Helsinki: Modernidad a orillas del Baltico
La alarma del móvil de Julián chirrió en nuestros oídos como si nos despertara una orquesta de Elefantes. Me entraron ganas de estamparlo contra la pared o contra el mostrador de Spanair o del que fuera responsable del desastre que me habían organizado con la pérdida de mi equipaje. Porque fue abrir los ojos y observar la oscuridad y silencio de la calle y recordar que toda mi ropa podía estar en Frankfurt, Madrid, Estambul o Tegucigalpa…
Menos mal que se salvó la cámara de fotos por llevarla en la mochila, porque sino hubiera sido ya tremendo. Otra parte positiva es que desalojé la habitación en un instante. Ni no hay nada que recoger…está claro que debe ser así.
Juli no sabía cómo animarme porque entendía perfectamente que lo que me había pasado era una putada (con perdón, pero no se me ocurre otra palabra). Bajamos a recepción donde preguntamos al encargado si por casualidad había llegado alguna maleta por la noche. Desafortunadamente no era así por lo que sin más preámbulos me dispuse a llamar al número de teléfono que me habían dado para preguntar en el propio Aeropuerto de Vantaa si se sabía algo nuevo. Así que comencé a hacer uso de mi inglés para comunicarme con la señorita estaba al cargo de las reclamaciones de equipajes perdidos. Una vez le di el número de referencia me soltó una frase tan clara como descorazonadora: “We have NO INFORMATION” y me aseguró que en tuvieran alguna noticia nueva me lo harían saber. Mi gesto se quedó torcido y quejoso por la situación pero a falta de 11 horas para coger el tren a Rovaniemi, consideraba que había tiempo para que las cosas se solucionaran.Por tanto salimos del Eurohostel y comenzamos a caminar por la fría, oscura y silenciosa Linnankatu (Katu significa calle en finés) situada en la Isla de Katajanokka, donde se ubican la mayoría de empresas de ferries y los negociados relacionados con la Industria Naval. A pesar de sobrepasar las nueve de la mañana apenas había luz en el cielo, y es que ya se sabe lo que pasa en los países nórdicos en invierno. Las horas de sol son más bien escasas, y en el norte más aún. Si vais a venir a Helsinki y queréis saber la duración del día y la noche os recomiendo que hagáis clic sobre este Calendario solar perpetuo de la capital finlandesa.
La temperatura no era demasiado fría (8º), pero la sensación térmica era mucho más baja debido al viento y a la proximidad del puerto. Digamos que es un frío húmedo de ese que te cala los huesos. Pero tampoco podíamos quejarnos ya que lo normal en esta época es que estuviéramos a bajo cero. Ahí si que se debe pasar mal. Helsinki es una de las capitales del frío por excelencia…
Apenas dados unos pasos por Katajanokka y ya adentrados en Kanavakatu nos dimos cuenta de cómo debía ser el estilo arquitectónico de la ciudad. Una mezcla de funcionalidad y de diseño. Moderno pero sin estridencias. Éramos conscientes de que Helsinki es una mezcla bastante interesante de neoclasicismo del XIX (Sobre todo en el centro histórico), de diseño modernista de principios del XX, de funcionalidad y estilo puramente soviético (influencias de cuando fue parte de Rusia) y de alguna de las grandes ciudades escandinavas.
La ciudad de Helsinki fue fundada en 1550 por el Rey sueco Gustavo Vasa con objeto de crear un puerto comercial que rivalizara con Tallin, la principal localidad mercantil del Báltico en la época. Su crecimiento e influencia fue menor de lo pensado y no gozó de un gran esplendor precisamente. Pero en la época de anexión a Rusia, el Zar correspondiente la nombró capital en 1812 (la anterior era Turku) debido a su proximidad a San Petersburgo, a su situación estratégica en el Báltico y también por la existencia de la Fortaleza de la Isla de Suomenlinna (creada por los suecos siglos antes) que podía servir de un perfecto bastión defensivo.
