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Una historia de Pirámides, resacas, ratones y despedidas

Cairo Travel Blog

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Chema con un resacón resacón que le costó levantarse de la cama

Justo cuando nos teníamos que levantar para la tempranera excursión a las Pirámides aparecieron por la puerta Chema y Kalipo, quienes no habían pasado la noche en la habitación. La juerga y alcohol les había dejado en un estado más que lamentable que les mantenía tan aletargados como graciosos. Sus lenguas de trapo trataban de expresar frases inconexas para explicar que se habían ido por ahí con algunos extranjeros alojados en el Canadian Hostel y que copichuela tras copichuela acabaron borrachos y sin dinero. ¿Ni el dinero que te dejé yo ayer? le preguntó Alicia a su novio. No te lo vas a creer, pero no lo tengo. Creo que nos lo han robado - le contestó Kalipo con las dificultades típicas del habla de una persona ebria.

Chemita está que no se tiene...
Buen mosqueo se cogió Ali quien había sacado dinero del cajero para los dos y que veía que de buenas a primeras su chico se lo había gastado y no tendría para pasar el último día en El Cairo. A estos dos les pasa siempre lo mismo, nunca hay una copa. Es tomarse la primera y estar perdidos…

 

No tenían fuerzas ni para levantarse de la cama, donde se habían metido para reposar los escasos minutos que tenían antes de la hora en la que habíamos quedado con el taxista para que nos hiciera la ruta que teníamos diseñada. A Chema le tuvo que vestir Pilar, como si de su bebé se tratara. Kalipo tuvo más ánimo y se levantó y vistió por sí mismo.

Kalipo también empezaría el día con el pedal de la noche anterior...
Pues lo váis a pasar cojonudo. Lleváis sin dormir 3 días y hoy vamos a pasar muchísimo rato al sol • les dije. Estaba claro lo que iba a pasar. A pesar de que lo que íbamos a ver les iba a gustar mucho, sus facultades estaban tan mermadas que apenas iban a poder disfrutar de nuestro último día juntos. Una jornada que se preveía ajetreada, con muchas visitas, mucho coche y mucho calor, podía sentarles muy pero que muy mal.

 

Para la excursión fichamos a un canadiense que se alojaba en nuestro Hostel. Ahora mismo no recuerdo ni su nombre. Sólo que era la provincia canadiense de Québec, la cual lleva décadas buscando su independencia. Este chico, por ejemplo, estaba a favor de la separación de Canadá, al que no sentía como propio.

Kalipo duerme feliz con su pequeña melopea

Había hecho un recorrido bastante similar al nuestro, y tenía pensado quedarse una semana más en Egipto. A nosotros nos podía ser de gran utilidad, en lo que ahorro se refiere, porque así pagaríamos menos pasta cada uno al taxista. Sí, lo sé, qué ruin soy, ¿no? En estos viajes uno se vuelve muy ratilla, es cierto.

 

Puntual como un reloj llegó el taxi fúnebre de Zamunda quien, con su inmutable gesto serio, se dio cuenta rápidamente que había una persona más en la expedición y quiso cobrarnos algo más. Obviamente nos negamos y después de un par de refunfuños se calló y arrancó el coche para dirigirse a las Pirámides de Gizeh, que se encuentran a unos 20 Km. del centro de El Cairo.
Durante el trayecto, Chema, Kalipo y el canadiense se quedaron totalmente dormidos, dejando caer su cabeza sobre el hombro del tal forma  que parecía que se iban a descoyuntar.

Zamunda, siempre puntual, nos llevó hacia las Pirámides
El taxista nos miraba y preguntaba que qué les pasaba. Le explicamos con señas que habían tenido una noche movidita (es decir, hicimos el gesto del típico borracho que se lleva la botella a la boca)

No había demasiado tráfico en la ciudad, lo que provocó que en muy poco tiempo cruzáramos el Río Nilo, pasáramos por la zona más moderna de El Cairo, con algunos edificios bastante altos, y nos adentráramos en la provincia de Gizeh (o Giza). En el momento en el que a lo lejos observamos el pico de una de las Pirámides les despertamos a éstos, quienes estaban más perjudicados de lo que imaginábamos. Quizá el que más se espabiló fue el chaval de Québec, quien se apresuró a sacar su cámara digital, la cual estaba bastante estropeada, tanto que no funcionaba. Durante su viaje debió habérsele caído bastantes veces, a juzgar por las abolladuras tanto en la carcasa como en el objetivo.

La Esfinge con la Pirámide de Kefrén al fondo. Dicen que hay un pasadizo subterráneo que las comunica.
 

 

Dos minutos más en el coche y de repente nos encontrábamos a las puertas del Desierto (eso sí, con la ciudad a un palmo) que nos daba la bienvenida dejándonos a la puerta de la gran Necrópolis de las Pirámides de Gizeh, posiblemente el lugar más impactante de la Tierra. Fue el mejor aliciente para despertar a los chuzos tal como pudimos comprobar por las bocas abiertas de asombro de todos los ocupantes del coche. Yo, a pesar de que las había visto antes, no puedo negar que volví a sentir escalofríos de ver tan magnas construcciones. El vello de punta, la carne de gallina…toda explicación es poca para describir la enorme emoción que supone estar a pocos metros de ellas.

Detrás de mí está la enigmática Esfinge de Gizeh

Le dijimos a Zamunda que estuviera en el mismo sitio en que nos dejaba en unas tres horas aproximadamente. Hay mucho que ver y admirar en el antiquísimo complejo funerario: Las Pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos, además de la Esfinge. Son demasiadas cosas incluso para ese tiempo, y es que uno puede quedarse allí todo un día embobado.

 

“El hombre teme al tiempo, pero el tiempo teme a las pirámides” reza un proverbio egipcio que resume la fascinación que siempre ha suscitado tan colosales obras. Las de Gizeh, con de Keops a la cabeza tienen más de cinco mil años.
La construcción de una pirámide obedece a la constitución de un lugar destinado a la preservación del cuerpo embalsamado del soberano, el cual quedaba rodeado de multitud de objetos valiosos de los que éste se podría servir en el más allá.

Perfil de la Enfinge de Gizeh
El primer fin, por tanto, es la creación de una tumba de muy difícil acceso que no sólo guardaba esta función, sino que podían ser vistas como un centro religioso o científico además de un símbolo del poder y majestuosidad de los Reyes del Imperio Egipcio.

Lo que está claro, tanto para arqueólogos como a científicos, es que en sus medidas está reflejado un conocimiento matemático y científico en un nivel muy avanzado para tratarse de edificaciones realizadas hace más de cinco mil años.

 

Los egipcios siempre relacionaron los pequeños montículos de limo fértil que surgían tras el descenso de las aguas del Nilo con el nacimiento y desarrollo de la vida. Anteriormente al período dinástico comenzaron a levantarse tumbas recubiertas por un montículo de arena símbolo de la aparición del Sol, de una nueva vida.

La Gran Pirámide de Keops
Posteriormente el Faraón, considerado como un Dios funde la idea de nacimiento y renacimiento por lo que la tumba pasa a ser la morada del difunto en cuyo interior debe tener todo lo necesario para su subsistencia en el mundo que hay después de la vida.

 

En la tercera Dinastía, el Faraón Zoser revoluciona este concepto cuando encarga a Imhotep la edificación de su tumba en Saqqara. Lo que en principio estaba pensado para ser una mastaba (recinto funerario bajo tierra) pasó a ser una pirámide escalonada, nunca realizada hasta entonces. Ahí surge la idea de “elevación”, ya que la pirámide sería una escalera por la que el Rey asciende al cielo. Esto supuso una revolución tanto arquitectónica como ideológica ya que confluyeron las dos representaciones del más allá: la tradicional o subterránea y la que sube hacia lo celestial.

3 colegones en la Gran Pirámide
Si a esto le añadimos el simbolismo anteriormente mencionado de la colina por la que sale el Sol o desciende el río podríamos entender que estas obras serían consideradas el lugar perfecto para el renacimiento del Faraón en particular y de la vida en general.

