Belgrado: Primera parada de Los Balcanes

Belgrade Travel Blog

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Belgrado es una ciudad cosmopolita y moderna.

 

Introducción a la nueva serie de relatos: Los Balcanes llevan más de quince años saliendo a la palestra de los medios informativos al ser la zona de Europa que más ha cambiado y que más sigue cambiando. La independencia de Eslovenia y Macedonia, las crueles guerras en Croacia y en Bosnia a las cuales les costó sangre, sudor y lágrimas escindirse de la Gran Yugoslavia, el genocidio en Kosovo y los consiguientes bombardeos de la OTAN a Serbia, el juicio y posterior muerte misteriosa de Milosevic en La Haya, sin olvidarnos del último referéndum que votó a favor de que Montenegro fuese un país independiente desde mayo de 2006 son algunas de las razones por las que esta zona de Europa oriental es considerada como la mas convulsa social, política y geográficamente hablando.
En lo que fue la Antigua Yugoslavia se han vivido capítulos demasiado crueles, demasiado sangrientos. Nos hemos horrorizado con las imágenes de los bombardeos, de las fosas comunes producto de las limpiezas étnicas y religiosas (sobre todo en Bosnia y Kosovo), del miedo de la población en Sarajevo que estaba a expensas de los francotiradores, y de un largo etcétera de calamidades y de belicismo cruel.

Uno de los muchas puertas que dan a las galerías de la antigua fortificación de Kalemedgan
Quizá el derrumbe del puente de Mostar (Bosnia), que separa a los musulmanes de los cristianos croatas fue el símbolo de la barbarie y de la incompetencia del hombre para vivir juntos pacíficamente y en armonía. Diez años después de que esto sucediera se construyó en la ciudad un puente exactamente igual al abatido por las milicias croatas, con los mismos materiales, con las mismas técnicas. Hoy simboliza una nueva etapa no solo para Bosnia, sino para todos aquellos países que fueron pasto de la brutalidad de un conflicto bélico muy duro. Una nueva etapa de paz y de la unión de los pueblos.

 

A partir de ahora mis relatos narrarán mi paso en solitario por algunos de estos países que poco a poco se están levantando, mirando hacia al frente y abogando el lema “vive y deja vivir”. Varios de ellos lo han conseguido en una mayor medida y han alcanzado una gran prosperidad, otros aún están cicatrizando sus heridas o encauzando su nuevo camino en libertad. 

 

La extensión de cada artículo, como podréis ver, es un poco más reducida que las crónicas anteriores.

Donde confluyen el Río Sava y el Danubio
El hecho de vivirlas yo solo sin los amigos que me habían acompañado durante los 20 días previos en Oriente Próximo ha provocado que me replantee la posibilidad de que los relatos fueran algo tediosos y aburridos. Por eso y por ahorraros tiempo de lectura a vosotros, y tiempo de escritura al que os habla.  

Así que sólo espero que os guste y que disfrutéis de esta serie de artículos sobre Los Balcanes y el Norte de Italia.

 

El recorrido que hice desde el 20 hasta el 30 de julio fue el siguiente:

 

·        Día 20à Belgrado (Serbia)

·        Día 21à Sarajevo (Bosnia)

·        Día 22à Mostar (Bosnia)

·        Día 23à Kotor (Montenegro)

·        Día 24à Dubrovnik (Croacia)

·        Día 25à Split y llegada a Zagreb (Croacia)

·        Día 26à Zagreb (Croacia) y llegada a Ljubljana (Eslovenia)

·        Día 27à Ljubljana (Eslovenia)

·        Día 28à Lago Bled (Eslovenia) y noche en Venecia (Italia)

·        Día 29à Venecia (Italia)

·        Día 30à Milán (Italia) y vuelta a Madrid.

La fortaleza del Kalemedgan es el símbolo de Belgrado
      

 

Por tanto, comenzaremos por Belgrado, la que fue mi primera parada en esta travesía en solitario por esta zona de Europa.