A partir de este mismo momento Helsinki vio aumentar su población, y por tanto su crecimiento de forma ininterrumpida. Ya independiente (desde 1917) sufrió un parón brusco debido a los bombardeos rusos en la II Guerra Mundial (ya que se alió con la Alemania Nazi). Una vez se restableció la paz, volvió a tener un crecimiento y una prosperidad cada vez mayores. Incluso en 1952 acogió unos Juegos Olímpicos, que la trasladaron aún más si cabe al panorama internacional (en su caso es siempre más complicado por su situación geográfica). Por ello aún hay muchos ejemplos de dichos JJOO repartidos por toda la ciudad siendo el más conocido el Estadio de Fútbol, que tiene una torre desde la cual se puede divisar toda la ciudad. Y no fue ese el único evento organizado en esta ciudad, sino que desde ese momento ha sido cada vez más veces nombrada como sede de acontecimientos deportivos, políticos o culturales de importancia.
En resumen, Finlandia en general y Helsinki en particular han recibido influencias por parte de varios frentes y eso se nota desde un primer momento. En la ciudad, por ejemplo, lo más representativo de la época sueca es obviamente Suomenlinna. También es muy visible la época en que fue nombrada capital cuando Engel rediseñó sus zonas más nobles con un neoclasicismo puro siendo el mejor ejemplo la Plaza del Senado. Y del período ruso no hay más que ver algunas calles sobrias y funcionales que parecen salidas del mismísimo Moscú, por no hablar de la Catedral Ortodoxa de Uspenski coronada por cúpulas doradas en forma de cebolla tal y como podemos ver en muchos de los templos religiosos ubicados en el Kremlin. De principios del XX también emergen una serie de calles y construcciones de estilo propio finlandés a caballo entre la sobriedad y el Art Nouveau en las cuales dominan los colores pastel y algunas líneas vanguardistas que dan un toque de sencillez y elegancia al mismo tiempo.
Volviendo a nuestros primeros pasos por las calles de la capital en que la luz no era suficiente ni para obtener fotografías medianamente decentes, dejamos pasar un par de tranvías verdes (Katajanokka y el centro está comunicado por los tranvías 4 y 4T) antes de ver el primer monumento de importancia en nuestro itinerario de la jornada. Éste no es otro que la ya mencionada Catedral Ortodoxa de Uspenski que queda entre el propio islote y el puerto principal. Su fachada de ladrillo rojo y las 13 cúpulas doradas delatan su origen en el período ruso. Construída en 1868 por Aleksei Gornostayev es la sede de la Iglesia ortodoxa en el país nórdico e incluso presume de tener el mayor tamaño en templos de este tipo de religión cristiana.
Cuando nosotros llegamos estaban en plena celebración litúrgica. Se me olvidó decir que el día 6 de diciembre allí es el Día de la Independencia y se llevan a cabo muchos actos políticos, sociales y religiosos en toda la ciudad, la cual estaba engalanada con la bandera finlandesa de colores blanco y azul. Así que no pudimos entrar a Uspenski y para observar su interior nos asomamos por una cristalera desde donde seguimos con interés el rito ortodoxo, que difiere un tanto de lo que estamos acostumbrados a ver en el catolicismo. Los templos ortodoxos se distinguen de los otros en que en su interior la decoración es puramente iconográfica (imágenes) y por ello hay una ausencia total de toda talla o escultura. El culto a los iconos es una de las características más notorias de los devotos ortodoxos. Aunque no son los únicos cristianos que veneran a esas imágenes tan llenas de simbología.
Julián y yo aguantamos un ratillo dentro para resguardarnos del frío y el viento, que a esa hora se hacían notar. Yo que pensaba que la brisa marina hacía aumentar la suavidad del ambiente y allí me encuentro que lo que hace es empeorarlo.
Una vez fuera y después de sacar algunas fotografías de su fachada bermeja rodeamos el edificio hasta llegar a una balconada desde la cual se veía a media distancia la “zona noble” de la ciudad que parte de la Plaza del Senado (Senaatintori) y que está coronada por la Catedral Luterana de color blanco y cúpula verde, símbolo de la ciudad de Helsinki.
