Estelas vikingas en Jutlandia

Alborg Travel Blog

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Amanece en Skagen dorando el horizonte

El domingo 4 de febrero de 2007 marcaría el fin de un redescubrimiento personal de esa otra Dinamarca que tanto nos estaba dando. Éste sería un día que nos depararía nuevas sorpresas que pondrían el epílogo perfecto a nuestra aventura por tierras nórdicas. Y qué mejor manera de iniciar “ese apasionante final” que contemplar cómo el fulguroso amanecer traza en acuarela un lienzo indiscutible.  

Por esa razón habíamos programado el despertador del móvil para que sonara minutos después de las siete de la mañana. Había que vestirse, recoger todo y desayunar antes de ir a la “vieja grúa” de la playa desde donde nos dijeron que se veían los mejores amaneceres.

Iglesia de Frederikshavn (Siglo XIX)
Pero tuvieron que sonar todos y cada uno de los tonos, politonos y sonitonos para arrancarnos definitivamente de nuestros dulces sueños. Finalmente una canción de Martes y 13 imitando a radio futura con un Rap improvisado terminó de espabilarnos. La risa es el mejor despertador posible.

 

El desayuno no fue tan copioso como el día anterior, pero sí lo suficiente para dejarnos bien saciados. No hizo falta bajarse a la mesa guías o mapas porque estaban muy claros los objetivos de ese día. La idea que llevábamos desde un principio consistía en visitar la ciudad de Aalborg, segunda en importancia en Jutlandia y cuarta en Dinamarca. Después marcharíamos a la solitaria y misteriosa colina de Lindholm Hoje, a las afueras, para ver uno de los mayores cementerios vikingos que se conservan.

Krudttårnet es la Torre defensiva que se conserva en Frederikshavn desde finales del Siglo XVII
Si el tiempo daba para más haríamos alguna que otra paradita interesante de camino al Aeropuerto de Billund. Para ese “posible destino a medio improvisar” tenía en mente Hobro, que quienes hayáis seguido los relatos desde el principio sabréis que fue uno de los sitios que fueron sugeridos para el primer fin de semana. Allí se encuentran los restos de una fortaleza vikinga (Fyrkat) además de una perfecta reconstrucción de una casa de madera de la época. No son cosas que den para mucho tiempo por lo que no costaba nada parar a echarlo un vistazo.

 

Nos esperaba por tanto un día muy de “vikingos” y muy de coche, ya que debíamos desandar lo andado y retroceder casi 400 kilómetros que son los que separan a Skagen de Billund. Un domingo agotador pero excitante nos aguardaba para salir al encuentro de ese espíritu vikingo tan presente en los Países Escandinavos.

Catedral Budolfi de Aalborg (Budolfi Domkirke)
Queríamos revivir el mito de un pueblo maltratado por la historia al tacharlos de crueles y sanguinarios. Muchas son las fantasiosas invenciones del pasado que han traído los estereotipos de hoy en día. Como por ejemplo, ser siempre imaginados y retratados con sus cascos de cuernos, cuando no hay prueba fehaciente de que así fuera. Pero ya hablaremos de ellos más adelante. Palabra de vikingo…

 

Antes nos esperaba el espectáculo solar del amanecer por lo que en dos minutos en coche nos plantamos en la grúa antigua por la que se deja asomar el Báltico. Cuando llegamos el show había comenzado y el gran círculo de fuego estaba pintando con tonos áureos tanto el horizonte como las olas del mar. Resplandeciente, doraba todo lo que iba tocando a su paso como si del Rey Midas se tratase. Nunca me canso de ver amaneceres y atardeceres.

En Aalborg, la cuarta ciudad más poblada de Dinamarca.
Son en realidad tan diferentes, tan apasionantes. Para mí la ida y la venida del Sol es la mejor metáfora posible para explicar lo que es la vida.

 

Con semejante estampa guardada en nuestra memoria regresamos al coche para esta vez sí, coger carretera y manta y abandonar la punta norte danesa. La carretera número 40, a partir de Frederikshavn, se convertiría en la inmensa Autopista E-45 que atraviesa de arriba abajo la Península de Jutlandia y que desde la que si se va siempre en dirección sur, se cruza Alemania y Austria para entrar en Italia. Una de las mejores vías de Europa sin duda alguna.

 

Para llegar a Frederikshavn invertimos algo menos de media hora.

En amarillo parte de la fachada del Antiguo Ayuntamiento de Aalborg. Desde aquí da inicio la calle Osteragade, que es quizá la más interesante de la ciudad.
A pesar de no tener gran cosa no quisimos marcharnos de allí sin detenernos en sus dos pequeños tesoros: La preciosa Iglesia de finales del XIX y una torre defensiva del XVII que se conserva en el puerto. Aunque esta pequeña ciudad de aproximadamente 30000 habitantes le debe su fama al tráfico marítimo entre Noruega y Suecia. Está en el Libro Guinness de los Records como el puerto con mayores entradas y salidas de transbordadores del mundo.

