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Fionia. Erase una vez...

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Relatos pertenecientes a tres fines de semana en poco más de un mes en los que desde Billund tuve la ocasión de visitar los principales puntos de la Península de Jutlandia y de la Isla de Fionia. Una crónica que pretende mostrar esa "otra Dinamarca".
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Fionia. Erase una vez...

El Castillo de Egeskov, una de las maravillas de la Isla de Fionia

Érase una vez una Isla llamada Fionia donde el color verde de sus praderas se entrelazaba con el oscuro azul del mar. Los castillos emergían conjuntamente con sus vastos a la vez que refinados jardines y con sus estanques engalanados con cisnes, ocas y patos. Las pequeñas aldeas estaban compuestas por pequeñas casas de distintos colores cuyos tejados eran de paja. Allí tenían su molino de madera, sus establos, sus carpinterías, su farmacia, sus librerías, sus tabernas… En un ambiente de Paz y Concordia convivían las personas en todos y cada uno de los pueblos o solitarias viviendas. Eran conscientes de que debían respetar y cuidar la naturaleza por lo que siempre tuvieron con ella una asombrosa armonía... Los barcos y navíos unían esa Isla con otras más pequeñas coloreadas de verde y donde también había preciosas villas. Y es que el mar era tan importante para ellos como la tierra.

En ese lugar se cuentan Leyendas e historias de valientes guerreros, intrépidos navegantes e incluso de animales que buscaban su razón de ser en el mundo.

Egeskov Slot, como se le conoce en danés, centra la mayor parte de las visitas en Fionia
Los cuentos de hadas, de príncipes y princesas o de Reyes y Reinas se intercalaban con historietas fantásticas con moraleja final que no se perdían por nada los niños y niñas de todos los rincones de la isla.

 

Un frío domingo de enero dos amigos venidos de un lejano país llamado España, cuyos nombres son Jose (Sele es su sobrenombre) y Rebeca respectivamente, decidieron recorrer con su vehículo los lugares más llenos de magia y belleza de la preciosa isla. Salieron temprano del “Santuario de Odín” (Odense) donde habían pernoctado las últimas dos noches. La luz no era demasiado abundante debido a que grandes nubes se habían adueñado del cielo azul reinante en la jornada anterior. No llovía, pero la humedad del ambiente hacía intuir que de un momento a otro podía caer uno de esos aguaceros tan necesarios para mantener el color verde de insólitos matices.

A Sele, al que le encantan los castillos, ver Egeskov le hizo disfrutar como un niño

Tras abandonar con su automóvil la solitaria y silenciosa ciudad de Odense se internaron en una de las sendas (Carretera nº 9) que indicaban que por allí se llegaba a la Villa de Svendborg. Pero no era allí donde se dirigían. Su pensamiento era parar a medio camino (a la altura de Kvaendrup) en uno de los castillos más bellos y elegantes de toda la isla, que no en pocas ocasiones ha servido de portada de guías, revistas o fuentes de información de turismo del país danés. Responde al nombre de Egeskov Slot (en danés “Slot” significa “Castillo”) y es parada más que obligada para todo aquel que viaje alguna vez por esas hermosas tierras.

Tanto Rebeca como Jose, quienes habían considerado a este lugar como “imprescindible” en su proceso de descubrir ante sus ojos esa otra Dinamarca, tardaron aproximadamente media hora en cruzar dicha senda y penetrar en Kvaendrup donde a un par de kilómetros se alza tan magna construcción (ver mapa con ubicación exacta).

El Castillo de Egeskov pertenece a la Edad de Oro del Reino de Dinamarca

 

Entraron con su vehículo por un solitario camino cuando detrás de una oscura arboleda se intuían los muros del castillo que parecía estar allí esperándoles. A Jose esos momentos previos a algo grande le provocan excitación, emoción y alegría. Desde pequeño ha conocido y disfrutado junto a su padre de los muchos de los castillos y palacetes que campean por España desde tiempos inmemoriales. Siempre recuerda esos días en que ambos se escapaban sin planificación alguna y terminaban visitando alguno. Gormaz, Pedraza, Maqueda, Escalona, Coca, Almansa, Bellver, Simancas, Turégano, Peñafiel, Manzanares el Real, Puñonenrostro, Sigüenza, Consuegra, Mascaraque o Peñíscola son algunos de los nombres que a ambos siempre les van a recordar esas rutas ibéricas por los bellos pueblos y edificios medievales que conforman el panorama nacional.

Rebeca y Sele en una de las construcciones aledañas al castillo.

Pero en ese momento Jose no estaba con su padre sino con su compañera de trabajo y amiga Rebeca, que también estaba expectante con lo que a muy pocos metros les separaba. Ambos eran conscientes de que iba a ser difícil visitar tanto el Castillo como los inmensos jardines que lo rodean. Según las guías y manuales que habían consultado, a esas alturas del año se encontraría cerrado ya que tanto allí como en otros muchos lugares de Dinamarca, los principales monumentos y atracciones turísticas comenzaban su temporada en primavera. Más concretamente Egeskov abre todos los días desde el último fin de semana de abril hasta el primero de Octubre. (Horarios: 10:00-17:00 horas, Miércoles hasta las 23:00. Precios: Adultos 150 DKK, 95 si sólo se va a los jardines; Pequeños 77 y 52 DKK respectivamente.)

 

Pero Jose no se iba a contentar con ver el castillo a cien metros.

