Capadocia: cuando el hombre moldea la naturaleza.

Goreme Travel Blog

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En la Estación central de Goreme, donde contratamos la excursión que nos llevaría a los principales sitios a visitar de Capadocia.


La ajetreada noche en bus nos había dejado un poco "tocados", pero no lo suficiente para disfrutar de un gran día en La Capadocia. La temperatura era perfecta y nos iba a permitir no sufrir los estragos del calor en otro día largo e intenso a la vez.

La Capadocia se formó hace 3 millones de años gracias a la erupción de los volcanes Erciyes, Hasandaz y Malendiz. Las cenizas, el barro y la lava cubrieron la meseta de Anatolia Central con un grosor de decenas de metros. La masa caliente, una vez se enfrió, se contrajo y agrietó. Luego la erosión provocada por el agua, la nieve, el aire y los cambios de temperatura hizo el resto y creó formas un tanto insólitas en la roca.
El hombre, que ocupó la zona desde hacía miles de años, aprovechó esta circunstancia y moldeó las rocas a su gusto, creando casas, templos religiosos, establos, almacenes o ciudades subterráneas para esconderse largas temporadas durante la guerra.

Foto tomada en Uchisar, junto a la fortaleza, uno de los pueblos más emblemáticos de la región.
Hititas, Frigios, Romanos, Otomanos fueron las civilizaciones más importantes que pasaron por aquí, sin olvidar a que fue un punto principal para la llegada de los primeros cristianos que eran perseguidos por el Imperio Romano. Aún hay gente viviendo dentro de la roca, aunque esta opción es prácticamente residual y más enfocada al turismo y a la ganadería que a otra cosa. De todas formas, la Capadocia constituye uno de los mejores museos al aire libre del mundo. Un lugar en el que el arte y la naturaleza se asocian para crear paisajes increíbles. No será la primera vez que esto pase durante nuestro viaje..

Una vez llegados a Goreme, lo primero que debíamos arreglar es la manera de llegar a Aleppo (Siria), donde habíamos quedado con el conductor el día 5 a las ocho de la mañana.

Paisaje de la Capadocia.
Fuimos a una de las múltiples agencias que se encargan de realizar excursiones, de alquilar motos o quads, y sobre todo de vender billetes de autobús, el medio por excelencia en Turquía. En esta agencia compramos un billete que nos serviría para coger 3 buses, el primero de Goreme a Kayseri (una de las principales ciudades de la región junto a Nevsehir), el segundo de Kayseri a Antakya (la antigua ciudad de Antioquía), y el tercero de Antakya a Aleppo, ya en el país sirio. También contratamos un conductor hasta las seis de la tarde (ya que una hora más tarde saldría el autobús) que nos debía llevar a los lugares que le propusimos. Yo que era el único que había estado aquí, quería mostrarle al grupo, lo principal de la región, ya que no teníamos mucho tiempo y este lugar es para estar más de un día.
Chema y yo haciendo el mono en Uchisar.
Así que escogimos los distintos puntos a recorrer y pagamos un total de 50 euros (25 por el billete y 25 por la excursión, entradas incluídas).

Subimos a la furgoneta una vez Ali recuperó la cartera que se había dejado tirada, y empezamos nuestra ruta. Recuerdo la mirada de mis amigos y los comentarios tipo "parece otro planeta" o "mira, está todo agujereado". Sabía que les iba a gustar y que iban a disfrutar tanto como yo lo hice 5 años atrás cuando recorrí este paraíso "natural y humano".
La primera parada sería Uchisar, un pueblo conocido por su castillo excavado en la roca desde el que se puede tener una visión privilegiada de todo el Valle. Entramos a la fortaleza y en lo alto, amarrados a una bandera turca nos hicimos varias fotos. Desde ahí se veían las caprichosas formaciones rocosas y se intuían los cientos de casas y templos que han permanecido en el interior de las montañas durante muchos siglos.

Típica foto en lo alto de Uchisar, desde donde se ven unas vistas fantásticas.

El segundo objetivo era ver una ciudad subterránea de la región. Para esta ocasión elegimos la de Derinkuyu, a unos 30 km de donde estábamos. Yo había estado en la de Kaimakli y preferí escoger una distinta para perdernos por sus angostas grutas.

La facilidad de excavar el suelo volcánico, permitió a los moradores de la región crear numerosas ciudades subterráneas que eran utilizadas como refugio en épocas de guerra. En ocasiones se creaban hasta 20 niveles donde no faltaba de nada (almacenes, comedores, salas para el culto, cocinas, bodegas, cisternas de agua, habitaciones...) y cuyo truco para sobrevivir residía tanto en los numerosos pozos de ventilación que aseguraban el oxígeno a todos los niveles, como en el bloqueo de los principales accesos, que hacía totalmente imposible penetrar en la ciudad.