 

Turísticamente hablando no vale mucho la pena, pero al menos quisimos pasar a la iglesia que destaca por su altura. Allí no había absolutamente nadie. Y menos en la Torre defensiva, conocida como Krudttårnet, que queda prácticamente en frente de la misma. Circular, blanca y de escasa altura, hoy en día expone algunas piezas de artillería naval aunque tan sólo abre durante los meses de verano.

La Casa de Jens Bang (Jens Bangs Stenhus) es la residencia privada más grande del Renacimiento Europeo
Poco más tiene esta ciudad, la verdad. Su importancia radica en ser un punto de conexión clave para moverse vía marítima por Escandinavia.

 

Volvimos al coche y accedimos directamente a la Autopista para recorrer del tirón los 65 kilómetros que separan a esta pequeña ciudad de Aalborg. Cuando dejamos atrás Frederikshavn el paisaje amarillento y arenoso del norte se convirtió de nuevo en el horizonte típicamente verde y agreste de Jutlandia. Durante el trayecto nuestra compañía fueron los del Canto del Loco sonando a todo meter en los altavoces del coche. Las primeras vocecillas cantarinas del primer día habían pasado a ser las de un karaoke porque Rebeca y yo perdimos la vergüenza y dimos rienda suelta a nuestra faceta más musical, y quien sabe si la más desastrosa. Yo soy muy amigo de ir con la música en el coche e ir cantando como si me fuera la vida en ello.

Jens Bangs Stenhus (Aalborg, Dinamarca)
Y según lo que veo a través de las anónimas ventanillas de los coches, no debo ser el único.

 

Cuarenta minutos nos bastaron para entrar en la gran ciudad de Aalborg, que a pesar de tener menos población que Aarhus (unos 160000), a mí me pareció superior en extensión a ésta. A medida que nos fuimos adentrando a la misma, nos fijamos en que se encuentra masivamente industrializada. Alrededor del Fiordo (Limfjord) que la separa en dos partes (norte y sur) se concentra un gran número de fábricas que ennegrece algo el entorno. Menos mal que su centro histórico compensa todo lo demás, porque esta ciudad es uno de los lugares más importantes de Dinamarca en lo que a Historia y a Cultura se refiere.

 

Aalborg fue fundada por los vikingos hace más de diez siglos convirtiéndola en un punto clave del comercio de la zona por su cercanía con la costa.

Rebeca y yo con la Casa de Jorgen Olufsen de fondo
Alabu, como se la conocía en la época fue una ciudad próspera y de gran importancia en Dinamarca no sólo por su floreciente actividad comercial sino también por ser la monopolizadora de la salazón de arenques. Este detalle, al parecer, era de suma importancia en Escandinavia, y por ello, concentró gran parte de la riqueza jutlandesa. Esto provocó la llegada de ricos comerciantes que fueron habitando la ciudad dividida por el Fiordo Limfjord. Durante los últimos siglos esta relevancia financiera fue decayendo lentamente pero sí que se mantuvo ese poso cultural que llega hasta nuestros días. En la parte sur de Aalborg se encuentra el casco histórico mientras que en el norte, al que se llega tanto por un puente como por un túnel, se concentra una porción muy importante de viviendas. Aunque también cabe decir que lo más conocido de Aalborg, el cementerio vikingo de Lindholm Hoje, se encuentra en una solitaria colina de esta zona norte.

 

Nosotros preferimos comenzar con la visita a la ciudad y dejar lo de los vikingos para el final.

La mansión de Jorgen Olufsen es una de las construcciones más bellas de Aalborg
Por tanto aparcamos el coche (casi todo es zona de pago, aunque no los domingos) en uno de los lugares más céntricos del municipio, que no es otro que la Catedral. Y fue este el primer punto en el que detuvimos nuestra atención y desde el cual seguimos un itinerario más o menos aceptable. A pesar de las críticas desfavorables a esta ciudad por parte de la Lonely Planet de Países Escandinavos, quisimos corroborar en persona que las guías no siempre tienen razón. Aalborg es un claro ejemplo de que no hay que seguirlas al pie de la letra, ya que a mí me pareció un lugar con mucha vida (a diferencia de otros muchos de Dinamarca), con edificios y construcciones singulares y con una oferta gastronómica y de ocio más que suficiente.

 

La Catedral (Budolfi Domkirke) se diferencia de los otros grandes templos daneses en que sus muros están totalmente pintados de blanco.