Sele en Egeskov
Tenía claro que haría todo lo posible por entrar. Rebeca en cambio, no era partidaria de saltar vallas o colarse. En el momento en que discutían en torno a lo que se podía hacer detuvieron el coche en frente de la puerta de entrada desde la cual sale un caminito de tierra que lleva hasta el fantástico edificio. Estaba totalmente abierta, y aunque no había nadie (turista o no turista) decidieron entrar aún a riesgo de que no estuviera permitido. No habían venido desde tan lejos para acobardarse. Así que abrigándose bien tras salir del coche se encaminaron hacia dicha puerta metálica y penetraron en el ajardinado complejo del que sólo se oían los soniquetes provocados por los muchos pajarillos y aves que allí anidaban pacíficamente.

 

Avanzaron unos metros que les fueron suficientes para admirar la grandiosidad y belleza de un terreno ajardinado, lleno de centenarias arboledas en cuyo centro se alza el Castillo construido a mediados del Siglo XVI cuando Dinamarca vivía una de sus épocas más gloriosas.

Rebeca también disfrutó de lo lindo de su experiencia Egeskov
Este edificio renacentista está rodeado de un lago en cuyo reflejo de muros y torres se pasean con elegancia los cisnes blancos. Durante el camino pudieron comprobar que no es ésta la única construcción sino que hay varias casas de color blanco con las vigas de madera al descubierto que albergan un museo de coches, viviendas de los cuidadores o algún restaurante (Café Jomfru Rigborg) por poner varios ejemplos. Pero fue el castillo lo que centró más su atención por lo que buscaron toda clase de ángulos y posiciones para captarlo lo mejor posible con sus cámaras fotográficas. Daba igual diez que cien instantáneas porque a cada momento salía una panorámica más clara, más sorprendente, más nítida…

Se acercaron a la puerta tras dejar el lago a ambos lados y pensaron debía haber gente dentro ya que había un coche aparcado.

Sele, otra foto?? Joer...
Alguien había dejado los periódicos del día debajo del portón de madera por el que se penetra a las múltiples estancias que contiene Egeskov Slot (66 para ser más concretos).

Ambos visitantes quedaron prendados del lugar e incluso Sele estuvo tentado de llamar al timbre y hablar con las personas que allí viven pero prefirió seguir recorriendo sus exteriores antes de que alguien les echara. A Rebeca no le hubiera hecho mucha gracia porque es muy vergonzosa y consideraba que lo que estaban haciendo podía tildarse de allanamiento de morada. El propietario de dicho tesoro se llama Michael Ahlefeldt-Laurvig-Bille que tiene tantos apellidos como dinero en su cuenta corriente. Posiblemente se encontrara en el interior del castillo regodeándose del regalo que había heredado y que transmitiría a sus hijos como hicieron con él. ¡Cuántos quisieran estar en su lugar y vivir en un precioso castillo rodeado de incontables hectáreas de jardín y campo!

Se alejaron del castillo y fueron dando la vuelta por la parte izquierda del lago para ir vislumbrando los muchos setos con formas geométricas y animales que cuidadosamente se habían encargado de podar los jardineros.

Es bonito, ¿verdad?
Hubo unos cuantos momentos en los que vieron salir a gente pero o no se fijaron en ellos o no quisieron hacerlo que allí nadie les dijo nada. Sele se puso muy pesado con las fotos y le estuvo pidiendo una y otra vez a su amiga que le retratara con tan impresionante monumento. Se quejaba de que ésta no enfocaba bien y de que la imagen se veía borrosa. Ella, harta y con una paciencia infinita, acabó sacando excelentes fotografías para no tener que escuchar más sus protestas. Pero es que él estaba tan feliz de estar allí que no quería borrar de su memoria ni un segundo, y pensaba que sacando muchas fotos sería más difícil olvidar esos preciosos momentos.

 

En épocas primaverales y sobre todo veraniegas, Egeskov Slot se debe convertir en prácticamente un Parque Temático porque incluso tiene zonas dedicadas nada más y nada menos que al Conde Drácula.

Parece sacado de un cuento.
No faltan tampoco los columpios, por lo que los críos pueden pasar un día bastante ameno allí. Al parecer este lugar recibe un importante número de visitantes quienes encuentran motivo suficiente para pasar toda la jornada. Se necesita de bastante tiempo no sólo para visitar el interior del castillo sino también para pasear por sus muchos jardines y zonas boscosas.

 

Siguieron después un camino que les llevó al puente de madera que cruza el lago y llega hasta otra puerta. Obviamente no entraron porque no hubiera servido de nada al estar ésta cerrada pero continuaron por esa zona tan llena de árboles hasta alejarse lo suficiente para ver una parte más salvaje que parecía un coto de caza. Justo cuando comenzó a llover con fuerza vieron de frente a unos metros cómo multitud de ciervos (en su mayoría crías) les miraban detenidamente.

Egeskov no es sólo el castillo, también es el gigantesco jardín
No es por exagerar pero seguramente no había menos de veinte de esta clase de antílopes. Trataron de acercarse a ellos pero a cada paso que daban los animalitos retrocedían dos. Hubo un momento en que ya no pudieron avanzar más porque en el suelo había un bloque de hielo bastante extenso que les hubiera hecho patinar con seguridad. Por tanto tuvieron que dar la vuelta y continuar con su visita por esos jardines centenarios decorados con fuentes y que parecen el edén particular del país danés.

