De Arenal al Rincon de la Vieja

Guanacaste Travel Blog

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El Hotel "Los Jardines del Arenal" de nuestro gran amigo Hernán.

Es una gozada intercambiar el despertador mecánico, estridente y frío que utilizamos en la rutina diaria por otro totalmente natural el cual es un placer escuchar. Decenas de pájaros tropicales no fallaron a su cita habitual en las primeras horas del alba para dar los buenos días a quienes nos encontrábamos descansando en Los Jardines del Arenal. Tumbado en mi habitación tan sólo tuve que cerrar los ojos y abrir bien los oídos para dejarme llevar por esa gran cantidad de sonidos realmente deliciosos. Inmóvil, traté de diseccionar, separar y clasificar mentalmente esos cantos tan agradables, pero simplemente me fue imposible. Quizás un ornitólogo lo hubiera tenido más fácil, ¿no creéis?

 

Cuando uno está acostumbrado a los gorriones callejeros, a las ariscas urracas blanquinegras o a las palomas tóxicas que inundan las plazas, se aprecia mucho más y mejor ese universo colorista y exótico en que moran los quetzales, los colibríes, las tángaras, los tucanes, los loros, las oropéndolas y un sinfín de especies de aves hasta superar las ochocientas.

En un futuro este gusano será mariposa

 

Tenía razón Inti cuando me avisaba la noche anterior de que en un país como este los relojes y las alarmas no tenían sentido alguno. Sin duda, el ser despertado de esta forma era dar un paso más para deshacerme de las duras cargas de la ciudad. Debía dejarme llevar por el curso normal de la Naturaleza que paulatinamente se mostraba ante mí.

 

Después de darme una ducha y esparcirme el Relec en manos y cara, me salí fuera para dar una vuelta por los jardines del Hotel y poder observar lo que durante minutos llevaba escuchando. Lo hice solo porque no eran ni las seis de la mañana e Inti dormía como un lirón. Nada más abrir la puerta se me cruzaron unos pequeñísimos pajaritos azules que aleteaban a gran velocidad.

La mariposa Morpho es una de las más vistas a lo largo del país costarricense
No eran los únicos ya que allí se congregaba en las ramas una colonia avícola difícilmente reconocible y que se sentía exultante a tenor de lo cantarines que estaban sus miembros.

 

Las nubes cubrían por entero el cielo y el volcán, que ni siquiera se intuía tras el verde horizonte. En un segundo, mientras observaba la escena, los pajarillos detuvieron su dulce sinfonía. De repente comenzó a llover, pero no gota a gota de forma ascendente. Sin aviso alguno se inició un fortísimo diluvio que me empapó al instante. El agua caía como si desde el cielo se abrieran unas compuertas. El techo de madera del Hotel sufría un golpeo constante. Esta manera de llover es lo que provoca el verdor espectacular de Costa Rica. El agua da la vida…y en un país como éste rebosa por los cuatro costados.

 

Las lluvias o tormentas tropicales son muy normales en Costa Rica, sobre todo en la época a la que ellos llaman “invierno” y que va aproximadamente de mayo a octubre, con periodos de mayor o menor pluviosidad.

Otro ejemplar del Mariposario de Danaus
Yo estaba en el comienzo de ciclo lluvioso, por lo que tenía asumido que iba a ver caer agua casi casi diariamente.

 

Pero aquí la época invernal (me hace gracia esta denominación cuando están siempre a veintitantos grados) no trae esos goteos incesantes a los que estamos acostumbrados en Europa. Eso de llover durante días seguidos sin parar no se concibe aquí. En Costa Rica, al igual que en los países vecinos (Panamá, Nicaragua, Guatemala, Honduras…) cae agua muy fuerte durante dos o tres horas como máximo y después se despeja (salvo excepciones y algunas noches). Tal como viene se va. Por ello no hay que desesperarse con este tema. Está claro que es mejor visitar estos lugares en noviembre, diciembre, enero, febrero, marzo y abril (época seca), pero si no se hace, tampoco va a quedaros un viaje pasado por agua, os lo aseguro. Lo que más se deja notar en la época lluviosa es el estado de las carreteras, que se convierten en barrizales y en algunos casos en riachuelos.

