Skagen, un Espect√°culo de Luz y Color

Skagen Travel Blog

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Una calle de Skagen vista desde nuestro Hotel. El tono ros√°ceo del cielo es uno de los primeros juegos con los que nos deleita el amanecer


‚ÄĚSkagen, un espect√°culo de luz y color‚ÄĚ es la frase con la que he visto oportuno titular este cap√≠tulo. Las tres palabras que califican tan ins√≥lito lugar en Dinamarca son las que resumen m√°s fielmente mi parecer. Espect√°culo, Luz y Color. Es posible que las le√°is en no pocas ocasiones cuando me refiera a esta preciosa zona que fue rescatada del olvido a mediados del Siglo XIX. Dichas palabras van indisolublemente unidas. Son en realidad una misma concepci√≥n, una misma idea. Un Todo que marca las horas en el Norte de Jutlandia. Con su principio, su desarrollo y su emocionante final. Sentaos, estad relajados y listos. Os doy la bienvenida al Gran Espect√°culo de Skagen.

 

No eran ni las ocho de la ma√Īana cuando abr√≠ los ojos mientras el Sol luchaba por asomarse por encima de las aguas b√°lticas y golpear las olas con sus alargados rayos ti√Ī√©ndolas de fuego.

El cielo ya pasa a tener más de un color en esta toma. Este es uno de los pasos del tren que cruza la villa de Skagen para llevar sus mercancías al puerto.
A su vez el cielo, despejado de nubes, absorbía el reflejo de la incipiente y tibia luz para ir adquiriendo un tono rosáceo sobre el que se posaban los aleteos de multitud de gaviotas.

 

Me levanté de la cama y mientras miraba a través de la ventana las casas amarillas que teníamos en frente traté de que Rebeca se despertara de su letargo. Aunque por las escasas intenciones de movimiento más bien parecía que le debía sacudir de su periodo de hibernación. Cuando quiso ponerse de pie yo ya estaba vestido y expectante por salir a la calle cuanto antes a disfrutar de su tranquilidad, de sus rutinarios silencios, de sus armoniosas callejuelas que son en sí un todo dorado. Y máxime del comienzo de un día más que perfecto en el que poder gozar por el mero hecho de contemplar, observar y dejarme llevar por un lugar fascinante en el que la magia envuelve absolutamente todo.

Instant√°nea tomada en el Puerto de Skagen

 

Como Rebeca tardaba en quedar lista para ir a desayunar, le dije que me bajaba a la calle a tomar algunas fotograf√≠as y que cuando considerase oportuno me viniese a buscar. Con c√°mara en mano me plant√© en el puerto en que se estaba llevando a cabo la carga y descarga de los nav√≠os que permanec√≠an atracados. En muchos de ellos un reguero de gaviotas parec√≠a querer y no poder entrar a los mismos para probar los restos del suculento pescado capturado durante la dura y fr√≠a madrugada. El sol anaranjado prosegu√≠a su lucha para dar luz a las embarcaciones en las que resaltaban sus nombres escandinavos. Y es que tanto Skagen como las poblaciones aleda√Īas viven por y para el mar. Los pescadores y marineros a√ļn ven con extra√Īeza la presencia de turistas y bohemios en un lugar tan duro como ese.

Las vallas blaquecinas separan las peque√Īas parcelas de cada casa. Al fondo se vislumbra el torre√≥n de la Iglesia.
Ya en su momento dudaban de la buena fe de los artistas y pintores que dieron sentido a sus creaciones traslad√°ndose all√≠. Un lugar en el que han naufragado multitud de barcos y en el que la meteorolog√≠a puede ser mal√©vola, es extra√Īo que sirva de inspiraci√≥n en este mundo del arte. Aunque nada m√°s lejos de la realidad‚Ķ

 

Skagen, históricamente hablando, ha sido siempre un enclave alejado pero muy estratégico en las idas y venidas bélicas entre los países escandinavos. Quizá más en la época vikinga y medieval porque durante siglos no tuvo mayor importancia que la que le daban los transportes de mercancías por mar. Siempre estuvo rodeado de Leyendas de fatales naufragios y accidentes marítimos por la dureza climatológica que provoca temibles tempestades y ventiscas.

Casitas rojas de madera en las que se vende pescado fresco
Incluso se habla que en su momento, aprovechando las características de la costa, había gente de allí que encendía fuegos en la playa que despistaban a los marineros para que los barcos sucumbieran y encallaran, convirtiéndolos en pasto del pillaje local. Pero poco más…

 

No fue hasta 1871 cuando esta regi√≥n norte√Īa no comenz√≥ a gozar del protagonismo que merec√≠a. En ese a√Īo un poeta y pintor nacido en Copenhague, Holger Drachmann (1846-1908), conoci√≥ Skagen y alrededores y qued√≥ tan prendado de su luminosidad y colorido que poco tiempo despu√©s acab√≥ fijando all√≠ su residencia. Lo mismo hicieron otros artistas que quisieron comprobar por ellos mismos que los elogios del maestro Drachmann eran ciertos. Michael Ancher, que se cas√≥ con una pintora local (Anna), tambi√©n se fue a vivir all√≠.

