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Última Estación: Milán

Milan Travel Blog

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Milano Centrale fue mi última parada en este viaje

 


Hay ciertas horas de la madrugada en las que suelo decir que “no están las calles puestas”. Yo ese día, el último, me levanté a las cinco y media, ya que a las seis y diez tenía que coger un tren desde Venezia Mestre (a cinco minutos en tren desde Sta. Luzía) que me llevara a la capital del norte de Italia, Milán. Recogí mis cosas y con tiempo marché a la Estación que apenas estaba a cien metros de donde había pasado la noche. Lo de pasar la noche es por decir algo porque dos parejitas de americanos que se habían conocido en Venecia se cogieron una cogorza del quince y estuvieron dando voces mientras yo hacía lo posible por quedarme dormido. Justo antes de abandonar la habitación se metieron a la que más cerca tenía yo, y a juzgar por los gemidos, empezaron a montarse una juerga pornofestiva. Cuando dejé las llaves le dije al recepcionista que unos clientes llevaban vociferando durante horas y la gente no podía dormir.

La Plaza del Castillo da paso a la Via Dante, que es la avenida más importante de Milán. El Castillo de los Sforza es uno de los más importantes de la región lombarda
Éste no tardó un segundo en ir y fastidiarles la sesión XXX. Esa era mi intención, por supuesto. La venganza se sirve en plato frío… Bueno, en este caso en plato caliente.

De Santa Luzía, según miré en los paneles, salen trenes a toda Italia, previo paso por Venezia Mestre, justo donde tenía que coger el mío. Tenía 20 minutos para subirme a uno de los muchos ferrocarriles que tiran hacia allí. En el panel indicaba que en el andén 5 salía uno de inmediato. Así que allí fui. Mi desconcierto comenzó cuando pasaron las seis menos cinco y nada, pasaron las seis y nada… En diez minutos salía mi tren a Milán y no había movimiento en absoluto en la Estación de Santa Luzía. Me bajé y busqué a uno de los revisores que con pachorra me que era imposible llegar a Mestre a mi hora. Me puse nerviosísimo y me acordé de la madre del maquinista, del revisor y de todo el que estaba allí.

Piazza Cordusio, o "de los negocios" es el centro financiero de Milán. Se llega bajando por la Via Dante y antecede a la magistral "Piazza dei Duomo"
Por mucho que dijera que tenía que coger un avión y que no me la podía jugar, él no hacía más que decir que no arrancaría el tren hasta las seis y cuarto (cuando en el panel ponía que a menos cinco).

Por una parte estaba cabreado con la tardanza y la poca seriedad de la gente de allí y por otra conmigo mismo por haberme confiado y no estar antes en Sta. Luzía. Le pregunté al revisor si salía de Mestre algún tren más dirección Milano Centrale y me contestó que no, que era Domenico (domingo) y que sólo salía ese. Me extrañó bastante, porque cuando compré mi billete en un cajero electrónico me daba a elegir más opciones durante el día. ¿Y qué hago ahora? decía lamentándome temeroso de no coger el avión que me llevara a casa. Y lo peor de todo, ¡¡al día siguiente por la mañana tenía que ir a trabajar!! Sin hablar de que tenía en el bolsillo unos 20 euros aproximadamente…

 

Cuando la desazón ya se había apoderado de mí el revisor vino hacia mí y me mostró un cuaderno de horarios y se me puso a hablar en italiano muy rápidamente por lo que era complicado comprenderle bien.

Lamentablemente la inmensa Catedral de Milán (il Duomo) estaba afectada por el síndrome Gallardón, es decir, por las obras.
Tras algunos intentos me di cuenta que me estaba haciendo un gran favor. El tren en que estaba subido, que iba con retraso, se dirigía hacia la ciudad de Treviso (donde la Benetton) y desde allí iba a pasar un tren directo a Milán, donde llegaría aproximadamente a las once. ¿Y me dará tiempo a cogerlo?- Le pregunté esperanzado. Afortunadamente contestó que sí, y además me dijo que me iba a validar el billete para que no tuviera que abonar coste alguno. Justo el tren salió y me senté con el propio revisor y con un compañero suyo. No sabía cómo darles las gracias. Me había salvado de una buena… Mi familia, que me había dicho que no me la jugara tanto y que estuviera en Milán un día antes, por si acaso, me hubiera echado una buena bronca. Pero es que si no hubiera arriesgado, me hubiera perdido Venecia, y eso sí que no me lo perdonaría.

