Beirut: Entre el Glamour y la Guerra

Beirut Travel Blog

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Puesto fronterizo entre Siria y Líbano

El trayecto nocturno desde Damasco a Beirut fue algo pesado, no s√≥lo por el fr√≠o que pas√© en el coche, sino porque mientras los dem√°s so√Īaban pl√°cidamente, tuve que ir pendiente de Said, el nuevo conductor, porque llevaba conduciendo desde las seis de la ma√Īana y tem√≠a que pudiera quedarse dormido al volante. Para ello trat√© de darle conversaci√≥n, pero, al igual que Yasser, no hablaba demasiado bien el ingl√©s. No hubo demasiada suerte porque raras veces consegu√≠ que tartamudeara alguna frase (porque era algo tartaja el hombre). Para cruzar la frontera entre Siria y L√≠bano tuvimos que seguir la misma burocracia de siempre: Bajarse del coche y sellar la salida, subirse al coche y avanzar, bajarse del coche de nuevo y sellar la entrada, subirse al coche a que miren el maletero y te pidan un par de veces los pasaportes‚Ķ Lo √ļnico bueno fue que al ser de noche no tuvimos que esperar esas colas interminables en las que nadie respeta tu sitio.

En la furgoneta de noche, yendo hacia Beirut.
Said dijo que, una vez pasada la frontera, ir√≠amos m√°s despacio porque las carreteras no estaban en el mejor estado posible, adem√°s de tener una iluminaci√≥n algo insuficiente, debido a que a√ļn sus infraestructuras no eran las mejores debido a las Guerras que hab√≠a sufrido a lo largo del √ļltimo siglo. L√≠bano tiene una historia reciente bastante compleja y ante todo, triste y sangrienta. Voy a intentar poneros en antecedentes para que comprend√°is, aunque sea un √°pice, dicha complejidad (Voy a excluir la reciente guerra con Israel (Julio y agosto de 2006), de la que hablar√© en posteriores relatos, ya que en el momento en que nos ubicamos no se presagiaba en absoluto, conflicto alguno en este pa√≠s):

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El Líbano, heredero del antiguo pueblo Fenicio, siempre fue un lugar en el que convivieron cristianos y musulmanes, incluso tras formar parte desde el Siglo XVI del Imperio Otomano.

Mezquita al-Amin (Beirut). Fijaros en los coches militares custodiando la zona.
Los turcos fueron derrotados por los franceses en la Primera Guerra Mundial y establecieron all√≠ un protectorado hasta 1944, aunque el L√≠bano obtuvo la Independencia un a√Īo antes. La singularidad religiosa de este pa√≠s (algo m√°s de la mitad de la poblaci√≥n era cristiana y el resto musulmana) se vio reflejada en su orden pol√≠tico, donde el Presidente ser√≠a Cristiano Maronita (una rama del cristianismo), el Primer Ministro ser√≠a Musulm√°n Sunita y el Portavoz de la C√°mara Musulm√°n Chi√≠ta, adem√°s del establecimiento de un reparto de esca√Īos seg√ļn tales confesiones religiosas (6 cristianos por cada 5 musulmanes).

Durante un par de d√©cadas, L√≠bano alcanz√≥ una prosperidad tal, que le hizo ser conocido en el mundo como ‚ÄúLa Suiza de Oriente Pr√≥ximo‚ÄĚ.

Los 5 en la Mezquita al-Amin (Beirut)
No es que la violencia desapareciera del todo, porque a finales de los a√Īos cincuenta hubo duros enfrentamientos entre musulmanes y cristianos, pero el florecimiento tanto financiero como cultural del pa√≠s de los Cedros (como as√≠ se le conoce, ya que el cedro es su s√≠mbolo) parec√≠a no alcanzar el fin y la ‚Äújet set‚ÄĚ de pa√≠ses extranjeros lo eligi√≥ para hacer sus inversiones y pasar sus vacaciones. A finales de los a√Īos sesenta, debido al masivo flujo de refugiados Palestinos (concentrados en el sur) y el creciente antisemitismo por parte de las facciones m√°s radicales, Israel sufri√≥ numerosos ataques por parte de √©stos. En mayo del 68 las fuerzas israel√≠es tomaron represalias en la frontera y de esta forma la violencia fue aumentando peligrosamente, hasta que un avi√≥n de pasajeros hebreo fue ametrallado en el Aeropuerto de Atenas.
Edificio de Beirut en ruina por la guerra
  Israel tard√≥ dos d√≠as en lanzar un ataque al Aeropuerto de la capital libanesa, Beirut, afectando a 13 aviones, advirtiendo de esta forma, que no iban a permitir nuevas agresiones a su Naci√≥n. Entre 1968 y 1969 las tropas libanesas se enfrentaron violentamente a sus refugiados palestinos, ya que exig√≠an impunidad para atacar a Israel, pero no lograron nada contra √©stos, comandados por las guerrillas de Al-Fatah. Bajo la presi√≥n de los musulmanes libaneses, el Gobierno firm√≥ el Tratado de El Cairo con la Organizaci√≥n para la Liberaci√≥n de Palestina (OLP) de Arafat, mediante el cual las exigencias palestinas fueron aceptadas. Los cristianos maronitas no estuvieron en absoluto de acuerdo con dicho Tratado y uno de sus partidos pol√≠ticos, Falange Cristiana, comenz√≥ a armar y preparar a sus milicianos.
Imagen de la devastación
Los enfrentamientos entre √©stos y los palestinos estallaron en las calles de Beirut, y la tensi√≥n se fue acelerando de manera desmesurada, hasta provocar una dif√≠cil fragmentaci√≥n del pa√≠s. El antagonismo y las diferencias entre cristianos y musulmanes fueron acrecent√°ndose. √Čstos √ļltimos, adem√°s hab√≠an visto aumentado su crecimiento demogr√°fico en los √ļltimos a√Īos debido a su mayor √≠ndice de natalidad. Los diferentes grupos se fueron armando y formaron ‚Äúej√©rcitos privados‚ÄĚ en funci√≥n de su filiaci√≥n pol√≠tica o religiosa, y poco se pod√≠a hacer para evitar el peligro que se avecinaba. La Falange, viendo que los grupos musulmanes se aliaban con el Movimiento Palestino para hacerse con el poder y as√≠ atacar Israel, apoy√≥ a los hebreos. Hubo numerosas confrontaciones entre los falangistas y el ej√©rcito liban√©s, contra el Movimiento Nacional y los palestinos.
Edificios modernos del Distrito Central. La pancarta extendida en uno de ellos corresponde a la figura del ex-presidente Rafic Hariri, asesinado en 2005

 

El 13 de abril de 1975 empez√≥ una Guerra Civil que dur√≥ quince a√Īos y que caus√≥ centenares de miles de muertos. Dicho d√≠a unos pistoleros falangistas atacaron un autob√ļs causando la muerte de 27 pasajeros palestinos, lo que provoc√≥ numerosos asesinatos en forma de venganza. Las vendettas estaban a la orden del d√≠a hasta que todo se vio superado por el S√°bado negro, en que m√°s de 300 personas perdieron la vida, cuando unos y otros paraban coches y degollaban a todo el que no fuese de su concesi√≥n religiosa. Durante el conflicto, salieron al escenario m√°s de dos decenas de bandas armadas o milicias que luchaban por razones diversas.

