Aarhus Nightlife
Como suele ser habitual en los viajes que comienzan en viernes, me tocó ir a trabajar por la mañana. Maleta y mochila al hombro marché a la oficina con los nervios típicos que uno tiene antes de irse al extranjero, aunque fuera poco tiempo. Estaba expectante y sólo pedía al reloj que marcara las horas más rápido para coger un taxi a Barajas lo más pronto posible. En esas horas previas aún faltaba un coche por alquilar. Exactamente era el de los compañeros de Chema en NACAR, la empresa para la que trabaja desde hace unos años. Cuando hable de los cinco me referiré a ellos con el nombre de Nacaritos, el cual triunfó durante el fin de semana. Yo sólo conocía de un par de veces a Héctor, el primo de Saúl (asiduo viajero). A los demás quizá les había visto en la piscina pero nada más. Sus nombres: Jose, Sergio, Jesús y Miguel.
Debieron contratar su coche a falta de una hora para tirar hacia el Aeropuerto.
Cuando llamé a Chema para preguntarle qué tal iba la “Operación Alquiler” me dijo que acababa de enviarnos un e-mail diciendo que no iba. No voy a entrar aquí en razones o en los motivos personales o menos personales de nadie. Lo importante era que se caía de la convocatoria en el último momento (cuando encima llevaba a gente de su trabajo). A mí me supuso un chasco porque chema es un incondicional en los viajes del barrio y suele dar mucho juego (y en ocasiones “pena” positivamente hablando).
Así que finalmente seríamos 15 los que marcharíamos a la Región de Jutlandia, a ver qué nos deparaba el fin de semana. A las dos y media dejé un mensaje en El Rincón de Sele diciendo que ya me encontraba en Dinamarca, con un planning y con un pequeño mapa indicando el “posible recorrido”.
Después de eso me bajé, esperé a un taxi, pagué una barbaridad (típico robo a mano armada) y llegué el primero al Aeropuerto (Terminal 1 donde opera Ryanair). Aproveché para facturar mi equipaje y esperé un rato a los demás que fueron apareciendo paulatinamente. En primer lugar Jesulen con Javi Lázaro, un colega suyo que tampoco conocía. Después el cuorum del grupo llegó apurando a última hora como suele ser costumbre. Sus nombres (o apodos): Kalipo, Garci, Juanra, Wicho, Saúl, Paco “el Palentino” (colega de Saúl, al que tampoco conocía) y Capello (Le llamamos así por su parecido al Entrenador Italiano). Casi nadie al aparato…
Al parecer los Nacaritos habían llegado antes que nadie y ya habían pasado los controles. Se encontraban en un lugar bastante concurrido por “nuestra gente”, que no es otro que la tienda en que venden alcohol y tabaco.
Embarcamos a su hora y despegamos a su hora también (16:45). Teníamos por delante algo más de 180 minutos de vuelo antes de llegar a Billund.
No sé porque pero a todos se nos pasó muy lento la duración del trayecto. Cuando pensábamos que estábamos a punto de llegar nos avisaron por megafonía que a nuestra derecha teníamos el Mont Blanc (Entre Suiza y Francia), lo que produjo un bajonazo en la expedición.El viaje en avión estuvo cargado de anécdotas, comentarios y chascarrillos graciosos como suele ser habitual en este grupo. Recuerdo que Sulen soltó un bulo que “sacudió” literalmente a los pasajeros. Dijo que según le había contado un amigo “En Dinamarca prácticamente todas las carreteras tienen peaje”. A mí este dato me extrañó bastante ya que me había empapado de guías y en ninguna leí nada parecido. Pero la gente se echó las manos a la cabeza como si les hubieran dicho que les embargaban su casa o algo parecido. Incluso Capello sugirió hacer una triquiñuela bastante compleja para ahorrarnos dicho pago de peajes.
