Fionia. Erase una vez...

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El Castillo de Egeskov, una de las maravillas de la Isla de Fionia

√Črase una vez una Isla llamada Fionia donde el color verde de sus praderas se entrelazaba con el oscuro azul del mar. Los castillos emerg√≠an conjuntamente con sus vastos a la vez que refinados jardines y con sus estanques engalanados con cisnes, ocas y patos. Las peque√Īas aldeas estaban compuestas por peque√Īas casas de distintos colores cuyos tejados eran de paja. All√≠ ten√≠an su molino de madera, sus establos, sus carpinter√≠as, su farmacia, sus librer√≠as, sus tabernas‚Ķ En un ambiente de Paz y Concordia conviv√≠an las personas en todos y cada uno de los pueblos o solitarias viviendas. Eran conscientes de que deb√≠an respetar y cuidar la naturaleza por lo que siempre tuvieron con ella una asombrosa armon√≠a... Los barcos y nav√≠os un√≠an esa Isla con otras m√°s peque√Īas coloreadas de verde y donde tambi√©n hab√≠a preciosas villas. Y es que el mar era tan importante para ellos como la tierra.

En ese lugar se cuentan Leyendas e historias de valientes guerreros, intrépidos navegantes e incluso de animales que buscaban su razón de ser en el mundo.

Egeskov Slot, como se le conoce en danés, centra la mayor parte de las visitas en Fionia
Los cuentos de hadas, de pr√≠ncipes y princesas o de Reyes y Reinas se intercalaban con historietas fant√°sticas con moraleja final que no se perd√≠an por nada los ni√Īos y ni√Īas de todos los rincones de la isla.

 

Un fr√≠o domingo de enero dos amigos venidos de un lejano pa√≠s llamado Espa√Īa, cuyos nombres son Jose (Sele es su sobrenombre) y Rebeca respectivamente, decidieron recorrer con su veh√≠culo los lugares m√°s llenos de magia y belleza de la preciosa isla. Salieron temprano del ‚ÄúSantuario de Od√≠n‚ÄĚ (Odense) donde hab√≠an pernoctado las √ļltimas dos noches. La luz no era demasiado abundante debido a que grandes nubes se hab√≠an adue√Īado del cielo azul reinante en la jornada anterior. No llov√≠a, pero la humedad del ambiente hac√≠a intuir que de un momento a otro pod√≠a caer uno de esos aguaceros tan necesarios para mantener el color verde de ins√≥litos matices.

A Sele, al que le encantan los castillos, ver Egeskov le hizo disfrutar como un ni√Īo

Tras abandonar con su autom√≥vil la solitaria y silenciosa ciudad de Odense se internaron en una de las sendas (Carretera n¬ļ 9) que indicaban que por all√≠ se llegaba a la Villa de Svendborg. Pero no era all√≠ donde se dirig√≠an. Su pensamiento era parar a medio camino (a la altura de Kvaendrup) en uno de los castillos m√°s bellos y elegantes de toda la isla, que no en pocas ocasiones ha servido de portada de gu√≠as, revistas o fuentes de informaci√≥n de turismo del pa√≠s dan√©s. Responde al nombre de Egeskov Slot (en dan√©s ‚ÄúSlot‚ÄĚ significa ‚ÄúCastillo‚ÄĚ) y es parada m√°s que obligada para todo aquel que viaje alguna vez por esas hermosas tierras.

Tanto Rebeca como Jose, quienes hab√≠an considerado a este lugar como ‚Äúimprescindible‚ÄĚ en su proceso de descubrir ante sus ojos esa otra Dinamarca, tardaron aproximadamente media hora en cruzar dicha senda y penetrar en Kvaendrup donde a un par de kil√≥metros se alza tan magna construcci√≥n (ver mapa con ubicaci√≥n exacta).

El Castillo de Egeskov pertenece a la Edad de Oro del Reino de Dinamarca

 

Entraron con su veh√≠culo por un solitario camino cuando detr√°s de una oscura arboleda se intu√≠an los muros del castillo que parec√≠a estar all√≠ esper√°ndoles. A Jose esos momentos previos a algo grande le provocan excitaci√≥n, emoci√≥n y alegr√≠a. Desde peque√Īo ha conocido y disfrutado junto a su padre de los muchos de los castillos y palacetes que campean por Espa√Īa desde tiempos inmemoriales. Siempre recuerda esos d√≠as en que ambos se escapaban sin planificaci√≥n alguna y terminaban visitando alguno. Gormaz, Pedraza, Maqueda, Escalona, Coca, Almansa, Bellver, Simancas, Tur√©gano, Pe√Īafiel, Manzanares el Real, Pu√Īonenrostro, Sig√ľenza, Consuegra, Mascaraque o Pe√Ī√≠scola son algunos de los nombres que a ambos siempre les van a recordar esas rutas ib√©ricas por los bellos pueblos y edificios medievales que conforman el panorama nacional.

Rebeca y Sele en una de las construcciones aleda√Īas al castillo.

Pero en ese momento Jose no estaba con su padre sino con su compa√Īera de trabajo y amiga Rebeca, que tambi√©n estaba expectante con lo que a muy pocos metros les separaba. Ambos eran conscientes de que iba a ser dif√≠cil visitar tanto el Castillo como los inmensos jardines que lo rodean. Seg√ļn las gu√≠as y manuales que hab√≠an consultado, a esas alturas del a√Īo se encontrar√≠a cerrado ya que tanto all√≠ como en otros muchos lugares de Dinamarca, los principales monumentos y atracciones tur√≠sticas comenzaban su temporada en primavera. M√°s concretamente Egeskov abre todos los d√≠as desde el √ļltimo fin de semana de abril hasta el primero de Octubre. (Horarios: 10:00-17:00 horas, Mi√©rcoles hasta las 23:00. Precios: Adultos 150 DKK, 95 si s√≥lo se va a los jardines; Peque√Īos 77 y 52 DKK respectivamente.)

 

Pero Jose no se iba a contentar con ver el castillo a cien metros.