A partir de ese momento, los soberanos que sucedieron a Zoser utilizaron y ampliaron el concepto, levantando por todo el país pirámides no demasiado grandes, pero que reflejaban un inmenso poder y simbología.
Con el devenir de los años fueron mejorando las técnicas de construcción utilizadas, además del material (Por ejemplo, bloques de gran tamaño) hasta que con el Faraón Snefru (primer Faraón de la Dinastía IV y padre de Keops) se da otro paso importantísimo: Se abandona la forma escalonada y se intenta la consecución de una pirámide geométricamente perfecta, de cara totalmente lisa.

Buena foto, si señor
Estas pruebas las vemos reflejadas en las Pirámides de Dahshur: La Romboidal y la Roja. La primera no salió como él esperaba debido a que el ángulo de inclinación inicial se había exagerado demasiado y había riesgo de hundimiento, además de no cumplir la perfección matemática que se buscaba. Por ello construyó en frente la Pirámide Roja (también llamada “Reluciente”) en la que se logra una notabilísima mejoría.

 

Pero fue bajo el reinado de su hijo Keops cuando se alcanzó una plenitud y perfección  imposible de superar. En la meseta de Gizeh (más al norte de Dahsur y Saqqara) se levantó la Pirámide más grande que aún asombra a propios y extraños. 146 metros de altura (lo equivalente a un edificio moderno de 40 plantas), 230 metros aproximadamente en cada lado de la base, dos millones y medio de bloques de piedra con un peso que va desde las dos hasta las sesenta toneladas.

Sentado en unon de los dos millones de bloques de la Gran Pirámide
Pero esos datos son sólo algunos bosquejos de algo muy grande que esconde misterios y enigmas no descifrados por el hombre cincuenta siglos después. La Gran Pirámide es la única que perdura de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Para los que siempre os habéis preguntado que cuáles son las seis restantes aquí va esta enumeración desinteresada para satisfacer vuestra curiosidad: Los Jardines colgantes de Babilonia, el Templo de Artemisa en Éfeso, la Estatua de Zeus en Olimpia, el Coloso de Rodas, el Faro de Alejandría y el Mausoleo de Halicarnaso.

En la planicie de Gizeh, el Faraón Kefrén, hijo de Keops, construyó otra pirámide parecida pero con un tamaño algo menor (unos tres metros), sirviéndose de la base y de las técnicas de construcción de la misma. También mandó erigir la famosa Esfinge (escultura excavada en la misma roca con el cuerpo de león y la cabeza del propio Kefrén) que parece vigilar toda la Necrópolis.

Kalipo, Chema y yo en uno de los corredores de la Gran Pirámide

La Pirámide de Micerinos fue la tercera en construirse en el recinto, aunque con dimensiones menores a las anteriores (65 m. de altura).

 

Actualmente en Egipto se conservan cerca de noventa pirámides, pero nunca superando la magnificencia y fastuosidad de las que se encuentran en la planicie de Gizeh, donde el mismísimo Napoleón al verlas dijo solemnemente: “Soldados, cuarenta siglos os contemplan”, frase que utilicé yo mismo cuando las tuvimos delante para darle un toque de emotividad a nuestra visita.

 

La primera vez que ves las Pirámides pasa totalmente lo contrario a lo que otros sitios de los que has oído hablar mil veces, es decir, no te decepciona en absoluto.

A gachas por el pasadizo que da acceso a la Cámara del Rey de la Pirámide de Keops
Es más, las ves más grandes e impresionantes de lo que jamás has imaginado.
Como os dije antes, incluso los pequeños whiskeros se espabilaron de un sobresalto…
Salimos del coche después de darle instrucciones a Zamunda para venirnos a buscar en tres horas, y pagamos religiosamente los tickets de entrada al recinto (creo que siete euros con carné de estudiante), que no incluyó el acceso a la Gran Pirámide (que se cobra a parte).
Una vez dentro nos recibió el imperturbable gesto de la Esfinge, la cual se erige en una extraña mezcla de fiereza y serenidad, dominando la planicie y guardando las tres pirámides. Esta es una de las mejores zonas para ver una panorámica del enorme complejo arqueológico al que la ciudad le ha comido casi el terreno. Es curioso como la gente va allí pensando que la explanada de las pirámides está en medio del desierto alejada de la urbe.
En la Cámara del Rey de la Pirámide de Keops, junto al sarcófago de granito
Cuando llegan y ven lo pegada que queda la ciudad se sorprenden. Eso nos ha pasado a todos y seguirá pasando a todo aquel que vaya.

 

Como la entrada a la Gran Pirámide está limitada a las primeras 150 personas no nos detuvimos demasiado en La Esfinge, a la que volveríamos al final, y fuimos a una taquilla en la que se vendían exclusivamente dichas entradas. Tuvimos suerte y todos nos hicimos con los tickets, utilizando una vez más el carné de estudiante para que nos rebajaran la mitad. La vez que estuve allí en 2002, de todos los que venían a la excursión, tan solo pude acceder yo a la Pirámide de Keops, porque no quedaban más entradas. Afortunadamente me cedieron su pase y entré al increíble edificio yo solo, permaneciendo unos minutos meditando en la Cámara Real.

Chema & Canadian Boy
Y tengo que decirlo, allí sentí algo raro. Es tan grande la fuerza que transmite el lugar, es tan grande el peso de la Historia… En fin, fue una sensación irrepetible el estar en el corazón de la Pirámide, rodeado de varios millones de toneladas en piedra.

En esta ocasión había más gente en el recinto, y desgraciadamente, no entramos solos.
Estando ya a escasos dos metros de la puerta de acceso fuimos conscientes del inmenso tamaño de los bloques de piedra y nos hicimos la misma pregunta que se hace todo el mundo: ¿Cómo demonios pudieron transportarlos? ¿Y levantarlos? Mover tantas toneladas y erigirlas tan alto es algo complicado incluso hoy en día, en que tenemos muchos medios técnicos y tecnológicos a nuestro alcance.

Los cinco con la pirámide de Kefrén detrás
Pero, ¿y si ellos disponían de medios que no han llegado a nuestras manos? Egipto debía estar en una posesión de conocimiento elevadísima. Pero éste se perdió, no llegó a nosotros desgraciadamente. Dicen que mucho fue destruido en el terrible incendio de la Biblioteca de Alejandría.

 

En la puerta de entrada, que más que una puerta es un boquete, te requisan las cámaras para no utilizarlas dentro. Menos mal que me la metí en uno de los bolsillos estratégicamente escondidos en el pantalón porque así pude al menos retratarnos subiendo y bajando. También me atraía la idea de eliminar de raíz esa idea que tiene todo el mundo de que los dibujos, relieves y estatuas decoran el interior de las pirámides cuando no es así.

¿Pero qué paaasaa?
Tanto en Keops, Kefrén y Micerinos como en Saqqara, incluso en Dahshur o Abu Sir no hay decoración alguna. Simplemente hay grutas, cuestas, conductos de ventilación y pasadizos que dan a parar a una o dos cámaras en las que supuestamente se albergaba el cuerpo embalsamado del difunto.


Nada más cruzar el umbral de la Pirámide de Keops descendimos unos metros en los que en varios tramos tuvimos que agachar algo la cabeza para no darnos con la dura piedra. El calor ahí dentro es terrible… Tanta sequedad te hace sudar muchísimo. Yo ya tenía la espalda totalmente mojada, al igual que la cara. Después de bajar curvados, seguidamente nos encontramos con un pasillo ascendente de 40 metros y en el que fuimos aún más agachados que antes, sujetándonos como pudimos a una de las barandillas de madera que hay a los lados.

