Descubriendo mil rincones de Siria (Primer dia con el conductor)

Krak des Chevaliers Travel Blog

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Las ruinas de Ebla se nos cayeron con todo el equipo..

Eran las ocho en punto de la mañana cuando el conductor que habíamos contratado desde Madrid se presentó en el Hotel tal y como habíamos acordado por e-mail. Su cara sonriente y con bigote asomó por la escalera mientras nosotros bajábamos las pesadas maletas y mochilas. Yasser, que así se llamaba, nos dio una primera buena impresión. Era un tipo alto, bien vestido y con barriga de nueve meses de gestación que daba a entender que el hombre no vivía del todo mal. Nos llevó hacia la minivan, sobre la que tanto habíamos hablado sobre si sería cómoda como para llevarnos a los cinco y al equipaje de la forma más holgada posible. Afortunadamente así fue.

Le pasé el programa del recorrido planificadoy repasé con él los principales puntos, aunque ya se lo había pasado el dueño de la agencia que lo contrató.

Restos de Ruweiha, la primera de las Ciudades Muertas que visitamos
La verdad que no hablaba demasiado bien el inglés y me temo que no entendió demasiado lo que le decía. Para el día habíamos decidido ver Las Ciudades Muertas (Jerada, Ruweiha y Serjilla), seguir bajando por la carretera hasta las magníficas ruinas de Apamea, hacer una visita a Hama, la ciudad de las norias, e ir a Sarouj a ver las famosas Casas Colmena. Para dormir, volveríamos a Hama, desde donde saldríamos al día siguiente hacia Crac de los Caballeros, el castillo cruzado mejor conservado. Yasser asintió con un yes, yes, yes, y arrancó la minivan.

Hay que reconocer que le daba bastante tralla al coche porque le gustaba la velocidad y los adelantamientos arriesgados. En Siria el carné por puntos sería un fracaso considerable porque en el primer mes estaría todo el mundo con un saldo negativo.

El grupo con los niños en Jerada, la segunda de las Ciudades Muertas que visitamos.
Les gusta mucho pegarse al culo del que va delante, tocar el claxon sin motivo y hacer adelantamientos por derecha, izquierda o centro, igual les da. Y si hay que cambiar de sentido no esperan precisamente a que se pueda hacer legalmente. Sea en camino, carretera o autopista, cruzan al lado contrario y aquí paz y después gloria. Así cualquiera se queda dormido en el coche. Bueno sí, que iluso, Chema, Kalipo y Alicia. Pilar y yo como siempre teníamos que ver el frontal de algún camión a dos metros nuestros y rezar al Altísimo para que no nos estampáramos contra él.

La carretera de Aleppo a Hama era totalmente recta y no había muchos kilómetros entre una ciudad y otra. Entre medias nos iríamos parando a lo establecido por el programa. Excepto Ebla, que no teníamos pensado verla, y a la que paramos porque pasamos casi por delante.

Chema, Kalipo y yo en Jerada
Y viendo lo que queda de ella, más nos hubiese valido pasar de largo.

Ebla (a 60km de Aleppo) es conocida como una de las ciudades-estado más antiguas de Siria y como el lugar en el que se desenterraron más de 15.000 tablillas cuneiformes de arcilla. Junto a Ugarit era uno de los lugares donde se inventó la escritura, y sus ruinas, como dice la Lonely Planet, podían "fascinar a los arqueólogos e historiadores, pero no a la mayoría de visitantes neófitos" ya que apenas hay dos o tres zanjas excavadas y cubiertas de unos muros hechos recientemente que visualmente estropean un poco la visita. No vale la pena pagar la entrada (150 Libras Sirias, 15 con carné de estudiante). Siria tiene gran cantidad de ruinas que valen mucho más la pena.

Antes de que se me olvide, me gustaría comentar que si vais a Siria alguna vez, debéis haceros con un carné de estudiante oficial, el verde del ISIC.

Al fondo la Ciudad Muerta de Serjilla, quizá la mejor de todas.
La diferencia de precio respecto a si lo lleváis o no es bastante abismal. Yo, aunque no soy estudiante desde hace tres años, me hice con uno. Kalipo y Alicia se lo sacaron también. En cambio Chema llevó uno caducado (que coló la mayor parte de las veces) y su novia Pilar no se hizo. Para entrar a los sitios hacíamos una trama de enseñar 3 carnés primero, y después uno de nosotros salíamos y se lo dábamos a los otros dos que faltaban. Así a todos nos costaría lo mismo y podríamos entrar a lo que quisiéramos sin escatimar por falta de dinero.

