Venecia, un escenario unico en el Mundo

Venice Travel Blog

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Desde el Puente de los Descalzos, que cruza el Gran Canal, se pueden ver entre otros "San Simeón", realizado de forma similar al Gran Panteón de Roma

 

En uno de los relatos de este diario, que corresponde al último día que pasé en Egipto con mis amigos, comenté que tuvimos una interesante conversación en la mesa del Pizza Hut de Tahrir Square referente a si se pierde ilusión y emoción ante grandes monumentos o preciosas ciudades cuando ya se ha viajado mucho y uno está acostumbrado a toparse con esas maravillas que te ponen la piel de gallina en condiciones normales. Recuerdo que Ali dijo que ella sigue teniendo intacta dicha ilusión, mientras que los demás apreciábamos una disminución del “factor sorpresa” que provocaba que no sintiéramos un lugar de la misma manera que lo hubiéramos hecho años antes. Puede que ambos tuviéramos razón en parte. Quizá es más difícil que aflore una emotividad especial las primeras ocasiones en que viajamos, pero hay ciertas cosas que por muchos sellos que tengas en el pasaporte o por mucho que las hayas visto en revistas, documentales e incluso películas, provocan que a uno le palpite más fuerte el corazón, se le erice el vello o que incluso le asome alguna lágrima.

Chiesa degli Scalzi
Saco a colación este tema porque en Venecia me ocurrió esto mismo. No valieron opiniones, comentarios o las mil veces que en que había podido ver imágenes de la ciudad de los canales. Mi primera vez en Venecia la recordaré toda mi vida porque no sólo supuso la perfecta guinda del pastel a esas alturas del viaje, sino también porque me hizo “sentir y vivir” como hacía tiempo que no lo hacía.

 

Hay ciudades con estrella como París, Roma, Praga, Florencia, Brujas, Nueva York, Viena o la propia Venecia que son conocidas por todos y que copan la mayor parte de los elogios y alabanzas en todas y cada una de las categorías sociales. Afortunadamente el buen gusto por las cosas bellas no está reñido con una determinada condición económica.

Los canales se cuentan por centenares. (Soto portego de le colonete)
Éstas que he mencionado (sé qué me faltan más) llevan siempre consigo un protagonismo que hace que reciban un gran aluvión de turistas entusiasmados que soñaron, sueñan y soñarán con pisar estos privilegiados suelos. Es normal, sobre todo cuando hemos sabido de ellas por películas, series, revistas, libros y otra serie de medios que las utilizan sabiamente como contexto. ¿Recordáis alguna película en que París sea el espacio donde se desarrolla la trama? Seguro que os salen un montón. A mí ahora me vienen a la mente “El Código Da Vinci”, “El caso Bourne”, “Moulin Rouge”o “El Jorobado de Notre Dame”. Seguro que si lo pensáis os salen muchísimas más. Mejor no hablar de Londres, Roma o Nueva York, que tendríamos para dar y tomar.
Los bellos edificios tipo palacete se agolpan en la ciudad veneciana
¿Y en la ciudad de los canales? “Muerte en Venecia”, “El Mercader de Venecia”, “Casanova” o “Todos dicen I love you” de Woody Allen. Lo dicho, todas ellas están iluminadas con un halo especial de glamour, refinamiento o de belleza estética difícil de superar.

 

Es por ello que la ciudad en que me encontraba aquel 29 de julio de 2006, a poco más de 24 horas de volver a casa después de un mes peregrinando por once países, sea receptora por mi parte de los halagos más sinceros y merecidos.

Toda esta parrafada, por la que os estaréis preguntando qué habréis hecho para merecer esto, quizá venga porque me es muy difícil expresar con palabras lo que Venecia me hizo sentir.

El Gran Canal visto desde el Puente Rialto
En el mismo momento en que salí del Hotel Guerrini para comenzar mi corta visita (para verla bien se necesitan varios días más) me di cuenta que la penúltima jornada de viaje iba a ser una de las más placenteras y aprovechadas del viaje.

