Ammán, el Mar Muerto y atardecer en el Monte Nebo

Madaba Travel Blog

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Afeitándome recién levantado

Nadie se movió de la cama hasta bien pasadas las ocho y media de la mañana, cuando una vez más, el impasible despertador sonó para dar comienzo al Maratón de Jordania, que nos llevaría por los principales lugares del país árabe durante los próximos días. Quizá estábamos en la mejor habitación del viaje, y la habíamos aprovechado al máximo para reponer fuerzas después de un día previo algo agotador en el que hubo demasiado coche. Al menos en el país en que iniciábamos la aventura, los recorridos serían cortos debido a sus escasas dimensiones. Jordania, no es más grande que Castilla León o incluso que Cataluña. Pero no necesita ser mucho más extensa para formar parte de aquellos “países imprescindibles” a los que se debe acudir al menos una vez en la vida (Es una de las Mecas de todo viajero).

Teatro Romano de Ammán
Y es que en su territorio se oculta tras las montañas la ciudad que tantas veces soñé ver, Petra. Sin olvidar, por supuesto, el Mar Muerto, el Río Jordán, el Monte Nebo, donde Moisés pasó el final de su vida, los Castillos del Desierto, el casi planetario Desierto de Wadi Rum, la ciudad romana de Jerash, e incontables paraísos naturales como Dana que vuelven locos a senderistas, escaladores y amantes de la aventura. Obviamente para mí el punto central lo acapara la ciudad rosada de Petra, un lugar creado por los Dioses para deleitar a los mortales con el ideal de belleza absoluta y que, como veréis en los próximos relatos, no decepcionó a nadie en absoluto.

 

Pero Ammán, al que no le teníamos pensado dedicar mucho tiempo, serviría como inicio, como lanzadera,  hacia todos esos lugares milenarios de los cuales se hablaba incluso en La Biblia.

Teatro Romano de la Ciudadela de Ammán
Éramos conscientes de que la capital del Reino Hachemita de Jordania (nombre oficial) iba a ser un lugar de paso ya que tal y como habíamos leído o nos habían contado, hay poco que ver y hacer allí. Así que después de recoger nuestras cosas y desayunar (lo de siempre), pasaríamos allí parte de la mañana visitando alguna de sus partes más valiosas para nuestros ojos viajeros.

 

Said apenas tuvo que recorrer un par de kilómetros desde el hotel para dejarnos en lo que queda de la antigua ciudadela romana, en la cual lo más destacado es el Teatro escavado en la colina para albergar a más de 6000 espectadores. Ammán tuvo un pasado glorioso, cuando había sido la capital del Reino Ammonita (nombre que se refiere al culto al Dios Ammon).

Kalipo y yo en las gradas del Teatro Romano de Ammán
Durante el período Ptolemaico fue llamada Filadelfia y tampoco pudo sobrevivir al auge imperialista de Roma cuando fue conquistada por el Rey Herodes. La actual ciudad de Ammán está construida sobre los escasos restos que quedan de este período histórico, y fue allí, en su ciudadela, donde iniciamos nuestra visita a la capital jordana.

 

En medio del caos formado por los edificios distribuidos sin concierto ni control sobre las numerosas colinas o explanadas se encuentra un muy bien conservado Teatro Romano, que parece presidir una ciudad venida a menos, en la que apenas queda la tradicionalidad y autenticidad propia de un país árabe, construido sobre las raíces de pueblos bíblicos. Pagamos y entramos al teatro, que ese momento estaba vacío, y sin la grandiosidad del de Bosra, nos causó buena impresión.

