Atrapados en Quepos (Parte 1)

Quepos Travel Blog

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De Monteverde a Quepos

Me levanté a desayunar y me encontré con Marcelo, que me miró apesadumbrado. La razón era clara, había visto el destrozo del cristal de nuestro coche y no sabía qué había sucedido pero sí cómo nos podíamos sentir en ese momento. Le expliqué los hechos y maldije una vez más la mala suerte que habíamos tenido. “La noche de los cristales rotos nos va a salir muy cara” - le dije pensando más en las posibles pérdidas de tiempo que en el dinero.

 

Inti se sentó minutos después y relató de nuevo el inesperado golpetazo. Tanto Jose como Marcelo nos dieron muchos ánimos y quitaron hierro al asunto, dando por hecho que el problema tenía una solución fácil.

Panorámica en la Carretera de Monteverde a Las Juntas.
Yo en realidad no era demasiado pesimista al respecto, pero ese estado fue una variable que se fue moviendo a lo largo del día. Digamos que Inti y yo nos intercambiamos sucesivamente los papeles de agoreros y de optimistas según viniera el viento. Y vino bien, no os creáis, porque cuando uno estaba de bajón el otro hacía lo posible por animarle lo máximo posible.

 

En principio Inti no quería en absoluto circular sin luna trasera en el coche. Como mucho, estaba dispuesto a llegar a nuestro próximo destino: Quepos. Allí teníamos pensado pasar la tarde, descansar y marcharnos temprano a Corcovado la jornada siguiente. Porque nuestro objetivo no era Manuel Antonio (El Parque Nacional situado muy cercano a la propia Quepos) porque es posiblemente uno de los lugares más masificados y turistizados del país.

Cualquiera se baja a dar un bañito
Nosotros queríamos todo menos eso.

Por lo tanto, lo ideal era llevar el coche a un taller para que nos instalaran un cristal trasero a nuestro Terios, marca muy difundida en Costa Rica porque es uno de los 4x4 más populares para alquilar debido a su bajo precio. No parecía tan difícil, ¿no? Pues no sabéis cuánto fue al final…

 

Incluso Inti decidió llamar a su amigo Pedro, propietario de una Escuela de Español en Quepos, para que fuera sondeando talleres que dispusieran de la maldita luna y nos la pudieran poner lo antes posible. Así que el plan no parecía del todo malo. Como era temprano, iríamos tranquilamente a dicha ciudad y si teníamos suerte todo podía quedar solucionado para marcharnos a Corcovado a la mañana siguiente.

Repito que no había un interés desmedido en visitar el Parque Nacional Manuel Antonio, aunque no se podía descartar en absoluto. Lo importante era podernos largar con todo hecho como si no hubiera ocurrido nada. Y al mínimo coste posible.

 

No pospusimos, por tanto, nuestra marcha de ese lugar llamado Rustic Lodge, del que puedo decir con orgullo que se convirtió en mi “casa de Monteverde”. Lleva dos años a buen nivel pero le auguro un futuro muy próspero. Si Jose y Marcelo siguen trabajando con el mismo cariño, el mismo empeño y la misma dedicación, ese hotel se va a convertir en un referente de primer nivel en lo que alojamientos en Monteverde & Santa Elena se refiere.

Cocodrilos tomando el Sol en el barrizal del Río Tárcoles
Personalmente tan sólo puedo agradecer su buen trato y desearles la mejor suerte del mundo.

 

Nos despedimos del Bosque Nuboso y comenzamos un descenso marcado por las curvas y los baches que son norma en la carretera que lleva a la Interamericana. Aún siguieron cayéndose algunos cristales que no habíamos conseguido arrancar de la puerta trasera. Menos mal que el paisaje montañoso cubierto de vastas praderas es suficientemente atractivo para olvidarse de los problemas y disfrutar de una bella panorámica de la que no siempre se goza en la vida diaria.

 

El trayecto entre Monteverde y Quepos, haciéndolo sin prisa y deteniéndose las veces que haga falta, puede llevar unas cuatro horas fácilmente.