Sele en Egeskov
Ten√≠a claro que har√≠a todo lo posible por entrar. Rebeca en cambio, no era partidaria de saltar vallas o colarse. En el momento en que discut√≠an en torno a lo que se pod√≠a hacer detuvieron el coche en frente de la puerta de entrada desde la cual sale un caminito de tierra que lleva hasta el fant√°stico edificio. Estaba totalmente abierta, y aunque no hab√≠a nadie (turista o no turista) decidieron entrar a√ļn a riesgo de que no estuviera permitido. No hab√≠an venido desde tan lejos para acobardarse. As√≠ que abrig√°ndose bien tras salir del coche se encaminaron hacia dicha puerta met√°lica y penetraron en el ajardinado complejo del que s√≥lo se o√≠an los soniquetes provocados por los muchos pajarillos y aves que all√≠ anidaban pac√≠ficamente.

 

Avanzaron unos metros que les fueron suficientes para admirar la grandiosidad y belleza de un terreno ajardinado, lleno de centenarias arboledas en cuyo centro se alza el Castillo construido a mediados del Siglo XVI cuando Dinamarca vivía una de sus épocas más gloriosas.

Rebeca también disfrutó de lo lindo de su experiencia Egeskov
Este edificio renacentista est√° rodeado de un lago en cuyo reflejo de muros y torres se pasean con elegancia los cisnes blancos. Durante el camino pudieron comprobar que no es √©sta la √ļnica construcci√≥n sino que hay varias casas de color blanco con las vigas de madera al descubierto que albergan un museo de coches, viviendas de los cuidadores o alg√ļn restaurante (Caf√© Jomfru Rigborg) por poner varios ejemplos. Pero fue el castillo lo que centr√≥ m√°s su atenci√≥n por lo que buscaron toda clase de √°ngulos y posiciones para captarlo lo mejor posible con sus c√°maras fotogr√°ficas. Daba igual diez que cien instant√°neas porque a cada momento sal√≠a una panor√°mica m√°s clara, m√°s sorprendente, m√°s n√≠tida‚Ķ

Se acercaron a la puerta tras dejar el lago a ambos lados y pensaron debía haber gente dentro ya que había un coche aparcado.

Sele, otra foto?? Joer...
Alguien hab√≠a dejado los peri√≥dicos del d√≠a debajo del port√≥n de madera por el que se penetra a las m√ļltiples estancias que contiene Egeskov Slot (66 para ser m√°s concretos).

Ambos visitantes quedaron prendados del lugar e incluso Sele estuvo tentado de llamar al timbre y hablar con las personas que allí viven pero prefirió seguir recorriendo sus exteriores antes de que alguien les echara. A Rebeca no le hubiera hecho mucha gracia porque es muy vergonzosa y consideraba que lo que estaban haciendo podía tildarse de allanamiento de morada. El propietario de dicho tesoro se llama Michael Ahlefeldt-Laurvig-Bille que tiene tantos apellidos como dinero en su cuenta corriente. Posiblemente se encontrara en el interior del castillo regodeándose del regalo que había heredado y que transmitiría a sus hijos como hicieron con él. ¡Cuántos quisieran estar en su lugar y vivir en un precioso castillo rodeado de incontables hectáreas de jardín y campo!

Se alejaron del castillo y fueron dando la vuelta por la parte izquierda del lago para ir vislumbrando los muchos setos con formas geométricas y animales que cuidadosamente se habían encargado de podar los jardineros.

Es bonito, ¬Ņverdad?
Hubo unos cuantos momentos en los que vieron salir a gente pero o no se fijaron en ellos o no quisieron hacerlo que allí nadie les dijo nada. Sele se puso muy pesado con las fotos y le estuvo pidiendo una y otra vez a su amiga que le retratara con tan impresionante monumento. Se quejaba de que ésta no enfocaba bien y de que la imagen se veía borrosa. Ella, harta y con una paciencia infinita, acabó sacando excelentes fotografías para no tener que escuchar más sus protestas. Pero es que él estaba tan feliz de estar allí que no quería borrar de su memoria ni un segundo, y pensaba que sacando muchas fotos sería más difícil olvidar esos preciosos momentos.

 

En épocas primaverales y sobre todo veraniegas, Egeskov Slot se debe convertir en prácticamente un Parque Temático porque incluso tiene zonas dedicadas nada más y nada menos que al Conde Drácula.

Parece sacado de un cuento.
No faltan tampoco los columpios, por lo que los cr√≠os pueden pasar un d√≠a bastante ameno all√≠. Al parecer este lugar recibe un importante n√ļmero de visitantes quienes encuentran motivo suficiente para pasar toda la jornada. Se necesita de bastante tiempo no s√≥lo para visitar el interior del castillo sino tambi√©n para pasear por sus muchos jardines y zonas boscosas.

 

Siguieron después un camino que les llevó al puente de madera que cruza el lago y llega hasta otra puerta. Obviamente no entraron porque no hubiera servido de nada al estar ésta cerrada pero continuaron por esa zona tan llena de árboles hasta alejarse lo suficiente para ver una parte más salvaje que parecía un coto de caza. Justo cuando comenzó a llover con fuerza vieron de frente a unos metros cómo multitud de ciervos (en su mayoría crías) les miraban detenidamente.

Egeskov no es sólo el castillo, también es el gigantesco jardín
No es por exagerar pero seguramente no había menos de veinte de esta clase de antílopes. Trataron de acercarse a ellos pero a cada paso que daban los animalitos retrocedían dos. Hubo un momento en que ya no pudieron avanzar más porque en el suelo había un bloque de hielo bastante extenso que les hubiera hecho patinar con seguridad. Por tanto tuvieron que dar la vuelta y continuar con su visita por esos jardines centenarios decorados con fuentes y que parecen el edén particular del país danés.

 

Lo que buscaron y no encontraron fue el Laberinto de bamb√ļ del que hablan las gu√≠as tild√°ndolo de similar al del Hotel de la magn√≠fica pel√≠cula ‚ÄúEl Resplandor‚ÄĚ donde Jack Nicholson bordaba su papel de loco. Menos mal por otra parte porque era lo que le hubiera faltado a Rebeca que se asusta hasta de su sombra y ped√≠a insistentemente volver al coche por si les cerraban las puertas de entrada.