 

Venezia, como se escribe en italiano, es la capital de la Región del Véneto y se ubica sobre un conjunto de 120 pequeñas islas que afloran en una laguna pantanosa del Mar Adriático. La mayor parte de las mismas están unidas por puentes (más de 800), aunque hay otras a las que únicamente se puede acceder en barco (vaporettos, barcotaxis, barcas privadas o góndolas). El “Puente de la Libertad” es el que comunica dichas islas que ocupan “la ciudad antigua” con tierra firme (Venecia Mestre).

Al fondo el Puente Rialto. Mientras, los gondolieri se pasean por el Gran Canal
A partir de que uno cruza el mismo para llegar a la urbe clásica puede olvidarse de los coches o las motos para dar protagonismo a los vehículos navales que van por el agua. O caminas o navegas, esa es la cuestión… Esta premisa lleva vigente desde el Siglo V cuando los habitantes de algunas poblaciones aledañas se refugiaron en dichas islas para huir de las invasiones germánicas. Terminaron estableciéndose allí de forma definitiva y formaron su propio gobierno cuyo máximo exponente era el Dux o Dogo (más usada esta última acepción), cuyo cargo era vitalicio. Los Dogos, que concentraron un gran poder, formaron la conocida “Serenissima Repubblica di Venezia” que se expandió por el Mar Adriático y por otros muchos lugares (por ejemplo Dubrovnik), lo que les permitió protagonizar el control del comercio con Oriente.
Piazza de San Marco. La Basílica, de estilo bizantino engalana la Plaza.
Su momento más pletórico y esplendoroso (para la ciudad) tuvo lugar entre los Siglos XIV y XVI, que se vio reflejado en la construcción y mejora de preciosos edificios civiles, privados y religiosos. Esta es la época en que la música la ponía el Maestro Antonio Vivaldi, los míticos pintores Tiziano, Tintoretto y Veronés daban calor y color al arte pictórico o Palladio ejemplificaba arquitectónicamente hablando.

Pero éstos no han sido los únicos ilustres venecianos a lo largo de la historia. Marco Polo, Casanova o Galileo son algunos de los hijos pródigos de esta ciudad, que incluso llegó a acoger al inmortal músico Wagner.

 

Es normal entonces estar rodeado de “puntos de arte” con un estilo particular. El gótico veneciano impera en arcos y ventanales a ambos lados de los numerosísimos canales.

La Basílica junto al Palazzo Ducale desde la Piazzetta de San Marco
Las iglesias son casi imposibles de contar, las pequeñas plazas denominadas “Campos” (Sólo la de San Marco tiene el apelativo de “Piazza”) abundan por doquier, los más de 800 puentes (Rialto, el más conocido) no quedan a la zaga en los que a estética se refiere, y los más bellos palacios tienen su sede en este suelo inmortal. Con razón es un lugar propicio para el turismo de masas, que es quizá uno de sus lados negativos, por no hablar de que decir caro es poco.


Para ese día madrugué bastante y creo que minutos pasadas las siete de la mañana ya había empezado a callejear. Lo primero que hice fue ir a la Estación de Santa Luzía para comprarme una guía con mapa no quería quedarme perdido en un angosto callejón sin salida.

El Campanile de San Marco, donde después me subí. Es el Gran Faro de Venecia.
Lo segundo, hacerme con un billete de vaporetto que pudiera utilizar en el día todas las veces que quisiera. Y lo tercero, comenzar mi largo recorrido por la bellísima ciudad. Hay pequeños carteles que indican por dónde hay que seguir para ir a los 2 lugares principalmente turísticos de Venecia: La Plaza de San Marcos y el Puente Rialto. A pesar de estar algo lejos de donde estaba, me pareció perfecto ir siguiendo el camino y deteniéndome en los sitios que recomiendan las guías. Porque en escasos metros es fácil encontrarte con una iglesia barroca impresionante, o con un palacete renacentista o simplemente con el Gran Canal.