Cocodrilos grande y pequeño bajo el puente del Tárcoles
Nosotros calculamos ese tiempo aunque para que no se nos hiciera demasiado pesado, le íbamos a dedicar un rato a un lugar que Inti conocía y del que estaba seguro que me iba a ser de mi agrado.Yo no sabía ni me esperaba absolutamente nada, claro. Pensaba que como mucho pararíamos para tomar un tentempié a mitad de camino.

 

Accedimos a la Interamericana hasta llegar prácticamente a la ciudad de Puntarenas, que da nombre a la enorme provincia que engloba prácticamente la totalidad de la Costa Pacífico costarricense e incluso se sumerge en el propio Monteverde. Desde dicha metrópoli tuvimos que desviarnos para ir por una excelente carretera que dejaba el litoral a nuestra derecha. Son muchos los carteles que dirigen a Quepos , y es que es posiblemente uno de los destinos más transitados por los turistas.

Crocodiles
El cercano Parque Nacional Manuel Antonio, pequeño pero muy atractivo, y las muchas playas aptas para el Surf y el buceo, son algunas de las razones que han hecho popular a este lugar. Pero lamentablemente no ha sabido huir de la especulación inmobiliaria y de la masificación y no queda demasiado de lo que en su día debió ser un verdadero paraíso.

 

A unos doce kilómetros de Jacó, otro de esos destinos playeros por excelencia, Inti detuvo el coche un par de metros después de cruzar un puente. Me pidió que me bajara y que me asomara al mismo para ver algo que me iba a gustar con total seguridad. Caí en una conversación que habíamos tenido días antes y cuando miré el cartel “Río Tárcoles” supe qué es lo que me iba a encontrar. El Puente sobre el Tárcoles es posiblemente uno de los más populares de Costa Rica, y no precisamente por su estética o tamaño.

Su fama radica en el atractivo presente en este caudaloso río que recoge las aguas del Valle Central y desemboca en el Pacífico. Y este atractivo no es otra cosa que la gran cantidad de cocodrilos que merodean por allí (Se habla de 30  por kilómetro cuadrado). Genial ��" exclamé. Inti decidió no bajarse conmigo porque al ser un lugar conocido en el que la gente detiene sus vehículos para observar a los enormes reptiles, los ladrones y mandantes aprovechan para robar las pertenencias de los incautos turistas. Así que, por precaución, lo mejor era tener siempre el coche vigilado. Que no estábamos para más desaguisados.  

Cogí mi cámara de fotos y anduve hasta el mismo centro del puente. El agua no era ni mucho menos clara. Al contrario, tenía el color marrón propio de una charca o un lodazal. No necesité agudizar demasiado los sentidos para poder distinguir al
primer cocodrilo nadando a contracorriente.
Cocodrilo en el barrizal
Este ejemplar de “Cocodrilo americano” (Crocodilos acutus) respondía perfectamente a los rasgos típicos de la especie. Color verde claro, cabeza larga y estrecha y escamas bastante visibles. Pero no tuve más que seguirle y mirar desde el otro lado del puente para encontrarme a siete u ocho tomando el sol en un saliente de barro en el mismo centro del río. Desde crías pequeñas hasta adultos de prácticamente 6 metros de longitud que muestran sus colmillos incluso con la boca cerrada. Cualquiera se atreve a bajar al lodazal con ellos. Con qué poco son capaces de acabar contigo…

Tomé bastantes fotografías tanto familiares como individualizadas de estos animales que a primera vista parecen tranquilos, pero que poseen una fuerza inmensa y una voracidad incontrolada realmente peligrosas.

