Ribe: Una belleza de otro tiempo

Ribe Travel Blog

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Wicho y yo en el coche tras llegar a Ribe desde Aarhus. El especimen que está tumbado detrás con un cigarro en la mano responde al nombre de Juan Ramón Calle.

No hizo falta que sonara el despertador a las nueve de la mañana para despertarme. Durante todo el fin de semana había dormido muy pocas horas pero tenía las fuerzas suficientes y la ilusión a flor de piel porque durante nuestro último día en Dinamarca conoceríamos “la perla de Jutlandia”, que no es otra que Ribe.

Me levanté dando toques a los dos que se venían conmigo en el coche. También irían los cinco nacaritos, pero a su bola, por lo que nos encontraríamos allí a lo largo de la mañana. A Wicho fue más fácil hacerle salir de la cama pero en lo que concierne a Juanra la batalla no había hecho más que comenzar. Me sentí “madre” por unos minutos mientras sin prisa pero sin pausa le movía para que espabilase. Sus únicas palabras no variaron respecto a las de veces anteriores “Lo estás flipando.

Detrás del Río Ribe se encuentra la ciudad del mismo nombre
¿A dónde vamos a estas horas?”. Yo le traté de convencer diciéndole que mientras llegábamos allí (teníamos casi dos horas de camino) le daba tiempo a dormir en el coche. Abatiendo los asientos podía tumbarse como si de una cama se tratara. Pero como el que oye llover…

 

Los demás continuaron durmiendo sin inmutarse de nuestra marcha cada vez más próxima. Pero poco duró su letargo porque el ruido pasó a mayores y además Wicho llamó a las otras habitaciones para despedirse. Aprovechamos también a pedir a Jesulen, que tenía el dinero del fondo común, que nos diera nuestra parte, que ni de lejos iba a dar para comer y echar gasolina al coche antes de devolverlo en el Aeropuerto.

Wichone y yo soportando el frío que pegaba
Exactamente recibimos 300 coronas (poco más de 40 euros) de las 900 sobrantes. Los otros dos tercios serían para los 5 nacaritos y para el grupo que se quedaba hasta el lunes respectivamente.

 

Bajé a recepción a preguntar si con el pago de las habitaciones nos entraba el desayuno y ante la respuesta negativa de la recepcionista me vi obligado a pasearme un par de veces por el Salón comedor y coger algo de bollería, fruta e incluso cereales. No había absolutamente nadie vigilando. Y uno debe luchar por su supervivencia y por su bolsillo…

 

Con Juanra de pie y dispuesto para ir al coche pasamos revista al cuarto para comprobar que no se nos había olvidado nada y nos despedimos de la gente que ya estaba despierta.

Malecón de Ribe con el velero Johannes Dan
De los moribundos como Kalipo mejor no hablar, porque no es que estuviera en el séptimo sueño. A esas alturas estaba en el undécimo por no decir en el enésimo. De los vivos uno a uno fui estrechando la mano de Jesulen, Garci, Javi, Capello, Saúl y el Palentino, quien me dijo que él prefería marchar al norte (Skagen) a ver las dunas. Le mostré un mapa y le dije que no se lo pensara y que les convenciera a los demás para descartar Fionia y aprovechar su estancia en Jutlandia para conocer una de las zonas más espectaculares de la región. Por lo que me enteré después, pasaron por el aro y fueron para allá. Y en absoluto se arrepintieron de hacerlo.

 

Nos despedimos, sabiendo que se quedaban sólo un día más, como si fuéramos a estar todo un siglo sin vernos.

En la Calle Overdammen de Ribe. Al fondo se ve el Campanario de la Catedral
Y es que los “viajes unen” por muy cortos que sean. Yo ya había tenido la oportunidad de haber tenido aventuras en el extranjero con Capello, Saúl, Kalipo o su hermano Jesulen. Con los demás nada de nada, incluso no conocía a varios de ellos. Y sólo puedo decir que tanto Javi como Paco (Palentino boy) me habían sorprendido muy gratamente y para mí fue un placer pasar el fin de semana con ellos.

 

Y después de estas ñoñerías que de vez en cuando me es inevitable decirlas, tocó salir a la calle a por el coche que estaba aparcado en un embarrado parking del puerto a diez minutos del albergue. Un viento desatado acompañado de pequeñísimas gotas de lluvia nos acompañaron durante el camino que llevaba hasta nuestro Toyota Avensis. La fuerza del aire era, si cabe, mucho más fuerte que la que habíamos podido sufrir durante la noche del viernes cuando nos trasladamos desde Billund hasta Aarhus.