Rebeca en la Calle Osteragade, una de las más llamativas de Aalborg
Del Siglo XII, conserva en su interior valiosísimos frescos de la época que se han ido descubriendo detrás de las blancas paredes. También son destacables la gran cantidad de retablos barrocos realizados por un escultor danés del XVII llamado Lauridtz Jensen.

En el momento en que entramos nosotros se estaba celebrando un bautizo “múltiple” y la gente no nos miró con cara de buenos amigos, por lo que apenas estuvimos en la misma un par de minutos.

 

Salimos de la Catedral y tomamos un estrecho callejón llamado Adelgade (en las guías lo confunden con Algade, pero esa es otra calle). En el camino nos cruzamos con un antiguo Monasterio (Del Espíritu Santo o de las Santas Ánimas) del primer tercio del Siglo XV.

Rebeca y yo en el Castillo de Aalborg
Actualmente es una residencia de ancianos por lo que no pudimos entrar. Al parecer sólo hay posibilidad de visitarlo en verano concertándolo con la Oficina de Turismo. Por fuera no parece un Monasterio como estamos acostumbrados. Parece algo tétrico y recorrer ese callejón por la noche en soledad tiene que achantar un poquito. Más adelante vimos cómo una pequeñísima plaza estaba acondicionada para hacer patinaje sobre hielo, aunque no había alma realizando dicha actividad. Era domingo por la mañana…eso es mucho pedir. Aunque bien si es cierto que en las calles había más movimiento del que nos habíamos encontrado en otras ciudades danesas.

 

Al final del callejón que habíamos tomado desde la blanca Catedral llegamos a una de las zonas más interesantes de Aalborg, sino la que más, la Calle Østerågade.

En una callejuela de Aalborg
En la misma se levantan los edificios y construcciones más relevantes de la ciudad y que dan muestra de la enorme riqueza de la zona en tiempos pasados. La más destacada es la Casa de Jens Bang (Jens Bangs Stenhus) construida en 1624 y que sirvió de residencia para el propio Jens Bang, que era uno de los comerciantes más ricos de Dinamarca. Está considerada como la residencia privada renacentista más grande de toda Escandinavia y es que son llamativas sus cinco plantas realizadas en ladrillo claro que se van acortando en la cúspide para unirse con el rojo tejado. Para muchos es el mejor ejemplo existente del llamado Renacimiento del Norte y la ciudad de Aalborg lo ha convertido en uno de sus símbolos indiscutibles.

Haciendo esquina con dicha mansión está el edificio que albergaba el Antiguo Ayuntamiento (Gammel Torv, 2) reconocible por su color amarillo gualda y su estilo clásico pero elegante.

Casas bajas en los aledaños de la Vor Frue Kirke (Aalborg)

Pero la propia Østerågade, que es posiblemente la Avenida más importante de Aalborg, posee otras construcciones privadas del XVII y XVIII que llaman la atención al visitante. Como por ejemplo la Casa de Jorgen Olufsen (Jørgen Olufsens Gård) quien se dedicó también de lleno a la actividad comercial. En este caso no se siguieron los patrones que en la de Jens Bang, sino que se mantuvo el estilo más aldeano de Dinamarca, es decir, con los entramados de madera a la vista. Eso sí, mucho más grande que las otras casas que habíamos tenido la ocasión de ver en Ribe o en los pueblos de Fionia. Su color es amarillo apagado y destaca que la planta superior sea de más tamaño que la inferior lo que da la impresión visual de que se puede caer.  Se encuentra en el número 25 por lo que para verla debéis bajar desde la Jens Bangs Stenhus.

Aledaños de la Vor Frue Kirke
A su lado hay otro edificio, mucho más sobrio y que no aparece en las guías, en el que me resultaron sumamente curiosas las tres “inquietantes” figuras de su fachada principal. Parecían sacadas de la obra de Tolkien “El Señor de los Anillos”. Ya se sabe, el prolífico escritor bebió de fuentes literarias escandinavas. No es nada nuevo el mundo de los elfos, de los enanos y de los grandes guerreros y magos.

 

Nos tomamos en un Burger un chocolate caliente gracias a la propia Rebeca, que anda entrando a los sitios cada poco tiempo para utilizar sus baños. No es de extrañar que el día de su cumpleaños le lleváramos de regalo un orinal y un dodotis a la oficina. Sin exagerar, en una hora puede levantarse cinco o seis veces a vaciar la vejiga. Precisamente en este viaje no dio demasiado el tostón en ese sentido para lo que estoy acostumbrado aunque su “incontinencia” ocasional nos trajo una anécdota muy curiosa y divertida en la propia Aalborg que os contaré más adelante.