También conocida como Mercado de Pescado, la Plaza del Mercado se sitúa en el mismo puerto, al sur de Senaatintori y aunque lo encontramos vacío, suele ser uno de los lugares con más movimiento de la ciudad. Normalmente se agolpan los tenderetes que ofrecen a los visitantes todo tipo de productos. Pero ese día, al ser Fiesta Nacional, estaba empezando a ser ocupado por la Policía que salvaguardaba los edificios adyacentes, ya que allí mismo se encuentra el Palacio Presidencial además de otros edificios oficiales caracterizados por los colores frescos y por un estilo neoclásico en absoluto recargado como estamos acostumbrados a ver en otras capitales europeas.
En Helsinki más que barroquismo o gótico recargado encontramos sobriedad y sencillez, pero sin descuidar la elegancia en ningún momento.Próximo a Kauppatori se puede visitar también el edificio conocido El Viejo Mercado, ya que antaño ejercía esta labor, y que actualmente sirve viandas a los turistas y finlandeses sin problemas en su economía familiar.
Desde esa zona se obtiene una bonita panorámica de la ciudad. Para mí lo mejor está ahí y en la Plaza del Senado. Luego hay otros lugares secundarios pero también indispensables en toda visita a la ciudad, pero de ellos hablaré más adelante.
Julián y yo subimos por una calle (Sofiankatu ) que daba a parar a la mil veces mencionada Plaza del Senado y que tenía decoración navideña en forma de luces.
Aquí la Navidad se celebra mucho pero las calles y avenidas no están demasiado recargadas como estamos acostumbrados en otras ciudades europeas como por ejemplo Madrid, donde el gasto en luces debe hacer frotar las manos a la Industria eléctrica española. Muchas veces la sencillez supera en belleza a la fastuosidad. Y en Helsinki hay más de lo primero que de lo segundo, sin ninguna duda.En la calle de la que estoy hablando se encuentra el “Museo de la ciudad” que muestra a sus visitantes algunas curiosidades de la Helsinki de antaño (decoración y mobiliario de los últimos tres siglos). Unos metros más hacia delante queda una de las viejas cabinas verdes de madera que aún está en funcionamiento. Julián y yo nos fotografiamos en plan “Encarna y las empanadillas de Móstoles”.
Ésta payasada fue la antesala a nuestra entrada a la zona noble de la ciudad en que se respira solemnidad por los cuatro costados. La Plaza del Senado es quizá la parte que más puede asemejarse a Centro Europa, exceptuando la blanquísima Catedral luterana, que es parecida al Sacre Coeur de París pero de mayor tamaño y sobriedad.
Esta Plaza neoclásica estilo “San Petersburgo” fue ideada por el arquitecto alemán Engel, por encargo del Zar de Rusia quien se encargó de la construcción de la Catedral Luterana (Tuomiokirkko), del Consejo de Estado y de la Universidad (éstas últimas son algo similares).
Tras las fotos de rigor subimos la vasta escalinata hasta llegar a las puertas de la Catedral, símbolo arquitectónico de Helsinki, y que en ese momento también estaba cerrada por estarse celebrando la liturgia en la misma. Decidimos por tanto, marchar desde allí hacia la calle Aleksanterinkatu y volver más tarde por si había más suerte y poder visitar su interior.
Aleksanterinkatu, nombre de la calle puesto en honor al Zar Alejandro II, es la vía comercial más importante de Helsinki y en la misma se agolpan las tiendas de nivel, algunos restaurantes y pubs, además de los Grandes Almacenes Stockmann. Salvando las distancias sería como la Calle Preciados de Madrid pero con tranvía y un mayor grado de tranquilidad. En Finlandia raras veces verás tal cantidad de muchedumbre y ruido. Bueno, raras veces no… La palabra exacta es “Nunca”. Porque esa es otra de las cosas que captamos rápidamente de la población finlandesa, su comportamiento silencioso y calmado. La gente va muy “a su bola” y no interactúa demasiado con el ambiente (excepto a la noche, con unos copazos de más). Quizá son algo reservados, pero una vez que hablas con ellos se muestran mucho más simpáticos y amables.