Estuvimos durante el trayecto a Treviso (no llegaba a una hora) charlando sobre fútbol.

Milán es imperial, centroeuropea, más alemana o austríaca que italiana
Pusieron a parir al Milan, al que acababan de permitir continuar en Champions League, a pesar de haber formado parte del fraude de compraventa de árbitros y partidos (Moggi-Gate) que había llevado a la Juve a la Serie B. Pero el Milan tiene tanto poder (Silvio Berlusconi al frente) que puede evitar los más duros castigos, decían ambos italianos.

También hablamos sobre Capello, que volvía al Real Madrid 10 años después, y apuntaron que era un “ganador nato” y que seguro que le haría levantar nuevos títulos al club (por la cuenta que nos trae).

 

Y entre unas cosas y otras por fin llegamos a Treviso. Me despedí de los dos y les agradecí nuevamente el haberme ayudado. Los diez minutos que restaban para que saliera el tren aproveché para desayunar algo porque tenía un hambre voraz.

El Duomo es una de las Catedrales más grandes del mundo y para su construcción se necesitaron algo más de seis siglos.
Por cierto, se les olvidó cobrármelo. Lástima.

El trayecto Treviso-Milano Centrale se me pasó volando, acostado en los asientos de mi camarote vacío. Me vinieron muchos recuerdos a la mente como suele ocurrir siempre que se finaliza un período. Aún no estaba en casa y ya me estaba dando algo de nostalgia. Nuestra llegada a Estambul la veía tan lejana en el tiempo…y apenas habían pasado 30 días de aquello. Sin duda volvería a vivirlo todo de nuevo, tanto lo bueno como lo menos bueno.

 

La Estación Central de Milán (Milano Centrale) es la principal de la capital lombarda, y desde allí uno puede desplazarse en tren a numerosísimas ciudades europeas.

Su interior es colosal y demuestra que en importancia, il Duomo está a la cabeza.
Su ovalada y acristalada cubierta de diseño contrasta con su sobria fachada. Tras haberme informado convenientemente de lo que necesitaba para desenvolverme por allí establecí el siguiente plan:

 

1º) Trasladarme a la Estación de Cadorna, para comprar el billete del MALPENSA EXPRESS, ya que el trayecto al Aeropuerto (1 cada 30 minutos) se hace desde allí. 

2º)  Dejar mi mochila en las Taquillas y marchar al centro histórico a visitar la Piazza dei Duomo donde se encuentra la Catedral gótica más grande del mundo.

Los cuadros decoran por su gran número el corredor central de la Catedral
También, si era posible, pasear por la Galeria Vittorio Emanuele II. Lo de La Scala de Milán (Uno de los teatros de ópera más famosos) sería también ideal para terminar de redondear el día.

 

3º) Volver a Cadorna y coger el tren al Aeropuerto Milan Malpensa.

 

4º) Subirme a mi avión y volver a casa.

 

Así que no perdí más tiempo y cogí el metro que en diez minutos me dejó en Cadorna, la que debe ser la segunda Estación más importante de la ciudad (también son conocidas allí la de Garibaldi o la de Lambrate).

Lateral de la Catedral gótica
Rápidamente encontré una oficina de venta de billetes del Malpensa Express donde adquirí el mío por la no despreciable cifra de 11 euros. ¡Otro palo más!

Lo que necesitaba era quitarme el peso de la mochila grande, que me estaba destrozando la espalda, por lo que busqué las taquillas. Una vez las encontré me tocó llevarme otro cabreo tonto. Los domingos las apagan y nadie puede dejar allí nada. Esto es el colmo, pero si esto va con moneditas, ¿para qué coño las desactivan? • solté furiosamente.

En resumen, como es “domenico” no funcionan las taquillas, y si no funcionan las taquillas no tenía ningún sitio para dejar mis bártulos y ver lo que me había propuesto. Estaba deseando visitar el Duomo, porque las imágenes que había visto de la Catedral Gótica milanesa eran espectaculares.

