfrutar de la puesta de sol, y de noche a Playa Camaronal a intentar ver alguna tortuga desovando. Si, por el contrario, no tenían lo que necesitábamos, el viaje podía verse “afectado” en lo que a tiempo y dedicación se refiere. Lo llevábamos todo demasiado atado y concentrado como para perder días.

 

Cuando el conductor terminó de darle a la mujer todas las encomiendas, nos pusimos en la ventanilla y le preguntamos si había llegado lo nuestro. Y la respuesta fue…¡¡afirmativa!! Apreté los puños como si de una victoria se tratara. Inti, que es menos expresivo que yo, estaba también bastante contento. Vamos al coche, que verás qué bonita es Playa Carrillo ��" me dijo dirigiendo su mirada hacia el Hotel donde estaba aparcado el Terios. Nos subimos enseguida al carro (allí eso de coche no se dice nunca) y fuimos raudos y veloces hacia nuestro primer destino. Pero estábamos tan entusiasmados que no habíamos cogido ni las linternas, ni el agua ni nada. Y para Carrillo no, pero para lo de las Tortugas por la noche nos hacía falta. Así que tuvimos que dar media vuelta para traer todo lo que nos habíamos olvidado.  

 

La carretera a esas horas próximas al atardecer estaba realmente atestada de cangrejitos que morían aplastados por mucho que Inti hiciera por no atropellarlos. En ocasiones su compasión no iba unida a nuestra seguridad y le tuve que dar un toque para que se abortara la buena acción del día y condujera con cuidado por esas carreteras del diablo.

 

Diez minutos escasos tardamos en llegar a nuestro primer destino de la tarde. Playa Carrillo es también de esas paradisíacas y deliciosas con palmeras y arena fina. Más accesible que Buena Vista pero prácticamente igual de vacía. No hay construcciones alrededor, por lo que apenas encontramos gente por allí. Tan sólo un par de lugareños observando el deslumbrante atardecer que se estaba viviendo.

 

Soy un enamorado de las puestas de Sol, y me encanta fotografiarlas porque quizá salgan las instantáneas más bonitas que se pueden hacer. En mi mente siempre tengo aquella que contemplé en Palmira subido en lo alto de un castillo o la de la Corniche de un Beirut donde ya prácticamente se escuchaban los tambores de guerra. Tampoco puedo olvidarme de ese primer Inter-rail en el que los amigos del barrio vimos decir adiós al sol sentados en las escalerillas del Sacre Coeur de París. O el que tuve la suerte de vivir y sentir en el Sahara tunecino tumbado sobre la arena blanca. Incluso aquella vez en que las aguas del lejano Lago Baikal ruso se tornaron rosas mezclándose con un cielo puro.

 

Esas ocasiones tan felices y especiales siempre las he guardado en mi memoria con mucho cariño. Pero de mi viaje a Costa Rica, siempre recordaré esa vez en Playa Carrillo en el que se dio una fusión de colores inimaginables en un cielo que no quería quedarse a ciegas. Hoy mismo, escribiendo esto y viendo las fotos, sigo preguntándome si yo en realidad estuve allí, si tuve la fortuna de asistir a esa inigualable manera de cerrar el telón…  

La silueta oscura de las palmeras se cortaba en una batalla campal entre los rayos de luz, las nubes, el viento y la ferocidad del Océano. Nunca una contienda fue tan bella…

 

Finalizado el show nos marchamos en busca y captura de otra playa de más difícil acceso, río de por medio incluido. Camaronal atrae también a las tortugas para poner sus huevos y en una noche en que la luna llena estaba en su máxima plenitud, podía ser el lugar ideal para poder poner rúbrica a otro de esos sueños que tenía que cumplir.

