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Beirut: Entre el Glamour y la Guerra

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Día a día del Viaje a Oriente Medio y Los Balcanes que realicé durante el mes de julio de 2006. Turquía, Siria, Líbano, Jordania, Egipto, Serbia, Bosnia, Montenegro, Croacia, Eslovenia e Italia fueron los países en los que estuve.

Beirut: Entre el Glamour y la Guerra

Puesto fronterizo entre Siria y Líbano

El trayecto nocturno desde Damasco a Beirut fue algo pesado, no sólo por el frío que pasé en el coche, sino porque mientras los demás soñaban plácidamente, tuve que ir pendiente de Said, el nuevo conductor, porque llevaba conduciendo desde las seis de la mañana y temía que pudiera quedarse dormido al volante. Para ello traté de darle conversación, pero, al igual que Yasser, no hablaba demasiado bien el inglés. No hubo demasiada suerte porque raras veces conseguí que tartamudeara alguna frase (porque era algo tartaja el hombre). Para cruzar la frontera entre Siria y Líbano tuvimos que seguir la misma burocracia de siempre: Bajarse del coche y sellar la salida, subirse al coche y avanzar, bajarse del coche de nuevo y sellar la entrada, subirse al coche a que miren el maletero y te pidan un par de veces los pasaportes… Lo único bueno fue que al ser de noche no tuvimos que esperar esas colas interminables en las que nadie respeta tu sitio.

En la furgoneta de noche, yendo hacia Beirut.
Said dijo que, una vez pasada la frontera, iríamos más despacio porque las carreteras no estaban en el mejor estado posible, además de tener una iluminación algo insuficiente, debido a que aún sus infraestructuras no eran las mejores debido a las Guerras que había sufrido a lo largo del último siglo. Líbano tiene una historia reciente bastante compleja y ante todo, triste y sangrienta. Voy a intentar poneros en antecedentes para que comprendáis, aunque sea un ápice, dicha complejidad (Voy a excluir la reciente guerra con Israel (Julio y agosto de 2006), de la que hablaré en posteriores relatos, ya que en el momento en que nos ubicamos no se presagiaba en absoluto, conflicto alguno en este país):

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El Líbano, heredero del antiguo pueblo Fenicio, siempre fue un lugar en el que convivieron cristianos y musulmanes, incluso tras formar parte desde el Siglo XVI del Imperio Otomano.

Mezquita al-Amin (Beirut). Fijaros en los coches militares custodiando la zona.
Los turcos fueron derrotados por los franceses en la Primera Guerra Mundial y establecieron allí un protectorado hasta 1944, aunque el Líbano obtuvo la Independencia un año antes. La singularidad religiosa de este país (algo más de la mitad de la población era cristiana y el resto musulmana) se vio reflejada en su orden político, donde el Presidente sería Cristiano Maronita (una rama del cristianismo), el Primer Ministro sería Musulmán Sunita y el Portavoz de la Cámara Musulmán Chiíta, además del establecimiento de un reparto de escaños según tales confesiones religiosas (6 cristianos por cada 5 musulmanes).

Durante un par de décadas, Líbano alcanzó una prosperidad tal, que le hizo ser conocido en el mundo como “La Suiza de Oriente Próximo”.

Los 5 en la Mezquita al-Amin (Beirut)
No es que la violencia desapareciera del todo, porque a finales de los años cincuenta hubo duros enfrentamientos entre musulmanes y cristianos, pero el florecimiento tanto financiero como cultural del país de los Cedros (como así se le conoce, ya que el cedro es su símbolo) parecía no alcanzar el fin y la “jet set” de países extranjeros lo eligió para hacer sus inversiones y pasar sus vacaciones. A finales de los años sesenta, debido al masivo flujo de refugiados Palestinos (concentrados en el sur) y el creciente antisemitismo por parte de las facciones más radicales, Israel sufrió numerosos ataques por parte de éstos. En mayo del 68 las fuerzas israelíes tomaron represalias en la frontera y de esta forma la violencia fue aumentando peligrosamente, hasta que un avión de pasajeros hebreo fue ametrallado en el Aeropuerto de Atenas.
Edificio de Beirut en ruina por la guerra
  Israel tardó dos días en lanzar un ataque al Aeropuerto de la capital libanesa, Beirut, afectando a 13 aviones, advirtiendo de esta forma, que no iban a permitir nuevas agresiones a su Nación. Entre 1968 y 1969 las tropas libanesas se enfrentaron violentamente a sus refugiados palestinos, ya que exigían impunidad para atacar a Israel, pero no lograron nada contra éstos, comandados por las guerrillas de Al-Fatah. Bajo la presión de los musulmanes libaneses, el Gobierno firmó el Tratado de El Cairo con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Arafat, mediante el cual las exigencias palestinas fueron aceptadas. Los cristianos maronitas no estuvieron en absoluto de acuerdo con dicho Tratado y uno de sus partidos políticos, Falange Cristiana, comenzó a armar y preparar a sus milicianos.
Imagen de la devastación
Los enfrentamientos entre éstos y los palestinos estallaron en las calles de Beirut, y la tensión se fue acelerando de manera desmesurada, hasta provocar una difícil fragmentación del país. El antagonismo y las diferencias entre cristianos y musulmanes fueron acrecentándose. Éstos últimos, además habían visto aumentado su crecimiento demográfico en los últimos años debido a su mayor índice de natalidad. Los diferentes grupos se fueron armando y formaron “ejércitos privados” en función de su filiación política o religiosa, y poco se podía hacer para evitar el peligro que se avecinaba. La Falange, viendo que los grupos musulmanes se aliaban con el Movimiento Palestino para hacerse con el poder y así atacar Israel, apoyó a los hebreos. Hubo numerosas confrontaciones entre los falangistas y el ejército libanés, contra el Movimiento Nacional y los palestinos.
Edificios modernos del Distrito Central. La pancarta extendida en uno de ellos corresponde a la figura del ex-presidente Rafic Hariri, asesinado en 2005

 

El 13 de abril de 1975 empezó una Guerra Civil que duró quince años y que causó centenares de miles de muertos. Dicho día unos pistoleros falangistas atacaron un autobús causando la muerte de 27 pasajeros palestinos, lo que provocó numerosos asesinatos en forma de venganza. Las vendettas estaban a la orden del día hasta que todo se vio superado por el Sábado negro, en que más de 300 personas perdieron la vida, cuando unos y otros paraban coches y degollaban a todo el que no fuese de su concesión religiosa. Durante el conflicto, salieron al escenario más de dos decenas de bandas armadas o milicias que luchaban por razones diversas.