Los 3 en la Calle Overdammen (Ribe)
Así que la conducción a Ribe se preveía igual de incómoda y peligrosa, aunque al menos, en esta ocasión tuvimos luz diurna.

 

Con paso firme para no salir despedidos hacia el mar, llegamos hasta el vehículo, que sirvió de refugio en contra del viento y del frío. El agua cesó su caída sobre nosotros dándonos tregua hasta el final del día. Juanra se acondicionó el coche para convertirlo en su habitación particular. Tumbándose bien estirado no necesitó de muchos segundos para caer inconsciente sobre los acolchados asientos del ranchera. Menos mal que tenía a Wicho de copiloto, quien con mapa en mano, me fue ayudando a salir de la ciudad. Debíamos llegar a la Autovía que tendríamos que seguir durante bastantes kilómetros antes de desviarnos a la altura de Holding para alcanzar una carretera secundaria cuyo fin es Ribe.

Juanra, Wicho y yo. De fondo los muros de la Catedral de Ribe
170 kilómetros aproximadamente nos separaban de “la ciudad más antigua de Escandinavia” según los daneses y las distintas guías y fuentes de información que habíamos consultado.

 

El trayecto fue algo más tranquilo que en la ida, pero no más seguro porque me tuve que hacer fuerte al volante para evitar que los golpes de viento nos jugaran una mala pasada. Lo peor de todo fueron los momentos en que nos decidíamos a hacer un adelantamiento a camiones u otros vehículos pesados que se movían de un lado a otro por culpa de los duros soplos. Daba la impresión que se nos iban a echar encima, y para colmo nos proyectaban sobre el cristal todo el agua acumulada en la calzada, lo que nos quitaba bastante visibilidad durante unos segundos.

 

Lo bueno del trayecto estuvo en el paisaje jutlandés en el que se mezcla lo campestre y rústico de las casas y granjas con un verde de infinitas tonalidades e intensidades.

Ribe Domkirke. O sea, la Catedral de Ribe.
Sobre las vastas praderas rodeadas de profusas arboledas se reflejaban algunos rayos de sol que creaban un ambiente más bucólico si cabe. Algunas de las viviendas mostraban musgo o paja en sus tejados bajo la pintura blanquecina de sus paredes, interrumpida por bloques de madera que se entrelazan de arriba abajo.

 

La verdad que no estaba siendo “un domingo cualquiera” en esos que me voy con mi padre al fútbol por la mañana, me como una paella deliciosa con mi madre y paso la tarde con mis amigos del barrio o en el Bernabéu viendo algún partido del Madrid. En ese momento me encontraba al volante de un Avensis por una carretera danesa rodeada de un entorno envidiable yendo a un lugar del que no conocía ni su nombre unos meses antes. Lo mejor de todo es que estaba siendo un fin de semana fantástico en el que había pasado unos días geniales y en los que aún me quedaban unas horas para disfrutar de una de las maravillas de esa Dinamarca a la que no te llevan las Agencias pero que tanto tienen que ofrecer.

Detalle de la Catedral de Ribe
Yo que al principio pensaba que dos o tres días podían ser escasos me estaba dando cuenta de que estaban siendo intensos a la vez que bien aprovechados. Eso de los Weekends viajeros que me propuse para el 2007 (y más allá…) podía ser uno de los mejores alicientes del año. Si todos son tan productivos, divertidos e instructivos como este primero por la parte central y oeste de Jutlandia, habré acertado de pleno. Aunque yo creo que estoy apostando sobre seguro…

Cuando nos salimos de la carretera general para coger la secundaria que llevaba a Ribe nos fuimos metiendo a esa Dinamarca más profunda y rural en la que era más patente cada vez el aislamiento de pueblecitos y aldeas muy alejadas física y psicológicamente del cosmopolitismo de urbes danesas como Copenhague o incluso Aarhus. Parecía que a medida que avanzábamos kilómetros en sentido oeste disminuían los años, las décadas e incluso los siglos hasta que nos vimos a las puertas de la ciudad más bella de toda la Región de Jutlandia.