Podría pasarme mil horas aquí contando y describiendo todo lo que vi, pero me centraré en lo que más me llamó la atención:

 

+ La Plaza de San Marcos (Piazza de San Marco): Siempre tendré en la memoria el momento en que crucé los arcos para acceder a ella.

Columnas de San Marco (León)y San Teodoro en la Piazzetta de San Marco. El Palacio Ducal es, sin duda, el símbolo de esta magistral zona de Venecia.
No pude evitar echar algunas lágrimas de la emoción. Tanta, que tuve la necesidad de llamar tanto a mi madre como a mi padre para compartir con ellos, aunque fuera una milésima parte, la magia de un lugar eterno. Napoleón, después de invadir Venecia sentenció lo siguiente acerca de la Plaza: “Es el salón más bello de Europa”. Y es poco para lo que se puede decir de este lugar de forma trapezoidal que tiene 176 metros de largo por 82 de ancho.  Destacan, sobre todo lo demás, la Basílica de San Marcos y el altísimo Campanario (Campanile en italiano). Y rodeando el extenso pavimento, donde se aglutinan miles de personas día tras día, se encuentran Las Procuratie (antigua y nueva), que albergaba a los Procuradores, la más alta magistratura representativa después de los Dogos.
Vista de la Plaza de San Marcos desde lo alto del Campanile.
Son edificios porticados renacentistas que actualmente tienen en sus plantas inferiores caros comercios (joyerías, tiendas de cristales, de tejidos…) y Cafés. Quizá éste sea uno de los puntos del planeta en que más dinero puede costar tomarte algo tranquilamente. Eso lo dejamos para los privilegiados turistas adinerados que pueden permitirse consumir en el Café Quadri o el Florian, que llevan abiertos desde el Siglo XVIII. Pero como acabo de comentar, los protagonistas ineludibles de la fantástica Piazza son La Basilica di San Marco y el Campanile. Escogí en primer lugar, quizá por haber menos cola, subir a lo alto del Campanil. Construido en ladrillo de Bérgamo, en su día llegó a servir como faro a los navegantes y desde allí uno puede deleitarse de una vista 360º de la ciudad de los canales.
Nada en Venecia se escapa al Arte y la Belleza
Islas, cúpulas, tejadillos, canales, puentes y un sinfín de iglesias y palacetes son fácilmente distinguibles desde el punto más alto de Venecia para el cual hay que pagar aproximadamente seis euros y dejar la mochila, bolso, bolsa o sucedáneo en una taquilla a pocos metros de la taquilla. Este es el lugar donde Galileo Galilei probó por primera vez su telescopio, e incluso se sabe que fue utilizado para encarcelar a curas blasfemos. Para acceder aquí, al igual que en la Basílica, conviene ir temprano porque si se va más tarde las colas pueden ser kilométricas. Para entrar al imponente y precioso templo religioso que se construyó para albergar el cuerpo de San Marcos no tuve más remedio que esperar en la larga fila. Un consejo: aquí tampoco podéis pasar con mochilas o bolsos. Os dicen que los dejéis en una consigna que queda detrás de la Plaza. Yo personalmente os recomiendo por ello ir primero al Campanile, dejar allí vuestros bártulos (gratis) y visitar todo lo que queráis en la Piazza y alrededores, como por ejemplo el Palacio Ducal o el Museo del Risorgimento, además, obviamente, de la propia Basílica.
Isla "San Giorgio il Maiore", donde me dirigí después en vaporetto. Uno de los tesoros de Antonio Palladio
Lo que nunca debe pasaros es que después de estar aguantando una pesada línea humana os tengan que echar para atrás por llevar cosas con vosotros. Con la tontería podéis perder toda una mañana. Así que no hay excusa, sólo os queda disfrutar de la preciosa Basílica de cinco cúpulas sin carga alguna. De todas maneras, si hay que esperar se espera, porque realmente vale la pena.