Enorme ventana ubicada en la parte trasera del Duomo
Sólo con ir a la Piazza me conformaba. Sólo eso. Pero desde Cardona tenía que caminar un rato y con todo mi equipaje a cuestas (mochila grande, mochila pequeña y bolsa de regalos) la cosa era difícil. Para no desesperar, probé en algunos sitios de la Estación para ver si alguien tenía el alma caritativa de guardar mis lastres un par de horas a lo sumo. No sería la primera vez que lo hacía en un viaje. Pero claro, en Milán los italianos no son los mismos italianos que en Venecia, Roma o Nápoles. Había dado con el carácter germánico y frío de los milaneses, quienes se negaron una y otra vez a ayudarme. Probé en la Oficina del Malpensa Express, donde tenían sitio de sobra, también en algunas tiendas, en la comisaría, incluso en los baños de la Estación, donde se cobraba a los clientes por utilizar el servicio. Y nada, todos se limitaban a decir que era imposible y que me fuera.
La Piazza no es sólo la Catedral
Me veía parado en Cadorna durante horas, sin poder ver nada de la ciudad por culpa de que era “domenico domenico” y tenían la incompetencia de desactivar las taquillas. Ni en los sitios más pobres y cutres había visto tal dejadez y descaro. Vale que estaba muy mosca, pero es que tenía razón…
Me senté para tranquilizarme mientras por dentro refunfuñaba acordándome de la madre de alguno.
No podía creerme que me tuviera que quedar ahí como un pasmarote durante mi último día sin poder realizar mis propósitos…

 

Así que le eché narices y cogí todos los bártulos, bajé la calle y me dirigí a la Piazza dei Duomo, porque se me había puesto entre ceja y ceja ir hasta allí. Mi espalda la tenía echa un asco y hacía un calor del carajo pero por mis coj.

La Galería Vittorio Emanuele II es un pasaje comercial construído a finales del Siglo XIX en el que se encuentran tiendas y restaurantes no aptos para bolsillos medios.
... no me iban a chafar mi visita a Milán.

Los pocos minutos que tardé en coger la Via Dante que lleva hasta el Duomo (previo paso por la Piazza Castello, donde se ubica el poderoso castillo de los Sforza (lamentablemente no tuve tiempo para verlo) me hizo darme cuenta de que Milán guarda un estilo muy distinto al del resto de Italia. Las calles empedradas y los edificios de un estilo “Imperio Austrohúngaro” me trasladaron mentalmente a una ciudad fuera de Italia, más centroeuropea. La Via Dante es la principal arteria del centro de Milán, y en ella se agolpan abundantes restaurantes y comercios que no son precisamente para bolsillos medios. Las tiendas de ropa y joyas parecen más espectaculares que en otros sitios, y es que uno de los rasgos que mejor definen a la considerada Capital de la Moda Europea.

Miles de personas pasean por la Galería cuyo interior tiene forma de cruz y que va a parar al Teatro Scala
Aquí siempre encontrarás lo más fashion. La metrosexualidad en Italia está muy avanzada y afecta a gran parte de la gente joven. Creíamos que en España se había llegado al top one de metrosexuales por metro cuadrado, pero no… los italianos nos superan.

Pasé delante del Consulado de España en Milán, donde tenía algún contacto, ya que también les había hecho su web. Si hubiera sido un día entre semana seguro que allí hubiera podido dejar la pesada mochila. Pero no podía hacer otra cosa que seguir caminando por la avenida de corte imperial y haciendo paradas de vez en cuando para dejar las cosas en el suelo y descansar. Me miré en un espejo de los muchos escaparates que decoran la calle y me vi con unas pintas poco saludables. No iba sucio, porque me había duchado por la noche, pero con esa cara de sueño que tenía, mi pelo algo despeinado, y con tantos bártulos encima, parecía un sin techo.

Características son sus bóvedas y la cúpula de cristal y metal
Pero este “sin techo” no se podía perder el Duomo, antes de volver a su hogar dulce hogar con camita, comidita y duchita.