Vista de la ciudad de Ribe desde la Torre del Campanario. Como se puede observar, está totalmente rodeada de agua

La villa estaba totalmente rodeada de agua, ya fuera por el río como por los campos aledaños inundados que prácticamente llegan al Mar del Norte. Cruzamos con el coche por un pequeño puente hasta llegar al Parking que precede a la entrada de la ciudad antigua. La panorámica no podía ser mejor. En un entorno rodeado de agua, las imponentes torres de la Catedral sobresalían de los pintorescos tejados de las casas bajas que pueblan este mágico lugar. Ribe prometía, y mucho…

 

Juanra tumbado, cigarro en mano, era la personificación de la pereza. Vamos macho, abrígate bien y para afuera…le dijimos mientras nos preveníamos del frío ventoso y húmedo que se sentía desde el interior del Avensis.

Ribe desde lo alto
Con una fruta en la mano de las que habíamos afanado en el albergue salimos del coche y nos acercamos hasta la laguna que se había creado con la crecida del caudal del Río Ribe, que como veis comparte nombre con nuestro próximo destino. Desde allí vimos que al otro lado estaba atracado un navío de época, del que hablan todas las guías. Se trata de la reproducción de un carguero llamado Johanne Dan que en época estival traslada turistas por el río.

Segundos después penetramos en la vistosa villa que en su día fue ciudad de importancia en el Norte europeo y cuya historia merece una mención:

 

Diversas fuentes documentales nos indican que desde el Siglo VIII en el lugar del que estamos hablando se celebraban varios mercados o ferias a lo largo del año, reuniendo a comerciantes, agricultures, granjeros y artesanos de no pocas poblaciones danesas e incluso escandinavas.

Juanra, Wicho y yo soportando el fresquito mañanero de Ribe desde lo más alto de la Catedral
También hay rastros de la época vikinga ya que en torno al año 800 se construyó un foso que delimitaba dicha población. Sesenta años después, Ansgar, proclamado santo por sus labores de evangelización en tierras nórdicas, obtuvo permiso real para levantar un templo cristiano en Ribe y de nuevo las fuentes históricas nos remiten a finales del siglo X para reseñar la existencia de un Obispo en la ciudad.

A lo largo de la Edad Media Ribe se expandió y comenzó su prosperidad, reflejada incluso en la existencia de muralla y residencia real. Su proximidad con la costa, a la que se podía acceder desde el río con todo tipo de medios navales, atrajo numerosos contactos comerciales que hicieron de éste un punto a tener en cuenta en el noroeste europeo. Ya en el Siglo XVI Ribe se había convertido en una ciudad importante de 9000 habitantes que tenía su propia Catedral y cuya subsistencia parecía garantizada debido a la prosperidad de su economía.

Aquí me tenéis en el Campanario con un bonito fondo de Ribe
Pero un terrible incendio destruyó gran parte de la ciudad, lo que supuso un declive paulatino a lo largo de los años. Aunque se reconstruyó prácticamente todo y se realzó lo existente, poco a poco Ribe fue cayendo en el olvido. Y más cuando se fundó la ciudad de Esbjerg (a 30 Km. en la costa occidental) en 1868 que se llevó a todo el comercio de la zona. A esas alturas la considerada “ciudad más antigua escandinava” era la sombra de un pasado esplendoroso y de un futuro solitario. Hasta la actualidad, claro. Hoy en día, debido al fenomenal estado de conservación de sus calles, viviendas y demás construcciones, Ribe ha sabido ganarse a multitud de visitantes que se han quedado asombrados de la existencia de un lugar en el que el tiempo parece no haber pasado. Lamentablemente no recibe todo el turismo que merece, al igual que toda Jutlandia al estar, en cierto modo, alejado de Copenhague, pero poco a poco se está a dando a conocer al mundo para que la redescubra de nuevo.
Calle adoquinada de Ribe, al igual que las principales del centro de la ciudad

Junto a la capital del país, Ribe, tiene el mayor número de edificios protegidos por Patrimonio Histórico. Porque no sólo es vistosa la Catedral, el Ayuntamiento o alguna de sus mansiones. Son todas y cada una de las casas del casco antiguo de Ribe quienes atraen la admiración de propios y extraños, que quedan prendados de las fachadas de lo que llevan siendo hogares durante siglos. Esa es la razón por la que había hecho todo lo posible por incluir Ribe en nuestro itinerario. Y por eso allí estábamos los tres a las puertas de “la perla de Jutlandia” en un domingo cualquiera del mes de enero…

 

Subimos la calle que va desde el Parking hasta la Plaza de la Catedral (Torvet), situada en el mismo centro de Ribe y desde donde se inician todos y cada uno de los recorridos más interesantes en la ciudad.