Vista de Ammán desde el Teatro Romano
Estuvimos un rato en el escenario en el que hicimos la prueba típica de sonoridad, que no es otra que palmear un par de veces para comprobar que la audición es buena. Obviamente sin los medios técnicos de ahora, había que provocar que el sonido aumentara para que los miles de espectadores pudieran escuchas perfectamente la obra. Y esto se hacía ubicando los teatros en colinas, en las que hay más eco, lo que favorece una mejor audición. Después, los cinco, Kalipo, Chema, Alicia, Pilar y yo (Jose, o Sele, como prefiráis) subimos a lo más alto de las gradas donde tuvimos acceso a una vista de la ciudad en que las viviendas se superponen las unas sobre las otras, sin dejar un metro cuadrado libre. Justo cuando nos marchábamos a ver la zona comercial situada próxima al teatro, vino una horda de turistas, lo que nos hizo recordar que, a diferencia de Siria o Líbano, Jordania es uno de los países más visitados del mundo, y uno de los predilectos para el turismo venido desde España, conocedor de sus numerosísimas maravillas.
Caos típico de Ammán

 

Fuimos paseando por los restos de la ciudadela para ir a buscar a Said, con quien habíamos quedado en una hora, y el cual no aparecía por ningún lado. Chema y yo retrocedimos por si había pasado con el coche sin darnos cuenta y al no ver nada, volvimos donde habíamos dejado a los otros tres. Al llegar ya estaban sentados en la minivan blanca de Said, el cual nos preguntó que si queríamos ver algo más de Ammán. Entonces le pedimos que nos llevara a ver la Mezquita del Rey Abdullah, la cual habíamos visto en fotos en las que nos llamó la atención la belleza de su cúpula color azul turquesa. Así, además, al estar en la parte moderna de Ammán, podíamos obtener una vista panorámica de la capital. Said entonces nos llevó con el coche por las larguísimas calles y avenidas, en la que algunos hoteles 5 estrellas o empresas internacionales habían levantado edificios más modernos de lo que estábamos acostumbrados a ver en el corazón de las ciudades de Oriente Próximo.

Autofoto de Chema y yo en Ammán
Uno de los estandartes de la modernidad, como suele ser, es el Hotel Radisson, aunque ni mucho menos tiene el estilo futurista del que vimos el año anterior en Shanghai.
En Ammán  el tráfico se convierte en rutina y tardas mucho en cruzar la ciudad, tal y como a nosotros nos pasó, que tuvimos tiempo de hablar de lo divino y de lo humano hasta que por fin llegamos a la ansiada mezquita.

 

La Mezquita del Rey Abdullah fue construida en 1988 por el rey Hussein en honor a su abuelo. Actualmente supone uno de los mejores ejemplos de la arquitectura islámica moderna. Su signo distintivo es la enorme cúpula azul turquesa, que parece hecha con las piedrecillas de las piscinas.

Mezquita del Rey Abdullah
El edificio religioso tiene unas grandes dimensiones (mayor tamaño de Jordania), y eso hizo muy costosa la consecución de fotografías de calidad. Pero a Chema no hay nada que se le resista… Su cámara y él son un UNO en sí mismo. Fuimos rodeándola hasta encontrar la puerta de entrada, que permanecía cerrada y vigilada por dos guardias que no sólo nos dijeron que no podíamos entrar en ese momento, si no que nos emplazaron a marcharnos. Incluso cuando empezamos a fotografiarnos con la mezquita, nos llamaron la atención diciendo que estaba prohibido, y de nuevo nos volvieron a pedir que abandonáramos el lugar. Chema se hizo el loco aprovechó a perderse entre los arbustos para coger “su panorámica”. Misión cumplida y después de unos minutos observando la gigantesca cúpula, volvimos al coche, donde estuvimos un rato discutiendo sobre el plan de ese día.
Alicia, Pilar, Carlos y yo en la Mezquita del Rey Abdullah

La idea era ir hacia el Mar Muerto donde nos alojaríamos por la noche, parando en el Monte Nebo y en Betania (donde fue bautizado Jesús de Nazaret). Pero entre que los lugares andaban muy cercanos, y que en el Mar Muerto los hoteles son de 150 euros para arriba, decidimos ir ese mismo día a bañarnos en él, y pasar la noche en algún hostal barato cercano al Monte Nebo. Said nos dijo que lo mejor era ir más tarde porque allí hace un calor que abrasa. Pero no le hicimos caso y le pedimos ir hacia allá lo primero.

 

Antes de llegar a la zona del Mar Muerto nos paramos en un McDonalds de carretera para comer, ya que adonde íbamos no había muchos restaurantes.