Vor Frue Kirke

 

Al final de Østerågade, a mano derecha se encuentra el Castillo de Aalborg (Aalborghus Slot) que parece todo menos un castillo. Mandado construir por Christian III en 1539 en el mismo puerto de la ciudad, se caracteriza por su gran patio abierto. Nosotros entramos al mismo dando un rodeo por un parque aledaño. Y en realidad está compuesto por varios edificios formando un cuadrilátero. Sus paredes son blancas y los entramados de madera rojos. Es simplemente pintoresco y no tiene mucho más. Al parecer de vez en cuando se pueden visitar unos antiguos calabozos, pero en realidad lo más común es el uso dado por la Municipalidad, que posee allí gran parte de sus oficinas.

 

Volvimos por tanto por donde habíamos venido y prácticamente al lado de la Casa de Jorgen Olufsen nos metimos en una callejuela peatonal de nombre Bispensgade en que hay un gran número de tiendas de ropa alternadas con pubs y restaurantes.

Rebeca y yo en Lindholm Hoje
Allí había bastante gente de paseo o tomándose algo, al igual que en Jomfru Ane Gade (a mano derecha) donde se oía bastante alto la música de algunos de sus garitos que parecían estar en funcionamiento a esas horas de la mañana. Se nota que Aalborg es también un punto importante para los estudiantes de Erasmus porque hay mucha oferta nocturna y de ocio para la gente joven que vive temporalmente en la ciudad dividida por el fiordo.

 

El cielo se empezó a emborronar y a llenar de nubes grises acompañadas de un viento sospechoso. No parecía tampoco que fuera a llover enseguida pero sí era una posibilidad bastante patente para que se diera a lo largo de la jornada. A nosotros con que nos aguantara hasta después de nuestra visita a los túmulos vikingos de Lindholm Høje no daríamos por satisfechos. Después, que lloviera todo lo que quisiera.

Lindholm Hoje es un cementerio vikingo con más de 700 tumbas. En la que salgo en la foto tiene forma de barco

 

Seguimos toda Bispensgade hasta el final donde por la Calle Vesterbro (con muchos coches arriba y abajo porque desde ahí se coge el puente que cruza el fiordo) dimos la vuelta para volver al punto donde habíamos iniciado nuestra marcha, la Catedral.

Como aún era pronto (y Rebeca tenía que ir al baño ¡¡otra vez!!) seguimos desde allí la Calle Algade (no confundir con el callejón de Adelgade por el que se pasa al Monasterio de las Santas Ánimas) que es quizá la peatonal de más extensión (a lo largo y a lo ancho) de Aalborg. Desafortunadamente para mi incontinente amiga, no encontramos en esa calle bares que estuvieran abiertos para hacer uso de sus servicios. Pero al menos esta búsqueda nos sirvió para descubrir una zona con bastante colorido (por los tonos de sus edificios) que estaba no poco concurrida.

La colina solitaria de Lindholm es uno de los lugares más inquietantes y misteriosos de Dinamarca
Incluso para encontrar un barrio similar al de Odense en que nació su estrella literaria Hans Christian Andersen. En este caso un gran número de casas bajas con colores claros están reunidas en torno a la Vor Frue Kirke (la segunda iglesia en importancia de la ciudad), que en sí misma carece de interés para el turista. Lo mejor es captar esa esencia de aldea o pueblo que se vive no sólo en ésta sino en gran parte de las ciudades danesas, que conservan mucho de lo que fueron en su día.

 

Como no encontrábamos absolutamente nada abierto, Rebeca comenzó a quejarse más y más… Al final vimos una especie de local donde la gente estaba comiendo pero que su realidad era bien distinta a la que imaginábamos. Resulta que por las prisas de “la meona” pasamos de un comedor de la beneficencia donde muchos ancianos (y no tan ancianos) recibían su almuerzo.

Uno de los yacimientos vikingos más importantes de Escandinavia
Desde las sillas y los sofás nos miraban agitando la cabeza sin entender qué hacíamos allí. Así que pusimos pies en polvorosa y nos marchamos rápidamente.

Finalmente Rebeca encontró su salvación y fue el garito más pijo de todo Aalborg donde tuvimos que consumir para hacer uso de sus lavabos. Obviamente invitó Rebeca, que no quiso ni pudo esperar a encontrar otro lugar. Me cuentan por ahí que le han rescindido el contrato a Concha Velasco en una conocida empresa de soluciones para la incontinencia urinaria para fichar a la nueva estrella, Rebeca Granero… Apoyo la moción. Me da que cuando lea esto me va a dar un collejón del quince…


Y así fue pasando el tiempo hasta que retornamos al coche para ir, esta vez sí, a uno de los lugares que más ganas tenía de ver. Ya era hora de marchar a ver las huellas que habían dejado los vikingos en esa región… Por fin había llegado el momento de marchar a la solitaria colina de Lindholm Høje.