La cuestión es que la gente no se daba cuenta de que los coches iban a ir casi llenos y que fuera verdad o mentira, el abultado gasto no sería para tanto. No os rajéis las vestiduras los lectores tampoco, que al final no había peajes. Es un país en el que no se paga por las autopistas. A ver si otros toman ejemplo y dejan de agujerearnos los bolsillos y la moral…
Los últimos veinte minutos de vuelo fueron un tanto insufribles ya que el cielo estaba nublado y hacía un viento fortísimo que hacía moverse al avión.
Fuimos deprisa hacia la oficina de Hertz para no tener que esperar cola y hacernos con los coches lo antes posible. En internet cogimos un Golf 1.6 (o similar) pero nos acabaron dando tres Toyota Avensis Station Wagon y un Ford Focus CMAX, es decir, cuatro coches tipo ranchera.
Eran mejor de lo que esperábamos y teníamos bastante espacio en ellos para ir bien estirados y poder dejar el equipaje tranquilamente. En cuanto tuvimos las llaves en nuestro poder, nos fuimos a cambiar dinero a la Oficina del Aeropuerto. En el momento en que fuimos 1 euro equivalía a 7,45 Coronas Danesas (DKK) (Haz la conversión ahora pinchando aquí).
Los nacaritos fueron los primeros en salir hacia Aarhus con su Toyota. Con Héctor como conductor y con un GPS que habían alquilado no necesitaron más que las señas exactas del Hostel que las llevaba yo apuntadas en un papel (Havnegade 20, Aarhus). Los demás tardamos un rato en salir porque Jesulen no encontraba su Focus por ningún lado.
Resistiendo el tremendo aguacero y el viento huracanado nos fuimos adentrando en la ciudad de Aarhus yendo siempre en dirección al Puerto (en danés Havn), ya que por allí, en la calle Havnegade se encontraba nuestro hostel. No había muchos coches en la carretera ni en las calles, por lo que no tuvimos que soportar nada de tráfico. Me temo que allí los atascos sólo se dan en casos catastróficos. Es lo bueno de las ciudades pequeñas.
Una vez localizamos nuestro alojamiento, fuimos a buscar aparcamiento. Ni cortos ni perezosos metimos el coche en Aboulevarden, que no es otra que la calle principal de Aarhus junto a Sondergade.
Allí lo dejamos a un par de metros del canal que cruza la ciudad y alrededor del cual se desarrolla gran parte del ocio de sus habitantes. Son muchos los restaurantes, bares, discotecas y nightclubs con música en directo repartidos a lo largo de esa calle.Yo no estaba muy convencido de que pudiéramos aparcar allí el coche, pero así lo hicimos, y con maletas y mochilas a cuestas caminamos hacia el alojamiento que había tenido el valor de alojar a semejante tropa. Aunque siendo temporada baja en Dinamarca, no creo que les viniese mal.
Entramos al City Sleep in, reconocible por su cartelón amarillo que de arriba a abajo muestra su cosmopolita nombre. Allí ya estaban todos menos los Nacaritos, que de forma extraña no habían llegado habiendo sido los primeros en salir (y eso que llevaban navegador).
En Recepción fuimos firmando todos y poniendo el número de DNI (o Pasaporte). Es uno de los formalismos porque apuesto a que si firmas poniendo Andrés Pajares, Fernando Esteso o Chiquito de la Calzada no iba a pasar nada.Nos dieron tres habitaciones en la segunda planta, ya que en la primera está el Salón Comedor, la Cocina y un pequeño pero confortable cuarto de estar. La disposición de la gente en las mismas fue así:
* Habitación 24: Seis camas dispuestas en literas ocupadas por Jesulen, Javi, Kalipo, Wicho, Juanra y yo.
* Habitación 25: Saúl, Capello, Garci y el Palentino fueron los huéspedes destacados de este cuarto.
* Habitación 26: Reservada para los Nacaritos (Jose, Miguel, Sergio, Héctor y Jesús)
La mía (nº24) la encontré más o menos limpia, aunque esa sensación de pulcritud duró unos segundos, los que bastaron al grupo para guarrearla de lo lindo.