Pasadizo típico de la Ciudad Subterránea de Derinkuyu.
Derinkuyu, que tiene entre 18 y 20 niveles, tiene abiertos al turismo los ocho primeros, en los que los estrechos y poco altos pasillos te van trasladando a las diferentes dependencias. Chema, que durante un tiempo había sufrido de claustrofobia, tuvo que echarle agallas para entrar y superar así su temor. Podías ir a la derecha a la izquierda o por el hueco en el que se intuía una pequeña gruta. Y así durante un rato podías hacerte a la idea de cómo podían vivir en el lugar varios miles de personas. Y obviamente, tenías tiempo de perderte varias veces. Para todos fue de las cosas más impresionantes que habíamos visto. Sin duda vale la pena ir a visitarlo. Y hay casi cuarenta ciudades subterráneas más en la región.. Yo os recomiendo ir a ésta o a la de Kaimakli, que según parece, son las más grandes (incluso guardan comunicación entre ambas gracias a un pasillo de unos 8 km).
Miles de personas habitaron la Ciudad subterránea de Derinkuyu en tiempos de necesidad. Chema venció definitivamente todo posible resquicio de claustrofobia.

Salimos algo sudados y acalorados del sitio, y a la salida hicimos alguna compra en uno de los comercios del lugar. Yo personalmente compré monedas romanas de plata. Lo único claro que tengo es que de plata sí que son, lo más difícil de saber es si son verdaderas o falsas. Así que me tocó regatear durante un rato hasta dar con lo que quería. Finalmente todos contentos (más el vendedor, por supuesto) y nos fuimos dirección al Valle de las Palomas, donde comimos y divisamos una bella imagen de Uchisar que quedaba al fondo. El restaurante era de buffet y nos pusimos las botas entre pasta, carne y melón. Kalipo y Chema aprovecharon para tomarse dos cervecitas que tuvieron que pagar a parte ya que la bebida no suele entrar en los buffets. Ahí se empezaba a notar las ganas de bebeke que tenía el personal.

Derinkuyu.
.

La siguiente parada consistiría en la visita panorámica de "Las Tres bellas", que son claros ejemplos de lo que en Capadocia se denomina a las Chimeneas de las Hadas, rocas muy verticales y con una especie de tejado natural en la parte superior, que son muy originales al ojo humano. Chema y Kalipo hicieron el mono para no variar y trataron de escalarlas por las rudimentarias escaleras hechas siglos atrás. Pilar, Alicia y yo nos hicimos muchas fotos porque sin duda, el momento lo merecía. Justo después de esto, el conductor nos llevó a Dervent, conocido valle porque entre otras cosas, se puede ver una roca en forma de camello (Me recuerda a Oung Jemel, en el desierto tunecino, a unos kilómetros de Tozeur) que es pasto de los fotógrafos amateurs como nosotros, o más bien, como Chema, que devoraba con ansiedad los megas de la tarjeta SD de su cámara digital.

Fuera de Derinkuyu, comprando algún souvenir.
Así ninguna de las tres camaras llegarían con fotos suficientes a Israel.. Al ritmo que íbamos, sería necesario parar las tarjetas a CDs para ir dejando hueco a las casi 3000 fotografías que formarían parte de este viaje.

La región es conocida también por sus milenarias alfarerías, que se aprovechaban de la calidad de su arcilla, y que componen verdaderas obras de arte ya sea en forma de platos, de vasijas o de ceniceros si hacía falta. Fuimos a ver una de ellas a la ciudad alfarera por excelencia, Avanos. Esto es muy típico en toda excursión a Capadocia. El conductor de turno te lleva donde tiene una comisión por acercar a los turistas. Nos estuvieron enseñando cómo se hacían las piezas, desde el moldeo inicial en el torno, hasta el minucioso dibujo realizado por mujeres, tomando motivos del arte islámico.

Uchisar, la fortaleza. Foto tomada desde el Pigeon Valley, es decir, "Valle de las palomas"
Sin duda una actividad muy laboriosa que supone una gran fuente de ingresos a la región. Alicia, a quien le gusta mucho la alfarería, fue conejillo de indias del dueño del lugar y trató de moldear "algo". Como era previsible, lo único que consiguió fue mancharse de arcilla. Nosotros disfrutamos mucho viendo cómo lo hacía, mientras nos tomábamos un té de manzana riquísimo.

