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Dahab: Buceando entre corales

Dahab Travel Blog

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A ver si en el barquito podemos pegar ojo

El capítulo anterior termina con nuestra entrada al enorme ferry que une las ciudades de Aqaba y Nuweiba, ambas bañadas por el Mar Rojo en uno de sus puntos más estrechos (Golfo de Aqaba). Nos obligaron a dejar el equipaje en el garaje donde se guardaban los coches y mercancías de gran tamaño. No creáis que nos hizo mucha gracia dejar las mochilas, maletas y baúles (véase Baúl de la Piquer de Kalipo) en un sitio por el que pasaba muchísima gente. Nos dijeron una y otra vez que tranquilos, que ahí estarían bien. Así que no hubo más remedio que echar una última mirada atrás y subir las escaleras que llevaban a los camarotes y salones varios. Desgraciadamente no tenía ninguna pinta de ser un barco como el de “Vacaciones en el Mar (The Love Boat)”. Allí la gente se amontonaba donde podía cogiendo las mesas y butacas del bar-restaurante, que a esa hora estaba cerrando.

Sentados en una de las mesas del ferry Aqaba-Dahab
El aire acondicionado en la primera planta simplemente aplastante, por lo que subimos a la segunda, donde también había mucha gente pero el frío era mucho menor. Llamaba la atención la gran cantidad de señoras sentadas (sus maridos tumbados) con el traje y el velo puesto al máximo, es decir, hasta los ojos. Y en esa zona en la que el aire estaba mucho más flojo, nos dieron mucho calor con sólo verlas. Además, no se movían prácticamente. Sentadas y totalmente quietas. Qué lástima me dio ver tanta sumisión y tanto machismo. Porque la imagen era ver tumbado a pierna suelta a su marido, subido en butacones triples, y a las mujeres en sillas estacionadas como si de un coche se tratara, sin hablar más que lo imprescindible.

 

Al ver el panorama fuimos a dar una vuelta a cubierta a ver si encontrábamos algún sitio para quedarnos dormidos las tres horas que duraba el trayecto (supuestamente partía a las doce y llegaba a las tres de la madrugada a Nuweiba).

Ahí me tenéis de indigente. Butaca para cerrar el paso, suelo y mochila. No hizo falta más para quedarme totalmente sopa.
Pero sin duda, allí se estaba mucho peor. El calor era realmente asfixiante y la gente ya no es que estuviera amontonada, sino hacinada, sin apenas dejar un hueco en el suelo, ya que todos estaban tumbados con sus bártulos. Además, nos dimos cuenta de que no había ni un solo turista, razón por la que se nos quedaban mirando fijamente con extrañeza.
Volvimos para adentro, donde el olor a humano rozaba ya límites insospechadamente contaminantes, capaz de disminuir por sí solo la Capa de Ozono. Había muchísima más gente y en cuanto vimos una mesa y unas sillas libres nos ubicamos para quedarnos con algo de territorio, que si no nos podíamos ver también sumergidos en el hacinamiento humano de ahí fuera. Pasaron las doce, la una, y el barco no se movió del puerto de Aqaba. La noche se presentaba larguita, y más cuando salió a colación el tema de que cada año varios ferries egipcios se hunden en el Mar Rojo, muriendo un gran número de pasajeros.
Chema y Pilar también se quedaron dormidos en el ferry
Al parecer no reúnen las mejores condiciones tanto técnicas como de seguridad, y viendo el descontrol que había ahí adentro, no me extraña que ocurran esa clase de accidentes.
Kalipo y yo, que sabéis que soy de vejiga floja, nos fuimos a buscar un baño, ya que en las anteriores expediciones llevadas a cabo no hubo suerte alguna. Nos metimos en los pasillos en que se ubican los camarotes donde la gente más pudiente llevaba ya unas horas descansando (aunque el barco no hubiera salido aún de su punto inicial) y preguntamos por los servicios a un hombre que pasaba por allí, el cual nos indicó dónde había uno. Perfecto • dijimos, por lo que continuamos caminando por los pasillos, que en vez de enmoquetados tenían el suelo cubierto de plástico “tipo bolsa”, que estaba incluso mojado. Y estaba mojado por lo que salía de la puerta que supuestamente daba al servicio.
Ali, que le estuvo molestando una niña todo el rato aprovechó escasos segundos para descansar.
Le echamos valor y abrimos la puerta aspirando el apestoso hedor que había ahí dentro. Hicimos de tripas corazón, aguantamos la respiración y cuando fuimos hacia los váteres se nos revolvieron las tripas (a mí me dieron arcadas) al ver en que estado estaban. A ver cómo os describo la imagen de la forma más tóxica posible para que os metáis en nuestro papel: Tazas del váter sin tapa totalmente llenas de agua, que caía en modo cascada (de ahí que el baño y los pasillos estuvieran empapados), en cuya parte más alta rebosaban gran cantidad de excrementos humanos. ¿Asqueroso? Eso es poco... Salimos con las manos tapándonos boca y nariz, y ya fuera, con un menor grado de contaminación nos reímos de lo que acabábamos de ver. Kalipo, ingenioso como siempre, bautizó la escena como “La Marmita de Mierda”. ¿Y dónde meamos? •nos preguntamos casi a la vez.
En el taxi más tóxico que nos llevó a Dahab desde Nuweiba
A unos metros abrimos una puerta donde había un par de duchas y no nos lo pensamos. O hacíamos pis allí o reventábamos. Y obviamente reventar no estaba entre nuestros objetivos. Apunten...fuego!