 

Lo que buscaron y no encontraron fue el Laberinto de bambú del que hablan las guías tildándolo de similar al del Hotel de la magnífica película “El Resplandor” donde Jack Nicholson bordaba su papel de loco. Menos mal por otra parte porque era lo que le hubiera faltado a Rebeca que se asusta hasta de su sombra y pedía insistentemente volver al coche por si les cerraban las puertas de entrada.

Multitud de ciervos observaron a Rebeca y Jose, quienes al acercarse les hicieron retroceder poco a poco

Sus malas vibraciones en torno a ese asunto no podían ser más certeras porque ya a bastantes metros pudieron darse cuenta de que les habían dejado encerrados. Al final salieron saltando una de las vallas que no estaba a demasiada altura precisamente. Misión cumplida. Habían paseado “gratis” por el complejo de Egeskov y se habían acercado al castillo para divisarlo desde todos sus ángulos y perfiles. No podía haber salido el asunto mejor. Y encima, solos, con el único sonido que originaba el rumor del viento que golpeaba en las ramas de los árboles o el goteo constante de agua sobre el estanque. Para ellos la experiencia había sido de diez sobre diez…

 

Entraron al coche para proseguir su recorrido mañanero por esa maravillosa Isla llamada Fionia en que los sueños parecen hacerse realidad para todos los que llegan hasta allí.

Reflejos de Egeskov
La lluvia hizo un parón durante el rato en que siguieron por la carretera dirección Svendborg a la que después de unos minutos dejaron a un lado. Éste es otro de esos destinos importantes en Fionia pero ambos habían decidido marchar más al sur, a la pequeñísima isla de Tasinge a la que se accede cruzando un puente. Tenían apuntado en su cuaderno de viajes dos lugares muy próximos entre sí que se encuentran en dicha islita: Troense y Valdemars Slot.

 

Troense es una pequeñísima villa costera en la que sus verdaderos tesoros son las viviendas que parecen haber salido de un cuento de hadas. Aunque como estaréis comprobando, Fionia es en sí una fábula completa en la que no falta de nada. En verano es un lugar más concurrido por gente con caudales pero en invierno cuando fueron para allá nuestros intrépidos protagonistas no había prácticamente nadie.

Sele driver
Ni yates ni lujosos barcos. Tan sólo se intuían las luces de candil en el interior de las viviendas de grandes dimensiones que forman parte del interés cultural de Dinamarca.

 

Sele, que fue quien condujo durante todo el viaje, se detuvo en una de las calles más pintorescas y llamativas de dicha aldea portuaria: Badstuen. Allí ambos se bajaron y comenzaron a caminar dejando ambos lados las inmensas casas con tejados de paja que se habían cubierto a su vez de musgo por la humedad, de modo que se habían vuelto totalmente verdes. La mayoría tenía las paredes blancas con los entramados de madera entrelazados de color negro o marrón, aunque otras muchas estaban pintadas de rojo bermellón. En lugares como ese la vida parece pasar muy despacio. En cualquier momento da la impresión de que va a salir un hombre con barba fumando su pipa y contando historias de naufragios, piratas y tesoros.

En Troense, el pequeño pueblo con puerto de Tasinge (Fionia) donde hay un sinfín de casitas de cuento de hadas

Otra de las calles que pasaron de largo fue Grønnegade, de similar características aunque más cercana al centro del pueblo, donde ya pueden encontrarse un mayor número de hoteles que en ese momento tenían echado el cierre.

 

A un par de kilómetros de Troense se encuentra otra de las joyas arquitectónicas de las muchas que emergen del bucólico panorama fionés: El Palacio de Valdemar (Valdemars Slot) que desde hace siglos es la Residencia privada más grande de toda Dinamarca. Para llegar hasta allí nuestros amigos continuaron por la misma carretera con el mar a la izquierda y las praderas alternadas con altos árboles siendo la perfecta antesala del mismo.

Casa de Troense con el tejado de paja y hierba
De pronto se encontraron con uno de los edificios con forma de arco de color amarillo y blanco por los que hay que cruzar para entrar a la magna construcción palaciega. Unos metros antes, dejaron su vehículo en el vacío aparcamiento. Nada más salir del coche se puso a llover con bastante fuerza por lo que tuvieron que recurrir al paraguas pinturero que llevaba Rebeca de la firma “Agatha Ruiz de la Prada”. Ya sabéis, mucho rosa y mucho dibujito estrambótico y extraño.

 

Del primer edificio salió una pareja con un perro de raza Golden Retriever que se parecía bastante al de Sele (Lucas para más señas) por lo que a éste se le cayó la baba pensando en el que considera “su pequeño”. Para él su perro es algo más que una mascota. Es parte de su familia y de su vida porque en momentos difíciles trajo mucha alegría a la casa.

A quién no le gustaría tener una casita como ésta
 

En cuanto cruzó junto a Rebeca el arco pudo comprobar cómo a su derecha estaba el enorme Palacio de Valdemar donde hoy en día vive gente pero que encontraba cerrado al público como casi todos los monumentos daneses. Tan sólo abre sus puertas (Palacio, Museo, Jardines…) desde mediados de mayo hasta principios de octubre (ver horarios y fechas de apertura) con un abanico de precios bastante diverso dependiendo de lo que se quiera ver, de la edad o de si se va en grupo (ver precios).