Edificio vacío desde la guerra
La Ciudad de Beirut quedó dividida en dos: El Este para los cristianos y el oeste para los musulmanes. Su frontera fue la conocida “Línea Verde”, que se convirtió en un auténtico infierno de muerte, destrucción y desolación. En 1976, tras la ventaja palestina frente a la maronita, Siria entró en el conflicto e invadió Líbano en busca de un gobierno pro sirio que controlara el país para así poder hacer frente a su irreconciliable enemistad con Israel. Aunque antes de la guerra apoyaban a los palestinos, terminaron colaborando con las facciones cristianas, ya que no estaban de acuerdo con su líder debido a que le veían contrario a sus intereses. El Líbano pues, se convirtió en el tablero de ajedrez donde el país judío y el sirio trataron de sofocar sus diferencias, si es que no era suficiente el enfrentamiento entre los distintos grupos y milicias locales.
Bloque en ruina por la guerra

 

Tras varias campañas durante los años siguientes, el ejército israelí invadió Líbano el 6 de junio 1982, desalojando a los sirios del país. Los bombardeos dejaron aún más destruida a Beirut y a otras ciudades del sur como Tiro, Sidón o Damour. La capital se llevó la peor parte al verse sometida a bombas de racimo, de succión y obuses de fósforo, y quedando prácticamente arrasada. Hubo millares de bajas en la población civil y fueron destrozados edificios, puentes, carreteras, aeropuertos, hospitales, escuelas, museos... Todo sufrió los efectos de un terrible conflicto que duraría hasta 1990, cuando las tropas apoyadas por Siria tomaron el control del país.

 

El período de transición y reconstrucción de Líbano no fue (ni está siendo) fácil ya que Siria ha seguido interviniendo en su política interna e Israel ha lanzado campañas militares muy duras contra su vecino del norte.

Zona sin reconstruir del Distrito Central de Beirut
En 2005 el Primer Ministro Rafic Hariri fue asesinado mediante un coche bomba, y muchos apuntaron directamente a Damasco. La presión internacional ayudó a que Siria retirara en abril de ese año los 14.000 soldados que aún estaban en el país de los cedros. En la actualidad gobierna en Líbano un partido antisirio encabezado por el hijo de Hariri y cuyo Primer Ministro es Fouad Siniora, quien ha seguido con las reformas del ex presidente asesinado. En el propio Gobierno hay un miembro de Hizbolá, grupo libanés que tiene mucha importancia en el devenir del país. Recordemos que Hizbolá es un grupo terrorista chií que se creó en 1982 como reacción a la invasión israelí. Éste aliado de Irán y de Siria, liderado por Hasán Nasralá, se caracteriza por su  fuerte sentimiento antisraelí y antioccidental.
Edificio tiroteado
Actualmente tiene muy extendida su red en Líbano y es más que una simple guerrilla. Es un grupo político que se ha implantado de forma sólida en todos los estamentos de la vida social y política. Posee colegios, hospitales, controla gobiernos locales y hasta tiene su propio canal de Televisión. Se dieron a conocer en los ochenta por sus numerosos atentados en contra de objetivos israelíes y occidentales, llegando a asesinar en una ocasión a más de 241 marines estadounidenses en lo que fue su carta de presentación. Tiene una alianza desde el año 2000 con Hamás y la Yihad Islámica y siempre ha supuesto un quebradero de cabeza para Israel. El último de ellos lo conocemos todos y se ha visto reflejado en el último conflicto sufrido en Líbano durante los meses de julio y agosto 2006.

 

Durante los quince años que separaron una guerra de otra, el gobierno libanés ha realizado importantes labores de reconstrucción en todos los sentidos: Social, política, cultural, arquitectónica, financiera y turística, llevando al Líbano a estar más cerca de volver a ser “La Suiza de Oriente”.

Campanario de Iglesia en Beirut
Pero me temo que entre unos y otros no dejan a su gente vivir en paz…

 

Perdonadme si os he liado demasiado, pero el tema de Líbano (y de Oriente Medio en general) es tan sumamente complicado que no alcanzo a entenderlo ni yo mismo. Espero que, al menos, os sirva para contextualizar un poco y meteros en ambiente como hice aquellos días.
Contraste entre un edificio afectado por la guerra sin restaurar y otro totalmente restaurado. Distrito Central de Beirut.
 

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Me había quedado en ese trayecto nocturno (casi de madrugada) que nos llevó a Beirut. Como os dije, aguanté el sueño como pude para dar conversación a Said, el conductor, que había estado en carretera más de trece horas durante ese día. Al final lo de salir de fiesta se convirtió en una auténtica quimera, porque de lo tarde que era y la paliza que llevábamos encima, estábamos agotados. De repente, a eso de las dos y media de la mañana nos adentramos en una mega ciudad, a la que se accede bajando desde unos montes.
Hotel Holiday Inn (Beirut). El mayor recuerdo de la Guerra Civil
Ya me llamó la atención desde un principio ver casas y edificios en los que se conservan todavía los agujeros de bala hechos durante la larga Guerra Civil que tuvieron hasta el noventa. Sabía que, a pesar de que la reconstrucción que había sido enorme desde entonces, aún veríamos muchos recuerdos del duro periodo bélico. También había leído y escuchado muchas cosas acerca de que la gente estaba tratando de olvidar y de que Beirut era uno de los mayores referentes mundiales en lo que a ocio y marcha se refiere. Sorprendente la capacidad y las ganas de superar momentos sumamente duros entre una población dividida entre cristianos y musulmanes. Es más, la Línea Verde, que fue pasto de devastación y muerte, se había convertido en un lugar ajetreado y lleno de Cafés. Estaba claro que nos íbamos a encontrar con un país muy marcado por su historia pero a la vez muy mentalizado en superar traumas y mirar hacia delante.
Yo con el Holiday Inn (Beirut) al fondo. Tiene agujeros hechos con toda clase de artillería.
 