 

La carretera dejó de ser asfaltada y pasó a ser barro puro donde los baches ponían a prueba la suspensión y los amortiguadores del Daihatsu Terios. Con una oscuridad tan sólo interrumpida parcialmente por los rayos de luna y los faros del vehículo, nos fuimos dejando llevar por indicaciones que no parecían llegar a ninguna parte. ¿Por dónde se iba a la dichosa playa? Si mirando el mapa parecía no estar tan lejos...

 

Carolina nos había recomendado dar una vuelta considerable e invertir más tiempo de conducción para evitar pasar por el río que a esas horas se preveía lo suficientemente crecido. Pero apenas unos metros antes de llegar a un pueblo llamado Estrada, vimos una señal que decía “Playa Camaronal: 3km” (a la derecha). No era exactamente lo que nos había dicho la simpática manager de Casa del Mar, pero no nos lo pensamos dos veces y nos internamos en un camino infinitamente solitario y lúgubre. Inti incluso cerró las ventanas, no sé si por intuición, miedo o por una reacción muy humana a tener respecto a los lugares sin luz alguna.

 

Los baches y charcos eran más y más grandes, y por ello hubo que disminuir la velocidad considerablemente, no fuéramos a cargarnos el coche y a llevarnos un disgusto. Tan sólo imaginarnos en medio de una arboleda selvática donde se escuchaban cientos, por no decir miles de ruiditos diferentes, se nos ponía el corazón a mil. Obviamente sobra decir que no teníamos cobertura en el móvil y que en caso de avería no nos iba a ayudar absolutamente nadie. Por lo menos nadie cuerdo de andar por ese camino tan solitario a esas horas. Aunque hacedme caso, en Costa Rica todo es posible.

 

Dos minutos de conducción sirvieron para darnos cuenta de que lo de acceder a Camaronal no iba a ser tan sencillo. De pronto las luces largas del coche iluminaron un río de una anchura considerable por el que supuestamente había que pasar. Sólo se veía agua con una profundidad suficiente para decir “Yo no cruzo por ahí ni borracho”. Sería un regalo y un festín para los cocodrilos que imaginábamos reptando silenciosa e inteligentemente por el barrizal de la orilla o dejándose llevar por la corriente esperando “carne fresca”.

 

Afortunadamente Inti tenía ese concepto tan claro como yo. Ambos estábamos un tanto locos, pero no lo suficiente para jugarnos la vida así por así. Parados, con el motor en marcha, nos quedamos pensativos y en silencio. Debemos probar otro camino. Vuelve a Estrada y preguntamos si hay otra opción - le dije a mi amigo. Esa otra opción va a ser cruzar por aquí, y como que paso de hacerlo - contestó con mucha seguridad. Aún así ambos fuimos a Estrada a preguntar si había otra manera de pasar a Camaronal menos compleja.

 

Los aldeanos a los que preguntamos se extrañaron de que les dijéramos que con el coche no podíamos atravesar el río. Según ellos no estaba tan profundo como para no hacerlo.

 

Entonces fue cuando me dio por pensar que el camino quizá no se detuviera allí y siguiera, aunque más angosto y peligroso, por la derecha. Nosotros en cuanto habíamos visto agua nos detuvimos sin mirar que la carretera embarrada no continuara por otro lado. ¿Y si más adelante sí que se podía pasar?

 

Volvimos una vez más y descubrimos que así era. No nos habíamos percatado de que ahí no estaba el final de la carretera. Ambos íbamos tensos y expectantes por saber qué nos depararían los siguientes metros. Algunas ramas tocaban mi ventana, y es que la vegetación allí es de una espesura imponente. Inti conducía con un plus de concentración, y es que a pesar de llevar meses en Costa Rica y aún seguía gozando de las aventuras que allí son fáciles de vivir. Y también tenía a flor de piel la curiosidad de conocer qué sucedería esa noche. ¿Sería un éxito o un rotundo fracaso?

