Vuelo a Helsinki y mala pasada final

Helsinki Travel Blog

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Después de algo más de dos meses de preparativos, ensoñaciones e incluso preocupaciones como habéis podido comprobar en el relato anterior, llegó el Día D. Como el avión a Helsinki (con escala en Frankfurt) salía a las 18:25 horas, estaría en el trabajo hasta bien pasada la hora de comer. Así que cogí mis bártulos (bolsa-maleta con ruedas y una mochila tipo colegio) y me dirigí a la Oficina como todas las mañanas. Lo peor no es “trabajar” ese día. Para mí lo peor es el trayecto, tanto de ida como el de vuelta. En la RENFE la gente va embutida como animales que les llevan al matadero, los trenes se estropean o paran cada dos  por tres, y encima tenemos que aguantar temperaturas extremas (o aire acondicionado o calefacción al máximo, no existe término medio). En resumen, diariamente pierdo de mi tiempo un mínimo de dos horas (como el 99% de los habitantes de las grandes ciudades). Eso no es calidad de vida, ¿verdad?

 

Una vez llegué a la oficina me encontré más embobado de lo normal. Estaba sin estar. No sé si me explico. Mi cabeza se había trasladado ya desde hace tiempo en tierras finlandesas y los típicos nervios antes de partir no me permitieron estar del todo concentrado. Aproveché para despedirme de la gente con la que había compartido información en foros y webs, además de adecentar y preparar mi página personal (El Rincón de Sele: http://elrincondesele.spaces.live.com) que durante los días previos tenía puesta la canción “The Final Coutdown” (La cuenta atrás) de Europe. Eché más de un vistazo a las predicciones meteorológicas que con lo poco que faltaba eran más o menos fiables. Al menos una cosa estaba clara, Helsinki nos recibiría a la noche con mucha lluvia. Y en Laponia estaríamos por debajo de cero por lo que la nieve no podía hacer más que aumentar. Estaba comprobado que unas horas por encima de esta temperatura eran fatales para el mantenimiento del oro blanco finlandés. Incluso la suerte parecía sonreírnos porque la probabilidad de que hubiera tormentas geomagnéticas (que producen las Auroras Boreales o Luces del Norte) era bastante elevada durante esos días. Podéis ver dichas probabilidades en la página web http://www.spaceweather.com/.  Eso sí, por mucha actividad geomagnética que haya, si el cielo está cubierto de nubes no hay nada que hacer. Y el pronóstico no era muy halagüeño en ese caso ya que parecía que iba a estar nevando bastante. Pero bueno, esa es otra historia y no podíamos hacer más que esperar.

 

La mañana se me pasó rápida y un rato después de comer marché al Aeropuerto donde había quedado con Julián más o menos a las cuatro y media. También allí estaría un amigo del barrio (Bernon) que iba a Helsinki pero para coger un ferry a Tallin. Así que seríamos tres los que nos subiríamos primeramente al Spanair dirección Frankfurt y después al Lufthansa que nos dejaría definitivamente en la capital de Finlandia. Me cogí un taxi desde mi trabajo (que no está nada lejos de Barajas) y me cobró la friolera de 17 euros simplemente por diez minutos. Si eso no es un robo, que venga Dios y lo vea. Pero en ese momento no me importó demasiado ya que estaba feliz y contento. Para mí viajar es lo más grande y con lo que más disfruto. Y estaba a las puertas de un destino más que magnífico. Así que no le dediqué un segundo a lamentarme de los atracos que los madrileños sufrimos en los taxis de la ciudad y me dispuse a buscar el lugar exacto donde facturar mi equipaje. Julián llegó unos minutos más tarde con sus padres, que tenían la típica preocupación inherente en los seres queridos, que son los que sufren nuestra locura por viajar. En mi caso, por la mañana me había despedido de mi madre entre lágrimas. Ni que me fuera a la guerra, le dije.

 

Facturamos y pasamos en control para llegar a las puertas de embarque. Los controles en los Aeropuertos son cada vez mayores y tienes que pasar todo lo metálico por el láser e incluso no puedes subir al avión con líquidos. A mí estas medidas me parecen un poco absurdas y creo que nos estamos volviendo todos un poco locos, pero bueno, cosas de la seguridad.

Bernon llevaba un rato sentado haciendo sudokus cuando nos le encontramos. Él ya había estado en Finlandia y en el último momento se cogió un vuelo para coincidir con otros amigos del barrio que bajaban a Tallin. Con él compartí mi primer gran viaje (El Interrail de 2001) en el que llegamos a Cabo Norte (Noruega) y disfrutamos del mágico Sol de Media noche (ver mapa con el recorrido). La verdad que esas cosas nunca se olvidan y es por ello que también le tengo aprecio.