 

Volvimos a la mesa, donde estuvimos un rato sentados charlando y pensando cómo nos las íbamos a arreglar para dormir. Poco a poco fuimos buscando sitios alrededor de nuestra mesa donde el suelo podía ser una buena opción, no la más limpia, pero sí la mejor. Yo cogí un butacón para cerrar el paso a posibles intrusos, me tumbé en la moqueta, y con mi mochilita de almohada me acurruqué como un niño pequeño y no tardé en caer dormido. Me da que con el tema del dormir en cualquier parte he ido madurando con el tiempo y me voy amoldando a donde toque.

La salida del ferry de la muerte
Aún recuerdo el primer interrail en el que apenas dormí nada... Pero bueno, hay que acostumbrarse a estas cosas. ¡Viaja mucho, viaja barato! La verdad es que si mi madre me hubiera visto así, no sé si hubiera llorado o reído. Conociéndola, la primera opción sería la más probable.

Yo no fui el único ni el primero en caer rendido, ya que Pilar y Chema se acondicionaron un sitio para los dos. Kalipo y Ali pasaron más penurias a la hora de dormir, ya que durante la noche una niña no dejó de molestarles dándole toques en la espalda y llorando como una posesa. Eso sí, la madre ni se inmutó durante las horas en que la niñita no dejó de tocar los coj.., perdón, la moral...

Nada más dormirnos el barco arrancó (dos y media), y no llegó a su destino hasta aproximadamente las seis de la mañana, aunque hasta que pudimos salir de la cola que había, no cogimos nuestras mochilas hasta bien pasadas las siete.

Detalle de la salida del ferry
  Los que más pudimos, habíamos dormido tres horas, por lo que estábamos algo destrozadillos. Y eso que el día no había hecho más que empezar.

 

Salimos del barco tercermundista y nos indicaron que debíamos ir hacia una oficina de inmigración que se encontraba en el mismo puerto de Nuweiba. La tierra de los faraones nos recibió calurosa y con el reflejo del sol en las pedregosas montañas. El paisaje era idéntico al de Aqaba, aunque sin la gran cantidad de hoteles que allí había. Montañas, montañas y más montañas totalmente fértiles y áridas. Y en la orilla, el cálido Mar Rojo, que baña 6 países durante sus 2300 kilómetros de recorrido en que conecta el Mediterráneo con el Océano Índico.

