Santa Claus nos recibió al otro lado del Círculo Polar

Sirkka Travel Blog

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Mapa de localización de Rovaniemi, justo en el borde del Círculo Polar Ártico



Sólo alguna voz más alta que otra me desveló en algún momento de la noche mientras atravesábamos Finlandia en el tren Santa Claus Express que tenía previsto llegar a Rovaniemi a las siete y media de la mañana. A medida que más viajo, mejor duermo en los medios de transporte. Aún recuerdo los primeros años en que no pegaba ojo en los viajes. Pero uno se va acostumbrando a todo y aprovecha estos lugares en movimiento para conciliar el sueño. Julián aún no ha llegado a este punto y el tren se le hizo cuanto menos insufrible mientras buscaba de forma incansable la “postura perfecta”, objetivo que no logró al parecer. De todas formas fue esa la única noche que no logró caer dormido, porque como veréis, “destrozó a ronquidos más de un autobús e incluso un avión”…

Nos movilizamos treinta minutos antes de la hora de llegada a nuestro punto en Laponia ya que había que adecuar la vestimenta al frío y la nieve que según las previsiones nos esperaban con los brazos abiertos.

Mi sueño de encontrarme la ciudad con nieve se vio cumplido con creces
Así que teníamos que ir al baño, y de todos es sabido que un rato antes de llegar a un destino concreto (y más si es por la mañana temprano) la gente copa los aseos haciendo de éstos “casi inaccesibles”. Primero fui yo, después lo hizo Julián. Por mi parte creo que me adecué bastante a las recomendaciones de guías, webs y foros en torno a qué llevar cuando las temperaturas no llegan a los cero grados. He aquí lo que me puse:

 

  • Ropa interior térmica tanto en la parte de arriba como en la de abajo
  • Calcetines térmicos típicos para la nieve. Y encima de éstos, los normales.
    Juli, mochila en mano y bien abrigado, nada más bajarse del tren. Ya estamos en Rovaniemi, ya estamos en Laponia
  • Pantalones de esquiar
  • Sudadera
  • Cortafríos/forro polar
  • Abrigo (Plumas de toda la vida)
  • Braga para el cuello
  • Gorro de lana para la cabeza
  • Guantes totalmente impermeables
  • Botas de montaña 

Con esta facha de muñeco de nieve iba a estar, a grandes rasgos, durante casi tres días en la parte más alta de Finlandia, donde no íbamos a tener temperaturas extremas ni mucho menos, pero sí lo suficientemente frías para tener que ir protegidos.

Paisaje oscuro pero lo suficientemente nevado para que quede una bonita estampa invernal
Lo importante, que no penetre el viento y que no se cale la ropa con el agua o la nieve. Con esto, salir fuera no supone ningún problema. Vas lo suficientemente calentito para aguantar lo que sea.

 

A la hora exacta de llegada prevista el Santa Claus Express se detuvo en la Estación de Ferrocarriles de Rovaniemi (Rautatiasema). Julián se apresuró a bajar el primero para encontrarse con la una de las escenas más recordadas en que ambos nos vimos en pisando suelo totalmente nevado en una ciudad que nos recibió con una oscuridad patente. Parecía que habíamos llegado al fin del mundo… A veces uno se cree que en puntos tan alejados no hay vida, y eso es estar muy equivocado. Hay gente hasta en los sitios más inhóspitos y aislados del Planeta.

Napapiiri es el nombre que dan los finlandeses al Círculo Polar Ártico, cuya linea imaginaria pasa por la Aldea de Santa Claus
Aunque eso dirán ellos de nosotros también… 

Caminamos por la nevada piedra del andén hasta llegar al edificio de la Estación, que resultó ser bastante pequeño y en el cual la gente aprovechaba para resguardarse del frío y dejar su equipaje en las taquillas (2€). Tanto desde la Estación de Trenes, como desde la Terminal de autobuses sale un bus especial directo al único punto de interés en Rovaniemi, la Aldea de Santa Claus en plena línea oficial del Círculo Polar Ártico (Napapiiri). Nosotros, como debíamos comprar nuestros tickets para ir a Levi (donde teníamos la cabaña) por la tarde, decidimos dirigirnos a dicha Terminal que en finlandés se llama “Linja-Autoasema”. La distancia entre ambas es de unos cinco minutos andando, aunque puede alargarse más si la nieve o el hielo se interrumpe en vuestro camino como a nosotros nos pasó.

Aquí Papá Noel recibe a niños y niñas de todo el mundo
Al final se logró lo que nosotros queríamos con ansia, verlo todo nevado. Eso, para mí bien vale cualquier desplazamiento. Y más cuando era de los pocos lugares en Europa cubiertos por el manto blanco que ni en Los Alpes se había dejado ver a las alturas de diciembre en que nos encontrábamos.

 

Una vez llegamos a la también pequeña Estación de Autobuses, dejamos nuestras maletas en las taquillas al precio de 2 euros. En la de trenes también había pero como ya no íbamos a volver era tontería dejarlas allí. Nos tomamos un chocolate caliente con unas galletas que había traído desde Madrid y tras mirar los horarios de todos los buses en un tablón que allí había, nos dirigimos a la chica que atendía en la tienda para preguntar precios y si ella misma vendía los billetes.

Detrás mío y del muñeco de nieve, la Oficina de Santa Claus. Es ahí donde el personaje gordinflón recibe a sus visitas...
Nos dijo que sí, pero que también es posible comprarlos una vez estuviéramos subidos en el bus, donde el conductor hace una ronda antes de partir. Preferimos dejarlo todo atado no fuéramos a encontrarnos a mucha gente y quedarnos sin plaza.