Pirámide de Kefrén. Es tan sólo 3 metros menor que la de Keops. En su parte más alta conserva el revestimiento en piedra caliza que tenían todas.
El calor aumentó, y la falta de aire también. Después de recorrer dicho pasillo fuimos a parar a la Gran Galería, que tiene algo más de longitud, pero que destaca por que sus techos abovedados están a casi nueve metros de altura, lo que provoca la admiración de todos, en una prueba más de lo dificultoso que tuvo que ser la construcción de la pirámide. Como dije antes, no hay nada de decoración. Bloques y más bloques pesadísimos, totalmente alineados y lisos. La cuesta es más o menos igual de empinada que en el anterior pasillo, pero como no hay que ir agachado es más fácil de subir. Una vez arriba, sin pendiente alguna, llegamos a un pequeño vestíbulo con un pasadizo que mide menos de un metro y por el que fuimos totalmente a gachas para acceder por fin a lo que es el corazón de la Pirámide de Keops, La Cámara del Rey. Ésta no es más que una habitación en cuyo fondo se encuentra un sarcófago de granito, que parece que alojó en su día el cuerpo del Faraón.
Con Kefren al fondo
En las paredes oscuras paredes se puede distinguir alguna inscripción del Siglo XIX en la que aparece el nombre de exploradores alemanes e italianos que accedieron a ella. Una construcción tan impresionante, tan colosal, tan magnífica, y en su interior tan sólo hay una cámara de unos 10 metros de largo por 4,5 de ancho, y con una altura que no llega a los 6 metros. Para mí es extraño. Yo creo que la Gran Pirámide esconde aún muchos secretos, algunos de los cuales se siguen investigando hoy en día, como por ejemplo, el de la famosa Puerta de Gantenbrick, que se encuentra en uno de los conductos de ventilación, y que fue abierta hace años para meter un pequeño robot con cámara, que encontró otra puerta más, totalmente lisa y bien tallada, tras la cual se cree que puede haber algo más. ¿Quién sabe si los tesoros de Keops están allí¿ ¿O quizá la solución a los misterios de la Pirámide? ¿O una simple estatua o relieve? ¿O quizá nada? En los próximos años se va a intentar abrir dicha puerta y quien sabe lo que se van a encontrar.
Kalipo, resacoso, en uno de los descansos antes de entrar a la Pirámide de Kefrén
La exclusiva la tienen Nacional Geographic, pero bien es sabido que en Egipto es muy difícil “tocar las cosas”, y más cuando se trata de su gran tesoro. Así que se necesitan años de burocráticos trámites y de arduas negociaciones para continuar investigando lo que es más que una tumba.

 

De todas maneras, la Cámara Real no necesita demasiadas florituras para sentirse la fuerza que hay allí dentro. Según se cuenta, Napoleón Bonaparte durmió una noche allí y cuando al salir a la mañana siguiente le preguntaron sus soldados qué tal le había ido o si había visto algo dijo unas palabras desconcertantes: “Da igual, no me vais a creer…
Lo dicho, la Gran Pirámide guarda muchos secretos y misterios que quizá algún día sean desvelados al hombre.

Dentro de la Pirámide de Kefrén

De lo que sí hay pruebas es de que tenían un conocimiento técnico, científico y astrológico fuera de lo normal. Y si no, para muestra os doy algunos datos curiosos: ¿Sabéis que si se multiplica por un millón la altura de la pirámide se nos queda la distancia que hay entre la Tierra y el Sol? ¿Sabéis que con sus medidas se pueden obtener en número Pi, la longitud y el peso de la Tierra? ¿Sabéis que la alineación que forman las tres pirámides es exacta a la del Círculo de Orión con sus estrellas Zeta, Epsilon y Delta Orionis? Estos son solo algunos datos científicos, nada esotéricos o irracionales. Como dicen los científicos que no creen nada que no se demuestre, ahí lo tienen…

 

Fuimos bajando poco a poco, con el calor haciendo mella en nuestros cuerpos, necesitados de agua.

Pilar en el Sarcófago de la Cámara Real de la Pirámide de Kefrén
Una vez salimos de la Gran Pirámide compramos un par de botellas que duraron un suspiro. Aparecieron niños vendiendo agua y souvenirs hasta de debajo de las piedras (nunca mejor dicho). En la planicie de Gizeh son legión, y alguna vez te encuentras con la escena desagradable, como nos pasó a nosotros, de ver a un policía enganchar a uno de ellos del pescuezo y echarle de allí de muy malos modos.

Repetimos el mismo procedimiento en la Pirámide de Kefrén, tan solo unos metros de altura menos que la anterior, aunque a primera vista parece lo contrario ya que está ubicada en un saliente. Ésta se reconoce porque está revestida de piedra caliza en su cúspide, tal y como debieron estar las tres originariamente. También hay una menor alineación de sus bloques, no tan perfectamente simétricos como en la anterior. Accedimos a esta por una entrada situada al nivel del suelo, al contrario que en la de Keops, que estaba a 3 ó 4 metros por encima.
Chemita en uno de los corredores de Kefrén
La jugada de las cámaras fue la misma, por lo que pude sacar alguna fotillo. Descendimos por un pasillo de de 1,70 que enlaza a posteriori con un corredor ascendente, que se me hizo bastante más pesado de hacer que en la Gran Pirámide. Después simplemente tuvimos que seguir de frente hasta parar a la Cámara funeraria con paredes de un tono rojizo y al fondo un sarcófago de granito oscuro. En la pared encontramos la siguiente inscripción: “Scoperta da G.Belzoni 2 mar. 1818” que es un ejemplo más de que incluso en esa época había tontos muy tontos que para presumir de hazaña dejaban constancia de ello en la pared. Lo que pasa es que en este caso, dicha pared tiene unos cinco mil años de antigüedad. Siempre se tuvo muy poco respeto a conservar tal cual los monumentos que habíamos tenido la suerte de heredar después de guerras y catástrofes.
Panorámica de la planicie de Gizeh con las 3 Pirámides (Keops, Kefrén y Micerinos).

Penetrar en la Pirámide de Kefrén puede ser algo más duro y agotador que en la de Keops. Obviamente siguió con nosotros el “efecto sauna” que nos hizo sudar más que Camacho.

 

Afortunadamente, a pesar del sueño y la resaca, los fiesteros Chema y Kalipo aguantaron bien la mañana en Gizeh. Lástima que después no pudieron seguir la fiesta con nosotros tanto en Saqqara como en Dahshur debido a que sus fuerzas flaquearon, entrándoles una pájara somnolienta de la que se acordarán siempre.

 

Lo siguiente fue pasar por la pequeña pirámide de Micerinos mientras Chema, Pilar y el Canadian Boy fueron más lejos a buscar una panorámica de las tres pirámides en un pequeño montículo que les recomendé.

Detrás la Pirámide de Micerinos, la "pequeña" de Gizeh, a pesar de sus más de 60 metros de altura
Micerinos estaba cerrado y cuando nos marchábamos aparecieron dos policías con uniforme blanco y boina negra armados con metralletas y que se ofrecieron a sacarnos alguna foto. No dejaron de reírse y a mí, no sé por qué, me olió mal su ofrecimiento, pero bueno, qué iba a hacer… Me pusieron a la vista de Kefrén y me pidieron que subiera el brazo y colocara la mano como si estuviera enganchando algo. Sacaron así la foto. Cuando miré por el visor se me veía a mí enorme tocando el pico de la pirámide con las manos. Quedó curioso cuanto menos. Les di las gracias y cuando me fui uno de ellos hizo el signo manual de “la pela”, que no es otro que frotar el dedo pulgar con los demás. Vamos, el símbolo de...”la pasta”. Y cualquiera le dice que no a dos tíos con metralleta. ¡Como si quieren sacarme una foto con peineta flamenca!

 

Seguimos paseando tranquilamente, pero ya de vuelta, porque se estaban consumiendo las tres horas que le dimos a Zamunda para que nos pasara a buscar.

Enganchando la Pirámide de Kefrén
En la Esfinge nos juntamos todos, así que entramos al pequeño templo que hay a pocos metros de ella y desde donde se pueden obtener muy buenas fotos. La Gran Esfinge (73 de longitud y 20 de altura) fue mandada construir por el Faraón Kefrén en un saliente rocoso donde se moldeó su cuerpo de león con cabeza de humana portando el tocado real (nemes). En su día estaba revestida de yeso pintado. Su nombre egipcio es “shesep anj” que significa “Imagen viviente”. Durante los últimos siglos sufrió algunas mutilaciones, siendo la de su nariz la más destacada, pero hoy en día la polución, el agua subterránea y el abundante turismo la hacen correr más peligro que el que tuvo durante varios milenios, en que, al parecer estuvo largo tiempo enterrada bajo la arena del desierto. Entre sus patas hay una estela jeroglífica que cuenta la historia de que una vez Tutmosis IV se quedó dormido a su sombra y tuvo un sueño en el que se le dijo que si le quitaba la arena que la tapaba prácticamente sería Rey.
Ali, Kalipo y yo con el poli corrupto
Y si estamos hablando de Tutmosis IV, es que lo fue, ¿no?