 

La Piazza Cordusio es la plaza que antecede al Duomo. Muy señorial y nuevamente centroeuropea, supuso la perfecta antesala a la Plaza de la Catedral. Cordusio es el centro financiero de la ciudad, ya que a pocos metros se encuentra La Bolsa y la Cámara de comercio, sin dejar de hacer mención a la gran cantidad de bancos, sedes administrativas y empresariales que allí se ubican. Después de cruzar la carretera por fin llegué a mi propósito. Lamentablemente en esta ocasión no os voy a aburrir con un “¡Ohhhh, qué bonito, qué increíble!”. ¿Por qué? os preguntaréis. Resulta que la fachada principal de la inmensa catedral gótica estaba tapada con una lona de obras y andamios.

La Galería está recargada con esculturas, motivos ornamentales y preciosas pinturas
Vaya por Dios…qué mala pata. Uno de los edificios más famosos del continente europeo, en el que pueden llegar a entrar hasta 40000 personas no estaba enteramente a la vista para el gozo y disfrute de los turistas que allí nos reuníamos. Eso sí, me pareció que era inmensa, ya que son notables sus 147 metros de altura. Apenas se podía apreciar en su cara hacia la Piazza el mármol blanco (de Candoglia) con la que está revestida. Menos mal que pude entrar (con mochila, bolsas y demás) para darme cuenta desde dentro que es uno de los templos religiosos más gigantescos del mundo. Como era domenico entré justo a la hora donde estaban dando misa y se congregaban en masa tanto los fieles como los turistas que nos quedábamos prendados de la misma nada más entrar. Normal, para haber tardado en hacerla seis siglos, ya podrán, ¿no? Así nuestra Catedral de la Almudena (Madrid) hubiera podido ser algo más que un templo de tercera en el concierto catedralicio europeo.
En el mismo centro de la Galería hay unos mosaicos muy especiales
Las columnas y bóvedas parecen que se lanzan a kilómetros en busca del cielo milanés. Los órganos musicales son más que espectaculares, pero quizá lo que me pareció más original es la gran cantidad de cuadros que se amontonan en las paredes a ambos lados de los bancos de los feligreses. Están unos encima de los otros a lo largo de todo el corredor central. No pude caminar demasiado por dentro debido a que en ese momento se estaba celebrando la Eucaristía, por lo que después de estar sentado en un banco admirando las colosales dimensiones y la recargada decoración de la Catedral gótica me salí hacia fuera a sacar algunas tristes fotos que dijeran “José Miguel Redondo estuvo aquí”. La verdad es que ya estaba muy cansado y no me estaba enterando muy bien de la película. Me pareció preciosa la Piazza, a pesar del fiasco del gallardonismo presente en el Duomo.
Teatro alla Scala de Milán, la cuna operística donde actuán los mejores

 

Lo que no decepcionó en absoluto fue la Galería Vittorio Emanuele II, que por dentro tiene la forma de una cruz y está abovedada en todo su recorrido con cristal y hierro (fue le las primeras construcciones en hacer así sus techumbres. Esta Galería es uno de los más exclusivos pasajes comerciales no de Milán, sino del mundo, y tomarte algo sentado allí puede ser algo más que un capricho. Y mejor no hablar de las tiendas en que te puedes encontrar ropa cuyo valor se multiplica por veinte como mínimo respecto a la del resto de los mortales. En el centro de la Galería hay varios mosaicos en torno a un octógono que muestra el escudo de la Familia Saboya y los continentes europeo, americano, asiático y africano (Australia y Antártida, no gracias…). Una de las tradiciones es pisar los huevos a un toro, y dar vueltas sobre ellos, ya que así tendrás suerte.

Con esto di finalizada mi ruta por Milán. Si queréis saber más sobre mis viajes y ver más fotos id a EL RINCÓN DE SELE.
Pena para el torito, para el mosaico (desgastado por esa parte) y por los miles de turistas que no eximen su cumplimiento de ritos y supersticiones tan graciosas como absurdas. Ya sabéis, si pisáis los cojoncillos al torito, olvidaros de hipotecas, desempleos y demás infortunios. Ya lo decía el Fary en su más que famoso “ay mi torito, ay torito bravo…” Y por todos es sabido (Maestro Torrente) que el Fary es Dios. Así que el que diga lo contrario, que se atenga a las consecuencias.

