A la carretera otra vez
Despertamos al norte de Islandia, en la casa de un pobre señor con Parkinson, padre de una señora cuarentona con la alegría mental de un envoltorio de chupachups. Si no sabes de qué estoy hablando, puedes leer más de nuestro viaje en el blog de "Islandia: parte 2". Como soy un friki de la fotografía y no quería hacer un blog eterno, he decidido dividirlo en varias partes para hacerlo más sencillo...
Recogimos las cosas y volvimos al albergue que supuestamente habíamos reservado para desayunar en sus instalaciones. Estaba más descansado que la noche anterior, y todos estábamos de acuerdo en que habíamos pasado mejor noche que en un albergue juvenil repleto de niños, duchas usadas y pobre calefacción.
Desayunamos en el amplio salón del albergue, con unas fantásticas vistas del pueblecito de Seydisfjördur y su puerto. El pueblo, otra copia islandesa de Doctor en Alaska, es el destino de los ferrys de la línea “Smyril Line” que traen moteros, coches y turistas en general desde Dinamarca, via islas Faroe. Mientras desayunábamos nos volvimos a acordar del árbol genealógico de la señora del albergue, al escuchar a uno de sus secuaces hablar en español a unos turistas recién llegados… las excusas que nos había puesto el día anterior de que no podían entenderse con los españoles no eran más que eso, excusas. Pero uno no puede estar mucho tiempo cabreado cuando tiene esta vista mientras toma leche y galletas.
De las montañas verdes de alrededor caían multitud de saltos de agua. Era la visión más pacífica de la naturaleza que habíamos tenido hasta el momento en la violenta islandia.