Dentro de este círculo se incineraban a los fallecidos junto a sus pertenencias

 

Para llegar al antiquísimo cementerio vikingo tuvimos que pasar a la parte norte de Aalborg haciendo uso del puente que cruza Limfjord (tomándolo desde la calle Vesterbro). Por carretera se llega girando todo a mano derecha hasta que las señales te indiquen que debes subir para que una vez fuera de la ciudad puedas acceder al recinto.

 

Ya desde la carretera pudimos ver la gran cantidad de piedras milenarias agolpadas en una colina totalmente verde y rodeada de oscuras arboledas. Una antigua casa de madera es el margen a partir del cual se puede dejar el coche. El aparcamiento es bastante grande pero como estábamos en temporada baja tan sólo había dos o tres vehículos que muy probablemente no serían ni de turistas.

Una tumba-barco, con su proa y su popa

 

Con el corazón latiendo fuertemente seguimos un camino arenoso que nos llevó a la puerta de entrada, similar a la de un cementerio cualquiera pero que llamaba la atención por sus carteles en las que se prohibía la entrada de “perros y ovejas”. No debe tener mucho éxito este aviso porque vimos más de un perro y un rebaño de ovejas a escasos metros del yacimiento arqueológico.

 

Caminamos lentamente en sentido subida hasta que por fin tuvimos a nuestros pies la verde ladera que reúne uno de los mayores tesoros arqueológicos de Escandinavia. Y puede sonar a tópico, y más en mí que me emociono fácilmente, pero es un lugar mágico cargado de energía.

Sele en Lindholm Hoje (Aalborg)
La colina reúne más de 700 tumbas, aunque no como las que podamos tener en mente. Apenas hay unas decenas cuerpos enterrados ya que los demás son piedras reunidas con forma de barco (para hombres), de círculo (para mujeres) e incluso de óvalo donde en su día éstos fueron incinerados. Otras muchas están salteadas por el paso de los siglos que no pudieron mantenerlas en pie como en su origen. Aún así, está en un estado de conservación fascinante, y por ello está catalogado como uno de los yacimientos vikingos más importantes de los Países Escandinavos.

 

No todo estaba a la luz como lo podemos ver hoy en día. Fue a finales del S. XIX cuando se supo a ciencia cierta que en la pendiente sur de la colina Voerbjerg había un gran número de tumbas crematorias. La excavación fue llevada a cabo en los años cincuenta y no fue sencillo quitar la capa de arena de 4 metros que cubría las piedras.

A Rebeca le encantó este lugar tan sombrío y misterioso
Dinamarca, y más esa parte tan septentrional, sufre de innumerables ventiscas que provocan que ciertas zonas se llenen de tierra (y si no, visitad Skagen, la Iglesia enterrada y las dunas de Rabjerg Mile).

 

La colina de enterramientos y cremaciones vikingas estuvo en uso desde el Siglo VII hasta el XI para despedir las almas de guerreros, campesinos, comerciantes…y sus animales de compañía. Al parecer muchos son los casos en que los fallecidos fueron quemados o inhumados con sus perros.

 

Se siguió un orden de enterramientos/cremaciones de abajo a arriba de la colina en función de la antigüedad. Las más viejas, es decir, las primeras, se encuentran al pie del cerro, y en su mayoría (41 exactamente) no tienen piedra alguna ya que los cuerpos yacen por debajo.

La ladera de las tumbas de Lindholm Hoje
A medida que fue pasando el tiempo el altozano se fue ocupando hasta llegar a lo alto, pero en este caso (unas 640) las tumbas de piedras con distintas formas fueron usadas para la incineración de los cadáveres. 

 

Las tumbas se distribuían en torno a si el fallecido era hembra o varón. Así las pertenecientes a los hombres tenían forma triangular o de barco (el mar siempre presente en la mentalidad y espiritualidad vikinga) mientras que las mujeres eran incineradas en el medio de otras formas ovaladas o circulares. La explicación de este hecho tiene que ver con que desde tiempos inmemoriales siempre se han identificado los objetos con pico o punta con los hombres y los circulares con las mujeres. Cosas de sexos…

 

Llaman poderosamente la atención las tumbas masculinas cuyas piedras adquieren la forma de barco, con su popa y su proa destacadas.

Desde aquí las almas de los valientes guerreros abandonaban este mundo para llegar al Walhalla acompañados de las Valkirias
Son quizás las que más nos impresionaron en nuestro lento y sigiloso paseo por ese sitio que durante siglos sirvió como centro funerario.