Valdemars Slot fue mandado construir por el Rey Christian IV en 1639 para entregárselo a su hijo Valdemar Christian que jamás llegó a ocupar sus habitaciones tras haber caído muerto en una batalla en Polonia.

Sele y Rebeca en Troense (Fionia, Dinamarca)
En 1678 fue regalado al Almirante Niels Juel como premio por haber derrotado a los suecos en la Batalla de la Bahía de Køge un año antes. Actualmente los herederos del insigne almirante viven en este precioso lugar y organizan eventos y fiestas a las que acude la flor y nada de la aristocracia danesa.

 

Los 8000 metros cuadrados de Palacio (hablamos sólo del edificio principal) albergan una colección de cuadros y objetos decorativos de incalculable valor. Tiene un elevadísimo número de habitaciones (una reservada para la Reina Margarita) aunque “tan solo” 21 están abiertas al público. Pero Valdemar también posee un Museo de Juguetes, otro Naval y una majestuosa recolección de trofeos de caza.

 

Jose y Rebeca se dieron una vuelta por los exteriores desde donde vieron la “Casita del té”, el lujoso restaurante o la enorme capilla unida a la mansión.

Edificio que forma parte del Palacio de Valdemar (Fionia)
Detrás un estanque bastante considerable y delante acceso a la playa con embarcadero propio. Otro de esos lugares rodeados de pomposidad y ostentación en medio del virtuoso entorno natural que conforman esas privilegiadas tierras.

 

Después de visitar los exteriores de tan magna construcción continuaron su recorrido por la misma carretera dejando el mar al ras hasta que giraron a la derecha para detenerse en un pueblo llamado Bregninge donde destaca una iglesia medieval (excesivamente reconstruida) en la que llama la atención las tres réplicas a escala de navíos del XVII que cuelgan los techados interiores. Esta costumbre es usual en los países nórdicos aunque es mucho más normal verla reflejada en Noruega que en Dinamarca. Escandinavia y el Mar están íntimamente relacionados desde tiempos vikingos en que hicieron de la navegación más que una forma de vida un arte.

El Palacio de Valdemar o Valdemars Slot
Uno de los barcos colgantes reproduce el Barco con el que el mencionado Almirante Juel participó en la Batalla de Køge.

En ese momento de Bregninge la lluvia había tirado por derroteros más bien desmesurados. La fuerza con que jarreaba el cielo iba acompañada de una poderosa velocidad del viento que les hacía imposible cubrirse de forma alguna. No valía ni paraguas ni chubasquero ni nada. Lo mejor para no acabar totalmente empapados era volver raudos al coche. Tras abandonar la diminuta aldea en la que muchas de sus casas también cumplían a rajatabla el “manual de las casas de cuento”: Color, traviesas de madera y tejados de paja verdosos, siguieron por la carretera en sentido norte para abandonar la islita de Tasinge donde se encontraban y tomar otro camino (Carretera nº 44) durante unos 30 o 40 kilómetros en sentido izquierdo que llevaba a su último destino en Fionia, Faaborg.

 

El trayecto, a pesar de la copiosa lluvia, fue de lo más entretenido porque no hubo momento en que ambos no cesaran de maravillarse ante el legendario paisaje.

Rebeca con Josele en la escalinata de Valdemars Slot, uno de los complejos palaciegos más lujosos de Dinamarca
Pasaron junto a un molino y varias granjas de animales donde había preciosos caballos de melena rubia pastando en la hierba. No estaba siendo un domingo cualquiera precisamente. Rebeca y Sele se estaban sintiendo como dos personajes de un cuento de Andersen que descubrían a su paso un mundo distinto al que estaban acostumbrados a vivir. Era como si estuvieran totalmente solos en la magnífica Isla danesa cuyo nombre es adecuado para utilizarse en historietas de caballeros, dragones o hechiceros. Fionia era para ellos, sólo para ellos.

 

Rebeca se estaba dando cuenta de lo que Jose le había dicho antes de partir en torno a que aunque parezca mentira un viaje de dos días da para más de lo que se piensa siempre que se aproveche bien el tiempo. Con todo el temor que llevaba antes de partir comprobó que era lo mejor que había podido hacer en mucho tiempo.

Rebeca en el Palacio de Valdemar
Sele, que no iba de nuevas en esto de los viajes de fin de semana, seguía a su bola disfrutando como un niño de su segunda experiencia danesa en tan solo dos semanas. Y lo mejor es que a ambos aún les quedaba otra…

 

Fue justo arribar al embarcadero de Faaborg y dejar de llover. Fue como si el cielo se hubiera apiadado de ellos para que pudieran recorrer las callejuelas del bonito pueblo pesquero que hasta la construcción del canal que une Odense con el mar era el mayor puerto de la Isla de Fionia. Hoy en día queda mucho de ese esplendor y por ello es uno de los lugares más visitados por turistas que además de admirar sus callejuelas tan llenas de colorido gustan de utilizar las playas (bastante pequeñas por otra parte) e incluso los más atrevidos y adinerados compiten en regatas.

Camino a Bregninge
No sería de extrañar hasta participe el homónimo danés del “Bribón” español que todos los veranos surca las aguas mediterráneas comandado por el Rey.