Welcome to Dahab

En la Inmigration Office nos recibió un funcionario que nos dijo que esperáramos a las ocho, hora a la que abriría el “Alexandria Bank”, en donde debíamos abonar el importe de los visados de entrada al país. Y allí estuvimos un buen rato esperando hasta que llegó un señor algo obeso envuelto en una túnica blanca y abrió la puerta de la sucursal, de un tamaño menor a una cocina de un barrio humilde de Madrid. Allí le pagamos y nos dio un recibo, que le entregamos al señor de la oficina de inmigración, quien a su vez nos dio unos sellos que debíamos colocar nosotros mismos en el pasaporte, y después volver con ellos pegados. Una vez terminamos el pausado y penoso procedimiento burocrático entramos de nuevo a su oficina a que nos sellara los pasaportes (con bolígrafo) y nos dijera que saliéramos fuera. Fin del esperpento.
Cartel del Auski Camp
¿O no?

 

Fuimos a la vaya de salida de la Terminal y los guardias allí presentes nos dijeron que nos esperáramos un rato y que después abrirían. Ahí si que ya flipamos. ¿Por qué no nos dejaban irnos de allí? Nos tuvieron más de quince minutos esperando sentados casi al lado suyo y volvimos para allá para decirles que si podíamos salir ya. Nos pidieron los pasaportes y nos permitieron pasar. ¿Un vacile o un trámite más? Más bien me decanto por lo primero.

 

Teníamos claro que queríamos ir a Dahab, a unos 70 u 80 kilómetros de Nuweiba en dirección sur. Cuando nos dirigíamos a la estación de autobuses nos abordó un taxista algo desarrapado que se ofreció a llevarnos.

Playa del Blue Hole
Al principio nos pidió mucho dinero, pero después de un largo y pesado regateo acabó accediendo a llevarnos por unos 20 dólares aproximadamente. Tomad nota los que vayáis, ya que conozco a otros que les cobró treinta euros.

El taxi en que nos subimos no cumplía ni una sola de las normativas de seguridad vial. Estaba que se caía a cachos y parecía de esos que hay abandonados en los desguaces. El cuentakilómetros no funcionaba, los duros asientos se te clavaban en el culo y en la espalda, el motor sonaba como si fuera a estallar en cualquier momento, y el hombre no podía coger apenas velocidad. Nosotros le indicamos que nos llevara a Dahab a uno de los campings donde suelen preparar excursiones para buceadores. No conocíamos ninguno, así que le dejamos al extraño conductor con pinta de mendigo que eligiera sitio y allí veríamos y decidiríamos en función de las condiciones del lugar.

Kalipo se va al Caribe
Más improvisación no se puede. ¿Quién me iba a decir antes de salir de viaje que acabaría en un cutretaxi yendo a una ciudad de la cual jamás había oído hablar? ¿Saldría bien el asunto?

 

Llegamos a Dahab a las diez de la mañana aproximadamente, no sin antes pasar algún que otro control militar de esos que abundan en las carreteras y caminos egipcios, ya que este país es uno de los predilectos por los terroristas para atentar contra el turismo.  De pronto, las palmeras y las construcciones de una o dos alturas y de color blanco se alinearon con las montañas rocosas del fondo para dibujar la pequeña ciudad del Mar Rojo.

 

Dahab es una pequeña villa beduina en la que viven algo más de mil quinientas personas.

Playa del Blue Hole, uno de los mejores sitios para practicar buceo
El turismo es su mayor fuente de ingresos, a pesar de no ser tan conocida como Sharm-el Sheik o Hurgada. En la ciudad hay un gran número de negocios relacionados con el turismo a pequeña escala, es decir, pequeños lodges o bungalows para gente joven, tiendas con aparatos de buceo o de souvenirs.
 Es considerada como uno de los lugares idóneos para practicar submarinismo o windsurfing, y además no es tan cara como otros centros turísticos de mayor nombre.

