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El Cairo: Ciudad del Caos

Cairo Travel Blog

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Con un friki en Tahrir Square

Cuando en el reloj rozaban las manecillas las siete de la mañana nuestro autobús se detuvo en la Estación Central de El Cairo. Para la hora que era hacía un calor insufrible, muy propio de Egipto, y más en estas fechas veraniegas. Uno de los extranjeros que vino desde Dahab en nuestro bus nos dijo que él tenía alojamiento en un Hostel barato en Tahrir Square, donde se ubica el impresionante Museo de El Cairo. El chico ya había estado allí una semana antes y durante un par de días antes de irse a Darfur, región del oeste sudanés golpeada por una limpieza étnica en toda regla. Creo que era norteamericano y fue muy simpático con nosotros, dejándonos ir con él en los taxis, y a un buen precio (poco más de un euro por cada uno que cogimos). Aquí los taxis son peugeots de color negro del año de Mari Castaña. Como en los otros países en que estuvimos, no llevan taxímetro, y se negocia regateando de antemano el precio del trayecto.

En la cama del Canadian Hostel
Así que, ya sabéis los que vayáis, esto es como todo, armaros de paciencia y veréis que bien os va.

 

En pocos minutos se detuvieron los taxis justo a la puerta de un viejo y desconchado edificio (como todos los de la ciudad) en cuya primera planta había un cartel rojo en que se leía: CANADIAN HOSTEL. Subimos con el chico americano y preguntamos precios y disponibilidad. A pesar de ser una época propensa al “Todo completo” hubo suerte y conseguimos una habitación con cinco camas por seis euros al día cada uno. Y en El Cairo estaríamos un mínimo de dos días, por lo que nos pareció perfecto, aunque el cuarto donde nos alojamos no estaba lo más limpio del mundo precisamente.

 

Como nos tenían que preparar la habitación, debido a que quienes durmieron allí se acababan de marchar, aprovechamos para bajar a desayunar y acercarnos a una de las muchas agencias donde se vendían tanto excursiones como billetes de avión, tren o autobús.

5 figuras en el Canadian Hostel
Éstos me dijeron que llevara la guía y así planificaríamos más o menos el día. Me la he dejado en el autobús esta mañana – dije algo avergonzado por mi nuevo despiste. Pero bueno, no os preocupéis, conozco perfectamente esta ciudad de cuando estuve en 2002 y sé perfectamente lo que vamos a ver, tanto hoy como mañana – dije casi al momento. Pero es que así era. Tenía un plan en la cabeza para llevarles a los sitios más importantes durante el tiempo que estuviéramos allí. No sabíamos si dos, tres o cuatro días. Todo dependía de los vuelos que hubiera disponibles.

Ya en la calle, que como he comentado antes daba salida a la Plaza Tahrir, nos dimos cuenta de que estábamos en una de las ciudades más masificadas y contaminadas del mundo. Los kilométricos atascos de automóviles que no pasarían la ITV en un 99% obsequian al visitante con un olor a humo y a polución bastante desagradable.

Harto de esperar que nos gestionen los billetes de avión...
Los oscuros y sucios edificios están armados con cientos de cúbicos aparatos de aire acondicionado que despiden agua hacia los viandantes. A nosotros nos cayeron algunas gotitas en la cabeza, hombros o espalda. El Cairo es la ciudad más grande y poblada tanto de África como de Oriente Próximo (16 millones de habitantes en su zona metropolitana). Entre las escasas precipitaciones y el elevado parque automovilístico no renovado, la nube gris de humo que a veces vemos en Madrid se queda en nada comparándola con la que ahí aquí. Normalmente al despertarte no ves un cielo azul, sino plomizo, y no precisamente por las nubes. Eso y el tráfico hacen de El Cairo una ciudad absolutamente caótica, mucho más que Damasco o Ammán. Pero hay que decir en su defensa, que cuenta con algunos de los mejores tesoros provenientes de la época faraónica. Y eso, es muy difícil de superar…

 

Estuvimos un rato esperando en frente de una de las agencias, que abría a las ocho de la mañana.

