Rumbo al Norte de Jutlandia (Denmark III: Episodio Final)

Skagen Travel Blog

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Casi sin tiempo para asumir lo vivido en Fionia durante el último fin de semana, Rebeca y yo nos vimos embarcados en una nueva aventura por tierras danesas. El tramo laboral del lunes-jueves fue bastante más duro y difícil de lo normal. Por una parte me sentí algo cansado y con miles de recuerdos en mi cabeza, pero por otra tenía la ilusión totalmente intacta por volver a Dinamarca a ver uno de las zonas que más me llamaban la atención: El extremo norte de Jutlandia.

 

¿Qué me llevó a volver a Dinamarca por tercera vez en un mes? ¿Por qué tantas ganas de ir al norte jutlandés? He aquí las respuestas:

 

Apenas volví del primer fin de semana danés entré por casualidad a mirar la página web de Ryanair (http://www.ryanair.com). Tenían una oferta que tan sólo duraba unas horas en la que si comprabas un billete de avión te regalaban otro gratis mientras fuera antes del 8 de febrero. Me metí para probar y me pidieron un número de confirmación de reserva. Busqué en mi correo uno de estos números y lo introduje en la casilla correspondiente. Entonces me dio la posibilidad de hacerme con dos tickets de ida y vuelta por 2 céntimos de euro cada uno (ni pago de tasas ni nada). Llamé a Rebeca, que trabaja conmigo y le pregunté si le apetecía ir a Skagen (zona norte) un fin de semana después de nuestro miniviaje a Fionia previsto para el 26-28 de Enero y del que os he dado cuenta en esta crónica. Mi amiga no dudó un segundo y poco más tardamos en hacernos con unos nuevos billetes de avión Madrid-Billund. Los terceros en menos de un mes por mi parte (Los segundos en la suya).

 

Cuando lo comenté en casa o a mis amigos pocas personas hubo que no se echaran a reír o me tildaran de loco. Me preguntaban que qué demonios me podía a llevar a Dinamarca por 3ª vez en tan poco tiempo. Mi respuesta fue clara: Y si hubiera una quinta o sexta mejor, ¿no?

 

En realidad, después de empaparme de guías, artículos o webs de Dinamarca me había dado cuenta de que había un lugar distinto a todo lo que había tenido la suerte de ver en ese país. Un lugar del que habían quedado extasiados un buen número de pintores y demás artistas quienes trasladaron sus residencias al que es uno de los rincones más inhóspitos y duros climatológicamente hablando de la Península de Jutlandia. Donde no pocos barcos, tanto de pesca como de guerra en otros tiempos, sufrieron incontables naufragios y catástrofes. Pero donde hay un paisaje diferente de extremada belleza que se encuentra marcado inexorablemente por una caprichosa mezcla de luminosidad y colorido que crean visiones casi imposibles de describir. Ese lugar se llamaba y se sigue llamando Skagen y es el punto más septentrional de Dinamarca sin contar, por supuesto, Groenlandia o las Islas Feroe. En esa zona tan norteña no sólo está el pueblo del mismo nombre al que bajan a veranear suecos y noruegos, sino que también se encuentra el punto exacto en que se une el Mar Báltico (derecha) con el Mar del Norte (izquierda). O las impresionantes dunas de Råbjerg Mile donde uno puede sentir cómo el desierto se extiende por el frío horizonte. Y qué decir de la Iglesia enterrada que ha servido de portada para la versión inglesa (y única) de la Guía Lonely Planet dedicada al país danés (ver foto). Pero es que Skagen es algo más que esos puntos concretos como podréis ver en el siguiente relato.

 

El viaje no sólo iba a estar centrado en esa parte (que reservaríamos para todo el sábado), ya que pasaríamos a ver otra ciudad muy importante de Dinamarca, cuyo nombre es Aalborg, y donde a parte de visitar una metrópoli interesante cultural y arquitectónicamente hablando, disfrutaríamos de uno de los lugares más misteriosos, enigmáticos y de mayor riqueza histórica del país: Lindholm Høje.

 

Lindholm Høje es un enorme cementerio vikingo dispuesto sobre una colina a las afueras de Aalborg. Incontables piedras dispuestas en forma de barco o de círculo donde decenas de siglos antes fueron incinerados un sinfín de habitantes de esta étnica de fama bélica que se asentaron en Escandinavia.

 

Por tanto, el sábado estaría dedicado al paisaje único de Skagen y alrededores, y el domingo, de camino hacia Billund, dedicaríamos nuestro interés en seguir los pasos de los Vikingos en Aalborg y más concretamente en su milenario cerro. Y quien sabe si este día podía dar para algo más. ¿Acaso lo dudáis?