Son también extremadamente educados y cautelosos por lo que puede llegar a ser un placer pasear por la calle sin escuchar gritos o sin ver malas maneras.En Aleksanterinkatu volví a llamar al Aeropuerto para ver si se sabía algo de mi maleta pero de nuevo se repitió la preocupante cantinela de “We have no information”. Me pidieron un par de horas para ver si se solucionaba el tema, pero obviamente no me aseguraron que la empresa se desarrollara con éxito.
Subimos la calle y tras pasar los Almacenes Stockmann y divisar uno de las obras escultóricas típicas de la ciudad “Los tres herreros” (en pelotas con el frío que hace…) nos sentamos a tomar un chocolatito caliente en un bar llamado “Iguana” en plena calle Mannerheimintie, que cruza Helsinki en eje noroeste-sureste y que es quizá la arteria principal.
En dicho bar aproveché para llamar a mis padres por si había alguna noticia nueva. Pedí que recurrieran a mi tío Carlos, que trabajaba en el Aeropuerto de Barajas, quien, de seguro, sabía qué hacer y cómo actuar en estos casos. Había que ir moviendo hilos porque las horas pasaban y cada vez veía más cerca mi triste imagen en Laponia con zapatos y sin abrigo alguno. Mi estado anímico estaba, por una parte disfrutando de un bonito y detallado recorrido por la ciudad de Helsinki con un gran amigo como Julián, pero por otra me sentía tremendamente fastidiado por todo lo que estaba pasando y “podía pasar”. Tratad de poneros en mi situación. Imaginad que vais a Finlandia, al norte a la nieve, y os encontráis con lo puesto. Es para cabrear a cualquiera, ¿verdad?El chocolate caliente provocó el efecto requerido y nos dejó calentitos durante un rato en el que aprovechamos para seguir paseando por la tranquila capital de Finlandia.
Lo siguiente en visitar fue la “Iglesia antigua” (en este caso católica), que no llega a ser ni la mitad de bonita que las otras.
En su interior también se estaba celebrando la ceremonia religiosa pero en este caso sí que pudimos entrar y comprobar que su interior no deja de ser normal tirando a “flojillo”. No le dedicamos mucho tiempo y mientras estuve hablando con mi hermana por el móvil (ejerciendo de abogada y diciéndome que guardara todas las facturas…) aparecimos en otro parque cercano a la misma en el que había varios símbolos de “Caídos” en la Guerra e incluso algunas lápidas emergentes del verde jardín, acompañados en este caso de un precioso templo religioso de color blanco.Las calles de Helsinki estaban casi vacías y este dato es directamente proporcional al número de tiendas y restaurantes abiertos. El “Independence Day” parece que allí se toma muy a pecho y son pocos los lugares en los que se trabaje ese día.
Caminamos pues entre banderas blanquiazules por algunas de largas calles hasta llegar de nuevo a Mannerheimintie y tirar en dirección noroeste para llegar a otros puntos que bien podrían estar en cualquier ciudad rusa. Estoy hablando del Parlamento y alrededores, donde la geometría, el colosalismo y la frialdad son sus características más destacadas. Realizamos una foto a la estatua ecuestre de Mannerheim (uno de los personajes históricos finlandeses) con el edificio institucional de fondo y de seguro que sería útil para esos rodajes “sobre Rusia” de los que os hablé antes.El Parlamento (Mannerheimintie 30), se presenta ante los ojos del visitante con una imponente columnata y una empinada escalera. Esta obra proyectada por Siren fue levantada a finales de los años veinte y está muy próxima al Museo Nacional, de más bella factura que éste y cuya estructura arquitectónica representa la “Era Romántica finesa”.
A nosotros de lejos nos pareció una iglesia con torreón-campanario alto. Así que si la veis no os llevéis a confusión. Sus salas muestran la Finlandia más histórica (de la Prehistoria a la vida en los cincuenta) de martes a domingo (consultar horarios). Si se va con tiempo (no como nosotros) puede ser interesante realizar una visita. Pero como mínimo recomendamos pasearse por su exterior para disfrutar de uno de los edificios más bellos de toda Finlandia.En la misma calle queda el KIASMA, nombre que recibe el Museo de Arte contemporáneo y cuyo diseño hace honor a la vanguardia y modernidad de su contenido.