Prosigo con el relato. Tras el fiasco de Ebla no tardamos mucho en llegar a la zona conocida como la de "Las Ciudades Muertas". Nos desviamos de la carretera principal Aleppo-Hama y entramos a un camino en el que la tierra que lo rodeaba era yerma y pedregosa, y nos hacía presagiar que más adelante, en medio de la nada, podían erguirse las extintas poblaciones que se diseminaban a lo largo del terreno muchos siglos atrás.

El grupo en Serjilla

Las Ciudades muertas datan de la época bizantina y su misterio radica en por qué fueron abandonadas. En alguna de ellas, como la de Serjilla, parece que sus habitantes se hubieran marchado de un día para el otro. En la zona hay numerosísimos yacimientos, pero nosotros nos centramos en los más destacados, que no eran otros que Ruweiha y Jerada, que están contiguos, además de la gran ciudad de Serjilla, quizá la más extensa y con más edificios de la época.

Nada más llegar a Ruwehiha y Jerada nos bajamos del coche para recorrer a pie los poblados abandonados que cuentan con gran cantidad de casas y alguna que otra iglesia. Esparcidas sobre la colina, vimos algunas casas habitadas. De una salieron dos niñas con velo y un niño que nos siguieron allá donde fuimos.

Una de las viviendas fantasmas de Serjilla
No están acostumbrados a ver mucha gente y les gusta conocer a gente que para ellos viven en lugares totalmente distintos. Te miran con un profundo respeto y con una gran admiración, y les encanta salir en las fotos con los turistas.

Estas ciudades son un tesoro para los arqueólogos e historiadores ya que cuentan incluso con sus propias catedrales. Hay casas con ventanas arqueadas que parecen haber sido de la clase noble de la época. Y todo se ve como si los habitantes hubieran desaparecido por arte de magia y sólo quedaran sus ciudades como recuerdo de un tiempo mejor. Nos hicimos muchas fotos en las ruinas de piedra caliza tanto con niños como sin ellos. Al final tuvimos que ir Carlos y yo a buscar a Yasser que se había quedado esperándonos en la parte de arriba.

Apamea con el "cardo máximo" de 2km de longitud al fondo.
Cuando llegamos y vimos que no estaba tuvimos que dar media vuelta. Algún perro que otro nos saludó ferozmente por lo que la media vuelta la hicimos con más celeridad de lo normal. Afortunadamente encontramos el coche con nuestros amigos dentro. Al subirnos, Kalipo se dio un golpetazo en la cabeza con la puerta bastante considerable. Excepto Pilar, ninguno nos enteramos porque estábamos más pendientes de salir en el video que estaba haciendo Chema con su cámara. Sólo a la noche, repasando el video, nos daríamos cuenta del daño que se tuvo que hacer. Entre sonoras carcajadas, por supuesto, porque el video es para llevarlo a la televisión.
Cardo máximo de Apamea
Se pega un meneo con la puerta y la gente no hace otra cosa que saludar a cámara y posar alegremente con sonrisas Profiden.

Serjilla era más extensa e impresionante que las anteriores. Incluso hay un vigilante paseando por la zona al que hay que pagar 150 libras (10 si eres estudiante). Esta ciudad desierta durante quince siglos posee fachadas de gran calidad perfectamente conservadas. Tiene una casa de baños, una iglesia y numerosas casas con puertas y ventanas delicadamente esculpidas. El páramo sobre el que se yergue sólo parece habitado por las piedras y el viento. Ningún turista más que nosotros...

Pilar fue la primera en ponerse mala, con fuertes dolores de tripa que le hacían mantenerse débil. La pobre lo pasó bastante mal ya que aún quedaba todo el día por delante como para ir deambulando entre ruinas.

El grupo en Apamea
La verdad es que caer enfermo en un viaje no es plato de buen gusto para nadie. Al menos resistió como una jabata y no se perdió nada de lo que vimos.

Después de las Ciudades Muertas nos esperaría Apamea, antigua ciudad romana situada en el fértil Valle del Orontes, a 55 Km. de Hama. Esta ciudad, que en su esplendor llegó a tener más de medio millón de habitantes, es según la Lonely Planet "La versión reducida de Palmira, pero hecha de granito gris". Para los amantes de las ruinas y los lugares históricos supone una visita ineludible, sobre todo para admirar el eje principal rodeado de columnas (cardo), que mide unos dos kilómetros de largo siendo de los más extensos del mundo romano.