Mezquita del Rey Abdullah
Tan sólo los de los hoteles, cuyos precios elevados destrozarían nuestros ajados fondos. Así que lo mejor era pararnos, dejarnos pocos dinares, y tirar hacia un lugar muy deseado por nosotros desde el principio. Había que comprobar eso que habíamos oído tantas veces de que “es imposible hudirte allí”. Chema, escéptico para todo, quería verlo con sus propios ojos ya que no pensaba que uno podía flotar tanto como se decía.

Discutiendo sobre el tema, uno de nosotros dijo en voz alta mientras señalaba con el dedo hacia delante como si del Descubrimiento de América se tratara: “Mirad chicos, está allí”. Al fondo del rocoso y desértico paisaje pudimos ver el enorme lago salado, mitad jordano, mitad israelí y en cuyo fondo cuenta la historia que pueden estar las bíblicas Sodoma y Gomorra.

A la entrada del Resort del Mar Muerto

El Mar Muerto (76 Km. de largo y anchura máxima de 16 Km.) está a unos 395 metros bajo el nivel del mar, siendo el punto más profundo de La Tierra. Pero su peculiaridad más conocida radica en su salinidad (10 veces superior a la de nuestros mares), que además de no permitir la existencia de seres vivos (de ahí su nombre), provoca que cuando uno se bañe, flote, siendo imposible su total hundimiento. Las propiedades de la sal, y de sus barros, hacen de éste un lugar idóneo para los balnearios y los tratamientos de la piel. Protagonista de algunos capítulos bíblicos, ha estado vetado al turismo hasta hace pocos años, ya que se consideró zona de guerra durante el conflicto entre Jordania e Israel.  

Después de pasar algún que otro control militar de carretera, de los que abundan en la zona debido a la proximidad fronteriza con los israelíes, llegamos a una especie de Resort de baja categoría en el que por 6 dinares tenían duchas, dos piscinas y vestuarios.

Ahí me tenéis con el Mar Muerto de fondo
Para todos los que vayáis algún día por vuestra cuenta, no dejéis de ir a un sitio con ducha cerca, ya que después de unos minutos en el agua, el escozor en la piel es bastante notable.

Pagamos, nos cambiamos de ropa para la ocasión y bajamos las escaleras (unos más rápido que otros, ya que tanto Said como Chema estaban en la orilla cuando Kalipo y yo salimos del vestuario). Allí estábamos, divisando entre un bochorno horrible, el lago salado y las montañas de Israel al fondo. Qué cerca estábamos... Unos pocos kilómetros nos separaban del país hebreo al que teníamos pensado entrar en apenas cuatro días.
Llegamos a una zona acondicionada como playa, con hamacas, totalmente vacía, y con las chanclas puestas (ya que con tanta sal se forman cristalitos) nos metimos al agua.

Flotando en el Mar Muerto
Yo fui caminando durante unos segundos sin notar nada fuera de lo normal, excepto la elevada temperatura a la que estaba el agua. Así que para saber bien qué se sentía, me tiré de espalda para corroborar que sí, lo que habíamos leído es totalmente verdad. Describir la sensación es algo complicado, pero yo siempre digo que me sentí como un mosquito cuando cae al agua. Seguro que alguna vez habéis probado echar aceite en un vaso de agua. Ocurre, que al tener el agua más densidad que el aceite, éste último se queda flotando en la superficie. Lo mismo ocurrió con nosotros cuando nos zambullimos en las aguas del Mar Muerto. Pero la estancia allí sería más satisfactoria si éstas no estuvieran tan sumamente calientes, y sobre todo, si no te provocaran escozor en la piel. Te recomiendan lo exceder los cinco minutos la primera vez, porque tu cuerpo no está acostumbrado y puede escocerte más de lo normal.
Postura webal en el Mar Muerto
Y esto no es una exageración. Una persona con una mísera herida o corte, puede pasarlo bastante mal allí. A mí me escocía algo la cara, la rodilla (por el golpe de la caída en bici), y por qué no decirlo, el culo… Ya sé que puede sonar gracioso, pero es que así fue, qué le vamos a hacer. Así que después de los minutos de rigor me metí en la ducha y en la piscina para quitarme la densa capa de sal. Después volví y en esa ocasión nos hicimos las típicas fotos leyendo un libro. Típicas cosas que hacen los guiris cuando van allí. Y nosotros no fuimos menos una vez más. A Chema le hicimos un book entre Pilar y yo en el que sale en todas las posturas habidas y por haber. Y después nos tocó a los demás, quienes quisimos inmortalizar el momento con posturas imposibles para una playa o piscina normal. Yo me llevé el móvil, y además de grabar un video, llamé a mi colega Julián, a quien le hubiera encantando venirse.
Otra postura imposible de hacer en aguas normales
Me encantó compartir con él la fantástica sensación que estaba viviendo, y gracias a los tiempos modernos pude hacerlo. Quién iba a pensar unos años antes que se podría hablar por teléfono metido en el agua de Jordania con Madrid, mi ciudad. Y se escuchaba como si estuviese a tan solo unos metros de nosotros.