Sé que cada uno tiene sus gustos, pero a mí la verdad que no me van ese tipo de construcciones. Llamadme clásico o carca, pero me quedo con la arquitectura, escultura y pintura anteriores al siglo XX. No logro ver “la belleza” a las creaciones modernas en las cuales suele reflejarse en mi ánimo un goce estético por debajo de cero.
Uno de los ídolos arquitectónicos de los finlandeses es Alvar Aalto, que realiza también este tipo de diseños vanguardistas, por lo que se ve que en este país gusta y mucho el Arte Moderno.
Lo dicho, no me va demasiado pero respeto totalmente los gustos y aficiones de los demás.El hambre apremiaba y a pesar de no llegar a las dos de la tarde, el nublado cielo comenzaba a oscurecer de manera alarmante, presagiando la caída de la noche. Con motivo del “ahorrar gastos” y “quedarnos llenos” buscamos un sitio de comida rápida. Supongo que forma parte de la Ley del Viajero Independiente o Mochilero que no puede permitirse Restaurantes caros. Así que ojo todos los que pertenecéis a dichas categorías que esto os interesa que os voy a hacer una recomendación que puede suplir el hambre y asegurar el ahorro:
Apuntad este nombre con letras de oro en vuestras guías o apuntes previos a un viaje a Finlandia: GOLDEN RAX PIZZABUFFET
Esta cadena de comida rápida está presente en las principales ciudades finlandesas (Helsinki, Tampere, Rovaniemi, Oulu, Turku, Kuopio, etc…) y por 8 euros ofrece a sus clientes un buffet consistente en Pizza, Pasta (triunfa la lasaña), alitas de pollo, albóndigas, aros de cebolla y ensaladas.
En nuestro caso fuimos a este Restaurante de Fast Food tan peculiar tanto en Helsinki como en Rovaniemi (2 veces). El que nos afecta ahora, se encuentra muy próximo a la Estación de Trenes, en la esquina que une Mikonkatu con Yliopistonkatu. Pero no es el único en la ciudad por lo que podéis ver las direcciones en que está presente pinchando aquí.
La verdad es que nos pusimos las botas tanto Julián como yo.
Pero Golden Rax Pizzabuffet fue algo más que un lugar para comer. Me estoy refiriendo a que fue allí donde recibí una de las llamadas más esperadas. Fue de mi padre, a quien mi tío Carlos le comentó que le habían comunicado que mi maleta se encontraba en el Aeropuerto de Helsinki. Pegué un salto de alegría, di un golpe a la mesa con puño cerrado y choqué con Julián por el fin de la pesadilla. Llamé al número del Aeropuerto y me confirmaron la noticia, adelantando además el envío del equipaje al Eurohostel antes de las cuatro de la tarde. ¡Dios! ¡Qué peso de encima me acababa de quitar! (y no hablo del que me estaba ocasionando tanta comida rápida). Al final, como yo estaba esperando desde la noche de autos, todo había quedado en un susto y el show debía continuar… Queda mejor cómo lo dice Freddie Mercury (Queen)…SHOW MUST GO ON!!
El nublado y oscuro atardecer (a la hora de la comida) se tornó en mi cabeza en soleado y luminoso.
Sigamos visitando la limpia, silenciosa y elegante ciudad de Helsinki…Me centraré ahora en la Plaza en que se ubica la Estación de Trenes, la cual recibe el complicado nombre de Rautatientori, y que es otro punto neurálgico de la capital, lleno de vida y rodeado de diferentes estilos arquitectónicos que hacen de éste un lugar esencial en el mapa de Helsinki. En el momento en que estábamos, cuando la penumbra se anteponía a toda luz natural, había multitud de gente en el centro de dicha plaza haciendo patinaje sobre hielo sobre una pista, que al parecer, tienen montada durante el invierno. Allí jugueteaban los patinadores “amateurs” y otros más profesionales. Los padres enseñan a sus hijos desde bien pequeños esta interesante modalidad artística y no hay edad para empezar a aprender.