 

El precio de ida y vuelta a Levi, más concretamente al Hotel Levitunturi (punto de referencia en el lugar) es de 44 euros. La hora prevista de salida eran las 15:20 horas, y de llegada las 17:15). La vuelta a Rovaniemi la haríamos el sábado a las 9:50 llegando a dicho punto a mediodía. Adicionalmente, para que lo consultéis si lo necesitáis, os dejo un enlace que es el mejor para los horarios de los autobuses finlandeses.

Julián en la Aldea de Santa Claus
Su nombre es Matkahuolto, y de seguro es uno de los recursos más interesantes para los viajeros que se organizan su viaje a Finlandia: 

 

Y como dije antes, a pesar tener la posibilidad de hacernos con los billetes del bus a la Aldea de Santa Claus comprándoselos directamente al conductor cuando subiéramos, preferimos dejarlo hecho. Como esta actividad la haréis todos los que piséis Rovaniemi os recalcaré esta información importante:

 

  • El autobús Rovaniemi-Napapiiri es el perteneciente a la Línea 8 y se pasa tanto por la Estación de Trenes como por la de buses (en una parada que queda justo detrás).
    Juli es la primera vez que cruza el Cículo Polar, y de seguro no se le va a olvidar en la vida
    El precio ida y vuelta es de 5,20 euros y pasa uno cada hora aunque conviene consultar horarios. No seréis los únicos en subiros a dicho autobús así que no os preocupéis, que no tiene pérdida. En veinte minutos/media hora estaréis a las puertas del Círculo Polar ártico rodeados de toda la parafernalia navideña que trae el personaje de Papá Noel.

 

Nosotros cogimos el de las nueve y diez de la mañana y el trayecto fue fenomenal para nosotros ya que una vez se sale de la ciudad de Rovaniemi (de la cual hablaré más tarde) se va pasando por pequeñas aldeas o barrios con casas de madera que forman una estampa inusual para los que no estamos acostumbrados a ver tanta nieve.

En la línea del Círculo Polar
Tejados a rebosar del polvo blanco provocado por el temporal, coches totalmente cubiertos, gente caminando con trineos de a pie en medio de vastos pinares, son algunas de las cosas con las que uno puede deleitarse. Los ríos estaban helados, incluido el anchísimo que pasa por Rovaniemi (Kemijoki) y que confluye con otro más alejado (Ounasjoki). Incluso vimos a lo lejos la figura de uno de los montes más célebres en la región, el Ounasvaara, donde se ubica un Centro de Deportes de Invierno que hace las delicias de locales y turistas amantes del ski, snowboard y sucedáneos. La webcam de una de sus pistas era otra de las ventanas virtuales a través de la cual nos asomábamos desde Madrid para comprobar que el invierno llegaba, se iba y volvía de nuevo.
Jugueteando en la nieve

Para que os hagáis una idea, este lugar junto al Napapiiri forma el 99% de los objetivos en Rovaniemi por parte de los turistas, sobre todo este último al que nos dirigimos en bus.

 

A las nueve y media aproximadamente llegamos a nuestro destino el cual es, a su vez, uno de los lugares más deseados por niños y niñas de todo el mundo. En medio del bosque, con apenas luz que dejaba entrever los densos nubarrones, se erige la aldea de Papá Noel, Santa Claus o como allí le llaman, Joulupukki. (Ver horarios de apertura)

 

Un conjunto de casas de madera (en su mayor parte tiendas) y una Oficina de Información Turística son lo primero que uno ve nada más llegar.

Este es el paisaje que rodea la Aldea de Santa Claus
Una vez penetramos en dicha “aldea”, nos encontramos con tres muñecotes de nieve bastante grandes, una línea que simboliza el paso al Círculo Polar Ártico, y la gran casa de alto tejado donde Santa Claus recibe a todo el que quiera visitarle. Su barbudo rostro es el motivo ornamental de dicho tejado, donde uno puede leer en finés e inglés que esa es la Oficina de uno de los personajes más globales que hay en el mundo.

 

Los villancicos formaron parte de la Banda Sonora Original en nuestra visita a dicho lugar que constituye uno de los mayores filones económicos en Laponia. Gente de todas partes llega aquí con la ilusión de poder ver a ese señor gordinflón que trae regalos a los niños cada Navidad. Nosotros fuimos de los primeros en llegar, por lo que pudimos pasear por allí durante largo rato antes de hacer nuestra “pequeña visita” soñada con corta edad.

Lapland forest
No hay demasiadas instalaciones,  pero no estaría bien que quedaran ensombrecidos los frondosos alrededores que son en sí un mundo aparte, sobre todo si uno va en invierno. En un minuto nos encontramos en un solitario y silencioso bosque en que tan sólo se escucha el resurgir del viento y el crujir de la nieve al ser pisada por nuestros pesados pies. Tendríais que habernos visto nuestra cara de felicidad y esa sonrisa casi infantil que era imborrable (ver video). Sólo nos faltó hacer un muñeco de nieve para redondear el idílico panorama que queda detrás justo de la Aldea, a la que volvimos al rato y donde pudimos ver que niños y mayores podían darse una vuelta en motonieve por un circuito preparado para tal efecto. No sé cuánto costaba hacerlo, pero dado que era algo que podíamos disfrutar en nuestra estancia en Levi al día siguiente, no quisimos montarnos.
Bosque blanco y azul en Napapiiri. Volvería allí ahora mismo sin dudarlo
No era el momento, estábamos en la Aldea de Santa Claus y lo que precisábamos era tener un encuentro con él. Pero, ¿quién es Santa Claus exactamente? ¿Sabéis de dónde viene esta tradición navideña?