Ay Pilar que te quedas sopa en cualquier parte...
Apenas quedaban unos minutos escasos de conocer si estábamos ante un final prematuro de nuestro viaje, o si albergábamos esperanzas de continuar juntos más tiempo. Una vez abierta la agencia nos atendió un empleado que buscó todos los vuelos posibles desde El Cairo a Estambul, Madrid, Belgrado, Sofía e incluso Atenas. Después de mirar varios días supimos por fin los horarios y precios donde nos teníamos que mover. Todos los vuelos rondaban los 250 euros, aproximadamente. A mí me sorprendió que el de Belgrado no llegara ni siquiera a eso y le pedí a Kalipo y Alicia que se decidieran de una vez. Chema y Pili tenían claro que el viernes 20 de julio (dos días después) se volvían a Madrid y se quedaron en la agencia gestionando sus billetes. Subimos a la habitación a hablar los 3, tiempo que aproveché para llamar a Julián, quien me dijo que a pesar de haberlo intentado todo, sus padres no le dejaban ir a Los Balcanes.
En el Museo de El Cairo
La pelota, entonces, quedó en el tejado de Alicia y Carlos, quienes discutieron si debían coger ese avión a Belgrado o volverse a Madrid. Ali lo tuvo claro, no tenía el dinero suficiente y pasaba de pedir a sus padres más. Carlos, a quien le dije que le prestaría lo que necesitara, trató de convencer a su novia de que sí se podía. Pero no hubo acuerdo alguno. Ella compraría un billete con destino al Aeropuerto de Barajas, y a Kalipo le dijo que hiciera lo que quisiera. Eso de decir a alguien. “Haz lo que quieras” tiene un significado muy claro en el caso de las mujeres: No lo hagas o ya verás… Finalmente Carlos se vio obligado a volverse a Madrid diez días antes de que saliera su avión procedente de Milan Malpensa. Otro vuelo perdido – se dijo a sí mismo.
Máscara de oro de Tutankhamon (Museo de El Cairo). Foto obtenida de internet.
Acostumbrado él, además, a los viajes de un mes entero, haber estado 20 días se le hizo muy corto. Él deseaba tanto como yo continuar por los Balcanes y conocer ciudades como Belgrado o Sarajevo. Pero si no se puede, no se puede.

 

Yo tenía que decidir si me volvía con ellos en dos días o si por el contrario continuaba mi travesía en solitario, cosa que no había hecho nunca. 10 días solo, sin tener concertado de antemano ningún transporte o alojamiento en países de los cuales no tenía tanta información como de los ya vistos en Oriente Medio, podía ser algo complejo. No sabía si estaba capacitado para moverme solo por esos lugares. Pero por otro lado siempre pensé que podía ser una buenísima experiencia y una gran prueba de fuego para mí. Así estuve un rato, analizando pros y contras de continuar el viaje.

El Faraón Akhenatón en una de las estatuas que hay en la Sala dedicada a él en el Museo de El Cairo. Foto obtenida de internet.
En la balanza había más factores positivos que negativos, aunque estos últimos no eran pocos precisamente. Tenía que pensar que yendo solo me iba a dejar bastante dinero, que podía pasarme algo allí y no tener cerca a ninguno de mis colegas, y sobre todo, lo que más me preocupaba era que mi madre lo iba a pasar muy mal. Pero al final pesaron más mis ganas de seguir adelante. Tenía diez días para hacerme un recorrido desde Belgrado a Milán. Podía ser interesante, ¿no?. Así que llamé a mi madre y le avisé de lo que iba a hacer, procurando tranquilizarla lo máximo posible y pidiéndola que confiara en mí. Todo iba a salir bien. El viaje aún no había terminado para mí y en dos días comenzaría una nueva aventura. Vamos a por esos billetes- dije dirigiéndome hacia la puerta. Cuando bajamos nos encontramos a Chema y Pilar quienes no habían podido comprar los suyos porque en esa agencia no admitían el pago con tarjeta de crédito, cosa que nos extrañó.
Al fondo la Mezquita de Mohamed Ali
Al final fuimos a preguntar y a contrastar precios en otras agencias, que por cierto, son algo cutres. En una de ellas nos tuvieron esperando a que llegara uno de los encargados más de veinte minutos (nunca lo hizo). Caía agua al suelo de uno de los aparatos de aire acondicionado y el chico que estaba allí tenía la música a todo volumen. En las paredes posters con mapas del mundo bastante anticuados. Tanto que aún aparecían las dos Alemanias, la URSS o la antigua Yugoslavia. Nos hartamos de esperar y marchamos a otra donde nos dieron mejores precios, aceptando el pago por tarjeta de crédito. Aquí la lentitud fue la protagonista, ya que tardaron en gestionarnos los billetes, sin exagerar, casi las tres horas que estuvimos allí sentados. Incluso Pili se quedó completamente dormida con la cara casi apoyada en la pared. Vaya suplicio, con la de cosas que teníamos que ver y hacer ese día en El Cairo…
Nos decían una y otra vez que en cinco minutos nos traían los billetes por mensajero, pero nunca se cumplía.
En el Taxi con Zamunda
Después de mucho esperar llegaron los de Madrid, pero el mío de Belgrado (que me costó 239 euros) no, por lo que  nos fuimos a comer algo al Kentucky Fried Chicken, que creo que ahora se llama tan solo KFC. Chema y yo nos pusimos las botas, al contrario que Ali, que cuando le vimos con la bandeja con comida parecía que le habían dado la ración diaria de de un Campo de Concentración nazi.