Edificio vacío desde la guerra
La Ciudad de Beirut qued√≥ dividida en dos: El Este para los cristianos y el oeste para los musulmanes. Su frontera fue la conocida ‚ÄúL√≠nea Verde‚ÄĚ, que se convirti√≥ en un aut√©ntico infierno de muerte, destrucci√≥n y desolaci√≥n. En 1976, tras la ventaja palestina frente a la maronita, Siria entr√≥ en el conflicto e invadi√≥ L√≠bano en busca de un gobierno pro sirio que controlara el pa√≠s para as√≠ poder hacer frente a su irreconciliable enemistad con Israel. Aunque antes de la guerra apoyaban a los palestinos, terminaron colaborando con las facciones cristianas, ya que no estaban de acuerdo con su l√≠der debido a que le ve√≠an contrario a sus intereses. El L√≠bano pues, se convirti√≥ en el tablero de ajedrez donde el pa√≠s jud√≠o y el sirio trataron de sofocar sus diferencias, si es que no era suficiente el enfrentamiento entre los distintos grupos y milicias locales.
Bloque en ruina por la guerra

 

Tras varias campa√Īas durante los a√Īos siguientes, el ej√©rcito israel√≠ invadi√≥ L√≠bano el 6 de junio 1982, desalojando a los sirios del pa√≠s. Los bombardeos dejaron a√ļn m√°s destruida a Beirut y a otras ciudades del sur como Tiro, Sid√≥n o Damour. La capital se llev√≥ la peor parte al verse sometida a bombas de racimo, de succi√≥n y obuses de f√≥sforo, y quedando pr√°cticamente arrasada. Hubo millares de bajas en la poblaci√≥n civil y fueron destrozados edificios, puentes, carreteras, aeropuertos, hospitales, escuelas, museos... Todo sufri√≥ los efectos de un terrible conflicto que durar√≠a hasta 1990, cuando las tropas apoyadas por Siria tomaron el control del pa√≠s.

 

El per√≠odo de transici√≥n y reconstrucci√≥n de L√≠bano no fue (ni est√° siendo) f√°cil ya que Siria ha seguido interviniendo en su pol√≠tica interna e Israel ha lanzado campa√Īas militares muy duras contra su vecino del norte.

Zona sin reconstruir del Distrito Central de Beirut
En 2005 el Primer Ministro Rafic Hariri fue asesinado mediante un coche bomba, y muchos apuntaron directamente a Damasco. La presi√≥n internacional ayud√≥ a que Siria retirara en abril de ese a√Īo los 14.000 soldados que a√ļn estaban en el pa√≠s de los cedros. En la actualidad gobierna en L√≠bano un partido antisirio encabezado por el hijo de Hariri y cuyo Primer Ministro es Fouad Siniora, quien ha seguido con las reformas del ex presidente asesinado. En el propio Gobierno hay un miembro de Hizbol√°, grupo liban√©s que tiene mucha importancia en el devenir del pa√≠s. Recordemos que Hizbol√° es un grupo terrorista chi√≠ que se cre√≥ en 1982 como reacci√≥n a la invasi√≥n israel√≠. √Čste aliado de Ir√°n y de Siria, liderado por Has√°n Nasral√°, se caracteriza por su  fuerte sentimiento antisrael√≠ y antioccidental.
Edificio tiroteado
Actualmente tiene muy extendida su red en L√≠bano y es m√°s que una simple guerrilla. Es un grupo pol√≠tico que se ha implantado de forma s√≥lida en todos los estamentos de la vida social y pol√≠tica. Posee colegios, hospitales, controla gobiernos locales y hasta tiene su propio canal de Televisi√≥n. Se dieron a conocer en los ochenta por sus numerosos atentados en contra de objetivos israel√≠es y occidentales, llegando a asesinar en una ocasi√≥n a m√°s de 241 marines estadounidenses en lo que fue su carta de presentaci√≥n. Tiene una alianza desde el a√Īo 2000 con Ham√°s y la Yihad Isl√°mica y siempre ha supuesto un quebradero de cabeza para Israel. El √ļltimo de ellos lo conocemos todos y se ha visto reflejado en el √ļltimo conflicto sufrido en L√≠bano durante los meses de julio y agosto 2006.

 

Durante los quince a√Īos que separaron una guerra de otra, el gobierno liban√©s ha realizado importantes labores de reconstrucci√≥n en todos los sentidos: Social, pol√≠tica, cultural, arquitect√≥nica, financiera y tur√≠stica, llevando al L√≠bano a estar m√°s cerca de volver a ser ‚ÄúLa Suiza de Oriente‚ÄĚ.

Campanario de Iglesia en Beirut
Pero me temo que entre unos y otros no dejan a su gente vivir en paz…

 

Perdonadme si os he liado demasiado, pero el tema de Líbano (y de Oriente Medio en general) es tan sumamente complicado que no alcanzo a entenderlo ni yo mismo. Espero que, al menos, os sirva para contextualizar un poco y meteros en ambiente como hice aquellos días.
Contraste entre un edificio afectado por la guerra sin restaurar y otro totalmente restaurado. Distrito Central de Beirut.
 

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Me hab√≠a quedado en ese trayecto nocturno (casi de madrugada) que nos llev√≥ a Beirut. Como os dije, aguant√© el sue√Īo como pude para dar conversaci√≥n a Said, el conductor, que hab√≠a estado en carretera m√°s de trece horas durante ese d√≠a. Al final lo de salir de fiesta se convirti√≥ en una aut√©ntica quimera, porque de lo tarde que era y la paliza que llev√°bamos encima, est√°bamos agotados. De repente, a eso de las dos y media de la ma√Īana nos adentramos en una mega ciudad, a la que se accede bajando desde unos montes.
Hotel Holiday Inn (Beirut). El mayor recuerdo de la Guerra Civil
Ya me llam√≥ la atenci√≥n desde un principio ver casas y edificios en los que se conservan todav√≠a los agujeros de bala hechos durante la larga Guerra Civil que tuvieron hasta el noventa. Sab√≠a que, a pesar de que la reconstrucci√≥n que hab√≠a sido enorme desde entonces, a√ļn ver√≠amos muchos recuerdos del duro periodo b√©lico. Tambi√©n hab√≠a le√≠do y escuchado muchas cosas acerca de que la gente estaba tratando de olvidar y de que Beirut era uno de los mayores referentes mundiales en lo que a ocio y marcha se refiere. Sorprendente la capacidad y las ganas de superar momentos sumamente duros entre una poblaci√≥n dividida entre cristianos y musulmanes. Es m√°s, la L√≠nea Verde, que fue pasto de devastaci√≥n y muerte, se hab√≠a convertido en un lugar ajetreado y lleno de Caf√©s. Estaba claro que nos √≠bamos a encontrar con un pa√≠s muy marcado por su historia pero a la vez muy mentalizado en superar traumas y mirar hacia delante.
Yo con el Holiday Inn (Beirut) al fondo. Tiene agujeros hechos con toda clase de artillería.
 