Mi mente se puso a trabajar imaginando cómo debía ser eso hacía más de mil años y cómo los pobladores vikingos de la zona transportaban al fallecido y le dejaban en medio de las tumbas junto a sus utensilios (espadas, arados, jarrones) o incluso animales de compañía para que ardieran para marchar definitivamente al otro mundo. Según la mitología vikinga, son las bellas Valkirias las que recogen a los héroes caídos en la guerra para llevarlos al Walhalla, el cielo de los guerreros.

 

Llantos, sollozos, gritos, dolorosos alaridos, respetuosos silencios e incluso malvadas risotadas han tenido que escucharse en este lugar.

La entrada a Fyrkat se hace por aquí
Son muchas las sensaciones vividas allí a lo largo de los siglos por lo que estar allí totalmente solos, sentados sobre las piedras, puede ser una experiencia “mística”. Probad a hacerlo si tenéis la suerte de encontraros en soledad como nosotros. Sentid el viento rozar vuestra piel y cómo una fuerza inexplicable mantiene esa puerta al Walhalla casi inalterable.

 

No son sólo las tumbas las únicas ruinas vikingas de interés en Lindholm Hoje. Aún se conservan restos con los cimientos de antiguas casas en las que vivían campesinos y agricultores. No eran las pocas granjas existentes en la zona y por ello se han encontrado numerosos objetos de la época para el uso cotidiano en la actividad agrícola.

 

A lo largo del solitario cementerio podéis ir leyendo pequeños carteles apoyados en atriles metálicos donde explican al visitante la Historia de Lindholm sus particularidades.

Fortaleza de Fyrkat (Hobro)
Para entender este lugar no está mal echar un vistazo al Museo que se encuentra fuera del recinto tumulario y que se le reconoce por su color blanco. No es que valga demasiado la pena pero muestra cómo era la aldea en la época vikinga, cómo vestían, su manera de cultivar la tierra y, por supuesto, como enterraban a sus difuntos. Obviamente también exponen piezas encontradas en diversas excavaciones. Una de las más conocidas es un broche con forma de espiral que ilustra gran parte de la simbología vikinga. Rebeca y yo entramos sin pagar una corona porque allí no había nadie para cobrarlo, aunque sí que vimos que lo normal es que los visitantes abonen el precio de la entrada en la tienda. Total, dimos una minivuelta de cinco minutos, no creo que hiciéramos daño a nadie. Será por coronas…

 

El recinto de Lindholm supuestamente abre de 10 a 16 horas (hasta las 17:00 en verano), pero visto el pequeñísimo vallado que lo rodea, parece que tiene visitantes a lo largo del día y de la noche.

En Fyrkat, uno de los fiascos vikingos
En lo que sí que no se puede entrar fuera de hora es en el museo, pero lo que más debe centrar vuestra atención es recorrer tranquilamente la colina de arriba abajo. Tomaros tiempo para caminar por allí. Me imagino que eso en el período estival debe reunir a bastantes visitantes. Y precisamente “para vivir” mejor el lugar, no es bueno que haya tanta gente. Pero es una opinión mía no sólo para esto en concreto. No es lo mismo entrar en la Gran Pirámide tú solo (o con tu familia y amigos) que hacerlo en compañía de cientos de turistas. Nunca voy a olvidar aquella vez que estuve en la Cámara del Rey de la Pirámide de Keops apoyado en el sarcófago de granito y con la única compañía del peso de la historia, que es abrumador. Esas son cosas para vivirlas tú o como mucho con tu gente…

 

Rebeca y yo quedamos encantados con nuestra visita a la colina de las miles de piedras que un día absorbieron las cenizas del pueblo vikingo.

Rebeca hace lo posible para no pisar las cacas de vaca
Y como aún teníamos ganas de conocer más lugares importantes para esta asombrosa a la vez que poco conocida civilización, nos subimos al coche para abandonar Aalborg y trasladarnos a Hobro. Por la E-45 bajamos en dirección sur hasta que después de algo más de media hora nos desviamos a esta pequeña ciudad, no sin antes recargar el depósito con casi 70 euros de gasolina. Casualmente ese fin de semana había subido el precio del carburante. Un buen palo para el bolsillo…

 

De Hobro destacan a las afueras los restos de una antigua fortaleza vikinga conocida con el nombre de Fyrkat, además de algunas casas aledañas que recrean lo que en su día debió ser una aldea. No es tan famoso como el cementerio de Aalborg pero para los arqueólogos e historiadores los cimientos dispuestos en forma de círculo de Hobro representan muy bien la arquitectura del pueblo vikingo.