En el Río Tarcoles, justo debajo del puente por el que cruzan los coches, se puede ver una amplia colonia de Cocodrilos
Yo no era el único viajero allí presente, y es que tal y como acabo de comentar, es un lugar de paso y parada bastante popular. Incluso la presencia de los reptiles en el puente reporta a la zona amplios dividendos por lo que he podido leer en un informe de la Universidad Nacional de Costa Rica elaborado por el Investigador Gerardo Abadía con el título “Cocodrilos: Rentabilidad o Desaparición”. Centrándose en la enorme población de esta especie que hay en el Río Tárcoles nos habla de los jugosos beneficios económicos que reportan tanto por el turismo como por la venta de su piel para elaborar bolsos e incluso zapatos de marcas archiconocidas. Lamentablemente, debido a la caza ilegal y a la desaparición de su hábitat, se están viendo diezmados cada vez más. Como veis esto es usual en todos los animales de los que he ido hablando por el momento y de otros muchos (centenares) que ni he mencionado.
Uno de los muchos puentes ticos en los que parece que te vas a caer al río
Una vez más la acción del hombre ha servido para provocar la desaparición de un gran número de especies. Ojalá esta desastrosa tendencia se detenga algún día. Pero, ¿no será ya demasiado tarde?

 

El río Tárcoles, sobre todo próximo a su desembocadura, es un destino turístico bastante interesante. Por lo que he podido averiguar, organizan excursiones en barcas que navegan entre manglares y cocodrilos. Junto a Corcovado, esta zona tiene el privilegio de ver volar todavía al Guacamayo Escarlata, más conocido en Costa Rica como “Lapa Roja”. Un ave pintoresca que ha visto disminuida su población a pasos agigantados cuando hasta hace bien poco era visible en prácticamente todo el país. Yo en esta ocasión no tuve esa suerte. Habría que esperar a ver lo que sucedería en el Parque Nacional Corcovado, si es que “el coche” no lo impedía antes.

Entrada al Parque Nacional Manuel Antonio

 

De nuevo en el coche, continuamos nuestro camino hacia Quepos por un paisaje caracterizado por incalculables hectáreas cubiertas de palmerales. A ambos lados de la carretera puede haber millones de esbeltas palmeras que dibujan un horizonte tropical. En varias ocasiones tuvimos que cruzar como pudimos una serie de puentes de hierro que parecen de todo menos “seguros”. Es un milagro que no se caigan después de ver la cantidad de camiones y turismos que lo cruzan diariamente. Los segundos dedicados a pasar sobre ellos son algo tensos, sobre todo si miras abajo. Incluso se tambalean dando visos de su fragilidad. Sólo imaginar los cocodrilos relamiéndose le pone a uno nervioso.

 

Minutos antes de mediodía arribamos a la ciudad de Quepos, desposeída de todo encanto y cuyo único interés estriba en la gran cantidad de ofertas destinadas para los turistas que quieren pasar unos días en las playas aledañas o visitar el Parque Nacional Manuel Antonio, a siete kilómetros de allí.

Manuel Antonio fue de los Parques Nacionales más bellos de Costa Rica, pero el turismo y la masificación se la ha cargado relativamente
El alojamiento y los restaurantes son menos costosos en Quepos, y es por ello, que reúne la atracción de turistas. Como ciudad no vale nada, caótica, llena de coches y sin ningún edificio que valga la pena admirar. Prácticamente está compuesto de casas bajas, como la mayoría de las urbes costarricenses. Pero tiene aeropuerto, tiendas, bares de comida rápida, terminal de autobuses, compañías de alquiler de vehículos, hostales, y otros condicionantes hechos por y para el turismo. Suficientes razones del crecimiento de esta ciudad que recibe su nombre de la tribu indígena de los quepoas.  Hoy en día, artículos de revista y guías de viaje la denominan con “La Puerta a Manuel Antonio”.

Nosotros nos dirigíamos a la Escuela de español “El Paraíso” , por lo que cogimos la carretera que va a Manuel Antonio.