 

Cuando volvimos a la Agencia tenían listo mi billete a Belgrado, que saldría el día 20 de julio a las tres y media de la madrugada. Ya estaba claro que nuestra despedida sería al día siguiente por la noche cuando me cogiera un taxi al Aeropuerto Nuevo de El Cairo.  Qué pronto se había pasado todo.

Mezquita de Mohamed Ali (El Cairo)
Tanto tiempo preparando el viaje y cuando estás disfrutándolo se va volando. Pero bueno, aún teníamos dos días juntos y había que aprovecharlo. Lo primero que haríamos es ir a lo más cercano, al Museo de El Cairo, a escasos cien metros de donde estábamos, aunque para llegar había que cruzar por las atestadas calles sin semáforos y con malhumorados conductores que parecen llevar las manos pegadas al claxon. Para acceder a la puerta del recinto tuvimos que pasar varios controles de seguridad. Para que os hagáis una idea no se puede dejar el coche alrededor, y la entrada es una calle sólo peatonal. Hay un gran número de policías armados puestos en garitas acondicionadas en plena calle. Con la de atentados que han sufrido a lo largo de las últimas décadas no tienen más remedio que aumentar el número de efectivos. El terrorismo hace mucho daño al turismo, y por tanto, a la economía de un país que vive en gran parte de él.
Mezquita del Sultán Hasán (El Cairo)

 

El edificio que alberga el Museo de El Cairo fue construido en 1902 en un estilo neoclásico. Hoy en día exhibe en sus instalaciones más de 120000 piezas de diferentes épocas del Antiguo Egipto. Dos plantas que guardan la mayor y mejor colección del Imperio faraónico, a pesar de existir hoy en día otros museos que le hacen la competencia, como el de Berlín, que alberga la famosísima cabeza de Nefertiti. Asimismo tanto El Louvre como el British Museum tienen una amplísima colección egipcia producto de los saqueos desmesurados y vergonzantes que llevaron a cabo en los dos últimos siglos. Y si no que se lo digan a los griegos, que ven como el friso del Partenón continúa en tierras inglesas.

 

Para entrar al recinto tuvimos que pasar varios controles de metales, además de dejar las cámaras en consigna.

Mezquita en El Cairo
En el jardín del exterior, que contiene algunas esculturas que no tenían cabida en el interior del edificio, nos sacamos unas cuantas fotos, sobre todo en las pequeñas esfinges. Había un gran número de turistas y, a diferencia de los otros lugares en que habíamos estado durante casi tres semanas, los españoles eran casi mayoría. Egipto es uno de los destinos preferidos y soñados por todo el mundo, y en España, cada vez más viajera, tampoco se ha pasado por alto este hecho.

Cruzamos la puerta fuertemente vigilada y nos dimos cuenta de la magnitud del lugar en que había almacenados un gran número de objetos valiosísimos. El orden de la visita (si quieres ir viendo cronológicamente todas las épocas) es el de las agujas del reloj. Fue así como nosotros comenzamos nuestra ruta por el inmenso museo. Si queréis seguirnos, podéis hacer una visita virtual al Museo con imágenes 360º de las zonas más destacadas.

La Ciudad de los Muertos
Para acceder haced clic en el siguiente enlace: http://www.egiptoaldescubierto.com/?dest=/museos/elcairo/elcairo.html

 

La primera zona que vimos fue la relativa al Período Predinástico (Neolítico-2050 aC) con vasijas, esculturas y otros objetos realizados antes de la unificación del Bajo y Alto Egipto. Una de las piezas más representativas es la Paleta de Narmer.