La Basilica di San Marco (S.X) es un claro ejemplo de estilo bizantino, sobre todo en lo referente a su interior, ya que está plenamente decorada con mosaicos y mármoles de gran calidad. Así debió ser en su día “Santa Sofía” (Estambul), pero cuando entraron los musulmanes la cubrieron de blanco para tapar los iconos cristianos. Por ello, este templo religioso, el orgullo de los venecianos, es quizá el mejor conservado del Arte Bizantino.

Las Cúpulas de San Marcos coronan la ciudad de los canales
Allí dentro las estatuas, los retablos (uno de ellos de oro, que hay que pagar para verlo) y las paredes cubiertas de mosaicos dorados decoran minuciosamente la estancia. Una de las cosas particulares de este lugar es que está dividida en dos partes por una amplísima terraza (2º planta) donde se apoyan cuatro caballos de cobre dorado (Quatrro Cavalli) enviados en el Siglo XIII desde Constantinopla al Duque Enrico Dandolo. Los de fuera son copias, ya que han preferido preservar los originales en el interior, donde hay un pequeño museo (Galería Marciano). Pero de esa segunda planta, lo que más vale la pena es asomarse y ver la amplísima Plaza, la Torre del Reloj o dell´Orologio donde dos figuras que representan a los “Mori” (moros) dan las horas contra una gran campana. El reloj indica las horas, las fases de la luna y el movimiento del sol, además de aparecer cada uno de los 12 signos zodiacales.
Cada callejuela, cada rincón, cada canal, cada casa... Todas son parte del entramado enigmático de Venecia
Desde el lado de la terraza que mira hacia el canal se puede ver el tejado del majestuoso Palacio Ducal, que reina en la aledaña “Piazzetta de San Marco” adonde fui justo después de terminar mi visita a la Basílica.


+ Piazzetta de San Marco: Casi forma parte de la gran “Piazza” del mismo nombre, y da salida al muelle donde se encuentran dos altas columnas de granito traídas de Oriente en el Siglo XII en cuyos capiteles se apoyan el León (símbolo de S. Marcos) y San Teodoro. Si hay un edificio con historia en el que se sucedieron numerosas intrigas y ansias de poder, donde ostentó el lujo de la alta sociedad y a su vez la desgracia de los condenados hacinados y torturados en sus celdas, este es el Palacio Ducal (Palazzo Ducale).