 

Son muchas las historias que rodean a este personaje, pero las más “realistas” nos llevan a un lugar muy alejado del Círculo Polar Ártico y del norte europeo. Trasladémonos a una pequeña ciudad turca llamada Myra (actualmente conocida como Demre) en que el Obispo, de nombre Nicolás, realizó incontables buenas obras a los más necesitados. Ayudó a los enfermos y pobres, enseñó a los demás el saber perdonar a los enemigos, e incluso se le atribuyeron varios “milagros” (muy de moda en la época). Dado que quedó huérfano muy pronto, y recibió una buena herencia, utilizó gran parte de su dinero para quienes más lo necesitaban.

Desde una torre de vigilancia donde subimos, se ve esta panorámica de la Aldea de Santa Claus

La Leyenda cuenta que un campesino muy pobre que tenía tres hijas no podía pagar la dote para casarlas. En esa época, quienes no contraían matrimonio, acababan siendo pasto de la esclavitud o la prostitución. Nicolás se enteró de esto y dejó parte de su oro en los calcetines de las chiquillas, que se estaban calentando en la chimenea. Gracias e esto, las tres pudieron salvarse de un futuro descorazonador.

También se habla de que tras el acuchillamiento de varios niños por parte de un malvado criminal, el Obispo rezó por ellos y todos ellos sanaron. Los niños eran su debilidad y siempre hizo todo lo posible por ayudarlos y hacer que se sintiesen felices.

Pero un día Nicolás murió, y sus restos quedaron casi incorruptos (como suele pasarle a los santos) por lo que pasó a ser conocido como Santa Claus. En el Siglo X, durante las invasiones musulmanas, los cristianos lograron trasladar sus reliquias a Bari donde los fieles rezaban ante el cuerpo del que un día diera todo su esfuerzo y dinero para socorrer a los más necesitados.

El bosque nevado desde arriba es una maravilla
Con el tiempo fue un personaje cada vez más querido y venerado, e incluso se llegó a erigir una iglesia en su honor en Roma. En Italia era conocido con el nombre de San Nicolás de Bari.

 

Durante el Siglo XVI, navegantes holandeses llevaron la tradición de su patrón hasta América, y en el XIX se escribió largo y tendido sobre él. En Diciembre era costumbre que los mayores hicieran regalos a sus niños, por lo que se acabó adaptando la figura del Santo a los hábitos festivos que acarrea la navidad. Su fisonomía fue modificándose a lo largo de los años hasta que una campaña publicitaria de Coca Cola (1930) le dio el aspecto que todos conocemos hoy en día. También de esta época fue en la que se habló de que podía vivir en el Polo Norte.

Ese Juli, oé!
Por ello en Escandinavia aún discuten suecos y finlandeses (incluso Groenlandia ha entrado al trapo) sobre la eterna estancia de Santa en sus territorios. Normal, teniendo en cuenta los ingresos turísticos y comerciales que acarrea tener como “hijo pródigo” a tal referente mundial. Pero ha sido Finlandia la que se ha llevado el gato al agua y quien cuenta con Papá Noel entre sus habitantes más conocidos. A partir de ahí, la parafernalia navideña ha aumentado la Leyenda, contando que vive en Laponia con la Señora Claus, y que junto a sus duendes (Bendegums) fabrican juguetes para regalar a los niños que le escriben cartas. Para poder llevárselos a los niños durante la noche del 24 al 25 de diciembre, los transporta en un saco mágico mientras viaja en su Trineo tirado por Renos voladores, liderados por Rudolph que da luz al camino gracias a su nariz roja y brillante.

 

Bonita historia que nos ha acompañado a varias generaciones.

La subida valió la pena
En España tiene más tradición la presencia de los Reyes Magos (Melchor, Gaspar y Baltasar) cada noche del 5 al 6 de Enero para traer regalos a niños (y no tan niños). En mi caso siempre he celebrado y “disfrutado” de ambas tradiciones. Pensándolo bien siempre preferí a Papá Noel por el mero hecho de que tenía dos largas semanas para jugar con los regalos. En cambio, dos días después de los Reyes empezaba el cole… Cuestión de aprovechar el tiempo, ¿no?

 

Fuera como fuera, estábamos en la puerta de la Oficina de Santa Claus y tras entrar a la misma, pudimos ver que no éramos los únicos allí. Varias familias (sobre todo japonesas) aguardaban a entrar a los aposentos de Santa Claus, preservados por un “Elfo” barbudo que divertía al personal con sus estudiados comentarios y dejándoles comprobar que su gran barba no era falsa.

En Laponia la mayor parte es llano. A las pocas colinas que hay las llaman "Tunturi"
En una de las paredes, decenas de fotografías del personaje más popular de las fiestas navideñas (curioso cuando se conmemora el nacimiento de Jesús…). Julián y yo estuvimos comentando qué decirle porque nos sentíamos como esos niños que se sientan sobre personajes disfrazados en los Centros Comerciales. No es edad, la verdad, pero podía ser gracioso. Estuvimos un par de minutos hablando con el “Elfo”, “duendecillo” o lo que fuera, quien con paciencia infinita debe mantener la sonrisa y el buen humor. Tras él se intuía una gran biblioteca con libros gigantes pertenecientes a Papá Noel, a quien se le oía bromear en inglés con chiquillos y mayores.