Espero que os guste,

 

José Miguel Redondo (SELE)

El Rincón de Sele

 

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BELGRADO, LA CIUDAD BLANCA

 

 

Mi vuelo procedente de El Cairo llegó bastante temprano, por lo que tuve tiempo para organizarme perfectamente el día en la capital serbia.

Knez Mihailova es la arteria vital de la capital serbia. En la foto no hay mucha gente aún porque es demasiado pronto
Cuando uno viaja sin llevarlo demasiado preparado de antemano, con tan sólo una guía (que te ayuda bastante, eso sí), la planificación es más o menos la siguiente: Llegas a la ciudad x, vas a la Estación de trenes/autobuses más céntrica donde te informas de los horarios y precios para el próximo destino, y si puedes, compras tu billete según se adecue mejor a tus preferencias. Dependiendo de cuándo salga tu medio de transporte para abandonar la ciudad tienes que buscar alojamiento o no. En el caso de no tener un presupuesto muy elevado están los Hostales de Juventud (Youth Hostel), las Pensiones de mala muerte, o si tienes suerte, una habitación de una casa en la que vive gente, que no sale mala de precio (Una opción muy usual en Los Balcanes).

 

En poco más de una hora, desde que salí del Aeropuerto Nikola Tesla de Belgrado dejé todo solucionado, a pesar de mis grandes dudas acerca de si era conveniente pasar una noche en la ciudad o en cambio aprovechar para marcharme a Sarajevo. Gracias a los muchos buses que salen diariamente hacia la capital bosnia, escogí esta opción (autobús Belgrado-Sarajevo a las 22:30 horas), desechando la del tren, ya que sale uno al día a las tres de la tarde aproximadamente.

Knez Mihailova
  Por tanto, ese día tuve aproximadamente 13 horas para patear lo que hasta hace no mucho ha sido el centro político y económico de la Gran Yugoslavia. Hoy, se ha adaptado a los nuevos tiempos y se ha convertido en una ciudad cosmopolita, con una gran oferta cultural y de ocio.

 

Belgrado no es una ciudad muy grande y teniendo clara un itinerario concreto puedes recorrerla a pie en un solo día. Si te ves apurado puedes coger uno de los muchos tranvías o buses urbanos que hay. En mi caso fui haciendo mi ruta caminando, aunque fueron tantas horas que acabé con los pies destrozados.

 

El primer lugar que elegí para visitar, y al que más tiempo dediqué fue la Fortaleza de Kalemegdan, considerada como el símbolo de Belgrado. Situada en una colina, a la vista de la unión de los Ríos Sava y Danubio, fue en primer lugar un asentamiento celta, posteriormente los romanos lo convirtieron en un enclave militar, aunque su uso como fortaleza se dio en el período otomano.

Trg Republike (Plaza de la República)
A pesar de sufrir muchos asedios (Belgrado fue invadida por 40 ejércitos y 38 veces reconstruida sobre sus cenizas) aún quedan importantes ruinas en la zona fortificada, además de zonas restauradas en el Siglo XIX. Kalemegdan hoy en día es un enorme parque con un sinfín de murallas, puertas con más de cinco siglos, arcos de gran belleza, restos históricos y edificios militares dispersos en amplios jardines arbolados que le dan un encanto especial, romántico incluso. Por la mañana, temprano pasee muy tranquilamente por allí, sin escuchar más ruidos que el de los pájaros y sin encontrarme más gente que la de algún anciano madrugador o un deportista haciendo footing. Rodeando lo que fueron sus murallas disfruté de una panorámica privilegiada de los Ríos Sava y Danubio, cuyas aguas coinciden en un entorno mágico. La Torre del Rejoj o el Museo Militar son algunos de los puntos vitales de Kalemegdan, aunque lo que más me satisfizo fue el rodeo que hice a sus murallas y torretas desde donde descendí a una pequeñísima y cuidada iglesia ortodoxa llena de iconos de la Virgen María, con un sinfín de velas consumiéndose a su alrededor. A medida que van pasando las horas a lo largo de la mañana, gente de todas las edades, y sobre todo parejitas hacen uso de sus bancos y caminos, aprovechándose de que Kalemegdan es un lugar tranquilo, en el que el ajetreo típico del centro no es más que un recuerdo.
El famoso Hotel Moscú, quizá el más emblemático de Belgrado
Y eso que está pegado a la calle más importante y concurrida de la ciudad, Knez Mihailova. Esta es una de las avenidas peatonales más extensas e interesantes por las que he tenido el gusto de pasear en mi vida. La arteria principal de Belgrado, por la cual anduve en ambos sentidos, es un lugar ideal para ir de compras, mirar escaparates y tomar algo en una de sus muchas terrazas. Tiene un estilo similar a la Calle Preciados de Madrid, aunque algo más tranquila, limpia y con una extensión bastante mayor.