Interior de la Catedral de Ribe
Éste debe ser vuestro punto de partida y de encuentro. También deberéis tener muy en cuenta a la Calle Overdammen, que es la principal que va desde Torvet hasta el sur y que sirve de referencia al llevar a cabo un itinerario.

Pero dado el sueño que llevábamos encima y el frío que estábamos pasando, decidimos antes de llevar a cabo una ruta por la ciudad, sentarnos en una cafetería tranquilamente para tomar un café o un chocolatito caliente e ir leyendo en la guía lo que podíamos visitar. Nos sentó de maravilla, y más cuando venían coronados con una especie de nata (ni confirmo ni desmiento que lo fuera) que le daba un regustillo bastante bueno. Ya nos sentíamos listos y despiertos para hacer una excursioncilla por la ciudad más pintoresca de la Península de Jutlandia.

 

Fuimos a la Plaza de la Catedral y dimos un rodeo por el empinadísimo templo religioso que apuntaba hacia un cielo en el que las nubes se movían deprisa.

Juanra posa con un molde de su amada "Prima de Willow"
Pero aún quedaban algunos rayos de sol que dar luz y color a una ciudad de por sí con mucho colorido. Tomamos bastantes instantáneas a la altura del Hotel Den Gamle Arrest que, para quien no lo sepa, fue una cárcel hasta 1993. Cuando se cerró, artesanos daneses acondicionaron las celdas para hacer habitaciones y tras ello se ha convertido en uno de los alojamientos estrella en la ciudad del oeste jutlandés. Y como he comentado, está en la misma Torvet, en cuyo centro está la preciosa Catedral, que también está hecha en parte de ladrillo, aunque en origen se hizo encima de otra que había sido de madera. Reúne aspectos sobrios típicos del románico y en los muros del ábside predomina el gótico, aunque para mi gusto es muy del estilo, aunque más grande, de todos los templos escandinavos.
Esta foto tomada en Ribe es quizá la que más me gusta del viaje

 

Y tras divisar el exterior, tocó comprobar cómo le las gastaba en su interior. Es de un aspecto similar a la de Aarhus. Paredes blancas y decoración sobria a excepción de ciertas piezas o murales que se conservan después del incendio sufrido hacía siglos. El púlpito o dos figuras de donantes son algunas de las cosas que más me llamaron la atención. Mejor no hablar de la tropelía cometida en el altar con una decoración consistente en dibujos y cristaleras hechas en plan Picasso que no pega ni con cola. Otro claro ejemplo de lo que no se debe nunca hacer. Esa parte parece sacada de una parroquia cutre de barrio hecha hace dos días. Lo que no comprenden es que se trata de una señora Catedral con más de novecientos años de historia.
Quizá lo más interesante de entrar al templo está en subir a lo alto del Campanario, lo cual lleva su tiempo, y por qué no decirlo, su dinero.

Solitaria calle (Ribe, Dinamarca)
La Ribe Domkirke, tal y como la llaman los daneses, abre al público de 10:00 a 18:00 horas en verano, hasta las 17:00 en otoño y hasta las 15:00 el resto del año. Así que nosotros tuvimos tiempo y luz suficiente para ir escalando peldaños uno tras otro para encontrarnos con el mecanismo que hace sonar las campanas a determinadas horas y para alcanzar el punto más alto en muchísimos kilómetros a la redonda. Desde arriba el viento era aún más insoportable que abajo, pero el ascenso mereció la pena porque uno no sólo divisa claramente la estructura y división de callejuelas de la ciudad, sino que puede ver mucho más allá de la misma. En un entorno totalmente plano, al igual que el que te puedes encontrar en los Países Bajos, y en el que se alternan pastos con una gran cantidad de agua, se puede observar una panorámica preciosa de toda la zona.
Calle Fiskergade
Se distinguen las calles adoquinadas y peatonales que a su vez se dividen en estrechísimas callejuelas como si de un árbol genealógico se tratara. Y viendo toda la cantidad de agua que rodeaba  Ribe, era comprensible el frío que estábamos pasando, no sólo debido al viento, sino también a la humedad del ambiente.

Después de un rato en las alturas nos dispusimos a bajar y a echar un ojo a lo que es el propio interior de la Catedral, del que ya os he hablado antes. A Juanra le sacamos una foto con una figurita pequeña de piedra para que no se olvidara de su amada “Prima de Willow” que se había quedado compuesta y sin chico en Aarhus. Nunca volvería a ver a la pequeña gran mujer de ojos azules que bien podía haber salido de extra en el Señor de los Anillos junto a Frodo, Ferry y Pippin en La Comarca de los Hobbits.