 

Así que otro viernes más nos vimos con la consiguiente expectación y con las maletas en el trabajo para que nada más terminar de comer, coger un taxi al Aeropuerto de Barajas. En esta ocasión (y es que son 3 muy seguidas) la tensión se había visto aminorada en ambos viajeros. Rebeca seguía con su respeto al avión e incluso llevaba tranquilizantes para darme mucho la brasa. Yo, como siempre, atando los cabos de última hora y calmando a mi madre, que es la que peor lleva mi vena viajera. Decía que cómo iba a conducir tantas horas (3 y media o cuatro) de noche por un país desconocido. La verdad que la entiendo y soy consciente de su inmensa paciencia conmigo. Pero para eso es mi madre y por eso yo la quiero tanto.

 

Antes de coger el taxi a la salida de la oficina dejé un mensaje en mi web (El Rincón de Sele) con el planning y unos mapas que ubicaban el lejanísimo Skagen donde dormiríamos pasada la medianoche. Como veis se sigue un idéntico ritual en todos mis viajes, pequeños o grandes. Lo más gracioso es ver cómo la gente te despide como si no te fuera a ver más. ¡Y es sólo un fin de semana!

 

En 10 minutos el taxista nos dejó al final de la Terminal 1 de Barajas desde donde se factura con Ryanair. Y esos tiempos muertos que tan largos se me hacen los pasamos caminando entre el ir y venir de la multitud. También aprovechando la coyuntura y que el trayecto en avión se tiende a pasar largo, nos hicimos con un par de revistas para amenizar las 3 horas de duración con algo de lectura. Yo me cogí una de viajes mientras que Rebeca compró una de esas que nadie lee pero de las que se venden millones de ejemplares.

 

Embarcamos a su hora y despegamos convenientemente en el momento establecido cuando compramos los billetes (16:55). Si un solo minuto de retraso. Esas son cosas que me hacen convencerme cada vez más de que el funcionamiento de las Aerolíneas de Bajo Coste es mejor que el de las grandes. Por lo menos más respetuoso y con mayor formalidad. Un nombre no tiene por qué serlo todo.

 

Tuvimos un vuelo tranquilo en el que hasta Rebeca llegó a quedarse algo adormilada. Posiblemente le ayudaron los tranquilizantes aunque creo que poco a poco va superando esos miedos absurdos a los aviones. Todo está en la cabeza y para vencer las fobias hay que enfrentarse a ellas de cara. Ella al menos lo está haciendo y pienso que le está dando resultado.

En las 3 horas que duró el trayecto al Aeropuerto Internacional de Billund me dio tiempo a leer minuciosamente las dos revistas que habíamos comprado. Sí, la del corazón también. Y es que el mundo del colorín parece que está muy convulso últimamente.

 

En resumen, el trayecto fue un tostón infumable para no variar. Nada más aterrizar seguimos punto por punto idéntico ritual que la semana anterior. Rápido a por las maletas y deprisa a la Oficina de Hertz para coger el coche que habíamos alquilado una vez más por 107 euros.

Nos dieron un Ford S-Max, tal y como les habíamos pedido, pero era Gasolina y no Diesel como siete días antes. Por tanto había que preparar un desembolso extra por el consumo de carburante, que además estaba más caro que la última vez que habíamos estado allí.
Antes de comenzar a conducir nos tomamos unos bocadillos que llevábamos en las mochilas. No queríamos parar demasiado para no llegar muy tarde al hotel de Skagen, que por cierto, habíamos reservado por internet desde la web de la Oficina de Turismo de Dinamarca (
http://www.visitdenmark.com) en el apartado de Alojamiento. Éste nos había costado casi el doble que el Bed&Breakfast de Odense, pero es que para esas fechas era de lo poco que había abierto en la diminuta ciudad norteña.

 

Así que arrancamos “nuestro coche” para comenzar un viaje de mayor duración que el vuelo por la estrellada noche jutlandesa. El trayecto era larguito (385 km aprox) y debíamos ir con paciencia para atravesar de sur a norte la Península de Jutlandia. Mi idea era llegar allí en torno a la una de la madrugada, aunque si podía ser antes mejor. Conociendo las carreteras danesas, que están en perfecto estado y no suelen tener atasco alguno, la tarea era pan comido. Lo único que temía era que nos lloviera y a tenor de lo que veíamos sobre nuestras cabezas no parecía en absoluto que fuera a caer una sola gota. Sorprendentemente, y contradiciendo a las pesimistas predicciones meteorológicas, la noche era espectacular con un cielo despejado e iluminado por la luna llena, que se convirtió en nuestra aliada.