Embarcamos veinte minutos más tarde de lo previsto, cosa que obviamente no nos gustó nada. No es que fuera mucho tiempo pero es que en Frankfurt teníamos poco tiempo para coger el otro avión. Y eso de apurar a esas horas de la noche como que no hace gracia. No es por ser criticón, pero con Spanair siempre he viajado con retraso. Desde aquí hago una apología a las líneas de bajo coste. La gente está muy equivocada y se piensa que funcionan mucho peor que las “grandes aerolíneas”. Lo único que funciona mejor es su economía, no nos confundamos…

 

El vuelo fue tranquilo y vimos una película de Harrison Ford llamada Firewall que nos mantuvo bastante entretenidos. Nada más terminar llegamos al Aeropuerto de Frankfurt donde nos esperaba personal de Lufthansa para llevarnos rápidamente a la Puerta de Embarque correspondiente. Yo temía por las maletas, porque las prisas no son buenas en estos casos. Al final el avión salió bien a su hora y el trato fue exquisito. Nos sirvieron la cena sirvieron alcohol a los pasajeros. La gente se tomó unos copazos considerables. Y mientras, en otras compañías te quieren cobrar hasta por una bolsita de cacahuetes. Difference is difference…

 

El miércoles 6 de diciembre tenía poco más de una hora de vida cuando aterrizamos en el Aeropuerto de Helsinki-Vantaa en medio de de una lluvia casi torrencial. Finlandia nos recibió con un aguacero de esos que te calan hasta los huesos. Mientras fuera esa noche y a la mañana desapareciera, que cayera todo lo que quisiera. Pero como para colmo me había olvidado el paraguas en Madrid, ese tema podría hacérmelo pasar canutas. Nos fuimos los tres a recoger nuestras maletas para podernos marchar al hostel pero ocurrió algo que me puso el corazón a mil, viendo peligrar al máximo mi viaje. Resulta que sale la maleta de Juli, la de Bernon… pero no la mía… Había más españoles esperando las suyas, por lo que no cundió el pánico. Pero el tiempo pasaba y pasaba y allí no salía nada. Comencé a dar vueltas con la mano en la barbilla o en la frente con mucha impaciencia previendo lo peor. De repente aparece una señorita que se acercó a nosotros y dijo en inglés “No more bagagge” (i.e No hay más maletas) pidiéndonos que pongamos una reclamación para ver si se podían recuperar lo antes posible.

 

A mí se me cayó el alma a los pies cuando se verificó la pérdida de varias maletas entre las cuales estaba la mía. Tras un primer momento de bajonazo auténtico, pasé a tener un cabreo considerable y a poner a parir a las Aerolíneas responsables de tal desaguisado. No podía creerme que me estuviera pasando eso. Estaba en Helsinki con mi ropa del trabajo y no iba precisamente preparado para el frío con lo que llevaba encima. En la oficina de reclamaciones tomaron nota de mi maleta perdida y me dieron un número de registro y otro de teléfono al que debía llamar a partir de las nueve para ver “si sabían algo”. Dijeron que en cuanto la localizaran me la enviarían al lugar en que estaría alojado. Pero es que en mi caso a las ocho de la tarde estaría cogiendo un tren directo a Rovaniemi, la capital de Laponia, y si no tenía la ropa antes podía pasarlo muy pero que muy mal. Así que sólo me quedaba implorar una vez más al Altísimo para que recuperaran mi equipaje durante el día siguiente y quedara todo en un susto.

 

Dejé la terminal cabizbajo en medio de la lluvia buscando la manera de ir hasta el albergue. Suele salir un autobús (nº615) que pasa con bastante frecuencia y que va a la Estación de trenes (Rautatientori). Normalmente también hay uno de Finnair que te comunica con el centro, pero a esas horas ya no lo había. Así que, después de preguntar un rato y tal como estaban los ánimos, acabamos cogiendo un taxi con otra chica para acortar gastos. Si lo hacéis calculad un presupuesto de 40-45 euros aproximadamente, que es lo que nos costó. Nosotros al ser cuatro no nos importó tanto pagar alrededor de 10 euros por persona. La chica, que era una alemana que vivía en España, se bajaba en un Hotel de la cadena Scandic cercano a la Estación de trenes (A ella también le había desaparecido la maleta). Bernon, en cambio iba al Stadion Hostel, otro de los albergues para gente joven de la ciudad. Está cerca del Estadio Olímpico y de la ópera y tanto Julián como yo lo descartamos en seguida porque hay que andar un buen trecho hasta llegar al centro. Nosotros, como ya comenté, teníamos nuestro alojamiento en el Eurohostel de la isla de Katajanokka (Linnankatu 9), por lo que fuimos los últimos en bajarnos del taxi. Estaba tan sumamente preocupado y mosqueado que el trayecto lo recuerdo con nebulosas. Mucha lluvia y mucha gente buscando un taxi por el centro ya que había salido de fiesta por no tener que trabajar al día siguiente en que celebraban su Independence Day.

 

Llegamos al Eurohostel pasadas las dos y media de la mañana y después de pagar la habitación (la cual habíamos reservado casi dos meses antes por Hostelworld) nos subimos a dormir. No estaba el ambiente para mucha conversación por lo que fueron pocos minutos los que necesitamos para caer redondos sobre las camas. La habitación era simple, la típica de un Hostel. Pequeña, frugal y más o menos limpia. El baño quedaba fuera (era compartido). Pero para las pocas horas que íbamos a dormir era más que suficiente. Tras maldecir mi suerte unas docenas de veces acabé encomendándome al Dios Morfeo para quedarme completamente dormido, esperando que se solucionara todo y apareciera mi maleta. En mi mente no pasaba lo contrario. El éxito del viaje pendía de un hilo. Los incompetentes a los que pagamos tanto dinero por disfrutar de un servicio mediocre debían salvarme la papeleta si no querían destrozar todas las ilusiones que había depositado en esa semana. No podía estar pasándome a mí…eso no.

 

El Rincón de Sele

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Helsinki
photo by: portia