Escarabajo (Ecocentro Danaus)
Hay zonas que en estos meses son prácticamente inaccesibles (incluso con un 4x4), y eso si es algo que hay que tener en cuenta, o al menos enterarse con antelación de su estado.

 

Me quedé un rato observando el aguacero desde una de las cómodas hamacas que hay próximas a la recepción del hotel. Como veía que me quedaba dormido de nuevo, me fui a despertar a Inti porque es un poco tardón a la hora de prepararse, y había que estar listos para marcharnos en cuanto concluyera el primero de los diluvios universales que viviría en Costa Rica.

 

Ambos tomamos un desayuno bastante completo iniciado con frutas y regado con espléndidos zumos, de los que ya hablaré en otra ocasión.

La Dendrobates Pumilio, más conocida allí como la Blue Jeans, es una de las ranas más venenosas que se pueden encontrar en Costa Rica. (Foto obtenida en Danaus, cerca del Volcán Arenal)
Charlamos nuevamente con Hernán e incluso nos dio tiempo a mostrarle mi página Web (El Rincón de Sele) y alguno de mis diarios publicados en Travbuddy.com. Así que imaginad de qué estuvimos hablando. Sí, suponéis bien, de Viajar.

 

La tormenta cesó repentinamente y aprovechamos para recoger las mochilas y meterlas al coche. Nuestro plan del día consistía en ir a ver una pequeña Reserva natural llamada Danaus a escasos minutos del Hotel, y después viajar hacia el Rincón de la Vieja, donde pasaríamos dos noches.

Nos despedimos de nuestro amigo Hernán y partimos hacia el
Ecocentro Danaus, un lugar que nos había recomendando él mismo el día anterior, y donde al parecer podíamos tener la suerte de ver algún Perezoso amén de otros animales.

Dendrobates Pumilio, también conocida como Blue Jeans. Rana venenosa.

 

Para llegar nos internamos con el coche a un camino trasero al nuestro Hotel y rápidamente lo encontramos porque se ve una zona realmente arbolada, a diferencia de los campos de ganado que abundan por allí. Pagamos cada uno 8 $ y comenzamos un recorrido por la reserva no muy largo porque tampoco es demasiado grande, pero sí muy positivo porque comenzó mi descubrimiento de la exhuberancia de un paisaje tropical.

 

El Ecocentro Danaus es el resultado de un proyecto interesantísimo del que vale la pena hablar. Hasta hace diez años fue un lugar dedicado al pastoreo en el que apenas había vida animal sin domesticar. Pero en 1997 se tomaron 3 hectáreas y se llevó a cabo un proceso de regeneración excelente para adecuarlo a la Biodiversidad preexistente en esa zona.

Garza de Pico Cuchara vista en la Reserva de Danaus, a escasos kilómetros del Volcán Arenal.
Con el tiempo ha pasado a ser de nuevo un pedacito de bosque tropical húmedo en el que hay 400 especies de plantas, 70 de árboles, 130 de aves, un gran número de mamíferos y una amplísima colonia anfibia, de reptiles e incluso de mariposas (Estos últimos datos los he  obtenido de su página web http://www.ecocentrodanaus.com.). Y todo en un camino que no llega al kilómetro de longitud.

 

Así que fuimos caminando muy despacio por el sendero con las cámaras preparadas. Había árboles de un tamaño espectacular, y en los mismos había crecido una gran variedad de vegetación. Los pajarillos se movían de un lado al otro. Pero uno muy pequeño llamó mi atención.

Chocuaco en la Reserva Danaus, muy próxima a La Fortuna
Su tamaño y el ruido que hacía con su aleteo le hacían parecer un insecto, pero nada más lejos de la realidad. Era un colibrí, un ave realmente bella y cuya especie es exclusiva del continente americano, encontrándose en los bosques y jardines de los países tropicales. Tiene algunas particularidades que lo hacen único. Es el pájaro más pequeño del mundo y posee la capacidad de volar como los insectos y de dejar el cuerpo suspendido e inmóvil en el aire mientras recoge el néctar de las flores con su pico puntiagudo y su minúscula lengua en forma de trompa. Esa peculiaridad en su vuelo es la que le da la fama. Y no es de extrañar, porque puede dar incluso 80 aleteos por segundo.