En el Hotel de Damasco nos hab√≠an recomendado una Pensi√≥n, bien situada, y que no ten√≠a precios tan elevados al igual que otros alojamientos de Beirut. Al parecer L√≠bano era bastante m√°s caro que Siria, y pod√≠amos notar bastante la subida en nuestro r√°cano presupuesto. Mientras lleg√°bamos, vi a mucha gente vestida a lo fashion que se iba de fiesta. Parece ser que los viernes y s√°bados, los locales de moda se ponen de bote en bote. Esto ya chocaba con lo que hab√≠amos visto en Siria. Ver chicas que parec√≠an occidentales, con minifaldas tipo cintur√≥n, y chicos mostrando m√ļsculo y abdominales, no es lo m√°s corriente en Oriente Medio. Pero Beirut is different! Incluso escuch√© el traqueteo de la m√ļsica discotequera que se escapaba de alguno de los pubs o locales de moda.
Otra imagen del Holiday Inn
Ya, sobre las tres de la ma√Īana, el coche se detuvo en frente de un edificio de color amarillo en plena avenida Charles H√©lou con un cartel en la segunda planta donde se pod√≠a leer: ‚ÄúPension al-Nazih‚ÄĚ. ¬°Por fin llegamos! grit√©. Cuando me dispuse a salir con Said para ir a preguntar precios, nadie quiso levantarse porque estaban muy a gusto durmiendo en la Minivan. Al final subi√≥ Kalipo conmigo y cuando llamamos a la puerta nos abri√≥ un hombre de unos treinta y cinco a√Īos con el pelo cubierto de canas y con cara de cabreo. Obviamente no eran horas normales para ir pidiendo alojamiento, pero tampoco para poner ese gesto tan poco agradable. Dec√≠a que quedaba una habitaci√≥n dos camas que costar√≠a unos 25 d√≥lares, y otra con tres camas libres (6 d√≥lares cada una), pero que hab√≠a que compartirla con dos personas que estaban durmiendo.
Esqueleto del Holiday Inn
Finalmente nos quedamos en ese sitio y a m√≠ me toc√≥ ir a compartir cuarto con dos desconocidos. Esa es una de las cosas que tiene no estar emparejado... Que siempre se reservan las habitaciones de dos para ellos. Chema, Pilar y yo entramos silenciosamente y no hicimos m√°s que subirnos a las literas. El ventilador estaba puesto a una gran potencia, porque el calor en Beirut era bastante m√°s alto que en Damasco. En una de las camas hab√≠a un chico negro y en la otra un se√Īor mayor rodeado de maletas. Y de poco m√°s me acuerdo, porque una vez cerr√© los ojos, ca√≠ rendido hasta la ma√Īana siguiente...

 

Nada más despertar, Kalipo nos dijo que había hablando con uno de los encargados (no el borde del pelo canoso, sino otro) y nos dejaron ponernos los cinco juntos en la misma habitación.

En el Paseo Marítimo con la Bandera de Líbano al fondo
Ya no tendríamos pues que compartirla con Etoo (era clavado al camerunés) ni con el otro tío raro. Además nos saldría bastante más barato, porque pagar una habitación doble podía ser demasiado para nuestra economía. Para ese día planeamos hacer un buen recorrido por Beirut, pero sobre todo centrarnos en su paseo marítimo de más de 5 kilómetros, y más que ver cosas (ya que aquí no hay monumentos), quisimos dejarnos llevar por la vorágine y la vida de la capital libanesa.

Nada m√°s salir del hotel nos sorprendimos al ver tal cantidad de militares por la calle. En ese momento nos pasaron muchas cosas por la cabeza, pero pensamos que a lo mejor hab√≠a un acto en el que se reunir√≠a gente importante y que por eso hab√≠a tanto despliegue en la calle. Cerca de la Mezquita nueva y de c√ļpula azul (Khatem Al Anbiyaa) hab√≠a gente depositando flores en un recinto que parec√≠a guardar una tumba importante.

Playa de rocas situada en la Corniche de Beirut
Parece ser que eran ofrendas al t√ļmulo del reci√©n asesinado Presidente Rafic Hariri, cuyo retrato, decoraba lonas y carteles a raudales en la ciudad. Al estar una de las calles cortadas por los guardias, tuvimos que dar la vuelta para ir acerc√°ndonos lo m√°s posible al centro (Downtown). En ese momento ya pudimos ir viendo la fisonom√≠a de Beirut consistente en que gran parte de los edificios est√©n llenos de tiros o bombardeados, y otra gran parte de los inmuebles y viviendas est√©n finamente reconstruidas. Era una extra√Īa y original mezcla de desolaci√≥n y lujo, de fealdad y belleza, de muerte y vida... Yo nunca hab√≠a visto restos de un conflicto b√©lico en ning√ļn sitio, y quiz√° fue esto lo que m√°s me llam√≥ la atenci√≥n. Por las calles en que est√°bamos paseando, no hac√≠a mucho tiempo la gente se estaba matando en una cruel e in√ļtil guerra.
Edificio da√Īado por la guerra con la imagen de un h√©roe de guerra del bando musulm√°n
Tambi√©n el ver cercanos los minaretes de las mezquitas y los campanarios de las Iglesias, supon√≠a una novedad para nosotros, que contempl√°bamos con sorpresa cada detalle de la extra√Īa ciudad.

Hab√≠a edificios tan destruidos que no pod√≠an ser m√°s que tirados por completo para levantar otros nuevos. Y justo al lado, te encontrabas con una zona residencial a la que no le faltaba ning√ļn lujo. Pero yo no pude quitar la mirada de las paredes atestadas de balazos de todos los calibres que formaban parte de la cotidianeidad beirut√≠. No dejamos de hacer fotos de algo que nos estaba dejando totalmente confundidos.

 

Entramos a un supermercado de nivel que parec√≠a un ‚ÄúClub del gourmet‚ÄĚ por la gran cantidad de alimentos de calidad que all√≠ hab√≠a.