Casa vikinga de Fyrkat (Hobro)

 

Para llegar a Fyrkat hay que ir siguiendo las indicaciones en la carretera que facilitan sumamente la llegada del visitante a la zona. En Dinamarca todo está muy bien señalizado y esto no puede ser menos ya que muchos despistados acaban metiéndose en el pueblo cuando en realidad está bastante apartado. Tras cruzar estanques y campos verdes llenos de animales pastando como vacas, caballos e incluso poneys veréis a vuestra izquierda un conjunto de casas amarillas de madera. Eso es el Fyrkat Vikingcenter que, con perdón, es una turistada de las buenas que veo más idóneo para que los niños vean a unos tipos disfrazados haciendo de vikingos. Lo importante arqueológicamente hablando está más adelante, al final de la carretera, ya que más no se puede seguir más.

 

Un par de casitas de madera rojas y un molino de agua sirven de inicio para un recorrido que no tiene por qué durar más de diez o quince minutos.

En la Casa vikinga de Fyrkat (Hobro)
Una vez cruzamos estas casitas pasamos por una taquilla en la que no había nadie porque en esas fechas está cerrado. Aunque en realidad no hay nada que impida pasar a los escasos restos de la fortaleza. Por ello continuamos caminando hasta ver una casa ovalada de madera reconstruida al modo vikingo. Por lo menos eso parece, aunque no descarto que sea de verdad. Desde la nave de madera se ve perfectamente lo que son los cimientos de Fyrkat, que no son ni mucho menos lo que me esperaba.

 

Yo con lo que había leído pensaba que era una muralla circular dentro de la cual vivió un gran número de vikingos (al parecer más de mil) pero en realidad quedan unos montículos que se cierran en redondo. Dentro del espacio cilíndrico no queda absolutamente nada, tan sólo marcas donde un día hubo columnatas. Poco más. Además ese día no pudimos caminar mucho por allí ya que estaba todo embarrado.

No sé si es una reconstrucción o es real
Vamos, un fiasco superlativo.

 

Volvimos por donde habíamos venido esquivando las heces del ganado que parecían minas antipersona. Había que ir mirando donde se pisaba no fuéramos a activar alguna y estallar (de hedor y ponzoña, se sobrentiende). Al menos me reí bastante viendo a Rebeca poniendo cara de asco a cada paso que daba. Hacía tanta ventolera que ya nos estábamos imaginando que comenzaran a salir despedidas las cacas como si de tartazos en cara se trataran. En las casitas de la entrada normalmente se ubica un importante restaurante aunque para no variar estaba cerrado. Teníamos hambre, a pesar de haber comido unas minipizzas en la gasolinera, por lo que no nos entretuvimos demasiado para volver al coche. El día se estaba cerrando cada vez más y temíamos que se pusiera a llover, pero afortunadamente la meteorología nos respetó hasta el final.

A la salida de Hobro nos encontramos con un campo lleno de poneys
Menuda suerte que tuvimos al no caernos ni una gota durante todo el fin de semana.

 

A la salida del pueblo nos detuvimos en una de las fincas donde se encontraban pastando un gran número de poneys con sus cachorrillos (no sé si también se les llama potros como a los de los caballos). Cuando me arrimé lentamente a la valla para sacar una foto a uno que era precioso, éste en vez de asustarse se acercó más. Rebeca y yo nos quedamos con la boca abierta cuando muchos animalitos se pusieron a nuestro lado sin miedo alguno. Muchos de éstos eran crías que no debían de tener ni un mes de vida. Algunas de ellas, mientras sus madres estaban pendientes de nosotros, aprovechaban para amamantarse. Se nos cayó la baba con los preciosos caballitos. Tan pequeños y tan guapos…

 

Mientras Rebeca les acariciaba yo aproveché para gastarle una broma y arranqué el coche marchándome sin ella.

Dejad que los poneys se acerquen a mí..
Le había dicho alguna vez que la iba a abandonar en alguna remota gasolinera pero qué mejor sitio que un solitario campo de poneys para dejarla a la intemperie. Obviamente fue una bromita que duró poco más de dos minutos. Aunque me gustaría haber visto su cara si se lo hubiera hecho de verdad. ¿Sí? Mamá, soy yo...venidme a buscar, que me han abandonado. Estoy en un pueblecito llamado Hobro… Una escena soberanamente impagable.

 

Ya a la vuelta nos dispusimos a seguir nuestro camino en dirección sur. Nada más salir de Hobro y tomar la E-45 miré la hora y empecé a maquinar cómo cerrar la historia de los fines de semana en Dinamarca. Lo que pasaba que no sabía si iba a dar tiempo a hacerlo. Pensé que ya que habíamos tardado bastante poco en estar en Hobro podíamos ir a un lugar en concreto a comer rápidamente.