 

Chema se mojó la cara sin querer y del grito que pegó parecía que se había quedado ciego. Otra de las cosas que se recomiendan al ir al Mar Muerto, es no meter la cabeza, porque los ojos son muy sensibles a la sal y puedes flipar del dolor. A mi me pasó después y simplemente te quedas casi ciego hasta que te frotas con una toalla o te echas agua de la ducha.

 

Así pasamos la tarde, metiéndonos en el mar y saliéndonos cada pocos minutos a las duchas y a la piscina.

Chema y yo
A partir de la tercera vez que lo haces, el escozor va desapareciendo y puedes disfrutar más del baño. De todas maneras la gente que va por primera vez piensa que puede pasarse un día allí como el que va a la playa o piscina de turno y estarse dentro todo el tiempo que quiera. Por eso, a veces decepciona a algunos, quienes la sal molesta más de lo que se creían. El calor sofocante, el agua caliente, y lo escocido que te sientes, lo desmitifica un poco. Aunque también os digo que a mí no me defraudó nada en absoluto, y que volvería las veces que hiciera falta.

 

En las piscinas se bañaron muchas mujeres árabes que no se quitaron el vestido oscuro (velo incluido), y que iban dejando a su lado un surco de “porquería” tremendo.

Leyendo un libro en el Mar Muerto
Por mucha tradición que sea ir tapada hasta las trancas, no veo comprensible que dejen bañarse con tanta cantidad de ropa. La higiene y el respeto hacia los demás deberían permitir la flexibilización de algunas costumbres.
Un hombre bajó a la playa con tres mujeres cubiertas hasta los ojos y para que no les viéramos bañarse, traspasaron una vaya oxidada poniéndose en otro lado. Me acerqué a ver si se iban a quitar el velo para meterse al agua, y ni con esas lo hicieron.

 

Nos fuimos a beber algo con Said, y tras charlas un rato, nos dimos el último baño porque queríamos ver el atardecer desde el Monte Nebo y buscar alojamiento por la zona. Nos cambiamos y estuvimos un buen rato esperando a que Said se cambiara el pañal, perdón, el bañador.