 

Pero mientras nos hacíamos estas preguntas nos encontramos de frente una vez más con la realidad. La carretera (por llamarla de alguna manera) quedaba totalmente interrumpida por las aguas del río, que no parecían tan profundas como en la vez anterior, pero sí lo suficiente para achantarnos. Ahora sí que no había más opciones que tirar hacia delante o dar marcha atrás y abortar misión. Pusimos las luces largas y tanteamos la operación traspaso. En principio el coche sí que pasaría, pero había un problema. El río había adquirido tanta amplitud que no veíamos el lugar exacto por donde continuaba el camino. Es decir, no había manera de saber por dónde salir después de meternos al agua con el coche. No era tan fácil como pasar de un lado al otro sin más, ya que había un montículo en el frente, dentro del cual debía estar la continuación de la carretera que había quedado totalmente anegada, gracias a las lluvias y a las mareas.

 

No lo vimos claro y dimos media vuelta un tanto decepcionados por haberse terminado la aventura tan pronto. Lo de ver una tortuga había pasado a ser más un milagro que una realidad. Sentía que la fortuna no había querido redondear un día que hubiera sido simplemente perfecto. A punto de abandonar la carretera oscura para coger la directa a Sámara nos cruzamos con una furgoneta que se detuvo para preguntarnos cómo habíamos visto el río. Le contestamos que no demasiado profundo, pero que no nos habíamos atrevido por no ver ni siquiera un lugar por el que continuar después de haberlo traspasado. El chico que conducía dijo que lo iba a intentar y nos propuso que le siguiéramos porque ese camino lo conocía de memoria. Y sin más, tiró hacia delante y nos quedamos solos, a oscuras de nuevo. Inti y yo nos miramos, e incluso hablamos de que posiblemente se podría cruzar a la ida, pero, ¿y a la vuelta? ¿Y si estaba aún más crecido?

 

Las dudas se despejaron cuando ambos dijimos, ¡¡Qué demonios!! ¡¡Vamos!! . Decisión totalmente acertada. No había hecho más de 8000 kilómetros para acobardarme a las primeras de cambio. Quería aventura y quería ver animales. Y si uno quiere eso, no hay que bajar los brazos a las primeras de cambio.

 

Cuando llegamos al límite con el río la furgoneta lo había terminado de atravesar, pero gracias a sus luces traseras supimos perfectamente qué hacer y por dónde pasar. Casualmente en ese punto exacto la carretera era una curva, y así fuimos recorriéndola de derecha a izquierda. Sin una ayuda como la que nos brindó el de delante hubiera sido complicado. En el caso en que nos hubiéramos arriesgado, habríamos ido rectos de frente y nos habríamos encontrado con un montículo. Y un río no es el lugar idóneo para estar dando marcha atrás o estar dudando en torno a dónde ir.


En menos de cinco minutos localizamos una entrada a Playa Camaronal en la que había dos personas del MINAE (Ministerio de Medio Ambiente de Costa Rica) haciendo guardia en una caseta de madera. Dejamos el coche en un aparcamiento improvisado y nos dirigimos hacia ellos. Les preguntamos por el número de tortugas que estaban acudiendo a desovar en esos días, las especies que más anidaban allí, las horas de la noche predilectas, y un largo etcétera que nos ayudó a meternos en contexto y a atenernos a lo que podía suceder.

 

Según ellos durante la última semana estaba habiendo una media de dos tortugas cada noche, todas ellas Loras (recordad que llaman así a las Oliváceas) y con un pico horario que va entre las nueve y las once o doce. Allí no recogían los huevos para meterlos en viveros como se hacía en Buena Vista. Los profesionales del MINAE se limitaban a registrar estadísticamente los datos de las tortugas allí vistas para luego juntarlos y pasárselos a las Autoridades competentes. La posibilidad de ver Baula, según estos dos señores, es prácticamente nula, ya que su número en el Pacífico se había visto gravemente disminuido. Nada nuevo de lo que nos había contado Roy horas antes.