 

Después pasamos a ver las figuras del Período Antiguo (2700 aC – 2035 aC), época en la que se construyeron grandes Pirámides como las de Keops, Kefrén o Micerinos, a las cuales iríamos al día siguiente.

Fumando Narguile junto a una lápida
Allí nos quedamos deslumbrados con la gran cantidad de estatuas que tantas veces habíamos visto en los libros de Arte o Historia. Quién no ha visto alguna vez la figura de El Escriba Sentado, o la conocida como El Alcalde, que son algunos de los tesoros que pudimos ver en esta parte del museo.  También destacan la Triada de Micerinos, las estatuas de Rahotep y su mujer Nofret, la Escultura en diorita del Faraón Kefrén o la pequeñísima figura de Keops de apenas 7 centímetros y medio, que fue lo único que queda del Faraón de la Gran Pirámide.
Vivienda y tumba de la Ciudad de los Muertos
 

 

La siguiente etapa en nuestro recorrido fue por la parte correspondiente al Reino Medio y períodos intermedios  donde vimos ya bastantes sarcófagos y relieves arrancados de templos y tumbas. Ésta fue la antesala de lo que más nos gustó a todos, los objetos procedentes del Imperio Nuevo, que ocupaban muchos metros tanto de la Planta Baja como de la Primera Planta.

 

El Imperio Nuevo fue el período más esplendoroso del Egipto faraónico y las Dinastías XVIII, XIX y XX fueron las más prolíficas en lo que a conquistas, construcciones o arte se refiere.

Niños de la Ciudad de los Muertos
Y en las muchas salas que recogen los objetos de esta época se encuentran lo que para mí es lo mejor de todo el Museo:

 

Comenzamos por la sala dedicada al Faraón más extravagante y extraño que jamás existió, y quizá uno de los más importantes, Akhenatón. Fue el primer rey monoteísta de la historia ya que durante su gobierno se eliminó todo culto a cualquier Dios que no fuera Atón, el Disco Solar. Nombró capital de Egipto a la ciudad de Ajetatón (Actualmente Tell-el-Amarna), creada para él y su corte, dejando prácticamente en el ostracismo a Tebas, que hasta el momento había sido el centro del Imperio.

En Jan el Jalili (El Cairo), el Mercado ganador al Premio Insalubre
Estuvo casado con la bella Nefertiti, que tuvo un gran peso político, incluso mayor que el del marido.

Akhenatón siempre ha sido el monarca egipcio que más me ha llamado la atención, y más después de leer la novela de Pauline Gedge “El Faraón”, en el que se destacan las extravagancias y rarezas de su peculiar reinado. Sus  estatuas y dibujos, en los que se muestra una gran cabeza y mucha tripa, además de una gran fealdad, se esconden totalmente de la idealización tan sobrellevada en sus predecesores.

 

Pero si hay algo realmente famoso e impresionante en el Museo de El Cairo es el enorme espacio dedicado al Tesoro de Tutankhamón, compuesto por la multitud de objetos encontrados por Howard Carter en 1922 cuando descubrió su Tumba, designada como la mejor conservada y más intacta jamás encontrada.

Escena típica del Bazar Jan el Jalili (El Cairo)

Lo que durante miles de años estuvo enterrado en un pequeño espacio, hoy ocupa varias salas, y bien vale la pena recorrerlas, como así hicimos nosotros. Yo recordaba perfectamente lo que sentí cuando fui allí cuatro años antes, y no me extrañé en absoluto cuando vi las caras de impresión de mis amigos. Parece mentira que uno de los Faraones menos importantes de la historia egipcia pueda haber tenido un enterramiento rodeado de tantísimos tesoros. Cómo serían entonces las tumbas de Ramsés II o Tutmosis III, quienes forjaron un Egipto aún más grande. La particularidad que tenía la Tumba de Tutankhamon, una de las menos vistosas del Valle de los Reyes (Tebas), es que estaba totalmente intacta, al contrario que las demás, que habían sufrido de saqueos a lo largo de su historia.
Caminando por el Bazar Jan el Jalili

Es impresionante ver las cajas de oro en las que se guardó el Sepulcro del Faraón, en cuya parte superior estaba cubierto por la célebre máscara de oro, uno de los símbolos más reconocibles del Arte Egipcio. Cientos de joyas, de anillos, de figuras, sus carros de combate, su trono, sus juegos y así más y más objetos de un valor realmente incalculable, que copan un sinfín de mesas y estantes acristalados observados por miles de ojos diariamente.