Rebeca y yo posando con las casitas rojas de fondo
Kroyer fue el siguiente de otros muchos quienes quedaron fascinados de los matices que podían captar de esa luz que nunca llega a rozar de intensidad total.

 

Skagen ha sido fuente de inspiraci√≥n de paisajistas de estilo impresionista quienes con maravillosas obras supieron captar preciosas escenas cotidianas de tem√°tica marina. Muchos de sus cuadros pueden recordarnos al mejor Sorolla, autor espa√Īol que retrat√≥ como nadie los paisajes mediterr√°neos.

Hoy en día Skagen sigue vinculado al arte y por ello es posible visitar tanto en su Museo como en la Casa de Michael y Anna Ancher esos magníficos lienzos que tanta fama le han dado al pueblo.

 

La II Guerra Mundial supuso una pausa fr√≠a y cruel que durante algunos a√Īos sustituy√≥ el glamour por las bombas y la destrucci√≥n.

La Iglesia de Skagen (Skagen Kirke) sigue los patrones de todo el pueblo. Paredes amarillas, ribetes blancos y tejados rojizos.
De esa oscura √©poca que sac√≥ lo peor del ser humano quedan restos de b√ļnkers que parecen seguir vigilando la costa apostados en las arenosas dunas.

 

Hoy en día Skagen es uno de los destinos turísticos predilectos de muchos noruegos y suecos, además de los propios daneses, que buscan ocupar sus extensas playas y degustar la gastronomía local como un día hicieron aquellos artistas que plasmaron un paisaje casi indescriptible e impropio de Escandinavia.

 

Y ah√≠ est√°bamos nosotros. Mejor dicho, estaba yo porque Rebeca a√ļn segu√≠a arregl√°ndose en la habitaci√≥n. No hizo falta que me viniera a buscar porque me toc√≥ hacer lo propio a m√≠.

Interior cl√°sico de la Iglesia de Skagen. Del techo cuelgan barcos votivos
Lo mejor de todo es que cuando subí me dijo que yo había tardado más que ella. Ver para creer…

 

El Hotel Skagen S√łmandshjem incluye un Desayuno Buffet en el precio de la habitaci√≥n, y al parecer hacen uso del mismo no s√≥lo los clientes que pernoctan all√≠. Son muchos los lugare√Īos del pueblo que lo escogen para desayunar convenientemente con sus familias en el fin de semana. La oferta no es que sea demasiado variada como me suele gustar pero tampoco est√° mal. La cuesti√≥n est√° en comer de todo para ir bien cargaditos de cara a aguantar las excursiones del d√≠a. Algo de embutido, cereales, boller√≠a, huevos con bacon, pan con mantequilla y mermelada son las opciones que uno tiene para llevarse a la boca por la ma√Īana.

Rebeca y yo haciendo el payaso en la Sankt Laurenti Vej, la arteria principal y peatonal de Skagen
Yo cog√≠ un poco de todo. Rebeca tampoco escatim√≥, cosa extra√Īa en ella que lleva un control f√©rreo sobre todo lo que come.
Le mostr√© las primeras fotos que hab√≠a tomado mientras la esperaba y tambi√©n le expliqu√© lo que √≠bamos a ver ese d√≠a. Aunque ya lo hab√≠a hecho en no pocas ocasiones en la oficina, al parecer por las caras que pon√≠a no se debi√≥ enterar demasiado bien. As√≠ que ‚Äúpor un secuestro digno‚ÄĚ tuve paciencia para que se viera involucrada en lo que √≠bamos a llevar a cabo. Y no era para nada dif√≠cil porque en Skagen, m√°s que monumentos (que no hay), lo que hay que hacer es visitar las mejores zonas paisaj√≠sticas que le han dado fama. Y hay dos que adquieren protagonismo por encima de todas: Grenen y R√•bjerg Mile.

Por tanto, el plan del d√≠a era el siguiente: Dar una vuelta por el pueblo e ir rodeando la costa hasta llegar a Grenen, el √ļltimo reducto de tierra de la Europa continental donde se une el Mar del Norte con el B√°ltico.

Sct Laurenti Vej se compone de tiendas y restaurantes que en verano est√°n abarrotados. En Febrero como veis, no hay demasiado movimiento
Después bajaríamos varios kilómetros al sur (16km) para ver las inmensas dunas de Råbjerg Mile, que forman uno de los mayores desiertos de arena de toda Europa. Indiscutiblemente no podríamos marcharnos sin ver la Iglesia enterrada (Tilsandede Kirke) que es el símbolo de la región por todo el significado que conlleva. Para los tiempos medios y postreros éramos conscientes de que podían ir surgiendo ideas sobre las que ir improvisando. Tampoco quisimos exigirnos demasiado porque podíamos permitírnoslo. Lo mejor de Skagen, si se tiene suerte al respecto, está en la luz y el colorido que un día dieron la inspiración a los mejores artistas daneses. Contemplar y observar cómo se dibujan las siluetas de los hogares, cómo van emergiendo las cambiantes figuras de arena o cómo el Sol va pintando a su antojo los contornos y relieves tanto en tierra como en mar, son razones justificadas para hacer un viaje a este lugar. El espectáculo en Skagen está protagonizado por la luminosidad y las diversas gamas cromáticas que con tibieza decoran un escenario natural diferente.
Una de las vías que divide este pueblo que parece una maqueta