 

Fue nuestro turno y pasamos directamente a hablar con él. Papá Noel (me gusta más llamarle así que Santa Claus, que lo veo como más anglosajón) tiene una altura y tamaño considerable.

Había nieve para aburrir, justo lo que soñamos antes de ir
Al estrecharle la mano, parecía que estuviera tratando con un gigantón. Nos cogió a Julián y a mí y nos sentó junto a él. Sus preguntas, en inglés, fueron las típicas “¿De dónde sois?”, “¿A qué os dedicáis?”, “¿Os gusta Finlandia?” a lo que me entraron ganas de contestarle “Eso deberías saberlo tú, ¿no?”. Pero tenía entendido que el viejo gordinflón sacaba respuestas para todo y no quería arriesgarme a una vacilada de las suyas. Hablamos de que gracias a Dios la nieve había llegado a Laponia. Si en invierno no hubiera, las visitas al lugar descenderían notablemente. Es más, en esa época, no había ni mucho menos lleno en los hoteles del país, cuando a esas alturas pueden estar hasta la bandera.

Ya sentados nos hicieron una fotografía. Debéis saber que no se puede sacar fotos a Papá Noel con vuestra cámara particular.

Con la ilusión de un niño parecía que me encontraba en un sueño
Sólo está permitido ser retratado junto a él por medio de un fotógrafo preparado para tal ocasión. Una vez hecho esto te muestra la imagen en una pantalla y si ha quedado bien, te despides de Santa Claus y le deseas Feliz Navidad, que la visita se ha terminado. Luego toca elegir cuántas fotos quieres y de qué tamaño. Y aquí está el verdadero negocio… 23 euros por 5 fotos de 10x15, y de ahí, para arriba, hasta superar los 50€. Eso se paga en una tienda que hay detrás del Hall de Santa Claus, donde venden todo tipo de objetos relacionados. Julián aprovechó a comprar sellos para mandar felicitaciones navideñas a familiares y amigos. Yo no me sentí tan espléndido como él y quizá me apunté a la causa de la “Cofradía del puño cerrado”. Allí mismo hay un buzón donde enviar tus cartas. Si quieres, incluso, puedes pedir que te lleguen en Navidad, por lo que si alguien se pasa en otras fechas, puede dejar su carta o postal y llegar a su destinatario en el período solicitado.
Bosque nevado

Julián pues, preparó las felicitaciones navideñas que había hecho desde Madrid (con una participación para la Lotería de Navidad) y la envió a sus sobrinos, tíos y amigos, entre los que me incluyo. Es más, yo mismo puse el seño sobre la mía. No faltaron las de otros amigos comunes como puedan ser Edu, Carlos, Mikel o Mally. Este Juli es un detallista, la verdad.

 

Una vez salimos de la oficina, aproveché a dar un toque con el móvil a Rebeca, mi compañera de trabajo, para que hiciera algo que habíamos acordado previamente. Le comenté en Madrid que cuando le llamara y colgara a su teléfono estaríamos en frente de una webcam que teníamos localizada en la Aldea de Santa Claus. En ese momento debería conectarse, vernos y guardar la imagen.

Sele in Lapland
En directo a miles de kilómetros de distancia…
Pero el plan me temo que no funcionó. Rebeca tenía el móvil apagado y por tanto di el toque a otra compañera (Teresa), quien se conectó y dice que nos vio y captó entre los tres muñecos de nieve, aunque no lo tengo muy seguro porque me escribió un sms varios minutos después. Y también porque la imagen que me mostró no dejaba muy claro que fuéramos nosotros. Sólo Santa lo sabe…

 

Por tanto marchamos al otro lado de la Aldea, hacia una pequeña granja de Huskies que hay hacia la izquierda, metida en el bosque. Antes de llegar nos encontramos con una torre de vigía metálica que bien podía ser la que en verano utilizan los guardabosques para detectar cualquier incendio en el arbolado terreno. Le propuse a Juli subir a la misma porque me encantan los lugares altos desde donde se pueden obtener unas vistas y fotos bastante buenas.

Nada se escapó a la nevada
Éste me tachó de loco, pero no hice caso tirando para arriba, sin importarme posibles reprimendas por parte del “encargado de turno”. Y creo que acertamos al subir, ya que tuvimos delante de nuestros ojos una bella panorámica del llano y frondoso paisaje cubierto totalmente de blanco.

Después bajamos con cuidado, ya que el metal escurría por la humedad y el hielo, y no era cuestión de partirse una pierna.

 

La caminata hacia la granja de Huskies la hicimos rodeados del idílico paisaje que, a pesar de quedar a escasos metros de la Aldea, parecía estar totalmente aislado. El cielo, más cerrado todavía, apenas aumentaba su luminosidad respecto a las primeras horas de la mañana. Al parecer en Laponia en esa época, la penumbra les acompaña durante casi todo el día.

De nuevo la Oficina de Santa Claus, una vez fuimos recibidos por el gran protagonista.
Si queréis ver el Calendario solar de la región de Rovaniemi pinchad aquí, y veréis las horas de luz que hay cada día del año. El día en que nosotros estuvimos allí, amaneció a las 10:32 y se puso el Sol a las 13:42, aunque a fuera de esas horas no hay oscuridad completa tampoco.

