Suomenlinna puso el Punto y Final

Helsinki Travel Blog

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Después de un buen rato en la Isla, comenzamos a tener un poquito de iluminación natural

Tres horas, solamente tres horas. Eso fue lo único que dormimos Julián y yo tras haber salido por la noche en Helsinki y haber saboreado la fiesta finlandesa en el Club Uniq y su frío Arctic IceBar.  Como el avión a Madrid volaba alrededor de las dos y media de la tarde, apenas teníamos un rato para aprovechar y ver algo de Helsinki. Para ello, elegimos el Archipiélago de Suomenlinna, a 15 minutos en ferry desde la Kauppatori o Plaza del Mercado. Y como el que algo quiere, algo le cuesta, tuvimos que darnos un buen madrugón a eso de las siete de la mañana para por lo menos pasar un par de horas en la antigua fortaleza sueca.

Una de las llamativas viviendas que hay en Suomenlinna. De madera y de color mostaza
Ya de noche, habíamos dejado todo recogido para despertarnos y dejar las maletas en recepción, con el objeto de coger el ferry de las 07:40.

La empresa pública de transportes de Helsinki HKL lleva y trae a Suomenlinna a multitud de visitantes por el precio de 3,80€ (i/v, 1,90€ para menores de 16 años y gratis con la Helsinki Card). Los horarios de salida y llegada difieren según las épocas del año, habiendo muchos más barcos en verano que en invierno. Por ello os dejo un ENLACE CON LOS HORARIOS donde periódicamente van colgando los mismos en pdf a medida que se vayan modificando.
Julián y su cañón
Como ya os dije en el relato anterior, los billetes los compramos en máquinas expendedoras que hay ubicadas en el mismo puerto, por lo que es muy sencillo conseguirlos.

Hay más formas de ir a Suomenlinna (más caras) sobre todo a partir del periodo estival. Son compañías que no sólo ofrecen el trayecto, sino que suelen incluir las excursiones en sus precios (Consultar JT-Line y Fregatti Oy). Pero eso ya depende de vuestro presupuesto. Yo pienso que se pueden ver fácilmente por vuestra cuenta sin necesidad de guías turísticos.

 

Salimos raudos y veloces de Katajanokka para no perder el barco que ya veíamos como arribaba a la Plaza del Mercado.

Apunten....fuego!!
A esas horas de la mañana (o mejor dicho, de la noche) lo cogimos cuatro gatos contados. El frío y el sueño nos tenían casi zombis pero afortunadamente, la calefacción del ferry estaba lo suficientemente fuerte para estar a gusto ahí dentro. Julián hizo amago de quedarse dormido en la mesa y le tuve que dar un toque para que aguantara. Los 15 minutos de trayecto se pasan rápido. Uno a esas horas apenas puede ver las luces del Puerto de Helsinki y del faro que sale de una de las islitas. Nos costó bastante permanecer despiertos por lo que estuvimos ojeando las guías y algún folleto para saber perfectamente qué es lo que íbamos a poder ver. Nos encontrábamos a unos metros de la poderosísima Fortaleza que supuso el mejor baluarte defensivo de Finlandia, tanto independiente como cuando era parte de Suecia o de la Rusia zarista. Una vez más, la Historia, tiene mucho que decir al respecto:

 

La fortaleza de la Isla de Suomenlinna fue construida en 1748 por los suecos debido a su estratégica situación, lo que le podía convertirla en la mejor defensa ante los ataques del ejército ruso que siempre aspiró a conquistar esa zona.

Me encantan este tipo de construcciones.
El Gran Reino de Suecia transformó el despoblado lugar al que bautizó con el nombre de Sveaborg (= el castillo sueco) en uno de los mejores y más poderosos fortines de toda Escandinavia. Uno de los responsables más destacados de su diseño fue Augustin Ehrensvärd. Apenas unos años después de construir sus murallas y de “armarlo hasta los dientes”, atrajo a un gran número de personas que rápidamente lograron hacer de ésta una de las ciudades de Finlandia con más habitantes.

 

Pero como nada es eterno, en 1808 Finlandia pasó a ser un Gran Ducado Autónomo perteneciente a la Rusia Imperial, y la isla-fortaleza, ejemplo de la mejor ingeniería militar de la época, pasó a formar parte del territorio ruso. Pero esto no supuso su decadencia, sino que se logró una mayor estabilidad tal y como dan muestra la mayoría de sus construcciones no castrenses.

