Atrapados en Quepos (Parte 2)

Quepos Travel Blog

 › entry 10 of 18 › view all entries

Posiblemente fue este el día más aburrido, desesperante e indignante de las tres semanas que duró el viaje a Costa Rica y Bocas del Toro. Por no haber, no hubo ni una sola fotografía…

 

La cosa no había quedado tan mal la noche anterior cuando Pedro nos comentó que iba a intentar conseguirnos una interesante excursión en barca por la costa para hacer snorkelling y ver a los delfines dar esos brincos y piruetas que los caracterizan. A pesar de haber renunciado a la visita del PN Manuel Antonio debido a que cierra los lunes, la opción que nos había quedado resultaba tentadora.

 

Aunque lo primero era lo primero. Y con eso estamos hablando de que tal y como nos habían indicado en la compañía de alquiler de vehículos, debíamos esperar una llamada telefónica diciendo que venía hacia Quepos alguien con cristal trasero para poder instalarlo y dejar el coche como antes del golpe. Pero esa llamada no parecía llegar nunca…

 

Había que calcular que debían conseguir primero una luna de Terios, comprarla y traerla. Y eso lleva varias horas, porque sólo en el trayecto entre San José y Quepos hay al menos tres, aunque dependiendo del tráfico pueden ser más.

 

Habíamos dormido como lirones hasta bien tarde porque sabíamos que la espera no iba a ser corta. Pero después de mucho aguantar en el apartamento nos bajamos para encontrarnos con Pedro y saber si había hablado con su amigo. La respuesta fue que sí pero que no podía darnos buenas noticias. La Agencia no tenía pensado salir ese día porque no tenía suficiente cantidad de clientes y no le compensaba salir al mar. Según ellos los lunes son días prácticamente inútiles. Al no estar el Parque abierto, la gente se queda atolondrada en los hoteles o como mucho se baja a la playa cuando se despierta con la resaca del día anterior.

 

En ese momento sí que me dio un bajón de moral porque me di cuenta que iba a ser otro día perdido. Y quien sabía si el único… Porque nadie de la compañía llamaba, y el tiempo seguía pasando.

 

Inti y yo nos bajamos a Quepos ciudad a tomar un buen desayuno. El mío más recargado no podía estar. Aún me está repitiendo la Crêpe con crema que me pedí en aquel restaurante que parecía haber salido de gringolandia y donde nos cobraron a precio de oro para lo que estábamos acostumbrados.

 

Sopesé la idea de marcharnos a Corcovado con o sin luna del coche, y dejar solucionado el tema a la vuelta. Porque el vehículo de alquiler lo íbamos a aguantar hasta el día 10 u 11 cuando volviéramos a Alajuela para comenzar una nueva etapa en el viaje centrada en la zona Caribe. Para esa última semana sí que podíamos usar la furgoneta de Inti ya que las carreteras iban a ser aptas y no tan llenas de baches como las que habíamos tenido y como las que nos quedaban por tener…

A Inti no le hacía gracia, pero se fue dando cuenta de que si en el mismo día no teníamos puesto el cristal, íbamos a tener que quedarnos en Quepos hasta nueva orden. Y no podíamos permitirnos más días muertos porque nuestros planes del viaje se podrían ver seriamente afectados. Así que accedió y me prometió que nos iríamos a Corcovado si nos decían que el cristal trasero no tenía visos de llegar.

Antes de volver a las gestiones pertinentes, me pasé por una zapatería para hacerme con unas chanclas cerradas idóneas para caminar por playa y montaña. Las que son “de dedo” tan típicas son contraproducentes a la hora de hacer una marcha. Lo único que pueden aportar son rozaduras. En Costa Rica, para hacer largas caminatas y meterse al agua si es preciso, lo mejor es disponer de zapatillas de goma que cubran el pie y tengan una suela preparada para terrenos agrestes. No me fue difícil encontrarlas y tampoco me costaron demasiados dólares.

 

Tras la compra nos fuimos a El Paraíso School a hacer unas llamadas y comprobar qué es lo que iba a suceder con el dichoso tema del “vidrio” tal y como se referían tanto Pedro como otros ticos para hablar de la luna rota. Inti llamó al teléfono 24 horas de la Compañía de alquiler de vehículos (Expedition Car Rental) pero no hubo suerte. Nadie contestó a pesar de hacer una llamada tras otra. Supuestamente es un servicio full time que te da la casa por si ocurre algún problema, pero tal y como pasó no sólo en ese día, cuesta muchísimo comunicarse con ellos.