 

A mí su cara me resulta demasiado inquietante. Parece serena, confiada, expectante, quizá sabedora de su poder dominante en la planicie de Gizeh, como vigilante de los tesoros y de los misterios que no somos capaces de descifrar después siglos y siglos. Parece observar placidamente el mundo que nos rodea, tal y como lleva haciendo desde que se erigió en ese lugar. También observó a decenas de Faraones, a los griegos, a la legión romana, a los Sultanes del Islam, incluso a Napoleón Bonaparte. La Esfinge ha sido, es y será un testigo de la Historia.

 

Nos hicimos muy buenas fotos, y el canadiense, cuya estropeadísima cámara dejó de funcionar, nos pidió el favor de que le sacáramos a él también y se las enviáramos porque si no iba a parecer que no había estado allí nunca.

Otra panorámica de Kefrén
Obviamente así lo hicimos. Pero lo que sí se nos olvidó fue pedirle el e-mail al despedirnos por lo que me temo que se ha quedado sin recuerdo. Y cualquiera le encuentra, si no nos acordamos ni del nombre… Lástima.

 

Una vez salimos fuera del mágico recinto de Gizeh nos encontramos sentado a Zamunda, que estaba de charla con unos compañeros del gremio. Le dijimos que nos esperara un rato y subimos a comer algo al Pizza Hut/KFC que hay en frente. Nos pusimos en un ventanal que daba justo a la cara de la Esfinge. Pocas veces he comido en un lugar con mejores y más impactantes vistas. Porque pocas cosas en el mundo (o ninguna) supera a las fabulosas pirámides.
A Chema le dio un bajón tremendo. Normal, claro. Si a la borrachera de la noche anterior le añadimos tres días sin dormir apenas nada, estar expuesto a un Sol y a un calor sofocantes, y el puñetero aire acondicionado del establecimiento, el resultado no puede ser otro que encontrarse fatal.

Esta es la foto que tengo en mi perfil de Travbuddy!
Fue éste el principio del fin para ambos, que en el caso de Kalipo se vio aderezado con una bronca con Alicia por haberse gastado todo el dinero por la noche. Resaca, sueño, calor y novia regañando. Eso no hay Dios que lo aguante. Por lo que una vez que comimos y entramos al taxi 50 grados de Zamunda se quedaron totalmente fritos, y no pudieron moverse del coche hasta el final del día en que terminó la faraónica excursión. El canadiense aguantó como un campeón y más de una vez dijo que no entendía cómo podían estar así de mal y que por culpa de no haber sabido parar por la noche se iban a perder una de las mejores cosas que ver en el viaje.

 

Zamunda salió de la urbe y se adentró por una vía recta que llevaba tanto a Saqqara como a Dahshur, las cuales quedan a una hora aproximadamente, aunque a la velocidad que íbamos y con el calor que estábamos pasando, pareció que allí estuvimos meses.

Kalipo y La Esfinge, todo uno...
Alicia, Pilar y yo, que nos mantuvimos despiertos, al contrario que los comatosos, estuvimos haciendo repaso a lo que había sido nuestro viaje a Oriente Medio. El balance, por supuesto, muy positivo. En mi caso, que aún no había terminado la travesía viajera, todo había salido muy bien, excepto nuestro No paso por Jerusalén, que siempre fue un sueño para mí. Afortunadamente la experiencia egipcia fue de sobresaliente.

También hablamos de la miseria que vimos en Egipto, quizá más que en los otros países, ya que en la carretera por la que íbamos, rodeados de palmerales y dejando a nuestro lado un canal del Nilo utilizado para suministrar agua a los campos aledaños, fuimos testigos de la podredumbre e insalubridad que allí se vive. El agua del riachuelo artificial estaba llena de basura, incluso vimos algunos caballos muertos en estado de putrefacción.

Chema y yo sellando nuestra promesa infantil de ir juntos algún día a Egipto.
Qué os jugáis a que vemos a alguien bañándose antes de llegar a Saqqara… aposté convencido con ellas. No se arriesgaron, obviamente, a poner un duro, porque apenas tardamos unos minutos en ver a unos chavales chapoteando como si de una piscina se tratara. ¡La toxicidad al poder!
Durante el camino nos cruzamos con más de un carro tirado por mulas, o con coches que llevaban en la baca tanta materia que incluso ocupaba más que el propio automóvil. Las aldeas de dejábamos a los lados estaban sin asfaltar y las viviendas no eran precisamente de calidad. Y muchos, muchísimos niños en la calle.


Después de un rato de charla y de monótonos pero a su vez preciosos palmerales vimos de fondo lo que es el símbolo de Saqqara, “La Pirámide Escalonada”, que como os comenté en este relato, fue la primera en erigirse, provocando un cambio radical ideológica y arquitectónicamente hablando.

Comiendo en el Pizza Hut con unas vistas increíbles. Aquí no se aprecian bien, pero se ve a la perfección la explanada de las Pirámides


El complejo de Saqqara no es tan popular y masivamente visitado como el de Gizeh, pero muestra mastabas (tumbas subterráneas) muy trabajadas con relieves que conservan, incluso, los colores originales. Si la pirámide escalonada de Zoser es impresionante en sí, no son menos dichos recintos funerarios profundamente decorados. No hay que olvidar que  tanto la pirámide como el conjunto monumental que la rodea son las primeras construcciones en piedra realizadas en la historia de Egipto.
Quizá este es uno de los mejores recuerdos que tengo que aquel viaje con mi madre años antes cuando Khaled (nuestro guía) nos llevó a ver muchos de los rincones escondidos de esta planicie desértica.

 

Una vez llegamos no logramos despertar, y obviamente sacar del taxi a Chema y Kalipo, que no tenían fuerzas ni para levantarse.

Sobada resacosa en cadena en el taxi de Zamunda
Zamunda se quedó bastante extrañado porque los dos no se movieron para ver Saqqara. Le explicamos que el drinking no era bueno y que así les había ido. Pillamos las entradas y a los cinco minutos perdí la mía. Menos mal que habíamos sacado una de más para Kalipo que por su estado no usó. De todas formas no nos las pidieron en ningún momento.
Lo primero que vimos fue la Pirámide Escalonada de Zoser, la cual permanece cerrada y tan sólo pueden acceder los arqueólogos. Es aproximadamente del 2600 antes de Cristo, y en su origen fue una mastaba. Pero Imhotep la modificó añadiéndole seis niveles como si de una escalinata hacia el cielo se tratara.

 

Si el calor en Gizeh había sido terrible, en Saqqara (a las tres y media de la tarde, con la fresca…) fue simplemente insoportable.

Ya he perdido mi ticket!!
No llevar algo en la cabeza puede suponer lipotimia o insolación. Yo ya sé un poco de esto y me cubrí como pude. La última vez que estuve allí acabé con 40 grados en la cama, justo el día antes de coger un avión a Madrid.
Con el fuego que teníamos de ambiente, no había demasiadas ganas de deambular, pero nosotros aguantamos y rodeamos la pirámide. Al final del todo nos salió un señor de esos que por decirte cuatro frases te piden el dinero y nos dijo que miráramos a través de un cubículo de dos metros de alto. Lo hicimos y ahí había una copia exacta de la estatua del Faraón Zoser que vimos en el Museo de El Cairo el día anterior. Nos pidió pasta por ello pero no le dimos nada. Si das a uno te encontrarás repentinamente a todos los pedigüeños que salen por doquier.
La Pirámide Escalonada de Saqqara


Cuando ya se volvía la gente hacia el coche (incluso Chema, que sacó fuerzas para salir un momento y ver la pirámide escalonada) les pregunté que adónde iban. ¿Qué más hay que ver? preguntó Pilar, a quien ese día la vi disfrutar especialmente. Seguidme, que vamos a ver un par de sitios que os van a encantar. Pili, Alicia, el canadiense y yo nos fuimos a lo que es la tumba más grande del Imperio Antiguo: La Mastaba de Mereruka. Es una sepultura familiar enterrada bajo tierra que ocupa una superficie aproximada de mil metros cuadrados y que se subdivide en 32 cámaras, de las cuales 17 están dedicadas a la persona que le da el nombre a la gran tumba, Mereruka, que fue visir en la época y estuvo casado con una hija del Faraón Teti, fundador de la VI Dinastía y cuya pequeña pirámide veríamos después.