Pon un Julián en el Campo de Batalla
Los rusos cambiaron el nombre y la denominaron Viapori. Su importancia era tal para ellos, que decidieron trasladar la capital del Ducado a Helsinki (la anterior era Turku), aunque también fue razón de peso su cercanía a San Petersburgo y su posición ideal para competir con Tallin en el comercio del Báltico.

De esta época (1858) es la Iglesia con forma de Faro (que hace también dicha función) que se alza en Mustasaari (una de las cuatro islas que forman Suomenlinna) y algunas otras muchas construcciones utilizadas por los pobladores hasta la actualidad.

 

En 1918, un año después de la Independencia de Finlandia, volvió a ser bautizada la fortaleza con el nombre de Suomenlinna, que viene a decir “El Castillo finlandés”, aunque hoy en día los sueco-hablantes del país se siguen refiriendo a la misma al igual que sus antepasados (Sveaborg).

En Susisaari uno se encuentra en un lugar donde se han librado mil batallas
No es de extrañar verlo escrito en ambas lenguas al igual que pasa con las calles y con los monumentos. En Finlandia ambos idiomas son oficiales, aunque el porcentaje que habla sueco es mucho menor que el que lo hace en finés.

 

Aunque muchas veces hablamos de la Isla de Suomenlinna, en realidad nos referimos a las cuatro que la componen y que están unidas por puentes. Incluso en alguna fuente de información oiréis la palabra archipiélago, aunque creo que es más correcto aplicar dicho término cuando el número de islas es mayor. Y como dije antes, son cuatro aunque lo más importante está en las dos principales y más grandes, Mustasaari (donde está la Iglesia-Faro) y Susisaari (donde está la mayoría de las murallas, bunkers y armas militares). Las otras, de importancia secundaria, alojan instituciones militares como la Escuela Naval.

El complejo de Sumenlinna fue declarado en 1991 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siendo el único monumento finlandés que aparece en la prestigiosa lista.

Los cañones apuntan al Báltico. Suomenlinna ha sido siempre el baluarte defensivo más importante de Finlandia
Por ello, es lógico que sea uno de los incondicionales a visitar cuando se está en Helsinki.

 

A nosotros el ferry nos dejó en Mustasaari minutos antes de que el reloj marcara las ocho de la mañana. Los que iban en el barco cogieron las bicicletas y desaparecieron velozmente quedándonos nosotros dos solos bajo el oscuro cielo y el frío helador que te calaba los huesos. Seguramente el termómetro no marcaba temperaturas muy bajas, pero al estar rodeados de mar por los cuatro costados, sentimos una gélida humedad difícil de tapar con abrigos y bufandas. Ésta es mucho peor aquí que la que podáis sentir más allá del Círculo Polar, a pesar de que allí siempre es más baja. Lo que cuenta en estos casos es la sensación térmica y la mayor o menor humedad del ambiente. Pasa lo mismo con el calor. Uno soporta mucho más las altas temperaturas en el Desierto del Sáhara que en el Sudeste Asiático.

Son muchos los bunkers los que componen esta zona de Suomenlinna, que es el único lugar de Finlandia declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO
En el famoso Transiberiano del verano de 2005 pudimos comprobar dicho contraste de calores tras haber sufrido mucho más en la zona este de China (Shanghai y Suzhou) que en el mismísimo Desierto del Gobi en territorio mongol. En resumen, que ya me estoy alargando demasiado, no sólo vale mirar los grados, y en Suomenlinna pasamos un frío horrible.

 

Siguiendo las muchas indicaciones en forma de mapa que hay a disposición de los turistas, comenzamos a caminar por Mustasaari en la cual, tras cruzar el arco de un elegante edificio color salmón, fuimos a parar a uno de los puntos centrales que supone la Iglesia que hace funciones de faro. En un montículo, y rodeada de jardín y árboles pasaría desapercibida su actividad religiosa si no fuera por la torre finaliza en una pequeña cruz cristiana.

Vivienda en Susisaari
Porque su apariencia es totalmente la de un Faro que ilumina las embarcaciones que van y vienen de Helsinki.

 

En la misma calle por la que fuimos dejando la Iglesia a nuestra izquierda, se fueron sucediendo numerosas construcciones en madera, lo que supone un estilo más puramente nórdico a lo visto en la ciudad. Y en medio, un silencio absoluto en ocasiones interrumpido por algún leve soplido producido por el viento venido del mar. Parecía que fueran las cuatro de la madrugada cuando ya sobrepasábamos las ocho. Allí no había nadie. Estábamos disfrutando de una sepulcral tranquilidad imposible de presenciar en cualquier ciudad. Hay que tener en cuanta que era diciembre, era domingo, y era temprano. Eso explica esa sensación de aislamiento que vimos en el lugar. Muy diferente, según tengo entendido, es el periodo veraniego, en que las hordas de turistas recorren en masa las islas copando las terracitas y los espacios de aspecto más playero.