 

Aparcaron el coche en el propio puerto del que salen ferries a no pocos lugares de Dinamarca, siendo el destino más interesante para los viajeros suele ser la bonita Isla de Ærø. Tanto a Rebeca como a Jose les hubiera encantado conocer ese lugar pero como el tiempo es limitado y no se puede tener todo debían conformarse con lo que estaban viendo en ese fin de semana. Y la ciudad (o mejor dicho pueblo) de Faaborg tiene no pocos ingredientes para quedarse con la conciencia tranquila de haber estado en uno de los lugares más recomendables de toda Fionia.

 

Lo que hicieron nada más llegar fue dirigirse hacia la Plaza del pueblo (Torvet) donde se sentaron en un restaurante de comida rápida que llevaban varios tipos hindúes.

Iglesia de Bregninge en cuyo interior hay 3 barcos votivos colgados del techo
Quizá era el más económico que pudieron permitirse ya que sus maltrechos presupuestos habían quedado al límite tras haberse escapado la noche anterior a Copenhague, la capital del Reino de Dinamarca. Y aún tenían que desembolsar parte de sus caudales para devolver su vehículo en el Aeropuerto de Billund con el depósito lleno. Así que visto que la cosa no estaba para muchas florituras pidieron kebab, un perrito y poco más para llenar sus estómagos que llevaban largo rato pidiendo a gritos ser saciados. Allí mismo aprovecharon para consultar sus guías e informarse un tanto respecto a la Historia de Faaborg y a sus puntos más destacados para visitar. En una de ellas (Guía Azul de Dinamara de GAESA) venía un itinerario bastante interesante a la vez que sencillo que decidieron seguir para no perderse lo más importante de la diminuta ciudad sita en el sur fionés. Algo similar había hecho Sele en esa perla de Jutlandia llamada Ribe en que junto a dos de sus amigos del barrio madrileño de Aluche (Wicho y Juanra) hicieron una ruta bastante completa por sus calles de estilo medieval ayudados por las directrices de la prestigiosa guía en castellano.
Uno de los barcos que cuelgan del techo de la Iglesia de Bregninge

Así que esta ocasión no debía ser menos, aunque posiblemente no fuera tan duradera como la anterior ya que Faaborg es bastante más pequeña que Ribe. He aquí pues el itinerario que siguieron Sele y Rebeca por loa que un día fue de las mayores ciudades con puerto de toda Dinamarca:

 

Obviamente comenzaron en la Plaza (Torvet) porque era en uno de sus locales donde se habían detenido para almorzar. A diferencia de otras ciudades y villas danesas, este lugar no está en absoluto peatonalizado y hay un gran número de coches aparcados que no hacen más que restarle encanto. Tan sólo alguna vivienda, al igual que el edificio de archivo (y antigua cárcel), se salvan de la nimiedad del entorno al igual que la extraña estatua de un hombre desnudo amamantado por una vaca.

Casa pintoresca en Bregninge
El nombre de dicha estatua es Ymerbrønden y responde al mito noruego de la creación y la fertilidad. Al parecer en su día se montó bastante revuelo cuando allí fue colocada dicha escultura.

Desde la Torvet cogieron la Calle Adelgade que recoge todo el encanto y belleza que le falta a la Plaza. A ambos lados uno puede deleitarse de pequeñas casas del Siglo XIX con diversos colores que parecen haber sido sacados de la paleta de un pintor de época. En Dinamarca abundan las calles de este tipo pero cada una tiene una gracia y una pulcritud que las hace ser únicas. Por ello Sele y Rebeca no dejaron de quedar asombrados ante la perfecta armonía de tamaños, gamas, matices de los hogares que allí se alinean.

Giraron la primera a la izquierda y rápidamente se encontraron con su emblemática Torre del Reloj (Klokketårnet) que lleva seis siglos marcando las horas a los habitantes de Faaborg sin olvidar su función meramente religiosa (Forma parte de la Iglesia de San Nicolás).

Molino de viento fionés

El color que predomina en esta ciudad es el amarillo (alternado en no pocas ocasiones con el rojo intenso) tal y como los protagonistas de nuestra historia pudieron comprobar en la Calle Østergade que utilizaron para volver nuevamente a la Plaza. Siguiendo de frente accedieron a la célebre y bella Holkegade, donde las casas son como poco del Siglo XVIII y cuyas vigas se entrelazan en unas paredes de color mostaza. En el número uno de la misma se encuentra lo que un día fue hogar de un potentado mercader y que hoy en día es un museo (Den Gamle Gaard) en el que se puede ser testigo de cómo era por dentro su casa. El mobiliario y decoración son absolutamente originales. Al parecer son muchas las habitaciones que se conservan al igual que estaban hace tres siglos. Suena a tópico de nuevo pero Jose y Rebeca la encontraron cerrada debido a que suele abrir de mediados de mayo a mediados de septiembre de 10:30 a 16:30 por el precio de 30 Coronas danesas aproximadamente (Los niños no pagan).

Calle Adelgade de Faaborg

Pero no es éste el único tesoro de Holkegade ya que en el número 2 hay un museo que guarda un gran número de maquetas de barcos, tema recurrente una vez más. En esta calle se esconde quizá la mayor parte de esa Faaborg de Leyenda y de dibujos animados con lugares que parecen existir sólo en nuestra imaginación.

 

Sele siguió sacando fotos hasta la saciedad para hacer llegar a sus internautas favoritos esos sitios que tanto le estaban gustando. Para él es muy importante su página web (El Rincón de Sele) en la que pretende no sólo tener un lugar para recordar sus aventuras en forma de viaje sino también para echar una mano a esos viajeros a los que gusta organizar sus rutas de forma independiente.