 

Me resultó imposible sacarle una foto mientras iba de un lado al otro tratándose de alimentar en cada una de las florecillas que allí había. No se dejaba de mover, y cuando se quedaba quieto haciendo su clásico vuelo, las instantáneas que tomaba me salían como si estuviese temblando.

El Chocuaco es un tipo de Garza que desarrolla su actividad por la noche.
Esas fotos de los colibríes absorbiendo el néctar que había visto en las revistas habían sido tomadas por expertos. Y yo estaba prácticamente estrenando mi cámara.

 

Afortunadamente no fue el único que vi allí (y a lo largo del viaje) y en otras ocasiones logré retratarle más tranquilo las ramas. Ya veréis esas imágenes en capítulos posteriores como el de Monteverde, en el que visitamos un jardín en el que hay varios tipos de colibríes.

 

Seguimos caminando dejando a un lado y al otro del trail (como llaman allí a los senderos del bosque) plantas de todo tipo que llevan millones de años existiendo en nuestro planeta.

Laguna en el Ecocentro Danaus
Poco después de terminar la primera recta, nos introdujimos en un pequeño Mariposario donde este tipo de insectos de la orden de los Lepidópteros se encuentran por doquier. Sobre todo la Mariposa Morphos, una de las más típicas en las tierras tropicales de Centroamérica, y reconocible por sus preciosas y grandes alas azules.

 

Unos metros después llegamos a un lugar en el que había no pocas charcas donde moran las ranitas venenosas (también conocidas como Ranas Dardo), que en Costa Rica las hay en gran número. Uno tiene que tener paciencia y buen ojo para verlas porque son muy pequeñas, pero sus llamativos colores no las dejan esconderse como a ellas les gustaría. Menos mal que tenía a Inti, que detecta todo “bicho viviente” que se mueva.

Ardillita en Danaus
No tardó ni un minuto en enseñarme no pocas ranitas venenosas de un tamaño inferior a la yema del dedo meñique.

 

Las que vimos y fotografiamos eran de la especie Dendrobates Pumilio, más comúnmente llamada Blue Jeans. De color rojo y con las patas azules (de ahí su apodo) es una rana que no pasa desapercibida. En un entorno tan hostil como el tropical sobreviven gracias al potente veneno que tienen en su piel. En el caso de estas ranitas, la toxicidad que emana de su minúsculo cuerpo recibe el nombre de pumiliotoxina (de los tipos A, B y C) y es capaz de afectar muy gravemente al sistema nervioso. Por ello hay que procurar no tocarlas, y si lo hacemos, no llevarnos las manos a los ojos, la boca o a cualquier herida.

La Ardillita miró desafiante al objetivo de la cámara
El contacto con cualquier tipo de mucosa que permita trasladarse el veneno a nuestro organismo puede ser fatal.

 

Después de estar con tan “inocentes” ranitas nos acercamos a un pequeño laguito o humedal en el cual supuestamente hay caimanes, aunque no logramos verlos. Mientras nos asomábamos a sus aguas dos aves de aspecto extraño se posaron en una rama bastante cerca de nosotros. Eran Garzas de pico de cuchara (Cochlearius cochlearius), más conocidas en Costa Rica por el nombre de Chocuacos. De aproximadamente medio metro de altura, son reconocibles por su pico, que más que una cuchara se parece a un zapato. Coronilla negra, cuello blanco y cuerpo de color gris. Estos pájaros achatados que se alimentan predominantemente de peces, son nocturnos, por lo que su actividad es casi nula durante el día.

Los Guabitos, indígenas que vivían en la zona, consideraban que dentro de la montaña vivía el Dios del Fuego
Me sorprendió que a pesar de la escasa distancia que nos separaba no se movieran ni asustaran por nuestra presencia. Eso me permitió tomar algunas instantáneas con mi cámara digital para compartirlas con vosotros. Yo, personalmente, no había visto a este tipo de aves ni en los documentales. También queda claro que yo soy más de Historia y Arte que de Ciencias naturales. Inti durante el viaje me sirvió de profesor particular y me solucionó cientos de dudas que tenía acerca de la vida animal. En Costa Rica es fácil porque es una de las mejores enciclopedias de la naturaleza que existen hoy en día.