 

Antes de bajar tanto Inti como yo a la playa, nos pidieron que no alumbráramos con linternas ni tomáramos fotos con flash, porque provocaría que las tortugas que tenían pensado anidar allí se marcharan sin más. Tan sólo aceptan las luces rojas, que al parecer no les molestan. Eso hicimos, no utilizamos la linterna más que para ayudarnos en sitios que no sabíamos ni dónde estábamos pisando.

 

Ya en la arena, y ante la oscuridad de la noche, me pregunté cómo demonios íbamos a ver tortuga alguna sin nada que nos iluminara. Inti confiaba en que si algo había, lo detectaríamos al instante, y me pidió un mínimo de paciencia para que los ojos se fueran acostumbrando a la penumbra. Y tenía razón.

Poco a poco la vista se fue haciendo y así fuimos delimitando una silueta de arena, rocas y mar invisible ante nosotros unos minutos antes. Es curioso que incluso distinguíamos zonas de tierra más húmedas que otras, cosa que difícilmente lo hubiéramos podido hacer en plena luz del día.

Yo estaba nervioso y no dejaba de mirar por todas partes. Era una misión algo complicada, allí nosotros dos caminando despacio y atentos a cualquier movimiento. Como cuando una tortuga arriba a la orilla se arrastra unos metros hasta encontrar el lugar idóneo para anidar, es muy patente el rastro que deja hasta detenerse. Es un mínimo de 30 o 40 kilos (en el caso de una Olivácea) de concha y aletas que se desplazan varios metros. Imaginad el caso de una Laúd o Baula que pese más de media tonelada. Vamos, que se nota bastante cuando una tortuga acaba de llegar.

 

Yo lo que temía era que si venía una a desovar, lo hiciera o a otras horas, o cuando al final de la playa cuando hubiéramos dado media vuelta. En ese rato le da tiempo a venir, poner los huevos y marcharse, ya que para recorrer de arriba abajo uno o dos kilómetros necesitábamos tiempo. No es tarea fácil. Dependíamos más que nunca del factor suerte, aunque también de que nuestros sentidos estuvieran lo suficientemente preparados para que no se nos escapara nada.

 

Estuvimos fácilmente una hora y media dando vueltas y con varias “falsas alarmas” incluidas. Son muchos los troncos o rocas que sobresalen de la arena y que uno en la lejanía los confunde con caparazones. Deseaba tanto poder ver una tortuga marina que me aferraba al imaginario para conseguirlo. Y así uno se deja llevar por el subconsciente y por lo que de verdad desea. Un ejemplo de lo más quijotesco pero sin gigantes y sí con tortugas.

 

Las estrellas y la luna, que eran los únicos faros de los que nos servíamos se quedaron totalmente tapadas por las nubes que se arremolinaban las unas con las otras haciendo barruntar una gran tormenta. De repente, un hombre que venía del otro lado de la playa se fue acercando hacia donde nosotros estábamos. Pensábamos que era una de las personas del MINAE con los que habíamos hablado antes o incluso alguno de los pescadores de los que nos habían advertido. A medida que se aproximada pudimos observar cómo encendía a ráfagas una luz rojiza. Expectantes, ambos esperamos a que viniera para ver qué sucedía. ¿Querría hablar con nosotros o simplemente pasaría de largo?

 

La solución llegó un minuto después cuando nos dimos cuenta que no era ninguno de los guardas que conocimos en la caseta de madera. Se presentó como guía turístico y es que al parecer, al final de la playa tenía a un grupo de 12 holandeses a los que les había vendido la excursión. Era uno de los responsables de Carrillo Tours, la agencia con la que había tratado de contactar Carolina por la mañana para ver si podíamos ir a Ostional. Como no se podía acceder ese día, habían elegido ir a Camaronal, donde sabían que había posibilidad de ver algo. Ellos se quedan como tarde hasta la medianoche, y aunque uno pague la excursión (40 $), nunca se le garantiza la suerte de ver nada. Eso ya sabemos que no se puede pagar con dinero. Lo que tiene que suceder sucede y al contrario.