Detalle de la Calle Fiskergade (Ribe)

 

Ya fuera, justo antes de comenzar uno de los recorridos que recomendaba la guía que llevábamos con nosotros, nos encontramos con los cinco nacaritos, a los que les recomendamos el ascenso a la Torre del Campanario de la Ribe Domkirke antes de que cerraran. Nosotros, mientras tanto, haríamos una pequeña ruta a través de las callejuelas donde se esconden los verdaderos tesoros de Ribe, las casas. ¿Nos acompañáis?

 

Nos situamos al principio de la Calle Overdammen, que como antes comenté, va dirección sur desde la catedral. Torcimos por la primera callejuela a la izquierda (Fiskergade) mucho más estrecha y silenciosa.

Columna en la que viene marcado dónde llegó el agua en diversas inundaciones. El punto más alto mide seis metros
Las mayoría de las casas aquí son de color amarillo mostaza, y como muchas otras antiguas, tienen como característica principal los entramados de madera que van tanto horizontal como verticalmente. Algunas de ellas parecen abrirse hacia fuera, como si las plantas superiores fueran de más tamaño que las inferiores. Al final de Fiskergade giramos a la derecha por donde está el río y nos encontramos una columna en la que viene marcado dónde llegó el agua en diversas inundaciones a lo largo de la historia. Nos quedamos alucinados al comprobar que en 1634 el río tuvo una crecida de seis metros, por lo que prácticamente seguro acabó llegando incluso a la Plaza de la Catedral. Allí cuando llueve demasiado, se debe armar una buena. Los habitantes de la ciudad deben tener paciencia porque lo de las inundaciones debe suceder bastante a menudo.
En el velero Johanne Dan, que en verano hace recorridos por el Río Ribe

Caminado con el río siempre a la izquierda llegamos al navío Johanne Dan que vimos al principio. Está atracado justo en frente del Restaurante Saelhunden, que está especializado sobre todo en pescado. El edificio donde se encuentra tiene más de cuatrocientos años de antigüedad. Un buen sitio para probar la comida local, aunque para gente como nosotros, con menos coronas que una bandera de la República, no era del todo accesible. Me temo que lo de los “viajes gastronómicos” no va con nosotros. Esos sólo están reservados para cuando nos movemos por países más económicos como China o Siria, donde te pones las botas en buenos sitios por muy poco dinero. Cuando vas a lugares caros, te ves obligado a sucumbir a la comida rápida.

Casas típicas con entramados de madera horizontales y verticales
Hablo tanto por mí como por mi grupo en el que la economía positiva es complicada de encontrar. Por ejemplo, Juanra ya dependía de préstamos externos para poder comer ese día. Con eso digo todo…

Para ver otra de los puntos más destacados de la ciudad, debéis retroceder más allá de la columna que marca las inundaciones y acceder a la Calle Præstegade, también muy pintoresca, y en cuyo número 15 se encuentra la Casa más vieja de Ribe (1576) de ladrillo rojo y vigas de madera que van de forma horizontal y vertical. Entre las ventanas superiores e inferiores el entramado es más de corte diagonal. La casa, más que por la altura, llama la atención por su anchura. Desde allí, además, se pueden tomar unas instantáneas preciosas mirando siempre hacia la Catedral, cuyas torres se ven desde cualquier parte.

La casa más antigua de Ribe
Este tipo de ciudades, al igual que nos pasó en el Den Gamle By de Aarhus, dan para estar sacando fotos todo el día. Son ideales para los frikis para los que las cámaras digitales son una extensión natural de sus brazos. Si mi colega Chema llega a haber venido ese fin de semana a Dinamarca hubiera acribillado a flashazos a toda la población civil. Bueno, en el caso en que la cerveza le hubiera permitido mantenerse de pie después de las noches del viernes y sábado.

El recorrido lo continuamos al final de la calle, tomando Grydergade hacia la catedral. En la esquina con Skolegade se encuentra una antigua Academia de Gramática de principios del Siglo XVI. Avanzando, en el otro lado, está la considerada residencia más antigua de un obispo danés, que hoy en día tiene la función de Galería de Arte.