Una vez pagamos nos metimos en el largo pasillo de columnas que parecía no tener fin.

Aquí estoy con mi padre en Apamea!!
En los alrededores hay restos de unos antiguos baños y de una villa romana. De repente oímos un ruido de un grupo que iniciaba también su visita a las ruinas y me pareció escuchar una voz familiar. Y tan familiar, como que era mi padre que venía con la gente con la que estaba haciendo un viaje organizado por Siria y Jordania. "Con lo grande que es esto, y nos encontramos aquí..." le dije, dándole un abrazo y alegrándome de verle. Nos estuvimos riendo, porque uno no se encuentra todos los días a su padre en Siria, y nos hicimos muchas fotos para recordar el momento. Iban con un guía algo pesado que sólo le faltó explicarles el apareamiento de las hormigas en primavera. No os imagináis lo que tardaron en recorrer los dos kilómetros que mide el cardo principal. Ellos iban hacia Aleppo y venían de Palmira, por lo que estaban haciendo un recorrido diferente.
Detalle de Apamea

Chema entonces se dio cuenta de que el señor de la entrada no nos había dado las vueltas (que era bastante dinero) y gracias al guía de mi padre se lo pudimos explicar al hombre de los ticket y nos lo devolvió todo íntegramente sin queja alguna. Los sirios son ante todo honrados y no les gusta quedarse con nada ajeno.

Cuando llegamos al bar donde nos esperaba Yasser fumando narguile plácidamente, este se saludó efusivamente con el guía del grupo de mi padre. Casualmente se conocían y habían ido juntos al colegio. En ese momento, ya que el guía sabía español, aprovechamos para intercambiar opiniones entre unos y otros acerca del itinerario previsto. Yasser tenía intención de no ir a Sarouj a ver las casas colmena, ya que estaba muy lejos de Hama, y conocía un sitio con viviendas de ese tipo en el camino que nos llevaría el día siguiente a Palmira.

El grupo con Yasser en una de las norias de Hama
Además nos recomendó un buen hotel en frente del castillo Crac de los caballeros, lo que nos haría ahorrar tiempo para el día siguiente. Vimos válida dicha opción y aceptamos, eso sí, parándonos a comer antes de llegar a Hama, que el hambre apretaba. Nos despedimos de mi padre y de todos los que le acompañaban y nos fuimos a comer a unos kilómetros de la ciudad romana.

Primera trama de Yasser: Nos paró a comer al restaurante de algún conocido y nos pegaron una clavada por el kebab y los mezze (qué hartazgo!) que hizo temblar el fondo común que teníamos. En ese momento nos decidimos a elegir siempre el lugar donde comeríamos para evitar cualquier lío. Es normal que te lleven a "sus sitios" porque siempre se llevan alguna comisión. Y el bonachón de Yasser siempre tenía un primo o un amigo del alma en todas partes.

Noria de Hama
.. así que había que tener cuidado si no queríamos ver rebajadas nuestras escasas arcas.

La próxima parada sería Hama, uno de los lugares que más nos gustó de toda Siria, y es que la ciudad atravesada por el Río Orontes es un sitio muy agradable y original.

El núcleo histórico de Hama fue arrasado en 1982 por los soldados del régimen de Hafez al-Assaz, que quiso sofocar una revuelta provocada por los Hermanos Musulmanes (su oposición), masacrando a cerca de 20000 personas. Poco queda ya de lo que fue un lugar bastante bello. Afortunadamente se conservaron parte de sus gigantescas y ruidosas norias, máquinas de la antigüedad que nos sobrecogieron a todos.

Nada más llegar a la orilla del Orontes, y cerca de lo poco que queda de la Ciudad antigua, vimos las impresionantes norias de unos 20 metros de diámetro y que hacían un ruido tan potente que parecía gemir la propia madera.

Chema, Carlos, Ali y yo con una noria detrás (Hama)
Verlas en funcionamiento es todo un espectáculo. Y su quebrada sonoridad las hace aún más interesantes. Nos acordamos mucho de nuestro amigo Saúl, compañero de otros viajes, a quien le vuelven loco las máquinas grandes. Chema estaba disfrutando como un niño y decía una y otra vez "Me encantan esta clase de tochadas", "Esto es de lo más guapo qué he visto". Y es que todos estábamos gozando al ver recoger agua a estos colosos utilizados por el hombre durante siglos.