 

En Danaus también hay serpentario, pero al estar encerradas las serpientes, tiene la misma gracia que verlas en un zoo. Aunque debe imponer encontrarse con una Terciopelo, una Coral o una Matabuey, las cuales si te muerden estás perdido.

Vista del Volcán Arenal

 

Yo estaba muy atento a las copas de los árboles donde buscaba a los Perezosos como si del Santo Grial se tratara. Incluso preguntamos al personal que había por allí, que nos dijo que ese día no se habían dejado ver. Las lluvias caídas durante las primeras horas de la mañana les habían hecho resguardarse y esconderse mejor. Había árboles guarumos por todas partes pero en ninguno estaba posado tan pintoresco animal. Así que uno de los sueños y cuentas pendientes quedaban pospuestos para su cumplimiento.

 

Después de un rato agradable e interesante en Danaus, donde volvimos a ver colibríes, ranitas venenosas e incluso una simpática pareja de ardillas que parecían estar dialogando pacíficamente de un árbol a otro, decidimos coger carretera y manta.

En este lado del Arenal muestra aún la actividad del Volcán.
El Rincón de la Vieja no estaba cerca precisamente de La Fortuna y nos esperaban unas cuantas horas de trayecto, en el cual debíamos rodear casi por entero el Lago Arenal. Las buenas vistas quedaban, por tanto, garantizadas

 

Dejamos atrás la Fortuna y volvimos a estar bastante cerca del Volcán, que tenía un aspecto mejor que el día anterior. Más misterioso, más lúgubre… Las nubes cruzaban sutilmente la montaña a mitad de altura, dejando visible el cráter, más tranquilo que en otras ocasiones. A medida que lo íbamos rodeando para llegar al Lago y así tomar la carretera a Tilarán (pasando por Nuevo Arenal) nos encontramos de nuevo con la cara más pelada por el ardor típico de los fenómenos piroclásticos que mencioné en el capítulo anterior.

 

Tardamos fácilmente un par de horas en hacer este recorrido, que por otra parte, fue precioso.

Logo del Rinconcito Lodge
En ese tiempo me quedaron dos cosas claras, que Costa Rica en apenas un día y medio me estaba fascinando, y que prácticamente todo el país está a la venta a tenor de los cientos de carteles en los que se puede leer Real Estate, Se vende parcela boscosa de x hectáreas, y un largo etcétera. Al parecer desde hace varios años se está invirtiendo ferozmente en “suelo costarricense” y, por supuesto, en ese tema están metida gente foránea, predominantemente norteamericana. De aquí a pocos años el número de propiedades pertenecientes a ticos será bastante reducido. Esperemos que los “nuevos dueños” del bosque lo cuiden convenientemente. Demasiado se le ha arrebatado ya.

 

Una vez llegamos a Tilarán hicimos unos 20 ó 30 kilómetros más para enlazar con la Carretera Interamericana desde Cañas. Después seguimos “la cremallera de América”en dirección norte y nos desviamos en un pueblo llamado Bagaces para aprovechar a echar gasolina y tomar una secundaria hacia Guayabo.

Mapa de localización del nuestro alojamiento en el Rincón de la Vieja (El Rinconcito Lodge)
Desde aquí, para llegar al lugar que teníamos reservado en torno al Rincón de la Vieja, volcán que se asoma junto al Tenorio y al Miravalles (también activos parcialmente), nos vimos obligados a ir preguntando a no pocos viandantes que nos guiaron de una forma un tanto confusa. Que si para arriba, que si para abajo, que si meteros por este camino, o no, mejor por el otro... Vamos, que anduvimos un rato bastante perdidos.

 

Finalmente, tras dar muchas vueltas por la zona y cruzarnos con un precioso tucán Pico Iris, terminamos por encontrar nuestro alojamiento para las próximas dos noches: El Rinconcito Lodge, muy cercano a la carretera que va al pequeño pueblo de San Jorge.