 

El Museo de El Cairo es para estar todo el día contemplándolo atontado, disfrutando de la historia y arte egipcios. Nosotros tampoco tuvimos demasiado tiempo por lo que nos dimos más prisa para recorrer otras estancias como la del Período Tardío.

Comercio de legumbres y especias del Bazar Jan el Jalili

Una de las salas que recomiendo ver por encima de todo es la de las Momias, en que se pueden ver los cuerpos de algunos Faraones y Reinas, destacando entre todas la de Ramsés II. Pero no pudimos entrar porque no aceptaban euros, y no llevábamos ni una mísera libra egipcia. Fue una lástima, sobre todo para mis amigos, ya que yo tuve la suerte de ver cuatro años antes la sala con los cuerpos embalsamados de quienes en su día fueron considerados como Dioses. Lo reconozco de nuevo, soy algo morboso y macabrillo, no lo puedo evitar.

Estuvimos un tiempo más paseando por las dependencias del Museo, más parecido a un almacén lleno de tesoros, que a un lugar sumamente organizado como estábamos acostumbrados a ver en otros países. Pero eso forma parte del exotismo de Egipto. Si no, qué gracia tendría. 

 

Con la hora que era (cinco y media) poco nos iba a dar tiempo a ver la Ciudadela (con la Mezquita de Mohammed Ali, construida en alabastro) o la preciosa Mezquita-Madrasa del Sultán Hasán, pero no renunciamos aunque sea a echarlas un vistazo por fuera.

Murciélago en uno de los comercios de Jan el Jalili
Y quien sabe si con suerte seguían abiertas. Así que salimos de la zona del Museo y nos alejamos un poco para contratar a un taxista para un par de horas. Nos salieron un par de señores que nos pedían mucho dinero, hasta que aparecieron dos personas que negociaron trayecto con nosotros y que con los que llegamos a un acuerdo positivo. El conductor era muy parecido al actor que en la película “El Príncipe de Zamunda” de Eddie Murphy hace de Rey. Si quieres ver la foto de dicho actor pincha aquí, y después compárala con la cara de nuestro amigo el taxista, al que rápido apodamos como Zamunda (que cojeaba como Fraga). Cuando  nos llevó a su peugeot negro versión ranchera nos echamos a reír, ya que parecía un coche fúnebre. Entre el asfixiante calor que hacía a esa hora y el tráfico que nos esperaba nos hicimos con un par de botellas de agua que apenas duraron unos minutos en nuestras manos.
Mujeres con velo en el Bazar Jan el Jalili (El Cairo)
Zamunda no hablaba demasiado, pero tenía cara de buena persona, por lo que nos dio muy buen rollo. Apenas comprendía alguna palabreja en inglés por lo que fue complicado en un primer momento tener una charla con él. Al menos había entendido el itinerario que le habíamos propuesto, que consistía en hacer una visita a la Mezquita de Mohamed Alí, después a la del Sultán Hasán, dar un paseo por el Bazar Khan el-Khalili (también llamado Jan el Jalili, nombre que utilizaré posteriormente para ahorrarme complicaciones) y por último ir con el coche al tétrico y peligroso Barrio cairota conocido como “La Ciudad de Los Muertos”. Obviamente acordamos con él también la vuelta al Canadian Hostel. No sé si superamos los tres euros por persona. Lo más probable es que ni siquiera pagáramos eso. En Egipto compensa contratar rutas y excursiones a los taxistas, que por muy poco dinero te llevan donde quieras.
Toxicidad en la ciudad

 

Ojalá fuera igual de fácil eso de no chuparse el atasco, porque con el calor infernal que teníamos, fue muy duro estar tanto tiempo metidos en el coche moviéndonos tan despacio y soportando los pitidos de los también angustiados conductores. Cuando llegamos a la entrada de la Ciudadela, a escasos cien metros de la Mezquita de alabastro, una de las más bonitas del mundo musulmán, nos dijeron los guardias que no podíamos pasar porque se cerraba en diez minutos. A pesar de que tratamos de convencerles para poder subir en un momentito, no nos lo permitieron, así que tuvimos que conformarnos con verla sólo externamente. No estábamos teniendo suerte en absoluto con los monumentos de la ciudad, y menos que tendríamos después, ya que tampoco pudimos ver por dentro la impresionante Mezquita del Sultán Hasán, aunque sacamos unas fotografías muy buenas desde allí.