 

La preciosa villa que da nombre a toda la zona fue, por tanto, nuestro primer objetivo. Solitarios fuimos al ras del puerto donde el viento iba limando las filas de casas rojas que son típicas para venta de pescado. Son la versión danesa de los fast food pero no con la escasísima calidad de los fish and chips tan típicos de Inglaterra. Aquí uno al menos sabe lo que come. En verano ponen las terrazas y están abarrotadas de gente que buscan comer pescado. Yo sigo quedándome con los pescaítos fritos de la costa andaluza. El día que los daneses conozcan los chanquetes, los chopitos o la tortillita de camarones será el acabose.


La estatua de un marinero se yergue mirando a esa mar que aunque les da la vida, muchas veces se la quita.

Paisaje agreste y rom√°ntico con el Faro de fondo
Posiblemente es uno de los oficios m√°s duros y respetables que hay. Y por esos lares del norte europeo, la cosa tiene que ser de a√ļpa. En esta regi√≥n, como he dicho antes, se vive por y para el mar. Es un elemento indisolublemente unido al pueblo, al car√°cter de sus gentes, a su historia.

 

Las casitas de rojo combinado con el blanco de puertas y ventanales son uno de los símbolos de Skagen. Por un asomo me vino la imagen del Bryggen de Bergen, aunque allí las construcciones de madera y vivos colores son más espectaculares. Las de Dinamarca son la versión reducida. Además de tener funciones bien diferentes. Simplemente me llegó un chispazo de la bella Noruega y recordé la que para mí es una de las ciudades más bonitas de los Países Escandinavos.

 

Pero no os penséis que lo tradicional en Skagen es ese estilo de construcciones.

Esa extra√Īa gr√ļa met√°lica que tengo detr√°s es uno de los s√≠mbolos de Skagen
Allí es casi uniforme el color amarillo cuyas gamas y matices los moldea el astro solar con sus caprichosos e improvisados movimientos. Caminando por las callejuelas uno se siente como en un pueblo de juguete, tranquilo, silencioso y armonioso. Nosotros paseamos de forma tranquila y relajada dejando a los lados los simétricos vallados de madera totalmente blancos que hacen juego con los ribetes, las puertas y las ventanas de las casas. Fuimos siguiendo esa melodía pausada que compone la equilibrada decoración de un lugar especial. No tiene monumento alguno que admirar, pero tampoco lo necesita. Skagen es una oda a la serenidad, a la calma y al sosiego. Allí uno debe sacar el lado romántico de la vida cotidiana, del duro trabajo en el mar y de los ritos usuales y diarios de la población local. Incluso en el periodo estival, cuando allí hay mucho más dinamismo, tiene que ser posible encontrar la paz y el relax.

 

La iglesia del pueblo sigue los patrones y motivos de los que os hablado para mantener el equilibrio y la sensatez de un todo amarillo y blanco.

Rebeca en Grenen, la playa donde el Mar Báltico y el del Norte terminan fundiéndose al final del todo
Incluso su interior, donde parece sentirse la frescura de la mar, no se salta un ápice los esquemas. Vale la pena sentarse en uno de sus níveos bancos decorados con flores recién cortadas para observar las reproducciones de navíos y barcos de guerra que cuelgan del techo. Es algo que ya pude apreciar tanto en la Catedral de Aarhus como en la Iglesia del pueblo fionés de Bregninge. El mar, para bien o para mal, siempre está presente…

 

Desde la propia Iglesia se puede acceder a la Sankt Laurenti Vej que es la Avenida Principal de Skagen, en su mayor parte peatonal para el uso y disfrute de la población local y del turismo que busca algo más de trasiego. Atravesando el pueblo de norte a sur es el lugar indicado para ir de compras o hacer uso de alguno de sus restaurantes.

Hacer el camino a Grenen, la punta de lanza de Europa, es uno de de los m√°s bellos recorridos de Dinamarca
Abundan en su mayor parte las tiendas, quienes se aventuran a sacar parte de su género a la calle como si de un mercadillo se tratara. Sct. Laurenti saca el lado más cosmopolita y consumista del que es el municipio más septentrional de Dinamarca.

 

Como ya había ganas de disfrutar de los paisajes y de los panoramas naturales que hacen famosa a esta región, fuimos siguiendo las traviesas del tren que llevan hasta el puerto y que pasan por delante del que fue nuestro hotel durante dos días. Me encanta el mundillo del ferrocarril y más en lugares como este en que uno se siente dentro de una maqueta. Eso de que las vías sean un caminito más le da nuevamente un toque romántico y novelesco a esta villa de por sí digna de retratar bellísimas historias.