El grupeto
Chema y Kalipo dieron unos toques a la pelota mientras el sol se iba fundiendo cada vez más con el agua, a medida que al otro lado de las montañas israelíes iban oscureciéndose. Así que antes de que bajara el Sol definitivamente fuimos como una bala en el coche de Said, que subió varios montes que precedían al más alto y más conocido, el Monte Nebo. Pero para llegar Said puso la directa y su forma de tomar las curvas fue algo loca, haciendo que nos agarráramos bien al coche y dándonos la impresión de que a la siguiente, nos despeñaríamos sin remedio. Al menos el paisaje es bien llamativo. Lo componían numerosas montañas rocosas de color anaranjado, en las cuales había algunas Jaimas (tiendas beduinas) y varios rebaños con sus pastores, que se quedaron totalmente pasmados cuando nos vieron pasar a tal velocidad. Por la hora que era, lo más probable era que el acceso al recinto del Monte Nebo estuviese cerrado, pero había que intentarlo.
Kalipo & Alice
Desgraciadamente, la probabilidad se convirtió en certeza y no pudimos pasar dentro. Justo allí nos pararon los militares e hicieron un exhaustivo examen de la documentación del coche, así como de nuestros pasaportes. Los sirios no son muy bienvenidos en Jordania, y pasan más tiempo en los controles que cualquiera. Incluso se les prohíbe utilizar la Autopista del Rey (King´s road), obligándoles si quieren llegar al Sur, a coger la denominada Carretera del Desierto, mucho más suntuosa y lenta que la anterior. Una vez comprobaron que todo estaba correcto, le pedimos a Said que nos parara en una parte del monte donde no hacía falta entrar al recinto, y desde donde se estaba dando una puesta de sol bastante impresionante, sin irle a la zaga a las de Palmira o Beirut. Nos bajamos del coche y asistimos a otro espectáculo de la naturaleza realmente inenarrable, y que pone los pelos de punta.
Everybody in Dead Sea
A mí, que me gusta sentir y hacer sentir a la gente los sitios al máximo, me salió una de mis frases solemnes: “Chicos, desde aquí, según la Biblia, Dios le mostró a Moisés la Tierra Prometida”. Y es que el Monte Nebo, a 900 metros de altura sobre el nivel del mar, es uno de los lugares esenciales de la Jordania Bíblica. Las Sagradas Escrituras (Capítulo 34 del Deuteronomio) dicen lo siguiente: “Moisés subió de las Estepas de Moab al Monte Nebo, cumbre de Pisgá, frente a Jericó, y Yahveh le mostró la tierra entera. Y Yahveh le dijo: 'Esta es la tierra que bajo juramento prometí a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia se la daré. Te dejo verla con tus ojos, pero no pasarás a ella'. Allí murió Moisés, servidor de Yahveh en el país de Moab”

 

El Monte Nebo ofrece una panorámica de Tierra Santa bastante amplia.

Pilar flotando...
Al Sur se ve el Mar Muerto y el Desierto de Judá. Al oeste se vislumbra el Valle del Jordán, además de las montañas de Judea y Samaria. En los días claros en los que no hay un ápice de bruma, se puede ver algo de Jerusalén, incluso la ciudad natal de Jesús, Belén. Desgraciadamente no pudimos verlo porque además de bruma, no había la suficiente luz para distinguir nada al fondo. Qué cerca y que lejos a la vez estaba de mi sueño de visitar Jerusalén, la ciudad tres veces Santa. Qué ganas tenía de callejear por la Vía Dolorosa, de entrar al Santo Sepulcro, de pasear por la Explanada de las Mezquitas y ver la Cúpula de la Roca, de observar a los judíos frente al Muro de las Lamentaciones. Eso estaba a escasos 40 kilómetros, que no es ni siquiera la distancia que separa a Madrid de Alcalá de Henares o de El Escorial. Aunque en las tierras donde nos encontrábamos, hasta un simple metro podía ser una barrera más larga e infranqueable que todo eso.
Chema de lectura en el mar
Y eso que aún, ingenuos de nosotros, albergábamos aún muchas esperanzas de estar pronto al otro lado del horizonte donde el Sol disponía a esconderse definitivamente hasta la mañana siguiente.

Ahí estábamos nosotros, en el lugar en que miles de años atrás Dios mostró a Moisés la Tierra Prometida, negándole a penetrar en ella y haciéndole pasar entre las piedras rocosas del Monte sus últimos días. Sea uno creyente o no lo sea, nuestros pies estaban pisando un rincón lleno de Historia, un rincón lleno de Leyenda, y eso, para mí, es muy especial. Y estoy seguro de que para los demás también fue un momento inolvidable.

 

Volvimos al coche y preguntamos a Said que dónde íbamos a dormir esa noche.