Kalipo, que es la desorganización personificada, se ocupó de dejar cosas suyas aquí y allá como si quisiera marcar el territorio. Otros dejaron bebidas en la mesa, cargadita lo suficiente con fundas de gafas, tabaco, botes de lentillas e incluso un abono transporte… Entre eso y las maletas abiertas en el suelo, algo de ropa encima de las camas, y los fumeteos constantes, se estaba creando un ambiente tóxico que ni el de Chernobyl. Eso en un día podía ser tremendo.
Los “conductores ocasionales” (3, porque los nacaritos seguían sin llegar) tuvimos que mover los coches ya que los habíamos aparcado en zonas de pago tal y como nos avisó la chica de la recepción, que tuvo la deferencia de indicarnos un parking gratuito que está en el polígono industrial del puerto (a unos cinco o diez minutos).
Por muchas indicaciones que nos dio, no fue ni mucho menos fácil encontrarlo. Con el coche de Saúl como guía, tanto las rancheras de Jesulen y mía fuimos siguiendo de forma paciente y constante un recorrido algo convulso. Simplemente no dábamos con el lugar y pegamos más vueltas que una noria en día de verbena. Incluso hicimos Rallies, ya que Saúl, nos metió a un parking de tierra bastante encharcado entrándoles además agua en el coche (que se lo digan a Capello) por tener una ventana abierta. Después de un rato desorientados lo terminamos dejando allí. Cuando marchábamos hacia el Hostel me di cuenta que había una luz interior trasera que se había quedado encendida. Había sido Juanra el que había estado jugueteando con ella y por muchos intentos que hicimos los cuatro que allí estábamos, no conseguimos apagarla por nada del mundo. Con miedo a que la batería se consumiese (estarían aparcados hasta la mañana del domingo) Jesulen tomó una decisión drástica a la vez que acertada. Simplemente desenroscó las bombillitas y las metió en la guantera. Las ponemos antes de volver y listo..." dijo el mayor de los “De Alba”. Tras emular a Manolo y Benito tiramos hacia el City Sleep in donde ya estábamos los 15, ya que los colegas de curro de Chema acababan de llegar. Su retraso se había debido también al tiempo invertido en buscar aparcamiento que no fuera de pago. No sé exactamente dónde lo dejaron pero no debió ser mal sitio porque no se llevaron “una receta de recuerdo” tal y como dice El Canto del Loco en una de sus canciones.La gente cogió la bebida acumulada en las habitaciones y se fue colocando a dos metros de la puerta del City Sleep in para fabricarse un botellón espontáneo. Previamente habían intentado beber en las instalaciones del Hostel pero no permiten consumir alcohol no comprado en el mismo (Mira qué listos ellos).
Así que en la calle, en una acera, con una discoteca en frente y los muros del albergue detrás, comenzó una de las noches más locas y delirantes que recuerdo. La gente estaba frenética, excitada, con unas ganas de fiesta bestiales. Y si a eso se le adereza con unos cubatas y con el ambiente joven y festivo que respira la ciudad más marchosa de Dinamarca, es normal acabar rendido a los pies de la noche de Aarhus. Yo no suelo beber nunca, la verdad, pero ese día me mezclé con la algarabía y no pude evitar verme envuelto por una vorágine inusual.
Mientras charlábamos y bromeábamos veíamos pasar una y otra vez a otro de los tesoros mejor guardados de Dinamarca: Las mujeres. No sólo son más que los chicos, sino que realmente hay una proporción de belleza superlativa. Allí uno se rinde a la evidencia de que la mujer es lo más bonito que hay en este mundo, a pesar de que para nosotros no sea sencillo introducirnos en sus extremadamente complicadas mentes.
Pero las cosas son así, una chica guapa es difícil de comparar con otra cosa. Qué le vamos a hacer, a uno le pierden las féminas, y en un país en el que hay muchas y muy bellas, es inevitable sentirse en El Paraíso. Eso en mi caso individual, así que imaginad estando juntos 15 tíos que somos hormonas con patas: El acabose!!