 

Mirar el mapa, adecuar los asientos y los espejos, adecuar el climatizador a la temperatura correcta y poner música para amenizar nuestra marcha fueron nuestros primeros movimientos antes de partir rumbo a Skagen. En esta ocasión habíamos aprendido la lección y llevábamos CDs suficientes para sacar de un apuro a cualquier sala de fiestas. La Banda Sonora Original de nuestro viaje sería la siguiente:

 

  • Fito y los Fitipaldis. “Por la boca muere el pez”
  • Enrique Bunbury. “Canciones 1996-2006”
  • M-Clan. “Retrovisión 1995-2006”
  • The Beatles. "Love" (Espectáculo del Circo del Sol)

  • El Canto del Loco. “Estados de ánimo”
  • Pignoise. “Anunciado en TV”
  • Pereza. “Animales”
  • Madonna. “Confessions Tour”
  • Todo Éxitos 2006
  • Abba. “Abba Gold”
  • Roxette. “A collection of Roxette Hits: Their 20 Greatests Songs”
  • “Tributo a Radio Futura” (un disco con los temas de Radio Futura cantados por artistas con renombre del panorama nacional como Bunbury, El Canto del Loco, Andrés Calamaro, Álex Ubago, Rosendo o Rosario Flores, entre otros)

 

La canción “Oigo música” del grupo español M-Clan marcó el inicio de otro de esos fines de semana que recordaré durante toda mi vida. 48 horas intensas y bien aprovechadas que nos mostrarían nuevamente la mejor cara de una Dinamarca más inhóspita a la vez que bella.

Rebeca y yo sentimos una euforia mayor de lo normal que impedía recordar una semana normal y corriente en el trabajo. Parecía que seguíamos allí desde la semana anterior como si esa pausa no hubiera tenido lugar.

 

Con el itinerario en la cabeza y los susurros cantarines que comenzaban a aflorar tímidamente, recorrimos la carretera número 28 hasta Vejle donde cogimos la Autopista E-45 dirección AARHUS (y Aalborg) que debíamos seguir durante la casi totalidad del viaje. Tan sólo a 30 kilómetros antes de Skagen, en una ciudad portuaria llamada Frederikshavn (donde van Ferries a Suecia, Noruega y a la Isla de Læsø) había que tomar una carretera secundaria que va bordeando la costa. Como veis es sencillo.

 

En general las infraestructuras danesas en forma de autopista y carreteras son absolutamente admirables. Y si a eso se le une la pericia y prudencia de los conductores, la cosa va “sobre ruedas”, nunca mejor dicho. Raras veces les verás saltarse el límite de velocidad (110 en Autopistas y Autovías) o pegársete al culo del coche, o incluso dar intermitentemente las luces largas para que te apartes de su camino y dejarles pasar. Este tema ya lo había tratado en otra ocasión a lo largo de esta crónica de tres fines de semana, pero es que es algo que hace falta reseñar. Si la carretera es buena y los conductores también, tened seguros que el índice de accidentes no es sumamente elevado. En España estamos acostumbrados y anestesiados con las tristísimas cifras de muertes por este hecho. Pero parece que es sólo una noticia más en la radio o la televisión cuando en realidad es una de las mayores lacras con las que convive el ser humano día a día. Y la culpa es de todos…

 

Dejamos poblaciones como Horsens, Aarhus o Randers antes de llegar a Aalborg y cruzar el Fiordo Lim (Limfjorden) que da inicio a la Región del Norte de Jutlandia, que en realidad, es una Isla aparte prácticamente unida a la Península por un puente y un túnel subterráneo. Poco después hicimos nuestra primera parada en una gasolinera cerrada en la que tan sólo pudimos comer algo y estirar las piernas. A mí me dolía bastante la espalda y es que llevaba todo el día sentado. En el trabajo, en el avión, y en ese momento en el coche. Lo que no sé cómo no tengo la columna vertebral en forma de garfio. La temperatura no estaba mal para estar donde estábamos (7º) pero la sensación térmica era menor por el viento que a esas horas golpeaba con insistencia. Afortunadamente el cielo continuó siendo nuestro aliado y nos mostró una noche estrellada totalmente clara. Ya era complicado que le diera por llover con lo poco que quedaba para llegar. Y es que entre Aalborg y Frederikshavn apenas hay mucho tiempo. Al pasar por ésta última nos llamó la atención su preciosa iglesia del Siglo XIX y lo que queda de una torre de defensa. Pero en general esta pequeña ciudad es un puerto en sí misma desde el que salen mayoritariamente barcos de carga, aunque también sirve de punto de partida y destino de ferries con Suecia (Goteborg) y Noruega. A esas horas de la noche (casi las doce) no había ni un alma por la calle. Nada fuera de lo normal. El único soniquete que escuchábamos era el procedente de los altavoces del coche que a esas horas nos deleitaban con un dueto de Pereza con Bunbury realmente fascinante (“Cómo lo tienes tú”).