Son muchas las tiendas las que hay en Suomenlinna

 

Pero en ese momento teníamos Suomenlinna para nosotros solos. Por un rato, nos sentimos sus únicos visitantes, sus únicos habitantes, quienes la fuimos empezando a descubrir con un cielo cerrado que lentamente dejaba entrever los atisbos de luz que correspondían a un amanecer que quería y no podía. No llegaba a alcanzar la suficiente fuerza para no necesitar la luminaria artificial para ver lo que nos íbamos encontrando en el camino. Aún así muy rápido nos fuimos haciendo con la isla y divisamos los arcos que forman parte de los muchos muros defensivos de la misma. Yo incluso me metí a lo más oscuro alumbrando con el móvil,  pero a Julián, algo miedosillo, no le hizo gracia. Una de las veces salí corriendo como si hubiera visto algo y puso pies en polvorosa en plan atleta olímpico. Si fuera en otro sitio, todavía, pero los únicos compañeros de la calle en toda Suomenlinna eran los pajarillos que comenzaban a ir de árbol en árbol saludando a esa mañana que se resistía a recibirnos.

Otra de las viviendas de madera de Suomenlinna, en este caso de color azul

Allí, gran parte de los habitantes son militares, descendientes de los militares, algunos comerciantes, o como mucho los esporádicos turistas que se alojan en el Youth Hostel (Albergue de Juventud) que se encuentra a pocos metros del puerto donde nos dejó el ferry. Éste es otro de los alojamientos más punteros para la gente joven en Helsinki. Está claro que para quien vaya buscando la tranquilidad y la soledad de un sitio así, le va a resultar perfecto para pasar la noche.

 

Lentamente fuimos alternando construcciones puramente castrenses como murallas, arcos o edificios militares, con otras de un estilo más puramente nórdico. Casitas de madera de diversos colores, y aunque desconociendo la razón, predominando el amarillo mostaza sobre los demás.

La Tumba del creador de la Fortaleza, Auguste Ehrensvärd.
Aunque tampoco era difícil ver el azul celeste o el rosa pálido.

Dejamos atrás el moderno inmueble donde se encuentra el Museo de Suomenlinna, que con la exposición de objetos, enseña al visitante la dilatada historia de la fortaleza durante sus casi tres siglos de existencia. También ofrece a sus usuarios la posibilidad de visionar documentales narrando los muchos avatares que allí se han dado. El precio de la entrada es de 5 euros (gratis con la Helsinki Card).

 

Cuando cruzamos el puente y las posteriores murallas de la isla de nombre Susisaari nos sentamos en uno de los muelles que daban hacia el Báltico (dirección sur).

Los dos amigos con la Iglesia-Faro de Suomenlinna detrás. Esta pertenece a la isla de Mustasaari
Allí estuvimos unos minutos observando el leve pero constante movimiento de las aguas mientras podíamos percibir el crujir de la madera. La experiencia, sin duda, estaba valiendo la pena, y eso que aún no habíamos visto lo mejor de Suomenlinna para nosotros, que no es otra que la parte más al sur de Susisaari donde se encuentran repartidos los más importantes baluartes defensivos de toda la Fortaleza, incluyendo uno de sus símbolos, “La Puerta del Rey”.

 

En esta zona donde escasean las viviendas como las antes mencionadas, una conjunción de pequeños montículos y zonas más bajas se alternan en un terreno herbáceo y eternamente condenado por el frío viento que golpea los cañones y bunkers testigos de mil batallas.  Porque eso es lo que hay allí y es lo que durante largo rato estuvimos visitando. Son multitud las dependencias utilizadas en tiempos de guerra situadas debajo de la tierra y excavadas en las propios cerros.

Julián demostró ser un perfecto compañero de aventuras
Y es más que reseñable el número de cañones de diferentes calibres que conforman un decorado bélico similar a los existentes durante las dos grandes contiendas que asolaron el continente europeo durante el Siglo XX.

 

Y fue a partir de nuestra estancia en dicho terreno defensivo cuando la luz nos permitió el uso de la cámara de fotos, que con dificultad procuró retratar lo que os estoy describiendo. El día se presentó nublado, pero no tanto como los anteriores, ya que se abrían huecos en el cielo que traslucían sus tonos azulados. Así que con este panorama aprovechamos a sacar fotografías y a movernos por el amplio espacio al que el mar rodea en su mayor parte. El silencio siguió siendo cómplice de nuestra excursión matutina, aunque poco a poco se fue viendo interrumpido por el paso de algunos militares que se ejercitaban haciendo carrera por los sinuosos caminos de tierra.