Torre del Reloj (en italiano " dell´Orologio"
Fue residencia de todos y cada uno de los Dogos que gobernaron la Serenissima Repubblica di Venezia, además de Palacio de Justicia. Su fachada externa está realizada al estilo del gótico veneciano, tal y como se puede adivinar en sus recargados arcos, ventanas y capiteles, ricamente decorados. Su interior, en cambio, sobre todo su patio, presenta rasgos inequívocos del Renacimiento como así puede verse, por poner un ejemplo, en la Scala dei Giganti (Escalera de los Gigantes). También hay que pagar bastante como en los otros casos, al igual que no permite la entrada con bolsos o mochilas. Para mí supuso uno de los monumentos más impresionantes, sino el que más, de Venecia. En su interior hay un gran número de obras de arte de pintores renacentistas como Tiziano, Tintoretto, Veronés, Bellini o Tiepolo que decoran con suntuosidad los amplios salones.
He aquí la Piazza de San Marco vista desde la Terraza de la Basílica
Por ejemplo, destaca la Sala Maggior con frescos del Paraíso o la que más me llamó la atención, La Sala dello Scudo, cuyas paredes están enteramente cubiertas con Mapas del Mundo. Pero son muchas las dependencias de lo que fue la residencia del Dogo en que el lujo y la fastuosidad marcaban la línea ostentosa de un gobierno muy poderoso.
Pero no sólo fue residencia, sino que durante un largo período de varios siglos funcionó como Palacio de Justicia y como Prisión. Aún pueden visitarse la sala de tortura, las prisiones y los pozos húmedos (pozzi) donde los infortunados cautivos pasaban sus últimas horas de vida. No es difícil imaginarse el tormento de los penados, pidiendo clemencia o simplemente que se agilizara su muerte para evitar un crudísimo sufrimiento.  ¿Habéis oído hablar alguna vez del Puente de los Suspiros que les evoca un tierno romanticismo a los enamorados? Pues la gente debería saber que su nombre no viene precisamente del “suspiro” que expiran los amantes al pasar debajo suyo en góndola.
Napoleón dijo que la Piazza era "el salón más bello de Europa". Razón no le falta.
Es un puente construido en el Siglo XVII con dos pasadizos interiores que comunican las Nuevas y las Viejas Prisiones en el Palacio Ducal y por donde pasaban los reos condenados a muerte, cuyo consuelo era mirar por última vez la laguna veneciana. Lo de “suspiros” viene por los impactantes quejidos de dolor que se escuchaban día y noche. Se dice que la cifra de muertos violentamente en los pozzi del Palazzo puede llegar a superar los dos mil. La primera novela de Iker Jiménez titulada con el sugerente nombre de “Camposanto”, recrea en algunos pasajes cómo eran dichas prisiones en las que cuenta que uno de sus “ilustres invitados” fue El Bosco, pintor de seres y lugares que parecen haber sido sacados del mismo infierno (“El Jardín de las Delicias”, “El Carro del Heno” o el “Juicio final” entre otras muchas obras).
Uno de los Cuatro Caballos de la Basílica de San Marcos se asoman dejando la Torre del Reloj a la vista.

Por tanto, no os perdáis, si vais, el Palazzo Ducale al que le envuelve un halo de misterio, intrigas, terror y poder, además de un buen gusto artístico digno de alabanza. Mi puntuación es diez sobre diez, sin dudarlo.

 

+ Puente Rialto (Ponte di Rialto): Suplió en el Siglo XVI a un puente de madera, que era el único enlace entre las dos orillas del Gran Canal. El Gobierno de la Serenissima pidió propuestas para renovar el viejo puente y no faltaron los proyectos presentados por grandes artistas de la talla de Miguel Ángel o Palladio. Éstas no fueron aceptadas y en su lugar le fue encomendado el dignísimo trabajo al arquitecto Antonio da Ponte que diseñó algo distinto a lo habitual.

Palazzo Ducale y Campanile.
Dos grandes rampas se juntan en un pórtico central del que se alinean a ambos lados hileras de comercios con arcos de medio punto. Siglos después continúa siendo uno de los iconos de la ciudad.
Tuve la suerte de cruzarlo por arriba y por abajo (en vaporetto) en numerosas ocasiones y, a pesar de la mucha gente que se apelotona, si tienes paciencia puedes asomarte tranquilamente y obtener una preciosa vista del Gran Canal cuyos edificios palaciegos y ricamente decorados en estilo típicamente veneciano. Lo que me costó Dios y ayuda es que alguien me hiciera una foto “medianamente buena”. Todas las que me hacían eran borrosas, desenfocadas, con un brazo en medio…y un largo etcétera que todos los viajeros “solitarios” nos vemos avocados a sufrir. Tienes que echarle cara. El que no habla no sale en la foto.

 

+ El Gran Canal (Canal Grande): Son muchísimos los canales existentes en Venecia, pero el más renombrado y conocido por antonomasia es Il Canal Grande, que hace honor a su nombre por ser el de más longitud.