Un paseo en Knez Mihailova puede ser muy placentero cuando te mezclas con gente que viene aquí en sus ratos de ocio. Personalmente esta calle fue el lugar con mayor proporción de mujeres bellas que han visto mis ojos. Otro motivo más para venir a Serbia.

Desde Knez Mihailova se puede acceder a la Trg Republike (La Plaza de la República) en cuyo centro se erige la estatua ecuestre del Príncipe Mihailo Obrenovic. Aquí es donde se encuentran tanto el Museo como el Teatro Nacional, y éste es otro lugar concurrido por los habitantes de la capital.

 

Turismo lo que es turismo apenas vi, a no ser por algún grupo de californianos que seguían a una guía con banderita amarilla como si de borregos se trataran.

Tranvías y buses recorren la capital de Serbia
A pesar de ser una ciudad cada vez más abierta, aún no ha sucumbido del todo a las hordas de fotógrafos amateurs. Este hecho, para mí importantísimo, le da a Belgrado un toque de personalidad digno de valorar.

 

Al final de Knez Mihailova se llega a una amplia avenida, en este caso no peatonal, llamada Kralja Milana, a la que se le reconoce por tener a su comienzo al Hotel Moskva (construido en 1906 por Jovan Ilkic), el cual es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, reconocible por su recargada techumbre verde de la fachada frontal. Me recorrí dicha avenida en mi búsqueda de algún signo del bombardeo de OTAN a Serbia en 1999, ya que al parecer desde ahí se accede a una calle en la que se ven los restos de lo que en su día fue el Ministerio del Interior, además de varios edificios adyacentes igualmente afectados. Cuando pregunté me dijeron que dicha calle se llama Kneza Milosa y que es una de las que cruza Kralja Milana, donde me encontraba en ese momento. No tardé mucho en encontrarla y en situarme en frente de lo poco que queda de la última afrenta bélica sufrida en el país.

Edificio bombardeado en Kneza Milosa (Belgrado)
Dos edificios de un estilo similar prácticamente devorados por los misilazos recibidos con el objetivo de ser destruidos. Estoicamente aguantan de pie y aún no han sido derribados para construir otras cosas en su lugar. Estos edificios, además de otro más antiguo a su lado en el que se ven perfectamente restos de artillería, son quizá los únicos restos bélicos de una ciudad a la que encontré muy recuperada de una década (los 90) muy dura. La verdad, me esperaba más restos de guerra, obviamente no tantos como en Beirut, pero para haber sufrido un asedio por parte de la OTAN durante más de un mes, y hacía tan solo siete años, es muy poco lo que queda.

 

Volví a Kralja Milana donde me senté a comer agotado de no haber parado de caminar desde la mañana. Después seguí hasta el final de la calle, que culmina en la Plaza Slavija, no muy llamativa por cierto. Al fondo, vista desde cualquier rincón de la ciudad, se encuentra la imponente Iglesia de San Sava, cuya construcción se inició en los años ochenta y que, a pesar de no estar terminada en su interior, resulta muy ostentosa, pareciéndose más a una Catedral que a una iglesia común.

Son algunos de los edificios ministeriales afectados por el bombardeo de la OTAN en 1999
Sus muros blancos y sus oscuras cúpulas forman parte de la silueta de Belgrado.