 

Cogimos el coche para ir hacia Grenen, que apenas está a dos o tres kilómetros del pueblo.

Los grises bunkers nazis se camuflan entre las dunas arenosas de Grenen
Antes de llegar hicimos un intermedio en una especie de gr√ļa antigua desde la cual se divisan los mejores amaneceres. No he llegado a saber qu√© es exactamente pero su dibujo es f√°cil verlo en im√°genes de Skagen. Est√° claro que es uno de sus s√≠mbolos pero desconozco su significado.

 

Avanzamos dejando un empinado faro a la derecha hasta que ya no pudimos seguir más de frente. En un quasi-vacío aparcamiento detuvimos nuestro vehículo para comenzar nuestra andadura en uno de los lugares más mágicos y emblemáticos de Dinamarca.

 

Grenen sí que es con exactitud el punto más septentrional en territorio danés.

Dunas de Grenen
Para muchos es la punta de la lanza de Europa cuyos √ļltimos metros sirven para juntar las aguas del Estrecho de Kattegat (Mar B√°ltico) y las de Skagerrak (Mar del Norte). Sobre todo en verano es muy usual a ver multitud de paseantes realizando el ritual de caminar por la playa arenosa dejando a ambos lados distintos mares hasta que en los √ļltimos metros la estrechez es insalvable.

 

Rebeca y yo plantamos nuestros pies sobre la arena y fuimos marchando en direcci√≥n norte para recorrer el kil√≥metro m√°s intenso y m√°gico en esa franja del pa√≠s. El viento fue dando forma a la playa y al impetuoso Mar B√°ltico que ten√≠amos a la derecha. A nuestra izquierda a√ļn no se hab√≠a incorporado el del Norte, ya que eso s√≥lo ocurre en los tramos finales. Las que s√≠ nos quisieron acompa√Īar fueron las t√≠midas y concentradas dunas de peque√Īo tama√Īo.

Un paseo digno de hacer alguna vez en la vida...
Y tambi√©n los B√ļnkers desde los que un d√≠a se impuso el Reino del Terror y de la demencia. Restos de la enajenaci√≥n m√°s temible del hombre, que suponen un recuerdo perenne de la atrocidad de una de las guerras m√°s cruentas de nuestra Historia. Sus muros grises de hormig√≥n contrastan con ese colorido √ļnico, que a esas horas de la ma√Īana, era el perfecto. Rebeca y yo fuimos comentando que era cierto lo que se hablaba de la luz y el color que tanto hab√≠an asombrado a los paisajistas del Siglo XIX. No parece que la fuerza del Sol llegue a incidir del todo por lo que si el cielo se encuentra despejado (que por fortuna nosotros lo tuvimos as√≠) se puede apreciar un panorama id√©ntico al de los cuadros de Kroger o del matrimonio Ancher.

 

A medida que va avanzando uno se puede aprecia más cerca cómo la lengua de arena vira a la derecha donde la separación entre mares disminuye muy notablemente.

La playa se estrecha poco a poco hasta que los dos mares se unen
A Rebeca y a m√≠ era imposible borrar de nuestros rostros la felicidad de los minutos m√°gicos que precedieron a nuestra triunfal llegada ‚Äúa la punta de Europa‚ÄĚ. Porque la emoci√≥n de llegar al final se puede tocar con los dedos. Uno all√≠ siente que no queda m√°s mundo que ese. S√≥lo resta el vac√≠o, la nada.

 

Cuando dimos la vuelta un gran n√ļmero de familias, y sobre todo parejitas, estaban iniciando lo que ya est√° considerada una de las peregrinaciones naturales y espirituales m√°s apasionantes. Tras escribir dificultosamente sobre la arena ‚ÄúSkagen 2007‚ÄĚ proseguimos nuestro camino por las dunas entre las que se esconden los b√ļnkers. Logr√© entrar a uno con la ayuda del improvisado apoyo de unas grandes piedras que me alzaron al interior. Rebeca, que no es muy amiga de entrar a sitios oscuros (y sucios), se qued√≥ fuera esper√°ndome.

Sele en Grenen
Me sorprendi√≥ que dentro no hubiera basura, botellas y olores corporales como en los que hab√≠a tenido la ocasi√≥n de visitar en Espa√Īa. Puertas met√°licas similares a las de las Cajas Fuertes son las que anteceden a dos o tres salas desordenadas sobre las que un d√≠a se apoyaron con fusiles y granadas los soldados de la Alemania Nazi. La oscuridad dentro es total y pude ver algo gracias a la luz del m√≥vil y de los flashazos de la c√°mara digital.

No fue el √ļnico b√ļnker al que intent√© entrar, pero no hubo suerte al tener todos sus accesos cerrados. Y despu√©s sube que te baja por las dunas hasta llegar al coche para continuar con nuestra ruta del d√≠a. Grenen hab√≠a cumplido e incluso superado nuestras expectativas y el siguiente destino al que deb√≠amos marchar era R√•bjerg Mile, quiz√° lo m√°s impactante de toda la franja norte danesa. Pero cuando apenas llev√°bamos un minuto conduciendo, pasamos por el Faro y no pudimos evitar dejar el coche all√≠ y ver si era posible pasar dentro.