Lo siguiente que veríamos sería una serie de iglesias excavadas en chimeneas de hadas. Había bastante gente y todo el mundo trataba de subir y bajar por las escaleras de mano que había para tal efecto. Aún se pueden ver dibujos y cruces de colores (sobre todo en rojo) de estos pequeños templos. Nos tomamos un helado "típico turco" que parecía moldearse como chicle. Un vendedor bromista supo vendérnoslo haciendo numerosos trucos y gracietas.

Vista desde el Valle de las Palomas. Las montañas y rocas están totalmente huecas por dentro, debido a las construcciones del pasado.

El último lugar, y quizá el que más vale la pena, era el Museo al aire libre de Goreme, nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985.
Durante el período en que los cristianos eran perseguidos por el Imperio Romano, numerosas comunidades se trasladaron a este valle de Anatolia Central, en el que aprovechándose de la erosión y de la facilidad de moldeo de las rocas, fueron creando varios monasterios e iglesias. Actualmente pueden verse algunas decoradas con frescos de los siglos X y XI de una gran factura, como la "Iglesia de la Hebilla", la de "La Manzana", la de "La Serpiente", y la más monumental de todas (en la que hay que pagar 5 euros a parte), "La Iglesia oscura", donde entramos Alicia y yo para no variar.

Aquí me véis, cual turista guiri, posando en el Valle de las palomas, con Uchisar de fondo.
Allí no sólo vimos templos dedicados al culto, sino refectorios (comedores monacales) o cocinas.

Y así terminó la excursión, bastante completa creo yo, aunque nos faltó por ver algunos sitios como la antigua ciudad de Çavusin, o el Monasterio de Zelva, o incluso haber cogido algún quad para recorrer la zona. Pero no hubo demasiado tiempo y demasiado lo aprovechamos.

Para culminar el día en Capadocia, antes de que llegara el autobús, nos dimos un buen homenaje en uno de los restaurantes que rodean Goreme y nos tomamos unas pizzas exquisitas, que acompañadas por un buen trato y unas maravillosas vistas del Valle, nos hicieron suspirar de felicidad a más de uno. "Qué bien se come aquí" dijo Pilar más de una vez y a la que asentíamos con la boca llena.

Las Tres Bellas de Urgup
. Y es que todos pensábamos a pies juntillas lo mismo que ella, una comedora empedernida que no sabemos dónde echa la comida, ya que no tiene ni un kilo de más. Lo mismo les pasaba a los demás (bueno, Ali directamente es que no come..). Desgraciadamente, lo que no engordaban Chema, Carlos o Pilar, me lo llevaba yo.. Cosas del metabolismo, qué le vamos a hacer.

Poco antes de coger el bus que nos dejaría en Kaisery nos dijeron que al haber poca gente que iba a Aleppo,  tan sólo podríamos coger los buses Goreme-Kayseri, y Kayseri-Antakya. Una vez llegáramos a la antigua ciudad de Antioquía, podríamos coger uno de los autobuses que van a la ciudad siria de Aleppo (Halep en turco y Haleb en árabe). Así que nos devolvieron el dinero y tiramos hacia Kaisery, donde esperamos hasta media noche el bus que nos dejaría en Antakya a la mañana siguiente.

Las Bellas y La Bestia
Al menos aquí no había lobos. Lo único, el gélido aire acondicionado que acompaña al transporte público turco. Al final le voy a tener que dar la razón a más de uno al decir que prefiero el calor calor, al frío artificial, que lo único que puede hacer es ponerte malo.

El viaje estaba saliendo perfecto, uno de los problemas de transporte (cómo ir a Aleppo desde Capadocia) lo habíamos solucionado. Estábamos viendo muchas cosas y ésto no había hecho más que empezar. Y además, la relación entre los 5 era bastante buena y yo no sentía que estaba entre dos parejas. Me sentía rodeado de 4 amigos. Y eso en un viaje tan largo en el que las discusiones absurdas están a la orden del día, era muy importante para mí. Donde hay una buena base, hay un buen final.

"El camello", un capricho de la erosión
Eso siempre lo he pensado.

Así que hasta mañana. Nos vemos en Antakya, a pocos kilómetros de Siria, un país que, como veréis en los siguientes relatos, nos acogió con cariño y nos trató de maravilla y que parece un museo al aire libre, lleno de maravillas de gloriosas épocas pasadas.


José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

babass says:
magnifico !
Posted on: Aug 30, 2007
pacovera says:
Que ameno lo cuentas, Sele, parece que esta uno ahi. He vuelto a estar con tu narración.
Saludos.
Posted on: Aug 16, 2006
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photo by: spocklogic