Faaaborg es uno de los pueblos costeros más interesantes de Fionia
Quería mostrar esa “otra Dinamarca” a todo el que tuviera en su mano poder conocerla convenientemente. A pesar de haber estado años antes, se había volcado en 3 fines de semana en abarcar algunos de los puntos más interesantes y a menudo olvidados o desconocidos. De esa manera demostraría y ayudaría a todos aquellos que como él habían escogido volar a un Aeropuerto secundario (Billund o Aarhus) algo lejanos de la cosmopolita y universal Copenhague. Dinamarca no sólo es su capital. Como estáis pudiendo comprobar hay un gran número de ciudades y villas que merecen rendirles visita alguna vez en la vida. Por no hablar del paisaje de ensueño que hace del verde su asignatura favorita.

 

Con esa ensoñación danesa que estaba viviendo junto a su amiga del trabajo (se suele decir compañera de trabajo pero en este caso el grado sube un escalafón) continuó su marcha por la atractiva y pintoresca Faaborg.

Sele en Faaborg
Anduvieron unos metros más para coger la paralela a Holkegade cuyo nombre es Vestergade, porque en la misma se encuentra uno de los arcos más antiguos de la ciudad que un día sirvió como puerta de entrada a la misma (Vesterport). Es del Siglo XV y en este caso cambió el amarillo por el rojo bermellón que parece tener vida propia. Lo último de interés que visitaron fue Den Voigtskegaard que es un complejo de casas de tono mostaza nuevamente reconocible por su arcada que da acceso a un bonito patio interior.

 

El paseo recomendado por la guía había sido completamente satisfactorio a pesar de que todo estaba completamente cerrado. Les hubiera gustado ver la casa del mercader ya mencionada, o pasar a ver alguna de las mazmorras de la cárcel de la Plaza, o incluso el Museo de Arte fionés (Calle Gronnegade 75) pero obviamente las fechas no eran las mejores para llevar a cabo dichas visitas.

Plaza principal de Faaborg (Torvet)
  Al menos se habían quedado con innumerables detalles de una de las villas más agraciadas de Fionia. Con ganas se quedaron también de coger alguno de los muchos barcos que iban y venían de algunas de las preciosas islitas del sur, pero no había tiempo para ello. Sólo pudieron quedarse durante unos minutos más mirando de forma incansable ese mar que tan lejos tienen de su casa.

 

Miraron el reloj y se dieron cuenta de que era más pronto de lo previsto y aún les quedaba varias horas antes de tener que personarse en el Aeropuerto de Billund, la ciudad conocida por albergar Legoland (Abierto de mediados de Abril hasta Octubre, 180 DKK).

Rebeca y Sele en la Calle Holkedade de Faaborg
Decidieron que a pesar de contar todavía con bastante tiempo se irían acercando lo máximo posible a esta localidad de Jutlandia, y si preciaba, detenerse en alguna ciudad o pueblo interesante. Se subieron al coche y durante unos minutos estuvieron en el aparcamiento mientras Sele revisaba las guías para atisbar cualquier posibilidad. No tenía ni idea de lo que podía ser más conveniente. Kolding, Fredericia, Vejle o las runas de Jelling eran algunos de los nombres de lugares jutlandeses donde podía ser interesante hacer una parada. No eran en absoluto “maravillas” respecto a lo que estaban acostumbrados a ver, pero sí podían ser interesantes para pasar sus últimas horas en Dinamarca en un sitio cercano a Billund.

 

Sin dejar nada claro ni haber decidido dónde se detendrían se pusieron en camino para abandonar la Isla de Fionia.

Den Gamle Gaard es un museo que muestra la casa de de un mercader del Siglo XVIII
Cogieron la carretera número 43 en dirección a Odense para enlazar con la intachable Autopista E-20 que les internaría en Jutlandia. Ya a pocos kilómetros de haber pasado el puente que une península con isla accederían a otra autopista que va de norte a sur (E-45). Y que allí fuera lo que Dios quisiera…

 

En el trayecto se dieron cuenta una vez más del extraño microclima danés porque en poco más de una hora dio tiempo a que lloviera, se asomara el sol, cayera un aguacero de nuevo y se terminara despejando por completo. Debe ser el viento lo que hace que allí las nubes pasen a una velocidad asombrosa y que provoque tales cambios meteorológicos.

Se fueron despidiendo de las bucólicas llanuras donde los caballos habían salido a alimentarse de la reluciente hierba. Aunque fuera únicamente por el paisaje vale la pena ir alguna vez a Dinamarca.

Casas pintorescas de Faaborg
Saborear y olfatear la pureza de un entorno como ese da por bueno todo viaje al país escandinavo. Jose y Rebeca eran conscientes de ello completamente. Aún estaban allí y ya estaban deseando que llegara de nuevo el viernes para continuar con su experiencia danesa.

 

Pasaron Odense e incluso cruzaron el puente de Jutlandia para decir adiós a Fionia. Rebeca, que a menudo parece no enterarse de la película, le preguntó a Jose si iban a pararse en Odense o la iban a rodear. Sele se rió diciéndole “estás en el mundo porque tiene que haber de todo. Vaya orientación que tienes. A veces me da la impresión de que vienes secuestrada y no sabes ni a dónde vas ni de dónde vienes”. Ésta respondió devolviendo las risas y justificando su nula orientación por el sueño que tenía.