Multitud de ciervos observaron a Rebeca y Jose, quienes al acercarse les hicieron retroceder poco a poco

Sus malas vibraciones en torno a ese asunto no pod√≠an ser m√°s certeras porque ya a bastantes metros pudieron darse cuenta de que les hab√≠an dejado encerrados. Al final salieron saltando una de las vallas que no estaba a demasiada altura precisamente. Misi√≥n cumplida. Hab√≠an paseado ‚Äúgratis‚ÄĚ por el complejo de Egeskov y se hab√≠an acercado al castillo para divisarlo desde todos sus √°ngulos y perfiles. No pod√≠a haber salido el asunto mejor. Y encima, solos, con el √ļnico sonido que originaba el rumor del viento que golpeaba en las ramas de los √°rboles o el goteo constante de agua sobre el estanque. Para ellos la experiencia hab√≠a sido de diez sobre diez‚Ķ

 

Entraron al coche para proseguir su recorrido ma√Īanero por esa maravillosa Isla llamada Fionia en que los sue√Īos parecen hacerse realidad para todos los que llegan hasta all√≠.

Reflejos de Egeskov
La lluvia hizo un par√≥n durante el rato en que siguieron por la carretera direcci√≥n Svendborg a la que despu√©s de unos minutos dejaron a un lado. √Čste es otro de esos destinos importantes en Fionia pero ambos hab√≠an decidido marchar m√°s al sur, a la peque√Ī√≠sima isla de Tasinge a la que se accede cruzando un puente. Ten√≠an apuntado en su cuaderno de viajes dos lugares muy pr√≥ximos entre s√≠ que se encuentran en dicha islita: Troense y Valdemars Slot.

 

Troense es una peque√Ī√≠sima villa costera en la que sus verdaderos tesoros son las viviendas que parecen haber salido de un cuento de hadas. Aunque como estar√©is comprobando, Fionia es en s√≠ una f√°bula completa en la que no falta de nada. En verano es un lugar m√°s concurrido por gente con caudales pero en invierno cuando fueron para all√° nuestros intr√©pidos protagonistas no hab√≠a pr√°cticamente nadie.

Sele driver
Ni yates ni lujosos barcos. Tan sólo se intuían las luces de candil en el interior de las viviendas de grandes dimensiones que forman parte del interés cultural de Dinamarca.

 

Sele, que fue quien condujo durante todo el viaje, se detuvo en una de las calles más pintorescas y llamativas de dicha aldea portuaria: Badstuen. Allí ambos se bajaron y comenzaron a caminar dejando ambos lados las inmensas casas con tejados de paja que se habían cubierto a su vez de musgo por la humedad, de modo que se habían vuelto totalmente verdes. La mayoría tenía las paredes blancas con los entramados de madera entrelazados de color negro o marrón, aunque otras muchas estaban pintadas de rojo bermellón. En lugares como ese la vida parece pasar muy despacio. En cualquier momento da la impresión de que va a salir un hombre con barba fumando su pipa y contando historias de naufragios, piratas y tesoros.

En Troense, el peque√Īo pueblo con puerto de Tasinge (Fionia) donde hay un sinf√≠n de casitas de cuento de hadas

Otra de las calles que pasaron de largo fue Gr√łnnegade, de similar caracter√≠sticas aunque m√°s cercana al centro del pueblo, donde ya pueden encontrarse un mayor n√ļmero de hoteles que en ese momento ten√≠an echado el cierre.

 

A un par de kilómetros de Troense se encuentra otra de las joyas arquitectónicas de las muchas que emergen del bucólico panorama fionés: El Palacio de Valdemar (Valdemars Slot) que desde hace siglos es la Residencia privada más grande de toda Dinamarca. Para llegar hasta allí nuestros amigos continuaron por la misma carretera con el mar a la izquierda y las praderas alternadas con altos árboles siendo la perfecta antesala del mismo.

Casa de Troense con el tejado de paja y hierba
De pronto se encontraron con uno de los edificios con forma de arco de color amarillo y blanco por los que hay que cruzar para entrar a la magna construcci√≥n palaciega. Unos metros antes, dejaron su veh√≠culo en el vac√≠o aparcamiento. Nada m√°s salir del coche se puso a llover con bastante fuerza por lo que tuvieron que recurrir al paraguas pinturero que llevaba Rebeca de la firma ‚ÄúAgatha Ruiz de la Prada‚ÄĚ. Ya sab√©is, mucho rosa y mucho dibujito estramb√≥tico y extra√Īo.

 

Del primer edificio sali√≥ una pareja con un perro de raza Golden Retriever que se parec√≠a bastante al de Sele (Lucas para m√°s se√Īas) por lo que a √©ste se le cay√≥ la baba pensando en el que considera ‚Äúsu peque√Īo‚ÄĚ. Para √©l su perro es algo m√°s que una mascota. Es parte de su familia y de su vida porque en momentos dif√≠ciles trajo mucha alegr√≠a a la casa.

A quién no le gustaría tener una casita como ésta
 

En cuanto cruz√≥ junto a Rebeca el arco pudo comprobar c√≥mo a su derecha estaba el enorme Palacio de Valdemar donde hoy en d√≠a vive gente pero que encontraba cerrado al p√ļblico como casi todos los monumentos daneses. Tan s√≥lo abre sus puertas (Palacio, Museo, Jardines‚Ķ) desde mediados de mayo hasta principios de octubre (ver horarios y fechas de apertura) con un abanico de precios bastante diverso dependiendo de lo que se quiera ver, de la edad o de si se va en grupo (ver precios).

Valdemars Slot fue mandado construir por el Rey Christian IV en 1639 para entregárselo a su hijo Valdemar Christian que jamás llegó a ocupar sus habitaciones tras haber caído muerto en una batalla en Polonia.