Casas de varios colores quedan a un lado de la Iglesia

Qué pereza me dio ver tales escenas a esas horas de la mañana. Reconozco que soy muy vago para todo ejercicio físico y siempre me he negado a salir a correr. ¿Para qué, si nadie me persigue?

 

Como suele pasarme en lugares en que se han desarrollado batallas, me puse a imaginar cómo debía ser Suomenlinna en tiempos de guerra y cómo numerosos barcos eran destruidos desde la propia isla al ser disparados sin piedad por toda clase de artillería de la época. Y también pensé en esa gente que estableció su residencia allí y que en más de una ocasión tuvo que resistir los bombardeos y ataques provenientes del mar. Esta tarea de retroceder en el tiempo y reconstruir situaciones bélicas pasadas, como acabo de mencionar, suelo hacerla a menudo cuando estoy en sitios suficientemente marcados por la lucha armada. Quienes tuvisteis la ocasión de leer mi “Diario del Viaje a Oriente Medio y los Balcanes 2006” pudisteis comprobarlo en el gran castillo de Crac de los Caballeros de Siria, o en las calles de Beirut, sin olvidar las zonas más castigadas de las ciudades bosnias de Sarajevo y Mostar.

La Iglesia de Suomenlinna tiene más apariencia de Faro que de templo religioso. Su función es doble desde hace más de un siglo
Lugares en que el odio, la crispación y la irracionalidad se antepusieron al diálogo y al entendimiento mutuo. Y ya sabemos que cuando esto ocurre, solo se consigue que del cielo llueva sangre y que se vea afectada la gente inocente que “pasaba por allí”.

Hoy en día, no es complicado que este ejercicio mental de composición de hechos pasados a que se dedica mi mente en ocasiones, se pueda hacer en casi todos los puntos de la geografía mundial. Aunque en unos casos más que otros. Obviamente la parte en que nos encontrábamos de Suomenlinna, tenía la apariencia de un campo de batalla, aunque esta sensación fue desapareciendo a medida que nos fuimos retirando a lugares más habitados y habitables de lo que hoy en día es un barrio de la capital.

 

Los visitantes pueden deleitarse con algunas casas de madera muy llamativas que se asemejan a las que uno se encuentra en pueblos pesqueros de Escandinavia y otras regiones del norte de Europa.

Autofoto en Suomenlinna
  Estas viviendas pertenecieron en su día a militares de alto rango o incluso a los acaudalados comerciantes que pusieron allí su residencia.

 

Pero la isla de Suomenlinna tiene muchas más ofertas culturales y de ocio de las que he ido comentando. Nosotros le hicimos una “visita rápida” que sirvió para darnos cuenta de cómo era y de lo que uno podía encontrarse ahí dentro. Porque por ejemplo, dispone de no pocos museos:

 

  • Museo de Suomenlinna, ya antes mencionado.
  • Museo Ehrensvärd, dedicado al artífice de la gran fortaleza donde en lo que era su residencia, muestra armas, retratos y muebles de época.
    Tic tac tic tac...el reloj apunta a que el ferry está a punto de zarpar y nosotros aún estamos con las fotos...
  • Museo del Juguete, donde uno puede ver una amplia colección de muñecas y otros tipos de objetos de la infancia de antaño.
  • Museos de la Armada o de la Artillería, de temática puramente militar.

 

Uno incluso puede ver de cerca un submarino utilizado en la II Guerra Mundial o pasearse por un antiguo cementerio rodeado de edificios de carácter administrativo donde se encuentra la tumba del propio Ehrensvärd, enterrado con honores de Jefe de Estado.

El edificio de la Escuela Naval se encuentra en la 3ª isla por tamaño de Suomenlinna
Esto último si tuvimos la oportunidad de visitarlo cuando comenzamos a retornar hacia el puerto donde debíamos coger el ferry de las diez y veinte de la mañana. En esta ocasión el cruce de puentes, el paso por las casas de madera o el rodeo a las murallas pudimos hacerlo con luz natural y disfrutar de una perspectiva bien distinta a la de la ida, en que nos encontramos prácticamente a oscuras.