Con la Pirámide Escalonada al fondo, mandada construir por el Faraón Zoser a Imhotep

 En lugares como este es donde uno puede ver la decoración típica de las tumbas de la antigua civilización del Nilo. Escenas de la vida diaria del pueblo egipcio, del propio difunto y su familia, además de motivos religiosos en los que los Dioses hacen su acto de presencia (P.ej: El mito de Osiris, el pesaje de las almas, etc.). La mayor parte de cámaras y galerías están dibujadas en relieve, e incluso conservan parte del color utilizado. Los bajorelieves presentan un dinamismo que contradice lo que nos enseñaron en el colegio en el que se habla de escaso movimiento y de un hieratismo radical. No es, en absoluto cierto si ves una escena de siembra o baile.
Fuimos recorriendo las salas, fijándonos en los muchos detalles que las ilustraban y en donde se cuenta (jeroglíficamente hablando) la vida diaria y las creencias de un Egipto de hace miles de años.
Mira por el agujero y verás... al Faraón Zoser
Nos siguió mucho rato un “vigilante local” que decía que nos iba a enseñar la tumba entera. Para que dejara de seguirnos le tuve que decir que yo era arqueólogo y que prefería mostrársela yo a mis amigos. Fue oír la palabra “Soy arqueólogo” y se marchó, interrumpiéndonos un par de veces al vernos las cámaras fotográficas, ya que está prohibido utilizarlas dentro. Aún así, logramos sacar algunas de estrangis. La Mastaba de Mereruka termina en una gran sala sostenida por seis pilastras en la cual la estatua a tamaño natural del difunto llena de presencia el aposento.

Supuestamente los restos de su familia (mujer e hija) descansaron en lo que para nosotros fue uno de los lugares más apasionantes que habíamos estado. Y si a eso le sumamos que se estaba fresquito, mejor que mejor.

Tumba de Mereruka, dentro del complejo arqueológico de Saqqara

 

El segundo lugar al que entramos fue a la llamada “Pirámide de Teti”, que si la ves desde lejos parece un montículo de arena. Su altura es menor de lo que estábamos acostumbrados (52 metros). Fuimos a una entrada que quedaba al ras del suelo y caminamos agachados por un corredor descendente que finaliza en una cámara, desde donde continuamos horizontalmente durante unos 25 metros hasta llegar a una antecámara con tres nichos y desde donde se accede a la cámara funeraria donde hay un sarcófago de gres negro con inscripciones en el interior y un agujero, que al parecer, estaba destinado a guardar los vasos canopes del Faraón.
El techo está decorado con estrellas (muy importantes para los egipcios quienes pensaban que el alma salía volando de allí) y en la pared hay inscripciones jeroglíficas que corresponden a los conocidos “TEXTOS DE LAS PIRÁMIDES”, los cuales son un conjunto de escritos religiosos que nos dan a conocer rituales funerarios, ceremonias religiosas, ofrendas, fórmulas mágicas, y en general todo aquello que facilite la estancia del Faraón en el Más allá.

Bajorrelieve en la Tumba de Mereruka (Saqqara)
Allí, asombrados por lo que estábamos viendo, nos encontramos a otro guía local que por cuatro palabrejas te pide dinero. Para remediarlo, utilicé de nuevo el consabido “Soy arqueólogo” para que nos dejara tranquilos. Apareció después un señor francés con el que conversamos un rato acerca de lo maravilloso que es el Egipto Antiguo. Éste si que parecía arqueólogo e historiador y confesó que, a pesar de lo que se decía, la edad de las pirámides, tumbas e inscripciones que estábamos visitando, están ahí desde hacía mucho más tiempo del que nos imaginamos. Según él, la historia clásica data mal los monumentos egipcios, ya que no tiene en cuenta múltiples métodos que demostrarían los erróneos datos que tenemos actualmente. Yo ya había leído algo acerca de la hipótesis de que las Pirámides de Saqqara o el complejo de Gizeh tuvieran mucho más que cinco mil años.
Detalle de la Mastaba de Mereruka en Saqqara
Al parecer se había demostrado que en la Esfinge de Kefrén hay restos de erosión por agua, pero no de lluvia normal, sino por muchísima agua, lo que nos indicaría que pertenecería a un período anterior a la desertización de Egipto. Y esto nos lleva a un período que llegaría hasta los diez mil años antes de Jesucristo. Posiblemente la figura de león ya existiera antes de que Kefrén erigiera su pirámide y pusiera su cabeza con el tocado faraónico. ¿Y si la Esfinge no pertenece a un período faraónico? ¿Quién la hizo entonces? Como esto es un blog de viajes no me voy a meter más en este tema. Simplemente refleja lo apasionante y misteriosa que puede resultar la Historia de las Civilizaciones antiguas.

 

Nos despedimos del señor francés después de que me abriera los ojos para leer nuevas cosas sobre dicha hipótesis cuando llegara a Madrid.

Pirámide de Teti (Saqqara)
Salimos de la Pirámide de Teti pensativos y entusiasmados al mismo tiempo porque habíamos disfrutado de nuestra visita a unos lugares tan bellos como enigmáticos y en los que se puede aprender mucho. Volvimos al coche donde se estaban cociendo medio dormidos tanto Chema como Kalipo, a quienes les dijimos que si querían, para no sufrir, se cogieran otro taxi que les llevara al hotel. Y es que aún nos quedaban por ver las Pirámides de Dahshur y las ruinas de la antigua Memphis, antigua capital de Egipto. Dijeron que no y siguieron durmiendo sin cambiar un ápice su posición cadavérica. Para entrar al coche les tuvimos  que mover nosotros, sin exagerar.

No hicimos muchos kilómetros hasta llegar a ver las dos pirámides de Dahshur, la Romboidal y la roja, de las cuales hablé cuando expliqué brevemente algunos datos sobre el origen y el desarrollo de las construcciones piramidales.
Bajada a la Pirámide de Teti
Resumiendo, para no perdernos, ambas fueron construidas en la época del Faraón Snefru (padre de Keops). La primera, no fue bien hecha al no haber calculado bien los ángulos. Por tanto, mandó erigir una segunda en frente suya, en la cual mejoró notablemente respecto a la anterior por su estudiada simetría, tanto que se la denomina ocasionalmente con el nombre de “pirámide perfecta”. Es, digamos, una pirámide realizada gracias al aprendizaje de los errores de la romboidal.
 Ambas están en zona militar y no suelen formar parte de los circuitos superturísticos que traen gente de medio mundo. No había absolutamente nadie. Tan sólo, además de los coches militares, un taxi negro esperando, posiblemente a algún turista que estuviera merodeando por la zona.

 

Actualmente no es posible visitar la pirámide romboidal porque hay peligro de derrumbamiento, al igual que la escalonada de Saqqara.

Kalipo tío, que tenemos que entrar al coche. Levántate!
Tan sólo tienen ese privilegio las autoridades más poderosas del mundo de la Arqueología. Por lo menos sí que pudimos entrar a la Roja (105 m. de altura), después de subir una escalinata empinadísima que nos dejó exhaustos.  Y a la temperatura en que estábamos, imaginaos cómo estaban nuestras fuerzas. Lo raro es que tanto Chemita como Kalipo no se achicharraran en el coche, donde si ponías un huevo se freía en segundos.