El Palacio Ducal, gótico por fuera, renacentista por dentro, fue una de las cosas que más me gustaron de Venecia.
Casi cuatro kilómetros en forma de “S” que comienzan desde el noroeste de la ciudad (tierra firme) y llega hasta la Dársena de San Marcos, en el Adriático. Son sólo 3 puentes los que cruzan el canal: El Puente Rialto, del que ya he hablado; El Puente de la Academia (Entre San Vidal y la Caritá) y el Ponte degli Scalzi, que queda a escasos metros de la Estación de Santa Luzía y nombrado en honor a la Iglesia de Santa María de Nazaret (también conocida como Chiesa degli Scalzi). Este puente fue el primero que crucé en mi corta estancia veneciana, ya que a su alrededor se aglutinan preciosos monumentos como la propia Iglesia degli Scalzi o la Iglesia de San Simeón, diseñada a imitación del Gran Panteón de Roma.

El Gran Canal, a escasos metros de mi hotel, tuve la fortuna de cruzarlo en un par de ocasiones en uno de los vaporettos.

El Puente de los Suspiros, que comunica las viejas y nuevas prisiones. Los suspiros son los que daban los condenados a muerte al mirar por última vez la laguna véneta.
Por la tarde, cuando ya estaba algo cansado, me quedé sentado durante todo el itinerario que realizaba dicha línea. Esto es como cogerse la circular del metro de Madrid, pero sobre el agua, al aire libre y con vistas inmejorables. Vale la pena cogerse el billete de vaporettos para utilizarlo 24, 48 horas o el tiempo en el que estés. El mío (de 24h) costó 12 euros, creo recordar. Pero si se te ocurre coger un billete sencillo de un viaje te cuesta 5. Así que os recomiendo que os cojáis un bono de vaporettos según el tiempo que vayáis a pasar en Venecia.

 

+ Isola di San Giorgio il maiore: Una pequeñísima isla al otro lado del Canal de San Marcos a la que llegué después de coger un vaporetto desde la Riva degli Schiavoni, que nace del Palacio Ducal, y que destaca ante todo por la blanca iglesia de San Giorgio realizada por el prolífico arquitecto renacentista veneciano, Antonio Palladio, que murió sin ver terminada su bella obra.

El Puente de los Suspiros evoca romanticismo, pero muchos no saben que durante siglos evocó muerte y dolor
Aquí hay cuadros del Maestro Tintoretto como “La Última Cena” e “Il Cader della Manna”. También es de interés el edificio de la Fundación Giorgio Cini, que en su día fue un convento benedictino y que actualmente expone una importante colección pictórica del ya mencionado Tintoretto además de otras escuelas de la época. Desde aquí cogí otro vaporetto que me llevó a la Isla de la Giudecca (la más grande de Venecia) donde se encuentra la Iglesia del Redentor, también de Paladio, la de Zitelle y la de Santa Eufemia. Aquí había mucha gente joven, porque aquí (en la calle Zitelle) se ubica el Youth Hostel que me recomendó Alicia la noche anterior.

 

+ Iglesia de Santa María de Nazaret: Fue la primera de las muchísimas iglesias en las tuve la ocasión de entrar durante mi estancia veneciana y tanto por fuera como por dentro (barroco puro y duro) es realmente increíble (empiezo a hablar como Bisbal).

Dársena de San Marcos desde un vaporetto que me dejó en San Giorgio il Maiore
Construida en el S.XVII por los Carmelitas Descalzos bajo el proyecto de Baldassare Longhena tiene una fachada hecha en mármol de Carrara (la única de la ciudad), que quien no lo sepa es uno de los más valiosos y de más calidad. Dentro, su magnífica bóveda y los preciosos frescos son de una belleza excepcional. A mí me dejó con la boca abierta y, afortunadamente, no fue la única.

 

+ Iglesia de San Geremia: Me llamó poderosamente la atención el que allí se contuvieran los restos de Santa Lucía. Bueno, miento, lo que me extrañó fue ver cómo estaba expuesta la reliquia de la santa. En una vitrina de cristal, tamaño tumba para situarnos, se puede ver un cuerpo con su traje que parece una escultura. Si miráis la cara veréis un rostro esculpido.