Pili y yo en la Corniche de Beirut con las bicicletas
Las sonrisas se dibujaron en nuestros rostros cuando empezamos a comprar embutidos (queso, mortadela, lomo..), barras de pan, helados, refrescos y un largo etc√©tera. Hab√≠a muchas marcas espa√Īolas como ‚ÄúCampofr√≠o‚ÄĚo ‚ÄúGarc√≠a Vaquero‚ÄĚ por poner un ejemplo. Yo me hice un par de bocadillos de queso y mortadela que me supieron a gloria. All√≠ ten√≠an todos los productos que puedes comprar en Espa√Īa en un Supermercado, y despu√©s de nueve d√≠as de viaje, uno se alegra de estas cosas. Ya est√°bamos algo agotados de la comida √°rabe, la verdad. M√°s de un d√≠a hab√≠a so√Īado en las m√≠ticas paellas que me suele hacer mi madre y que tan lejanas me parec√≠an. Ser√≠a lo primero que le pedir√≠a nada m√°s volver a Madrid...
Estuvimos un buen rato buscando un sitio para comernos los bocatas porque la polic√≠a no nos permiti√≥ sentarnos en ning√ļn lado.
Pilar, Chema y yo en la piscina del Riviera Beach Club de Beirut
Me record√≥ a M√≥naco, donde no te dejan ni quitarte la camiseta. Finalmente, cerca de un lujoso hotel, y no lejos del mar, nos sentamos a degustar nuestros ‚Äúmanjares particulares‚ÄĚ. Yo, con m√°s hambre que el perro de un ciego, me com√≠ los dos bocatas seguidos (es decir, una barra de pan entera), que me dejar√≠an saciado hasta la noche.

All√≠ cerca, y con el Mediterr√°neo de fondo, vimos uno de los recuerdos de la guerra m√°s impresionantes, tanto por sus dimensiones como por sus ‚Äúmarcas‚ÄĚ. √Čste era el Hotel Holiday Inn, el cual fue inaugurado poco antes del conflicto fraticida en L√≠bano, y que por su posici√≥n estrat√©gica fue utilizado por un gran n√ļmero de francotiradores, lo que atrajo ataques hacia √©l desde todos los lados y con toda clase de armamento.

Pili y yo en la piscina
Ya no eran s√≥lo agujeros de bala, sino de proyectiles mucho m√°s grandes. A pesar de su ruinoso estado sigue en pie y desde hace a√Īos se habla de restaurarlo para volver llenarlo de gente m√°s de tres d√©cadas despu√©s. Justo delante suyo se encuentra el lujoso Intercontinental Phoenicia Hotel que no es otra muestra de la ciudad con m√°s contrastes que he visto en mi vida.
Nos fuimos hacia la Avenida de París, que es el inicio del largo Paseo Marítimo (conocido como Corniche) que llega hasta Las Rocas de las Palomas y donde abundan los paseantes, las zonas de playa (rocas, no arena) y los Resorts privados que cuentan con piscinas llenas de adinerados turistas. El inicio al Paseo lo marcó el Hard Rock Café, que simboliza los tiempos modernos en el Líbano. No dudé en entrar porque quería una camiseta a toda costa.
En la piscina del Riviera Beach Club
Me ense√Īaron muchas, pero la que me gustaba costaba algo m√°s de 20 euros, lo que me pareci√≥ algo excesivo, y me fui sin ella. El Jose ahorrativo venci√≥ al Jose despilfarrador, pero como ver√©is m√°s adelante, s√≥lo fue un espejismo...

Despu√©s del Hard Rock comenzamos a caminar entre los libaneses del paseo mar√≠timo, que volv√≠an a reflejar las enormes diferencias existentes: Por un lado, chicas j√≥venes que te miraban bajo unas gafas fashion y chavales con las camisas abiertas mostrando abdominales. Por otro mujeres envueltas en su velo negro (√©stas, las menos). En las rocas tan s√≥lo se ba√Īaban hombres y Pilar se indign√≥ porque no se ve√≠a ni una sola mujer. Para ello tuvo que esperarse a los Resorts, donde hab√≠a muchas chicas tost√°ndose al Sol en las hamacas.

Chema, Pili y yo en la piscina
Alicia, desafortunadamente seguía con su diarrea y se sentía bastante mal por el dolor de tripa. Trató de aguantar lo máximo posible porque no quería perder detalle de la ciudad.

De repente, charlando en frente de un edificio en ruinas que tenía unas tres plantas, presidido por la fotografía de un mártir de guerra musulmán, Kalipo sugirió recorrer la ciudad en bicicleta. Vaya bajón que me dio. Entre que no me gusta nada montar en bici, el calor, y las grandes cuestas que hay Beirut, dije que por mi parte no, pero que si querían montar ellos… no había problema. Venga Sele, tío, cógete una bici con nosotros! Dijeron Chema y Pilar. A mí, que me gusta más recorrer los sitios andando y que no me daba mucha confianza pedalear entre coches y gente, me negué en rotundo.