Instalaciones del Rinconcito Lodge
En un entorno puramente campestre en el que hay caballos, reses y terneritos, este albergue con no más de 11 habitaciones se encuentra bastante aislado de la civilización, tal y como Inti y yo buscábamos. Siempre que pudiéramos, queríamos tener la tranquilidad suficiente para tener sólo que escuchar la naturaleza. El bosque allí es algo más seco y más similar a los que estamos acostumbrados a ver en Europa del Sur. Aunque posee una variedad de fauna y flora difícilmente comparables con los de esa parte del Viejo Continente. Hay varios ecosistemas dependiendo de la altura que se vaya alcanzando. Nuestro Lodge está en una zona más baja, y a medida que se va subiendo, el bosque se va cerrando y haciendo más exuberante, beneficiando así la vida de los animales.

 

Nada más aparcar el 4x4 salió a recibirnos el que sería nuestro guía durante el día y medio que allí estaríamos.

Un alojamiento aislado de la civilización y en medio de la naturaleza
Walter, que así se llamaba, de tez muy morena y con rastas a lo Bob Marley, fue una de las personas del Rinconcito Lodge que se ocupó de que nos encontráramos como casa. Además, junto a otro compañero que conoceríamos el día después (Wander), nos enseñó algunas de las cosas que el visitante puede encontrarse en un lugar como El Rincón de la Vieja.

 

Las instalaciones me recordaron a las los Campamentos veraniegos a los que muchos hemos ido en nuestra niñez. Silencioso, tranquilo, y con un sanísimo ambiente que mezcla la familiaridad con el compañerismo. Todo el personal allí se portó fenomenal con nosotros y nos atendió de una manera formidable.

Amiguita es el santo y seña del Rinconcito Lodge.

 

Después de darnos nuestra habitación (ver tarifas) nos sentamos un rato a comer unos sandwiches porque veníamos hambrientos después de nuestro viaje desde Arenal. Y acompañados por una de las mejores cosas que saben hacer en este país...los zumos o batidos (a los que ellos llaman Jugos). Los hacen de todos los sabores porque es mucha la variedad de frutas tropicales existentes en Costa Rica. Y en este lugar, los preparaban especialmente bien. Para mí, donde mejor a lo largo del viaje. Papaya, mango, piña, Guanábana (nombre que me costó aprender...), mora fueron algunos de los deliciosos “jugos” que me hicieron adorar y reverenciar este sitio hasta la saciedad.

Rincón de la Vieja
Junto a nuestra mesa, y acompañándonos a cada movimiento, teníamos una perrita pequeña y muy simpática que se llama “Amiguita” y que es la verdadera protagonista de este Rinconcito Lodge.

 

Estuvimos planificando junto a Walter el día y medio que allí pasaríamos. Estábamos dispuestos a no parar y a aprovechar el tiempo lo máximo posible. Allí en el Albergue organizan suficientes actividades y excursiones a los clientes para pasar varios días a buen ritmo. El Parque Nacional Rincón de la Vieja es lo suficientemente grande (algo más de 14.000 hectáreas) para no aburrirse…

 

Lo primero que haríamos tanto Inti como yo (a efecto inmediato) era recorrer uno de los senderos que se internan en el bosque y aprovechar para ver aves o algún otro tipo de animal.

Nuestra primera internada en el bosque del Rincón de la Vieja
El Rinconcito ha diseñado un trayecto bastante interesante en el que se puede llevar a cabo “Observación de fauna” (sobre todo de pájaros) a través de un camino de tierra e incluso de puentes colgantes que cruzan uno de los 32 ríos que lograron convertir a este lugar en Parque Nacional.

A nuestra vuelta, y después de cenar, realizaríamos en compañía de Walter nuestro primer tour nocturno del viaje. La vida en la naturaleza se desarrolla predominantemente por la noche, siendo el momento ideal para ver ciertos animales que tienen su actividad con la llegada de la luna.

 

Para el día siguiente (1 de mayo) las cosas estarían más apretadas: Montaríamos a caballo y recorreríamos parte del Parque, haríamos Canopy (Tirolina por los árboles), nos bañaríamos en las aguas termales de un río que contiene azufre del volcán, visitaríamos la Laguna Morphos, que recibe su nombre de la linda mariposa azul…y volveríamos al Rinconcito.