 

Finalmente y tras muchos intentos y quejidos desesperados logramos hablar con la responsable de la cual llevábamos esperando toda la mañana que se pusiera en contacto con nosotros. Tranquilamente nos explicó que no había repuestos de lunas traseras y que cuando la encontrara procedería a hacérnosla llegar. Inti, que tiene más paciencia y que le cuesta “saltar a la yugular” más que a mí, no le recriminó nada en absoluto. Yo estaba al otro lado mordiéndome las uñas diciéndole  con gestos “¡Vámonos ya mismo a Corcovado!”. Él le comentó a la mujer que con objeto de no quedarnos más tiempo parados, saldríamos sin el cristal a nuestro próximo destino, aunque sí con un plástico que evitara la entrada de agua. A ella le pareció bien y además recalcó que ya a la vuelta se ocuparían de instalar un cristal nuevo y que “pasarían la factura”. Por mucho que se le preguntó por el coste probable de la compra e instalación, ella no quiso dar cifra alguna. Finalizaron la conversación emplazándose para nuestra vuelta a Alajuela.


Ambos coincidimos en recoger nuestras cosas y largarnos en el momento a la Península de Osa (donde se encuentra el PN Corcovado) donde llegaríamos por la noche. Inti, le preguntó a Serafín, que se encontraba sentado cómodamente viendo la televisión, si podía darse una vuelta con él en el coche para que le dijera qué opinaba de ese ruidito que se escuchaba en ocasiones. Éste accedió y ambos se marcharon para así después poder continuar nuestro camino tranquilos, sin más imprevistos. Mientras tanto yo me quedé en la oficina de la escuela conectado a internet para estar atento a las noticias que venían de España. En realidad no eran nada interesantes. Lo más “importante” (que como veis, lo recalco entre comillas) fue la detención express de Isabel Pantoja por su implicación en el Caso Malaya (Proceso abierto contra la corrupción en Marbella). Vamos, una pantomima que sirvió para dedicar horas en televisión, prensa y radio, y así ensalzar a los cuatro vientos las vergüenzas del folcklore pandaretero y cutre que tenemos en España.

 

En apenas diez minutos volvieron tanto Inti como Serafín, que con su “español casi ininteligible” dijo que no nos podemos ir en ese coche porque los frenos estaban gastados. Inti me miró con cara de asombro, pero no con la misma que estaba poniendo yo en ese momento. Parecía que todos se habían puesto de acuerdo para que no nos pudiéramos marchar de Quepos. Serafín, nos mostró su faceta de mecánico y tras un rato trabajando sacó y nos mostró los discos del freno derecho e izquierdo, cuyas fibras se habían consumido al máximo. Según éste, era bastante probable que en cualquier momento el coche hubiera dejado de frenar pudiéndonos estampar en cualquier curva…

 

Lamentablemente la compañía de alquiler de vehículos con sede en Alajuela, “Expedition Car Rental” nos había entregado un coche que podía habernos ocasionado un gran problema a ambos. Y lo menos importante era estar parados en arreglos. La cuestión estaba en que podíamos haber sufrido un accidente por culpa de su mala previsión y de no haber revisado el 4x4 en mucho tiempo. Porque unos frenos no se gastan de un día para el otro.

 

Inti llamó a la chica de la compañía, pero tal y como había sucedido antes, no cogió el teléfono ni a la primera, ni a la segunda, ni a la sexta… Desesperaba ver el desentendimiento y la poca profesionalidad de esa gente que no alquila ni mucho menos barato.

 

Cuando por fin consiguió hablar con ella le explicó la nueva situación. Para mi gusto fue demasiado blando porque es motivo suficiente para enfadarse y transmitírselo. Alquilarnos un automóvil en esas condiciones es razón suficiente para formular nuestra más enérgica queja. La mujer tan sólo se limitó a contarnos la misma cantinela que con el cristal. Que trataría de enviar el repuesto y que donde estábamos nos lo montaran en algún taller.
 

Le daba exactamente igual que estuviésemos parados. No me quiero imaginar qué es lo que hubiera pasado si esto mismo nos sucede en uno de esos caminos que se adentran en la selva. Lo tengo claro, no nos sacan de allí ni locos. 

 

Tanto Serafín como yo decíamos en voz alta que debían venir cuanto antes a Quepos y traernos un coche totalmente nuevo. Inti le repitió nuestras palabras pero mucho más sosegado. La respuesta fue que no tenían ni un solo vehículo disponible (a pesar de ser temporada baja), cosa que no nos creímos ninguno.

 

Más claro que el agua. Nos dejaban tirados…

 

Inti colgó el teléfono y nos miró a ambos. Yo representaba un gesto de indignación y cabreo digno de foto. Serafín, un hombre muy pura vida, comenzó  a llamar a los talleres de Quepos para ver si tenían repuestos para nuestro Terios, pero a esas horas nadie cogía el teléfono porque era la hora del almuerzo.