Sele y Rebeca en Troense (Fionia, Dinamarca)
En 1678 fue regalado al Almirante Niels Juel como premio por haber derrotado a los suecos en la Batalla de la Bah√≠a de K√łge un a√Īo antes. Actualmente los herederos del insigne almirante viven en este precioso lugar y organizan eventos y fiestas a las que acude la flor y nada de la aristocracia danesa.

 

Los 8000 metros cuadrados de Palacio (hablamos s√≥lo del edificio principal) albergan una colecci√≥n de cuadros y objetos decorativos de incalculable valor. Tiene un elevad√≠simo n√ļmero de habitaciones (una reservada para la Reina Margarita) aunque ‚Äútan solo‚ÄĚ 21 est√°n abiertas al p√ļblico. Pero Valdemar tambi√©n posee un Museo de Juguetes, otro Naval y una majestuosa recolecci√≥n de trofeos de caza.

 

Jose y Rebeca se dieron una vuelta por los exteriores desde donde vieron la ‚ÄúCasita del t√©‚ÄĚ, el lujoso restaurante o la enorme capilla unida a la mansi√≥n.

Edificio que forma parte del Palacio de Valdemar (Fionia)
Detrás un estanque bastante considerable y delante acceso a la playa con embarcadero propio. Otro de esos lugares rodeados de pomposidad y ostentación en medio del virtuoso entorno natural que conforman esas privilegiadas tierras.

 

Después de visitar los exteriores de tan magna construcción continuaron su recorrido por la misma carretera dejando el mar al ras hasta que giraron a la derecha para detenerse en un pueblo llamado Bregninge donde destaca una iglesia medieval (excesivamente reconstruida) en la que llama la atención las tres réplicas a escala de navíos del XVII que cuelgan los techados interiores. Esta costumbre es usual en los países nórdicos aunque es mucho más normal verla reflejada en Noruega que en Dinamarca. Escandinavia y el Mar están íntimamente relacionados desde tiempos vikingos en que hicieron de la navegación más que una forma de vida un arte.

El Palacio de Valdemar o Valdemars Slot
Uno de los barcos colgantes reproduce el Barco con el que el mencionado Almirante Juel particip√≥ en la Batalla de K√łge.

En ese momento de Bregninge la lluvia hab√≠a tirado por derroteros m√°s bien desmesurados. La fuerza con que jarreaba el cielo iba acompa√Īada de una poderosa velocidad del viento que les hac√≠a imposible cubrirse de forma alguna. No val√≠a ni paraguas ni chubasquero ni nada. Lo mejor para no acabar totalmente empapados era volver raudos al coche. Tras abandonar la diminuta aldea en la que muchas de sus casas tambi√©n cumpl√≠an a rajatabla el ‚Äúmanual de las casas de cuento‚ÄĚ: Color, traviesas de madera y tejados de paja verdosos, siguieron por la carretera en sentido norte para abandonar la islita de Tasinge donde se encontraban y tomar otro camino (Carretera n¬ļ 44) durante unos 30 o 40 kil√≥metros en sentido izquierdo que llevaba a su √ļltimo destino en Fionia, Faaborg.

 

El trayecto, a pesar de la copiosa lluvia, fue de lo m√°s entretenido porque no hubo momento en que ambos no cesaran de maravillarse ante el legendario paisaje.

Rebeca con Josele en la escalinata de Valdemars Slot, uno de los complejos palaciegos m√°s lujosos de Dinamarca
Pasaron junto a un molino y varias granjas de animales donde había preciosos caballos de melena rubia pastando en la hierba. No estaba siendo un domingo cualquiera precisamente. Rebeca y Sele se estaban sintiendo como dos personajes de un cuento de Andersen que descubrían a su paso un mundo distinto al que estaban acostumbrados a vivir. Era como si estuvieran totalmente solos en la magnífica Isla danesa cuyo nombre es adecuado para utilizarse en historietas de caballeros, dragones o hechiceros. Fionia era para ellos, sólo para ellos.

 

Rebeca se estaba dando cuenta de lo que Jose le había dicho antes de partir en torno a que aunque parezca mentira un viaje de dos días da para más de lo que se piensa siempre que se aproveche bien el tiempo. Con todo el temor que llevaba antes de partir comprobó que era lo mejor que había podido hacer en mucho tiempo.

Rebeca en el Palacio de Valdemar
Sele, que no iba de nuevas en esto de los viajes de fin de semana, segu√≠a a su bola disfrutando como un ni√Īo de su segunda experiencia danesa en tan solo dos semanas. Y lo mejor es que a ambos a√ļn les quedaba otra‚Ķ

 

Fue justo arribar al embarcadero de Faaborg y dejar de llover. Fue como si el cielo se hubiera apiadado de ellos para que pudieran recorrer las callejuelas del bonito pueblo pesquero que hasta la construcci√≥n del canal que une Odense con el mar era el mayor puerto de la Isla de Fionia. Hoy en d√≠a queda mucho de ese esplendor y por ello es uno de los lugares m√°s visitados por turistas que adem√°s de admirar sus callejuelas tan llenas de colorido gustan de utilizar las playas (bastante peque√Īas por otra parte) e incluso los m√°s atrevidos y adinerados compiten en regatas.

Camino a Bregninge
No ser√≠a de extra√Īar hasta participe el hom√≥nimo dan√©s del ‚ÄúBrib√≥n‚ÄĚ espa√Īol que todos los veranos surca las aguas mediterr√°neas comandado por el Rey.

 

Aparcaron el coche en el propio puerto del que salen ferries a no pocos lugares de Dinamarca, siendo el destino m√°s interesante para los viajeros suele ser la bonita Isla de √Ür√ł. Tanto a Rebeca como a Jose les hubiera encantado conocer ese lugar pero como el tiempo es limitado y no se puede tener todo deb√≠an conformarse con lo que estaban viendo en ese fin de semana. Y la ciudad (o mejor dicho pueblo) de Faaborg tiene no pocos ingredientes para quedarse con la conciencia tranquila de haber estado en uno de los lugares m√°s recomendables de toda Fionia.