 

Volviendo por donde vine acabé frente al Parlamento de Serbia, desde donde el pueblo pidió la marcha del genocida Slobodan Milosevic y que fue el principio de una transición que está siendo rápida y perfectamente asumida por la mayor parte de los ciudadanos.

 

Uno de los lugares que uno no debe perderse en Belgrado es el Barrio Bohemio de Skaldarija, donde abundan los Cafés y restaurantes, y desde donde aún se respira un ambiente literario y artístico. No llega a ser el Monmartre parisino precisamente, pero el adjetivo “bohemio” está bien empleado para lo que es la zona de las letras de la capital serbia.
Desde Skaldarija me di un largísimo paseo que me llevó a las orillas del Danubio, el Río Imperial por excelencia (2º más largo de Europa) donde hay muchos barcos privados y la gente hace deporte en los clubes que por la zona se ubican, y en las pistas para bicicletas que les ha proporcionado el Ayuntamiento.

Sele en la catástrofe.
En una de las zonas más frondosas, con la colina del Kalemegdan en lo alto me eché una pequeña siesta a la sombra de un árbol para reponerme del cansancio y de la hinchazón en los pies. La temperatura resultaba perfecta e ideal, ya que el calor no era excesivo, y tampoco hacía el fresco suficiente para que pasara frío.

 

Durante las horas que me quedaban para marcharme de la ciudad volví a Kneza Mihailova y aledaños donde tomé algo, navegué por internet y seguí paseando por el corazón de la ciudad. Compré algo de embutido para hacerme un bocadillo que me sirviera de cena y me lo llevé todo al Kalemegdan, desde donde contemplé cómo fue cayendo el Sol por el Río Sava. El parque-fortaleza estaba lleno de gente y gran parte se sentó a ver, como yo, el bello atardecer de Belgrado. Destaca lo limpio que está el lugar (ni un papel en el suelo) y que la gente no se siente en el césped como estamos acostumbrados a hacer tanto en España como en otros países. Otro rasgo a destacar de Belgrado: La limpieza.

 

Eché enormemente de menos estar paseando por allí con mis amigos o con mi familia, quienes hubieran disfrutado tanto como yo del momento.

El clacisismo y la modernidad se mezclan en Belgrado.
Pero tenía que asumir que estaba solo y que iba a seguir estándolo durante los diez días de mi gran escapada.

Volví caminando (para no variar) a la Estación, dando un largo rodeo ya que me sobraba tiempo. Las terrazas con música estaban abarrotadas de gente joven que iniciaba así su periplo por la noche de Belgrado, que según tengo entendido es de las más marchosas de Europa.

En la Estación, cuando fui a recoger mi mochila me di cuenta que me faltaba una moneda para pagar en taquilla al haberme gastado todo el dinero serbio que cambié por la mañana. Afortunadamente cuando pregunté a un chaval, que se estaba lavando los pies en una fuente, me encontré con que era español y que estaba haciendo un interrail con su novia. Martín y Amanda se llamaban, y no sólo me salvaron con la dichosa moneda para poder recuperar mi mochila, sino que terminaron dejándome dinero para ir al servicio. Y para más fortuna, fuimos en el mismo autobús nocturno directos a Sarajevo, un lugar que como veréis en el siguiente relato, me enamoró absolutamente. No tardé ni un segundo en caer dormido. Quizá fue la primera vez que apenas me moví de un bus. Nueve horas que se me pasaron en un suspiro y que se vieron tan solo interrumpidas con los dichosos Passport Control que abundan en Bosnia.
Iglesia de San Sava, una de las más grandes de toda Serbia
Por cierto, vaya carreteras las de allí. Decir malas es poco…

 

Así se fue un día que resumo como positivo y gratificante, a la vez que agotador. Belgrado no fue tampoco lo que me esperaba, ya que no es precisamente una ciudad monumental, pero su carácter abierto, tranquilo y joven me resultó de lo más atractivo. Bien vale una visita, aunque sólo sea por el Kalemegdan y la Calle Mihailova, dos tesoros de un Belgrado más cosmopolita y moderno de lo que la gente pueda imaginarse.

 

 

 

 

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