Vesterport es la única puerta de acceso a la ciudad de Faaborg que se conserva

 

Una vez tomaron la E-45 en dirección norte Sele le pidió que mirara en el mapa cuál era la mejor salida para llegar a Jelling ya que podía ser interesante ver las estelas rúnicas de Gorm y Harald Dienteazul, que supusieron la creación de la monarquía más antigua del continente europeo. Pero Rebeca no encontraba Jelling por ninguna parte, es más, llegó a decir que “ni existía ni venía en el mapa”. ¿Pero cómo no va a existir? Míralo bien y dime la salida que tengo que tomar porque debe estar ya por aquí • le replicó algo nerviosillo dándole ganas de coger él mismo el plano. Finalmente le dijo rápidamente un número de salida que tomó pero que no sirvió para encontrar en enlace a la secundaria que llevaba a Jelling. Así que el lugar que finalizaría la experiencia danesa sería…Vejle!!

 

Si a Jose y a Rebeca les hubieran dicho antes que acabarían su fin de semana en esta ciudad a 28 km de Billund no se lo hubieran creído.

Rebeca&Sele en el puerto de Faaborg desde donde salen ferries a las islas del sur de Fionia
Las referencias que tenían de la misma no eran las mejores. Habían oído bastantes cosas acerca de su excesiva industrialización y su escaso interés turístico por lo que siempre habían desechado la idea de visitarla. Pero tenían algo más de dos horas para estar allí y sea como fuere no podían hacer más que quedarse allí. Mejor eso que estar en el Aeropuerto perdiendo el tiempo • pensó Jose mientras ojeaba rápidamente una de sus guías en que apenas venían dedicados unos párrafos a dicha ciudad nacida de un fiordo.

 

Así que anduvieron por las principales calles y lugares de una de las ciudades con “menos vida” de las que habían estado nunca. Para ser un domingo por la tarde, sin lluvia y con una temperatura bastante agradable resulta bastante chocante no ver un alma por la calle.

Rebeca y Sele en el puerto de Faaborg junto al Ford S-Max con el que se movieron por toda la isla
Incluso moviéndose por las avenidas y callejuelas peatonales del centro fueron incapaces de encontrar un mínimo grupo de personas caminando. A lo mejor cada cierto tiempo salía algún solitario personaje, pero lo más usual fue caminar totalmente solos.

Los más de 50000 habitantes que tiene su núcleo urbano parecía que se les hubiese tragado la tierra.

 

La vía principal era de estilo peatonal y comercial, al igual que en el 100% de ciudades danesas. En este caso se llama Sondergade, que si algún avezado lector recuerda, es el mismo nombre que la que del mismo tipo se ubica en Aarhus. Bastante parecida a las otras (Aarhus, Odense…) tenía encanto suficiente para que hubiera algún alma paseando por allí.

Calle Sondergade de Vejle, solitaria, vacía...inerte
Pero no, la única compañía que tuvieron Rebeca y Sele fueron las extrañas estatuas de hombres y mujeres caballo que hay sentadas en un banco y en una fuente. Qué ciudad más rara y más friki, dijo Jose entre risas mientras sacaba instantáneas de la solitaria avenida. Anda que para vivir aquí, qué depresión… soltó Rebeca, que como siempre, se tomó todo con mucho humor.

 

Avanzando por Sondergade terminaron llegando al Edificio de la municipalidad, es decir el Ayuntamiento (Radhuspladsen), que les pareció más o menos llamativo. Sin pasarse, claro. Tomaron justo después Kirkegade para llegar a la Iglesia de San Nicolás, bastante sencilla y anodina en su exterior.

Vejle parecía la ciudad fantasma
Pero no os creáis, que en su interior se puede ver “el lado más macabro” ya que expone en una urna de cristal a una mujer momificada que tiene más de mil quinientos años. A Sele, bastante “macabrito” que es él, le hubiera encantado echarle un ojo, pero lamentablemente el templo religioso tenía sus puertas cerradas.

 

Y poco más tiene Vejle. Aparte de lo comentado anteriormente posee dos museos medianamente interesantes. El Den Smidtske Gaard (Sondergade, 14), que representa una casa típica del XVIII con decoración de la época, y el Vejle Museum (Museo de Arte de Vejle en la Calle Fleborg 16) de pintura y escultura principalmente danesa aunque con algunas excepciones del resto de Europa.

 

También, en lo alto de una colina, visible desde cualquier punto de la ciudad,  hay un viejo molino (Vejle Vind­møl­le) de finales del Siglo XIX de color blanco que se puede visitar en su interior.

Que no salen en la foto!!

 

Rebeca y Jose, haciendo tiempo, se dieron una vuelta por el puerto, que no es precisamente lo más bonito del mundo. Que nadie espere poder caminar por un precioso paseo marítimo al ras de las aguas del fiordo. Más bien lo que uno debe esperar es ver cantidad de grúas y de barcos cargando sus mercancías y de fondo una largo puente que lo cruza.

Y en la calle seguía sin haber nadie. Alguna pareja de ancianos o alguna chiquilla en bicicleta…

A alguien venido de España vivir allí le tendría que costar muchísimo, comentaron los dos amigos acostumbrados a ver más algarabía en las calles de su ciudad.