Un ejemplo del caos de El Cairo
A mí me quedó el consuelo de haber estado en estos sitios con mi madre hacía unos años, porque si no me hubiera dado una rabia tremenda. Aunque teníamos que asumir que estábamos en El Cairo de paso. Hay que estar mucho tiempo en Egipto para ver mínimamente todas sus maravillas. No pude hacer más que recomendarles que vinieran a pasar unas vacaciones exclusivamente al país egipcio. Al menos al día siguiente visitaríamos algunas de los mejores lugares del Antiguo Egipto en una ruta muy ambiciosa y no realizada por todo el mundo. Pero claro, con el poco tiempo que teníamos no se podía ver ni la Mezquita de Ibn Tulun, ni el Barrio Copto, uno de los más interesantes de El Cairo.

 

Algo decepcionados por los fracasos anteriores le pedimos al taxista que nos llevara a dar una vuelta en el coche por “La Ciudad de los Muertos”.

Típico edificio armado por aparatos de aire acondicionado que chorrean agua y cae a los viandantes
A muchos no les hace gracia y doy fe de que pueden no llevarte allí por ser un barrio muy pobre y peligroso. Pero algunos como Zamunda se venden bien y por ello aceptó en darnos un corto paseo por el Bronx Egipcio. Estas cosas no vistas en otros países, chocantes, impactantes, siempre son interesantes de ver, y más para nosotros, que somos algo morbosillos. Y si se oye la palabra “peligro” ahí está Chema, queriendo desafiar a los elementos en otro alarde de llamar la atención.

Este suburbio de El Cairo está situado, no a las afueras precisamente, sino en pleno centro de la ciudad. No tardamos, por tanto, demasiado tiempo en ir penetrando en una zona cada vez más marginal hasta estar por completo dentro de este gran ejemplo de miseria humana.

 

La Ciudad de los Muertos es un gigantesco cementerio que en su día, tras la ocupación del Sinaí por parte de Israel en la Guerra del Yom Kipur (1973), fue utilizado por miles y miles de desplazados egipcios como vivienda.

Navegando por internet en el hotel
Actualmente varias decenas de miles de personas viven allí y sus hogares están en las mismísimas tumbas. Esta necrópolis llena de “vivientes”  padece una extrema pobreza, una gran insalubridad y un más que peligroso índice de delincuencia. Una visita aquí y te deja impactado un buen rato. Y Nosotros estuvimos sacando fotografías con mucho cuidado desde las ventanillas del taxi que disminuía la velocidad cada vez que se lo pedíamos. En la Ciudad de los Muertos, en las que hay Mausoleos Reales de hace siglos (época de los mamelucos), las mujeres tienden las ropas entre las lápidas, los críos buscan comida entre la basura frente a símbolos mortuorios, las bandas urbanas revolotean donde un día cientos de familias lloraron y rezaron por sus seres queridos. La escena de un par de vecinos fumando narguile apoyados en tumbas donde descansan los cuerpos del pasado nos llamó poderosamente la atención.
Vistas desde el Canadian Hostel. Siempre hay tráfico!
Y el cementerio en tan sumamente grande, que parece irse comiendo poco a poco a la capital egipcia. Personas que no existen en los censos, gente que vive con los muertos, gente que vive con la muerte. El Siglo XXI, que más puedo decir…

 

No estuvo demasiado tiempo paseándonos con el coche  porque se vio que no le hizo gracia alguna estar allí. Para los egipcios esto es un lugar no digno para mostrar al turismo, acostumbrado a grandes templos, a imperiales ruinas o a bellas ciudades. A nosotros nos bastó para hacernos una idea de lo que es el submundo que yace bajo nuestros pies…

 

Zamunda nos llevó después a otro ejemplo de inmundicia e insalubridad, es decir, al Bazar Jan el Jalili, el mayor centro de comercio de Egipto.