Ya las guías y fuentes de internet comentan que Aarhus tiene una “vida nocturna y una marcha” fuera de lo normal ya que confluye la gran cantidad de gente joven que vive allí gracias al ERASMUS con un número de discotecas y pubs bastante elevado. No es para nada la típica ciudad europea con una actividad nocturna más bien sosa. Al contrario, personas de distintos países confirmaron con sus opiniones que allí hay una marcha difícil de superar no sólo en Escandinavia sino en casi toda Europa.
España es cosa aparte porque hay que reconocer que a fiesta no nos gana nadie. Y os lo dice alguien que para nada es discotequero ni amigo de la nocturnidad.
Nosotros hicimos un tour no demasiado extenso pero sí intenso por algunos de los mejores locales de la ciudad. El primero en que pusimos los pies fue el que queda justo en frente del Hostel: El Studenterhus. Un buen garito en el mismo puerto que se encuentra en un edificio similar a una mansión. En este lugar se reúnen multitud de estudiantes a jugar al billar, beberse una cerveza o bailar en su amplia pista en el que se baila música de todo tipo. En ocasiones hay grupos que tocan en directo, algo muy en boga en esta ciudad, como pudimos comprobar. Los Live Concerts en pubs y discotecas, independientemente de su tamaño, es algo que viene puesto como reclamo en las puertas y ventanas de dichos sitios.
Allí comprobamos también cómo las copas cuestan más o menos lo que en Madrid (incluso tienen un precio más bajo que en muchos sitios de la capital) y cómo te echan un culito de alcohol y un gran porcentaje de refresco. También fuimos testigos de cómo se las gastan allí las bellísimas danesas, que contonean sus cuerpos y ondean su rubio pelo al son de la música y de los chicos que se atreven a hablar con ellas o a sacarlas a bailar. Siendo tantas, no es normal verlas rodeadas de tantos moscones como estamos acostumbrados en otros sitios. Incluso es usual que ellas sean las que se acerquen a ti para preguntarte de dónde eres y demás cosas. Es lo que tiene ser guiri en el extranjero. Lo de fuera atrae, aunque no lo suficiente como se pensaban algunos miembros de nuestro grupo, quienes creían que caerían rendidas a nuestros pies. Digamos que no son las típicas chicas “de una noche”, sino que requieren de un conocimiento previo más profundo del sujeto para entablar con él más que palabras.
Ese fue el desengaño en una noche en la que hubo más rechaces que los que hace Casillas con el Real Madrid. Los intentos se contaron por centenares, pero a ver quién iba a hacer caso de unos especimenes como nosotros. Había gente con pésimo nivel de inglés que se acercaba, saludaba, decía algo como “How are you?” y de ahí era difícil que saliera. Daba igual una que ochenta… Yo creo que pocas rubias se quedaron sin halagos. No eran de extrañar las miradas de extrañeza y rechazo de la inmensa mayoría de las féminas danesas. Aunque hay que reconocer que muchas disfrutaron de esa sensación de sentirse “deseadas” y por eso tontearon con más de uno.
Otro de los garitos que conocimos fue el Bridge, que como el propio nombre indica, está a uno de los lados de un puente de la siempre concurrida calle Aboulevarden.
Allí lo que se lleva es la música en vivo todos los fines de semana y la gente que va me recuerda a esas que salen bailando en los guateques caseros de los años catapún. Es complicado llevar una copa en la mano porque con tanto movimiento de brazos y tantos saltos lo normal es acabar derramándola, cosa que le ocurrió a uno de los 15 miembros de la expedición, que en busca de una bella dama terminó echándosela encima a un maromo y corriendo para no tener que pagársela. No le nombro por respeto a su honor, si es que no quedó ya lo suficientemente mancillado.
Después del Bridge nos fuimos a un barco que hay en el puerto que es por entero una gran discoteca. Allí ya la gente estaba bastante tocada y seguía intentando sin fortuna alguna encandilar a alguna “chati” danesa.
A esa hora los puntos negativos se contaban por centenares. No fue el único lugar en que un miembro del grupo vio truncado su honor, ya que fue expulsado por un miembro de Seguridad por su estado de embriaguez (Anónimo).