Un bosque algo más seco...pero a medida que se sube, el ecosistema va variando
Todos los recorridos los haríamos a caballo, y eso es algo que me entusiasmaba bastante.

Son muchas más las cosas que se pueden hacer estando aquí (ver las fumarolas en Las Pailas, hacer escalada al cráter del Volcán… Para los más pequeños se puede pasar un día en plan granja escuela, cuidando a los animales y conociendo cómo es la vida en el campo). Para ver los tours y paquetes disponibles junto a precios, pinchad
aquí).

 

Mientras Walter nos ayudaba a completar nuestra ajetreada a la vez que excitante agenda, el graznido de un tucán desvió nuestra atención. En un árbol a media distancia había posado un Pico Iris que esperaba la llegada de su pareja.

Caminando por el bosque cercano al Rinconcito Lodge (Rincón de la Vieja)
Es un ave monógamo, y siempre convive con el mismo tucán. Le pasa lo mismo que a los Guacamayos (que veríamos en la Península de Osa). Son fieles hasta la muerte. Como los humanos, claro (ironía al canto…).
Este pájaro, el tucán, representa en su más alto grado el exotismo que uno viene buscando en estas tierras. Su pico, de colores (predominan el amarillo y el violeta), es casi más grande que él y verle volar es muy llamativo. A mí me hizo mucha ilusión tenerlo a la vista, aunque cuando fui a por la cámara (era el único momento que no la llevaba encima) se marchó. Bueno, para otra vez…

 

Así que una vez claros nuestros objetivos en El Rincón de la Vieja, nos levantamos de la mesa para ir directamente al sendero que queda detrás de las habitaciones del albergue. Nos internamos en el bosque caminando despacio y en silencio para no asustar a los animalillos.

Inti cruzando uno de los puentes colgantes del camino
La verdad es que escuchamos más que vimos, a excepción de la urraca de Centroamérica (color azul y blanco y una especie de cresta en la cabeza) que sí se mostró en varias ocasiones.

 

Durante las dos horas que nos pasamos caminando fuimos fijándonos en todo detalle, ya que en plena naturaleza el camuflaje animal queda garantizado. Hay que prestar mucha atención. Reconozco que no tuvimos demasiada suerte porque no salieron ni reptiles, ni aves, ni mamíferos a la vista. Pero fue un placer realizar una caminata en pleno entorno silvestre, absolutamente en solitario. Quizás haya que subir más para toparse con algún animal, porque el Rincón de la Vieja se precia de ser uno de los lugares en Costa Rica con mayor variedad en lo que a fauna se refiere. Jaguares, ocelotes, margays e incluso tapires, moran por zonas más próximas al cráter.

Fue oscurenciendo y nos dimos prisa para volver, ya que no llevábamos linternas
Buscan el frescor de la humedad, que en lo alto es mucho mayor. Y sobre todo, huyen de toda presencia humana, esa cruel especie animal que los está exterminando a pasos agigantados

 

En ese momento yo me conformaba con algo más pequeño, pero habría que esperar a otra ocasión. Quién sabe si por la noche la fortuna se aliaría con nosotros. Eran tantas las madrigueras de los armadillos, que me entusiasmaba sólo de pensar que podía ver uno de ellos.

 

Se nos hizo casi de noche porque dimos más rodeo de la cuenta. Y al no llevar linternas, nos preocupaba que nos cogiera la cerrazón y la negrura, que debajo de los árboles podía dejarnos totalmente a oscuras.

Atardecer desde el Rinconcito Lodge (El Rincón de la Vieja)
Aumentamos nuestra velocidad y casi corrimos por los senderos y los puentes colgantes porque ni nos queríamos imaginar que nos quedáramos allí sin una sola luz.

Pero salimos a tiempo, agotados, pero a tiempo. Descansamos un rato, tomamos una ducha y cenamos en compañía de Walter y de la omnipresente “Amiguita”, a la que la estaba cogiendo mucho cariño. Estuvimos ojeando un libro de “Aves de Costa Rica” mientras comentábamos “las jugadas” con nuestro amigo tico. Él, que llevaba trabajando varios años allí, había tenido la oportunidad de ver bastantes tipos de ave, a las que conocía con sólo escucharlas. Nos habló del Motmot, del Manakin, del Pájaro Bobo y de otros muchos que merodeaban la zona durante el día. También nos comentó que se llegaban a escuchar aullidos de animales más grandes o incluso de monos, los cuales moraban en zonas más altas.