 

Lo que hicieron nada m√°s llegar fue dirigirse hacia la Plaza del pueblo (Torvet) donde se sentaron en un restaurante de comida r√°pida que llevaban varios tipos hind√ļes.

Iglesia de Bregninge en cuyo interior hay 3 barcos votivos colgados del techo
Quiz√° era el m√°s econ√≥mico que pudieron permitirse ya que sus maltrechos presupuestos hab√≠an quedado al l√≠mite tras haberse escapado la noche anterior a Copenhague, la capital del Reino de Dinamarca. Y a√ļn ten√≠an que desembolsar parte de sus caudales para devolver su veh√≠culo en el Aeropuerto de Billund con el dep√≥sito lleno. As√≠ que visto que la cosa no estaba para muchas florituras pidieron kebab, un perrito y poco m√°s para llenar sus est√≥magos que llevaban largo rato pidiendo a gritos ser saciados. All√≠ mismo aprovecharon para consultar sus gu√≠as e informarse un tanto respecto a la Historia de Faaborg y a sus puntos m√°s destacados para visitar. En una de ellas (Gu√≠a Azul de Dinamara de GAESA) ven√≠a un itinerario bastante interesante a la vez que sencillo que decidieron seguir para no perderse lo m√°s importante de la diminuta ciudad sita en el sur fion√©s. Algo similar hab√≠a hecho Sele en esa perla de Jutlandia llamada Ribe en que junto a dos de sus amigos del barrio madrile√Īo de Aluche (Wicho y Juanra) hicieron una ruta bastante completa por sus calles de estilo medieval ayudados por las directrices de la prestigiosa gu√≠a en castellano.
Uno de los barcos que cuelgan del techo de la Iglesia de Bregninge

As√≠ que esta ocasi√≥n no deb√≠a ser menos, aunque posiblemente no fuera tan duradera como la anterior ya que Faaborg es bastante m√°s peque√Īa que Ribe. He aqu√≠ pues el itinerario que siguieron Sele y Rebeca por loa que un d√≠a fue de las mayores ciudades con puerto de toda Dinamarca:

 

Obviamente comenzaron en la Plaza (Torvet) porque era en uno de sus locales donde se hab√≠an detenido para almorzar. A diferencia de otras ciudades y villas danesas, este lugar no est√° en absoluto peatonalizado y hay un gran n√ļmero de coches aparcados que no hacen m√°s que restarle encanto. Tan s√≥lo alguna vivienda, al igual que el edificio de archivo (y antigua c√°rcel), se salvan de la nimiedad del entorno al igual que la extra√Īa estatua de un hombre desnudo amamantado por una vaca.

Casa pintoresca en Bregninge
El nombre de dicha estatua es Ymerbr√łnden y responde al mito noruego de la creaci√≥n y la fertilidad. Al parecer en su d√≠a se mont√≥ bastante revuelo cuando all√≠ fue colocada dicha escultura.

Desde la Torvet cogieron la Calle Adelgade que recoge todo el encanto y belleza que le falta a la Plaza. A ambos lados uno puede deleitarse de peque√Īas casas del Siglo XIX con diversos colores que parecen haber sido sacados de la paleta de un pintor de √©poca. En Dinamarca abundan las calles de este tipo pero cada una tiene una gracia y una pulcritud que las hace ser √ļnicas. Por ello Sele y Rebeca no dejaron de quedar asombrados ante la perfecta armon√≠a de tama√Īos, gamas, matices de los hogares que all√≠ se alinean.

Giraron la primera a la izquierda y rápidamente se encontraron con su emblemática Torre del Reloj (Klokketårnet) que lleva seis siglos marcando las horas a los habitantes de Faaborg sin olvidar su función meramente religiosa (Forma parte de la Iglesia de San Nicolás).

Molino de viento fionés

El color que predomina en esta ciudad es el amarillo (alternado en no pocas ocasiones con el rojo intenso) tal y como los protagonistas de nuestra historia pudieron comprobar en la Calle √ėstergade que utilizaron para volver nuevamente a la Plaza. Siguiendo de frente accedieron a la c√©lebre y bella Holkegade, donde las casas son como poco del Siglo XVIII y cuyas vigas se entrelazan en unas paredes de color mostaza. En el n√ļmero uno de la misma se encuentra lo que un d√≠a fue hogar de un potentado mercader y que hoy en d√≠a es un museo (Den Gamle Gaard) en el que se puede ser testigo de c√≥mo era por dentro su casa. El mobiliario y decoraci√≥n son absolutamente originales. Al parecer son muchas las habitaciones que se conservan al igual que estaban hace tres siglos. Suena a t√≥pico de nuevo pero Jose y Rebeca la encontraron cerrada debido a que suele abrir de mediados de mayo a mediados de septiembre de 10:30 a 16:30 por el precio de 30 Coronas danesas aproximadamente (Los ni√Īos no pagan).

Calle Adelgade de Faaborg

Pero no es √©ste el √ļnico tesoro de Holkegade ya que en el n√ļmero 2 hay un museo que guarda un gran n√ļmero de maquetas de barcos, tema recurrente una vez m√°s. En esta calle se esconde quiz√° la mayor parte de esa Faaborg de Leyenda y de dibujos animados con lugares que parecen existir s√≥lo en nuestra imaginaci√≥n.

 

Sele siguió sacando fotos hasta la saciedad para hacer llegar a sus internautas favoritos esos sitios que tanto le estaban gustando. Para él es muy importante su página web (El Rincón de Sele) en la que pretende no sólo tener un lugar para recordar sus aventuras en forma de viaje sino también para echar una mano a esos viajeros a los que gusta organizar sus rutas de forma independiente.