El recorrido por el interior de la Pirámide Roja, tal y como recordaba, es bastante cansado y complicado. Como la puerta de entrada está a bastante altura, el corredor de descenso es bastante más prolongado que en Keops o Kefrén, por poner un par de ejemplos. Pero además, tienes que ir mucho más agachando también, por lo que acabas derrotado.

La Pirámide Romboidal de Dahsur, erigida por el Faraón Snefru.
Eso sí, la bajada es el paraíso si lo comparamos con la subida en la vuelta.

Una vez concluimos nuestro recorrido por el extensísimo pasillo, llegamos a una sala rectangular en la que tuvimos que subir unas escaleras de madera que llevan a otra estancia donde supuestamente se encuentra la Cámara principal, la del Rey. El olor era asqueroso desde nuestra llegada a las escaleras. Una mezcla de orín y azufre que era irrespirable nos dio la bienvenida en el mismo corazón de la Pirámide Roja. Tuvimos que hacer de tripas corazón y resistir para entrar a la Cámara. Allí nos encontramos con un español, el único turista que junto a nosotros, estaba visitando Dahshur. Charlamos un rato, nos hicimos una foto y volvimos hacia fuera porque unos minutos más allí y hubiéramos muerto de intoxicación por el aire que allí se respiraba.

"La Pirámide Roja" de Dahsur con la que Snefru enmendó el error de la romboidal. Mide 100 metros de altura, y su base es sólo superada en tamaño por la Pirámide de Keops

 

Salir de allí me supuso un esfuerzo tremendo, tanto que llegué al coche exhausto, no sólo por el cansancio sino también por el calor y la sed, ya que el agua se nos había terminado. Le hice indicación a Zamunda de que arrancara el coche, pero que fuera despacio para que pudiéramos hacer una buena panorámica de la zona. Las dos pirámides frente a frente miles de años después de su construcción, venciendo la batalla contra el tiempo. Y es que ellas siempre habían estado allí…

Tanto Chema como Carlos se espabilaron algo más durante el trayecto que nos llevó a Memphis (también Menfis), lugar al que se llegaba dando la vuelta por donde habíamos venido. De lo que fue la antigua capital del Antiguo Egipto, tan sólo quedan ruinas dispersas (Templos de Hathor y de Ptah) además de un museo al aire libre en el que hay estatuas de gran calidad, sobre todo una de ellas, la figura tumbada de Ramsés II, quizá una de las mejores obras escultóricas de todos los tiempos.

En la Pirámide Roja de Dahsur subimos Pilar, Ali, el canadiense y yo. Terminamos reventados

A menos de media hora de Dahshur, en sentido contrario, se encuentra el que fue nuestro último lugar a visitar todos juntos. Por ello guardo un buen recuerdo de Memphis. Bajamos del coche a ver rápidamente el museo al aire libre, ya que cerraban en un cuarto de hora. Tiempo suficiente para deleitarnos con el tesoro que allí poseen y que se encuentra dentro de una nave de hormigón realizada para preservarlo de la erosión.

 

Cuando entras por la puerta nunca quedas realmente alucinado con la imagen en piedra del Faraón más longevo y prolífico del Imperio Egipcio, Ramsés II. La estatua es de un tamaño colosal y para verlo bien debes ir rodeándola debido a que está tumbada.

Palmerales en la carretera que unen el Cairo con Saqqara y Dahsur
La perfección de sus rasgos y detalles es realmente sensacional. Se ven perfectamente los músculos, las dobleces del tocado y del faldón, cuidado hasta lo más mínimo. Realmente nos impresionó. Da igual que fuera la segunda vez que yo lo veía. Es otro ejemplo de la belleza del Arte Egipcio que hemos heredado.

 

En el resto del Museo al aire libre hay varias estatuillas, unas de Ramsés el grande también, y otras de animales, aunque la más destacada es la llamada “Esfinge de Alabastro”, de un tamaño bastante menor a la de Gizeh, obviamente. En realidad no hay mucho más. Desgraciadamente no nos ha llegado demasiado de lo que en su día fue una gran ciudad.

Fuimos a una terraza cercana a tomar un refresco pero por estar en un lugar turístico nos querían cobrar mucho más de lo que realmente cuesta, por lo que Zamunda, en un gesto que le honra, nos llevó a otro sitio más alejado en que compramos bebida y alguna chuchería con un precio realmente bueno.

Estatua tumbada de Ramsés II (Menfis)
Y así dio fin nuestra última excursión… En menos de una hora el taxi nos dejó en la puerta del hotel. Antes de despedirnos del mítico Zamunda, le ofrecimos un par de trabajitos más. Como yo tenía que coger un vuelo de madrugada, le pedí que me viniera a recoger a las doce en punto de la noche para llevarme al Aeropuerto Nuevo de El Cairo. Obviamente mis amigos, que tenían que ir a la mañana siguiente al Aeropuerto (en su caso al viejo), le pidieron que estuviera a las diez. Negociamos y nos dejó un buen precio. Entre la excursión de la tarde del día anterior, como la de las pirámides que acabábamos de concluir, y nuestros traslados al Aeropuerto se llevó un buen dinero nuestro. No quiero pensar lo que nos hubiera cobrado un taxista de Madrid por todo eso. Posiblemente se nos hubiera ido del presupuesto de un mes en un par de días.
Cabeza de la Estatua tumbada del Faraón Ramsés II
Zamunda se portó bien estando siempre a nuestra disposición. Lo que no sabía es si el pobre tenía tiempo libre porque siempre estaba dándole al volante…

 

El resto de la tarde me la pasé doblando y metiendo ropa a mi mochila Altus, que tan buen servicio me ha dado en estos años. También aproveché para meterme a internet e informarme de cómo ir del Aeropuerto de Belgrado al centro, o dónde se encontraban las estaciones de tren o bus para poder partir hacia Sarajevo, o simplemente, qué cosas había para visitar en la capital serbia. Por la noche aprovecharía, de todas maneras, para leer concienzudamente la “Western Balkans” de Lonely Planet que había traído Kalipo porque me temía que no iba a tener la oportunidad de dormir demasiado…

Me duché como si fuera la última vez, porque no sabía cuándo iba a poder hacerlo de nuevo.

La Estatua tumbada de Ramsés II es una de las mejores esculturas realizadas a lo largo de la historia. Está cuidado hasta el más mínimo detalle.
Aún no sabía si iba a alojarme en Belgrado o si cogería un autobús o tren nocturnos que me llevaran a Bosnia. Así que había que aprovechar la ducha, por si acaso.

Se me olvidó contar que por la mañana, cuando llegaron los borrachos, ya recuperados de su eterna resaca, apareció una cucaracha en la habitación a la cual le tuvo que matar Alicia. Entre las prisas y demás cosas, ninguno la recogimos para tirarla a la basura o al váter, así que cuando volvimos ahí seguía el asqueroso insecto. Incluso me pareció verla mover una pata. Qué asco, qué cochambre… Esto viene al caso para contar que en un momento en el que estábamos todos subidos a las camas haciendo balance de nuestro viaje juntos y comentando lo que les esperaba a los que volvían a casa y lo que me esperaba a mí en mi nueva ruta, apareció un nuevo ser en la habitación.
Es bastante alta, no sé los metros que medirá, pero de pie debía impresionar al personal
Fue gritar Kalipo ¡Una Rata! y acabamos todos de pie encima de las camas, como si nos fuera a atacar, sin haberla visto si quiera. Al parecer se había paseado por la ropa y se había escondido detrás de una pequeña mesilla. ¿Estás seguro? • le preguntamos. En cuanto asintió hicimos un gesto de esos que tienen el significado claro de… “Qué ascooo”. En ese momento en el que no sólo sentimos sucia la habitación, sino que nos sentimos sucios nosotros mismos estuvimos pensando qué hacer. Kalipo sugirió a quienes volaban al día siguiente a dormir en el mismo Aeropuerto ya que del asco no iba a poder descansar en nuestra habitación. Chema, que le da igual una rata, que una cucaracha, que un protozoo viviente, quiso parar la discusión y se puso a buscar a nuestro huésped.
Simius Canadiensis
Recuerdo que tanto las chicas como yo sacamos el tópico a la luz de: “Si hay una, puede haber cien…”. Suficiente para que Kalipo dijera “Chicos, vámonos al aeropuerto, en serio”. De repente vimos un movimiento en uno de los estantes vacíos de la mesilla por donde se había metido. Por fin la teníamos localizada, pero no se la veía porque el fondo del hueco no había nada de luz. A Chema se le ocurrió hacer una foto con flash, que sin duda daría con la ratilla. En cuanto lo hizo y vimos el resultado en la pantalla LCD se nos quitó el asco tan grande al momento. No era una rata, era un ratoncillo pequeño que tenía más miedo que nosotros. Estaba quietecito y tenía una carita preciosa, asustada, y los ojos abiertos como platos, temiéndose que le hiciéramos daño.
Esfinge de alabastro ubicada en el Museo al aire libre de Menfis (o Memphis), la antigua capital egipcia antes que Tebas.
Tan chiquitín y tan bonito… y nosotros rayados con que era una rata y con que había que dormir en otro sitio. De todas formas, por muy ratoncito Pérez que fuera, es una cerdada que se meta un roedor en una habitación. En ese día había salido también una cucaracha rojita, lo que provocó que dejáramos todo el equipaje encima de las camas. No fuera a ser que se nos metiera un bicho en la mochila. Vaya sorpresa sería sacar uno o dos días después una camiseta con ratilla/cuky incorporada.