Comienza una noche de enchuzamiento para Chema y Kalipo
Para nosotros, que conocíamos el Gran Bazar de Estambul o los sirios de Aleppo y Damasco, Jan el Jalili no despertó en nosotros demasiado entusiasmo. Yo me lo encontré como hace cuatro años, no demasiado vistoso y bastante insalubre. La carne colgada de la pared dándole todo el sol y con las moscas alrededor, gran suciedad en el suelo, cantidad de personas que hacen lo que sea para llevarte a sus establecimientos… Vamos, toxicidad en estado puro. Hasta me permití el lujo de hacerle una foto a un murciélago disecado y colgado a la entrada de una tienda, que haría las delicias de cualquier película gore o de terror sádico. De todas maneras no todo tan malo porque puedes disfrutar paseando por calles rodeadas de edificios con más de cinco siglos de antigüedad o encontrándote escenas costumbristas como la de los carros tirados por bueyes, que parece pertenecer a épocas pasadas y no vividas por nosotros.
La cara más chuza de todos los tiempoooos..
Todo, si quieres, tiene su lado encantador. Pero es que Jan el Jalili está tan sucio, huele tan mal y hay tantísima gente que para nosotros no supuso un sitio demasiado especial.

De esa forma fue pasando la tarde hasta que el gran Zamunda nos devolvió al

Canadian Hostel. Como nos cayó muy bien le propusimos que nos llevara al día

siguiente temprano a ver las Pirámides de Gizeh, el complejo funerario de Saqqara, las

enigmáticas pirámides de Dahshur y la antigua Memphis. Regateamos hasta la

saciedad para conseguir un buen precio y así fue finalmente.

Haciendo amigos..
Por seis o siete euros por

persona tendríamos “un chofer” a nuestra disposición durante todo el día. Y

encima Rey de Zamunda, ¿qué más se puede pedir? Por tanto quedamos con él a la siete de la mañana. Más vale madrugar para evitar la multitud de turistas y el asfixiante calor, al menos en su máximo esplendor. Siempre va a haber gente y siempre va a hacer calor.

Estamos en Egipto, y esto es así.

 

En el hotel estuvimos cada uno a nuestra bola. Yo me pegué una buena ducha y llevé ropa a la lavandería para así tener suficiente para todo el tiempo que me quedaba de viaje. También estuve durante un buen rato conectado a internet charlando por el Messenger con mis colegas de San Sebastián de los Reyes, Manu y Manolo, un par de cracks de cuidado. Después me bajé a dar una vuelta solo para pensar un poco. De vez en cuando viene bien un poco de intimidad después de estar con gente 24 horas al día durante semanas. Y más siendo parejitas, a las que no quiero ser, en ningún caso, una molestia o un impedimento para llevar a cabo sus actos amatorios. Eso siempre lo respeté mucho y creo que no tienen queja de mí al respecto.

 

Así que estuve paseando por algunas de las calles y avenidas cairotas cercanas al Hostel, y que parecían un hormiguero de la cantidad de movimiento que había. Esta ciudad no descansa nunca, y los claxon no le dan al espacio al silencio ni un segundo al día. Me tomé un zumo de naranja y me mezclé con la gente pensativo, por una parte triste porque el viaje con amigos se terminaba, pero por otra parte alegre por la expectación que despertó en mí la aventura en solitario que estaba a punto de dar comienzo.

 

Apenas cené una pizza fría del local abierto 24 horas situado justo debajo del Canadian Hostel y me subí a dormir. Estaba realmente cansado ya que no dormí bien en el autobús la noche anterior y El Cairo es una ciudad que literalmente “agota” por su caos. Desafortunadamente Chema y Kalipo no tenían demasiadas ganas de descansar, y con unas copichuelas en las manos, estuvieron un buen rato en plan bromista. Y más cuando resulta que se me cayó algo debajo de la cama donde estaba Alicia acostada por lo que fui a recogerlo (en calzoncillos). Cuando me apoyé en ella para levantarme, abrió Chema la puerta y me sacó una foto en plan paparazzi que le mostró de cachondeo a Carlos, quienes estuvieron de broma diciendo que había hecho cosas malas con la pobre Ali. Una vez fuera hicieron amistad con unos cuantos guiris, y antes de quedarme completamente dormido les escuché jugar al fútbol en el pasillo y decir muchísimas tonterías. ¡Qué malo es el alcohol!

 

Aproveché la cama al máximo porque pasarían 3 días hasta que volviera a dormir en una…

 

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Cairo
photo by: vulindlela