 

Tomamos un pollo con verduras riquísimo junto a “Jugo de Guanábana”, fruta tropical de la que no había oído hablar hasta el momento.

En cuanto la última luz del cielo se apagó, comenzamos nuestro primer tour nocturno del viaje.
Entre las palabras guayabo, guayaba, guanacaste y guanábana no hubo forma de decirlo bien, por lo que siempre pedía que me trajeran un batidito de guayábana o similar. Semejante patinazo léxico provocó bastantes risas al personal.

 

Después de la charla, y cuando la noche era lo suficientemente cerrada, tomamos nuestras linternas y comenzamos nuestro tour que tendría de dos a tres horas de duración. No fuimos por el mismo sendero por el que habíamos caminado un rato antes, sino que accedimos a otra parte del bosque subiendo un montículo en el que los caballos se encontraban descansando.

 

Habíamos hecho caso de las indicaciones de Walter, las cuales son las mismas que para otras marchas por el bosque. Pantalón largo, chubasquero (porque la lluvia puede llegar en cualquier momento), y agua suficiente. Yo además me rocié de Relec lo bastante para que a los bichos se les quitaran las ganas de pasar… En el Rincón de la Vieja hay muchísimas garrapatas, por lo que toda precaución es poca. Al estar en el suelo, lo mejor para evitar su entrada por los bajos del pantalón es subirse los calcetines al máximo y echar una buena dosis anti-insectos . E imprescindible es mirarse bien a la vuelta antes de que sea demasiado tarde y pueda infectarse la herida. Como consejo recomiendo darse una buena ducha de agua fría, que las ahuyenta y separa de la piel.


Aunque no eran las garrapatas las que más me preocupaban. En el bosque había otros muchos insectos con mayor capacidad de provocar un “gran fastidio” al personal. Porque no llevábamos ni diez minutos cuando Inti señaló con su linterna una araña peluda. Walter dijo “una tarántula”. Me faltó dar un salto de alegría y montar una fiesta allí mismo. Yo soy de las personas que no disfrutan precisamente de tener un arañón cerca  así que imaginad la cara que puse. Aún así hice de tripas corazón y me quedé con ellos observándola mientras escuchaba los comentarios de Walter. Como veis no es una de las grandes, es bastante pequeña. (Cierto es, no tenía tamaño mano, pero aún así yo no había tenido la posibilidad de tener delante una así). ¿Y son muy venenosas? Pregunté. No sabemos cuál es el efecto de su veneno en una persona, pero a nosotros nos fastidia bastante con los caballos. ¿A qué te refieres? Pues que les dejan cojos e incluso provocan que se les caiga alguno de sus cascos (es decir, las pezuñas). Si hace eso en un animal de 300 kilos, qué no hará en una persona, ¿verdad?

 

Por suerte o por desgracia no fue la única arañota que nos encontramos a lo largo del recorrido. Cuando vas por la noche en el bosque en Costa Rica (al igual que en cualquiera de Nicaragua, Honduras o Centroamérica en general) tienes que estar muy atento al suelo y a las ramas. Yo fui pisando muy firmemente porque sólo pensar que se me podía subir alguna araña de esas me inquietaba bastante. Y no había rama de árbol por la que cruzara sin pasar revista con la linterna. Es usual que algunas serpientes se enrosquen en las mismas por lo que hay que tener mucho cuidado a cada paso que se de o movimiento que se haga.

 

El ruido de insectos y pájaros nocturnos era bastante intenso, a lo que se añadía el crujir de las hojas o los matojos ya sea por algún animal escondido o por nosotros mismos. Inti y Walter, que ya tenían experiencia en esas lides, iban parándose a medida que encontraban algo. Mi amigo no se perdía una. Encontró una iguana posada inmóvil en lo alto del tronco de un árbol, además de toda clase de insectos de cuyo nombre no quiero acordarme como decía el genio Cervantes de un lugar de La Mancha.