Yo particularmente antes del viaje jamás había oído hablar de ella, y eso que unos pocos meses antes (abril de 2006) sufrió un triple atentado terrorista en la que 23 personas perdieron la vida y otras 62 fueron heridas.

 

El taxi nos dejó a la puerta de un complejo llamado AUSKI BEDOUIN LODGE también conocido por AUSKI CAMP en el que alquilaban habitaciones y organizaban toda clase de excursiones, entre ellas, relacionadas con el submarinismo o el snorkelling.

Imagen tomada de internet que refleja parte de lo que pudimos ver buceando en el Mar Rojo
Salieron a recibirnos varias personas, entre ellas un hombre de unos treinta años calvo, gordito, que vestía una llamativa camisa hawaiana y un pantalón blanco. Nos mostraron las habitaciones, las cuales nos gustaron mucho, por lo cogimos dos, una para Pilar, Chema y yo, y otra para Alicia y Kalipo. El precio no superaba los seis euros por persona y además por unos cuantos euros más nos llevaban a una de sus playas para bucear. Nos dijeron que en hora y media saldría un todoterreno hacia el Blue Hole, que según los expertos es uno de los lugares favoritos para hacer submarinismo. No hubo dudas, adjudicado!

 

Nos pegamos una buena ducha y fuimos al supermercado a comprar comida, ya que la excursión al Blue Hole terminaría a las seis de la tarde aproximadamente.

Chema tirado a la bartola
Además teníamos hambre acumulada porque no habíamos tomado nada para desayunar. Para llegar al supermercado había que atravesar la avenida principal de Dahab, llena de comercios en que vendían ropa surfera y toda clase de souvenirs. Estaba totalmente enfocada al turismo. Y algo que nos llamó la atención a lo largo de los dos días que pasamos allí es que no vimos a ni una sola mujer que no fuera turista. Mientras caminábamos nos dimos cuenta que con sólo vernos sabían que éramos españoles. Ese es un sexto sentido muy típico en los países árabes, pillar la nacionalidad a la legua. Yo, que no soy árabe, suelo averiguar de qué país son algunas personas sin oírles hablar, simplemente observando. Extraña y no siempre infalible capacidad que detecta sobre todo a los habitantes de mi suelo patrio, España.

 

Entre las duchas y las compras (no era nada cara la comida del súper) llegamos justos al todoterreno que nos esperaba para salir hacia el Blue Hole, donde perderíamos la “virginidad” en lo que a snorkelling de calidad se refiere.

Qué lujazo en Dahab
Yo siempre he buceado con gafas y aletas en las costas gallegas, sobre todo en la preciosa playa de Areas (Sanxenxo), pero allí la fauna marina no es tan prolífica y extensa como la del Mar Rojo, y la temperatura es digna para “congelarse” casi literalmente por las frías aguas del Atlántico.
En el coche había, aparte del conductor, dos personas más de rasgos propios del Norte de Europa. Cantaban a holandeses y así era. Un padre y un hijo que tenían muy buen rollo y a los que apodamos “Los Holandeses Locos” por su forma de gesticular y de reírse sin parar. La persona que conducía el coche poseía un gran parecido físico a Romario, por lo que no hubo mucho que pensar para ponerle mote. Iba vestido también con camiseta hawaiana y con pantalones piratas de color blanco, y parecía sacado de las playas de Río de Janeiro.
El grupeto, los holandeses locos y Romario da Souza
Ya solo verle sus gestos, como conducía con una mano y con la música disco a todo volumen, hacía indicar que era el típico playboy desempeñando el papel típico veraniego conocido como: El Chulo-Playa.