Otra casita pintoresca de Ribe
Es curioso como en Dinamarca todo lo evalúan y catalogan como “el más antiguo de…”. Vaya, tienen hasta contabilizada la casa con más antigüedad de un religioso… Ojo al dato, ¿sabéis dónde está la casa más antigua de toda Dinamarca? ¿No? Bueno, os lo diré. Se encuentra en Køge, al sur de la Isla de Selandia, y es del año 1527. ¿Verdad que os habéis quedado igual? Pues eso…

 

Otro de los sitios a tener en cuenta en Ribe se encuentra al sur de la ya mencionada calle Skolegade (en Puggardsgade), donde no sólo hay un gran número de casas bien conservadas, sino que se encuentra una enorme mansión de ladrillo rojo que se la conoce como “La Casa Taarnborg”.

Bonita calle, ¿verdad?
Allí seguimos sacando fotos y más fotos… Menos mal que no se llevan ya las cámaras de carrete, que si no nos íbamos a gastar más en revelados que en todo el fin de semana.

 

Los dos últimos lugares por los que pasamos antes de encontrarnos de nuevo con los cinco que estaban en la Torre de la Catedral fue la Iglesia de Santa Catalina (Sta Catarinæ Kirke), que según las guías fue construida en el Siglo XIII por frailes españoles (si es que estamos en todas partes) aunque la forma actual data de doscientos años después. Volviendo ya a la Torvet, pasamos por el edificio del Ayuntamiento (Den Gamle Rådhus), que también lo venden los daneses como el más antiguo del país. Al parecer se puede visitar por dentro de una a tres de la tarde ya que en el interior exponen armamento medieval.

Ribe´s detail
Nosotros no lo vimos abierto y es que en invierno sólo abre de lunes a viernes.

 

Cuando el hambre asomaba más allá del estómago, aparecieron Miguel, Sergio, Jose, Héctor y Jesús (alias “Nacaritos”) quienes sugirieron rascarnos los bolsillos y probar la comida local danesa. Tras ver algunas cartas de precios nos decidimos a entrar al Restaurante de la planta baja del Hotel Dagmar que no se caracteriza precisamente por ser barato. Por suerte o por desgracia (más por suerte…) no apareció nadie para atendernos y es que allí la gente come a horas muy tempranas para lo que estamos acostumbrados en España. Quienes estaban en la mesa, habían hecho la digestión hacía horas y estaban disfrutando de unos cafés calentitos.

Sentados en un banco (Ribe, Denmark)
Al menos el interior del Restaurante resultaba bastante acogedor, muy en plan taberna de esas buenas que puedes encontrarte en Irlanda o Inglaterra.

Al final terminamos en un Restaurante italiano a la altura central de la Calle Overdammen llamado Pinocchio donde nos pasamos casi dos horas viendo fotos y charlando acerca de la experiencia danesa. Yo me pedí, por probar, la Pizza Pinocchio sin saber qué era exactamente y me encontré con una empanada de espaguetis. Así, como lo leéis. Por fuera me parecía una pizza calzone…pero al abrirla me di cuenta de la evidencia. Decir empalagoso y pesado es poco para definir ese engendro…

 

La verdad que los nacaritos me cayeron bastante bien.

A la derecha se ve parte de la Mansión Taarnborg
Les conocía de oídas e incluso a alguno de haberlo visto en la piscina al haberles invitado Chema (que se perdió un buen finde en Dinamarca). A pesar de no ir su compi de curro con ellos, se lo pasaron muy pero que muy bien. Como todos o más…

 

La conversación estrella en el Restaurante versó sobre la única e inigualable Prima de Willow con la que había intimado Juanra la noche anterior. Ellos, al menos, la habían captado en una fotografía. No fuera a ser que la gente no creyera de su existencia más allá de las fábulas o de las muchas historias de ciencia ficción.

También hablamos de mujeres e incluso de fútbol. Sólo faltó charlar sobre coches para cumplimentar los pilares básicos de toda tertulia masculina.

Iglesia de Santa Catalina, fundada por religiosos españoles en el Siglo XIII

 

Cuando salimos del Pinocchio ya era totalmente de noche y sólo quedaba marchar tranquilamente hacia Billund (a 60 Km.) para dejar el coche en el parking del aeropuerto (cargado de combustible, que si no te dan un buen palo a la cuenta), facturar y coger el avión a Madrid de las nueve menos cinco de la noche. Parece fácil, ¿no? Ilusos…

 

Los nacaritos ayudados por su GPS tiraron rápidamente hacia la ciudad de Lego (cerrada hasta abril). Nosotros, con dos o tres mapas en mano, fuimos siguiendo las “indicaciones” que nos parecían oportunas. Desde Ribe hay por lo menos 3 ó 4 maneras de llegar a Billund, de carreteras más a menos generales. Yo prefería, aunque diéramos más rodeo, no salirnos demasiado de las buenas vías, pero entre unas cosas y otras hicimos lo contrario y fuimos a buscar una comarcal que te dejaba prácticamente en la ciudad aeroportuaria.