Por ser festivo, además, había un escenario con una banda tocando todo tipo de música ambiental. A esa hora tocaba algo de jazz que amenizaba la velada a paseantes y patinadores. Allí mismo nos encontramos a una gallega que vivía en Helsinki desde hace años y que nos dijo que la temperatura que estaba haciendo superaba todo lo normal. A esas alturas de la película debían estar a bajo cero y no a ocho grados como estábamos. Pero como he dicho en más de una ocasión “cosas del calentamiento global”…
En Rautatientori, además de la Estación y del centro comercial adyacente, hay dos edificios que quedan uno en frente del otro, que le dan a la Plaza un toque de elegancia y distinción más que notable.
Estoy hablando del ATENEUM y del TEATRO NACIONAL. La Estación de Ferrocarril es un caso aparte que también conviene dedicarle unas palabras, ya que bien lo merece:- Ateneum: Edificio de 1897 que alberga el Museo Nacional de Arte de Finlandia, contenedor de obras de arte pictóricas y escultóricas desde el Siglo XVIII hasta los años cincuenta. Está abierto de martes a domingo con precios que pasan por los 5,50 euros (general), los 4 euros a estudiantes y la gratuidad los miércoles de 17:00 a 20:00 horas. Quizá su obra estrella es la mítica escultura cuyo nombre es “El Pensador” de Auguste Rodin, aunque no faltan ejemplos pictóricos de maestros como Van Gogh, Edvard Munch o uno de mis favoritos, Tolouse-Lautrec. De todas maneras la mayor parte de la colección pertenece a artistas fineses de los tres últimos siglos. Yo no tuve la oportunidad de entrar, pero sí de deleitarme con su fachada que se impone en toda la Plaza.
- Teatro Nacional (Suomen Kansallisteatteri): De 1902, fue construído por Ovni Tarjanne tras ganar un concurso. Con capacidad para algo más de mil personas llama la atención por ser uno de los edificios más bellos de toda la ciudad. Sus tejados rojos y sus ventanales de distintas formas son la impronta de este adalid de la cultura finlandesa. Tanto éste como el Ateneum no pasan desapercibidos para los visitantes, al igual que la Gran Estación.
- Estación de Ferrocarriles de Helsinki: Reconocible no sólo por su aspecto frío, sino por ser una de las construcciones más puramente soviéticas que posee Helsinki. A pesar de formar parte de la “Arquitectura finlandesa” son obvias las similitudes a la estética rusa, tal y como se puede ver en las cuatro estatuas de la puerta que con firmeza parecen sostener el mundo en sus manos. También es destacable la alta y regia torre del Reloj, que se asoma por todas y cada una de las panorámicas que podamos tener de la capital finlandesa. Para los que vayáis a coger algún tren, deciros que es bastante manejable y en su interior se ubican un par de cervecerías de gran tamaño en el que la espera puede ser del todo placentera. Recordad que la página web de los Ferrocarriles finlandesas es http://www.vr.fi, y que es posible comprar los billetes online. Nosotros así lo hicimos, por lo que nuestra estancia en dicho lugar fue durante la media hora previa a nuestro tren a Tampere, que posteriormente enlazaría con otro directo a Rovaniemi, capital de Laponia.
Durante las horas que precedieron a nuestra marcha de la ciudad, volvimos al albergue, pero dando un rodeo que nos llevó casi una hora, ya que de nuevo nos presentamos en la Plaza del Senado, para probar suerte y tratar de entrar a la Catedral Luterana. Esta vez sí que hubo fortuna y penetramos tras sus lisas paredes para contemplar su blanquísimo y austero interior en el que tan sólo destacan las estatuas de Lutero y otros dos personajes importantes en el protestantismo pero cuyo nombre no recuerdo y que de seguro son de interés cero para vosotros. También dejan a la vista un par de facsímiles (copias exactas) de incunables (Libros impresos hasta 1499 incluido), siendo el “Missale Aboense” el más destacado, por ser el primer libro impreso que llegó a Finlandia.