Chema y Pilar en la piscina
¬ŅY d√≥nde podemos pillar una bici?- pregunt√≥ Chema- Mira ese cartel de ah√≠ delante en que pone BEIRUT BY BIKE (100 m) contest√≥ Kalipo, quien hizo la sugerencia de alquilar las bicicletas despu√©s de leer esas palabras que remit√≠an a una tienda cercana. Fuimos a preguntar precios y sin comerlo ni beberlo me vi subido en una Mountain Bike. Hice mil intentos para que comprendieran que no hac√≠a falta que fuera yo con ellos y que nos ver√≠amos m√°s adelante, pero entre todos terminaron convenci√©ndome. Me ense√Īaron a utilizar las marchas y otros trucos, porque yo s√≥lo hab√≠a montado alguna vez en bicicletas de paseo, cuando de peque√Īos mis padres nos llevaban a mi hermana y a m√≠ a practicar a la casa de campo o al parque. Y reconozco que me gustaba mucho, pero como estuve bastantes a√Īos sin desempolvar mi bici, acab√© cogi√©ndole bastante respeto.
En las hamacas del Riviera Beach Club
La √ļltima vez que hab√≠a montado hasta mi experiencia libanesa hab√≠a sido en √Āmsterdam, durante el Interrail que tuvo lugar en julio de 2001. Y un rato, bueno, pero dos d√≠as, como que no me hizo demasiada ilusi√≥n. Recuerdo que acab√© llevando la bici antes de tiempo a la tienda.
Y no s√© por qu√© me daba que har√≠a lo mismo cinco a√Īos despu√©s. Beirut no es una ciudad f√°cil para recorrer en bicicleta porque como os he dicho, est√° llena de coches y de cuestas, y muchas de las aceras ten√≠an surcos procedentes de las obras que se estaban llevando a cabo. Al principio me cost√≥ hacerme a la bici, pero en un rato me vi preparado para recorrer todo el paseo durante la ma√Īana. Cuando est√°bamos a punto de empezar el recorrido sobre ruedas, Alicia no aguant√≥ m√°s por el dolor de tripa y su novio Carlos tuvo que acompa√Īarla a la habitaci√≥n de la pensi√≥n para que descansara un poco.
Yo con el Hotel Riviera de fondo.
Chicos, iros vosotros, esta tarde nos vemos porque seguro que estar√© mejor. Me va a venir bien descansar dijo con una voz que reflejaba malestar. Con Kalipo quedamos en encontrarnos por el paseo porque all√≠ √≠bamos a estar Chema, Pilar y yo con las bicicletas. Una vez se fue la pareja, comenzamos a pedalear por la Avenida de Par√≠s, que cuenta con edificios de poca altura, unos restaurados para su uso como hotel o apartamentos y otros que no hab√≠an corrido la misma suerte, y que a√ļn no hab√≠an pasado por ‚Äúchapa y pintura‚ÄĚ para arreglar paredes, ventanas, etc√©tera, que estaban intactos desde los tiempos de guerra. Pilar segu√≠a buscando en las rocas atestadas de ba√Īistas, una sola mujer. Chicos, yo aqu√≠ paso de ba√Īarme. No hay ni una t√≠a ‚ÄĘ dijo.
Atardecer en Beirut
Yo repliqu√© entre risas y haciendo un gui√Īo de complicidad a Chema ‚ÄĘ Ojal√° encontr√°ramos una playa llena de t√≠as. Seguro que no me iba a dar ning√ļn yuyu al ba√Īarme ‚ÄĘ Y lo dije totalmente convencido. Qu√© raras son las mujeres, pens√© mientras sorte√°bamos peatones por la acera. Aumentamos la velocidad y fuimos viendo en los carteles c√≥mo quedaba cada vez menos para llegar al final. Para darle m√°s gracia al asunto empezamos a silbar la famos√≠sima melod√≠a de ‚ÄúVerano Azul‚ÄĚ, sinti√©ndonos por un momento los Javi, Pancho y Desy de turno. Por cierto, Chanquete ha muerto, por si alguno no lo sab√≠ais‚Ķ


Como vimos que a√ļn quedaba mucho para llegar a la Roca de las Palomas, nos dimos la vuelta para encontrarnos con Kalipo, que ya deb√≠a estar de camino.

Atardecer en Beirut
Pero nos fijamos en uno de los Resorts exclusiv√≠simos cuyo nombre era ‚ÄúRiviera Beach Club‚ÄĚ y dejamos las bicicletas apoyadas a la barandilla del paseo. Tanto Chema como yo entramos a ver c√≥mo estaba el ambiente ah√≠ dentro. Pilar prefiri√≥ esperar fuera. Supuestamente, para pasar hay que pagar, pertenecer al club o estar alojado en el lujoso Hotel Riviera. Incluso hab√≠a un vigilante en la puerta. Pero nos hicimos los longuis, y no s√© si por nuestra pinta de guiris o por lo que fuera, pasamos tranquilamente sin que nadie nos dijera lo contrario. En el lugar hab√≠a una piscina bastante grande, varios chiringuitos con camareros ataviados con smoking, y mucha gente de dinero. Se ve√≠a a la legua que la pasta abundaba all√≠, no s√≥lo porque estuvieran consumiendo copas a mansalva o platos caros de uno de los restaurantes, sino por los modelitos, las gafas de dise√Īo o los bolsitos de Gucci o de otras marcas conocidas.
Chema, Kalipo y yo
Y por supuesto, al contrario que en las playas rocosas utilizadas por la gente local, en el Riviera Beach Club sí que había mujeres. Y vaya mujeres…
No nos lo pensamos dos veces y salimos fuera donde Pilar nos reproch√≥ nuestra tardanza y nos reproch√≥ que le hubi√©ramos dejado sola tanto tiempo. Pili, t√≠a, vamos a buscar a Kalipo, que no veas lo bien que vamos a estar ah√≠ dentro ‚ÄĘ dijo Chema. ¬ŅPero no hay que pagar para ba√Īarse? pregunt√≥ Pilar extra√Īada. Le explicamos que al vernos extranjeros se pensar√≠an que √©ramos del Hotel y que no nos hab√≠an dicho nada al pasar. Por tanto, retrocedimos en busca de Kalipo, que a esas alturas, supon√≠amos que ya estaba rondando el paseo con su bici despu√©s de dejar a la pobre Alicia en la Pensi√≥n.
El grupo en el Crep√ļsculo de Beirut. Kalipo y Ali se besan acaramelados.
Pero no le encontramos, y por ello, volvimos al hotel por si a√ļn segu√≠a all√≠. Subimos por la zona del centro (tambi√©n llamado Solider√©), que despu√©s de ser restaurado minuciosamente, se hab√≠a convertido en uno de los distritos m√°s chic y elegantes de Oriente Medio. Tiendas de Armani, Versacce, Gucci, Carolina Herrera, un concesionario Porsche (y a cien metros se anunciaba la construcci√≥n de otro) copaban los refinados edificios pintados en ocre, en el que las heridas pasadas se hab√≠an cubierto totalmente en uno de los proyectos de restauraci√≥n m√°s ambiciosos del mundo. Antes de los noventa, hab√≠a sido foco de destrucci√≥n, desolaci√≥n y muerte. Nosotros en cambio lo vimos ya transformado en un lugar de moda, limpio y lleno de caf√©s y de tiendas donde la exquisitez campaba a sus anchas.

Beirut nos había roto los esquemas.

Las Rocas de las Palomas (Beirut)
Era tan distinto a como lo hab√≠amos imaginado. Despu√©s de estar en Siria, que es un pa√≠s con f√©rrea tradici√≥n √°rabe, el L√≠bano nos pareci√≥ un Estado totalmente occidental. Eso s√≠, con las heridas muy recientes y con miedo a abrirse sin querer. Con todo lo que hab√≠an pasado, con todo lo que hab√≠an sufrido, los libaneses, ayudados por las multimillonarias inversiones extranjeras, no dejaron en ning√ļn momento de llevar la cabeza alta para mirar firmes a un futuro que preve√≠an mejor. La verdad que nosotros no entend√≠amos de d√≥nde hab√≠a salido tanto dinero, cuando L√≠bano no tiene yacimientos petrol√≠feros ni nada por el estilo. Pero es que en ciertas zonas de la ciudad, la ostentaci√≥n y el lujo nos parecieron desmesurados. Obviamente sab√≠amos que en la zona alejada m√°s al sur no era igual. Beirut parece m√°s un Estado en s√≠ que una ciudad.
Yo con las Rocas de las Palomas de fondo

De camino a la Pensi√≥n nos cruzamos con Ferraris, Porsches, Mercedes de ‚Äúm√°s de veinte kilos‚ÄĚ como repet√≠a Chema una y otra vez, multitud de Hammers, Cayennes, BMW reci√©n salidos al mercado, y un sinf√≠n de autom√≥viles s√≥lo aptos para personas con muchos ceros en su cuenta corriente. Est√°bamos tan sorprendidos a la vez que extra√Īados, que en cuanto lleg√°ramos a Madrid, quedar√≠amos en investigar en internet y en libros el por qu√© de ese nivel de vida tan alto. Y repito una vez m√°s que √©ramos conscientes de que hab√≠a tambi√©n muchos lugares en L√≠bano en el que todo lujo brillaba por su ausencia, sobre todo en el Sur de Pa√≠s, que siempre hab√≠a sido m√°s castigado por la guerra y la pobreza. Y por qu√© no decirlo, por Israel, que no en pocas ocasiones hab√≠a tenido enfrentamientos con las ciudades del Sur, donde, seg√ļn los hebreos, abundan las ideas antisemitas y terroristas.