Rebeca al final de Grenen

 

La puerta estaba abierta y dejaba entrever una vieja tienda de souvenirs en los que las postales y posters de Skagen estaban listas para ser vendidas a esas hordas de turistas a los que les quedaban varios meses para llegar. Supuestamente para subir la escalera y disfrutar de las preciosas vistas que se obtienen desde lo alto del Faro hay que pagar. Pero como all√≠ no hab√≠a absolutamente nadie entornamos la crujiente puerta de madera y comenzamos la escalada por las conc√©ntricas escaleras de caracol. El ascenso fue agotador, pero esto se vio totalmente compensado cuando en la parte m√°s elevada, tras abrir una peque√Īa trampilla met√°lica, pudimos asomarnos a la terraza. Desde all√≠ la panor√°mica es excelente ya que la leng√ľeta de arena de Grenen se aprecia al m√°ximo. Y al otro lado se puede observar el amarillo de los muros que colorea el pueblo.

Dos mares en uno solo
Rebeca no disfrut√≥ tanto de la experiencia en las alturas porque para no variar, le dan miedo. No se movi√≥ de la puerta y se pas√≥ los minutos pidiendo por favor para que volvi√©ramos al coche que desde all√≠ se ve√≠a min√ļsculo, casi de juguete. As√≠ que toc√≥ bajar por el empinado faro que lleva d√©cadas orientando a las embarcaciones que pasan por all√≠. El viento azotaba el lugar donde estaba el coche aparcado, a escasos dos o tres metros del mar embravecido. Con m√ļsica de los Beatles iniciamos nuestra marcha definitiva hacia R√•bjerg Mile, que se halla aproximadamente a 16 kil√≥metros al sur de Skagen. Se llega recorriendo dicha distancia por la carretera n√ļmero 40 direcci√≥n Frederikshavn. Claramente se ve en los carteles que hay que tirar a mano derecha hasta que el paisaje da un cambio radical y se pasa de la verde arboleda a lo que uno puede encontrarse en pa√≠ses m√°s propios del Norte de √Āfrica. La m√≠tica Let it be cantada por McCartney supuso la mejor Banda Sonora posible a nuestra llegada a tan ins√≥lito lugar.
Paisaje en Grenen


R√•bjerg Mile es un conjunto de grandes dunas migratorias que forman un desierto de arena en una zona realmente impropia para que este hecho se d√©. Entre el agua y el bosque no son pocas las hect√°reas arenosas que pueden llegar a alcanzar una altura de 40 metros. Este lugar tan m√°gico y original causa extra√Īeza a todo el que se desplaza para admirar un paraje natural que puede ser t√≠pico en Marruecos, Mauritania o T√ļnez pero no de pa√≠ses del norte de Europa y menos de Escandinavia.

 

Ni Rebeca ni yo nos esperábamos en absoluto que la extensión del complejo desértico fuera tan grande. En cuanto nos bajamos del coche y caminamos atravesando los montículos accedimos a una zona en la que, favorecidos por un cielo azul espectacular, nos sentimos como si estuviésemos en medio del Sahara.

Sele & Grenen
Las dunas allí parecen olas que ondean lenta y pausadamente al compás del viento, que se deja notar bastante. Nosotros afortunadamente no lo sufrimos demasiado, siendo conscientes de la suerte que habíamos tenido con la climatología. No es lo mismo ver ese terreno desértico un día con el sol espléndido (que no intenso) que cayendo una manta de agua o con una tormenta de arena que no nos hubiera dejado ni caminar.

Pero la fortuna nos había sonreído tanto ese día que pudimos disfrutar como enanos de la arena, donde se nos hundían los pies y a veces las rodillas. En mi caso fui más allá y me tiré por completo al suelo como si fuera una croqueta. Total qué más me daba si tenía granitos de arena hasta en los rincones más insospechados…

 

No es por presumir pero creo que las fotografías quedaron espectaculares.

Subido a uno de los Bunkers de la II Guerra Mundial
S√© que el 99% lo pone el paisaje y el resto el que saca la instant√°nea, pero todo cuenta, ¬Ņno? La verdad es que la luminosidad era tan perfecta que me dej√≥ retratar para todos vosotr@s este trocito de desierto escondido en el Norte de Jutlandia. Y Rebeca, buena fot√≥grafa, sac√≥ unas muy bellas im√°genes. Hay que darle ya el Premio Olympus C-50.

 

Estábamos contentos y felices de estar presenciando ese capricho de la naturaleza que suponen no sólo las dunas sino la totalidad de esa región tan alejada de nuestros hogares. ¡Vaya sábado más impresionante que estábamos pasando! No me canso de decirlo. No sé si existe la felicidad absoluta pero cuando estoy viajando siento algo que se debe parecer muchísimo.

 

Excepto en un primer momento en que vimos un grupo marcharse dejando sus huellas sobre la arena, estuvimos todo el tiempo solos.