Al decirle que estábamos recorriendo Costa Rica para luego dar cuenta de ello en este Diario de Viaje que estáis leyendo, William (que así se llamaba) nos explicó muy amablemente en qué consistían sus tours por esa zona de Guanacaste. También comentamos con él la posibilidad que había de encontrarse con algo y si era buena época para ello. Él contestó que aunque no era el mejor momento del año, tampoco era malo. Últimamente se estaban avistando tortugas, aunque no siempre a horas tempranas (en la noche, me refiero) para que haya cualquier tipo de público delante que no sea del MINAE o de Asociaciones de Voluntarios.

 

En ese momento recibió una llamada en su teléfono móvil y después de asentir en dos o tres ocasiones colgó. Nos miró y pronunció unas palabras que nunca olvidaré porque fueron preludio de uno de los momentos más emocionantes no sólo del viaje sino de todos los viajes que había acometido antes. “Acaba de llegar una tortuga. Vengan conmigo”.  Los tres nos miramos, sonreímos y caminamos hasta prácticamente el final de la playa donde el grupo de turistas estaba totalmente quieto y en silencio. Vaya Jose, para ser la primera vez que lo intentas, has tenido mucha suerte - comentó alegremente Inti, que no era la primera ni la última que iba a presenciar algo similar.

 

William nos presentó a otro compañero de Carrillo Tours y nos introdujo al grupo de turistas holandeses diciéndoles que estábamos haciendo un documental. Nos miraron como si fuéramos del Nacional Geographic (qué más quisiéramos) y es que cosas como estas pasan cuando uno se presenta como Documentalista. Que confunden la gestión documental con la elaboración de documentales para televisión. Pero al fin y al cabo este diario es un documental en plan primera persona… Así que equivocado del todo no estaba.

 

Nos señalaron el reguero que había dejado la tortuga hasta detenerse a mitad de altura, suficiente para que no llegara el agua con las mareas. Era un camino de algo más de 60 centímetros de grosor y lo bastante profundo para no pasar desapercibido ante nadie con y sin luz. Seguí con la mirada el rastro y vi un cuerpo oscuro que sobresalía de la arena. Nadie se había acercado aún y ni siquiera sabían a ciencia cierta la especie de la que se trataba, aunque ellos apostaban a que era una Tortuga Lora (Lepidochelys olivacea), que tanto aparecen por las playas guanacastecas.

 

Uno de los responsables de Carrillo Tours se acercó muy lentamente y sin hacer ruido, iluminó un instante con la luz roja y vino hacia nosotros. Las especulaciones se confirmaron, era una Lora (Olivácea, Golfina, Cahuama o como queráis llamarla porque nombres no le faltan).

 

Fue el turno de aproximarnos nosotros muy lentamente y de colocarnos en círculo a una distancia prudencial del animal, que en esos momentos se encontraba en trance casi absoluto como es normal en el desove. De cerca estaba la Tortuga, con un caparazón de unos 70 centímetros de longitud aproximadamente y con algo menos de 50 kilos de peso. Movía las aletas delanteras y traseras para retirar la arena y así hacer un hoyo lo suficientemente profundo para albergar y proteger los huevos que estaba dispuesta a echar. La gente en silencio se limitaba a observar uno de los milagros más espectaculares de la Naturaleza. Es algo por lo que vale la pena hacer un viaje, por muy lejano que sea.


El animal se esforzó para realizar el agujero y más para ir depositando los huevos uno a uno hasta sobrepasar con toda probabilidad los 50. De su boca en forma de pico (de ahí que se la llame Lora) salían unos sonidos que reflejaban el esfuerzo que estaba haciendo. Se la oía perfectamente respirar como si de un parto se tratara (que para el caso es lo mismo).