 

Para llegar a la playa se tuvo que meter por un camino sin asfaltar, además de pasar un control policial. Poco a poco nos fue adentrando hasta que vimos el cartel de Blue Hole. Una vez pasado esto avanzamos hasta un bar-restaurante en plena arena de playa y con asientos que eran para poderse tirar y esparramar a gusto mientras te servían un zumo o un refresco.

Allí nos llevaron a un armario y nos dieron a elegir Gafas con tubo y Aletas, dos imprescindibles en esto del Snorkelling.

Pilar tomando el sol
Apenas costó un par de minutos que cada uno encontráramos nuestras tallas de pie para ponernos las aletas. Una vez listos, en plan Curro se va al Caribe, Romario el conductor nos dijo que le siguiéramos para ir a un punto en el que se podía comenzar a bucear. Y es que este no es un tipo de playa en el que te metes al agua por donde quieres ya que a menos de un metro ya tienes la barrera coralina, que si se pisa o se toca, se muere. Lo que lo idóneo es comenzar la inmersión en puntos determinados donde puedas lanzarte al mar sin tocar nada que se pueda estropear. Como había que caminar unos minutos, nos dijo que nos quitáramos las aletas, pero no sé que fue peor porque la tierra ardía como el mismísimo infierno y se nos clavaban afiladas piedrecillas que nos destrozaban los pies a cada paso que dábamos. Durante el camino pudimos ver numerosas placas de submarinistas fallecidos accidentalmente en el Blue Hole.
Ali con una de las crías que venden pulseras
Al querer descender demasiado o desoír las recomendaciones, pasa lo que pasa.

Romario se detuvo en unas rocas, también difíciles de pasar descalzos, porque en vez de quemar, cortaban. Allí había una escalerilla como la que hay en las piscinas y después de ponerse gafas y aletas se tiró al agua cristalina, emplazándonos a hacer lo mismo que él. Así que uno a uno fuimos metiéndonos y con sólo introducir la cabeza nos dimos cuenta de lo maravilloso que es estar en un lugar así.


En los Corales se desprende vida y belleza en cada centímetro. Peces de mil colores y de mil formas no vistas por mí hasta ahora, excepto en los documentales de Jacques Cousteau o en la divertida película animada “Buscando a Nemo”. Fuimos despacio dejando la barrera coralina a un lado, a un metro como mucho, y allí fueron presentándose los Peces Ángel con rayas y de colores verdosos y azulados, los peces mariposa, siempre en parejas, peces loro, meros de varios tamaños, peces payaso (como Nemo) y un largo etcétera.

Kalipo, todo un señor
Me podría tirar una hora hablando de toda la fauna marina con la que nos encontramos allí pero no terminaría en la vida. En una hora pudimos ver decenas y decenas de diferentes clases de peces. Chema no dejó de hacer fotos con una cámara acuática que compramos en el supermercado. Hoy en día ignoro que fue de esa cámara, y por supuesto de si fueron reveladas las instantáneas allí tomadas en las que salíamos debajo del agua rodeados de un paraíso subacuático.

 

Recuerdo que en uno de los momentos en que me separé del grupo para ir algo adelantado vi un Pez espada enorme que me hizo retrasarme para avisar a mis amigos. La verdad es que me dio algo de miedo ver algo tan grande, y más en un sitio en el que más al fondo hay tropecientos tipos de tiburón, rayas, morenas y otra clase de bichos que preferiría verlos en el Zoo.

Mar Rojo al atardecer. Al otro lado, Arabia Saudí
Apenas me duró el susto y retomé de nuevo “la expedición” en la que apenas saqué mi cara del agua.

Cuando íbamos juntos era típico que alguien viera algo que llamara la atención y que nos lo señalara, distinguiéndose sus gritos de alucine debajo del agua.

 

Kalipo no le cogió en principio el truco a esto del snorkelling y se agotó antes de lo normal. No estaba respirando como debía hacerse y además, le entraba algo de agua en el tubo. Salieron un rato a descansar y yo me quedé con Chema, quien, al igual que yo, estaba realmente eufórico. Más de una vez ambos dijimos que era de las mejores cosas que habíamos hecho en la vida. Y es que bucear en sitios así es algo que os recomiendo a todos.