En el Hotel de Damasco nos habían recomendado una Pensión, bien situada, y que no tenía precios tan elevados al igual que otros alojamientos de Beirut. Al parecer Líbano era bastante más caro que Siria, y podíamos notar bastante la subida en nuestro rácano presupuesto. Mientras llegábamos, vi a mucha gente vestida a lo fashion que se iba de fiesta. Parece ser que los viernes y sábados, los locales de moda se ponen de bote en bote. Esto ya chocaba con lo que habíamos visto en Siria. Ver chicas que parecían occidentales, con minifaldas tipo cinturón, y chicos mostrando músculo y abdominales, no es lo más corriente en Oriente Medio. Pero Beirut is different! Incluso escuché el traqueteo de la música discotequera que se escapaba de alguno de los pubs o locales de moda.
Otra imagen del Holiday Inn
Ya, sobre las tres de la mañana, el coche se detuvo en frente de un edificio de color amarillo en plena avenida Charles Hélou con un cartel en la segunda planta donde se podía leer: “Pension al-Nazih”. ¡Por fin llegamos! grité. Cuando me dispuse a salir con Said para ir a preguntar precios, nadie quiso levantarse porque estaban muy a gusto durmiendo en la Minivan. Al final subió Kalipo conmigo y cuando llamamos a la puerta nos abrió un hombre de unos treinta y cinco años con el pelo cubierto de canas y con cara de cabreo. Obviamente no eran horas normales para ir pidiendo alojamiento, pero tampoco para poner ese gesto tan poco agradable. Decía que quedaba una habitación dos camas que costaría unos 25 dólares, y otra con tres camas libres (6 dólares cada una), pero que había que compartirla con dos personas que estaban durmiendo.
Esqueleto del Holiday Inn
Finalmente nos quedamos en ese sitio y a mí me tocó ir a compartir cuarto con dos desconocidos. Esa es una de las cosas que tiene no estar emparejado... Que siempre se reservan las habitaciones de dos para ellos. Chema, Pilar y yo entramos silenciosamente y no hicimos más que subirnos a las literas. El ventilador estaba puesto a una gran potencia, porque el calor en Beirut era bastante más alto que en Damasco. En una de las camas había un chico negro y en la otra un señor mayor rodeado de maletas. Y de poco más me acuerdo, porque una vez cerré los ojos, caí rendido hasta la mañana siguiente...

 

Nada más despertar, Kalipo nos dijo que había hablando con uno de los encargados (no el borde del pelo canoso, sino otro) y nos dejaron ponernos los cinco juntos en la misma habitación.

En el Paseo Marítimo con la Bandera de Líbano al fondo
Ya no tendríamos pues que compartirla con Etoo (era clavado al camerunés) ni con el otro tío raro. Además nos saldría bastante más barato, porque pagar una habitación doble podía ser demasiado para nuestra economía. Para ese día planeamos hacer un buen recorrido por Beirut, pero sobre todo centrarnos en su paseo marítimo de más de 5 kilómetros, y más que ver cosas (ya que aquí no hay monumentos), quisimos dejarnos llevar por la vorágine y la vida de la capital libanesa.

Nada más salir del hotel nos sorprendimos al ver tal cantidad de militares por la calle. En ese momento nos pasaron muchas cosas por la cabeza, pero pensamos que a lo mejor había un acto en el que se reuniría gente importante y que por eso había tanto despliegue en la calle. Cerca de la Mezquita nueva y de cúpula azul (Khatem Al Anbiyaa) había gente depositando flores en un recinto que parecía guardar una tumba importante.

Playa de rocas situada en la Corniche de Beirut
Parece ser que eran ofrendas al túmulo del recién asesinado Presidente Rafic Hariri, cuyo retrato, decoraba lonas y carteles a raudales en la ciudad. Al estar una de las calles cortadas por los guardias, tuvimos que dar la vuelta para ir acercándonos lo más posible al centro (Downtown). En ese momento ya pudimos ir viendo la fisonomía de Beirut consistente en que gran parte de los edificios estén llenos de tiros o bombardeados, y otra gran parte de los inmuebles y viviendas estén finamente reconstruidas. Era una extraña y original mezcla de desolación y lujo, de fealdad y belleza, de muerte y vida... Yo nunca había visto restos de un conflicto bélico en ningún sitio, y quizá fue esto lo que más me llamó la atención. Por las calles en que estábamos paseando, no hacía mucho tiempo la gente se estaba matando en una cruel e inútil guerra.
Edificio dañado por la guerra con la imagen de un héroe de guerra del bando musulmán
También el ver cercanos los minaretes de las mezquitas y los campanarios de las Iglesias, suponía una novedad para nosotros, que contemplábamos con sorpresa cada detalle de la extraña ciudad.

Había edificios tan destruidos que no podían ser más que tirados por completo para levantar otros nuevos. Y justo al lado, te encontrabas con una zona residencial a la que no le faltaba ningún lujo. Pero yo no pude quitar la mirada de las paredes atestadas de balazos de todos los calibres que formaban parte de la cotidianeidad beirutí. No dejamos de hacer fotos de algo que nos estaba dejando totalmente confundidos.

 

Entramos a un supermercado de nivel que parecía un “Club del gourmet” por la gran cantidad de alimentos de calidad que allí había.