 

Nos bajamos a Tahrir Square a buscar un sitio en el que celebrar nuestra “Última Cena” pero entre unas cosas y otras no encontramos un sitio elegante y acabamos en un Restaurante Pizza Hut, no como los de España, sino en plan camareros, carta y demás.

Sentados en la Esfinge de Alabastro (Museo al Aire libre de Menfis)
Allí tuvimos la suerte de encontrarnos a unos “amigos” que conocimos en Dahab. No, no era el tonto de “camiseta, pantalones”. Eran los…holandeses locos! Como si no fuera suficientemente grande El Cairo, con sus dieciséis millones de habitantes, allí estaban, igual de pálidos, pero igual de cachondos. Nos recibieron como si nos conocieran de toda la vida. Nos cogimos una mesa grande y se vinieron con nosotros, a pesar de haber cenado ya. Chema y yo nos pedimos un plato de alitas de pollo con salsa infierno porque nos gusta mucho el picante. Cuando nos lo trajeron y lo probamos nos llevamos la mano a la boca, porque no es que picaran, simplemente provocaban que se te deshiciera la lengua. Yo creo que no he recuperado el sentido del gusto desde entonces.

Nuestra última cena se basó en las dichosas alitas, pizzas y demás pasta de la cual ya estábamos abusando demasiado.

He aquí un conductor de primera. Con todos vosotros..Zamunda
Un mesecito más y colesterol asegurado. En esa época ya echaba de menos más que nunca la comida de mi casa. Claro que me encanta la pasta y todo lo que engorda, pero el propio cuerpo te pide de vez en cuando algo sano. Acabas realmente harto de tanta porquería con grasa suficiente para llenar el muñeco de Michelín. Qué ganas de paella me están entrando ahora, oye…

Durante la comilona estuvimos hablando de un tema bastante interesante. La discusión versó acerca de si cuando uno ha viajado mucho, pero mucho mucho, siente la misma ilusión al ver una ciudad o un monumento que cuando salió al extranjero las primeras veces. A ver, me explico con un ejemplo. A mí Petra me encantó, y mucho, pero quizá me hubiera emocionado muchísimo más hace unos años, cuando apenas había salido de España.

El ratoncito con cara de bueno que nos encontramos en la habitación
Todos, excepto Alicia, opinábamos que al disminuir el factor sorpresa, y al haber visto tantas cosas, los monumentos o ciudades venideras, por muy bellas que sean, no nos van a causar la misma exaltación que cuando fuimos aquella primera vez a los Fiordos noruegos, o a Abu Simbel en mi caso. Puede ser que cuanto más viajas se pierde de alguna manera algo de “sensibilidad”, y nunca se disfruta como cuando eres un neófito en esto de los viajes. Alicia, en cambio, decía que ella no había perdido un ápice de ilusión a la hora de ver cosas. Que se sintió igual de emocionada al ver la Muralla China que las Pirámides o la misma Petra. Yo tengo que reconocer que a lo mejor las cosas no me impresionan tanto tanto como la primera vez, pero es seguro que sigo viviéndolas al máximo. Vamos, que no son iguales las lágrimas de los primeros años que las de ahora.
"La Última cena" en el Pizza Hut con los holadeses locos
Bueno, me equivoco, en uno de los relatos finales veréis como me dio una llorera tonta al tener ante mí la Plaza de San Marco de Venecia. Pensándolo bien, estoy más cerca de lo que piensa Alicia de lo que creía. Y si no, ¿por qué cuándo llego de un viaje estoy deseando preparar otro nuevo? ¿Por qué me paso el año mirando fotos embobado? ¿Por qué hasta la ciudad anodina de Novosibirsk (Siberia) me parece incluso interesante? Vaya discusión más tonta, ahora que lo pienso.

 

Una vez finalizada la cena, caminamos lentamente por la Plaza Tahrir hasta llegar al Canadian Hostel (¿O debía llamarlo Mouse Hostel?) donde continuamos con la charla subidos a las camas, que a saber dónde se había metido el ratoncito en tal ocasión.

Modernidad en Tahrir Square (El Cairo)
Y así fueron cayendo rendidos todos… Pilar, Chema, Kalipo fueron cediendo sus fuerzas al Dios Morfeo. A Alicia no la dejé dormirse, ya que me tenía que hacer compañía hasta la medianoche, cuando había quedado con Zamunda. Los últimos minutos de todos juntos pasaron en silencio, como si se hiciera memoria de todo lo vivido durante veinte días.
Ya está aquí Zamunda • dijo Ali mientras miraba por la ventana, en la que casualmente había una pegatina de la compañía con la que volaría a Belgrado en unas horas (JAT: Yugoslav Airlines). Cuando recogí mis cosas miré a mis amigos a quienes no quise despertar y me dirigí con Alicia a la puerta. Ésta me dijo que esperara, que no podía marcharme si despedirme de Kalipo. Le zarandeó un poco y como un niño pequeño rabió estirando los brazos para que le dejara en paz.
Con la que sería a partir de ese momento mi nueva Biblia. La Western Balkans de Lonely Planet me ayudó muchísimo durante los 10 días en la Antigua Yugoslavia
Después de repetirlo durante unos segundos abrió los ojos y me preguntó: ¿Ya son las doce? ¿Te vas ya? Asentí y nos despedimos deseándonos suerte el uno al otro. Carlos es un tío divertido, simpático, inteligente, con un sentido del humor muy parecido al mío y con el que me encanta hablar y, sobre todo, viajar. Le tengo mucho cariño y le deseo todo lo mejor en la vida. Creo que tiene mucha suerte de tener a una chica como Alicia a su lado. Espero que sigan juntos siempre. Serán mi parejita favorita.

 

Chema y Pili estaban durmiendo como troncos y me resultó embarazoso el tenerles que despertar, por lo que les hice un gesto de adiós con la mano, como si me estuvieran viendo en ese momento.

Adiós, amigos adiós..Me voy a Belgrado!
De ellos dos qué voy a decir… Chema fue mi mejor amigo durante a infancia y aunque a veces me saca de mis casillas, le quiero un montón. Me conoce muy bien, con sólo mirarme ya sabe lo que estoy pensando. Yo a él también. Son muchos años haciendo gamberradas juntos. Nos conocimos haciendo un potingue asqueroso de esos a los que de pequeño llamábamos “experimentos”. Consistía en mezclar cualquier guarrería de la calle o de casa en un recipiente e inventarse que servía para algo. Incluso recuerdo que nos pasamos un día entero haciendo una “máquina voladora” con el carrito de un bebé. Obviamente no funcionó. De pequeños a mi padre le gustaba llevarnos a castillos y museos, y a mí me apareció esa afición que aún tengo por la Historia, la Arqueología y las Antigüedades. Durante un tiempo a él le contagié ese hobbie y prometimos que alguna vez iríamos juntos a Egipto a ver las Pirámides.
Mapa con el recorrido hecho por los cinco hasta nuestra definitiva separación en la ciudad de El Cairo
Y por fin, sin darnos cuenta, habíamos cumplido nuestra promesa. Quizás el tiempo y nuestras diferencias en nuestra forma de ser nos separaron un poco y no estemos tan unidos como antes, pero él sabe que siempre...siempre me va a tener cuando me necesite.