Pero lo dicho, por dentro no es muy allá, siendo más destacable el interior de la otra catedral de la ciudad, la ya mencionada Uspenski ortodoxa. Hay que comentar que los templos protestantes se rigen por la frugalidad decorativa y austeridad más absoluta. Esto se debe a que una de las causas de su separación de la Iglesia Católica radicaba en el exceso de gastos que generaban las construcciones religiosas. Y hay que predicar con el ejemplo…
Nos metimos por uno de los laterales de la Plaza y fuimos a parar a la calle donde se erige la monumental “Cámara de Comercio de Finlandia”, que no queda a la zaga a los edificios colindantes, y que recarga aún más sus muros exteriores. De ahí fuimos a parar a otra parte del puerto desde donde tranquilamente accedimos al islote Katajanokka, lugar en el que sabéis que se encuentra el Eurohostel donde a esas horas estaría mi equipaje.
Como yo no iba a estar tranquilo hasta que lo viera, marchamos hacia allí, no sin antes ver los edificios de la marina y el pequeño paseo que da al Báltico en el que hay “una mina” de esas que hacían explotar los barcos (obviamente desactivada).Cuando quisimos entrar a nuestro albergue la noche estaba absolutamente cerrada y eso que apenas se habían cumplido las cuatro de la tarde. Afortunadamente mi maleta estaba allí y definitivamente se cerró un episodio que jamás debió haber ocurrido. Así que, sin el susto en el cuerpo, me tomé un chocolatito caliente y me abrigué algo más de lo que estaba en ese momento. Sobre todo agradecí la “braga” para el cuello y el gorro de lana para cubrir la cabeza y mis “orejotas” que estaban frías de verdad. La salida a la calle, con más viento que antes, no supuso estragos gracias a los nuevos medios anti-invierno que tanto Juli como yo nos habíamos puesto.
El “ultimo paseo” del día por Helsinki fue tan interesante como inesperado ya que en lo que fue un incipiente rodeo de la bocanada de mar que se mete hasta la zona norte, acabó siendo una larga caminata que nos subió hasta el Estadio Olímpico (1952) y la ópera finlandesa. Pero lo mejor estuvo antes, ya que cruzamos una especie de parque en el que afloran las construcciones de tipo colonial de madera, que forman parte de las residencias privadas de la sociedad finlandesa más pudiente de finales del XIX. Hay algunas casas que son auténticas mansiones entre las vías del tren y las gélidas aguas del mar. Una de ellas es un calco exacto del Motel que Norman Bates regentó en la película Psicosis (obviamente la de Helsinki no es la copia). Hay otra que en su día debió ser lugar de reunión de literatos finlandeses, y que actualmente posee una valiosísima biblioteca en su interior.
Fue un gustazo ir por allí charlando Julián y yo del todo y la nada, como siempre. De lo más trivial a lo más trascendental sin solución de continuidad. Eso es lo bueno de ir con “amigos de verdad” que no sólo están para salir de fiesta o ver un partido de fútbol. ¿Habéis pensado cuánta gente conocéis fuera de vuestra familia cercana que está siempre que lo necesitáis y que siempre os van a escuchar pase lo que pase? Sobran los dedos de una mano, ¿verdad?
A pesar de que nuestro tiempo se iba cumpliendo para volver, decidimos tirar hasta el Estadio Olímpico y allí dar la vuelta.
Esta zona está muy al norte de la ciudad, y fue una de las razones por las que no escogimos alojarnos en su albergue (Stadion Hostel), además de que dicho lugar tiene “toque de queda” de tres a siete de la mañana. A su favor dejo la posibilidad de trasladarse en Tranvía al centro en Helsinki y… bueno, no opino de sus instalaciones porque no tuve la fortuna de verlas. Aquí os dejo su web (http://www.stadionhostel.fi/) por si os decidís a reservar habitación en otro de los lugares “económicos” de la ciudad.Volviendo al nuestro albergue para recoger el equipaje y presentarnos en la Estación de Trenes nos encontramos con el inicio de las celebraciones nocturnas por el Día de la Independencia de Finlandia.