 

Por la tarde se completó una búsqueda minuciosa del material por toda la ciudad. No quedó lugar en que dejáramos de preguntar. Primeramente con Inti en casas del alquiler y después conmigo a talleres, amigos y conocidos de la ciudad, Serafín se portó fenomenal para lograr solucionar el problema y podernos ir de allí, al menos por la mañana temprano porque ya era demasiado tarde ese día para hacer un viaje tan largo.

 

No había nada…como mucho en San José, nos decían una y otra vez. En un país donde los vehículos más vistos con turistas son los Daihatsu Terios, es sorprendente que haya tal poca cantidad de repuestos. Y es que fueron tantos los sitios en  que preguntamos. A cada doloroso NO, le seguía un resoplido por mi parte y un “joputa” por parte del bueno de Serafín, que tanto estaba poniendo de su parte para ayudarnos.  

 

El calor era extremo a esas horas y por ello me hice con bastante agua para aguantar el trago de la mejor manera. Ya me veía pasando un tercer día “secuestrado en Quepos” y sin poder hacer nada. Hicimos mil visitas, mil llamadas…pero no hubo forma de encontrar lo que buscábamos.

 

Cuando las esperanzas eran mínimas Pedro se puso en contacto con un amigo suyo “que podía tenerlo” por lo que volvimos de nuevo a la ciudad a probar suerte. Serafín se bajó del coche y a los cinco minutos apareció con lo que necesitábamos. Era de 2ª mano pero suficiente para dejar el coche a punto. Costaron unos 28 dólares, pero pedí la consiguiente factura para pasársela a la compañía de alquiler a nuestro regreso.

 

Durante la tarde-noche tuvimos a Serafín trabajando en el coche para colocar las piezas en el lugar que correspondía. Nunca le podré agradecer lo suficiente lo bien que se portó con nosotros. Nos trató como amigos casi sin conocernos y dedicó mucho de su tiempo para nuestro bien. Como persona es un diez. Digno de conocer. Y por qué no decirlo, es un tipo bastante divertido. Su rutinario y repetitivo “joputa” fue imitado el resto del viaje por Inti y por mí. Junto al mítico Albert Rojas (nuestro amigo de Monteverde) se había convertido en el “Personaje Revelación”. Sin duda alguna todo siguió adelante gracias a él. Y por supuesto, también es justo mencionar la labor de Pedro, que también se movió lo suyo para ayudarnos, nos cedió un apartamento durante dos días, nos prestó su teléfono, internet… Simplemente un diez para esa gente que no sé si volveré a ver en la vida pero que hicieron tanto por nosotros que difícilmente les olvidaré.

 

Una vez quedó el coche arreglado volvimos al apartamento para cenar de nuevo unas pizzas. No queríamos complicaciones ni tener que ir a buscar Restaurante. Teníamos pensado irnos a dormir pronto para salir lo más temprano posible hacia Corcovado y así aprovechar algo el día. Anochece tan pronto que compensa hacerlo.

Antes de acostarnos hicimos una última visita a Pedro, que se interesó por lo que restaba de nuestro recorrido. Yo que sabía que había estado muchas veces en Bocas del Toro, porque su escuela tiene también allí un centro, le pedí ayuda en torno al alojamiento y los tours que podíamos hacer. Me dijo que en dicho centro, preguntáramos por Eddie, también colombiano, y que él nos ayudaría con el tema del hospedaje y de las excursiones por las islas. Pedro es un enamorado del Archipiélago panameño de Bocas del Toro, donde según él, el agua es más cristalina, más pura y más calmada. “El mar allí es como una piscina. Ideal para bucear y ver toda clase de peces” fue una de las frases que dedicó a su Paraíso particular. “Selva, playas de arena blanca, reservas indígenas…Es un lugar ideal. Ya lo verán.” - dijo entusiasmado. Acertó plenamente. Esas eran algunas de las razones por las que había decidido incluir Bocas del Toro en el itinerario del que sería mi gran viaje del año 2007.     

 

Nos despedimos de él ofreciéndole nuestra más sincera gratitud y volvimos a las habitaciones para dejar las mochilas listas para marcharnos. Puse el despertador del teléfono móvil a eso de las cinco menos cuarto de la mañana. Una hora casi insultante pero necesaria para recuperar ese tiempo que nos había dicho adiós en Quepos.

 

Por fin “libres” y con el coche supuestamente nuevo, podríamos llevar a cabo una visita a uno de los lugares más auténticos y exuberantes de Costa Rica. La Península de Osa representa un pedacito de Naturaleza Virgen de los que ya quedan pocos en todo el mundo. Capaz de cambiar la vida a cualquiera…

 

José Miguel Redondo
El Rincón de Sele

chimei says:
Hola Jose, sabes si hay algun transporte desde San Jose de Costa RIca a Bocas del toro?
Desde ya gracias!
Posted on: Nov 22, 2008
Join TravBuddy to leave comments, meet new friends and share travel tips!
Quepos
photo by: mpope9