 

Cuando cogimos la carretera secundaria que bordea las aguas del Báltico ya me noté más cansado. Estaba deseoso de llegar al Hotel y descansar. Había sido un día duro y para la jornada que nos esperaba teníamos que estar frescos. Algo más de 30 kilómetros en línea recta separa Frederikshavn de Skagen. Fui durante ese recorrido con las luces largas puestas porque la oscuridad era bastante patente. Y además había carteles en los que pedía prudencia porque en esa zona es normal que los ciervos y otros antílopes crucen la carretera. Y me temo que no estaba la cosa para tragarnos un venado antes de dormir.

 

Cuando ya estábamos agotados de escuchar música y le pulsamos al off a la radio nos adentramos por fin en una población de casas amarillas con las calles totalmente vacías. Ya hemos llegado. Esto debe ser Skagen • le dije a Rebeca que hacía verdaderos esfuerzos porque no se le cerraran los ojos para echar una cabezada. Una vez hicimos la entrada triunfal a la población más septentrional de Dinamarca nos tocó dar unas cuantas vueltas hasta que por fin encontramos el Hotel que habíamos reservado por internet. Su nombre, Skagen Sømandshjem, a escasos metros del puerto y del centro del pueblo.

 

Dejamos el coche en la calle que da esquina al 99% de discotecas y locales en decenas de kilómetros a la redonda. Incluso tuvimos de “vigilante inesperado” a un lado del vehículo a un personaje bastante perjudicado por el alcohol al que le pusimos el mote de Capitán Pescanova. Sólo le faltaban las barritas de pescado…

 

Llamamos a la puerta del Hotel, que a esas horas se encontraba totalmente cerrado. En internet vimos que el check in se hacía como máximo hasta las diez y media de la noche. Y nosotros habíamos llegado un par de horas más tarde de dicho límite. Pero era algo que ya me había molestado en avisar durante los días previos para que no les cogiera de nuevas. Durante unos segundos nos vimos solos (bueno, no exactamente, el Capitán Pescanova hacía eses por la calle) sin alojamiento. Pero afortunadamente una mujer se asomó por la ventana y tras preguntar por nuestros nombres bajó a abrirnos y a darnos las llaves. No nos pidió documento de identidad, pasaporte o similar. Se fió simplemente y nos indicó cuál sería nuestra habitación para las próximas dos noches. Estuvo contándonos que hacía una semana había venido de pasar sus vacaciones en Tailandia (No es mal destino, lo tengo apuntado desde hace muchos años) y que se le había hecho insufrible tantas horas en avión. Yo con el sueño que tenía como si me decía que había estado con Chanquete de fiesta en Tegucigalpa. No me estaba enterando de la película en absoluto.

 

Subimos a la habitación (creo que era la 218) que no era nada del otro mundo. Limpia, que es lo importante, estaba. La cama me gustó más la del B&B de Odense pero era lo que había. Lo que sí que no me gustó fue que la ducha no tuviera ni siquiera plato. Cuando la usas terminas encharcando todo el cuarto de baño y como no tengas cuidado terminas con agua hasta en la moqueta del dormitorio. Y no estábamos en un albergue. Era un hotel que nos había salido no precisamente barato.  

 

Una cosa buena era tener incluido un Desayuno Buffet de 7:30 a 10:30 de la mañana. Era lo ideal para ir bien cargados para la larga jornada de sábado que teníamos por delante. Mi padre y yo para eso de los Desayunos americanos abundantes somos unos incondicionales. Recuerdo que alguna vez comíamos tanto para desayunar que luego no teníamos hambre a la hora de almorzar. Para mí la primera comida del día es la más importante. Y la que menos engorda…

 

Le habíamos preguntado a la mujer antes de irse a dormir que si habíamos dejado el coche en un buen sitio y nos recomendó que lo moviéramos a un pequeño parking que el hotel tenía en la parte trasera (dando al puerto) porque era una zona más tranquila. Y razón tenía porque a esas horas los borrachos más borrachos del norte de Jutlandia estaban allí. Cuando fuimos a subirnos al Ford para cambiarlo de sitio casi le dimos con la puerta al Capitán Pescanova que tarareaba unos versos marineros con la lengua trabada. Todo un espectáculo semejante personaje. No tengo ni idea de cómo pudo terminar la noche.

 

Y así se pasó ese intenso y extenso viernes del 2 de febrero que dio inicio a otro fin de semana en Dinamarca que nos mostró algunos de los mejores paisajes y las más misteriosas ruinas vikingas que forman parte de un entorno realmente místico. Y es que realmente el norte danés es único…


 Mapa con el recorrido realizado del 2 al 4 de febrero de 2007.
Billund-Skagen-Aalborg-Hobro-Aarhus-Billund

 

José Miguel Redondo
El Rincón de Sele

 

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Skagen
photo by: Sele