Distrito Central de Beirut (Solideré)
Tiro, ciudad fenicia que se sit√ļa a poco m√°s de cuarenta kil√≥metros de la frontera israel√≠, ha recibido paulatinamente durante muchos a√Īos, ataques procedentes del pa√≠s jud√≠o.

 

Despu√©s de hacer un par de kil√≥metros desde la zona m√°s c√©ntrica, llegamos a la Pensi√≥n al-Nazih de donde Kalipo se hab√≠a marchado a buscarnos diez minutos antes. Chema dio media vuelta para ir tras √©l y nos pidi√≥ que le cogi√©semos el ba√Īador y la toalla. Nosotros aprovechamos para hacer lo mismo y volvimos a la habitaci√≥n donde hab√≠amos dormido para subir las cosas al nuevo cuarto que ten√≠amos para los cinco. En la cama y viendo la televisi√≥n estaba el chico clavado a Etoo. Era una pel√≠cula de oeste, y a todo volumen, para que lo pudiesen o√≠r todos los vecinos.

Place d¬ītoile (Beirut)
Dejamos las cosas en la habitaci√≥n donde descansaba Ali, que nos dio el ba√Īador de Carlos y nos pidi√≥ que le dij√©ramos que viniera a buscarla sobre las siete de la tarde, porque quer√≠a ver el atardecer con nosotros en las fotog√©nicas Rocas de las Palomas, donde mucha gente se sentaba a contemplar c√≥mo el reflejo del Sol en el agua se iba escondiendo hasta dejar el mar totalmente oscuro. Pilar y yo nos montamos de nuevo en las bicis y nos fuimos directos a La Corniche (El paseo mar√≠timo), y m√°s concretamente hacia el Riviera Beach Club donde Chema y yo hab√≠amos pasado a husmear un rato antes. Enrollamos las toallas en los manillares y guardamos en unas bolsas los ba√Īadores y cremas de rigor. Despu√©s de dos minutos pedaleando bajamos una pendiente muy acentuada, lo que nos permiti√≥ aumentar la velocidad. Cuando m√°s r√°pido √≠bamos, la toalla atada al manillar se solt√≥ de mi bici y fue a parar a la rueda, provocando que me parara en seco en plena cuesta, y que a su vez la bicicleta diera un giro frontal de 360 grados en los que me pegu√© un le√Īazo considerable.
Cabezazo de Zidane a Materazzi en la Final del Mundial
Gracias a que me apoy√© con los brazos y mu√Īecas para no darme en la cabeza, que si no, en vez de una an√©cdota hubi√©ramos pasado a mayores. El diagn√≥stico: un gran dolor en las dos mu√Īecas, lo que no me permit√≠a bien mover las manos, y una herida en la rodilla. Pero bueno, hice de tripas coraz√≥n y seguimos nuestro camino. Yo algo magullado y aprentando los dientes para aguantar el dolor y dici√©ndome a mi mismo: ‚ÄúLa puta bici de los cojones. Ya sab√≠a yo que alguna me iba a dar‚Ķ‚ÄĚ Cuando llegamos al lugar en que estaba el Hard Rock nos encontramos a Kalipo y a Chema, que sosten√≠an un par de latas de Heineken. Carlos coment√≥ que nos hab√≠amos debido de cruzar y que menos mal que pas√≥ Chema a buscarle porque si no se hubiera tirado dando vueltas sin saber d√≥nde est√°bamos (adem√°s no llevaba m√≥vil).
Cannavaro besando la Copa del Mundo ganada por Italia el 9 de julio de 2006
Chema estruj√≥ su lata despu√©s de hab√©rsela terminado y se subi√≥ a la bici. Los dem√°s hicimos lo mismo porque a menos de diez minutos estaba el Club de playa donde podr√≠amos relajarnos al Sol. Kalipo, que a√ļn no se hab√≠a terminado la cerveza, dijo que no nos preocup√°ramos, que pod√≠a conducir con una mano. Ni quince segundos hab√≠an pasado cuando se oy√≥ detr√°s nuestra un aaaaaahhhhhh, plash!! De repente, al girar la cabeza vimos a Kalipo tirado en el suelo en una posici√≥n que parec√≠a que se hab√≠a matado. La cerveza se hab√≠a desparramado en el suelo y Carlos se quej√≥ durante un buen rato del golpe que le hab√≠a afectado al codo y a las costillas. No me he partido la boca de milagro ‚ÄĘ nos dijo mientras se levantaba. Cuando vimos que estaba bien, Chema se descojon√≥ de la risa y le record√≥ en varias ocasiones su frase en la que dec√≠a ‚ÄúNo os preocup√©is.
Forza Italia! Campeoni!
..que yo puedo llevar la bici con una mano
‚ÄĚ.  Y no era para menos. Al menos alguien me hab√≠a superado en lo que a ostiones se refiere. Con lo de Kalipo, mi accidente con la toalla en la rueda hab√≠a pasado a un segundo plano. Y es que ya lo dec√≠a el anuncio: ‚ÄúSi bebes, no conduzcas‚ÄĚ. En este caso se pod√≠a aplicar tambi√©n de forma literal un ‚ÄúNo bebas mientras vas conduciendo tu bici, que luego pasa lo que pasa‚ÄĚ. Bromas aparte, pudo haberse hecho mucho pero que mucho da√Īo. Y yo tambi√©n. Afortunadamente todo qued√≥ en un susto en nuestro trayecto hacia el Club del Hotel Riviera, al que entramos sin ninguna pega de los vigilantes que estaban sentados fuera.

Ya, como era por la tarde, había mucha gente estaba sentada en las terrazas tranquilamente fumando narguile mientras le servían un cocktail o un zumo de frutas natural.