Otra bonita foto de Ribe
Cuando creíamos que la habíamos cogido, seguimos avanzando durante largo rato por una carretera no de tercera sino de cuarta o quinta división danesa en la que no había iluminación alguna. Por no haber, no había prácticamente ni casas, ni indicaciones ni nada. Sólo carteles para ir a las aldeas más remotas y desconocidas de todos los tiempos. De esas en las que te puede salir el viejuno del anuncio que decía “Y Franco, ¿qué opina de esto? ¿El Madrid qué? ¿Campeón de Europa?”. Wicho me pedía que me parara en los carteles, como si sirviera de algo. Mientras tanto seguíamos más adelante y el tiempo pasaba. Para colmo se puso a llover. Imaginaos la situación. Conduciendo por una carretera comarcal con la noche cerrada (a pesar de ser por la tarde) sin saber dónde estábamos ni hacia dónde íbamos. Juanra, que no le preocupaba en absoluto el tema, se quedó dormido nuevamente tras abatir los asientos y poner los pies dentro del maletero.
Comida con los Nacaritos
Mientras dejábamos a los lados aldeas de nombres tan impronunciables como diminutas, comencé a pensar que íbamos a llegar muy justos a Billund. Menos mal que habíamos salido con la antelación suficiente… Los nacaritos seguro que habrían llegado ya. Y fijo que habían cogido carreteras más iluminadas y transitadas que por la que estábamos nosotros. En defensa de Dinamarca alegaré que la peor carretera comarcal del país está en mejor estado que cualquiera de las españolas del mismo rango.

 

Pero hubo un momento en el que nos dimos cuenta de que había que dar marcha atrás, desandar lo andado, y volver al punto de partida (Ribe) para allí, tranquilamente, escoger un itinerario más seguro. Resulta que siguiendo la inercia de avanzar para llegar a algún sitio nos encontramos con que en medio de la carretera (sin casa o persona alguna en muchos kilómetros a la redonda) estaba pasando un torrente de agua bastante considerable que la cortaba.

La comida italiana nos dejó bastante llenitos para todo el día
El río se había desbordado y por ahí no se podía pasar. Afortunadamente sirvió de punto de inflexión para dejar de conducir a lo tonto sin saber ni dónde estábamos ni a dónde podíamos llegar. En ese momento mirando la hora había bastante preocupación por la posibilidad que había de no llegar a tiempo al Aeropuerto, con lo que eso suponía. Las únicas palabras que escuché de más o menos aliento fueron las de Juanra diciendo para no variar: “Lo estáis flipando…”. Me dieron unas ganas enormes de abandonarlo en medio de la oscura y lluviosa noche en esa carretera cortada por las aguas.

 

Con el tiempo (horario y meteorológico) en nuestra contra volvimos a Ribe, y desde allí “con cuidado y buena letra” fuimos por carreteras más anchas, con más luz y con más trasiego de coches que antes.

En el Avión de Ryanair que nos dejó en Madrid
Y los carteles apuntaban a Billund… Dándole caña llegaríamos justos, pero llegaríamos al Aeropuerto.

 

Cuando se alquila un coche, se debe devolver con el depósito de combustible totalmente lleno, porque de lo contrario pueden clavarte una comisión de esas que quitan el hipo. 3€ el litro de gasolina + extras = Ruina total. Estábamos extrañados porque los otros 3 coches en el llavero ponía la palabra DIESEL y en el nuestro no. Nosotros, que no éramos precisamente entendidos en el mundo del motor, no sabíamos a ciencia cierta si era como el de los demás o si nos habían hecho la puñeta y nos habían dado un Gasolina. No había ningún sitio que indicara ni una cosa ni la otra. Después, hablando con gente que sabe, me enteré de que se puede saber por las Revoluciones y por el sonido del motor.

Estos viajes a Dinamarca abrieron la veda de los llamados WEEKENDS VIAJEROS.
Pero nosotros no teníamos ni puñetera idea. Así que una vez llegamos al Aeropuerto nos bajamos a la oficina a preguntarlo. Nos dijeron que si no venía indicado en el llaverito, era de gasolina. Vaya listos, ¿no?