Los vaporettos son los los autobuses sobre el agua de Venecia
Pero mirad las manos y los pies. ¡Son huesos! Un esqueleto al que le han puesto ropa y le han cubierto el rostro. Algo macabro, ¿no? Me lo apunto a mi lista de macabrismos de colección.

 

+ Palacio Cà d´oro: En Venecia hay decenas de hermosos palacios y palacetes que asoman, sobre todo, a los canales. En este caso el Cà d´oro (en la calle del mismo nombre) asoma al Gran Canal. Hoy en día es una galería de obras de arte (Galleria Franchetti) donde se pueden visitar fastuosas y recargadas salas con pinturas de los mejores artistas italianos (ej: Tiziano, Mantegna), además de muebles, tapices y objetos muy valiosos. Aunque quizá lo mejor es disfrutar de cómo es un Palacio por dentro, donde el lujo y la belleza envuelven cada centímetro de su extensión.

Colorido veneciano
La fachada que da hacia el canal cumple los requisitos del gótico veneciano, como otros muchos palazzos existentes en la ciudad. Quizá nombro éste porque es el primero que visité, pero hay muchísimos más que son dignos de ver como Ca´Pesaro, que contiene la Galería Nacional de Arte Moderno además de un Museo de Arte Oriental, el Palazzo Loredan-Vendramin, sede del Casino Municipal y donde el glamour penetra al mismo en barca o góndola (Aquí vivió y murió el músico Richard Wagner (“El anillo de los Nibelungos”), el Contarini dal Bovolo, con su escalera de caracol en el interior de su patio en una torre de estilo lombardo, y así uno tras otro. Será por Palacios...

 

Sé que me he dejado muchísimos monumentos o lugares indispensables de Venecia, pero he preferido resumir los que tuve la ocasión de ver y más me gustaron en mi día en la ciudad.

Ponte di Rialto, el más importante de los tres que cruzan el Gran Canal
Pero Venecia no sólo es una de urbes las más llamativas del mundo por sus monumentos o canales. Quien tiene la oportunidad de salirse de los “puntos principales” y caminar por sus estrechas callejuelas libres del ajetreo turístico se dará cuenta de que esta ciudad esconde algo más. Yo fui caminando desde Rialto y di una tremenda vuelta hasta llegar a mi hotel, trayecto que aproveché para disfrutar del silencio de la “Venezia” más auténtica, más solitaria, más costumbrista, más misteriosa. Alguna de las calles por las que pasé (mientras me guiaba por los cartelones que dirigían a la Stazione) se tendría la seria dificultad de cruzarla dos personas a la vez. Primero que pase uno, y luego el otro…
Venecia es una ciudad de contrastes, siempre entre deslumbrante y decadente, entre multitudinaria y misteriosa. Puedes encontrártela y sentirla como yo lo hice, y como imagino que hará mucha gente, que quizá haya tenido la fortuna de disponer más tiempo para patearla por completo.
Volvi a San Marco para despedirme

 

Lo que sí me quedé con ganas de ver (porque pienso volver a Venecia, que tiene para muchos días) son muchas de las islas: LIDO (Centro de turismo balneario y de Playas), MURANO (Famosa por la producción de cristal que resulta carísimo para los compradores), TORCELLO (Con la preciosa Catedral de Santa María y el Baptisterio del Siglo VII), por poner varios ejemplos, ya que no menciono otras como Sant´Erasmo, Burano, Mazzorbo, San Servolo…

Y lo mismo puedo decir de la gran cantidad de iglesias o palacios. Puedes estar una semana en Venecia y no haberlo visto todo. Por eso, si tienes poco tiempo, céntrate en ver los puntos vitales, coge los vaporettos, y piérdete por las silenciosas callejuelas ajenas al traqueteo humano. Y si tu bolsillo tiene demasiados agujeros, permítete comer y cenar tranquilamente en uno de sus miles de Restaurantes, Trattorias o Pizzerías, que harán las delicias de los amantes de la Pasta.