Desde hace unos años está con su novia Pilar, la otra bella durmiente en la sucia cama del Canadian Hostel. Con ella he compartido últimamente muchísimos buenos momentos, no sólo en este viaje, sino también en el Transiberiano. Somos muy distintos y a menudo discutimos por chorradas, pero ella bien sabe que cuando no ha pasado un buen momento y me he enterado, he tratado de insuflarle ánimos y de ofrecerle mi ayuda cuando lo necesite. Es una chica que ha conseguido hacerse amiga de toda la gente del barrio, y con lo cerrada que es la gente a veces en Diamante (el nombre de la urbanización donde vivo), lo habrá conseguido por algo. Es un verdadero placer pertenecer a ese grupo de amigos, y espero que por mucho tiempo.

 

Me bajé a la puerta del hotel con Alicia, donde Zamunda me esperaba señalando al reloj como si hubiera llegado tarde. Traaaanqui, que sólo han pasado cinco minutos de las doce • le dije en un inglés más carabanchelero que británico. Metí mi mochila grande en el maletero y abrí la puerta del acompañante del conductor. Antes de marcharme definitivamente le di un abrazo a la pequeñaza abulense. Me deseó lo mejor y me pidió que le escribiera un sms cuando llegara a Belgrado. Me dio muchísima pena despedirme de ella porque sabía las ganas que tenía de venirse a Los Balcanes con Kalipo y conmigo a pasar los últimos diez días de un mes movidito pero fantástico. Pero el destino no quiso que así fuera y había que asumirlo. No sé si Ali estará leyendo esto (si es así qué mérito tienes por aguantar este tostón que he escrito) pero si lo hiciera la diría que es una de las mejores personas que he conocido en mi vida y que me alegro muchísimo de que esté con mi amigo Carlos. Le pediría que siguiera siendo para siempre  tan alegre y tan buena gente. Alicia es una chica que conocí hace poco más de un año (Durante el Transiberiano del 2005) y que creo que debería haberla conocido muchísimo antes.

Esos son mis amigos con los que compartí veinte días de este mes de julio de 2006 en que tan bien me sentí y tan bien me lo pasé. Siempre les agradeceré el haberles conocido. Hemos vivido cosas maravillosas juntos, y eso nunca se olvida • pensé cerrando la puerta del taxi y mientras le decía adiós a Alicia en particular y a todos en general.

 

Zamunda, nuestro taxista preferido, arrancó el coche dirigiéndose por las ajetreadas calles cairotas al aeropuerto, desde el cual mi avión saldría en unas tres horas. Era un hombre de pocas palabras, pero se soltó algo más cuando le pregunté que cuándo descansaba. Su contestación fue determinante: NEVER (nunca). Había estado todo el día a nuestro servicio, después por la noche me llevó a mí al aeropuerto, y al día siguiente por la mañana haría lo propio con los otros cuatro. Era el Terminator de los taxistas, aunque no como el del divertidísimo sketch de la Hora Chanante titulado The Pesetor (El Tasista).


Me dejó en la Terminal de Salidas del Aeropuerto y le pagué lo que habíamos acordado con una propina extra. Sacamos mi mochila, la cual cargué a la espalda y me dirigí a facturar mi equipaje. Como era pronto, tuve que esperar casi una hora a hacerlo, a que se abriera un stand para los clientes de JAT Airlines. Aproveché para comenzar mi lectura del Western Balkans para irme empapando de la Historia de la Antigua Yugoslavia en general, y de lo que había que ver en Belgrado en general. No pasó mucho tiempo cuando apareció una horda  de serbios, altísimos tanto ellos como ellas. Se quedaron bastante alucinados cuando vieron mi pasaporte español. Para ellos era raro que un no yugoslavo cogiera un vuelo de madrugada El Cairo-Belgrado. Pasé mi mochila por la cinta y me dirigí a la puerta de embarque donde hice cuanto pude para no quedarme dormido en los asientos. Se me cerraban los ojos solos… Para ver si me despertaba llamé a mi amigo Pablo, quien estaba de vacaciones en uno de mis lugares preferidos, el Hotel Pinar, cercano a Sanxenxo (Pontevedra)  donde yo había pasado seis o siete veranos con familia y amigos. Al contarle que estaba solo en el aeropuerto esperando un avión que me llevara a El Cairo me dijo lo que muchos: Estás loco tío. Estás de la olla… Hablamos unos minutos y me pasó a algún loco amigo mío como Rodri. Estaban dando una vuelta por el bosque. Precisamente es una de las cosas con las que más he disfrutado en mis vacaciones gallegas. Por un momento quise estar allí con ellos, pero pronto asumí que estaba solo en un país extranjero esperando un vuelo que me llevara a otro país extranjero. Bueno, pensándolo bien no estaba del todo solo. En mi cabeza y corazón estaba siempre presente mi madre, que es la persona que más quiero en este mundo, a la que echaba de menos muchísimo. Por supuesto también estaban conmigo mi padre, mi hermanita Susana, los amigos que dormían plácidamente en el Canadian Hostel, incluso algunos de mis amigos madrileños que más cariño tengo como por ejemplo Julián, Mally, Pablo, Miguelillo, Iván, Chechu, Víctor, o incluso la Triz… No voy a nombrar a todos porque este relato sería aún más largo en infumable que el que estáis leyendo (que no es poco). En resumen, a pesar de estar yo solo, no me sentía solo…

 

Durante mi larga espera no pude evitar dar algunas cabezadas que se me pasaban cuando el cuello amenazaba con romperse. Yo, con lo dormilón que soy, que a las diez de la noche ya estoy bostezando…con el día que había pasado, y con lo que me quedaba por pasar.

Afortunadamente no hubo incómodos retrasos y el avión salió a su hora. Por fin comenzaría mi aventura en solitario. Cuánto miedo, cuánta expectación, cuánta ilusión…

 

El avión despegó a las tres y media de la madrugada del día 20 de julio de 2006. Ese fue el preámbulo de diez días de mi vida que no olvidaré jamás.

Nota para los próximos relatos: Aquí finaliza la historia de los 20 días que pasé con mis amigos en Oriente Medio. A partir de ahora, para contar mi aventura en Los Balcanes y en el norte de Italia he intentado utilizar otro formato de escritura, mucho más reducido y concreto en la medida de lo posible. Otra cosa es que me temo que no lo he conseguido. Me centrado más en contar lo que vi, en dar mi opinión y en mostraros todas las fotos. Lo hago, en parte para aligeraros el tormento de seguir leyendo tanto texto, y sobre todo porque se notaba que estaba solo. De todas formas espero no decepcionar a nadie, y aunque algo más reducidas, las crónicas os servirán para entender lo que me parecieron los interesantísimos países de la ex-Yugoslavia, además de la mítica Venecia y la cosmopolita Milán. Como veréis, no me arrepiento de haber cogido ese avión a Belgrado. Fue una de las cosas de las que más me siento orgulloso. Muchas gracias a todos los que hayáis leído hasta aquí, y espero que disfrutéis quienes continuéis leyendo la parte de LOS BALCANES.

José Miguel Redondo. SELE
El Rincón de Sele

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Simius Canadiensis
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Esfinge de alabastro ubicada en el…
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Sentados en la Esfinge de Alabastr…
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He aquí un conductor de primera. …
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El ratoncito con cara de bueno que…
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La Última cena en el Pizza Hut …
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Modernidad en Tahrir Square (El Ca…
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Con la que sería a partir de ese …
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Adiós, amigos adiós..Me voy a Be…
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Mapa con el recorrido hecho por lo…
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Cairo
photo by: vulindlela