 

Una vez hecha la puesta, la tortuga se dispuso a enterrar convenientemente su nido. Para ello necesitó otra vez de la fuerza de sus aletas, en esta ocasión para arrimar arena y no expulsarla. Fueron varias las veces en que, a pesar de la distancia prudencial que guardaba con ella, me arrojó tierra a las piernas. William me permitió acercarme aún más para observarla a a tan solo un palmo. Y es que simplemente no tengo palabras para expresar la emoción que estaba sintiendo. En una playa solitaria del Pacífico, en una noche cerrada, me encontraba observando cómo una Tortuga Marina de unos 50 kg acometía una de las mayores odas a la vida que se pueden dar en el Reino Animal.


Lástima no haber podido retratar el momento mágico con mi cámara de fotos, pero había que ser respetuoso no sólo con los que allí estaban, sino con la propia tortuga que desconfía de las luces. Total, son miles las fotografías existentes en la red de redes... Aunque nos entren muchas ganas, hay que hacer un ejercicio de responsabilidad si queremos seguir teniendo la posibilidad de presenciar un momento tan bello y único como este.

 

En medio de la vorágine enterradora de la Lora, comenzó a llover, no con la fuerza de una Tormenta tropical, pero sí lo suficiente para que nuestras cámaras corrieran peligro. Así que tuvimos que dejar a nuestra amiga un rato con los holandeses y marcharnos al coche a poner los aparatos de fotografía a buen recaudo. Inti volvío corriendo. Yo, con mi pie derecho lleno de rozaduras, no podía permitirme ir con demasiada agilidad, y fui caminando con una cojera considerable. Cada paso que daba se convertía en un tormento por el insoportable escozor de unas heridas que con seguridad se habían infectado.

 

Cuando me reuní de nuevo con la gente, vi que la Tortuga seguía ahí, y practicamente estaba dando los últimos retoques  para dejar el nido totalmente cubierto. William de vez en cuando iluminaba al animal con su luz roja para que pudieramos ver más allá del oscuro caparazón. La cara de dolor y de cansancio lo decía todo. Nunca pensé que un animal de este tipo podía ser tan expresivo y reflejar tan claramente el agotamiento.

Empezó a moverse de un lado para el otro, y es que ya había dado por terminado lo que había venido hacer a Playa Camaronal. En ese momento William apagó su linterna y todos nos alejamos para dejarla total libertad para ir donde deseaba, que no era otro lugar que el mar. Con una lentitud emotiva se fue acercando a la orilla, dejando a su paso una marca rectilínea bastante significativa. En ocasiones se detenía y observaba su objetivo como si estuviera a kilómetros cuando en realidad estaba tan sólo a dos o tres metros de la orilla. Los que allí nos encontrábamos la seguimos en un silencio únicamente interrumpido por las gotas de lluvia cada vez más abuntantes que golpeaban su oscuro caparazón. En cuanto llegó a la orilla se paró y esperó la fuerza del ir y venir de las olas para que le ayudaran en su inmersión. La espuma del mar fue cubriendo paulatinamente su concha hasta fundirse con ella y desaparecer en la inmensidad del Océano. Todas las personas que allí estábamos rompimos a aplaudir porque acabábamos de presenciar un espectáculo de la Naturaleza realmente conmovedor.

Volvimos hacia los coches, aunque antes la gente de Carrillo nos invitó a beber algo para pasar los últimos minutos todos juntos. En medio de la lluvia todo el mundo comentaba lo que acababa de ver y se vanagloriaba de la suerte de haber podido contemplar algo tan increíble. Son muchas las personas que viajan a Costa Rica y se marchan sin haber logrado su propósito de avistar una Tortuga anidando.

 

El goteo de agua pasó a mayores y se desencadenó en medio de la charla una tormenta tropical de las buenas. Así que no hubo más remedio que despedirse y volver al coche porque nos esperaban varios kilómetros de caminos embarrados sin apenas visibilidad por la fuerza del temporal. Lo que yotemía era el río, porque si estaba más crecido podía darnos problemas para cruzarlo de nuevo. Pero no fue así y lo traspasamos sin dificultad alguna. Ya en carretera tuvimos que ir a un ritmo lento porque era imposible ver a dos metros del coche. Sin iluminación y con una manta de agua que tardaré en olvidar. Parecía que se iban a romper los cristales de la fuerza con que caía.