 

Llegamos a la buscada granja, que tenía una parafernalia demasiado turística para que nos gustara. Había que pagar por entrar y encima estaba bien vallada, por lo que tan sólo escuchamos ladridos como si de una perrera se tratara. Al igual que hicimos con las motonieves, mejor esperar a Levi, que una de las dos cosas haríamos seguro y sería mucho mejor. Así que las horas fueron pasando en el frío bosque aledaño a la Aldea, donde los tonos blancos y azules heladores coloreaban el entorno natural.

Para los niños y las niñas: Me dijo que este año no faltaría, pero que debéis portaros bien...
Hice muchas fotos, que no salían como a mí me gustaba porque nunca se adquiría la luminosidad y claridad suficiente. Era algo que sabía desde antes de ir, pero con cámara en mano uno no puede dejar de intentarlo. Haces mil, y seguro que se salvan dos o tres. Y más vale eso que nada, ¿verdad?

 

Una de las cosas que más gustan a la vuelta es poder ver las fotos una y otra vez. Hay veces que en días tristes y aburridos se te puede alegrar la vista recordando esos momentos únicos que jamás se van de tu memoria y que los haces incluso más espectaculares de lo que fueron en realidad. No sólo se viaja cuando se está fuera… En mi caso, como en el de otros viajeros, el antes y el después forman parte del destino en cuestión. Nos pasamos el día viajando…

 

Estuvimos un buen rato en las tiendas aledañas a la Oficina de Santa Claus donde nos hicimos con algunos regalitos, entrando así en la rueda consumista de la que es difícil escapar.

En Rovaniemi la Plaza principal recibe el nombre de LORDI AUKIO en honor al grupo vencedor en Eurovisión del año 2006. Sí, esos vestidos de monstruos. Pues allí son toda una institución. Estas son las huellas de sus manos y "garras"
Tienen toda clase de souvenirs y de objetos que no suelen servir para nada, pero que se venden como churros. Pero bueno, para llevar unos detallitos está bien. Tampoco me pasé mucho porque para cuatro días que estaba fuera no iba a ir yo en plan Papá Noel. Para eso, se lo pido a él directamente, ya que le tenía prácticamente a unos metros…

 

El autobús de vuelta lo cogeríamos a las 12:40 en medio de una nevada cada vez mayor. Los copos se te metían a veces en la boca al hablar. Ya lo dice el refrán, “en boca cerrada no entran moscas”. En este caso cambiaríamos moscas por copos y todo solucionado. No veíamos muy claro dónde paraba exactamente el bus para recoger a la gente de la Aldea de Santa Claus, y al recurrir a la encargada de una de las tiendas, nos dimos cuenta de la amabilidad del carácter finés.

La Lordi Aukio y alrededores (Koskikatu..) son lo más animado de la extraña ciudad de Rovaniemi.
Ella, ni corta ni perezosa, dejó todo solo para acompañarnos hasta el punto exacto de la calle donde pararía el bus de la una menos veinte. Eso es educación y hospitalidad. Como dije en otra ocasión, son tímidos y reservados, pero en cuanto les entras sueltan su simpatía y buen humor.


Ya en el bus directo a la ciudad de Rovaniemi, donde aprovecharíamos para comer tranquilamente, nos encontramos con otra de esas escenas que te ponen los pelos de punta. Al otro lado de la ventanilla vimos caminar a un grupo de renos adultos y pequeños, que provocaron que nos pegáramos al cristal como bobos. Yo ya había tenido la suerte de verlos durante mi estancia en Noruega (Interrail 2001), pero a estas cosas uno no se acostumbra.

Iglesia de Rovaniemi junto a un cementerio de los Caídos en las Guerras Mundiales. Macabrismo forever!
A Julián le faltó soltar la lagrimita, que de seguro, estuvo bien cerca de caérsele. A mí también, la verdad. Estos animales de gran cornamenta son muy típicos de Laponia y durante siglos han sido domesticados por el pueblo Sami. Por ello no es difícil verlos campar por la región. Es como para nosotros un toro o una vaca. Lo que sí es complicado es encontrarse con un Alce, que son mucho más salvajes. Y por qué no decirlo, más espectaculares.

 

Me había hecho con un folleto del Golden Rax Pizzabuffet, que como recordaréis, es el sitio en que comimos en Helsinki el día anterior por 8 euros. Al parecer, había uno en pleno centro de Rovaniemi, concretamente en Koskikatu (núm 11) a escasos metros de la Lordi Aukio ya mencionada.

Después de caminar, volvimos a la Estación de Rovaniemi siguiendo las vías férreas
Así que antes de que el bus llegara a la Estación de Autobuses (Linja-Autoasema) nos bajamos exactamente en una parada que hay en dicha calle. Llegar y besar el santo. Nos faltó por comernos las bandejas de plástico, porque de lo demás no dejamos nada por probar. A mí en los buffets me entra una “gula” que si me pilla el asesino de “Seven” me mata igual que al gordo de los espaguetis. Tremendo… pero es lo que pasa cuando sales fuera. Tienes hambre a todas horas porque no paras de moverte.

 

Así que durante las dos horas que precedieron la salida de nuestro autobús a Levi pateamos un poco la ciudad de Rovaniemi, que hablando en plata, no tiene nada de nada. El estilo de sus edificios es similar al de cualquier barrio periférico europeo, es decir, ladrillo, ladrillo y más ladrillo. Por tanto, en la ciudad no hay visitas obligadas, exceptuando el Arktikum, que es uno de los principales Museos Polares de toda Escandinavia.