Pili y yo en la Corniche de Beirut con las bicicletas
Las sonrisas se dibujaron en nuestros rostros cuando empezamos a comprar embutidos (queso, mortadela, lomo..), barras de pan, helados, refrescos y un largo etcétera. Había muchas marcas españolas como “Campofrío”o “García Vaquero” por poner un ejemplo. Yo me hice un par de bocadillos de queso y mortadela que me supieron a gloria. Allí tenían todos los productos que puedes comprar en España en un Supermercado, y después de nueve días de viaje, uno se alegra de estas cosas. Ya estábamos algo agotados de la comida árabe, la verdad. Más de un día había soñado en las míticas paellas que me suele hacer mi madre y que tan lejanas me parecían. Sería lo primero que le pediría nada más volver a Madrid...
Estuvimos un buen rato buscando un sitio para comernos los bocatas porque la policía no nos permitió sentarnos en ningún lado.
Pilar, Chema y yo en la piscina del Riviera Beach Club de Beirut
Me recordó a Mónaco, donde no te dejan ni quitarte la camiseta. Finalmente, cerca de un lujoso hotel, y no lejos del mar, nos sentamos a degustar nuestros “manjares particulares”. Yo, con más hambre que el perro de un ciego, me comí los dos bocatas seguidos (es decir, una barra de pan entera), que me dejarían saciado hasta la noche.

Allí cerca, y con el Mediterráneo de fondo, vimos uno de los recuerdos de la guerra más impresionantes, tanto por sus dimensiones como por sus “marcas”. Éste era el Hotel Holiday Inn, el cual fue inaugurado poco antes del conflicto fraticida en Líbano, y que por su posición estratégica fue utilizado por un gran número de francotiradores, lo que atrajo ataques hacia él desde todos los lados y con toda clase de armamento.

Pili y yo en la piscina
Ya no eran sólo agujeros de bala, sino de proyectiles mucho más grandes. A pesar de su ruinoso estado sigue en pie y desde hace años se habla de restaurarlo para volver llenarlo de gente más de tres décadas después. Justo delante suyo se encuentra el lujoso Intercontinental Phoenicia Hotel que no es otra muestra de la ciudad con más contrastes que he visto en mi vida.
Nos fuimos hacia la Avenida de París, que es el inicio del largo Paseo Marítimo (conocido como Corniche) que llega hasta Las Rocas de las Palomas y donde abundan los paseantes, las zonas de playa (rocas, no arena) y los Resorts privados que cuentan con piscinas llenas de adinerados turistas. El inicio al Paseo lo marcó el Hard Rock Café, que simboliza los tiempos modernos en el Líbano. No dudé en entrar porque quería una camiseta a toda costa.
En la piscina del Riviera Beach Club
Me enseñaron muchas, pero la que me gustaba costaba algo más de 20 euros, lo que me pareció algo excesivo, y me fui sin ella. El Jose ahorrativo venció al Jose despilfarrador, pero como veréis más adelante, sólo fue un espejismo...

Después del Hard Rock comenzamos a caminar entre los libaneses del paseo marítimo, que volvían a reflejar las enormes diferencias existentes: Por un lado, chicas jóvenes que te miraban bajo unas gafas fashion y chavales con las camisas abiertas mostrando abdominales. Por otro mujeres envueltas en su velo negro (éstas, las menos). En las rocas tan sólo se bañaban hombres y Pilar se indignó porque no se veía ni una sola mujer. Para ello tuvo que esperarse a los Resorts, donde había muchas chicas tostándose al Sol en las hamacas.

Chema, Pili y yo en la piscina
Alicia, desafortunadamente seguía con su diarrea y se sentía bastante mal por el dolor de tripa. Trató de aguantar lo máximo posible porque no quería perder detalle de la ciudad.

De repente, charlando en frente de un edificio en ruinas que tenía unas tres plantas, presidido por la fotografía de un mártir de guerra musulmán, Kalipo sugirió recorrer la ciudad en bicicleta. Vaya bajón que me dio. Entre que no me gusta nada montar en bici, el calor, y las grandes cuestas que hay Beirut, dije que por mi parte no, pero que si querían montar ellos… no había problema. Venga Sele, tío, cógete una bici con nosotros! Dijeron Chema y Pilar. A mí, que me gusta más recorrer los sitios andando y que no me daba mucha confianza pedalear entre coches y gente, me negué en rotundo.