A pesar de que llegamos tarde al Parque, nos permitieron tomar algunas fotos desde la entrada
A menos de un kilómetro de la propia ciudad de Quepos, en plena cuesta y a la derecha dejamos nuestro vehículo porque habíamos llegado por fin al centro de estudios. Este lugar inmerso prácticamente en zona boscosa tiene habitaciones y kioskos al aire libre habilitados para que los alumnos reciban clases de español. Al estar en temporada baja de estudiantes, Pedro, el responsable de la escuela en Quepos (ya que también hay otro centro en Bocas del Toro, Panamá), nos había ofrecido hospedaje en uno de los cuartos para que pasáramos la noche o el tiempo que hiciera falta antes de marcharnos a Corcovado. Su amistad tanto con Inti como con sus tíos nos venía de perlas para “montar el campamento” allí sin dejarnos un solo euro.

 

Nos bajamos del coche y encontramos la escuela totalmente vacía, exceptuando un vigilante de seguridad que preguntó por nuestra presencia allí.

Le explicamos que veníamos de parte del Director de la Escuela, pero que nos habíamos adelantado un día antes previsto. Nos miró con cara de extrañeza y desconfianza. No se creía ni papa nada de lo que le habíamos contado. Le insistimos pero no había forma alguna de convencerle de la realidad. Pedimos llamar por teléfono a Pedro y hablar con él pero nos soltó que la oficina estaba cerrada y no podíamos por tanto utilizar el aparato. Tuve que ser yo el que abriera la ventana y acercara el teléfono para que Inti pudiera llamar. No le hizo ninguna gracia pero cuando se logró contactar con él, bajó la cabeza y se dio cuenta que había desconfiado más de la cuenta. También hay que decir en su defensa que tenía razones suficientes para ello, ya que en ese momento es él la persona responsable en que allí no suceda nada. Y al parecer, a un compañero suyo, con la excusa de “conozco al jefe”, le maniataron y terminaron desvalijando otro centro.

 

Pedro iba a estar ocupado hasta la tarde por lo que le pidió al vigilante que pudiéramos dejar las cosas en una habitación y pasáramos el rato allí hasta que él o su ayudante Serafín llegara.

Los surferos van y vienen de la Playa Manuel Antonio
Así que sacamos algunas cosas del coche (lo justo) para estar “protegidos” de los ladrones, que tenían a su disposición un Terios sin cristal trasero, y descansamos un rato en el cuartito con cocina, baño, televisión y ventilador que tan amablemente habían dispuesto para nosotros.

 

Inti estuvo largo rato hablando con talleres, con la compañía que nos alquiló el coche, y las cosas no pintaron demasiado bien. Al parecer no había repuesto de lunas traseras en Quepos. Como mucho podía haberlas en San José. Una de las encargadas de Expedition Car Rental dijo que por la mañana temprano nos haría llegar el cristal con una persona que nos lo instalara. No habló de precios y se comprometió a hacernos llegar todos los movimientos que se fueran dando. Le habíamos contando nuestros objetivos y no podíamos detener el viaje sine die por ese tema.

Sentado en la Playa Manuel Antonio

 

Yo particularmente no confiaba en absoluto en que las cosas fueran tan fáciles, y ya como mínimo, debíamos estar un par de días en Quepos. El que restaba y otro más. Mi corazonada era tremendamente negativa y eso influyó en parte en mi carácter. Soy una persona que le gusta tener todo atado y cumplir a rajatabla los planes establecidos, que para algo se llevan a cabo. También es cierto que íbamos bien de tiempo y que no iba a pasar absolutamente nada si esperábamos un día más antes de ir a Corcovado. Tendríamos tiempo visitar el Parque Nacional Manuel Antonio, que aunque a Inti no le gustaba nada, podía ser una buena opción para pasar el día, ya que se podía compaginar naturaleza y playa perfectamente.

 

Pero yo estaba seguro de que no íbamos a tener la luna puesta al día siguiente.

Atardece en Manuel Antonio y los surferos se van retirando
Y entonces ya no serían dos días en Quepos, serían más. Y eso sí que no era en absoluto positivo porque perjudicaría tremendamente nuestro viaje.

A pesar de mi desconfianza en tener una solución en tan poco tiempo, no podíamos hacer más que esperar acontecimientos.