Faaaborg es uno de los pueblos costeros m√°s interesantes de Fionia
Quer√≠a mostrar esa ‚Äúotra Dinamarca‚ÄĚ a todo el que tuviera en su mano poder conocerla convenientemente. A pesar de haber estado a√Īos antes, se hab√≠a volcado en 3 fines de semana en abarcar algunos de los puntos m√°s interesantes y a menudo olvidados o desconocidos. De esa manera demostrar√≠a y ayudar√≠a a todos aquellos que como √©l hab√≠an escogido volar a un Aeropuerto secundario (Billund o Aarhus) algo lejanos de la cosmopolita y universal Copenhague. Dinamarca no s√≥lo es su capital. Como est√°is pudiendo comprobar hay un gran n√ļmero de ciudades y villas que merecen rendirles visita alguna vez en la vida. Por no hablar del paisaje de ensue√Īo que hace del verde su asignatura favorita.

 

Con esa enso√Īaci√≥n danesa que estaba viviendo junto a su amiga del trabajo (se suele decir compa√Īera de trabajo pero en este caso el grado sube un escalaf√≥n) continu√≥ su marcha por la atractiva y pintoresca Faaborg.

Sele en Faaborg
Anduvieron unos metros m√°s para coger la paralela a Holkegade cuyo nombre es Vestergade, porque en la misma se encuentra uno de los arcos m√°s antiguos de la ciudad que un d√≠a sirvi√≥ como puerta de entrada a la misma (Vesterport). Es del Siglo XV y en este caso cambi√≥ el amarillo por el rojo bermell√≥n que parece tener vida propia. Lo √ļltimo de inter√©s que visitaron fue Den Voigtskegaard que es un complejo de casas de tono mostaza nuevamente reconocible por su arcada que da acceso a un bonito patio interior.

 

El paseo recomendado por la guía había sido completamente satisfactorio a pesar de que todo estaba completamente cerrado. Les hubiera gustado ver la casa del mercader ya mencionada, o pasar a ver alguna de las mazmorras de la cárcel de la Plaza, o incluso el Museo de Arte fionés (Calle Gronnegade 75) pero obviamente las fechas no eran las mejores para llevar a cabo dichas visitas.

Plaza principal de Faaborg (Torvet)
  Al menos se hab√≠an quedado con innumerables detalles de una de las villas m√°s agraciadas de Fionia. Con ganas se quedaron tambi√©n de coger alguno de los muchos barcos que iban y ven√≠an de algunas de las preciosas islitas del sur, pero no hab√≠a tiempo para ello. S√≥lo pudieron quedarse durante unos minutos m√°s mirando de forma incansable ese mar que tan lejos tienen de su casa.

 

Miraron el reloj y se dieron cuenta de que era m√°s pronto de lo previsto y a√ļn les quedaba varias horas antes de tener que personarse en el Aeropuerto de Billund, la ciudad conocida por albergar Legoland (Abierto de mediados de Abril hasta Octubre, 180 DKK).

Rebeca y Sele en la Calle Holkedade de Faaborg
Decidieron que a pesar de contar todav√≠a con bastante tiempo se ir√≠an acercando lo m√°ximo posible a esta localidad de Jutlandia, y si preciaba, detenerse en alguna ciudad o pueblo interesante. Se subieron al coche y durante unos minutos estuvieron en el aparcamiento mientras Sele revisaba las gu√≠as para atisbar cualquier posibilidad. No ten√≠a ni idea de lo que pod√≠a ser m√°s conveniente. Kolding, Fredericia, Vejle o las runas de Jelling eran algunos de los nombres de lugares jutlandeses donde pod√≠a ser interesante hacer una parada. No eran en absoluto ‚Äúmaravillas‚ÄĚ respecto a lo que estaban acostumbrados a ver, pero s√≠ pod√≠an ser interesantes para pasar sus √ļltimas horas en Dinamarca en un sitio cercano a Billund.

 

Sin dejar nada claro ni haber decidido dónde se detendrían se pusieron en camino para abandonar la Isla de Fionia.

Den Gamle Gaard es un museo que muestra la casa de de un mercader del Siglo XVIII
Cogieron la carretera n√ļmero 43 en direcci√≥n a Odense para enlazar con la intachable Autopista E-20 que les internar√≠a en Jutlandia. Ya a pocos kil√≥metros de haber pasado el puente que une pen√≠nsula con isla acceder√≠an a otra autopista que va de norte a sur (E-45). Y que all√≠ fuera lo que Dios quisiera‚Ķ

 

En el trayecto se dieron cuenta una vez m√°s del extra√Īo microclima dan√©s porque en poco m√°s de una hora dio tiempo a que lloviera, se asomara el sol, cayera un aguacero de nuevo y se terminara despejando por completo. Debe ser el viento lo que hace que all√≠ las nubes pasen a una velocidad asombrosa y que provoque tales cambios meteorol√≥gicos.

Se fueron despidiendo de las buc√≥licas llanuras donde los caballos hab√≠an salido a alimentarse de la reluciente hierba. Aunque fuera √ļnicamente por el paisaje vale la pena ir alguna vez a Dinamarca.

Casas pintorescas de Faaborg
Saborear y olfatear la pureza de un entorno como ese da por bueno todo viaje al pa√≠s escandinavo. Jose y Rebeca eran conscientes de ello completamente. A√ļn estaban all√≠ y ya estaban deseando que llegara de nuevo el viernes para continuar con su experiencia danesa.

 

Pasaron Odense e incluso cruzaron el puente de Jutlandia para decir adi√≥s a Fionia. Rebeca, que a menudo parece no enterarse de la pel√≠cula, le pregunt√≥ a Jose si iban a pararse en Odense o la iban a rodear. Sele se ri√≥ dici√©ndole ‚Äúest√°s en el mundo porque tiene que haber de todo. Vaya orientaci√≥n que tienes. A veces me da la impresi√≥n de que vienes secuestrada y no sabes ni a d√≥nde vas ni de d√≥nde vienes‚ÄĚ. √Čsta respondi√≥ devolviendo las risas y justificando su nula orientaci√≥n por el sue√Īo que ten√≠a.