Chema y Pilar en la piscina
¿Y dónde podemos pillar una bici?- preguntó Chema- Mira ese cartel de ahí delante en que pone BEIRUT BY BIKE (100 m) contestó Kalipo, quien hizo la sugerencia de alquilar las bicicletas después de leer esas palabras que remitían a una tienda cercana. Fuimos a preguntar precios y sin comerlo ni beberlo me vi subido en una Mountain Bike. Hice mil intentos para que comprendieran que no hacía falta que fuera yo con ellos y que nos veríamos más adelante, pero entre todos terminaron convenciéndome. Me enseñaron a utilizar las marchas y otros trucos, porque yo sólo había montado alguna vez en bicicletas de paseo, cuando de pequeños mis padres nos llevaban a mi hermana y a mí a practicar a la casa de campo o al parque. Y reconozco que me gustaba mucho, pero como estuve bastantes años sin desempolvar mi bici, acabé cogiéndole bastante respeto.
En las hamacas del Riviera Beach Club
La última vez que había montado hasta mi experiencia libanesa había sido en Ámsterdam, durante el Interrail que tuvo lugar en julio de 2001. Y un rato, bueno, pero dos días, como que no me hizo demasiada ilusión. Recuerdo que acabé llevando la bici antes de tiempo a la tienda.
Y no sé por qué me daba que haría lo mismo cinco años después. Beirut no es una ciudad fácil para recorrer en bicicleta porque como os he dicho, está llena de coches y de cuestas, y muchas de las aceras tenían surcos procedentes de las obras que se estaban llevando a cabo. Al principio me costó hacerme a la bici, pero en un rato me vi preparado para recorrer todo el paseo durante la mañana. Cuando estábamos a punto de empezar el recorrido sobre ruedas, Alicia no aguantó más por el dolor de tripa y su novio Carlos tuvo que acompañarla a la habitación de la pensión para que descansara un poco.
Yo con el Hotel Riviera de fondo.
Chicos, iros vosotros, esta tarde nos vemos porque seguro que estaré mejor. Me va a venir bien descansar dijo con una voz que reflejaba malestar. Con Kalipo quedamos en encontrarnos por el paseo porque allí íbamos a estar Chema, Pilar y yo con las bicicletas. Una vez se fue la pareja, comenzamos a pedalear por la Avenida de París, que cuenta con edificios de poca altura, unos restaurados para su uso como hotel o apartamentos y otros que no habían corrido la misma suerte, y que aún no habían pasado por “chapa y pintura” para arreglar paredes, ventanas, etcétera, que estaban intactos desde los tiempos de guerra. Pilar seguía buscando en las rocas atestadas de bañistas, una sola mujer. Chicos, yo aquí paso de bañarme. No hay ni una tía • dijo.
Atardecer en Beirut
Yo repliqué entre risas y haciendo un guiño de complicidad a Chema • Ojalá encontráramos una playa llena de tías. Seguro que no me iba a dar ningún yuyu al bañarme • Y lo dije totalmente convencido. Qué raras son las mujeres, pensé mientras sorteábamos peatones por la acera. Aumentamos la velocidad y fuimos viendo en los carteles cómo quedaba cada vez menos para llegar al final. Para darle más gracia al asunto empezamos a silbar la famosísima melodía de “Verano Azul”, sintiéndonos por un momento los Javi, Pancho y Desy de turno. Por cierto, Chanquete ha muerto, por si alguno no lo sabíais…


Como vimos que aún quedaba mucho para llegar a la Roca de las Palomas, nos dimos la vuelta para encontrarnos con Kalipo, que ya debía estar de camino.

Atardecer en Beirut
Pero nos fijamos en uno de los Resorts exclusivísimos cuyo nombre era “Riviera Beach Club” y dejamos las bicicletas apoyadas a la barandilla del paseo. Tanto Chema como yo entramos a ver cómo estaba el ambiente ahí dentro. Pilar prefirió esperar fuera. Supuestamente, para pasar hay que pagar, pertenecer al club o estar alojado en el lujoso Hotel Riviera. Incluso había un vigilante en la puerta. Pero nos hicimos los longuis, y no sé si por nuestra pinta de guiris o por lo que fuera, pasamos tranquilamente sin que nadie nos dijera lo contrario. En el lugar había una piscina bastante grande, varios chiringuitos con camareros ataviados con smoking, y mucha gente de dinero. Se veía a la legua que la pasta abundaba allí, no sólo porque estuvieran consumiendo copas a mansalva o platos caros de uno de los restaurantes, sino por los modelitos, las gafas de diseño o los bolsitos de Gucci o de otras marcas conocidas.
Chema, Kalipo y yo
Y por supuesto, al contrario que en las playas rocosas utilizadas por la gente local, en el Riviera Beach Club sí que había mujeres. Y vaya mujeres…
No nos lo pensamos dos veces y salimos fuera donde Pilar nos reprochó nuestra tardanza y nos reprochó que le hubiéramos dejado sola tanto tiempo. Pili, tía, vamos a buscar a Kalipo, que no veas lo bien que vamos a estar ahí dentro • dijo Chema. ¿Pero no hay que pagar para bañarse? preguntó Pilar extrañada. Le explicamos que al vernos extranjeros se pensarían que éramos del Hotel y que no nos habían dicho nada al pasar. Por tanto, retrocedimos en busca de Kalipo, que a esas alturas, suponíamos que ya estaba rondando el paseo con su bici después de dejar a la pobre Alicia en la Pensión.
El grupo en el Crepúsculo de Beirut. Kalipo y Ali se besan acaramelados.
Pero no le encontramos, y por ello, volvimos al hotel por si aún seguía allí. Subimos por la zona del centro (también llamado Solideré), que después de ser restaurado minuciosamente, se había convertido en uno de los distritos más chic y elegantes de Oriente Medio. Tiendas de Armani, Versacce, Gucci, Carolina Herrera, un concesionario Porsche (y a cien metros se anunciaba la construcción de otro) copaban los refinados edificios pintados en ocre, en el que las heridas pasadas se habían cubierto totalmente en uno de los proyectos de restauración más ambiciosos del mundo. Antes de los noventa, había sido foco de destrucción, desolación y muerte. Nosotros en cambio lo vimos ya transformado en un lugar de moda, limpio y lleno de cafés y de tiendas donde la exquisitez campaba a sus anchas.

Beirut nos había roto los esquemas.

Las Rocas de las Palomas (Beirut)
Era tan distinto a como lo habíamos imaginado. Después de estar en Siria, que es un país con férrea tradición árabe, el Líbano nos pareció un Estado totalmente occidental. Eso sí, con las heridas muy recientes y con miedo a abrirse sin querer. Con todo lo que habían pasado, con todo lo que habían sufrido, los libaneses, ayudados por las multimillonarias inversiones extranjeras, no dejaron en ningún momento de llevar la cabeza alta para mirar firmes a un futuro que preveían mejor. La verdad que nosotros no entendíamos de dónde había salido tanto dinero, cuando Líbano no tiene yacimientos petrolíferos ni nada por el estilo. Pero es que en ciertas zonas de la ciudad, la ostentación y el lujo nos parecieron desmesurados. Obviamente sabíamos que en la zona alejada más al sur no era igual. Beirut parece más un Estado en sí que una ciudad.
Yo con las Rocas de las Palomas de fondo

De camino a la Pensión nos cruzamos con Ferraris, Porsches, Mercedes de “más de veinte kilos” como repetía Chema una y otra vez, multitud de Hammers, Cayennes, BMW recién salidos al mercado, y un sinfín de automóviles sólo aptos para personas con muchos ceros en su cuenta corriente. Estábamos tan sorprendidos a la vez que extrañados, que en cuanto llegáramos a Madrid, quedaríamos en investigar en internet y en libros el por qué de ese nivel de vida tan alto. Y repito una vez más que éramos conscientes de que había también muchos lugares en Líbano en el que todo lujo brillaba por su ausencia, sobre todo en el Sur de País, que siempre había sido más castigado por la guerra y la pobreza. Y por qué no decirlo, por Israel, que no en pocas ocasiones había tenido enfrentamientos con las ciudades del Sur, donde, según los hebreos, abundan las ideas antisemitas y terroristas.