 

Afortunadamente echaban en directo el partido Real Madrid-Sevilla, y como madridista que soy, tuve dos horas de total evasión. Era un encuentro de máximo nivel donde ambos equipos se jugaban el título de liga, competición a la que restaban 6 jornadas. Yo que soy socio del Madrid había dejado mi abono a mi amigo Julián, que de seguro lo pasó en grande en el Bernabéu. Pero estas cosas tiene la globalización y las comunicaciones, que a 8000 kilómetros del Paseo de la Castellana (Madrid) estaba viendo yo también el partido en directo a la par que almorzábamos pollo frito que habíamos encargado a un restaurante de comidas a domicilio. Como en todos los encuentros del conjunto dirigido por Fabio Capello, hubo sufrimiento hasta el final. Comenzamos perdiendo pero la genialidad de Guti y el oportunismo del holandés Ruud Van Nistelrooy nos dieron una victoria, que acabaría siendo vital para lograr ser campeones de liga cuatro años después.  Y a mí me sirvió para darme un granito de optimismo que me durara unas horas, aunque no las suficientes.

 

Después del partido y de tomarnos un descansito llegó Serafín, el ayudante de Pedro en el Centro de Enseñanza. Prácticamente en edad de jubilación (si es que no lo estaba ya) era “el hombre para todo” en la Escuela. Y lo demostró en el tiempo que compartimos con él, ya que nos ayudó enormemente. Tanto que sin su auxilio, las cosas hubieran cambiado para mal.

 

Cuando le comentamos a Serafín el desaguisado, dejó claro que él se marcharía a donde hiciera falta sin la luna del coche. Pero que si a Inti no le daba confianza irse sin más y arriesgarse a que ocurriera algo peor, lo entendía perfectamente. Entonces sacó cinta aislante además de unos plásticos y formó una ventana improvisada que daba el pego, y lo más importante, protegía al vehículo de la lluvia (que en esa época era diaria). Nuestro McGiver particular, al escuchar nuestros planes para el día siguiente para cuando“nos instalaran la luna” (supuestamente) nos echó a ambos una jarra de agua fría (en sentido figurado, aunque con el calor que hacía no hubiera venido mal aplicar la literalidad a la frase). La razón: El Parque Nacional Manuel Antonio cierra los lunes.


Se nos cayó el alma a los pies porque cuando nos dio la noticia eran las tres. Y el Parque lo cierran al público a las cuatro. En resumen, íbamos a estar dos días allí y no íbamos a poder ver Manuel Antonio. Pero como no queríamos rendirnos, decidimos coger el coche e ir a hablar con los vigilantes por si nos podían hacer un favor y dejarnos entrar un rato. Durante el trayecto escuchamos ruidos extraños en el coche pero tampoco le dimos demasiada importancia. Quedamos en que cuando pudiera Serafín, le echara un vistazo porque es un experto en coches (y en todo lo que tenga motor...).

 

Los cinco minutos escasos que separan la Escuela del Parque me sirvieron de mucho para comprender que la zona se había convertido en algo así como Marbella. Hoteles de lujo en primera línea de playa, discotecas, clubes de alterne, multitud de gringos en plan surferos… La construcción había ido restando hectáreas a un lugar que en un día no muy lejano debió ser absolutamente paradisíaco. Con razón el PN. Manuel Antonio era el segundo de menores dimensiones de toda Costa Rica. Pero posiblemente uno de los más visitados.