Vesterport es la √ļnica puerta de acceso a la ciudad de Faaborg que se conserva

 

Una vez tomaron la E-45 en direcci√≥n norte Sele le pidi√≥ que mirara en el mapa cu√°l era la mejor salida para llegar a Jelling ya que pod√≠a ser interesante ver las estelas r√ļnicas de Gorm y Harald Dienteazul, que supusieron la creaci√≥n de la monarqu√≠a m√°s antigua del continente europeo. Pero Rebeca no encontraba Jelling por ninguna parte, es m√°s, lleg√≥ a decir que ‚Äúni exist√≠a ni ven√≠a en el mapa‚ÄĚ. ¬ŅPero c√≥mo no va a existir? M√≠ralo bien y dime la salida que tengo que tomar porque debe estar ya por aqu√≠ ‚ÄĘ le replic√≥ algo nerviosillo d√°ndole ganas de coger √©l mismo el plano. Finalmente le dijo r√°pidamente un n√ļmero de salida que tom√≥ pero que no sirvi√≥ para encontrar en enlace a la secundaria que llevaba a Jelling. As√≠ que el lugar que finalizar√≠a la experiencia danesa ser√≠a‚ĶVejle!!

 

Si a Jose y a Rebeca les hubieran dicho antes que acabarían su fin de semana en esta ciudad a 28 km de Billund no se lo hubieran creído.

Rebeca&Sele en el puerto de Faaborg desde donde salen ferries a las islas del sur de Fionia
Las referencias que ten√≠an de la misma no eran las mejores. Hab√≠an o√≠do bastantes cosas acerca de su excesiva industrializaci√≥n y su escaso inter√©s tur√≠stico por lo que siempre hab√≠an desechado la idea de visitarla. Pero ten√≠an algo m√°s de dos horas para estar all√≠ y sea como fuere no pod√≠an hacer m√°s que quedarse all√≠. Mejor eso que estar en el Aeropuerto perdiendo el tiempo ‚ÄĘ pens√≥ Jose mientras ojeaba r√°pidamente una de sus gu√≠as en que apenas ven√≠an dedicados unos p√°rrafos a dicha ciudad nacida de un fiordo.

 

As√≠ que anduvieron por las principales calles y lugares de una de las ciudades con ‚Äúmenos vida‚ÄĚ de las que hab√≠an estado nunca. Para ser un domingo por la tarde, sin lluvia y con una temperatura bastante agradable resulta bastante chocante no ver un alma por la calle.

Rebeca y Sele en el puerto de Faaborg junto al Ford S-Max con el que se movieron por toda la isla
Incluso movi√©ndose por las avenidas y callejuelas peatonales del centro fueron incapaces de encontrar un m√≠nimo grupo de personas caminando. A lo mejor cada cierto tiempo sal√≠a alg√ļn solitario personaje, pero lo m√°s usual fue caminar totalmente solos.

Los m√°s de 50000 habitantes que tiene su n√ļcleo urbano parec√≠a que se les hubiese tragado la tierra.

 

La v√≠a principal era de estilo peatonal y comercial, al igual que en el 100% de ciudades danesas. En este caso se llama Sondergade, que si alg√ļn avezado lector recuerda, es el mismo nombre que la que del mismo tipo se ubica en Aarhus. Bastante parecida a las otras (Aarhus, Odense‚Ķ) ten√≠a encanto suficiente para que hubiera alg√ļn alma paseando por all√≠.

Calle Sondergade de Vejle, solitaria, vacía...inerte
Pero no, la √ļnica compa√Ī√≠a que tuvieron Rebeca y Sele fueron las extra√Īas estatuas de hombres y mujeres caballo que hay sentadas en un banco y en una fuente. Qu√© ciudad m√°s rara y m√°s friki, dijo Jose entre risas mientras sacaba instant√°neas de la solitaria avenida. Anda que para vivir aqu√≠, qu√© depresi√≥n‚Ķ solt√≥ Rebeca, que como siempre, se tom√≥ todo con mucho humor.

 

Avanzando por Sondergade terminaron llegando al Edificio de la municipalidad, es decir el Ayuntamiento (Radhuspladsen), que les pareció más o menos llamativo. Sin pasarse, claro. Tomaron justo después Kirkegade para llegar a la Iglesia de San Nicolás, bastante sencilla y anodina en su exterior.

Vejle parecía la ciudad fantasma
Pero no os cre√°is, que en su interior se puede ver ‚Äúel lado m√°s macabro‚ÄĚ ya que expone en una urna de cristal a una mujer momificada que tiene m√°s de mil quinientos a√Īos. A Sele, bastante ‚Äúmacabrito‚ÄĚ que es √©l, le hubiera encantado echarle un ojo, pero lamentablemente el templo religioso ten√≠a sus puertas cerradas.

 

Y poco más tiene Vejle. Aparte de lo comentado anteriormente posee dos museos medianamente interesantes. El Den Smidtske Gaard (Sondergade, 14), que representa una casa típica del XVIII con decoración de la época, y el Vejle Museum (Museo de Arte de Vejle en la Calle Fleborg 16) de pintura y escultura principalmente danesa aunque con algunas excepciones del resto de Europa.

 

Tambi√©n, en lo alto de una colina, visible desde cualquier punto de la ciudad,  hay un viejo molino (Vejle Vind­m√łl­le) de finales del Siglo XIX de color blanco que se puede visitar en su interior.

Que no salen en la foto!!

 

Rebeca y Jose, haciendo tiempo, se dieron una vuelta por el puerto, que no es precisamente lo m√°s bonito del mundo. Que nadie espere poder caminar por un precioso paseo mar√≠timo al ras de las aguas del fiordo. M√°s bien lo que uno debe esperar es ver cantidad de gr√ļas y de barcos cargando sus mercanc√≠as y de fondo una largo puente que lo cruza.

Y en la calle seguía sin haber nadie. Alguna pareja de ancianos o alguna chiquilla en bicicleta…

A alguien venido de Espa√Īa vivir all√≠ le tendr√≠a que costar much√≠simo, comentaron los dos amigos acostumbrados a ver m√°s algarab√≠a en las calles de su ciudad.