Mapa de situación de Levi (Kittila) en mapas de Finlandia y Laponia
Por 11 euros (8,50 si es para estudiantes) los visitantes pueden disfrutar de exposiciones que repasan los principales puntos de la naturaleza del Ártico (Flora y fauna), además de aprender cómo vive el pueblo Sami (y otros pueblos nómadas más allá del Círculo Polar aunque no estén en Finlandia como Groenlandia, Canadá, etc.). Posee un túnel de vidrio muy modernista que llega hasta el Río Kemijoki. Yo no estuve pero las guías lo recomiendan. Lo veo normal teniendo en cuenta la ciudad horrible que le supone a cualquiera Rovaniemi. Si no tuvieran el Napapiiri ni la Aldea de Santa Claus, sería otro rincón gris del planeta muy a evitar. En Escandinavia, lo mejor no son precisamente las ciudades (hay maravillosas excepciones como Estocolmo, Bergen u otras). El verdadero tesoro nórdico está en sus parajes naturales únicos en el Continente Europeo.

 

Nosotros nos movimos más por la zona centro, que es la que más ajetreo de gente tiene.

Monigote a la entrada de Levilehto Apartments, donde alquilamos nuestra cabaña para dos noches. Levi es espectacular!!
Y para explicar la misma no hacen falta muchas florituras. Una de las arterias principales recibe el nombre de Rovakatu (ver webcam), lugar donde se encuentra la Oficina de turismo de la ciudad. Desde ésta se coge la ya mencionada Koskikatu, que acaba llegando a la Plaza dedicada a los Lordi (Lordi Aukio). En dicha plaza hay otra webcam que os puede dar una idea de lo “mejor” que tiene Rovaniemi. Centros comerciales, tiendas de artesanía temporales (sobre todo en Navidad) y algún que otro sitio para comer. Vamos, lo mismo que en la zona comercial de vuestro barrio.
Plano de situación y distribución de los Levilehto Apartments donde nos alojamos.
Ni más ni menos. Eso es Rovaniemi…

 

Así no es de extrañar que se vean anuncios de venta de pisos con precios tan pequeños. Una vivienda de 100 metros cuadrados es difícil que salga por más de 90.000 euros. Y una casa de madera enorme, en mitad del campo, puede no llegar a los 60.000. Pasarán más frío que nadie, pero al menos la gente joven puede independizarse y valerse por sí misma. Más sueldos y menos coste de la vivienda. Qué engañabobos tenemos en España, ¿no creéis?

 

La tétrica “ciudad dormitorio” no dio más de sí y caminamos por caminar mientras hacíamos tiempo antes de subirnos al bus. Incluso acabamos paseando por un camposanto en el que hay enterradas más de 600 víctimas de la II Guerra Mundial en lápidas de piedra acompañadas en algunos casos de velas encendidas.

La luz proveniente de las pistas de esquí nos sirvió para guiarnos por los nevados caminos que quedan cerca de la cabaña
Rovaniemi fue arrasada y muchos de sus habitantes perdieron la vida o se vieron obligados a marcharse del país. Al parecer antes de dicha guerra Rovaniemi era bonita al estar llena de casas de madera típicas escandinavas. Pero todo eso fue destruido y por ello se construyó la mole impersonal que ahora todos podemos ver.

 

Así que considerad Rovaniemi como un punto de partida a la verdadera Laponia. Está bien todo eso de ver la Aldea de Santa Claus, pero nada más. Lo mejor que tiene es que comunica con la totalidad del país y se puede llegar desde allí a los lugares más recónditos de la Región de Laponia. Tiene Estación de Trenes y de buses, y estos últimos son esenciales para desplazarse por allí. Incluso si no tenéis nada preparado hay multitud de Agencias de Aventura que pueden proporcionaros lo que necesitéis para vuestro viaje (Safaris, excursiones, hoteles, etc…), aunque si vais a un sitio con Oficina de Turismo, mejor dejarlo en las manos de ésta última.

Así es como quería ver yo las casas
Os ahorraréis bastante dinero.

En resumen, si queréis ir a Laponia no penséis que Rovaniemi es el lugar ideal. Simplemente tomadla como campo base para ver lo de Papá Noel y trasladaros a alguno de los muchos lugares interesantes que hay en la región como puedan ser Kemi, Ivalo (Lago Inari), Muonio, Sodankylä o la misma Levi a la que a punto estábamos de ir. Recordar que lo mejor de Laponia está en sus paisajes y en cómo podéis disfrutar de los mismos.

 

Julián y yo volvimos con antelación a la Estación de autobuses donde recogimos nuestras cosas, nos tomamos otro chocolate caliente y nos sentamos un rato a charlar sobre cómo estaba yendo el día. Era totalmente de noche, pero aún quedaban muchas horas antes de irnos a dormir.

La nieve, como podéis ver, cubría bastante
Es tan engañoso eso de que haya tanta oscuridad, que uno piensa que ya no hay nada más que hacer. Reconozco que a mí me pasa muchas veces. Como cuando en invierno sales de trabajar a oscuras y sólo te apetece quedarte en casa. ¿A que cuando es primavera o verano piensas de otra manera? Obviamente, si hay luz, el callejeo siempre es mayor.

 

Nuestro bus salió puntual y de las dos horas que tardó en hacer el recorrido poco puedo contar porque mi amigo Julián se quedó tan dormido que hasta soltó algún ronquido que otro. Me tocó hablar conmigo mismo para hacer un resumen de lo que llevábamos de viaje y acordarme de lo que debía contaros a vosotros a la vuelta. Aunque no lo penséis, la elaboración de este diario y la publicación de fotos e historias en El Rincón de Sele era algo de lo que se habló mucho en el viaje.