Tatuando con henna a Pilar
Estar rodeado de vida y de color, descubriendo a cada aletazo una nueva forma que jamás has visto es simplemente una experiencia indescriptible.

 

El día fue desarrollándose de tal manera: Un rato largo de buceo, un descansito tomando algo en el bar, tumbados en sus gigantescos asientos acolchados. Mientras el Sol no dejó de alumbrar el agua turquesa y cristalina, tan llena de vida. Y por cierto, con una temperatura excelente. A diferencia del Atlántico, aquí es un placer pasarte las horas con las manos arrugadas como pasas y dejando expuesta la espalda al sol. Excepto por alguna corriente, apenas llegas a tener frío.

 

En una de nuestras expediciones marinas los cinco vimos unos cuantos peces alargados con forma de serpiente a los que nos acercamos para observar mejor su extraña fisonomía.

Tatoos de Pilar en el pie y en la muñeca
También vimos un pez cuya piel parecía transparentarse y que sólo se distinguía el color rosa fucsia de sus rayas, el cual nos llamó poderosamente la atención.
Además no nadaban rápidamente y  no se alarmaban en absoluto al vernos. Parecíamos estar en plena sintonía con el mar y nuestros suaves aleteos no entorpecían la vida de estos seres tan llenos de color.

 

Y así hasta las cinco y media, a un rato de que nos viniera a buscar Romario con su jeep. Durante ese tiempo nos invitaron a tomar sandía y estuvimos charlando con los holandeses locos. Esta pareja de tez blanquecina y ojos azulados era un tanto peculiar. El padre tendría cuarenta y tantos y el hijo 18.

Yo también caí y me hice no uno, sino dos
Ambos parecían más colegas que familiares. Tenían un muy buen rollo entre ellos y bromeaban constantemente sin importarles tocar alegremente temas de fiesta, alcohol o sexo. Sus risas eran de carcajada contagiosa y extremadamente gesticulante. Pilar y yo comentamos alguna vez que tenían más pinta de pareja gay que de padre e hijo. Pero ya se sabe que en Holanda la mentalidad es más abierta y las relaciones entre padres e hijos son más tolerantes y menos jerárquicas que en España, por poner un ejemplo.

 

Romario vino en su jeep blanco y subimos a la parte trasera. Le animamos a que le “diera chicha” al coche y también a la música. Su conducción con una mano y eligiendo las sendas más sinuosas y rocosas nos resultó algo temeraria, pero a su vez divertida.

Tatu de un lagarto en la pierna
Chema vaciló algo a los holandeses diciendo cosas como “You are very strong” dirigiéndose al padre. El hijo no se cortó y le contestó que esos bíceps eran así gracias a que le gustaba mucho hacerse paj… No seáis mal pensados, me refiero a que le gusta hacer pajaritas….

Una vez llegamos al Bedouin Lodge estaban sentados a la entrada muchos de los trabajadores del recinto, comandados por su jefe con camisa hawaiana que tarareó repetidamente una canción estúpida cuando Alicia pasó (Lo hacía cada vez que la veía). Para nuestro gusto tenían un humor algo trasnochado y friki. Cómo decirlo…un humor Teletubbie. Y no me preguntéis por qué, pero como dirían en Los Serrano, ahí había mucho mariconismo. Tonteaban demasiado con los chicos para mi gusto.  
Nos duchamos y cada uno fuimos a nuestra bola.