Multitud de gente joven en traje azul y gorras de marinero recorrieron las calles del centro ondeando sus banderas con orgullo y pasión. Otros sostenían grandes velas, e incluso antorchas que puntilleaban de luz el negro cielo Helsinki. Y en las proximidades del Palacio Presidencial se estaba preparando una comitiva de altos dignatarios finlandeses encabezado por el Presidente, por lo que rodeamos más de lo previsto. Todo era blanco y azul. Al contrario que aquí en España, el portar orgulloso la bandera de su país no trae tantos problemas. Le gente disfruta engalanando sus ciudades con los estandartes y símbolos nacionales sin que les tachen de lo que no son. Pero bueno, es cuestión de educación y de no llevar las cosas a la tremenda.Una vez llegamos al albergue dejamos reservada una habitación para la noche del sábado en que volveríamos a la ciudad, en esta ocasión para disfrutar un rato de su marcha nocturna tan comentada por algunos foros.
Me di cuenta que con el carnet de estudiante ISIC te hacen un descuento de 4 euros aproximadamente, por lo que no os olvidéis de ella si os queréis hospedar aquí. Todo es poco para ahorrar…y más en Finlandia.Del Eurohostel a la Estación cogimos el Tranvía 4, que sube toda Katajanokka, cruza por entero Aleksanterinkatu y subiendo en parte Mannerheim nos dejó de nuevo en la Plaza de la Estación donde durante el tiempo que esperamos nos tomamos algo en un pub que nada más entrar en el que hay que subir unas escaleras. Allí vimos proyectado el pasamanos que estaban haciendo el Presidente de Finlandia y Señora a todos y cada uno de los invitados a la magna cena con motivo de la Festividad Nacional.
A las ocho y cinco de la tarde salió puntual nuestro tren dirección Tampere, donde en un par de horas nos esperaba el Santa Claus Express (aquí el culto a Papá Noel está hasta en la sopa) que durante la noche atravesaría de sur a norte el país nórdico hasta dejarnos en Rovaniemi, en la preciosa región de Laponia.
El primer tren a Tampere se nos pasó rapidísimo. Poca gente más aparte de nosotros iba subida en el vagón y el tiempo lo aprovechamos en hablar, en hacernos con sus pequeñas almohadas (que bien nos vendrían) y en tratar de que nuestros “doloridos pies” reposaran un rato sin botas o zapatos. Habíamos hecho bastantes kilómetros durante todo el día y estábamos reventados. Yo, como suelo hacer en los viajes, me puse trascendental hablando de lo afortunados que éramos de poder acometer unas vacaciones así, breves pero intensas. Estábamos “al otro lado” de Europa, alejados miles de kilómetros de nuestras casas. Y, a excepción del susto con la maleta, estábamos disfrutando de nuestra estancia en Finlandia. También éramos conscientes de que nuestra aventura no había hecho más que empezar.
Laponia era nuestro propósito, o más bien, nuestro reto particular. Nunca habíamos tenido la posibilidad de ver “nieve a lo bestia” y estábamos a las puertas (si el dichoso tiempo no lo impedía) de ser testigos de esas escenas navideñas de los cuentos y películas. Sólo unas horas nos separaban de una de las regiones más lejanas de Europa, donde la nieve hace de alfombra y campan los renos y alces por los frondosos bosques. Así que para que el tiempo pasara lo antes posible tratamos de quedarnos dormidos, aunque antes nos hicimos una improvisada cena en el segundo tren (Tampere-Rovaniemi) consistente en lomo ibérico y chorizo en pan de sándwich que habíamos llevado con nosotros.La noche fue haciendo su trabajo y nos fue trasladando al mundo de los sueños, sin prisa pero sin pausa. Lentamente nos fuimos dejando llevar hasta que la imagen se cegó y el traqueteo del tren fue disminuyendo progresivamente su sonoridad. Laponia y su magia estaban a un paso, o mejor dicho, a un abrir y cerrar de ojos…
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