Julián también hundió sus piernas sobre los montones nevados
Incluso estuvimos buscando un nombre a lo que estáis leyendo. A mí me gustaba el nombre de “Cartas finlandesas”, pero este título ya existía gracias a la gran obra de Ángel Ganivet, que escribió su visión sobre el país nórdico cuando estuvo como Cónsul en Helsinki durante 1896. A pesar de haber pasado más de cien años, es más actual de lo que podáis imaginaros. Una obra deliciosa con la que podéis aprender mucho de la población finlandesa (su forma de ser, sus tradiciones...). Os dejo un enlace para que podáis acceder al libro en línea y A TEXTO COMPLETO (obtenido de la página web Finlandia: La Naturaleza del Norte).
Los tejados de las casas se ven blanquecinos durante el invierno

Lo de “Diario del Viaje a Finlandia” lo descarté rápidamente. Llegué a pensar incluso en titularlo “Cuadernos de Finlandia” pero al final me decidí por poner el nombre de “Postales de Finlandia” porque así me pareció. No sé, me dice más cosas…

Juli y yo estábamos todo el rato “Eso hay que acordarse de ponerlo en el Diario”, “Contaré lo siguiente…” y un largo etcétera. Me encanta poder trasladarlos a mis viajes y por ello me siento feliz escribiendo estos “relatos” que cumplen una triple función: Entretener, ayudar y hacerme recordar. Y, aunque llevan bastante trabajo, al final vale la pena.

 

A medida que el autobús iba dirigiéndose más al norte se notaba que la nevada aumentaba y la capa blanca que cubría el suelo, los bosques y los tejados, se iba haciendo mucho mayor.

Me gusta esta foto. Se ve nieve como Dios manda!!
Desde la ventanilla pude ver casas de ensueño en medio de los árboles y me preguntaba qué estaría haciendo la gente allí en ese momento. Todas y cada una de las viviendas de madera tenían luces navideñas o árboles de Navidad. Y no pocas contaban con un muñeco de nieve en el jardín. Qué frío debe pasar esta gente - me dije, sabedor de lo duro que debe se vivir en una región con unos inviernos tan largos. A mí que un día lluvioso me deprime bastante, no querría pensar cómo me sentiría sin ver los rayos del sol durante meses.

 

Tampoco dejé de mirar al cielo con la esperanza de “cazar” una Aurora Boreal, pero en el fondo tenía seguro de que era algo prácticamente imposible, ya que el cielo tendría que estar despejado para tener la posibilidad de ver alguna (que porcentualmente era elevada en ese momento).

A esta foto la titulo "Los fantasmas lapones".
Si no se retiraban las nubes no había nada que hacer y no tenía pinta de que eso sucediese en los días sucesivos. Lástima.

 

Alrededor de las seis de la tarde el bus nos dejó a las puertas del Hotel Levitunturi, que traducido quiere decir “Hotel del Monte de Levi” ya que tunturi en finés quiere decir monte o montaña. Y es que no existe una ciudad llamada así. Lo más correcto que se puede decir es que nos encontrábamos en la villa de Sirkka, perteneciente a Kittila, donde su montaña más célebre por las pistas de esquí se llama Levi. Pero la gente la conoce de esta manera y así todo el mundo se entiende. Incluso la página oficial del lugar lleva dicho nombre: http://www.levi.fi (Interesante web en la que se puede uno informar de las condiciones del momento, las excursiones opcionales, el alojamiento y un largo etcétera).

Idílicas cabañas de madera en el bosque de Levi. La luz del fondo es la que proviene de las pistas de esquí

Como ya comenté en otra ocasión, Levi es el lugar ideal para llevar a cabo un sinfín de actividades de invierno. Hay tal número de agencias y de hoteles, apartamentos, cabañas y alojamientos en general, que lo convierte en uno de los puntos favoritos tanto de finlandeses como de extranjeros. Y allí estábamos Julián y yo, en medio de la nevada y con un pequeño mapa en las manos para saber llegar al lugar exacto donde íbamos a hospedarnos durante las próximas dos noches. La expectación era máxima, por la casi improvisación final de la reserva (comentado en el primer relato). ¿Habría acertado con el cambio? Comprobémoslo pues…

 

Los Levilehto Apartments están a escasos 200 metros del Levitunturi y quedan después de pasar el Supermercado, en frente del otro lujoso Hotel de la zona, el Sirkka. Para llegar tuvimos que ir andando por un camino hecho con la nieve separado de la carretera. Nos fijamos que también había un gran número de vías para las motonieves como indicaba la señalización. Levi es un paraíso para los deportes de nieve, tal como se puede ver en sus enormes pistas de esquí (más de 230 km). No hay que olvidar que allí se organizan campeonatos de prestigio por ser uno de los centros invernales más idóneos para llevarlos a cabo (ver mapa interactivo). Y salta a la vista ya que la iluminación de las pistas hace que la oscuridad del cielo sea casi testimonial. A pesar de las pocas horas de luz en esta zona, no hay que temer en absoluto porque nunca vas a sentir la penumbra plenamente. No pueden dejar de vender y hacer actividades por el mero hecho de que se haga de noche antes. La pela es la pela…

 

Aquí la nieve era tal que hundía en mayor medida los pies que por la mañana en Rovaniemi. Perfecto, era lo que queríamos y necesitábamos… Un cartel con un muñecote parecido a un duende nos avisó de que habíamos llegado a la parcela donde se ubican los Levilehto Apartments. Fuimos a recepción y tras pagar 220 euros (2 personas x 2 noches) dejamos nuestras cosas en la cabaña. Bueno, no era una cabaña exactamente. Digamos que es como un adosadito de madera de dos plantas con tres habitaciones, dos baños, cocina-cuarto de estar, recibidor para dejar las cosas y una sauna privada que no se la salta un torero. Además, aunque no lo utilizaríamos, teníamos plaza de garaje y trastero. Esto para dos gatos como nosotros es mucho, pero si lo coge una familia, sale muy apañadito. Pinchad aquí si queréis ver cómo es.