Bromas a parte, la Galería fue posiblemente lo que más me encandiló de esa Milán europea, cosmopolita, moderna y fashion. Los mejores locales comerciales y los restaurantes con glamour han sido siempre el santo y seña de este lugar. Y hablo en pasado porque tuvo que venir McDonalds y quitarle ese halo de distinción y señorío que la franquicia de hamburguesas carece.

Mapa del recorrido hecho en solitario por los Balcanes y el Norte de Italia

Una vez salí de la Galería me encontré con el centro musical y operístico más importante de la ciudad y quizá de Europa: El Teatro alla Scala donde Pavarotti, Plácido Domingo, Carreras o la fallecida Maria Callas han deleitado al exquisito público de Milán con sus privilegiadas voces, y los Puzzini o Verdi han compuesto algunas de las óperas más aplaudidas. Milán se escribe con M de música, presente en todos los apartados de la vida de la capital lombarda. Incluso muchas de sus calles reciben los nombres de los más ilustres personajes que han sido “todo” en este mundillo (Puzzini, Callas…).

El edificio del teatro es de un estilo neoclásico y por fuera carece ornamentación excesiva. Quizá los mejores tesoros son aptos para los aficionados a la âpera que van a La Scala a disfrutar de las funciones que comienzan un 7 de diciembre (San Ambrosio, Patrón de Milán) y que tienen como condicionante que deben finalizar antes de la medianoche. Aún no he averiguado la razón de esta tradición made in Cenicienta pero, cuanto menos, es extraña.

 

Después de ver La Scala me marché a tomar algo para reposar de mi pesada carga que me daba dolor hasta en los riñones. Estaba en Milán pero me sentía cada vez más cerca de Madrid, de la que me separaban tan solo unas pocas horas. Tan cercano quedaba el final que ya sí que deseaba plenamente volver a casa, ver a los míos, comer algo más sano y estar tranquilito un tiempo. Aunque siempre que regreso de un viaje, me paso unos días ajetreados que se unen a una desorientación patológica. Al día siguiente, por ejemplo, tenía que trabajar y celebrar mi cumpleaños, tanto con los del trabajo (comida) como con los colegas o la familia (cena). Por tanto, eso del relax debería esperar unas cuantas jornadas. Así que eso de quedarme tranquilo en casita y en la piscina, como que no.

 

Me costó volver a la Estación de Cadorna, ya que fui haciendo unas cuantas paradas para dejar la mochila en el suelo. Hubo un momento que sentado a la entrada de una tienda en la Via Dante me pasó algo curioso. Pasó un grupo de señoronas españolas y una de ellas entonó un “pobre chaval” que me hizo soltar una gran carcajada. ¡Me habían tomado por un vagabundo! No es que estuviera en mi esplendor, pero tan mal no estaba para que me vieran como un mendigo. Quizá se me notaba el cansancio en la cara después de varios miles de kilómetros a mis espaldas. Y quien sabe si también se reflejaba en la mirada la nostalgia de ver cómo se terminaba el mejor mes del año o cómo comenzaría de nuevo la rutina, deseada tan sólo por unos días. Pero de ahí a ser un perro callejero hay mucho. Señora, si me está leyendo, le doy un consejo: gradúese la vista.

 