Paradójicamente, incluso aquí, la imagen de al-Assad se refleja en numerosos carteles. Y eso que fue el azote que destruyó lo que parecía una ciudad muy atractiva según los viajeros que llegaban hasta ella.

Una vez vimos Hama nos dirigimos a Crac de los Caballeros, uno de los castillos más significativos de la época de Las Cruzadas.

Mezquita y Noria en la parte antigua de Hama
Para acceder al edificio hay que subir a lo alto de un monte. Rápido puedes ver erguirse a esta imponente fortificación medieval, que lleva cerca de mil años dominando estratégicamente la zona.

Fue construido por la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén en el Siglo XII (ca. 1141). A pesar de los numerosos ataques que tenían por objeto su conquista, la fortaleza no fue jamás saqueada. Cuando el sultán mameluco Baybars avanzó sobre el castillo (1271), los caballeros terminaron cediéndoselo a sus rivales ya que no quedaban más que 200 (de un total de 2000) rodeados por el ejército islámico. Los Cruzados rindieron la fortaleza a cambio de un salvoconducto que les permitiera salir del lugar. Los mamelucos se hicieron con él y reforzaron aún más sus defensas.

Retrato de Hafez al-Assad en Hama
Actualmente es una mezcla occidental y árabe, conservada de tal manera que recientemente ha sido nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Nos alojamos en el Hotel Beybers, que queda justo en frente. No dudamos en dormir allí, ya que además del buen precio, las habitaciones daban directamente al castillo. Yo quedé fascinado del lugar. Me recordaba a un paisaje del norte, porque hasta a esa hora se estaba empezando a levantar bruma. La tranquilidad y la vista era tal que fue uno de los días que más disfruté en el viaje. Yo, como mi padre, soy muy aficionado a los castillos y construcciones medievales, y aún recuerdo con mucha nostalgia todos y cada uno de los sitios a los que él me llevaba de pequeño.

Yo con dos norias de Hama detrás
Esas fueron algunos de los detalles que me hicieron ser tan aficionado a la Historia y a todo lo antiguo. Asomado a la ventana me imaginaba a todo un ejército rodear la fortaleza y a la gente de dentro defenderse con todo lo que tuvieran a su alcance. Y con razón no pudo ser invadido nunca como tal. Es una de las construcciones defensivas más perfectas de la época Cruzada.

Pilar, que estaba pachuchilla, se quedó descansando en la cama mientras nosotros nos fuimos a cenar. Nuestro conductor no estaba, y el personal del hotel se ofreció amablemente a acercarnos hasta el Restaurante al-Qalaa, justo detrás de la colina del castillo. Más mezze, más pollo con pan y más patatas fritas. Recuerdo que tuvimos una conversación muy interesante en la que comentábamos maravillados qué es lo que nos estaba gustando más del viaje.

Castillo de Crac de los Caballeros
A mí Siria me había conquistado definitivamente. Tiene tantas cosas que ver, y su gente es tan simpática, amable y honesta, que se había puesto muy alta en el podio de países favoritos. Y lo que ya he comentado otras veces, muy poco turismo. ¡¡Qué bueno es eso!!

Después de cenar volvimos al hotel. Pilar, afortunadamente, se encontraba mejor. Nos subimos al salón para ver juntos el partido de semifinales del Mundial, Francia-Portugal. Incluso apostamos siete euros cada uno por un resultado. Yo dije 1-0, y finalmente así fue. Gol de Zidane de penalti, Francia a la final, y yo con un dinerito que me venía muy bien. El día había sido redondo. Estábamos viendo muchas cosas y disfrutándolas a lo grande. Además había podido ver a mi padre, aunque fuera solo un rato.

En la terraza del hotel de Crac de los Caballeros
Y dormiríamos en frente del castillo en un buen hotel… Perfecto, ¿no?

La bruma había tapado casi toda la fortaleza. El silencio se vio interrumpido por el canto de las Mezquitas, llamando a sus fieles a la oración de la noche. Nos dormimos después de echarnos unas risas con el video del cocotazo de Kalipo en el coche.

Al día siguiente entraríamos al majestuoso castillo y por fin llegaríamos a la Ciudad de Palmira. Otro día de sobresaliente. Pero esa es otra historia…

José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

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photo by: tj1777