Es bonito o no??
Yo no me quise ir de Italia sin probar una buena pizza o unos spaghetti, así que lo que hice fue tomar la primera para comer y lo segundo para cenar. Y cierto es que tienen un gusto y un sabor especial, algo así como muy suave, muy fresco. Quizá uno se deje llevar por el ambiente que le rodea, o se deje engatusar por el buen aspecto de los restaurantes, pero te sabe distinto. Sin menosprecio alguno a alguno de los buenísimos restaurantes italianos que disponemos en Madrid en particular y España en general.

Ojo a los futuros viajeros que se dirijan a Venecia: No os limitéis a mirar el precio que aparece en “La Carta” o “El menú” de los distintos restaurantes. Enteraros de todo lo que incluye dicho importe porque puede pareceros que no es demasiado caro. Pero a lo que venga, sumadles lo que ellos llaman “Coperto” (que es el cubierto y que suponen unos eurillos de más) y el sablazo que os dan con la bebida.

Los Palazzos en Venecia son una maravilla.
Sabed que una triste coca cola de lata puede llegar a costaros 4€. Si se os ocurre pedir vino es como solicitar vuestra decapitación en la guillotina.

 

Porque Venecia no es que sea cara. Simplemente es “un atraco a mano armada” a los miles de turistas que visitan la ciudad diariamente. No sólo es la comida o la bebida, también es excesivo el precio de las entradas a los sitios, la conexión a internet (puede llegar a 6€ media hora), las habitaciones (aunque yo tuve relativa suerte al respecto). No llega a París, Noruega o Islandia, pero ahí anda. Es demasiado… Aún así es difícil no dejarse llevar y escatimar en esta ciudad. Yo, que había empezado a tirar de tarjeta, entré a todas partes cuanto quise, monté en vaporetto, comí y cené en restaurantes, estuve en un hotel medianamente elegante, e hice algunas compras y regalitos.

Tuve el placer de perderme por los callejones de otra Venecia bien distinta. Solitaria, inquietante, misteriosa...
¿Quién puede resistirse a las preciosas máscaras venecianas? No es en absoluto sencillo hacerlo cuando el “Carnaval” está tan presente a juzgar por la gran cantidad de tiendas dedicadas a este menester. Hay auténticas obras de arte, a juzgar por su cuidadosa elaboración y sus precios de infarto. Los propietarios de algunas de las más suculentas tiendas de máscaras no permiten que la gente fotografíe sus escaparates. Otros objetos tradicionales que la gente compra (o al menos lo intenta) son los hechos con cristal de Murano (vendidos como si de joyas se tratasen). Algo más perecedero como su riquísima bollería, que se consume voraz y velozmente por los agradecidos comensales, también dan dividendos a los comerciantes. También destacan algunas tiendas en las que se venden cuadros cuyo motivo es la ciudad o el carnaval que quedan bien donde los pongas.

 

No sé qué más decir.

Hay barrios venecianos en los que se esconde una parte del esplendor y belleza de la ciudad. No siempre lo más masificado es lo mejor
Quisiera terminar diciendo que me acosté feliz en lo que fue mi último día completo de ese maravilloso viaje que comenzó un 30 de junio y al que le quedaban apenas unas horas para verse finiquitado. A las seis y diez de la mañana tenía que estar cogiendo un tren a Milán, ver después (si era posible) algo de la ciudad,  y por la tarde coger un vuelo Easyjet que me devolviera a Madrid.

Yo disfruté, sentí y viví Venecia como nunca me había imaginado. Necesito volver y no perderme las mil cosas que estoy deseando ver. Me gustaría regresar con mi madre, que estoy seguro que acabaría convirtiéndola en su ciudad favorita. Le debo un viaje a Italia…

 

Y vosotros, ¿a qué esperáis para ir a Venecia de una vez?

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