La parejita Chema-Pilar y yo
Mádaba, fue la única palabra que salió de su boca.  Ésta es una ciudad a escasos 8 kilómetros del Monte Nebo, y que había oído hablar sobre ella en más de una ocasión. En Mádaba  abundan los mosaicos bizantinos, pero uno de ellos ha trascendido más ningún otro. Dentro de la iglesia griega-ortodoxa de San Jorge se conserva el mapa más antiguo de Tierra Santa que se conoce y que supone una de las mejores obras de arte halladas en Jordania. Este mapa de Tierra Santa interesa sobre todo a los estudiosos de la topografía de la zona ya que se ve cómo eran Jerusalén o Belén, entre otras ciudades, durante la época bizantina, permitiendo adivinar dónde se ubicaban muchos de los Santos Lugares aparecidos tanto en el Nuevo como en el Viejo Testamento.
Hombre con tres mujeres de negro buscando un sitio en la playa para bañarse sin que nadie les mire

Pero no sólo hay mosaicos en las iglesias, sino que también abundan en casas particulares, siendo por tanto, un punto central en lo que a Arte Bizantino se refiere.
Pero nosotros tan sólo acudiríamos a esta ciudad para pasar cenar, pasar la noche, y marchar temprano a Betania (Lugar donde supuestamente fue bautizado Jesucristo) y recorrer la distancia que nos separaba de Petra, que dejaríamos para el día siguiente.

 

Según la guía de Jordania que llevábamos (Rumbo a Jordania, de Enric Balasach y Yolanda Ruiz, editado por Laertes), en Mádaba no abundan precisamente los hoteles u hostales de calidad. Said nos llevó al Madaba Hotel, donde nos bajamos a ver qué habitaciones tenían y qué precio nos ofertaban.

Panorámica del Mar Muerto. Al fondo, Israel
El hotel era un edificio algo viejo de 3 plantas. Entramos y en recepción apareció una mujer mayor junto a otra de apariencia hindú, que nos indicaron que les acompañáramos a subir las escaleras para mostrarnos las habitaciones que tenían. Se detuvieron en la primera planta y abrieron la puerta donde había un vestíbulo rodeado de puertas de los distintos cuartos. De éste vestíbulo apareció una familia compuesta por padre, madre y dos hijos, que parecían superar los dos metros de altura. Tez blanquecina, pelo largo, y unas risas desmedidas que nos hicieron pensar que o estaban locos o se habías fumado algo. Nos miraron de arriba abajo entre risas, mientras hablaban entre ellos en francés. La anciana dueña del hotel abrió la puerta de lo que era una habitación de 3 camas bastante estrechas y con una decoración algo retro tal y como indicaba el papel pintado de las paredes.
Toques al pelotín en el Resort del Mar Muerto
Le preguntamos precio y al ver que se había subido algo a la parra le pedimos que nos dejara dormir a los cinco allí por un precio menor (aproximadamente 5 euros por persona). Terminó aceptando a regañadientes y se bajó a recepción con nuestros pasaportes para inscribir nuestra estancia de una noche en su hotel, que más que un hotel parecía una pensión de mala muerte, en la que se alojaba gente rara. A los altos les apodamos “La Familia Manson” y decidimos cerrar bien la puerta para evitar las miradas de quienes parecían “Los chicos del Maíz”. Hubo coñas con que “son capaces de aparecer en plena noche con un hacha y hacernos cachitos”. Gente friki era esta familia de origen belga, tal y como pudimos leer en uno de los papeles de registro. Después de dejar el equipaje y prepararnos para bajar a cenar a un restaurante por el que habíamos pasado con el coche y que no parecía tener mala pinta, nos detuvimos a visitar los baños del hotel.
Atardecer en el Monte Nebo
No necesitamos mucho tiempo para darnos cuenta de la falta de limpieza del lugar, no sólo por la mugre de los suelos o lavabos, sino también porque salió una cucaracha enorme de color rojizo que nos dio un asco tremendo. A Kalipo y a mí literalmente nos dan tal fobia que nos dirigimos hacia la habitación perjurando que no entraríamos allí ni por nada del mundo. Yo creo que no hay nada más repugnante que una cucaracha. Bueno, me equivoco, ya me había olvidado de nuestro queridísimo protozoo emergido de la ponzoña en Estambul. Chema, le sacó una foto, que mostramos a la dueña del Madaba Hotel, la cual sin inmutarse en absoluto nos dijo: “Al menos sólo habéis visto una”. Ya nos quedamos más tranquilos, claro. Obviamente, habíamos tenido muchísima suerte de no encontrarnos más con esos bichos inmunes, que serían los únicos en salvarse en una explosión nuclear, y que se criaban entre la porquería del hotel que acabábamos de pagar.
"Desde aquí Dios le mostró a Moises la Tierra Prometida"
Después de escuchar las “sabias palabras” de la señora, Kalipo sentenció con un “Me quiero ir de aquí. Espero que llegue mañana lo antes posible…” Así, entre risotadas y comentarios sobre cosas ponzoñosas que habíamos visto en nuestros viajes, llegamos al restaurante por el que pasamos con el coche un rato antes. Todos cenamos perfectamente, excepto Chema, que se empeñó en que había engordado durante las últimas semanas y que juró comer menos haciendo caso a las recomendaciones de Ali, quien le controlaría para perder peso. Si eso lo dijera yo, que me sobran unos kilos... todavía, pero es que tratándose de Chema parecía una ofensa. A ver cuánto duraría la promesa de controlarse en la comida. Yo no confié en que aguantara mucho porque sé de buena tinta que en un viaje es imposible ponerse a régimen, a no ser que el alimento sea malo malo de verdad.
Un bellísimo atardecer desde el Monte Nebo
Además, ¿por qué demonios se iba a poner a régimen si no le sobraban apenas kilos? Kalipo, delgado como una espátula, bromeó con que también había engordado. Eso sí que era cometer sacrilegio. ¡¡Vaya dos anoréxicos están hechos!!