 

Volvimos al Faro-Iglesia a tomar alguna instantánea que quedara para el recuerdo y seguimos leyendo la guía que llevábamos donde habla del éxito de visitantes de la Isla a partir de primavera y sobre todo en verano. En ese período la gente llena los barcos para llegar a Suomenlinna no sólo por visita turística, sino para hacer uso de sus pequeñas playas o degustar todo tipo de gastronomía en los muchos restaurantes que se distribuyen por su territorio. No es difícil encontrarse con terrazas entre los mismos bunkers o en alguna de las casas de estilo nórdico o incluso colonial.

Vista de Suomenlinna y su Iglesia-Faro desde el ferry que nos llevó de nuevo a la Plaza del Mercado de Helsinki

El Restaurante de más solera recibe el nombre de Walhalla, aunque éste no es, ni mucho menos el único en ser conocido a lo largo y ancho de la Isla. Por si puede resultaros de interés, ahí va un enlace que selecciona y describe los mejores establecimientos donde uno puede llevarse algo a la boca. Para verlo, pinchad aquí.

 

Y así las dos horas y pico pasaron hasta que nos vimos de nuevo dentro del ferry. Esta vez, a pesar del viento, tuvimos más valor y salimos fuera para poder sacar las últimas fotografías del viaje. A Juli, para no variar, le costó de nuevo darle un buen enfoque, y por ello repitió instantáneas una y otra vez.

Con el ferry pasamos por otras pequeñas islas en que hay viviendas.
Pero siempre pasaba lo mismo, cuando “la persona” salía bien, “el fondo” estaba borroso. Y si no, al revés. Para el próximo viaje le voy a dar un curso intensivo de fotografía digital...
Esto es broma, el tío se portó como un monstruo y seguro que tuvo que ser paciente y  aguantar mis rayaduras mentales, por no decir mis canturreos chanantes del tipo “Dónde vas tunante” que supusieron la Banda Sonora más lamentable jamás escuchada.

 

Es desde el ferry, cuando está a escasos minutos de atracar, donde uno puede obtener las mejores vistas de Helsinki (El Puerto, las Catedrales, la arboleda del Esplanadi...), por lo que hace aún más obligada la excursión a Suomenlinna e incluso a Tallin. Tengo una espinita clavada desde hace tiempo con esta ciudad de la que me han hablado maravillas.

Bonita estampa, pero tiene que hacer un frío que te mueres
A ver si voy pronto y me la quito.

 

Fuimos al Eurohostel a recoger rápidamente nuestras maletas y tras subirnos nuevamente al Tranvía número 4, que queda a pocos pasos, llegamos a la Plaza de la Estación a esperar al autobús 615 que hace el recorrido Rautatientori-Lentoasema, es decir, el que lleva al Aeropuerto Helsinki-Vantaa. Nos despedimos de las soberbias siluetas del Ateneum y del Teatro Nacional para subirnos al último medio de transporte terrestre del viaje y dar por concluida la parte turística de una semana inolvidable.

No éramos los únicos españoles que se dirigían a Vantaa, a tenor de las dos parejitas catalanas que se pusieron detrás de nosotros.

Preciosa panorámica de Helsinki

 

La vuelta a casa la hicimos con puntualidad, a diferencia de la accidentada ida en que se perdió algo más que la mala costumbre de no hacer las cosas a su hora. Yo, durante el vuelo estuve pensando en la fugacidad de los buenos momentos. Nos pasamos semanas, por no decir meses, preparando itinerarios, buscando alojamiento, informándonos de un destino nuevo... pero todo eso se acaba consumiendo sin que apenas te enteres. Volví feliz y contento de lo que había tenido la oportunidad de vivir, pero se juntó con un regusto amargo que siempre se suele dar cuando todo concluye. A la mañana siguiente volvería a la rutina de tener que ir a trabajar, de coger el apestoso transporte público de Madrid y de que un día sea igual que el anterior, y así, sucesivamente. Al menos tenía claro que esos momentos más o menos “felices” que pasé en Finlandia tenía que tratar de describirlos en un conjunto de relatos que no sólo me sirvieran para recordar, sino también para que a todos vosotros y vosotras os facilitara las cosas si es que planificáis un viaje similar.

Juli, enfoca, corre que llegamos....

 

Desde aquí me despido de mis queridos lectores a quienes les doy un último consejo que no es otro que persigan sus sueños y que luchen por lo que desean. El mayor impedimento hacia la felicidad está en nosotros mismos. La vida es corta para perder el tiempo con tonterías, ¿no creéis?

 

Un abrazo a todos y nos vemos en El Rincón de Sele,

 

José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

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Helsinki
photo by: portia