Panor√°mica de Grenen tomada desde lo alto del Faro
Rodeados de ese vac√≠o tan personal y tan fuerte que sentimos quienes adoramos el Desierto. Silencio y el √ļnico movimiento de millones de part√≠culas de arena que se mueven a tenor de lo que les ordena el viento. ¬ŅQui√©n dice que en el desierto no hay vida? Por supuesto que la hay‚Ķ

 

En la parte m√°s alta de la macroduna de R√•bjerg Mile se puede ver tanto el agua como el bosque, algo ya m√°s complicado tanto en el Magreb como en otras regiones des√©rticas. Algo de Dinamarca ten√≠a que haber, ¬Ņno?

 

Lentamente nuestros surcos sobre el mar de arena se fueron cerrando hasta que dimos por finalizada la magnífica experiencia en el que es el Desierto más impactante de Europa.

Rebeca tenía un vértigo tremendo
Sacudiéndonos la arena del abrigo, pantalones y botas, entramos al coche donde nuevamente nos esperaban esos genios llamados Beatles. El interior del vehículo no se salvó de esa arenilla que habíamos sido incapaces de quitarnos, tanto en Grenen como allí.

Seguimos el mismo camino por el que habíamos venido. Entre Rabjerg Mile y la carretera 40 que une Skagen con Frederikshavn hay un verdísimo bosque que contrasta con ese paisaje que acabábamos de contemplar. Vastos pinares sobre terreno arenoso en el que uno puede observar preciosas casonas y granjas blancas con entramados de madera. En una de ellas vimos que había muchísimos caballos a los que les estaban dando de comer. Rebeca, que ya se había fijado en ellos en el trayecto de ida, me comentó que nunca había montado y que es algo que le gustaría hacer alguna vez. A mí es algo que me fascina y sí he tenido la suerte de hacerlo en contadas ocasiones.

Abajo el rompeholas y nuestro coche que parece de juguete
A√ļn recuerdo que uno de los d√≠as m√°s incre√≠bles de mi vida lo pas√© en las praderas de Mongolia, en un lugar llamado Orkon Waterfalls, donde tuve la oportunidad de cabalgar a mis anchas junto a mis amigos. Fue una experiencia inolvidable y con ganas de rememorarla me baj√© del coche y fui a preguntar si pod√≠amos dar una vuelta a caballo por alguno de los caminos agrestes de la zona. La due√Īa de la casa, que estaba acondicionando el establo en que viven los animalitos, me dijo que no prestaba ese servicio hasta el veran,o pero que si quer√≠amos por unas 220 DKK (30 euros aprox) cada uno nos har√≠a una ruta de una hora u hora y media. La verdad que tanto a m√≠ como a Rebeca nos pareci√≥ mucho dinero para nuestros ajustados presupuestos. Al principio nos animamos y dijimos que s√≠, pero cuando la mujer nos dijo que fu√©ramos dentro de una hora, no nos hizo mucha gracia. No deb√≠a quedar demasiado tiempo de luz y todav√≠a nos quedaban algunas cosas por hacer. As√≠ que concretamos que si pas√°bamos ser√≠a dentro de esa hora, pero en nuestras mentes ya no entraba tal posibilidad.
Me encanta subirme a lo más alto. Sólo por las vistas vale la pena el esfuerzo
√ćbamos a ir hacia la Iglesia enterrada y ya ver√≠amos qu√© hacer.

Finalmente después de pensarlo decidimos posponer lo de los caballos para otra ocasión. En la Sierra de Madrid podíamos ir cualquier día y cabalgar por sus senderos. Digamos que es algo factible en casi cualquier parte del mundo.

Olvidado el tema caballar accedimos definitivamente a la carretera n√ļmero 40 en direcci√≥n a Skagen y pocos kil√≥metros antes del pueblo nos desviamos a la derecha a un camino que se mete en el bosque. En un aparcamiento pr√°cticamente vac√≠o dejamos nuestro Ford porque para llegar a la m√≠tica Iglesia enterrada (Tilsandede Kirke) se debe ir andando (tres o cuatro minutos, no os asust√©is). Digo m√≠tica porque hoy en d√≠a es el s√≠mbolo de esta zona gobernada por esas dunas movedizas que durante siglos han ido consumiendo terrenos f√©rtiles e incluso peque√Īas aldeas como las que rodeaban dicho monumento.

Rabjerg Mile, el Desierto del Norte de Jutlandia

Enseguida vimos alzarse a la torre totalmente blanca que en su d√≠a hizo de campanario de una Iglesia y de un pueblo que ya no existen porque fueron ocultados por las imparables dunas. De ah√≠ el nombre de Iglesia enterrada. La que es portada de la Lonely Planet dedicada a Dinamarca (en ingl√©s) atrae a m√ļltiples viajeros (sobre todo en verano) que se sientan a su alrededor para ver c√≥mo inciden los rayos de Sol cuando √©ste se oculta hasta el d√≠a siguiente. El color blanco inmaculado de la Torre (que en su d√≠a fue anaranjado como el ladrillo) se torna de miel en los atardeceres despejados durante unos minutos hasta que lenta y pausadamente se va apagando. Es como si un proyector lo apuntara como una linterna y le fuera cambiando matices y tonos a su antojo. En cuanto el espect√°culo finaliza, hay quien rompe a aplaudir efusivamente como cuando se cierra el tel√≥n en el teatro. Porque eso es exactamente Skagen, un teatro cuyos actores principales son el Sol y el cielo quienes juegan caprichosamente con la iluminaci√≥n natural.