Bonita casa de Vejle. Es una ciudad que no est√° tan mal, pero que no tiene vida alguna

 

Ambos volvieron de nuevo al centro de la ciudad y entraron a una de los pocas cafeter√≠as que estaban abiertas durante el silencioso y aburrido domingo local. Justo detr√°s del Ayuntamiento (nada m√°s atravesar Sondergade) descubrieron el ‚ÄúDen Gamle Arrest‚ÄĚ (La vieja c√°rcel) y se sentaron a tomar un buen chocolate caliente con crema. Quiz√° √©ste fue el que mejor les sent√≥ en todo el viaje. Les supo especialmente delicioso aunque por contra les amodorr√≥ que por poco se quedan dormidos en la mesa. Estaban agotados porque hab√≠a sido un fin de semana non-stop en el que hab√≠an hecho muchos kil√≥metros (a pie y en coche). Sele estaba deseando sentarse en el avi√≥n para caer destrozado y romperlo a ronquidos hasta llegar a Madrid.

Ayuntamiento de Vejle.
Desgraciadamente Rebeca no sería muy afín a este propósito porque se pone tan nerviosa al volar que no deja respirar al que tiene a su lado.

Cuando vieron que era buena hora para marcharse abandonaron las instalaciones del bar. Jose le coment√≥ a Rebeca que en Ribe quince d√≠as antes hab√≠a visto otro lugar con el mismo nombre. Y es que Den Gamle Arrest es uno de los hoteles m√°s famosos de la considerada ciudad m√°s antigua de Escandinavia. Alg√ļn d√≠a dormir√© en una de sus celdas ‚ÄĘ dijo encomend√°ndose a volver de nuevo all√≠ para alojarse.

 

Ir en coche de Vejle a Billund es bastante sencillo ya que como todas las carreteras en Dinamarca, la se√Īalizaci√≥n es bastante clara.

Iglesia de San Nicol√°s (Vejle, Dinamarca)
Lo √ļnico que tuvieron que hacer fue seguir las indicaciones hasta tomar la n√ļmero 28 que en veinte minutos les dej√≥ en el Aeropuerto.
Como el coche hay que dejarlo lleno de combustible, se detuvieron a echar gasoil en una gasolinera de autoservicio (s√≥lo est√°n los surtidores) a escasos metros del parking de la Terminal de Billund. Cuando fueron a meter dinero a la m√°quina √©sta no les acept√≥ los billetes. Despu√©s de pedir ayuda, una honorable se√Īora introdujo su tarjeta de cr√©dito y puso la cantidad necesaria para que llenaran el dep√≥sito. Justo en ese momento le dieron el dinero correspondiente agradeci√©ndole enormemente el detalle que hab√≠a tenido. Cualquiera pod√≠a no haberse fiado y haberse marchado sin m√°s.

 

Entraron al parking del Aeropuerto y devolvieron el coche en la misma plaza donde lo habían tomado dos días antes que a esas alturas les parecían siglos.

Puerto de Vejle
Les dio mucha pena dejarlo allí aunque sabían que una semana después volverían de nuevo a Billund para comenzar una nueva aventura, en este caso, encaminada a descubrir el inconmensurable norte de Jutlandia.

 

Entregaron las llaves a la Oficina de Hertz y dejaron reservado para el viernes por la tarde otro Ford S-Max porque habían quedado satisfechos con su rendimiento. Jose quedó enamorado de sus seis marchas, de su bajo consumo y de su gran espacio interior en el que se puede ir muy cómodamente. Por cierto, la gente de Hertz se portó muy bien con ellos porque aunque les reservaron el vehículo que querían, les recomendaron hacer la transferencia directamente por internet para que les saliera más barato. No todo el mundo se hubiera comportado de forma tan honesta. Pero si de honestidad y honradez se trata, los daneses son el mejor ejemplo de los mismos.

Rebeca y Sele se despiden de todos ustedes... Hasta la próxima!!
Algo reservados pero muy buena gente.

 

El rato antes de que saliera su avi√≥n cenaron en una cafeter√≠a pr√≥xima a su puerta de embarque. Les pareci√≥ curioso que nada m√°s pedir lo suyo les entregaran unos aparatejos que dar√≠an un pitido cuando lo tuvieran preparado. Rebeca se comi√≥ un s√°ndwich vegetal y Sele se tom√≥ unas salchichas con patatas fritas, aunque mejor dicho era una fuente de patatas fritas aderezado con un par de salchichitas peque√Īas.

 

El avión salió a la hora prevista con gran parte de los pasajeros que habían tomado un vuelo el viernes. Pocos subieron sin cara de zombies de haber dormido poco. Jose se encontró al grupo que había seguido sus escritos en torno a Aarhus quienes le dijeron que habían disfrutado de la noche danesa como nunca. Aunque una de sus amigas de Dinamarca les llevó a su casa de Horsens (anodina como Vejle) en vez de ver Ribe, que era el otro lugar recomendado en su crónica de internet. Pero al menos la experiencia parecía haber sido positiva.

 

Durante el vuelo Rebeca dio bastante el latazo a Jose con su consabido miedo a subirse a un avión. El trayecto tuvo algunas turbulencias más de las normales y eso la tuvo en tensión todo el tiempo. Sele se vio obligado a hacerse el dormido porque sabía que si le prestaba atención a su amiga, ésta acabaría más nerviosa todavía.

 

Sus temblores y neuras desaparecieron cuando a las once y media, treinta minutos antes de lo previsto, el avi√≥n de 5403 de Ryanair aterriz√≥ en Madrid donde hac√≠a una g√©lida noche. En ese momento concluy√≥ su aventura de fin de semana que tantas cosas les hab√≠a ense√Īado. En tan s√≥lo dos d√≠as les hab√≠a dado tiempo a mucho, entre otras cosas, a aprender a amar y a querer un pa√≠s que tiene mucho que dar y ofrecer.

 

Y colorín colorado, este cuento NO se ha acabado…

 

A√ļn queda mucho por contar de Skagen, Aalborg, las tumbas vikingas de Lindholm Hoje, la fortaleza de Hobro y muchas m√°s historias que no pod√©is perderos‚Ķ

 

José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

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Faborg
photo by: Sele