Llegué a Cadorna una hora antes de que saliera el Malpensa Express y aproveché para comer la última toxicidad del viaje. El tren directo al aeropuerto de Malpensa no tarda más de cuarenta y cinco minutos. Luego allí hay que coger un bus gratuito que te deja en la Terminal de Salidas Internacionales. Allí entablé conversación con dos españolas bastante simpáticas. Una de ellas, de treinta y tantos, venía de hacer un recorrido de dos semanas por el Sur de Italia (Nápoles, Sicilia, Capri,..) y de ver un concierto de Robbie Williams en Milán. La otra, en cambio, venía de estar en ciudades como Praga o Florencia. Nos pasamos todo el tiempo (aeropuerto y avión) contándonos nuestras batallitas veraniegas (nunca mejor dicho lo de las batallitas en mi caso) y recopilando parte de la información que nuestro cerebro fue almacenando durante este intenso período. Surcando el cielo italiano primero, y luego español, asumí que todo había terminado y que EL VIAJE pertenecía al pasado. Me vi por un momento en Estambul con Chema, Pilar, Kalipo y Alicia, a los que echaba de menos, tomando un zumo de naranja al lado de la Mezquita de Suleyman el Magnífico. Mi mente se trasladó a la ciudadela de Aleppo donde se alcanzan vistas increíbles. Mis ojos miraron por la ventana y observaron cómo Palmira se apagaba en el silencio del desierto y cómo Beirut había cambiado el glamour por el ruido de las bombas. Me puse a flotar de nuevo en el Mar Muerto y a recorrer el Siq de Petra hasta llegar al Tesoro. Mi imaginación recorrió Wadi Rum en un cochambroso todoterreno y cruzó el Golfo de Aqaba en el sucio ferry. Mi cuerpo se sumergió sobre las cálidas aguas del Mar Rojo y rozó los miles de pececillos de colores que hacen su vida en los Arrecifes de Coral. Penetré en la enigmática y poderosa Pirámide de Keops justo antes de ver los horrores de la guerra en una Bosnia color verde esperanza. Charlé hasta altas horas con Gabriel el mexicano en la orilla de la Bahía de Kotor, custodiada por la altísima fortaleza. Deambulé por la inconmensurable y marmórea Dubrovnik. Me volví a sorprender de la belleza de Ljubljana y del entorno natural de Bled. Surqué los canales venecianos para llegar a San Marcos, el Salón más elegante de Europa. Y después de todas esas maravillas, me fijé en los rostros de mi gente que esperaba mi llegada. Mi madre está la primera en ese grupo. La que de verdad ha sufrido mi ausencia y mi locura por viajar. La persona que más quiero en este mundo y con la que me siento cada día más cerca. La persona a la que cada vez admiro más por su valía, por su paciencia, por su cariño, por su gran corazón. Este diario lleva tu nombre, mamá…

 

 

 

 

 

FIN 

 

 

 

 

 

____________________________________________________

 

***NOTA DEL AUTOR: Los valientes que han llegado al final se merecen un monumento y no puedo decirles más que gracias. Este Diario de Viaje a Oriente Medio y los Balcanes 2006 ha sido largo y difícil de elaborar, pero creo que ha valido la pena. Aquí van mis recuerdos, mis vivencias y mis reflexiones empañadas por la nostalgia. Algún día, quizá dentro de unos años, me ponga a leerlo de nuevo y recuerde que se puede llegar a ser feliz si uno persigue sus propósitos.

 

El Diario, realizado en el entorno de la página TRAVBUDDY, una gran herramienta para hacer capítulos escritos con numerosas fotos, estará siempre disponible en mi Espacio Personal denominado El Rincón de Sele , donde llevo compartiendo desde principios de 2006 mis vivencias y expectativas viajeras. Es mi web tenéis la posibilidad de ver las fotografías de mis grandes viajes. Pero no sólo eso, también me sirve para mostraros mis otras pasiones, como puedan ser mis colecciones (de Arte Africano y Antigüedades), mi visión musical e incluso futbolística.

 

Aunque hayáis podido ver muchas fotos aquí, en El Rincón de Sele no faltarán tampoco las correspondientes a Estambul, Capadocia, Aleppo, Ebla, Jerada, Ruweiha, Serjilla, Apamea, Hama, Crac de los Caballeros, las Casas Colmena, Palmira, Maloula, Seidnaya, Damasco, Beirut, Sidón, Baalbeck, Bosra, Ammán, el Mar Muerto, el Monte Nebo, Mádaba, Petra, Wadi Rum, Akaba, Dahab, El Cairo, Belgrado, Sarajevo, Mostar, Kotor, Dubrovnik, Split, Zagreb, Ljubljana, Bled, Venecia y Milán. Son lugares que permanecerán siempre marcados en mi memoria y de los que he podido aprender muchas cosas.

¿Planes futuros? Tengo muchos. Quizá demasiados. Hay una idea que me persigue y que espero llevar a cabo alguna vez. Pero son solo especulaciones y sueños, así que mejor dejamos lo de la Vuelta al Mundo para otro momento…

No queda más que dejaros mi e-mail (josemiguel_80@hotmail.com) por si queréis contactar conmigo y emplazaros nuevamente a mi página web.

 

Me despido de todos y recordad que “el mundo es un libro, y quienes no viajan, leen sólo una página

 

José Miguel Redondo
El Rincón de Sele 
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