Celebración en Beirut del Mundial ganado por Italia
Otros tantos estaban en las hamacas o zambull√©ndose en la piscina, ya que all√≠ no hab√≠a salida al mar, sorprendentemente. No tardamos en pegarnos un ba√Īo que nos supo a gloria. Llev√°bamos 9 d√≠as sin parar y nos vino de perlas el tener un per√≠odo de relax. Si no fuera porque al lado se nos sent√≥ un travesti que parec√≠a la mezcla macabra de Carmen de Mairena con La Pantoja de Puerto Rico, podr√≠a deciros que todas las mujeres estaban de diez. El agua estaba a la temperatura perfecta lo que me hizo quedarme casi tres cuartos de hora dentro de la piscina, algo in√©dito en m√≠, que apenas aguanto unos minutos en la de mi barrio. Despu√©s tomamos el sol tranquilamente en las hamacas, desde donde nos hicimos unas cuantas fotos en plan Jet Set marbell√≠ (un t√©rmino muy en boga en los tiempos que corren). Dej√© a Pilar, Chema y Kalipo en sus tumbonas y me di una vueltecilla por las instalaciones donde pude constatar los avances de la cirug√≠a est√©tica.
En el taxi haciendo la ruta de las discotecas de Beirut
All√≠ corr√≠a la silicona, los liftings y las liposucciones que daba gusto. En el bando masculino, los hombres se embut√≠an en cort√≠simos ba√Īadores marcapaketing y hac√≠an muestra de sus abdominales. Hay metrosexuales en todas partes ‚ÄĘ pens√©. Y es que siempre lo he dicho,  Qu√© da√Īo nos ha hecho Beckham a los chicos que pasamos de ir al gimnasio, de vestir fashion o de echarnos cremitas antes de dormir.
El Club ten√≠a un embarcadero privado donde los ricachones atracaban sus yates y barcos, tan inaccesibles para gente como nosotros. Incluso pose√≠a una cancha de baloncesto pegada a las rocas donde los ba√Īistas trataban de emular sin √©xtito a Michael Jordan o a Lebron James, por poner dos ejemplos con may√ļsculas.

 

Kalipo y Chema se fueron a buscar a Alicia para traerla a la puesta de Sol. Ya la hora que era (casi las siete de la tarde), posiblemente no nos diera tiempo a llegar a las Rocas de las Palomas. Aproximadamente a la media hora, y sin nuestros colegas sin venir, Pilar sugiri√≥ ir a unas tumbonas que estaban muy cerca del mar donde se podr√≠a ver bien el atardecer. All√≠ fuimos y observamos c√≥mo el Mediterr√°neo fue trag√°ndose el Sol poco a poco. Vivimos otra Puesta realmente incre√≠ble, que rivaliz√≥ en belleza con la que contemplamos en Palmira dos d√≠as antes. Cuando el Sol desprendi√≥ todos sus rayos en el agua, dio lugar al Crep√ļsculo, que ilumin√≥ de magia toda la costa beirut√≠, ti√Īendo el horizonte con colores casi imposibles.
Minutos despu√©s, y con la imagen intacta del atardecer, que a√ļn estaba presente en nuestras retinas, aparecieron Carlos y Chema con una Alicia muy mejorada, a la que le hab√≠a venido bien el descanso. Ellos tambi√©n se hab√≠an parado a observar c√≥mo el Sol dec√≠a a todos adi√≥s entre las olas del mar. Eso s√≠, antes se hab√≠an pasado por el supermercado para comprar algo de alcohol para la noche.

Después de hacernos alguna que otra foto con la escasa luz que quedaba, volvimos a las bicis y de nuevo sorteamos a la gente para llegar a las Rocas de las Palomas, que estaban más lejos de lo que imaginábamos, y a las que, para llegar, había que subir un camino bastante empinado. Cuando llegamos, sin ninguna duda, supimos que todo esfuerzo había valido la pena. Las famosas rocas, son un regalo de la naturaleza a la ciudad de Beirut. Están metidas en el mar, a unos sesenta metros aproximadamente, y parecen formar arcos naturales, inmunes al paso del tiempo y a la vorágine de una ciudad con mucho movimiento. Atraen a mucha gente, sobre todo en el momento en el que se da la bienvenida a la noche.

Una vez terminamos, dimos de nuevo media vuelta y recorrimos toda la Corniche para llegar al McDonalds y comer de nuevo comida basura, esta vez procedente de los Estados Unidos. El paseo estaba m√°s lleno de gente que a la ida y pedaleando se pod√≠an ver personas de todas las edades y estamentos sociales. Desde la mujer con velo acompa√Īada de su marido, hasta los cientos de ni√Īos correteando por la calle, pasando por adolescentes buscando impresionar o por ancianos caminando. Parec√≠a que todo Beirut estaba all√≠ metida. Y eso que estaba comenzando la Final del Mundial de Alemania entre Italia y Francia. Cuando llegamos al McDonalds todo el mundo estaba pendiente de sus dos televisiones. Francia ganaba 1-0 con gol del genio Zidane, pero apenas le dur√≥ la alegr√≠a cuando Materazzi cabece√≥ lo que ser√≠a el empate. Durante el rato que estuvimos all√≠, poco dio de s√≠ el partido. Despu√©s de ensuciarnos algo el est√≥mago y de pasar fr√≠o por el aire acondicionado decidimos volvernos al hotel. Yo, que estaba a√ļn lleno de la cena no me apetec√≠a volver pedaleando, por lo que dej√© mi bici en la tienda, que estaba muy cerca de all√≠. √Čstos se fueron r√°pido a la habitaci√≥n para ducharse, arreglarse mientras ve√≠an la Final√≠sima de la Copa del Mundo en lo que lo mejor estaba por llegar. Yo me di un largo paseo de vuelta por las zonas no reconstruidas de la ciudad en la que los restos de la devastaci√≥n b√©lica permanec√≠an tapados por la oscuridad, excepto el Holiday Inn, imposible de esconderse en la negrura propia de la noche y mostrando imperturbable todas sus heridas, gritando al viento que la historia llena de odio y de muerte no pueden repetirse nunca m√°s. A uno, viendo tantos y tantos edificios cubiertos de agujeros y grietas, no le cuesta imaginarse all√≠ mismo a soldados sembrando de muerte y de desgracias todo lo que ven a su paso, sin importar bandos ni motivos. Tampoco es dif√≠cil imaginarse tiroteos y bombardeos constantes seguidos de un tenso silencio, interrumpido por alg√ļn llanto de desesperaci√≥n e impotencia.  No hace tanto de eso, y ahora yo estoy aqu√≠, paseando por sus calles‚Ķ me dije a mi mismo.

 

Al rato llegu√© al Solider√© (Distrito central) en el que las terrazas estaban abarrotadas de seguidores de Francia e Italia envueltos en sus camisetas bleus y azzurras respectivamente. A m√≠ la verdad es que me daba igual quien ganara, pero quiz√° me tiraba m√°s un poco Francia por eso de que Zidane estuviera jugando su √ļltimo partido. Yo, que soy socio del Real Madrid, no he visto en mi vida a un jugador mejor en el Santiago Bernab√©u. Su calidad t√©cnica ha sido tal, que parec√≠a que en vez de jugar al f√ļtbol, hac√≠a baile de sal√≥n.