La mujer de recepción nos llevó la ropa de cama y estuvimos charlando un poco con ella. De primeras vio difícil que pudiéramos tener la posibilidad de observar las Luces del Norte por el hecho consabido de la nula claridad del cielo. Al menos quedó patente su amabilidad prometiéndonos que si por la noche veía alguna, nos avisaría. Se quedó limpiando la cabaña y mientras nosotros nos dimos un rondo por la zona donde disfrutamos de unas vistas impresionantes de los bosques y de las cabañas llenas de nieve hasta arriba. Todo era precioso. Y traté de fotografiar lo que pude pero apenas se salvó una instantánea o dos. Pero bueno, menos da una piedra.

Había parte del camino que en que nos quedábamos hundidos y en el que no faltaron las ganas de rebozarnos por el suelo blanco y blando. Era todo tan bonito, tan espectacular, tan de cuento… (vaya, parezco un anuncio de compresas baratas). Los árboles cargaban con la pesada losa que les supone la nieve colgando de las ramas, y la gente que pasaba por allí lo hacía en trineo o motonieve. ¡¡Qué pasada!! ¡¡Nosotros teníamos que hacer algo igual!! Para el día siguiente (viernes 8) había que darlo todo para pasarlo de forma increíble. Haríamos todo lo que estuviera en nuestra mano y no escatimaríamos en absoluto para cumplir nuestros propósitos a rajatabla.

 

La tarde noche la pasamos tranquilamente en la cabaña, aunque salimos en más de una ocasión a pasear. En nuestra “casita” probamos la clásica sauna finlandesa y nos dejó bien relajados. Yo nunca me había dado una sauna. Como mucho, un baño turco en mi primer viaje a Turquía (en el Çemberlitas Hamami de Estambul), que es lo más parecido aunque hay grandes diferencias (masaje, mármoles, distintos tipos de agua para echarte encima…). La sauna de la cabaña era pequeña, pero bien comunicada con la ducha, ya que ambas estaban en un baño de gran tamaño. Dejamos que calentara y allí nos metimos siguiendo el ritual 5 minutos/ducha fría, 5 minutos/ducha fría. El calor ahí dentro es abrasador y te hace sudar por sitios que no pensabas que se podía sudar. De vez en cuando hay que echar agua a las piedras que arden y esto provoca que salga un vapor que a mí me dejaba casi sin aire. El darse una sauna es prácticamente una institución en Finlandia. Prácticamente todas las viviendas vienen equipada con este servicio y no hay centro deportivo que no disponga de las mismas. Incluso en Helsinki hay una saunabar para estudiantes. En Finlandia la gente se desnuda por completo para entrar a la sauna, pero aquí no lo ven con la “mirada sucia” como diría Resines en Los Serrano. Hay una nula identificación sexual. Y es normal, a casi 100 grados de temperatura tienes ganas de todo menos de acometer el acto.

Los beneficios que puede traer la Sauna finlandesa son muchos: Estimula la circulación de la sangre, es buena para la piel, elimina gran cantidad de toxinas y disminuye el stress tan típico en la sociedad actual. Aquí os dejo el enlace a un artículo que habla del tema por si puede interesaros. Lo corroboro al 100%, te quedas nuevo cuando lo haces aunque reconozco que la primera vez que entras puedes pasarlo un poco mal. Esta frase no me suena bien, pero haré caso omiso a las mentes más calenturientas.

 

Ya de madrugada salimos fuera y nos metimos en medio del bosque a ver si en plena oscuridad se daba alguna Aurora Boreal si por algún caso remoto el cielo despejaba. Pero no fue así. Al menos disfrutamos del más sonoro de los silencios. Esos en los que sólo hay espacio para el viento y las huellas de la naturaleza. Esos que te hacen sentirte aún más pequeño.

Recuerdo que nos desviamos del camino porque sin querer nos íbamos a poner a andar sobre lo que en realidad era un lago, que en ese momento estaba helado y bien cubierto de nieve. Pero aún así no nos fiamos por lo que pudiera pasar. Solos, en mitad de la nada, podía ser peligroso. O por lo menos eso pensamos. Creo que el Lago recibe el nombre de Immeljärvi (si veis el sufijo järvi en algún lado, eso es que es un lago) y no tiene un mal tamaño precisamente. Por ello lo rodeamos a pie hasta que ya agotados decidimos dar la vuelta y buscar la segunda pista de esquí, la del propio Monte Levi, que de noche se ilumina con luces azules. Pero nuestras fuerzas no estaban para muchos trotes y terminamos volviendo a la cabaña para meternos a la cama y caer reventados por el sueño que teníamos.
 Cuando uno viaja, los días tienen más de 24 horas, y eso está comprobado. Uno en su vida diaria no hace tantas cosas en una misma jornada. Y si las hace no son igual de intensas para estar en una nube todo el tiempo. Es como si el reloj se detuviera y tú fueras el único dueño de tu vida por un momento. Y eso exactamente, es mi objetivo…

El Rincón de Sele

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Sirkka
photo by: Sele