Cascada de arena de Rabjerg Mile

 

Rodeamos el monumento, que en un principio no vimos en absoluto que estuviera enterrado. Para ello tuvimos que darnos la vuelta para que, en su parte trasera, pudi√©ramos observar c√≥mo de lo que en su d√≠a fue una puerta tan s√≥lo se ven unos cent√≠metros. Hay placas informativas sujetadas por atriles en que uno puede ver c√≥mo era el templo de origen medieval y el pueblo de alrededor hasta que fue devorado por la arena en el Siglo XVIII. Con √©stas uno puede hacerse medianamente a la idea de c√≥mo deb√≠a ser el lugar casi trescientos a√Īos antes.

 

La Iglesia enterrada no debe ser considerada como un monumento rese√Īable arquitect√≥nicamente hablando.

Quedé fascinado con este lugar
Más bien es un símbolo, un punto de encuentro en el que se detiene todo el que pasa por Skagen. Una perfecta metáfora del paso del tiempo y de la inexorable marcha de la naturaleza, a la que nunca se le puede detener. Siempre fue así y siempre lo será…

 

¬ŅY qu√© hacemos ahora? pregunt√≥ Rebeca. Le contest√© que no ten√≠a ni idea pero que hab√≠a que aprovechar el tiempo de luz que quedara porque cuando se hiciera de noche tendr√≠amos m√°s tiempo libre para comer algo, descansar y perrear incluso. As√≠ que cogimos el coche y volvimos hacia Skagen donde por casualidad nos detuvimos en uno de esos Museos al aire libre con casitas de √©poca decoradas tal cual deb√≠an ser antiguamente y que tanto gustan a los daneses. Skagen By-Og Egnsmuseum se sit√ļa en la calle Nielsensvej (8-10) al sur del pueblo.

Rebeca, como siempre, ri√©ndose de todo. Cu√Īaaaaaaaao!!
Es f√°cil de encontrar porque su molino de madera es visible casi desde cualquier parte. Este Museo de peque√Ī√≠simas dimensiones muestra con viviendas y construcciones antiguas tra√≠das de toda Dinamarca c√≥mo era la vida r√ļstica y tradicional de los siglos precedentes. Obviamente no es ni la vig√©sima parte del Den Gamle By de Aarhus del que ya os habl√© en uno de los relatos de mi primer fin de semana dan√©s. Pero s√≠ es curioso para el que est√© all√≠ ver el funcionamiento de un molino, entrar a un antiguo establo o ver una granja al completo. Por 30 Coronas Danesas (5 para ni√Īos) se puede pasar un rato entretenido en familia. Para plan tranquilo est√° bien. Nosotros no pagamos por entrar pero es que no hab√≠a nadie para tal efecto. Y nos gust√≥ sobre todo la vivienda de los granjeros en las que todos y cada uno de los objetos son originales y no reproducciones.
Esta foto podr√≠a estar tomada en Mauritania, Marruecos o T√ļnez...
Eso sí, queda algo cutre la figura de cartón piedra del hombre de la casa durmiendo en la cama.

 

En Skagen se pueden ver m√°s cosas muy interesantes, pero se encontraban cerradas. As√≠ por ejemplo las casas de los pintores que tanta fama dieron al pueblo. La que comparti√≥ el matrimonio Ancher (Anchershus) abre tan s√≥lo los fines de semana de invierno, aunque en verano lo hace diariamente (50 DKK). Conserva recuerdos de la pareja adem√°s de alguna de sus creaciones. Esta casa fue ocupada hasta los a√Īos 60 por Helga, su hija.

 

La Residencia de Holger Drachmanns (Drachmanns Hus) abre de Mayo a Octubre, además de los días festivos de Dinamarca para mostrar el espacio interior en que vivió el artista.

No pude evitar tirarme a la arena

 

Aunque es quiz√° el Museo de Skagen (Skagens Museum) ubicado en Br√łndumsvej 4 donde se pueden disfrutar de las excelentes colecciones pict√≥ricas tanto de los Ancher como de Kroyer o lo que es lo mismo, La Escuela de Skagen. Por 70 Coronas (casi 10 euros, lo que es excesivamente caro para mi gusto) uno puede pasarse por all√≠ para observar en el √≥leo esos preciosos paisajes de luz tan t√≠picos del norte jutland√©s.

 

Como ya parecía que al Sol no le quedaba demasiado para ocultarse nos fuimos definitivamente a una de las playas del sur de Skagen, más o menos a la altura de la Iglesia enterrada, aunque llegamos allí bordeando la costa y no por la carretera 40.