Así que raudos y veloces fuimos a recargar de combustible al Avensis en una gasolinera cercaba. Allí, la gran mayoría de las Estaciones de Servicio son totalmente automáticas. Tan sólo están los surtidores en los cuales hay una maquinita para pagar en efectivo (Aceptan euros) o con tarjeta (crédito o débito). Pones la cantidad de dinero que te quieres gastar y le das al número de manguera con el que vas a recargar de caldo al coche.

 

Dejamos el Avensis donde lo habíamos cogido dos días antes y nos fuimos de prisa  a facturar el equipaje al stand de Ryanair de Billund. Faltaban 15 minutos para que echaran el cierre. Pienso que si la carretera comarcal no hubiera estado cortada por la riada nos hubiéramos perdido más aún y por consiguiente nos hubiéramos quedado en tierra esa fría noche de domingo. Pero también pienso que las cosas con emoción se recuerdan más y mejor. Si uno quiere tranquilidad que se quede en el sillón viendo una telenovela…

 

La gente de NACAR estaba en una cafetería próxima a la Puerta de Embarque jugando a las cartas. Nosotros mientras tanto dimos una vuelta por las tiendas del Aeropuerto y vimos algunas figuras realizadas por entero con fichas de Lego. Y es que como ya he dicho más de una vez, Billund alberga el parque temático de Legoland.

 

El avión de Ryanair salió puntual como suele ser en las compañías de Bajo coste, con las que me siento muchísimo más cómodo y mejor tratado que en las que otros llaman “grandes”. Me imagino que con tal adjetivo deben estar refiriéndose a los precios…

 

La ocupación del aparato no llegaba ni siquiera a la mitad por lo que aprovechamos para coger filas con varios asientos vacíos y tumbarnos. Tanto a mí como a los demás se nos pasó el tiempo “volando” (literal y figurado) y es que nos quedamos totalmente dormidos durante todo el trayecto. Llegamos más o menos a las doce menos veinte de la noche, media hora antes de lo previsto. Al parecer nos favoreció el viento que tanto latazo nos había estado dando a lo largo del fin de semana. Con caras casi cadavéricas del sueño que teníamos nos separamos la mayoría en Barajas. Unos cogieron el metro y a otros les vinieron a buscar. En cambio a nosotros nos llevó a casa Héctor, que empalmaría no precisamente con un destino cercano… El tío se marchó tan alegremente hacia su tierra, Asturias. Tengo yo que hacer eso y me quedo dormido en el primer semáforo con el que me cruce en el camino. Pero bueno, como dice el refrán, “sarna con gusto no pica”.
No era la una de la mañana cuando nos dejó en el barrio a Juanra, Wicho y a mí, quienes minutos después de nuestra llegada caímos molidos a la cama. Y al día siguiente, a currar. Para que digan que los chicos de hoy en día tenemos poco aguante…

____________________________________________

 

Aquí termina la Crónica del primer fin de semana danés que nos llevó a conocer las excelencias de Aarhus y Ribe. A partir de ahora toca contaros todo sobre el segundo centrado en la Isla de Fionia (26-28 de Enero). Esperemos que os esté gustando esta compilación de relatos y fotografías de “la otra Dinamarca” porque aún queda más tela que cortar…

 

Un saludo,

 

José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

koala says:
I can see it was cold there!! :-) Same here at the moment! ....
Now this will take me a while to read and translate this text but a good way to practise! ;-))
Posted on: Jan 24, 2007
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Aquí me tenéis en el Campanario …
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Calle adoquinada de Ribe, al igual…
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Interior de la Catedral de Ribe
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Juanra posa con un molde de su ama…
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Esta foto tomada en Ribe es quizá…
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Solitaria calle (Ribe, Dinamarca)
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Calle Fiskergade
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Detalle de la Calle Fiskergade (Ri…
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Columna en la que viene marcado d…
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En el velero Johanne Dan, que en v…
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Casas típicas con entramados de m…
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La casa más antigua de Ribe
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Otra casita pintoresca de Ribe
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Bonita calle, ¿verdad?
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Ribe´s detail
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Sentados en un banco (Ribe, Denmar…
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A la derecha se ve parte de la Man…
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Iglesia de Santa Catalina, fundada…
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Otra bonita foto de Ribe
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Comida con los Nacaritos
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La comida italiana nos dejó basta…
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En el Avión de Ryanair que nos de…
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Estos viajes a Dinamarca abrieron …
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Ribe
photo by: tj1777