Una cruz templaria en la muñeca
Chema y Kalipo a comprar bebida para enchuzarse esa noche. Pilar y Alicia a hacerse un tatuaje con henna, a pesar de que les había advertido que más que de Egipto era de Cartagena. Yo me fui a un cibercafé a ver la prensa nacional y deportiva (El Madrid seguía sin fichar a nadie) y a escribir otro e-mail general relatando nuestras aventuras y desventuras. Como de Julián no había recibido contestación acerca de mi propuesta de que se viniera a Belgrado, le puse por e-mail que para bien o para mal me dijera lo antes posible si podía o no. También aproveché a hablar por Messenger con Jesulen, el hermano de Kalipo, otro viajero de los buenos, quien fue tomando nota de nuestros pasos para ir él en agosto. Y así fue, gracias a nuestras recomendaciones sobre Dahab, un mes después estuvo allí con amigos suyos y disfrutaron de lo lindo en el Auski Camp y en las paradisíacas aguas del Mar Rojo.
Aquí estaban Chema y Kalipo mientras les buscábamos...

 

Cuando volví al apartamento no estaba ninguno de mis amigos por lo que fui a dar una vuelta por Dahab a ver si me encontraba con alguno. Como os dije antes apenas hay una avenida principal y un paseo junto al Mar lleno de terracitas hippies, así que no sería difícil dar con ellos. Fui caminando tranquilamente y mirando tiendas porque quería comprarme un par de camisetas de recuerdo. Al final me tiré en una más de media hora regateando con el más que cansino vendedor y me hice con una amarilla que ponía Dahab Read Sea y con otra de la Selección de fútbol de Egipto. Esto de regatear para comprar hasta la cosa más nimia es algo no apto para impacientes. El mecanismo rutinario es el siguiente: Preguntas precio y te muestra una cantidad desorbitada (El doble como mínimo) en su calculadora.

Kalipo y el holandés loco-hijo
Tú le dices que no, que es muy caro y él va bajando un poco. Luego pregunta que cuánto quieres pagar. Si le contestas estás perdido. El truco consiste en no dar una cifra hasta el final, cuando estés más cerca de lo que estés dispuesto a pagar. Debes aguantar a que siga bajando el precio mientras pones cara de que no te interesa demasiado el artículo en cuestión. Una vez le digas tu precio definitivo no vuelvas a hablar más.  Si no acepta coges la puerta y te vas. Con un 99% de posibilidades saldrá detrás de ti y dirá que OK, aceptando así tu oferta. No os de pena si pone cara de pobrecito. Si te lo ha vendido es que sale ganando con la transacción. Ellos nunca pierden, simplemente te sacan menos dinero de lo previsto…

 

Salí de la tienda y caminé uno metros más adelante hasta que me encontré con un cartel en el que ponía que dentro se hacían tatuajes de henna que duran 3 meses.

Chema con los holandeses locos
Sí, 3 meses, ya! • pensé. Ya me habían engañado con los tatoos tanto en Túnez como en el propio Egipto cuatro años antes cuando pedí que me tatuaran un escorpión y me aseguraron que pasarían meses antes de que se borrara. En ambos casos no superaron la semana.

Cuando entré estaba haciendo un tatuaje muy bonito con florecillas en el pie de Pilar. A Alicia le había hecho uno pequeñísimo en la uña. Lo primero que me dijeron es que les habían dicho que duraba tres meses. Yo les aposté que no pasarían de diez días. No jodas • dijeron. Y como el hombre es el único animal capaz de tropezar tres veces en la misma piedra, terminé dejando hacerme un lagarto en el gemelo de la pierna derecha y una cruz templaria en la muñeca.