Distrito Central de Beirut (Solideré)
Tiro, ciudad fenicia que se sitúa a poco más de cuarenta kilómetros de la frontera israelí, ha recibido paulatinamente durante muchos años, ataques procedentes del país judío.

 

Después de hacer un par de kilómetros desde la zona más céntrica, llegamos a la Pensión al-Nazih de donde Kalipo se había marchado a buscarnos diez minutos antes. Chema dio media vuelta para ir tras él y nos pidió que le cogiésemos el bañador y la toalla. Nosotros aprovechamos para hacer lo mismo y volvimos a la habitación donde habíamos dormido para subir las cosas al nuevo cuarto que teníamos para los cinco. En la cama y viendo la televisión estaba el chico clavado a Etoo. Era una película de oeste, y a todo volumen, para que lo pudiesen oír todos los vecinos.

Place d´toile (Beirut)
Dejamos las cosas en la habitación donde descansaba Ali, que nos dio el bañador de Carlos y nos pidió que le dijéramos que viniera a buscarla sobre las siete de la tarde, porque quería ver el atardecer con nosotros en las fotogénicas Rocas de las Palomas, donde mucha gente se sentaba a contemplar cómo el reflejo del Sol en el agua se iba escondiendo hasta dejar el mar totalmente oscuro. Pilar y yo nos montamos de nuevo en las bicis y nos fuimos directos a La Corniche (El paseo marítimo), y más concretamente hacia el Riviera Beach Club donde Chema y yo habíamos pasado a husmear un rato antes. Enrollamos las toallas en los manillares y guardamos en unas bolsas los bañadores y cremas de rigor. Después de dos minutos pedaleando bajamos una pendiente muy acentuada, lo que nos permitió aumentar la velocidad. Cuando más rápido íbamos, la toalla atada al manillar se soltó de mi bici y fue a parar a la rueda, provocando que me parara en seco en plena cuesta, y que a su vez la bicicleta diera un giro frontal de 360 grados en los que me pegué un leñazo considerable.
Cabezazo de Zidane a Materazzi en la Final del Mundial
Gracias a que me apoyé con los brazos y muñecas para no darme en la cabeza, que si no, en vez de una anécdota hubiéramos pasado a mayores. El diagnóstico: un gran dolor en las dos muñecas, lo que no me permitía bien mover las manos, y una herida en la rodilla. Pero bueno, hice de tripas corazón y seguimos nuestro camino. Yo algo magullado y aprentando los dientes para aguantar el dolor y diciéndome a mi mismo: “La puta bici de los cojones. Ya sabía yo que alguna me iba a dar…” Cuando llegamos al lugar en que estaba el Hard Rock nos encontramos a Kalipo y a Chema, que sostenían un par de latas de Heineken. Carlos comentó que nos habíamos debido de cruzar y que menos mal que pasó Chema a buscarle porque si no se hubiera tirado dando vueltas sin saber dónde estábamos (además no llevaba móvil).
Cannavaro besando la Copa del Mundo ganada por Italia el 9 de julio de 2006
Chema estrujó su lata después de habérsela terminado y se subió a la bici. Los demás hicimos lo mismo porque a menos de diez minutos estaba el Club de playa donde podríamos relajarnos al Sol. Kalipo, que aún no se había terminado la cerveza, dijo que no nos preocupáramos, que podía conducir con una mano. Ni quince segundos habían pasado cuando se oyó detrás nuestra un aaaaaahhhhhh, plash!! De repente, al girar la cabeza vimos a Kalipo tirado en el suelo en una posición que parecía que se había matado. La cerveza se había desparramado en el suelo y Carlos se quejó durante un buen rato del golpe que le había afectado al codo y a las costillas. No me he partido la boca de milagro • nos dijo mientras se levantaba. Cuando vimos que estaba bien, Chema se descojonó de la risa y le recordó en varias ocasiones su frase en la que decía “No os preocupéis.
Forza Italia! Campeoni!
..que yo puedo llevar la bici con una mano
”.  Y no era para menos. Al menos alguien me había superado en lo que a ostiones se refiere. Con lo de Kalipo, mi accidente con la toalla en la rueda había pasado a un segundo plano. Y es que ya lo decía el anuncio: “Si bebes, no conduzcas”. En este caso se podía aplicar también de forma literal un “No bebas mientras vas conduciendo tu bici, que luego pasa lo que pasa”. Bromas aparte, pudo haberse hecho mucho pero que mucho daño. Y yo también. Afortunadamente todo quedó en un susto en nuestro trayecto hacia el Club del Hotel Riviera, al que entramos sin ninguna pega de los vigilantes que estaban sentados fuera.

Ya, como era por la tarde, había mucha gente estaba sentada en las terrazas tranquilamente fumando narguile mientras le servían un cocktail o un zumo de frutas natural.

