De Madrid a Estambul (Turquía)
Tras varios meses de costosos y ajetreados preparativos por fín iba a dar comienzo el Viaje a Oriente Medio y Los Balcanes. Cinco éramos las personas que nos íbamos a embarcar en esta nueva aventura. Chema, Pilar, Alicia, Carlos (Kalipo) y yo. Dos parejitas (Chema & Pili, Kalipo & Ali) y un soltero (oui, c´est moi) que repetiríamos otro mes inolvidable. Con Carlos y Chema había hecho un Interrail en 2001y el Transiberiano el año anterior (2005).
Obviamente llevábamos un plan establecido previamente (Pincha aquí si quieres verlo).
La idea era cruzar Turquía viendo Estambul y Capadocia para entrar a Siria. En la ciudad de Aleppo, un conductor de Mosaic Travel que habíamos contratado por internet, nos esperaría para hacer un recorrido propuesto por nosotros que nos llevaría a los lugares más importantes de la propia Siria, Líbano y Jordania. Desde ésta última cruzaríamos a Israel para poder ver Jerusalén y Tel Aviv, desde donde un avión nos llevaría de nuevo a Estambul. Una vez allí, Chema y Pilar se volverían a Madrid el 23 de julio para trabajar, y Kalipo, Ali y yo cogeríamos un tren a Belgrado para ver alguna que otra ciudad de la Antigua Yugoslavia. El día 30 de julio teníamos que coger un avión desde Milan que nos llevara de vuelta a Madrid.Como comprobaréis más tarde, los planes se trastocaron un poco, y sobre todo al final se varió la ruta establecida.
El día 30 de junio de 2006 me fui directo al trabajo, ya que el avión saldría a las tres y media de la tarde. Mi mochila ya estaba en el Aeropuerto de Barajas y tan solo tenía que coger un taxi a la una para presentarme allí en un momento. Carlos y Alicia habían partido por la mañana directos a Estambul. Chema, Pilar y yo, por trabajo, debíamos salir algo más tarde. Nos encontraríamos en la ciudad turca por la noche en un hotel que habíamos reservado por internet.
Tras dejar el trabajo finiquitado hasta el mes de agosto, un taxi me dejó en Barajas, donde ya me encontré con Chema. Pilar tardó algo más ya que venía de más lejos y a mí casi me da un ataque de nervios porque a falta de una hora para que saliera el avión aún no habíamos facturado.
El avión a Estambul también fue puntual, y a pesar de las odiosas turbulencias que tanto nos hicieron sudar, llegamos a nuestro destino a las once de la noche (hora turca) aproximadamente. Tras recoger las maletas sanas y salvas, y sacarnos los visados (10 euros cada uno) buscamos un taxi a la salida que nos llevaría al Hotel, de nombre "Nobel Guest House" en pleno casco histórico de la ciudad, Sultanahmet, donde se encuentran tanto la Mezquita Azul como Santa Sofía.
El taxi nos dejó en la puerta del hotel, no sin antes preguntar varias veces, y nos cobró unos once euros aproximadamente. Nada más bajarnos y sentir el gran calor que hacía esa noche, oímos a Ali saludarnos efusivamente desde la ventana de la tercera planta del...vamos a llamarlo..hotel. Una entrada de minúsculas dimensiones hacía de recepción, donde dos turcos veían el resumen del Italia-Ucrania por TV. Alicia ya había bajado velozmente desde la habitación para saludarnos. Los que no la conozcáis, os diré de ella que es una de las personas más alegres y cariñosas que conozco. Su novio Carlos tiene mucha suerte de estar con esta chica tan risueña y con tan buen corazón.
Ya os iré hablando de los demás, aunque imagino que lo que más os interesa es saber algo sobre los lugares que veríamos durante estos intensos y largos 31días.
Cuando vi la habitación en la que estaba Carlos esperándonos no supe si reir o llorar. Bueno, más que la habitación, el baño, que estaba fuera. Un plato de ducha, un váter y un lavabo de lo más ponzoñoso y sucio que os podáis imaginar. Así debían ser las letrinas de los Campos de concentración nazis. El váter tenía un amigo en su interior que no se iba por más que tiraras de la cadena, y el plato de ducha tenía un Objeto Flotante No Identificado al que bautizamos con el nombre de Protozoo, porque aparte de su apariencia viscosa, daba la sensación de que podía moverse por sí mismo gracias a la cantidad de bacterias y microorganismos que debía tener. Nunca adivinamos lo que podía ser, pero nos dió suficiente asco para no tocar la ducha ese día (ni el siguiente claro).
Afortunadamente no tardamos en salir de ahí y fuimos a dar una pequeña vuelta por la zona de Sultanahmet para alegrarnos la vista con los dos mejores monumentos de la ciudad, La Mezquita Azul y Santa Sofía. Chema comenzó su incansable actividad fotográfica. Y es que empezó fuerte con el tema de las fotos.. y con la comida. Un kebab para saciar el apetito sirvió como apertura oficial de la gastronomía que nos iba a esperar durante semanas. La verdad es que estaba bueno.. Y es que hay que reconocer que en Turquía se come muy pero que muy bien. Tras el paseíto nos subimos a acostar pronto, ya que estábamos cansados del viaje y el día siguiente sería ajetreado.
José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele
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