Aarhus cerró de la mejor manera la ronda de tres fines de semana. En esta foto podéis ver la Catedral de Aarhus
¿Qué mejor sitio para hacerlo que Aarhus? No por lo que nos diera tiempo a ver (prácticamente nada) sino porque lo encontré idóneo simbólica y sentimentalmente hablando para finiquitar el ciclo danés que había comenzado el viernes 9 de enero de 2007. A Rebeca no le dije nada, por supuesto. Quería darle una sorpresa. Y me temo que así fue porque no se enteró que íbamos a Aarhus hasta cinco minutos antes de aparcar nuestro coche en frente de la mítica calle Aboulevarden (la del canal) de la que ya rendí suficientes cuentas en la primera parte de la crónica.

 

No nos complicamos mucho para comer, simplemente fuimos a uno de los 7Eleven de la Lille Torvet que sirve de preludio a la Catedral de San Clemente (Sankt Clements Domkirke).

Finalizar en el lugar en el que se empezó fue algo que me encantó hacer. Cierre de ciclo
Obviamente para llegar caminamos por la calle del canal en la cual recordé las idas y venidas con mis amigos del barrio (Viva Aluche!!). Los restaurantes, los pubs..el Bridge over water que se pone de bote en bote por la noche… Qué bien lo pasamos en esta ciudad. ¿¿Cómo no iba a despedirme de ella, aunque fuera por unos minutos??

 

Como os he dicho, pedimos comida para llevar en el 7Eleven mientras le llevaba a Rebeca a la Catedral, al Gran Teatro, a la Calle Sondesgade sobre las cuales ya os hablé en su momento… Parecía que en cualquier momento iba a salir Kalipo con su guía, Palentino con sus casi dos metros de altura, Saúl con sus “venenos” y cualquiera de los muchos amigos con los que compartí un fin de semana inolvidable en esta ciudad.

Rebeca se despide de Billund con uno de los muñecotes de Lego que hay en el Aeropuerto

 

Pero la oscuridad se iba cerrando sobre el cielo de Aarhus y debíamos darnos prisa para llegar al Aeropuerto, por lo que volvimos hacia el coche. Entramos a una gasolinera pasa usar sus “baños” y nos encontramos con el único servicio ponzoñoso y putrefacto de toda la ciudad (y encima era de pago). Sin más dilación abandonamos ese rincón tóxico de Aarhus y nos metimos en nuestro Ford (por un par de horas). En ese momento sí que sentí que todo se había terminado y que tan sólo quedaban los formalismos rutinarios de llenar el coche de gasolina, devolver las llaves, facturar, cambiar dinero y embarcar… Nos dio mucha pena seguir todo este ritual que implicaba una amarga despedida a un país como Dinamarca del que tanto habíamos aprendido.

Pero en el fondo estaba alegre por haber tenido la oportunidad de descubrir lugares de los que no había tenido mención en mi vida.

Adios Dinamarca!! Hasta otra.
Porque jamás había oído hablar de Skagen, del castillo de Egeskov, del cementerio vikingo de Lindholm Hoje, de la marcha de Aarhus, de los pueblecitos de cuento de Fionia, de la medieval Ribe… Al menos ahora, éstos son algo más que unos meros nombres. Pero qué hubieran sido estos lugares para mí sin la inestimable compañía de tantos amigos con los que tuve la fortuna de conocerlos. Rebeca, Kalipo, Jesulen, Saúl, Wicho, Palentino, Javi Lázaro, Juanra, Garci, Capello, Héctor, Miguel, Jesús, Sergio, Jose…esta interminable Crónica de “la otra Dinamarca” está dedicada a todos vosotros.

 

 

FIN

 

 

 
Aquí finaliza “La otra Dinamarca.

Portada de "La Otra Dinamarca. Crónica de tres fines de semana" que podréis encontrar en El Rincón de Sele
Crónica de tres fines de semana” que comencé a escribir un 12 de Enero de 2007 nada más volver de Aarhus y Ribe. Espero que os haya entretenido lo suficiente, y sobre todo, que os haya sido de utilidad para preparar alguna expedición al país danés. Sabéis que tenéis toda la información acerca de mis viajes en mi página web El Rincón de Sele donde siempre seréis bienvenidos.

 

Hasta otra!!

 

José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

asturjimmy says:
no te mola ni na escribir eh?tendre que leer tus diarios con calma a la vuelta de la vuelta al mundo,es imposible leerlos
con el viaje no tengo demasiao tiempo pal blog,asi que trato de escribir post por ciudad y sin detalles,cuando este con tiempo a la vuelta escribire mas detalles
abrazo viajero
Ivan desde camboya
Posted on: Jun 30, 2009
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