Celebración en Beirut del Mundial ganado por Italia
Otros tantos estaban en las hamacas o zambulléndose en la piscina, ya que allí no había salida al mar, sorprendentemente. No tardamos en pegarnos un baño que nos supo a gloria. Llevábamos 9 días sin parar y nos vino de perlas el tener un período de relax. Si no fuera porque al lado se nos sentó un travesti que parecía la mezcla macabra de Carmen de Mairena con La Pantoja de Puerto Rico, podría deciros que todas las mujeres estaban de diez. El agua estaba a la temperatura perfecta lo que me hizo quedarme casi tres cuartos de hora dentro de la piscina, algo inédito en mí, que apenas aguanto unos minutos en la de mi barrio. Después tomamos el sol tranquilamente en las hamacas, desde donde nos hicimos unas cuantas fotos en plan Jet Set marbellí (un término muy en boga en los tiempos que corren). Dejé a Pilar, Chema y Kalipo en sus tumbonas y me di una vueltecilla por las instalaciones donde pude constatar los avances de la cirugía estética.
En el taxi haciendo la ruta de las discotecas de Beirut
Allí corría la silicona, los liftings y las liposucciones que daba gusto. En el bando masculino, los hombres se embutían en cortísimos bañadores marcapaketing y hacían muestra de sus abdominales. Hay metrosexuales en todas partes • pensé. Y es que siempre lo he dicho,  Qué daño nos ha hecho Beckham a los chicos que pasamos de ir al gimnasio, de vestir fashion o de echarnos cremitas antes de dormir.
El Club tenía un embarcadero privado donde los ricachones atracaban sus yates y barcos, tan inaccesibles para gente como nosotros. Incluso poseía una cancha de baloncesto pegada a las rocas donde los bañistas trataban de emular sin éxtito a Michael Jordan o a Lebron James, por poner dos ejemplos con mayúsculas.

 

Kalipo y Chema se fueron a buscar a Alicia para traerla a la puesta de Sol. Ya la hora que era (casi las siete de la tarde), posiblemente no nos diera tiempo a llegar a las Rocas de las Palomas. Aproximadamente a la media hora, y sin nuestros colegas sin venir, Pilar sugirió ir a unas tumbonas que estaban muy cerca del mar donde se podría ver bien el atardecer. Allí fuimos y observamos cómo el Mediterráneo fue tragándose el Sol poco a poco. Vivimos otra Puesta realmente increíble, que rivalizó en belleza con la que contemplamos en Palmira dos días antes. Cuando el Sol desprendió todos sus rayos en el agua, dio lugar al Crepúsculo, que iluminó de magia toda la costa beirutí, tiñendo el horizonte con colores casi imposibles.
Minutos después, y con la imagen intacta del atardecer, que aún estaba presente en nuestras retinas, aparecieron Carlos y Chema con una Alicia muy mejorada, a la que le había venido bien el descanso. Ellos también se habían parado a observar cómo el Sol decía a todos adiós entre las olas del mar. Eso sí, antes se habían pasado por el supermercado para comprar algo de alcohol para la noche.

Después de hacernos alguna que otra foto con la escasa luz que quedaba, volvimos a las bicis y de nuevo sorteamos a la gente para llegar a las Rocas de las Palomas, que estaban más lejos de lo que imaginábamos, y a las que, para llegar, había que subir un camino bastante empinado. Cuando llegamos, sin ninguna duda, supimos que todo esfuerzo había valido la pena. Las famosas rocas, son un regalo de la naturaleza a la ciudad de Beirut. Están metidas en el mar, a unos sesenta metros aproximadamente, y parecen formar arcos naturales, inmunes al paso del tiempo y a la vorágine de una ciudad con mucho movimiento. Atraen a mucha gente, sobre todo en el momento en el que se da la bienvenida a la noche.

Una vez terminamos, dimos de nuevo media vuelta y recorrimos toda la Corniche para llegar al McDonalds y comer de nuevo comida basura, esta vez procedente de los Estados Unidos. El paseo estaba más lleno de gente que a la ida y pedaleando se podían ver personas de todas las edades y estamentos sociales. Desde la mujer con velo acompañada de su marido, hasta los cientos de niños correteando por la calle, pasando por adolescentes buscando impresionar o por ancianos caminando. Parecía que todo Beirut estaba allí metida. Y eso que estaba comenzando la Final del Mundial de Alemania entre Italia y Francia. Cuando llegamos al McDonalds todo el mundo estaba pendiente de sus dos televisiones. Francia ganaba 1-0 con gol del genio Zidane, pero apenas le duró la alegría cuando Materazzi cabeceó lo que sería el empate. Durante el rato que estuvimos allí, poco dio de sí el partido. Después de ensuciarnos algo el estómago y de pasar frío por el aire acondicionado decidimos volvernos al hotel. Yo, que estaba aún lleno de la cena no me apetecía volver pedaleando, por lo que dejé mi bici en la tienda, que estaba muy cerca de allí. Éstos se fueron rápido a la habitación para ducharse, arreglarse mientras veían la Finalísima de la Copa del Mundo en lo que lo mejor estaba por llegar. Yo me di un largo paseo de vuelta por las zonas no reconstruidas de la ciudad en la que los restos de la devastación bélica permanecían tapados por la oscuridad, excepto el Holiday Inn, imposible de esconderse en la negrura propia de la noche y mostrando imperturbable todas sus heridas, gritando al viento que la historia llena de odio y de muerte no pueden repetirse nunca más. A uno, viendo tantos y tantos edificios cubiertos de agujeros y grietas, no le cuesta imaginarse allí mismo a soldados sembrando de muerte y de desgracias todo lo que ven a su paso, sin importar bandos ni motivos. Tampoco es difícil imaginarse tiroteos y bombardeos constantes seguidos de un tenso silencio, interrumpido por algún llanto de desesperación e impotencia.  No hace tanto de eso, y ahora yo estoy aquí, paseando por sus calles… me dije a mi mismo.