Esa noche pasó de todo. Sin decir nombres porque no es necesario, a uno le echaron por escribir en un baño algo impropio, a otras dos personas que iban también contentas les largaron por rellenarse los cubatas con petacas cargadas de whisky (No quiero volver a ver vuestras caras nunca más). Y a otro por querer serenar los ánimos de un danés algo trastocado, se llevó una tollina como esas que enseña a dar el gañán en la Hora Chanante.
No fueron estos los únicos locales a los que se acudió.
Son tantos los existentes en Aarhus que es complicado hablar de todos. Uno de los más conocidos es el Train, al que no recuerdo por qué no entramos pero es de los garitos más grandes de toda Dinamarca, y en el que en ocasiones actúan grupos de fama internacional del pop y del rock.La discoteca que sí se llegó a visitar en dos noches es “La Fábrica de Chocolate” (el nombre en danés como que es algo complicado), que parece un cine reformado para la ocasión y en el que ponen buena música. Está bastante concurrida y abre hasta las cinco.
En Aarhus otra de sus estrellas de la noche es el Paddy go Easy, un pub irlandés en Aboulevarden 60, bajo el puente del canal que atraviesa la calle San Clements (que lleva a la Catedral del mismo nombre) que se pone de bote en bote, sobre todo en verano.
A este sitio, por ejemplo, no fuimos.
Así que, como veis, se fue puliendo la madrugada poco a poco, con intensidad y frenesí. La verdad que lo pasamos muy bien. Yo quizá ésta sea una de las noches más divertidas que recuerdo en mucho tiempo. Y eso que no me comí un colín. Pero cuando uno se encuentra en Dinamarca después de haber trabajado en Madrid horas antes, y se está con buena gente, el tema del ligoteo en lo que menos importa. Ya me imagino lo que estaréis pensando… “El que no se consuela es porque no quiere”. Pues quizás tengáis razón. Pero qué le vamos a hacer…
Aproximadamente a las siete de la mañana ya estábamos todos en las habitaciones que presentaban un aspecto más cochambroso que antes de marcharnos.
Sobre todo la 24 en que estaba yo, ya que había caído líquido de una botella sobre la mesa y se había quedado todo manchado. El abono transporte del que os hablé antes (que era de Kalipo, por cierto) se quedó pegado como si de un adhesivo se tratara. Pero a esas horas daba igual, estábamos tan agotados que no había fuerzas para recoger nada. De vez en cuando dormir rodeado de toxicidad es hasta gracioso.
La charla previa a quedarnos totalmente abatidos en las camas, hubo una anécdota graciosa con nuestro querido Juan Ramón Calle, más conocido como Juanra, quien se empecinó en que alguien bajara comprarle un perrito caliente (a esas horas!!) porque habíamos hablado de comida y le había entrado hambre. El chico estaba totalmente indignado porque nadie estaba dispuesto a cumplir sus deseos.
Bueno, también con que a uno del grupo le habían soltado un gancho de derechas que le había dejado el moflete como si fuera un flemón. Pero la preocupación no debió ser tanto porque paulatinamente se fue haciendo el silencio a medida que íbamos todos cayendo como piedras.
Había trasnochado más de lo previsto pero en absoluto no se iban a trastocar mis planes de patearme una ciudad que me estaba dando muy buenas sensaciones. Tenía muy claro lo que quería ver y por dónde quería pasear, y si quería aprovechar el tiempo no me iba a quedar dormido hasta muy tarde. En enero anochece a las cuatro en Dinamarca por lo que no se pueden desaprovechar las horas de luz. Lo que no tenía tan seguro es que mis amigos estuvieran dispuestos a hacer lo mismo o si en cambio preferían quedarse durmiendo como marmotas.
El sábado (que ya llevaba varias horas) sería el día en que pude confirmar que Aarhus es una ciudad con mucho pasado, un excelente presente y un magnífico futuro. Pero darme dos o tres horas para descansar, que tengo que dormir después de conocer la Nightlife danesa…
José Miguel Redondo (El Rincón de Sele)
Aarhus, una ciudad viva.
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