Me acerqu√© a la c√©ntrica Place d¬ītoile, en la que un Gran Reloj preside un lugar solemne a la vez que animado, y que est√° flanqueado por el Parlamento y por la Catedral de San Jorge. Me di la vuelta y cog√≠ la Avenida Charles Helou, desde donde no tardar√≠a mucho en acceder a la Pensi√≥n. All√≠ estaban todos tirados en las camas viendo el partido. Las chicas ya se hab√≠an duchado y yo fui el siguiente en caer. En cuanto me vi en el espejo me conjur√© a mi mismo que ten√≠a que quitarme de encima ese moreno obrero que ten√≠a y que s√≥lo ocupaba cuello y brazos. Una vez termin√©, me qued√© viendo la pr√≥rroga con Chema, ya que Kalipo fue el siguiente en entrar al ba√Īo. De repente, asistimos al √ļltimo segundo de Zidane en esto del f√ļtbol. Su m√°s que famoso cabezazo taurino en el pecho a Materazzi provoc√≥ la roja directa y al vestuario. Qu√© l√°stima de final para su carrera, aunque con el tiempo no s√© si servir√° para aumentar la Leyenda de un Genio que pudo haber terminado d√°ndole su segundo Mundial a Francia y retir√°ndose como el Mejor del Planeta, pero que perdi√≥ los nervios infantilmente ante las estudiadas provocaciones del jugador italiano. ¬°Adi√≥s Zizou! ¬°Eres grande!
Italia gan√≥ el Mundial en los penaltis y Cannavaro levant√≥ una copa que se le llevaba resistiendo a Italia desde Espa√Īa 82. Ha llovido desde entonces. Aunque m√°s para la Selecci√≥n Espa√Īola, que aparte de una Eurocopa en blanco y negro con el gol de Marcelino en 1964, no ha rascado bola y no ha dejado de hacer el rid√≠culo. A la hora de la verdad los jugadores espa√Īoles se bloquean y demuestran su escasa mentalidad ganadora.

Despu√©s del partido todos bajaron r√°pido con las bicicletas, ya que a la tienda le quedaba poco para cerrar y pod√≠an cobr√°rselas un d√≠a m√°s. Yo aprovech√© a dejar ropa al canoso con cara de mala leche para que me la lavara. Dijo que eran 3 euros cada bolsa (Una de Pilar, otra de Alicia y otra m√≠a), que luego se olvid√≥ de cobr√°rnoslo. Una vez hecho esto, me fui tranquilamente andando porque no pude coger un taxi que me llegara al Hard Rock, donde hab√≠amos quedado, ya que las calles estaban colapsadas de coches llenos de gente portando banderas italianas. Lo m√°s extra√Īo de todo es que ninguno era de Italia. Los claxon sonaron repetidamente durante horas. Parec√≠a que en vez de estar en Beirut, estaba en el mismo centro de Roma. S√≥lo faltaron los carabinieri para hacer m√°s real el espect√°culo. Impresionante. ¬ŅEl d√≠a que L√≠bano gane algo c√≥mo lo celebrar√°?

 

Cuando nos juntamos todos de nuevo, no pudimos hacer m√°s que contemplar la fiesta que se estaba montando en las calles. Todos llevaban camisetas de Italia y los Cannavaro, Totti, Luca Toni y compa√Ī√≠a se repet√≠an una y otra vez en sus espaldas. ¬ŅPor qu√© lo celebran tanto si la mayor√≠a no son italianos? se preguntaba Chema una y otra vez. Ninguno le supimos dar respuesta. Otra cosa m√°s a se√Īalar de este pa√≠s tan extra√Īo y sorprendente en el que todo puede ser posible. Estuvimos tomando algo sentados en uno de los bancos de piedra del paseo mientras que en el de al lado se pase√≥ serenamente y a sus anchas una rata tama√Īo zarig√ľeya.

Una vez nos cansamos de estar sentados pillamos un taxi para que nos llevara a la calle donde m√°s marcha suele haber en Beirut, y donde supuestamente est√°n los mejores locales y discotecas. √Čsta se llama Rue Monnot y no est√° muy lejos de los que en su d√≠a fue la L√≠nea Verde que separaba los bandos enfrentados en la Guerra Civil. Ahora es el coraz√≥n de la vida nocturna de Beirut. Desgraciadamente cuando llegamos, al ser domingo, no vimos apenas ambiente y le pedimos a un taxi que nos llevara al B-018, la discoteca de m√°s de moda en la ciudad y donde pinchan DJ¬īs Internacionales. El taxista nos dijo que ser√≠a el mejor sitio para ir y que fijo que all√≠ habr√≠a gente. Pero se equivoc√≥, parec√≠a ser que al ser domingo y al estar la gente todav√≠a celebrando la victoria de Italia en el Mundial las discotecas se hab√≠an quedado vac√≠as. Nos dej√≥ en un parking absolutamente vac√≠o y Chema y yo bajamos (porque est√° en un subterr√°neo) para corroborar que no hab√≠a nadie all√≠. El taxista nos dio un buen rulo por Beirut buscando m√°s sitios de moda  pero no hubo suerte. Finalmente terminamos muy cerca de lo que es conocido como ‚ÄúLas Cinco Columnas‚ÄĚ, al lado de la Catedral maronita de San Jorge (en pleno Barrio Solider√©). √Čstos son algunos de los restos arqueol√≥gicos desenterrados despu√©s de la guerra cuando se inici√≥ la restauraci√≥n. Formaron parte de la columnata principal de la ciudad romana. Y est√° muy pr√≥xima a terrazas y discotecas. Tratamos de entrar a varios locales, donde s√≠ hab√≠a gente, pero no nos dejaron pasar porque en todos nos pidieron reserva previa. As√≠ que se nos cay√≥ la fiesta de Beirut y no pudimos hacer m√°s que volver a la Pensi√≥n y acostarnos, que ya eran las tres de la madrugada, y temprano nos ir√≠a a buscar Said para llevarnos a uno de los sitios de playa situados m√°s al sur.

 

Así terminó un día largo y muy lleno de emociones y sorpresas. Beirut también logró conquistarnos.

 

José Miguel Redondo (Sele)
El Rincón de Sele

 

Lilliana77 says:
Buenisimo!!
Gran Blog! lo tendré muy en cuenta para mi visita! :)
Posted on: Oct 18, 2009
Chris_Braidy says:
Although I cant understand all ur blog, but i hope u enjoyed Beirut ;)
Posted on: Feb 08, 2008
Join TravBuddy to leave comments, meet new friends and share travel tips!
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photo by: vulindlela