Bonita casa de Vejle. Es una ciudad que no está tan mal, pero que no tiene vida alguna

 

Ambos volvieron de nuevo al centro de la ciudad y entraron a una de los pocas cafeterías que estaban abiertas durante el silencioso y aburrido domingo local. Justo detrás del Ayuntamiento (nada más atravesar Sondergade) descubrieron el “Den Gamle Arrest” (La vieja cárcel) y se sentaron a tomar un buen chocolate caliente con crema. Quizá éste fue el que mejor les sentó en todo el viaje. Les supo especialmente delicioso aunque por contra les amodorró que por poco se quedan dormidos en la mesa. Estaban agotados porque había sido un fin de semana non-stop en el que habían hecho muchos kilómetros (a pie y en coche). Sele estaba deseando sentarse en el avión para caer destrozado y romperlo a ronquidos hasta llegar a Madrid.

Ayuntamiento de Vejle.
Desgraciadamente Rebeca no sería muy afín a este propósito porque se pone tan nerviosa al volar que no deja respirar al que tiene a su lado.

Cuando vieron que era buena hora para marcharse abandonaron las instalaciones del bar. Jose le comentó a Rebeca que en Ribe quince días antes había visto otro lugar con el mismo nombre. Y es que Den Gamle Arrest es uno de los hoteles más famosos de la considerada ciudad más antigua de Escandinavia. Algún día dormiré en una de sus celdas • dijo encomendándose a volver de nuevo allí para alojarse.

 

Ir en coche de Vejle a Billund es bastante sencillo ya que como todas las carreteras en Dinamarca, la señalización es bastante clara.

Iglesia de San Nicolás (Vejle, Dinamarca)
Lo único que tuvieron que hacer fue seguir las indicaciones hasta tomar la número 28 que en veinte minutos les dejó en el Aeropuerto.
Como el coche hay que dejarlo lleno de combustible, se detuvieron a echar gasoil en una gasolinera de autoservicio (sólo están los surtidores) a escasos metros del parking de la Terminal de Billund. Cuando fueron a meter dinero a la máquina ésta no les aceptó los billetes. Después de pedir ayuda, una honorable señora introdujo su tarjeta de crédito y puso la cantidad necesaria para que llenaran el depósito. Justo en ese momento le dieron el dinero correspondiente agradeciéndole enormemente el detalle que había tenido. Cualquiera podía no haberse fiado y haberse marchado sin más.

 

Entraron al parking del Aeropuerto y devolvieron el coche en la misma plaza donde lo habían tomado dos días antes que a esas alturas les parecían siglos.

Puerto de Vejle
Les dio mucha pena dejarlo allí aunque sabían que una semana después volverían de nuevo a Billund para comenzar una nueva aventura, en este caso, encaminada a descubrir el inconmensurable norte de Jutlandia.

 

Entregaron las llaves a la Oficina de Hertz y dejaron reservado para el viernes por la tarde otro Ford S-Max porque habían quedado satisfechos con su rendimiento. Jose quedó enamorado de sus seis marchas, de su bajo consumo y de su gran espacio interior en el que se puede ir muy cómodamente. Por cierto, la gente de Hertz se portó muy bien con ellos porque aunque les reservaron el vehículo que querían, les recomendaron hacer la transferencia directamente por internet para que les saliera más barato. No todo el mundo se hubiera comportado de forma tan honesta. Pero si de honestidad y honradez se trata, los daneses son el mejor ejemplo de los mismos.

Rebeca y Sele se despiden de todos ustedes... Hasta la próxima!!
Algo reservados pero muy buena gente.

 

El rato antes de que saliera su avión cenaron en una cafetería próxima a su puerta de embarque. Les pareció curioso que nada más pedir lo suyo les entregaran unos aparatejos que darían un pitido cuando lo tuvieran preparado. Rebeca se comió un sándwich vegetal y Sele se tomó unas salchichas con patatas fritas, aunque mejor dicho era una fuente de patatas fritas aderezado con un par de salchichitas pequeñas.

 

El avión salió a la hora prevista con gran parte de los pasajeros que habían tomado un vuelo el viernes. Pocos subieron sin cara de zombies de haber dormido poco. Jose se encontró al grupo que había seguido sus escritos en torno a Aarhus quienes le dijeron que habían disfrutado de la noche danesa como nunca. Aunque una de sus amigas de Dinamarca les llevó a su casa de Horsens (anodina como Vejle) en vez de ver Ribe, que era el otro lugar recomendado en su crónica de internet. Pero al menos la experiencia parecía haber sido positiva.

 

Durante el vuelo Rebeca dio bastante el latazo a Jose con su consabido miedo a subirse a un avión. El trayecto tuvo algunas turbulencias más de las normales y eso la tuvo en tensión todo el tiempo. Sele se vio obligado a hacerse el dormido porque sabía que si le prestaba atención a su amiga, ésta acabaría más nerviosa todavía.

 

Sus temblores y neuras desaparecieron cuando a las once y media, treinta minutos antes de lo previsto, el avión de 5403 de Ryanair aterrizó en Madrid donde hacía una gélida noche. En ese momento concluyó su aventura de fin de semana que tantas cosas les había enseñado. En tan sólo dos días les había dado tiempo a mucho, entre otras cosas, a aprender a amar y a querer un país que tiene mucho que dar y ofrecer.

 

Y colorín colorado, este cuento NO se ha acabado…

 

Aún queda mucho por contar de Skagen, Aalborg, las tumbas vikingas de Lindholm Hoje, la fortaleza de Hobro y muchas más historias que no podéis perderos…

 

José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

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