 

Ese no era el país que había visto hasta el momento, ni mucho menos. Ahí si que el marketing y el negocio del ladrillo han dado un buen mordisco a la Naturaleza tanto en la selva como en la costa. Lamentablemente el desarrollo sostenible y el ecoturismo del que habíamos hablado en otra ocasión no ha tenido trascendencia en la región. Quepos y Manuel Antonio habían perdido prácticamente esa personalidad que un día les caracterizó. Antes era inaccesible y con un paisaje sin igual. Ahora no queda ni la décima parte de todo eso…

 

Al parecer en esa carretera que va de Quepos a Manuel Antonio se forman unos atascos diarios realmente impresionantes. Es mucha gente la que quiere ir tanto al Parque como a las playas públicas, y eso se nota. Pero a esas horas a las que íbamos nosotros, no sufrimos los efectos del tráfico. A 500 metros de la entrada al PN Manuel Antonio tuvimos que dejar que estacionara el vehículo un aparcacoches mientras nosotros marchamos raudos y veloces hacia nuestro objetivo. Había mucha gente en tanto en la playa como en el Paseo comprando regalos en forma de souvenirs a precios elevados. Eso es tienen los sitios turísticos por excelencia, que sangran al turista lo que no está en los escritos.

 

Mi primera imagen de Manuel Antonio fue la de su primera Playa (Espadilla), comunicada de forma visible a la segunda (Espadilla Sur). La arena es mucho más clara que las que habíamos visto en el Pacífico Norte aunque el mar es igual de bravo. La panorámica sin gente es impresionante, aunque estoy seguro que no debe ser igual con cientos de turistas yendo de un lado para el otro.

El PN Manuel Antonio es una conjunción sublime a la vez que reducida de selva tropical, playas de ensueño, salientes rocosos, islitas minúsculas e incluso manglares. En su interior conviven numerosas especies vegetales (guácimo colorado, ceiba, manzanillo, etc.) y animales (coatíes, monos, agutíes, perezosos de 3 dedos, armadillos, mapaches, pelícanos, etc.).

 

Los monos son realmente los protagonistas puesto que se dejan querer por los turistas por un interés meramente alimenticio, ya que, a pesar de estar prohibido, dan de comer a los animales. En el Parque se encuentran 3 de las cuatro clases de monos existentes en Costa Rica. El mono aullador, que como sabéis es más audible que visible, el mono cariblanca (el más numeroso) y el mono tití, en peligro de extinción. Manuel Antonio es de los pocos lugares del país en que se pueden encontrar estos últimos, que han visto diezmada su población por la disminución de su hábitat y por su utilización en ferias y espectáculos.

Se tiende a que terminen desapareciendo del Parque en no demasiados años. Al estar rodeado de lugares poblados, los animales no pueden salir prácticamente de allí. Esto es muy negativo en lo que a reproducción se refiere por el mero hecho de que cada vez hay menos variedad genética. Es decir, al no poder cometer grandes desplazamientos, se tienen hijos entre grupos muy reducidos, lo que provoca que sean prácticamente todos “de la misma sangre”. Y eso conlleva un progresivo deterioro de la especie. Si le unimos al aumento de las enfermedades debido a la comida que los turistas les proporcionan, la cosa pinta aún peor.

 

En los últimos años se están tomando medidas para evitar que el ecosistema del Parque sufra demasiado, y por ello se está acotando el número de visitantes (aunque siguen siendo demasiados) y se ha emitido una Ley que prohíbe la entrada al mismo cada lunes. Así que hay que tener en cuenta este dato para no llevarse sorpresas como nos ocurrió a nosotros.

 

A Inti, aunque le parecía bonito el Parque, no le satisfacía en exceso por la gran cantidad de turistas que allí uno se puede encontrar. La gracia de caminar por la selva está en ir prácticamente solos, en silencio, tener la posibilidad de encontrarse animales haciendo su vida cotidiana e incluso poderlos fotografiar si es menester.

 

Pero desgraciadamente en Manuel Antonio esto es bastante difícil debido a que lo visitan cientos de personas diariamente. Se puede dar la posibilidad de que haya 20 ó 30 personas fotografiando al mismo mono…

Eso me recuerda mucho al Zoo… y no es la idea preconcebida que tengo de “ver Naturaleza”.