 

Después de la cena volvimos paseando al hotel y paramos por un supermercado en el que compramos unos botes que eliminaban las bacterias de las manos y tal y como estábamos, no venía nada mal.

 

Subimos a la habitación y al ver las tres camas estrechas hicimos una pregunta al aire: “¿Y quienes van a dormir en el suelo?” La respuesta general no pudo ser más clara: “Ni de coña duermo yo en el suelo” Eso pensamos todos, y es que a ver quién iba a dormir bien sabiendo que podían caminar a sus anchas las cucarachas rojas.

Inmunda cucharacha aparecida en el Baño del Madaba Hotel
Yo, que acababa de pasarme por el baño había visto dos. Y cuando hay dos, hay doscientas…

Lo que acordamos entonces fue juntar las tres camas y pasar la noche los cinco pegados, pero al menos, a salvo de las inmundicias de la moqueta. Claro que pensándolo bien,  saben escalar y pueden llegar arriba cuando quieran. Pero más vale no pensar en voz alta en ese momento para no alarmar más. Chema era el único que no las cucarachas no le daban asco alguno. Incluso le dan pena si las matan.

 

Mientras juntábamos las camas se escucharon unos ruidos en la calle que, en serio parecían disparos. Lo más probable es que fueran cohetes o petardos, ya que al parecer se estaba celebrando una boda, pero tal y como estaba el panorama bélico en la zona, no era para estar tranquilos.

Cenita en Madaba
Pilar fue quien peor lo pasó en ese momento, sobre todo ayudada por las especulaciones del grupo que decían: “Imaginaos que suben tíos armados…”. Cositas para mejorar el sueño, ya se sabe…

 

Así que, juntos, como yacentes en sepulcros continuos, mirando hacia el techo, tratamos de dormir en el Motel de Norman Bates de Psicosis. A mí me costó, y más cuando el móvil de Chema no dejó de sonar por el aviso que daba sobre su agonizante batería de litio. Me tuve que levantar a apagarlo, y encima me miraron raro como si no escucharan nada o no fuera lo suficientemente alto para entorpecer su rocoso sueño. Incluso se extrañaron cuando me levanté al servicio en mitad de la noche.

Los cinco durmiendo en las tres camitas tóxicas
Es lo que tiene ser de vejiga floja…

 

Fin de un día que fue tranquilísimo para nosotros y que nos mantuvo ajenos a lo que estaba pasando unos kilómetros más allá. La Guerra en El Líbano había empezado ya… y nosotros sin saberlo.
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