 

Al rato llegué al Solideré (Distrito central) en el que las terrazas estaban abarrotadas de seguidores de Francia e Italia envueltos en sus camisetas bleus y azzurras respectivamente. A mí la verdad es que me daba igual quien ganara, pero quizá me tiraba más un poco Francia por eso de que Zidane estuviera jugando su último partido. Yo, que soy socio del Real Madrid, no he visto en mi vida a un jugador mejor en el Santiago Bernabéu. Su calidad técnica ha sido tal, que parecía que en vez de jugar al fútbol, hacía baile de salón.

Me acerqué a la céntrica Place d´toile, en la que un Gran Reloj preside un lugar solemne a la vez que animado, y que está flanqueado por el Parlamento y por la Catedral de San Jorge. Me di la vuelta y cogí la Avenida Charles Helou, desde donde no tardaría mucho en acceder a la Pensión. Allí estaban todos tirados en las camas viendo el partido. Las chicas ya se habían duchado y yo fui el siguiente en caer. En cuanto me vi en el espejo me conjuré a mi mismo que tenía que quitarme de encima ese moreno obrero que tenía y que sólo ocupaba cuello y brazos. Una vez terminé, me quedé viendo la prórroga con Chema, ya que Kalipo fue el siguiente en entrar al baño. De repente, asistimos al último segundo de Zidane en esto del fútbol. Su más que famoso cabezazo taurino en el pecho a Materazzi provocó la roja directa y al vestuario. Qué lástima de final para su carrera, aunque con el tiempo no sé si servirá para aumentar la Leyenda de un Genio que pudo haber terminado dándole su segundo Mundial a Francia y retirándose como el Mejor del Planeta, pero que perdió los nervios infantilmente ante las estudiadas provocaciones del jugador italiano. ¡Adiós Zizou! ¡Eres grande!
Italia ganó el Mundial en los penaltis y Cannavaro levantó una copa que se le llevaba resistiendo a Italia desde España 82. Ha llovido desde entonces. Aunque más para la Selección Española, que aparte de una Eurocopa en blanco y negro con el gol de Marcelino en 1964, no ha rascado bola y no ha dejado de hacer el ridículo. A la hora de la verdad los jugadores españoles se bloquean y demuestran su escasa mentalidad ganadora.

Después del partido todos bajaron rápido con las bicicletas, ya que a la tienda le quedaba poco para cerrar y podían cobrárselas un día más. Yo aproveché a dejar ropa al canoso con cara de mala leche para que me la lavara. Dijo que eran 3 euros cada bolsa (Una de Pilar, otra de Alicia y otra mía), que luego se olvidó de cobrárnoslo. Una vez hecho esto, me fui tranquilamente andando porque no pude coger un taxi que me llegara al Hard Rock, donde habíamos quedado, ya que las calles estaban colapsadas de coches llenos de gente portando banderas italianas. Lo más extraño de todo es que ninguno era de Italia. Los claxon sonaron repetidamente durante horas. Parecía que en vez de estar en Beirut, estaba en el mismo centro de Roma. Sólo faltaron los carabinieri para hacer más real el espectáculo. Impresionante. ¿El día que Líbano gane algo cómo lo celebrará?

 

Cuando nos juntamos todos de nuevo, no pudimos hacer más que contemplar la fiesta que se estaba montando en las calles. Todos llevaban camisetas de Italia y los Cannavaro, Totti, Luca Toni y compañía se repetían una y otra vez en sus espaldas. ¿Por qué lo celebran tanto si la mayoría no son italianos? se preguntaba Chema una y otra vez. Ninguno le supimos dar respuesta. Otra cosa más a señalar de este país tan extraño y sorprendente en el que todo puede ser posible. Estuvimos tomando algo sentados en uno de los bancos de piedra del paseo mientras que en el de al lado se paseó serenamente y a sus anchas una rata tamaño zarigüeya.

Una vez nos cansamos de estar sentados pillamos un taxi para que nos llevara a la calle donde más marcha suele haber en Beirut, y donde supuestamente están los mejores locales y discotecas. Ésta se llama Rue Monnot y no está muy lejos de los que en su día fue la Línea Verde que separaba los bandos enfrentados en la Guerra Civil. Ahora es el corazón de la vida nocturna de Beirut. Desgraciadamente cuando llegamos, al ser domingo, no vimos apenas ambiente y le pedimos a un taxi que nos llevara al B-018, la discoteca de más de moda en la ciudad y donde pinchan DJ´s Internacionales. El taxista nos dijo que sería el mejor sitio para ir y que fijo que allí habría gente. Pero se equivocó, parecía ser que al ser domingo y al estar la gente todavía celebrando la victoria de Italia en el Mundial las discotecas se habían quedado vacías. Nos dejó en un parking absolutamente vacío y Chema y yo bajamos (porque está en un subterráneo) para corroborar que no había nadie allí. El taxista nos dio un buen rulo por Beirut buscando más sitios de moda  pero no hubo suerte. Finalmente terminamos muy cerca de lo que es conocido como “Las Cinco Columnas”, al lado de la Catedral maronita de San Jorge (en pleno Barrio Solideré). Éstos son algunos de los restos arqueológicos desenterrados después de la guerra cuando se inició la restauración. Formaron parte de la columnata principal de la ciudad romana. Y está muy próxima a terrazas y discotecas. Tratamos de entrar a varios locales, donde sí había gente, pero no nos dejaron pasar porque en todos nos pidieron reserva previa. Así que se nos cayó la fiesta de Beirut y no pudimos hacer más que volver a la Pensión y acostarnos, que ya eran las tres de la madrugada, y temprano nos iría a buscar Said para llevarnos a uno de los sitios de playa situados más al sur.

 

Así terminó un día largo y muy lleno de emociones y sorpresas. Beirut también logró conquistarnos.

 

José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

 

Lilliana77 says:
Buenisimo!!
Gran Blog! lo tendré muy en cuenta para mi visita! :)
Posted on: Oct 18, 2009
Chris_Braidy says:
Although I cant understand all ur blog, but i hope u enjoyed Beirut ;)
Posted on: Feb 08, 2008
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