 

Los de la Puerta de entrada apenas nos dejaron dar unos pasos en la playa para tomar unas fotografías ya que los trabajadores del Parque ya estaban largando a los turistas. Les rogamos que nos permitieran entrar un rato pero no hubo manera de convencerles. ¡Qué mala suerte! me dije a mí mismo una y otra vez. Me daba una rabia tremenda no poder recorrer Manuel Antonio, sobre todo, quedándome a las puertas de hacerlo. Estar dos días allí y no poder visitar ni tan siquiera el Parque es tener muy mala pata. 

 

Estuve un tanto cabreado y decepcionado porque si hubiéramos sabido antes que cerraba los lunes, se podría haber ido directamente al Parque y no nos hubiéramos quedado en la Escuela perdiendo el tiempo.

 

Ni el precioso atardecer que observamos sentados en la arena me animó lo suficiente. Es normal que en un viaje haya momentos de bajón por tonterías. En nuestro caso, Inti y yo éramos dos vasos comunicantes. Me explico, cuando uno no estaba muy alegre, el otro le sacaba su lado más optimista. Si por la mañana era yo el que daba ánimos y esperanzas a Inti, por la tarde era él quien confiaba que las cosas iban a salir bien. Aún así nos acordamos de “la noche de los cristales rotos” durante mucho tiempo…

 

No estábamos tampoco muy alegres para hacer demasiado así que volvimos a la Escuela donde nos esperaba Pedro, al que por fin tuve el honor de conocer y de agradecerle que nos hubiera cedido una habitación. Pedro salió de su Colombia natal hace ya muchos años y después de trabajar mucho y valorar su futuro, decidió poner en marcha en Costa Rica “La Escuela El Paraíso”. Compró un excelente terreno en Quepos y dedicó un enorme esfuerzo en montar el centro. Actualmente es un lugar de referencia en el país en lo que a aprendizaje de español se refiere, y han abierto otra escuela en la ciudad panameña de Bocas del Toro. En el momento de nuestra visita estaba a la espera de que el Instituto Cervantes le permitiera que sus alumnos realizaran el examen DELE, que para que nos entendamos, otorga el título “más oficial” en lo que a lengua española se refiere.

 

Pues si no había hecho ya demasiado por nosotros, decidió que nos mudáramos a un apartamento mucho más amplio. Recogimos las cosas y fuimos con él. Nos quedamos de piedra cuando vimos la “pedazo de choza” en la que nos iba a permitir pasar el tiempo que hiciera falta. Enorme, con un gigantesco salón con televisión por cable y aire acondicionado. Y no había una sola habitación. Eran dos de las que disponíamos.

 

Allí pasamos las horas viendo en la tele todo tipo de programas porque desde el momento en que nos metimos en el apartamento, comenzó a caer una tormenta que parecía traer el Diluvio Universal. Antes de cenar hicimos una pausa para charlar con Pedro, al que le pedimos que nos sugiriera algo para el día siguiente mientras esperábamos a que nos pusieran en el coche un cristal nuevo y reluciente. Nuestras serias caras se tornaron en sonrientes cuando prometió llamar a un amigo suyo que podría llevarnos a hacer snorkelling y a ver delfines desde su lancha. Esa persona llevaba una agencia de buceo que tiene mucha demanda por parte de los turistas.

Pedro nos alegró bastante el final de la jornada porque podíamos tener un día "movidito" y no muerto como temíamos. Si ya nos solucionaban nuestro problema, podía salir todo perfecto...

 

Pedimos unas pizzas y estuvimos hasta las tantas viendo películas, videos musicales e incluso algún documental. Después del trasiego de los últimos días no nos vino nada mal "perrear" durante unas horas. Nos tumbamos en el suelo con las almohadas y nos quedamos medio dormidos. Yo pasé de ahí directo a la cama donde no tardé en alcanzar el séptimo sueño sin sentir los muchos ruidos procedentes de ranitas "dink" (así es como suena su croar)...

 

Estábamos "atrapados" en Manuel Antonio, pero por unas horas nuestras sensaciones negativas habían cambiado.

 

José Miguel Redondo (Sele)

El Rincón de Sele

 

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