Kalipo, chuzo...a la piscina!
A veces soy tonto y en partida doble. Ya ni sabiendo el timo de la henna soy capaz de contenerme a este ejercicio de guiri despistado.
La verdad es que me encantó el dibujo que me hizo el chico, que era un cachondo mental,. Lo único que me recomendó es que durante media hora no me lo tocara por nada del mundo. Pagamos y nos fuimos a ver si los chicos habían llegado ya porque queríamos entrar a las habitaciones y se habían llevado las llaves. Fuimos a preguntar al jefecillo si sabía algo de ellos y cuando me vio me estrechó la mano a lo bestia y me extendió el tatoo de la cruz dejándomelo todo borroso. Vaya cabreo me pillé. ¡Qué bestia el tío!. Tuve que volver por su culpa a ver si me lo podía repasar el chaval que me lo había dibujado. Pero desgraciadamente el tiempo había hecho que se me quedara fijo y me comentó que era imposible modificarlo en ese momento. Me recomendó que al día siguiente me lo frotara en el agua del mar y que me pasara por la tarde a ver si podía hacer algo. Mientras tanto llevaría algo tan parecido a una cruz como un coche a un caballo.


Di media vuelta y de nuevo volví al Auski Camp, donde Pilar y Alicia esperaban sentadas a la puerta de una de las habitaciones porque ni Chema ni Carlos habían dado señales de vida. Tenían un señor cabreo considerable (sobre todo Pili) porque no sólo no se podía entrar a los cuartos sino porque les fastidiaba el que no estuvieran con ellas y ni siquiera se dignaran a avisarlo. Yo, por mi parte, llevaba las lentillas puestas desde por la mañana temprano y tenía que quitármelas y guardarlas como sea porque a esa hora parecía que tenía chinchetas en los ojos. Esa era mi única pega.

Nos fuimos a cenar a un bar aledaño al Auski para calmar los ánimos y el apetito, que a esa hora era voraz. Nos comimos unas pizzas para no variar en lo que a comida basura se refiere y estuvimos un buen rato de charla. Por menos de tres euros cenamos de lo lindo. Comentamos que cuando llegáramos de nuevo a Madrid nos iba a doler en el alma pagar 6 euros por una coca cola y una mísera ración.

 

Volvimos a buscarles y en esta ocasión nos pasamos por el paseo marítimo silbando la melodía inconfundible que utilizamos en nuestro barrio, y lo único que obtuvimos fueron varios silbidos hechos de burla por la gente. Ya no sabíamos que hacer. Nos olíamos que estos se habían tomado unas copas de más olvidándose de nosotros. El mosqueo de Pilar y Alicia fue en aumento y pasó a ser rabia. Y encima el jefecillo del Auski no tenía copias de las llaves, por lo que yo ya me veía tirado en la calle, con los ojos plastificados por la dureza de las lentillas, y con un sueño que no me tenía porque veníamos de dormir 3 horas en un ferry de mala muerte. Siguió pasando el tiempo y volvimos al paseo marítimo, el cual comenzamos a recorrer por entero hasta que por fin dimos con ellos, que estaban tirados en una terraza con asientos acolchados fumando de cachimba y bebiendo con unos japoneses. Las chicas les pusieron malas caras y yo les pedí las llaves. Como se quisieron quedar más tiempo con los japos, las disgustadas novias les dijeron que durmieran juntos en la habitación de Kalipo y Alicia, porque ésta se venía a dormir con Pilar y conmigo. Por lo que sé, tanto Chema como Carlos acabaron medio chuzos en una discoteca con los holandeses. También comentaron que se bañaron en la piscina de un hotel en calzoncillos y totalmente cocidos por el alcohol.

 

Nosotros nos fuimos a la cama a descansar. Pilar estaba muy decepcionada con Chemita y le animamos un poco para que se le pasara el disgusto. Cosas de parejas, y yo en medio. Ufff, qué poco me gusta eso!! Obviamente no entro a valorar si me parece mal o bien. Simplemente critico la parte que me toca, que no es otra que no se debieron haber llevado las llaves y habernos dejado a la intemperie sin preocuparles absoluto.

 

Yo me olvidé del tema en… un minuto, el que tardé en quedarme totalmente dormido, a pesar del horrible calor. Vaya día que habíamos pasado. Lo mejor de todo es que nuestra aventura en Dahab no se había terminado. Aún quedaban 24 horas de diversión en el Mar Rojo.

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Dahab
photo by: TamaraSimons