 

En lo que sí me fijé yo (minipunto para mí) fue en algún que otro escorpión que a nuestro paso preparaba su tóxico aguijón. Walter nos contó que una vez tenía uno dentro de la cama. Pero que el que se tumbó fue un amigo suyo mientras él se pegaba una ducha. Y el infortunado colega no se llevó un picotazo, se llevó dos. Y estuvo entumecido en la cama durante un par de días. Le curaron unos remedios caseros de esos lugareños que aún recurren a la medicina natural y que no se venden precisamente en farmacias. El conocimiento del medio y la experiencia de tantos años viviendo en un entorno silvestre les ha hecho aprender no pocas fórmulas para esos momentos poco agradables que pueden llegar a producirse en el campo.

 

En medio de ese silencio interrumpido a medias, seguimos nuestro andar por el bosque a la espera de ver “cosas mayores”. Siempre se sueña con toparse con algún animal rezagado que no se haya percatado de nuestra presencia. Pero en la Naturaleza, y más en lugares como éste, sólo se puede ver lo que se deja ver. Y eso en caso de los jaguares o de otras especies de felinos, es muy complicado.

 

A Walter le extrañó que no nos encontráramos si quiera con un armadillo, los cuales según él campan a sus anchas durante la noche. Pero la fortuna no se aliaba con nosotros, siendo los insectos, arañas, escorpiones los protagonistas de nuestra marcha. Mis pasos sobre la tierra eran bastante firmes, más aún que al principio. Incluso sentía picores en el cuerpo que eran más psicológicos que otra cosa. Pero aún así disfruté de la tensa experiencia en la que os aseguro que solté adrenalina. Si quería vivir profundamente las muchas rutas que nos esperaban por el bosque, la selva o por cualquier paraje natural, debía ir eliminando miedos y demás rigideces que me mantenían en extrema tensión.

 

Al final, en el último tramo del tour, perseguimos durante un rato a un simpático “Conejo de cola de lana” que se paralizaba con la luz de las linternas. También nos encontramos con un ave nocturna a la que Walter denominó con el nombre de Cuyebo, por el mero hecho de que era esta palabra la que parecía pronunciar en su cantar. Es muy típico en esas tierras apodar a los pajarillos según el sonido que emitan. Así hay otro que le llaman Toledo porque es cierto que cuando se les escucha a uno le parece que está mencionando la ciudad castellana.

 

También fue curioso ver las largas filas de “Hormigas cultivadoras”. Reciben este nombre por la capacidad que tienen de crear un hongo después de almacenar pedacitos de hoja a una temperatura determinada. Gracias a éste, se alimentan del fruto de su rutinario trabajo.

 

Mejor no hablar de las cucarachas…que son más rojas y más grandes. Y éstas ni cultivan ni nada. Simplemente causan repulsa…

 

Prácticamente fueron tres las horas que invertimos en el bosque aledaño al Rinconcito Lodge, y que sirvieron para dejarnos realmente destrozados. Sólo tendríamos fuerzas para darnos una ducha y caer en la cama como sacos de patatas. Ni el ruido del ventilador ni el miedo a que se colara alguna araña de las que habíamos visto impidió que durmiéramos como dos benditos. Ah, por cierto, Inti se encontró varias garrapatas minúsculas adosadas a su cuerpo. El que no era muy amigo del Relec y otros productos acabaría por rendirse a la química. Le costó pero lo hizo, aunque aún tuvo que sufrir no pocos infortunios con los mosquitos y otros insectos.

 

Y así se cerró un día largo con nuevas experiencias. El siguiente se presentía más intenso todavía porque eran muchas las cosas que íbamos a hacer. A las siete y media aproximadamente habíamos quedado con Walter para comenzar una excursión más que completa. Y debíamos estar bien frescos y despiertos para vivirla al 100%. Así que ahí dejo la historia. Buenas noches y ¡pura vida!

 

José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

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Fue oscurenciendo y nos dimos pris…
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Atardecer desde el Rinconcito Lodg…
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En cuanto la última luz del cielo…
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Guanacaste
photo by: Sele