 

Pero conduciendo sin prisa y sin pausa logramos volver a nuestra Casa del Mar donde el vigilante nocturno nos salió a recibir con un enorme paraguas con el fin de evitar lo inevitable, que llegáramos empapados a las habitaciones. Total, ya lo estábamos...mojados, con arena, con rozaduras...  Yo estaba más que muerto pero una buena ducha me espabiló. Eso sí, lo justo para tomar las últimas notas en mi diario que recogía el mejor día vivido hasta el momento en el viaje. Me declaro coleccionista de experiencias, y en tan sólo unas horas había podido presenciar un torbellino de emociones dignas de no olvidar jamás. Y lo mejor de todo era que esto no había hecho más que comenzar...

¡Pura Vida!

 

José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

Join TravBuddy to leave comments, meet new friends and share travel tips!
Iguana subida al poste de la luz
Iguana subida al poste de la luz
Uno de los miles de cangrejos que …
Uno de los miles de cangrejos que…
Primera actuación de los Monos Au…
Primera actuación de los Monos A…
Mono aullador (Howler monkey)
Mono aullador (Howler monkey)
Los monos aulladores son audibles …
Los monos aulladores son audibles…
Mono Aullador
Mono Aullador
Playa Buena Vista
Playa Buena Vista
En la Playa Buena Vista
En la Playa Buena Vista
En Buena Vista
En Buena Vista
Buena Vista Beach
Buena Vista Beach
Playa Buena Vista, donde aún lleg…
Playa Buena Vista, donde aún lle…
Logo de ASVO (Asociación de Volun…
Logo de ASVO (Asociación de Volu…
Instalaciones de los Voluntarios q…
Instalaciones de los Voluntarios …
Instalaciones donde residen los vo…
Instalaciones donde residen los v…
Instalaciones del campamento que A…
Instalaciones del campamento que …
Duchas improvisadas del Campamento…
Duchas improvisadas del Campament…
Roy dedica toda su vida a proteger…
Roy dedica toda su vida a protege…
Distribución mundial de los punto…
Distribución mundial de los punt…
Gráfico con el Ciclo de Vida de l…
Gráfico con el Ciclo de Vida de …
Dibujo de la Tortuga Olivácea, m…
Dibujo de la Tortuga Olivácea, m…
Tortuga verde (Chelonia agassizi)
Tortuga verde (Chelonia agassizi)
Tortuga Boba o Cagüama (Caretta c…
Tortuga Boba o Cagüama (Caretta …
Tortuga Carey (Eretmochelys imbric…
Tortuga Carey (Eretmochelys imbri…
Tortuga Baula o Laúd (Dermochelys…
Tortuga Baula o Laúd (Dermochely…
Vivero donde guardan los huevos de…
Vivero donde guardan los huevos d…
Vivero con huevos de tortuga.
Vivero con huevos de tortuga.
Inti, Roy y yo
Inti, Roy y yo
Inti con uno de los voluntarios de…
Inti con uno de los voluntarios d…
Playa Buena Vista
Playa Buena Vista
Buena Vista Beach
Buena Vista Beach
Inti y yo en Playa Buena Vista
Inti y yo en Playa Buena Vista
Buena Vista Beach
Buena Vista Beach
Tonos rosáceos en Playa Carrillo
Tonos rosáceos en Playa Carrillo
Carrillo, a 5 minutos de Sámara, …
Carrillo, a 5 minutos de Sámara,…
Es difícil pensar que uno ha esta…
Es difícil pensar que uno ha est…
Impresionante atardecer en Playa C…
Impresionante atardecer en Playa …
Samara
photo by: Sele