Las dunas de Rabjerg Mile son uno de los m√°s extra√Īos fen√≥menos de la naturaleza en Escandinavia
Al fondo de las mismas, donde había algunos coches aparcados, hay bastantes dunas altas, más consistentes que las de Rabjerg Mile, por lo que las vimos idóneas para subirnos y ver el color del cielo en el horizonte.

Fuimos por el sitio m√°s dif√≠cil y para llegar a lo m√°s alto tuvimos que caminar a gatas para no caernos. Vaya imagen m√°s lamentable que dimos, pero nos lo pasamos genial haciendo el mono. Vali√≥ la pena, por supuesto, no s√≥lo por las risas que nos echamos, sino tambi√©n por ver ese Sol acompa√Īado de nubes que hac√≠a fuerza para no caer al vac√≠o y traer el ocaso. Estuvimos all√≠ un buen rato y como la puesta se hac√≠a esperar volvimos rodeando caminitos de arena y descendiendo por dunas en las que lo m√°s f√°cil hubiera sido caer rodando. Ten√≠ais que haber visto a Rebeca c√≥mo apoyaba los pies mientras el viento le dejaba el pelo como a la ni√Īa del exorcista. ¬°De traca esta ni√Īa!

 

Como nuestros est√≥magos rug√≠an por lo tarde que era (m√°s de las cuatro) y no probaban bocado desde el amanecer, decidimos volver al √°rea del hotel para buscar alg√ļn restaurante.

Sele en Rabjerg Mile
Pr√°cticamente de all√≠ sale una calle que llega hasta Sct. Laurenti llamada Havnevej donde hay bastantes sitios para comer (sobre todo italianos). Que est√©n abiertos es otra cosa. Nosotros terminamos comiendo pizza en uno llamado FIRENZE donde nos entr√≥ una modorra fuera de lo normal. Tuvimos que salir a dar una vuelta por el pueblo para despertarnos y bajar el llenazo que la comida hab√≠a ocasionado en nuestros cuerpos. Y a√ļn hab√≠a luz. El atardecer en esa regi√≥n es incre√≠blemente lento y permite ir disfrutando largo rato de figuras y tonos luminiscentes realmente prodigiosos. Caminando por las calles aleda√Īas a la Estaci√≥n de Trenes fuimos testigos de cambios repentinos de colores. En el norte, direcci√≥n Grenen, el rosa del cielo parec√≠a incluso llegar a la gama del fucsia. En el sur en cambio, la espectacularidad era total y bien distinta. Parec√≠a que el horizonte ardiera como una fogata a punto de apagarse, donde s√≥lo quedan esas √ļltimas brasas que se resisten a desaparecer. Tom√© una foto realmente impactante que reflejaba exactamente lo que all√≠ estaba sucediendo.
Las dunas, olas de arena al sur de Skagen
Como dijo Rebeca, parec√≠a el decorado de ‚ÄúLo que el viento se llev√≥‚ÄĚ. S√≥lo faltaba que alguien gritara la famosa frase de ‚ÄúA Dios pongo por testigo‚Ķque jam√°s volver√© a pasar hambre!!‚ÄĚ

 

La oscura tarde la pasamos merodeando por el pueblo en el que daba la impresión que tan sólo lo habitábamos nosotros. Ya presos del agotamiento decidimos tomarnos el resto del día con tranquilidad. Poco faltó para que nos quedáramos dormidos en la habitación del Hotel. Fueron las gracias de Mister Bean las que nos mantuvieron avispados. Nos echamos bastantes carcajadas viendo el desaguisado que organiza dicho elemento en un restaurante y en una recepción de la Reina de Inglaterra donde le acaba dando un cabezazo que hace que el de Zidane en la final del Mundial sea una travesurilla sin importancia.

Rebeca, qué buena foto me hiciste!!

 

Ya de noche fuimos a buscar un buen sitio para cenar pero tan s√≥lo permanec√≠a abierto el Restaurante en el que hab√≠amos comido las pizzas. Llegamos incluso a coger el coche para ir al pueblo de Alb√¶k situado a medio camino entre Skagen y Frederikshavn. Pero all√≠ lo √ļnico que vimos en movimiento fueron las barreras del Ferrocarril para que pasara un solo vag√≥n. Ni un alma alrededor. ¬ŅPero d√≥nde se mete esta gente un s√°bado por la noche?

 

A pesar de que me negaba a volver de nuevo al Firenze no hubo más remedio que cenar allí. Al menos en este caso se invitaba Rebeca por una apuesta que habíamos hecho semanas antes.

La Iglesia enterrada (Tilsandede Kirke)
Todav√≠a hay gente que no sabe que yo cuando juego, lo hago sobre seguro... La Lasagna estaba deliciosa‚Ķ y m√°s cuando no me tuve que rascar el bolsillo.  

Y así la noche se fue cerrando más y más hasta que la luna llena bajó definitivamente el telón. La función se había terminado y el espectáculo había sido todo un éxito.



José Miguel Redondo
El Rincón de Sele

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Sele en Grenen
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Rebeca al final de Grenen
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Skagen
photo by: Sele